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martes, agosto 14, 2012

Brazil is zooming ahead on ethanol

For Robert Weiner, Claude Pepper and George Clingan (The Miami Herald, 09/08/2012). Robert Weiner was a senior White House spokesman, chief of staff for Rep. Claude Pepper and spokesman for the House Government Operations Committee. George Clingan is Latin American policy analyst for Solutions for Change.
As the world watches the 2012 London Olympics, the United States ought to brace for a looming embarrassment at the 2016 Olympics in Rio de Janeiro. Unless we act fast, everyone will see Brazilians spending one-third less per gallon and generating significantly cleaner air, while the United States and other nations remain locked in the stronghold of the OPEC oil cartels.
Brazil is getting rich on its energy independence — and buying up depressed Florida real estate with its deep coffers. In June, Brian Williams reported on NBC Rock Center that, “Brazil is minting 20 new millionaires a week,” prompting “waves of wealthy Brazilians landing on South Florida’s shores spending millions.” They now own the majority of new real-estate value in Miami.
Brazil’s newfound wealth, aided by its energy policy, has rocketed the country to Florida’s top trading partner. “Brazil is our China,” said Frank Nero, the head of Miami-Dade County’s economic development agency. Brazil is proving itself a world leader in environmental reform on several fronts, having reduced deforestation to a fifth of its peak in the 1990s.
Brazil is amassing fortunes by developing the most biofuel-based infrastructure in the world from sugarcane-based ethanol. It spends what is necessary to develop the infrastructure and offer tax incentives to encourage a nationwide eco-friendly economy. As a result, Brazil has decreased oil imports from more than 80 percent in the 1970s to essentially zero today (including its own domestic oil production).
Try to imagine an energy source that is abundant, carbon-neutral and cheaper for Miami-Dade County’s 1,012,724 cars and trucks and the 250 million in the United States, as well as heating and cooling the homes of our 313 million people. As we record the hottest year in history in the United States by five degrees, policy analyst Richard Mann, visiting Brazil last month, confirmed that the price for ethanol, available right alongside gas, was 30-percent cheaper.
Half of all cars on the road today in Brazil are flex-fuel, capable of running on 100-percent ethanol or a blend of ethanol and gasoline (up to 25 percent ethanol). Last year over 80 percent of Brazil’s new car sales were flex-fuel. Brazil’s ethanol emits as much as 90 percent less carbon emission than gasoline.
Not all biofuels are created equal. Currently, the United States version is corn-based, which may cause more environmental harm, including carbon emissions during conversion and transportation, than petroleum, in addition to raising food prices.
Luckily, corn ethanol is only one piece of a biofuel policy that could challenge Brazil’s leadership if we stop listening to the oil companies’ excuses.
Under the Energy Acts of 2005 and 2007, a renewable fuel standard was established to mandate biofuel production, including a minimum 36 billion U.S. gallons of ethanol per year by 2022. At least 16 billion gallons must come from cellulosic (trees and grass) biofuel, and no more than 15 billion from corn.
The challenge of the law’s stated standard is that we do not have enough ethanol-capable gas stations (now fewer than 1 percent are ready) or dedicated pipelines (we have none). The president campaigned to increase ethanol-capable cars. But we have not made the investments to allow this to occur.
Ethanol shipping now relies on trains, trucks and barges in lieu of pipelines. The Environmental Protection Agency said that will only be sufficient through 2015. To meet the targets beyond this date will require an estimated $2.6 billion and $100,000 per gas station for special tanks. Another hurdle: fewer than 1 percent of all cars on the road today are capable of running on biofuel.
Ethanol has the potential to transform energy in the United States, but only if Congress shows leadership and spurs the private sector to action. Until then, Brazil will continue to increase its global stature from ethanol, reduced deforestation, and economic growth — and outshine the United States in the process.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

jueves, julio 07, 2011

¿Por qué Brasil no tiene indignados?

Por JUAN ARIAS - Río de Janeiro - (El Pais.com, 07/07/2011)

El hecho de que en solo seis meses de gobierno la presidenta Dilma Rousseff haya visto dimitir a dos de sus principales ministros, heredados del gobierno de su antecesor, Lula da Silva (el de la Casa Civil o Presidencia, Antonio Palocci, una especie de primer ministro, y el de Transportes, Alfredo Nascimento) caídos bajo los escombros de la corrupción política, ha hecho preguntarse a los sociólogos por qué en este país, donde la impunidad a los políticos corruptos ha llegado a hacer extensiva la idea de que "todos son unos ladrones" y que "nadie va a la cárcel", no exista el fenómeno, hoy en voga en todo el mundo, del movimiento de los indignados.

