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domingo, septiembre 13, 2009

El mosaico del Cáucaso

Por Walter Laqueur, director del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington. Traducción: Juan Gabriel López Guix (LA VANGUARDIA, 09/09/09):

Apenas pasa un día sin que se produzca un importante atentado en el Cáucaso septentrional. Las víctimas son políticos destacados, jefes del ejército y la policía, pero también civiles y, con frecuencia, mujeres: maestras, trabajadoras de una sauna, incluso adivinas, enemigos favoritos de los terroristas. ¿Cuán grave es esta campaña? ¿Quién está tras ella y por qué les resulta a los rusos tan difícil reprimirla?

No hay respuesta breve a estas preguntas. El Cáucaso tiene una larga historia de violencia. Shamil, el héroe de la liberación nacional, luchó contra el ejército ruso durante veinticinco años en el siglo XIX. Sin embargo, Shamil no sólo fue un dirigente militar de gran talento, sino también un político inteligente, y conocía los límites de la violencia, cuándo iniciarla y cuándo detenerla. Tampoco se trata, por otra parte, de una lucha de los rusos contra todos los demás. El Cáucaso es una región con muchas lenguas y nacionalidades (sólo en Daguestán hay unas cuarenta).

Durante el dominio soviético, la región permaneció cerrada mucho tiempo a los extranjeros, y yo fui uno de los primeros en visitar el Cáucaso septentrional tras su reapertura. Me impresionaron dos cosas. Ante todo, la magnificencia del paisaje: las montañas, los bosques, el fastuoso panorama. Era como una Suiza sin turistas. Mi otra vívida impresión fue la soterrada hostilidad mutua de los grupos nacionales que habitan la zona. En apariencia, todo parecía tranquilo: el KGB se encargaba de ello, y viajar resultaba bastante seguro.

Con el derrumbe soviético, reaparecieron las viejas hostilidades, y los yihadistas de Oriente Medio consideraron que había llegado la hora de extender su influencia (y quizá su dominio) a las regiones musulmanas de la antigua URSS. No tuvieron demasiado éxito en la región del Volga (Tartaristán) ni tampoco en Moscú, donde hoy viven entre 1 y 2 millones de musulmanes. Esas regiones (Kazán y Ufá) están desarrolladas económicamente, el nivel cultural es más elevado y no desean iniciar una marcha hacia la edad media. Los emisarios islamistas intentaron infiltrarse en las mezquitas y las escuelas musulmanas, pero las autoridades se mostraron vigilantes. Además, los musulmanes autóctonos han vivido en paz durante siglos con los rusos vecinos. Es cierto que ha habido quejas contra Moscú y que los musulmanes locales siguen presionando por demandas políticas. Pero la guerra civil en el Cáucaso ha actuado de modo disuasorio y es lo último que desean.

El Cáucaso, por otra parte, parece ofrecer mejores oportunidades. Rusia ha tardado dos guerras, que se han cobrado más de 100.000 vidas civiles y militares, en restaurar cierto orden en Chechenia y en imponer unos gobernantes considerados de confianza (hasta cierto punto). El caso es que el régimen de los Kadirov (primero, el del padre, asesinado mientras contemplaba un partido de fútbol, y ahora el del hijo) sólo puede mantenerse ejerciendo una represión considerable. Así que ha prevalecido una situación paradójica. Grozny, la capital destruida en las dos guerras, está ahora reconstruida; y hay incluso un rascacielos de 40 pisos. Todo ello se ha logrado al precio de una mayor represión. No toda la oposición a los Kadirov es islamista y extremista, y en las últimas semanas los rusos han empezado a hablar (por intermediarios) con los elementos más moderados de la emigración chechena (sobre todo, en Londres). ¿Se alcanzará con esto la paz en la región?

Cabe dudarlo, porque mientras tanto el terrorismo se ha extendido a las pequeñas repúblicas colindantes con Chechenia. Y una de las razones ha sido el elevado desempleo entre los jóvenes (del 70%-80%), lo cual explica por qué los yihadistas han encontrado un gran respaldo en países como Daguestán, que es extremadamente pobre y no podría sobrevivir sin la ayuda económica rusa. Los rebeldes islamistas del Cáucaso septentrional proclaman que su objetivo es un Estado unido, pero tal pretensión parece una fantasía si tenemos en cuenta los muchos pueblos y nacionalidades de la zona.