¿Es que los brasileños no saben reaccionar frente a la hipocresía y falta de ética de muchos de los que les gobiernan? ¿Es que no les importa que los políticos que les representan, en el Gobierno, en el Congreso, en los estados o en los municipios, sean descarados saboteadores del dinero público? Se preguntan no pocos analistas y blogueros políticos.

Ni siquiera los jóvenes, trabajadores o estudiantes han presentado hasta ahora la más mínima reacción ante la corrupción de los que les gobiernan. Curiosamente, la más irritada ante el atraco a las arcas públicas por parte de los políticos, parece ser la primera presidenta mujer, la exguerrillera Dilma Rousseff, que ha demostrado públicamente su disgusto por el "descontrol" en curso en áreas de su gobierno. La mandataria ya ha echado de su gobierno -y se dice que no ha acabado aún la purga- a dos ministros claves, con el agravante de que eran heredados de su sucesor, el popular Lula da Silva, que le había pedido que los mantuviera en su gobierno.

Hoy la prensa alude a que Dilma ha empezado a deshacerse de una cierta "herencia maldita" de hábitos de corrupción del pasado. ¿Y la gente de la calle por qué no le hace eco, resucitando aquí tambiénel movimiento de los indignados? ¿Por qué no se movilizan las redes sociales? Brasil, después de la dictadura militar, se echó a la calle con motivo de la marcha "Directas ya", para pedir la vuelta a las urnas, símbolo de la democracia. También lo hizo para obligar al expresidente Collor a dejar su cargo ante las acusaciones de corrupción que pesaban sobre él. Pero hoy el paísestá mudo ante la corrupción en curso. Las únicas causas capaces de sacar a la calle hasta dos millones de personas ahora son los homosexuales, los seguidores de las iglesias evangélicas en la fiesta de Jesús y los que piden la liberalización de la marihuana.

¿Será que los jóvenes no tienen motivos para exigir un Brasil no solo cada día más rico (o por lo menos menos pobre), más desarrollado, con mayor fuerza internacional, sino también menos corrupto en sus esferas políticas, más justo, menos desigual, donde un concejal no gane hasta diez veces más que un maestro y un diputado cien veces más, o donde un ciudadano común, después de 30 años de trabajo, se jubile con 650 reales (400 euros), mientras un funcionario público con hasta 30.000 reales (13.000 euros).

Brasil será pronto la sexta mayor potencia económica del mundo, pero de momento sigue a la cola en materia de desigualdad social y defensa de los derechos humanos. Todavía se trata de un país donde no se permite a la mujer de abortar, el paro de las personas de color alcanza un 20% -contra el 6% de los blancos- y la policía es una de las más violentas del mundo.

Hay quién achaca la apatía de los jóvenes al hecho de que una propaganda exitosa les ha convencido de que Brasil es hoy envidiado por medio mundo (y lo es en otros aspectos). O que la salida de la pobreza de 30 millones de personas les ha hecho creer que todo va bien, sin entender que un ciudadano de clase media europea equivale aún hoy a un rico de aquí.

Otros achacan el hecho a que los brasileños son gente pacífica, poco dada a las protestas, a quienes les gusta vivir felices con lo que tienen y que trabajan para vivir, en vez de vivir para trabajar. Todo esto es también cierto, pero no explica aún por qué, en un mundo globalizado, donde se conoce al instante todo lo que ocurre en el planeta, empezando por los movimientos de protesta de millones de jóvenes que piden democracia o le acusan de estar degenerada, los brasileños no luchen para que el país, además de ser más rico, también sea más justo, menos corrupto, más igualitario y menos violento a todos los niveles. Así es el Brasil que los honestos sueñan dejar para sus hijos, un país donde la gente todavía no ha perdido el gusto de disfrutar de lo poco o mucho que tiene y que sería aún mejor si surgiera un movimiento de indignados, capaz de limpiarlo de las escorias de corrupción que golpean a todas las esferas del poder.

martes, julio 05, 2011

¿Continuarán los buenos tiempos para Brasil?