¿Cuál será la política de los rusos? No diferirá de la llevada a cabo en el pasado: nombrar dirigentes locales que colaboren con ellos, al menos de momento. Les concederán una autonomía limitada: en Chechenia se ha introducido la charia y sopesan reintroducir la poligamia. Muchos portavoces de la derecha rusa sueñan con una gran alianza euroasiática que incluya no sólo a China sino también a India e incluso a Irán; una alianza de orientación antioccidental, pero que actúe como factor estabilizador en los asuntos internos rusos. Los rusos apoyarán a sus vecinos de Oriente Medio, pero esperarán de ellos que no intervengan en sus asuntos internos (como, por ejemplo, en las peticiones de los musulmanes rusos).

Pero los países asiáticos no están interesados en una alianza estrecha con Rusia. Y, de llegarse a ella, Rusia sería el socio pequeño, no el mayor.

A corto plazo, los combates de la guerrilla y el terrorismo pararán al llegar el otoño y el invierno. En el Cáucaso, las luchas sólo estallan en verano, no en las demás estaciones; porque los bosques ya no ofrecen protección a los atacantes. Pero a largo plazo la llegada del invierno no resolverá los profundos problemas del Cáucaso. La región seguirá convulsa y peligrosa.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

lunes, mayo 04, 2009

Asia Central y el Cáucaso Sur en la estrategia de la UE

Por Natividad Fernández Sola, profesora de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales y profesora Jean Monnet de Derecho Europeo, Universidad de Zaragoza (28/04/09):

El 8 de agosto de 2008, las tropas georgianas realizaban una incursión en la región septentrional de Osetia del sur al objeto, según declaraban, de controlar los elementos independentistas de la zona. Inmediatamente, las tropas rusas tomaban la contraofensiva, considerada desmesurada por la mayoría de países occidentales atacando a dichas fuerzas, entrando en la ciudad de Gori, a pocos kilómetros de Tblisi, y atacando el puerto de Poti, esencial para los intereses comerciales georgianos.

Tras una intervención del presidente francés y rotatorio del Consejo de la UE, Nicolas Sarkozy, se alcanzaba un acuerdo para un cese de la violencia y vuelta a las posiciones anteriores al ataque con la finalidad de poder negociar una salida al conflicto. Lejos de cumplir con el contenido de dicho acuerdo, las tropas rusas no terminan de retirarse de sus posiciones y el desafío a Europa y a EEUU se culmina el 26 de agosto con el reconocimiento por parte rusa de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia: posición condenada inmediatamente por los países europeos por violar la integridad territorial de Georgia pero argumentada por Rusia sobre la base de la declaración unilateral de independencia y posterior reconocimiento mayoritario de Kosovo.

El 1 de octubre la UE desplegaba su misión civil (EUMM) para verificar la retirada de las tropas rusas y el cumplimiento de los acuerdos alcanzados con las partes el 8 de septiembre.

Es evidente que esta guerra en territorio europeo por el control de una región como Osetia del Sur tiene unas raíces que se remontan a la desintegración de la Unión Soviética y constituye una de las muchas disputas territoriales no resueltas desde entonces. Pero si comenzamos este estudio con el acontecimiento de la crisis de Georgia de 2008, sin entrar en las torpezas estratégicas de los implicados o las provocaciones buscadas a países vecinos y organizaciones internacionales, es porque permite apreciar la inestabilidad de la región y la que puede generar en el resto de Europa, el juego de fuerzas de los distintos poderes, el papel de la UE y las debilidades del mismo. Este aspecto constituirá el eje central de análisis atendiendo a la evolución de las relaciones con el Cáucaso Sur y Asia Central, a los intereses en presencia y a los instrumentos para canalizarlos.

Tradicionalmente la política de relaciones exteriores de la UE no ha tenido un papel relevante en Asia Central y en la región de Cáucaso Sur por razones políticas y económicas.

Durante décadas, la UE –previamente la CE– ha concentrado sus esfuerzos en el exterior en las regiones más próximas o allí donde existía un vínculo histórico con un Estado miembro: países mediterráneos, Latinoamérica, países ACP y Europa Central y Oriental tras el fin de la Guerra Fría. Tras la última ampliación, y aun más con algunas por venir –como, por ejemplo, la de Turquía–, varios países euro-asiáticos se convierten en vecinos de la Unión. El territorio de la Unión puede llegar no sólo a las fronteras africanas sino a las asiáticas y a Oriente Medio. Como consecuencia, varios puntos calientes de la política internacional se situarían en este nuevo “patio trasero” de la UE, suponiendo una amenaza a la seguridad y estabilidad europeas y, como tal, un desafío para la Unión. Por lo tanto, en la actualidad la UE tiene intereses de seguridad en una periferia estable, democrática o, al menos, con estructuras de buena gobernanza.

La Política de Vecindad actualmente vigente permite articular las relaciones de la Unión con los tres países caucásicos, no así con los cinco de Asia Central relegados al bloque de la cooperación al desarrollo.