Por Teresa Ter-Minassian, ex directora del Departamento de Asuntos Fiscales del FMI. Encabezó las negociaciones del FMI con Brasil a fines de los años 90. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Copyright: Project Syndicate, 05/07/11):

Estos son los mejores tiempos de Brasil. El país se ha convertido en líder indiscutible de América Latina y un jugador clave a nivel global. Su economía fue de las primeras en recuperarse con fuerza de la reciente crisis financiera, y desde entonces ha mantenido un crecimiento impresionante. La pobreza se ha reducido drásticamente y la desigualdad de los ingresos está disminuyendo a medida que crece la clase media. Y, gracias al descubrimiento de vastas reservas de petróleo en alta mar, Brasil no sólo se ha vuelto autosuficiente en materia energética, sino que está a punto de convertirse en un importante exportador de petróleo.

Sin embargo, a pesar de todas las buenas noticias, los brasileños deberían preocuparse, porque los buenos tiempos durarán sólo si Brasil aborda una serie de retos crecientes de política económica. Algunos tienen relación con problemas de corto plazo, mientras otros son más bien de mediano plazo.

En el corto plazo, es prevenir el sobrecalentamiento económico: el crecimiento anual del PIB real superó el 10% en 2010, debido a políticas de expansión fiscal y monetaria y a términos de intercambio favorables. Es necesario asegurar que la demanda interna se desacelere a un ritmo más sostenible, para moderar la presión alcista sobre los precios que amenaza la credibilidad del marco de políticas monetarias y objetivos de inflación; de hecho, en abril el índice de inflación al consumidor a 12 meses estuvo por sobre el límite superior de la banda de tolerancia del Banco Central. Asimismo, Brasil tiene que enfriar su recalentado mercado laboral y detener el deterioro de la balanza exterior (que ha oscilado desde un pequeño superávit a un déficit de más del 2% del PIB en los últimos tres años, a pesar de un gran aumento en los términos de intercambio).

Moderar la demanda interna requiere ante todo un ajuste fiscal, ya que más incrementos de las tasas de interés, que ya son relativamente altas, no harían más que impulsar mayores flujos de entrada de capitales, ejerciendo aún más presión al alza sobre el real, que ya está sobrevaluado. Las autoridades han adoptado las primeras medidas para ajustar la política fiscal con el anuncio de importantes recortes en el presupuesto aprobado, pero se estima que, incluso entonces, el gasto del gobierno central aumentará en un 4% en términos reales en 2011 desde su nivel históricamente alto de 2010. Las autoridades están complementando un ajuste fiscal moderado con medidas macroprudenciales de restricción del crédito, las medidas y una serie de controles de capital, en su mayoría basados en impuestos.

A más largo plazo, Brasil se enfrenta a una serie de retos de reforma fiscal. Abordarlos con éxito permitiría al país generar los ahorros necesarios para cumplir con las enormes y crecientes necesidades de inversiones públicas: la expansión de la infraestructura productiva (carreteras, puertos y aeropuertos) con el fin de eliminar graves obstáculos a un crecimiento no inflacionario más rápido, un nivel sin precedentes de futuras inversiones en exploración de petróleo y generación de electricidad, y los próximos eventos deportivos internacionales (la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos) de los que el país será anfitrión en los próximos años.

Brasil también necesita espacio presupuestario para dar cabida a la inversión en infraestructura social, en particular instalaciones de saneamiento básico y atención de salud, con el fin de reducir la incidencia de enfermedades infecciosas. También precisa financiar programas bien focalizados para reducir aún más la pobreza y asegurar el acceso universal a la educación básica, perfeccionar la educación secundaria, con vistas a mejorar las capacidades técnicas de la fuerza de trabajo, y apoyar la investigación e innovación eficientes.

Finalmente, las autoridades de Brasil deberían apuntar a eliminar, o al menos reducir considerablemente, los obstáculos fiscales que existen en la actualidad a la eficiencia y la competitividad.

Entonces, ¿qué reformas fiscales son necesarias para alcanzar estos objetivos?

En primer lugar, Brasil debería adoptar un marco fiscal de mediano plazo que apunte a un camino de disminución gradual de la deuda pública, incluido un compromiso con un ajuste correspondiente de la meta para el superávit presupuestario primario. El cálculo y la publicación sistemática de los indicadores fiscales ajustados cíclicamente ayudaría a mantener la disciplina, promoviendo la rendición de cuentas, al igual que otras mejoras sobre transparencia, especialmente en relación con las operaciones cuasifiscales y los pasivos contingentes del gobierno y las empresas públicas. La creación de un consejo fiscal independiente para examinar las proyecciones oficiales también sería de ayuda para el cumplimiento de las metas fiscales.

En el frente de los ingresos, Brasil debería sustituir el actual impuesto al valor agregado (IVA) de nivel estatal, que está plagado de importantes distorsiones, y los impuestos federales en cascada a las facturaciones con un moderno IVA dual (federal y estatal) al consumo, con una base común y un número muy reducido de tasas. También se debe reducir gradualmente la gran cantidad de impuestos de nómina que actualmente añaden alrededor de un 50% en promedio a los costes laborales, lo que dificulta la competitividad y crea un incentivo importante al empleo informal.

Por el lado del gasto, Brasil necesita una nueva ronda de reformas de las pensiones, lo que es claramente una prioridad, dado el rápido envejecimiento de la población. Las reformas deberán incluir tanto el aumento de la edad de jubilación como los cambios en los beneficios, sobre todo la desvinculación de la pensión mínima con respecto al salario mínimo. Además, se requiere una serie de reformas del funcionariado para mejorar la flexibilidad y aumentar la productividad, mientras que los programas de salud y educación requieren una mayor eficacia en función de los costes.

En resumen, a pesar de las apariencias color de rosa, Brasil claramente se enfrenta a una agenda compleja y, en algunos aspectos, abrumadora, que no cabe esperar que la recién elegida presidenta Dilma Rousseff pueda lograr dentro de su actual mandato. Sin embargo, es importante que el gobierno comience con determinación, seleccionando algunas “victorias rápidas” para ganar credibilidad tanto ante los brasileños como en los mercados globales.

En la actualidad Brasil se beneficia de un entorno externo favorable, una fuerte credibilidad internacional y una prosperidad sin precedentes para segmentos cada vez mayores de la población. Pero esta ventana de oportunidad no debe desperdiciarse si ha de consolidar sus éxitos actuales y desarrollarse con ellos como base.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

martes, marzo 22, 2011

Mr. Obama, Meet the New Brazil

By Julia Sweig, a senior fellow at the Council on Foreign Relations, where she directs the Global Brazil Initiative and Matias Spektor, the director of the Center for International Relations at Fundação Getulio Vargas in Rio de Janeiro (THE NEW YORK TIMES, 19/03/11):

When Barack Obama lands in Brazil this weekend, he will find a country transformed. In little more than a decade, some 30 million people have been lifted out of poverty and the country has risen to seventh place in the world economy.

Change at home has revolutionized policies abroad. Brazil has woken up to the 10 states along its borders, becoming the eminent power and driver of regional integration in South America. It has set out to develop closer ties simultaneously with Israel, Syria and Iran.

Brazil has been wooing friends with credit, aid and trade. It has set up shop in most countries in Africa, where it delivers fast-growing aid and development assistance and invests heavily in oil and infrastructure. Brazilian generals command the United Nations operation in Haiti.

In the process, Brazil has become a major creditor, supplier and client of the United States. Holding some $160 billion in U.S. bonds, Brazil has a major stake in the recovery of the U.S. economy.

With most of the Amazon within its borders, the world’s 10th largest oil stores, and nearly a fifth of the world’s fresh water, Brazil is an environmental power, an energy power, and guarantor of global food security.

Once an inward-looking society, Brazil now faces the challenge of projecting its own interests and voice around the world on the major global issues of our time.

But Brazil’s rise in global politics has irked many in Washington. Clashes of worldview and interests have erupted in recent years over issues like Iran, Honduras, Colombia, climate change, international trade, Iraq, Cuba and Venezuela. In the past two years in particular, mutual distrust has colored much of the bilateral ebb and flow.

For Americans uncomfortable with a rising power in their extended neighborhood, Brazil’s independence has been unreliable and downright provocative: it is perceived as Iran’s friend, a rising power wary of the value of human rights as a global good, and one too easily wooed as a darling of African and Arab states.

These are dangerous misperceptions. But the inauguration of President Dilma Rousseff earlier this year has opened a window of opportunity for the United States to come up with a new, more sober assessment of Brazil.