La actual crisis económica mundial y los acontecimientos en Georgia en el verano de 2008 ponen de relieve el papel esencial de la zona en el gran tablero internacional, principalmente si atendemos a la satisfacción de necesidades energéticas y al tradicional predominio ruso. Sin embargo, es cierto que existe el riesgo de que la preocupación por la crisis y las consiguientes reducciones de consumo lleven a Europa, entendemos que erróneamente, a postergar de nuevo el interés por la región convirtiéndose otra vez en “actor invisible” frente a la presencia fuerte de otros actores internacionales.

El objetivo de este documento, como se ha apuntado, será poner de manifiesto los intereses europeos en Asia Central y el Cáucaso Sur, los instrumentos existentes y los que serían necesarios para alcanzarlos, los obstáculos a una presencia creciente europea y el potencial de su acción si se dan una serie de condiciones previas.

Leer artículo completo (PDF).

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

lunes, diciembre 01, 2008

El ingreso de Georgia en la OTAN: una decisión bajo la sombra de la guerra fría en el Cáucaso

Por Federico Yaniz Velasco, General de Aviación (en retiro) y director adjunto del Estado Mayor Internacional de la OTAN para Cooperación y Seguridad Regional de mayo 2001 a junio 2005 (REAL INSTITUTO ELCANO, 26/11/08):

Tema: Los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN deben evaluar en su reunión de diciembre de 2008 si Georgia y Ucrania entran o no en el Plan de Acción para ser miembros de la OTAN.

Resumen: Los jefes de Estado y Gobierno de la OTAN, reunidos el pasado 3 de abril en Bucarest, encargaron a los ministros de Asuntos Exteriores que hiciesen una primera evaluación del progreso realizado por Georgia y Ucrania para unirse al Plan de Acción para el Ingreso (Membership Action Plan, MAP). La evaluación está siendo objeto de especial atención por los medios de comunicación a causa de la crisis en Georgia del pasado agosto y debido a las consecuencias que la decisión de los ministros pudiera tener en las relaciones OTAN-Rusia.

Si Rusia ya criticó entonces tanto la solicitud de ingreso de los candidatos como la admisión a trámite de la OTAN en Bucarest, tras el conflicto de Georgia ha reforzado su oposición al ingreso mientras que la Alianza Atlántica ha congelado prácticamente sus relaciones con Rusia y ha creado una Comisión OTAN-Georgia.[1] Los titulares de los periódicos recordaban los tiempos de la guerra fría y pese a la distensión registrada tras la retirada de tropas rusas de territorio georgiano, todavía no se puede predecir cuál será la decisión final que el Consejo Atlántico tome sobre el estatus futuro de las relaciones de la Alianza con Georgia y con Ucrania.

Análisis: El 7 de agosto de 2009, tropas georgianas atacaron Tskinvali, la capital de Osetia del Sur, iniciándose así una crisis cuyas consecuencias políticas son todavía difíciles de valorar pero cuyas consecuencias humanas comienzan a conocerse: unos 250 muertos, 1.500 heridos y 100.000 desplazados georgianos; 1.500 bajas entre las milicias surosetias y 20.000 refugiados en Rusia y Osetia del Norte; a los que hay que añadir unas decenas de soldados rusos muertos o heridos en los ataques georgianos sobre una base rusa y las fuerzas de pacificación allí estacionadas o en las posteriores operaciones.

Rusia solicitó una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el día 8 de agosto pero, tras un acalorado intercambio de acusaciones entre Rusia y Georgia, no se llegó a ningún acuerdo. El Consejo de Seguridad se volvió a reunir a primeras horas del día 9 y otras dos veces el día 10 sin conseguir una declaración de alto el fuego. El día 10 de agosto, cuando las tropas rusas contaban ya con 10.000 efectivos en Osetia del Sur y avanzaban sobre territorio georgiano, los países europeos y EEUU condenaron con rotundidad la intervención rusa, pidieron la vuelta a la situación del día 6 de agosto y exigieron a Rusia que aceptase el alto el fuego propuesto por Bernard Kouchner, ministro de Asuntos Exteriores de Francia, que ejerce la Presidencia semestral de la UE. El alto el fuego contemplaba el cese inmediato de las hostilidades, la integridad territorial de Georgia y el retorno a la situación militar previa al ataque del día 7. Los rusos pusieron fin a las operaciones militares, salvo en defensa propia, el día 11 de agosto y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, viajó a Moscú el día 12 con la propuesta europea de alto el fuego que ya habían aceptado los georgianos y consiguió que el presidente Medvédev lo aceptara, reservándose el derecho a responder a cualquier agresión. Los acontecimientos de agosto crearon un ambiente de confrontación verbal entre la OTAN y Rusia como no se había conocido en muchos años: mientras el presidente Medvédev decía el 19 de agosto que “no conseguirán empujarnos al aislamiento, al levantamiento de un nuevo Telón de Acero”, la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, recriminaba a Rusia un comportamiento “cada vez peor, cada vez más autoritario”.