Like her predecessors, Rousseff has insisted on dealing with the United States on equal footing and will not be bossed around. But she has also signaled clearly that she wants a productive relationship with the leading power in the world and has no taste for ideologically tinged disputes.

Obama’s discussions with Rousseff could change the tenor of the conversation in Washington about Brazil.

Part of the Brazil story is structural. With the axis of global power migrating away from the North Atlantic, engaging Brazil on its own terms will increasingly become a necessity on issues that require deep cooperation, such as financial governance, climate change, nuclear proliferation and food security. Moreover, American interests in Latin America will require growing degrees of consultation and cooperation with the leading regional power, Brazil.

Part of the story is about values. As the world struggles to find a common new conception of global order, Brazil is a valuable asset: It sits firmly in the West but it is well equipped by history to engage “the rest.” It is a multiethnic, vibrant democracy and a market economy. Weaving their own narrative of exceptionalism based on stunning social achievements at home, Brazilians relate to the American Dream in ways both profound and inspiring.

Brazil will turn down any proposals to become a formal ally of Washington. But as a major beneficiary of globalization, it will not seek to overturn the existing rules of the game. Rather it will try to adapt them smoothly to a changing world.

Obama’s visit to Brazil also has the potential to transform talk there about the United States. As it rises, Brazil will confront problems that it has found it possible to ignore before — cocaine and criminal networks from the Andes, labor conflict in Africa, China’s currency manipulation. Brazil will also come under increasing pressure both from the developing world and the stronger powers to show where it stands. In such an environment, Brazil will benefit from an effective channel to Washington. Obama’s visit can create one.

The presidential visit is full of symbolism. Breaking the gender and race barriers in their respective countries, Rousseff and Obama illustrate the powers of democracy. The visit will also be full of pragmatism. With both presidents facing major domestic challenges on job creation, education, infrastructure and overall competitiveness, the conversation might reveal some surprising common ground.

To many in Brazil, the Obama administration seems to talk the talk of multilateralism and dialogue, but when push comes to shove it is more comfortable with the more familiar unilateralism and monologue.

Obama must demonstrate that he understands that different views of the world need not sour the bilateral relationship; that on the contrary, a major power and a rising one working together can produce innovation on the major challenges of the day. One step that would be highly welcome in Brazil would be for Obama to declare support for Brazil’s quest for a permanent seat on the U.N. Security Council.

Presidents Obama and Rousseff have the opportunity this weekend to start building a genuine partnership between their two countries, one that may feel unnatural at first but will be needed more and more.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

martes, abril 27, 2010

Brasil, Irán y el sillón en la ONU

Por Clóvis Rossi, columnista de Folha de São Paulo (LA VANGUARDIA, 10/04/10):

El intento del Gobierno de Brasil de participar en las negociaciones internacionales sobre el programa nuclear de Irán bien podría llamarse “manual para candidatos a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”. Los esfuerzos diplomáticos de Brasil con Irán – un país sospechoso de desarrollar energía nuclear para fines militares-comenzaron en una reunión el año pasado entre el presidente Obama y su homólogo brasileño, Lula da Silva, en la cumbre del G-8+ 5 en L´Aquila.

De acuerdo con Robert Gibbs, el portavoz de prensa de Obama, y las autoridades brasileñas, Obama dijo que no tenía objeciones de ningún tipo a que Lula hablara con el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad. Pero Obama sugirió utilizar el peso de las relaciones comerciales entre ambos países para decirle al líder iraní que debería seguir el ejemplo de Brasil (en Brasil, la prohibición a la energía nuclear para fines militares está ratificada en la Constitución).

Lula y Ahmadineyad se reunieron en junio del 2009, cuando Obama todavía le extendía la mano a los ayatolás. Lula actuó según la sugerencia de Obama cuando recibió a Ahmadineyad en Brasilia. Reconoció – como lo hacen todos-que “Irán tiene razón de querer desarrollar un programa nuclear con intenciones pacíficas”, pero inmediatamente pidió “respeto por los acuerdos internacionales” y subrayó el hecho de que “es el camino que está siguiendo Brasil”. Es más, instó a Ahmadineyad “a continuar implicando a países interesados en encontrar una solución justa y equilibrada a la cuestión nuclear de Irán”.

Implicar es la palabra clave en este asunto. Se la usó para describir la nueva diplomacia norteamericana de Obama, particularmente respecto a Irán, al menos hasta las polémicas elecciones iraníes el verano pasado y el agravamiento de la crisis interior que se produjo a continuación.

En el encuentro de Lula con Ahmadineyad, surgió el tema delicado de la repetida negación del holocausto por parte de Ahmadineyad. Lula le dijo a su par iraní que negar el holocausto no era algo bueno, ni siquiera para Irán. Ahmadineyad respondió que él no lo negaba, sólo criticaba lo que consideraba el “uso político” que Israel hacía de él. Aun así, Lula insistió en que debía cambiar su actitud.

“¿Quién más está en condiciones de decirle este tipo de cosas al presidente de Irán?”, preguntó un alto diplomático brasileño, intentando justificar un diálogo que ha sido muy criticado por la comunidad judía de Brasil, que se opone enfáticamente al viaje planeado de Lula a Teherán, programado para mayo. Las relaciones entre Irán y los países que están negociando la cuestión nuclear se ha deteriorado desde la visita de Ahmadineyad a Brasil el año pasado, celebrada tras su controvertida reelección. Una consecuencia es la abierta diferencia de opinión sobre Irán entre el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y Lula, o entre Lula y la canciller alemana, Angela Merkel.

Durante su reunión en Berlín con Merkel en diciembre pasado, Lula insistió en la postura tradicional del Gobierno brasileño: las sanciones, como las que defiende férreamente EE. UU., no conducen a nada; la mejor manera de avanzar es el diálogo. El presidente brasileño pidió “más paciencia” en las conversaciones con Irán.

La canciller alemana respondió que estaba “perdiendo la paciencia” con los líderes iraníes después de “cuatro años de negociaciones en las que no se hicieron progresos”. Pero Brasil insistió en el camino del diálogo y empezó a conversar con otros implicados en la cuestión iraní, como Turquía, cuyo ministro de Relaciones Exteriores, Ahmet Davutoglu, recientemente manifestó una postura similar.

“Queremos que Oriente Medio sea próspero y estable, y que esté gobernado por el diálogo político y la diplomacia”, dijo Davutoglu tras una visita a Teherán. “El aporte iraní será muy importante para que esto suceda”.

Sin embargo, el Gobierno de Brasil también empezó a criticar, aunque débilmente, el desempeño de Irán en materia de derechos humanos. Al principio, Lula minimizó la gravedad de los incidentes que ocurrieron tras la reelección de Ahmadineyad y llegó a compararlos con una disputa entre fanáticos de fútbol. Esto derivó en un enfrentamiento con Sarkozy cuando Lula visitó París poco después de que se desatara la crisis postelectoral en Irán. Si bien Lula no repitió su comparación con un partido de fútbol, tampoco criticó la represión, a diferencia de Sarkozy, que sí lo hizo, y con vehemencia.

Las críticas actuales que le hace Brasil a Irán, junto con una petición de diálogo con la oposición, por más débiles que sean, representan un cambio de postura, lo cual refleja la prioridad absoluta de la diplomacia brasileña: ser miembro permanente del Consejo de Seguridad. Las autoridades brasileñas saben que pueden alcanzar este objetivo sólo si actúan de manera independiente – pero sin apartarse demasiado de las posturas de los actuales miembros permanentes-.También saben que, menos China, todos ellos son críticos con Irán, y están decididos a encontrar una solución a la cuestión nuclear, ya sea a través del diálogo o de algún otro medio, si “se pierde la paciencia”, como sugirió Merkel.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

viernes, mayo 01, 2009

El último desafío de Lula

Por JUAN ARIAS (ElPais.com, 01/05/2009)

Lula es un hombre de suerte. Suele salir indemne de todos los escollos como los faquires caminan sobre el fuego sin quemarse. En sus casi dos mandatos de Gobierno, el ex tornero pasó por tres pruebas graves. Alguien las ha llamado las tres tentaciones de Cristo en el desierto. No sucumbió a ninguna de ellas. La primera, la del gran escándalo de corrupción del 2005, cuando su Gobierno sobornó a un centenar de diputados para que aprobasen las leyes de reforma, Lula, sin estudios, la resolvió según los cánones de la antropología clásica. La jauría de la opinión pública pedía sangre, y él les dio una víctima sacrifical, su mejor ministro, el poderoso José Dirceu. Con su sacrificio y el de la cúpula de su partido, el Partido de los Trabajadores (PT), volvió la paz tanto al Gobierno como a la oposición. Salió sano y salvo.