A las declaraciones de condena de la invasión siguieron las condenas por el reconocimiento ruso de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur el 26 de agosto y las acusaciones por la permanencia de fuerzas rusas en territorio georgiano incumpliendo el acuerdo suscrito con la UE. Las tropas rusas se retiraron de forma escalonada del territorio ocupado excepto unas zonas de seguridad guarnecidas por las “fuerzas de paz” rusas alrededor de los límites de Abjasia y Osetia del Sur. Pero cuando el presidente Medvédev anunció el día 10 de octubre que sus tropas se habían retirado de las zonas de seguridad antes de la fecha prevista, el Gobierno georgiano y el ministro francés Kouchner sólo confirmaron una retirada parcial. Posteriormente, fuentes rusas confirmaron que la localidad de Aljagori y las gargantas de Kodori no volverían a manos georgianas y anunciaron el envío de 7.000 efectivos adicionales, la mitad para desplegarse en Osetia del Sur y la otra mitad en Abjasia.

Frente a las quejas y recriminaciones occidentales, Rusia reiteró la lista de agravios que venía denunciando antes de la cumbre de Bucarest por la ampliación de la OTAN, el despliegue de misiles y radares estadounidenses en Polonia y la República Checa y la injerencia en su entorno inmediato del Cáucaso y añadió algunas amenazas adicionales sobre la posibilidad de desplegar misiles rusos en Kaliningrado o de retirarlos (opción cero) si se producía una moratoria en el despliegue del escudo antimisiles norteamericano. Por su parte, el Gobierno georgiano se aprovechó de la escalada verbal entre Rusia y los aliados para hacer olvidar su responsabilidad en el inicio del conflicto y ha llevado a cabo una campaña mediática y diplomática muy agresiva para conseguir que su derrota militar se convirtiera en una victoria diplomática sobre las tesis rusas.

La OTAN ante la crisis en Georgia

A diferencia de la UE, que reaccionó con gran rapidez ante la crisis, la OTAN reaccionó unos días más tarde apoyando al presidente Saakashvili. Tras la declaración inicial del secretario general de la OTAN pidiendo el cese inmediato de las hostilidades y reafirmando su apoyo a la integridad territorial de Georgia, se celebró una reunión OTAN-Georgia en Bruselas el día 12 de agosto en la que surgió la propuesta de crear una comisión bilateral permanente. En la reunión extraordinaria del Consejo Atlántico del 19 de agosto de 2008, los ministros de Asuntos Exteriores abordaron la situación en Georgia y sus implicaciones para la estabilidad y seguridad euro-atlánticas. Los reunidos fueron informados por el presidente en ejercicio de la OSCE, el finlandés Stubb, y por el de la UE, el francés Kouchner, de los esfuerzos realizados por ambas organizaciones. El Consejo del Atlántico Norte (CAN) se felicitó por el acuerdo de alto el fuego firmado por Rusia y Georgia pero resaltó la urgencia de una rápida y completa implementación del acuerdo. Los ministros reafirmaron su apoyo a la soberanía, independencia e integridad territorial de Georgia y acordaron una serie de ayudas para la población civil afectada por el conflicto. Los aliados decidieron apoyar el reestablecimiento del tráfico aéreo civil y acordaron otras medidas para ayudar al gobierno de Georgia.

Otra decisión muy importante del CAN fue la de aprobar la creación de una Comisión OTAN-Georgia para supervisar el estado de las relaciones bilaterales y la implementación de las decisiones tomadas en Bucarest sobre esas relaciones. El CAN requirió también a Rusia para que retirase a sus tropas inmediatamente del área y el secretario general, Jaap de Hoop Scheffer, en rueda de prensa posterior al Consejo señaló que las reuniones del Consejo OTAN-Rusia serían pospuestas hasta que Rusia se adhiriese al alto el fuego porque las relaciones OTAN-Rusia no podían continuar como si no hubiese ocurrido nada y hasta que Rusia no se comprometiese a seguir los principios sobre los que se acordó esa relación. Tanto la declaración del secretario general del 19 de agosto como la respuesta del embajador adjunto de Rusia en la OTAN del 27 del mismo mes dejaron las relaciones bilaterales en estado de congelación.

El 26 de agosto, el secretario general rechazó en un comunicado la decisión rusa de reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, considerándola una violación directa de diversas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. En el plano militar, la OTAN desplegó los buques de su Grupo Marítimo Permanente I de la OTAN (SNMG I) por el Mar Negro entre el 21 de agosto y el 10 de septiembre de 2008, de acuerdo con los planes previstos anteriormente al conflicto y que incluían la visita a puertos rumanos y búlgaros. Pese a ser una visita programada, Rusia acusó a la OTAN de acumular fuerzas navales en la parte occidental del mar Negro.

La visita del Consejo del Atlántico Norte a Georgia los días 15 y 16 de septiembre es una prueba de la atención que la OTAN ha prestado a la crisis. El secretario general y los representantes permanentes de los Estados miembros mantuvieron un intercambio de puntos de vista con el presidente Saakashvili sobre las reformas en marcha en el marco de la asociación del país con la OTAN y sobre la situación tras el conflicto de agosto. Los visitantes tuvieron la oportunidad de reunirse con miembros del parlamento y altos funcionarios de la administración georgiana así como con representantes de la sociedad civil. El secretario general mantuvo también una entrevista bilateral con el presidente Saakashvili esa misma tarde. Sin embargo, la primera reunión de la Comisión OTAN-Georgia fue el acto central del día. En esa ocasión y en el marco del Diálogo Intensificado del país caucásico con la OTAN, se produjo un animado intercambio de impresiones sobre las reformas en marcha y sobre las aspiraciones de Georgia de pasar a ser miembro de la Alianza. Los representantes aliados, por su parte, reiteraron su apoyo a la integridad territorial y a las aspiraciones euro-atlánticas de Georgia. El martes 16, los miembros del CAN visitaron la ciudad de Gori para obtener información de primera mano sobre el impacto del conflicto y los retos que tiene que afrontar Georgia para reconstruir algunas infraestructuras. Tras visitar las instalaciones de la 1ª Brigada de Infantería donde pudieron apreciar diversos daños, se trasladaron a un campo de la Alta Comisión de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) que acoge unos 2.000 desplazados por los combates.

Durante la posterior reunión informal de los ministros de Defensa aliados celebrada en Londres los días 18 y 19 de septiembre, se evacuaron consultas sobre los recientes acontecimientos en el área euro-atlántica que afectan intereses vitales de seguridad de los Estados miembros. Los días 9 y 10 de octubre los ministros de Defensa mantuvieron otro encuentro informal en Budapest en la que se reunió la Comisión OTAN-Georgia en la que se estudió la posible ayuda aliada a la recuperación de Georgia. Los ministros aliados discutieron también con su colega georgiano la coordinación de la cooperación en seguridad y defensa, en la reforma del sector de la seguridad y en la gestión del espacio aéreo. Los ministros de la Alianza reiteraron su apoyo a la integridad territorial de Georgia y su compromiso de seguir supervisando el proceso establecido en la Cumbre de Bucarest con vista a las aspiraciones euro-atlánticas de Georgia.

Ampliaciones con sentido

Las iniciativas de cooperación de la OTAN han sido uno de los mayores éxitos de la Alianza tras el fin de la Guerra Fría. La Asociación para la Paz (Partnership for Peace, APP) creada en la Cumbre de Bruselas en 1992 fue una mano tendida hacia los países que querían mantener una relación reglada con la Alianza Atlántica. Muchos de los socios pretendían convertirse en miembros y otros simplemente tener la oportunidad de participar en las actividades abiertas a ellos. La República Checa, Hungría y Polonia fueron los primeros socios de la Asociación que pasaron a ser miembros por decisión tomada en Madrid el año 1997. El año 2004, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania se unieron a la OTAN. Por último, Albania y Croacia fueron invitadas en Bucarest a iniciar las conversaciones para unirse a la Alianza. Contando con estos dos países los miembros serán 28 y los socios 22 con la incorporación de Malta.

¿Cuántos candidatos más serán invitados a unirse a la OTAN en el futuro? El punto 18 de la Declaración de la Cumbre de Bucarest afirma que el proceso de ampliación en marcha ha sido un éxito histórico en el progreso de la estabilidad y la cooperación para aproximarnos al objetivo común de una Europa completa y libre, por lo que las puertas de la OTAN permanecerán abiertas a las democracias europeas dispuestas y capaces de asumir las responsabilidades y obligaciones inherentes a la pertenencia a la Organización, de acuerdo con el artículo 10 del Tratado de Washington. Por último se reitera en ese punto que las decisiones sobre la ampliación sólo pueden ser tomadas por la OTAN. Algunos analistas han considerado la ampliación como un proceso artificial que tiene como objetivo preservar la existencia de la Alianza. La mayoría de los países del centro y este de Europa tienen una percepción muy distinta. Para esos países, con un pasado de sangrientas guerras entre vecinos y muchos años de alejamiento político de Europa Occidental, convertirse en miembros de la OTAN ha sido un objetivo nacional logrado gracias a los diferentes planes y programas de la Asociación, especialmente el Plan de Acción para el Ingreso (Membership Action Plan, MAP).