Se le eligió en 2006 en un segundo mandato y hasta creció su popularidad. La segunda tentación le llegó cuando gente cercana, visto su gran índice de consenso popular, le pedía que convocara un referéndum para cambiar la Constitución y poder reelegirse por tercera vez. La tentación no era pequeña. Sabía que habría ganado el referéndum. Venció la tentación a favor de la democracia. Declaró que lo mejor para la democracia era el relevo en el poder. Prefirió su fama de estadista mundial, que ya había conquistado. Acertó y su popularidad volvió a dispararse.

La tercera prueba le llegó de sopetón, cuando la economía del país iba viento en popa: la crisis financiera mundial. Lula fue rápido, primero calmó los ánimos diciendo que no iba a ser nada. Cuando la crisis llegó, supo hábilmente situar las culpas en los poderosos "blancos de ojos azules". La masa le creyó, y para él ha sido suficiente que Brasil sufra la crisis "menos que otros países de América Latina".

Con Cristo, el demonio se conformó con las tres tentaciones del desierto. A Lula no le deja en paz. Tras haber escogido a Dilma Rousseff, su jefa de Gabinete y ex ministra de Energía, como candidata para disputar las presidenciales en el año que viene para sustituirlo en la jefatura de la República, de nuevo la tentación: Rousseff, una ex guerrillera torturada durante la dictadura militar, acaba de ser operada de cáncer linfático y ha confirmado que tendrá que someterse durante cuatro meses a una dura quimioterapia. ¿Qué hacer? El mundo político está en ebullición. El Gobierno no tiene a estas horas una propuesta creíble para derrotar a los posibles candidatos de la oposición, sobre todo al gobernador de São Paulo, José Serra.

Rousseff, como acababa de escribir Le Monde, era la sustituta perfecta de Lula: "Después de un metalúrgico, una mujer" al frente de Brasil, escribió el diario de París. Lula la presentó como la "madre del PAC [el Plan de Aceleración Económica]", gestionado por ella, un billonario proyecto de obras de infraestructuras en todo el país. Rousseff aparece como la gran gestora del Gobierno, una mujer con carácter a la que temen muchos ministros.

Lula tiene dos opciones: nombrar a otro candidato o mantener la candidatura de Rousseff, como lo ha hecho en un primer momento, afirmando que Brasil necesita de una mujer como ella, que supo salir indemne de las torturas durante la dictadura militar y que superará ahora la nueva prueba del cáncer. Y pidió a la gente que rece por ella y ha vuelto a llevarla a todas las inauguraciones de obras. El Gobierno está siendo acusado de instrumentalizar la enfermedad de la jefa del Gabinete, poco popular, para afianzar su candidatura, sobre todo entre los más pobres. Lula, que es un lince político, se ha adelantado a decir que "no se juega con estas cosas". Es lo que pide la oposición. ¿Es definitiva la decisión de Lula? Rousseff dijo ayer que el presidente la está sosteniendo como un padre. Lula no puede errar. Es posible que organice algún sondeo para uso exclusivo del Gobierno para saber si el factor enfermedad de su ex ministra le dará o quitará votos. Después decidirá. Hasta ahora, su instinto de animal político nunca le ha engañado. Y éste es el temor de la oposición: que vuelva de nuevo a acertar.

lunes, abril 20, 2009

Brasil ya no es un país de blancos

Por JUAN ARIAS - Río de Janeiro - (ElPais.com, 21/04/2009)

Brasil ha dejado de ser un país de blancos: la mayoría de sus casi 200 millones de habitantes, el 49,6%, es negra o mulata, mientras que los blancos suponen el 49,4%. El resto son principalmente indígenas. Y dentro de unos años, la población negra llegará al 54% , según un estudio de la Universidad Federal de Río de Janeiro. A. Paixão, director del Instituto de Economía de dicha universidad, asegura: "Brasil ya no es un país mayoritariamente blanco, por lo que necesitamos una política de la diversidad". A ello hay que añadir que el índice de natalidad de la población negra es muy superior al de los blancos. Este fenómeno sociológico representa un gran reto para la clase política. Pero ¿está preparada para tener en cuenta en su legislación la realidad incontestable de ser ya un país predominantemente negro?