Georgia se unió al Consejo de Cooperación del Atlántico Norte el año 1992 y el año 1994 a la APP. El año 2002 manifestó su aspiración de convertirse en miembro de la Alianza. Georgia fue el primer país en acordar un Plan Individual de Asociación con la Alianza en el año 2003. Al año siguiente, Georgia y la OTAN firmaron un acuerdo que permitía el tránsito de tropas y suministros de los aliados hacia Afganistán. La OTAN ofreció a Georgia en el año 2006 participar en un Diálogo Intensificado. En el año 2007 Georgia acogió el ejercicio aéreo OTAN/APP Cooperative Archer. Georgia ha usado ampliamente los instrumentos de planeamiento de la APP, ha participado en numerosos ejercicios y ha contribuido con tropas en las operaciones lideradas por la Alianza (850 efectivos en la operación Iraki Freedom y 150 en la operación Joint Enterprise durante 2007, un número muy elevado para unos 11.000 efectivos totales).

Una apuesta muy alta

La próxima reunión de diciembre de los ministros de Asuntos Exteriores aliados ha adquirido una relevancia muy especial. En efecto, los ministros tienen que dar cumplimiento al mandato recibido de los jefes de Estado y Gobierno reunidos en Bucarest el pasado mes de abril de hacer una primera evaluación de los esfuerzos realizados por Ucrania y Georgia y decidir sobre sus peticiones de unirse al MAP. Ser llamado a participar en el MAP no asegura el ingreso en la OTAN ni la fecha de ese ingreso, pero se considera una señal evidente de un acercamiento formal cuyo fin natural es ser miembro de la Alianza.

Mientras la OTAN insiste en que las decisiones sobre la ampliación sólo pueden ser tomadas libremente por sus miembros, existen circunstancias que condicionan esa decisión de diciembre. En primer lugar, las peculiaridades de la región en que se encuentra Georgia y que ya condicionaron la decisión de Bucarest. En segundo lugar, la decisión ha de tomarse a los pocos meses de un conflicto que no ha resuelto ningún problema y que ha abierto nuevas heridas con el reconocimiento por Rusia de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. El recuerdo de Kosovo es un tercer elemento de confusión. Aunque el caso de la provincia serbia y el de las repúblicas secesionistas de Georgia son distintos por muchas razones, en ambos casos se ha conculcado la legalidad internacional y algunos países, como Rusia, han empleado argumentos contradictorios para defender posturas fuera de esa legalidad. En cuarto lugar, cualquier decisión que se tome afectará a las relaciones OTAN-Rusia que han ido creciendo a lo largo de los años y han favorecido la estabilidad en Europa, por lo que su paralización afecta al progreso en esas relaciones aunque persistan los contactos informales a niveles subalternos y continúe la cooperación logística rusa con ISAF en Afganistán (tránsito por territorio ruso de cargas no militares de la Alianza y el uso de aviones de transporte estratégico Antonov An-124).

Los ministros aliados, autorizados en una medida poco habitual a decidir sobre las peticiones de acceso al MAP de Georgia y Ucrania, deberán hacerlo a principios de diciembre en una primera evaluación del progreso de ambos países. El abanico de posibles decisiones que los ministros podrían tomar es teóricamente muy amplio, pero algunas de esas opciones y de sus consecuencias serían:

  • Evaluar positivamente el esfuerzo realizado por ambos países e invitar a Georgia y a Ucrania para iniciar el MAP. Dada la falta de un apoyo suficiente de la opinión pública al estrechamiento de las relaciones con la Alianza, sería necesaria una fuerte campaña de concienciación para superar las reticencias de la población ucraniana. Sin embargo, la casi seguridad de que no se celebraran elecciones anticipadas es un factor positivo.
  • Evaluar positivamente el esfuerzo de ambos países pero invitar sólo a Georgia alegando cuestiones técnicas. En este caso otras naciones transcaucásicas reiterarían sus peticiones de participar inmediatamente en el MAP con el objetivo de convertirse en futuros miembros. El presidente ucraniano y los partidos que apoyan la integración en la OTAN quedarían políticamente desprestigiados y su posición política pro-occidental sería muy difícil.
  • Evaluar positivamente el esfuerzo de ambos países pero invitar sólo a Georgia a iniciar el MAP con la condición de arreglar previamente con Rusia sus contenciosos bilaterales. Esta opción debería ir acompañada de un llamamiento solemne a Rusia para que reconsiderase su posición respecto a la independencia de Osetia del Sur y Abjasia y de una indicación a Georgia para que aceptase una autonomía muy amplia a esos territorios. La nueva situación debería ser garantizada por una fuerza de pacificación de la ONU, de la UE o mixta OTAN-Rusia. Para Ucrania la situación sería la misma que en el caso anterior.
  • Evaluar positivamente el esfuerzo de ambos países e invitar a Georgia y a Ucrania a iniciar el MAP. Simultáneamente y tras una adecuada preparación diplomática ofrecer a Rusia una nueva fórmula de relación muy estrecha con la Alianza que podría dar lugar a su posible integración en la OTAN tras un período de transición de duración semejante al MAP de Ucrania y Georgia.
  • Felicitar a Ucrania y a Georgia por los esfuerzos en la dirección correcta para ser invitados y exhortarles a seguir trabajando para que puedan ser llamados a iniciar el MAP en la próxima Cumbre del 60 aniversario el año próximo. Esta alternativa parece la preferida por algunos analistas pues, aunque defraudaría a Georgia y a Ucrania, daría unos meses para clarificar la situación en el Cáucaso y para que la nueva Administración norteamericana defina sus líneas de acción en política internacional. Por otra parte, en los meses que faltan hasta la Cumbre podrían despejarse las dudas existentes sobre unas posibles elecciones anticipadas en Ucrania y podría conocerse si la oposición política en Georgia consigue forzar al presidente Saakashvili a convocar elecciones anticipadas tras la desastrosa guerra de agosto con Rusia.

Conclusiones: A medida que el tiempo transcurre hacia el Consejo Atlántico de diciembre se van enfriando los sentimientos desatados por el conflicto y disminuyendo la agresividad de las declaraciones. La llegada de una Administración demócrata a la Casa Blanca y la atención dedicada a la crisis económica mundial parecen amortiguar los efectos de la decisión a tomar sobre la ampliación del MAP. No obstante, la apuesta es muy alta pues la decisión que se tome repercutirá en la estabilidad del Cáucaso, Oriente Próximo y Europa. Por un lado, la decisión pondrá a prueba el futuro de la relación OTAN-Rusia, una relación que se ha desarrollado con vigor durante los pasados 11 años y de la que se han beneficiado todas las partes. También pondrá a prueba la capacidad de la OTAN para proporcionar seguridad en una de las zonas más inestables del planeta si amplia su garantía de seguridad a Georgia como miembro de pleno derecho.

Del mismo modo, los aliados deben calcular el efecto de su decisión dentro de un contexto complejo con amenazas terroristas, con una crítica situación económica mundial unida a la escasez de energía y al deterioro del entorno natural donde cualquier fricción internacional puede poner en marcha un proceso incontrolado de interacciones.

[1] La presión rusa en aquel momento consiguió evitar la entrada en el MAP pero no consiguió que se rechazara la candidatura porque como recoge el punto 23 de la Declaración de Bucarest: “NATO welcomes Ukraine’s and Georgia’s Euro Atlantic aspirations for membership in NATO. We agree today that these countries will become members of NATO”. Para los antecedentes y consecuencias de la decisión de Bucarest, véase F. del Pozo, “El Conflicto de Georgia y la OTAN”, ARI nº 97/2008, Real Instituto Elcano).


Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

domingo, octubre 05, 2008

Ingushetia, el lugar más violento del Cáucaso

Por Pilar Bonet -Moscú- (El País.com, 06/10/2008)






Una mujer ingush porta la foto de su hija, supuestamente asesinada por un oficial ruso -AP







Cualquier lugar del Cáucaso parece tranquilo comparado con Ingushetia, el territorio de la Federación Rusa donde los atentados, asesinatos e indiscriminadas operaciones policiales forman parte de una sangrienta realidad cotidiana. Prestigiosos defensores de derechos humanos acusan a las autoridades rusas de asesinar, torturar y secuestrar en nombre de la "lucha antiterrorista" en aquella región fronteriza con Chechenia.

"Ingushetia merece la atención de todo el mundo porque lo que sucede allí sería inconcebible en un país civilizado, donde si alguien es sospechoso de terrorismo, lo detienen. En Ingushetia lo matan o simplemente desaparece. A la gente la torturan y ninguna lucha contra el terrorismo puede justificar esta acción de las autoridades y la violación de todas las normas del comportamiento humano", afirmó Liudmila Alexéiyeva, jefa del Grupo de Helsinki de Moscú, una reconocida organización no gubernamental que vela por el respeto de los derechos humanos. Alexéyeva se refirió a "asesinatos sin juicio y sin investigación, secuestros, torturas y desaparición de cadáveres" y comparó la situación en Ingushetia con el terror de Stalin en los años treinta.

Las informaciones que llegan a Moscú desde la república caucásica, poblada por menos de medio millón de personas, son el recuento de dos cacerías paralelas. Una, la de la policía y órganos de seguridad que organizan "operaciones de limpieza" contra supuestos terroristas y otra, la de grupos armados que atentan contra los representantes del poder. La semana pasada al menos dos agentes perecieron en Ingushetia y Musa Medov, el jefe local del Ministerio de Interior, se salvó de milagro de un suicida, que se lanzó contra su Mercedes blindado en un coche bomba.

En 2008 la violencia se ha cobrado la vida de 61 personas en Ingushetia, según datos difundidos a fines de septiembre por la organización Memorial. Entre las víctimas hubo 19 civiles, 16 agentes de policía y cuerpos de seguridad, dos funcionarios y 24 guerrilleros. A título comparativo, en Chechenia en el mismo periodo hubo 55 muertos, de ellos 12 civiles, 17 miembros de las fuerzas de orden público y 16 guerrilleros.

En opinión de los defensores de derechos humanos, la arbitrariedad de los representantes del Estado, que persigue especialmente a jóvenes varones, incrementa las filas de los adversarios del presidente Murat Ziázikov, un general del Servicio Federal de Seguridad (SFS) y hombre de confianza de Vladímir Putin. Ziázikov, en el poder desde 2002, insiste en que la situación en Ingushetia es estable.

Las claves de la situación son complejas. Por parte institucional, la responsabilidad por la violencia se reparte entre los organismos centrales rusos que actúan en la república (Ministerio de Defensa, Ministerio de Interior y Servicio Federal de Seguridad) y los locales. En Moscú los defensores de derechos humanos tienden a culpar a los representantes del poder federal, pero en Ingushetia señalan hacia el centro federal.

De 2004 a 2007 los órganos de orden público mataron -sin proceso y sin juicio- a 149 sospechosos de pertenecer a bandas terroristas o de atentar contra la vida de los funcionarios y detuvieron a otras 90 personas, señalaba un informe del parlamento local. El documento, fechado en febrero, se refiere también a 157 personas, entre secuestrados y desaparecidos sin dejar rastro, cuyo destino pesa sobre "la conciencia de los órganos de orden público y en primer lugar sobre la dirección del SFS de la Federación Rusa en Ingushetia y las unidades del Ministerio del Interior destinadas a la república para luchar contra el terrorismo".

De ese contingente, 83 personas no han sido localizadas, siete han sido encontradas muertas y 57 han sido liberadas. En relación a "todas" ellas se "utilizaron métodos no permitidos de interrogatorio". Las "ilegalidades" cometidas por los responsables de la lucha contra el terrorismo, añade, ha "hecho empeorar la delincuencia en la república".

Ziázikov considera que la "base del terrorismo" está en las decenas de miles de desplazados procedentes de Osetia del Norte a resultas del conflicto de 1992, según Alexéyeva, quien se entrevistó con el dirigente. La causa de aquel conflicto, en el que perecieron cerca de 650 personas, es la reivindicación por parte de los ingushes de un territorio (el distrito de Prigorodni) que Stalin transfirió de Ingushetia a Osetia del Sur. El problema del retorno de los desplazados a sus hogares no ha sido solucionado hasta hoy, pese a las reiteradas peticiones de las autoridades ingushes ante el Kremlin.

El activista de derechos humanos Valeri Borschev ha advertido de la necesidad de atajar las "salidas desesperadas", como la vendetta o el llamamiento a la independencia. Ambas cosas han sonado tras el asesinato a fines de agosto de Magomet Evlóev, un líder de la oposición ingush y el propietario de la principal página crítica local (ingushetia.ru). Evlóev, un ex fiscal que apoyó a Ziázikov en 2002, apareció con un tiro en la cabeza tras ser detenido por miembros de la escolta del presidente. La versión oficial habla de un "trágico incidente" atribuido a la resistencia de Evlóev. Nadie ha sido detenido y la oposición acusa directamente a Ziázikov y pide que éste sea apartado de su cargo mientras se hace una investigación en regla.

Las tensiones en Ingushetia han adquirido una nueva dimensión con el descubrimiento en un barrio residencial de Moscú de un chalet supuestamente empleado para encarcelar e interrogar a ciudadanos de la comunidad ingush. El chalet, del Ministerio de Defensa, salió a relucir gracias a la denuncia de Magomed Jamjóiev, una de las víctimas. Secuestrado en plena calle el 14 de septiembre, Jamjóiev fue internado en el chalet, del que logró escapar el 17 de aquel mes, esposado, ensangrentado y en calzoncillos. En el sótano del local se encontró una enorme jaula y cables eléctricos empleados para torturas, según fuentes policiales citadas por Kommersant. En septiembre 10 ingushes como mínimo han desaparecido en Moscú.