La respuesta la dan los números. A pesar de ser ya mayoría relativa y muy pronto mayoría absoluta, la población negra continúa discriminada. Para comprar una cesta básica de alimentos, un negro necesita trabajar 76 horas, frente a las 54 de un blanco. El índice de analfabetismo entre los negros llega al 20%, mientras que el de los blancos se sitúa en el 6%.

Gracias a la triste herencia de la esclavitud -Brasil fue el último país que la abolió, en 1888, aunque el Estado no se comprometió a darles educación-, los negros siguen siendo la población menos escolarizada y por tanto la que realiza los trabajos peor retribuidos.

Tambien el acceso a la Universidad es hoy mucho más difícil para un negro, ya que su formación escolar (muchos necesitan parte de su tiempo para trabajar) es muy inferior a la de los blancos, que pueden permitirse estudios suplementarios para superar las pruebas de acceso a las diferentes facultades.

El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha dado grandes pasos para la integración de los negros en la vida social y escolar, ofreciéndoles, por ejemplo, acceso preferencial a la Universidad a través de una política de cuotas.
Pero, a pesar de todo, el poder en Brasil aún continúa en manos de los blancos, que son los que ocupan puestos estratégicos en la economía y la política.

Con todo, muchos negros brasileños han destacado internacionalmente en el mundo del deporte y de las artes. El futbolista Pelé y el músico Gilberto Gil son dos representantes de su raza que han hecho más patria en el extranjero que muchos políticos blancos, sin mencionar el amplio colectivo de la samba, un arte que pertenece casi en exclusiva a los negros y mulatos de las favelas.

martes, abril 14, 2009

El tabú del traslado de favelas en Río

Por JUAN ARIAS - Río de Janeiro - (ElPais.com, 14/04/2009)

El joven alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, ha roto un tabú ideológico y semántico, el que se refiere al traslado de las favelas de Río de Janeiro, sobre todo las cercanas a las áreas nobles de la ciudad y que ocupan los lugares con las vistas más privilegiadas y espectaculares. Paes ha querido reabrir la polémica discusión. "La remoción no es la mejor opción en el caso de las comunidades ya consolidadas. Pero el asunto no puede ser tratado como un tabú, ni descartado. Debe y merece ser discutido por la sociedad", afirmó el domingo empleando una palabra prohibida, "remoción", según recogió el diario O Globo.

La discusión pasó rápidamente a todos los foros de Internet. En general, los cariocas, en un porcentaje que raya el 80%, están a favor del traslado de las favelas, pero advierten de forma unánime que, en ese caso, se debe trasladar a sus actuales habitantes a un lugar digno, con todas las infraestructuras modernas, para evitar que los nuevos barrios vuelvan a ser ocupados por el narcotráfico, como sucede actualmente.

Un caso triste y sintomático del pasado es el de la Ciudad de Dios, objeto de varias películas, un barrio que fue pensado para trasladar algunas favelas que habían sido levantadas en áreas de riesgo y que ha acabado convirtiéndose en otra favela, más violenta que muchas otras.

Autoritarismo

El tema resulta un tabú ideológico además de semántico, porque la palabra remoción y su cumplimiento comenzó a llevarse a cabo bajo la administración del gobernador Carlos Lacerda (1960-1965), que trasladó a cientos de familias de las favelas, en un acto que fue considerado autoritario. Con todo, sin aquellos traslados, los lugares más privilegiados de la ciudad, como la Lagoa Rodrigo de Freitas, que linda con los barrios nobles de Leblón e Ipanema, se habrían convertido en otros tantos barrios de chabolas.

Construcción de un muro para evitar la expansión de la favela Morro de Dona Marta, en Río de Janeiro.- REUTERS

Por ello, Sérgio Magalhães, catedrático de Urbanismo en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), insiste en que la palabra no debe ser "remoción" de las favelas, ún término que suena a autoritarismo, sino que hay que hablar de "recolocación" de aquellos ciudadanos en lugares más dignos.

Al mismo tiempo, mientras se discute la palabra prohibida, las favelas continúan creciendo en Río de forma alarmante. La de Rocinha, que en el año 2000 tenia 16.999 habitantes, hoy cuenta con 25.915, un crecimiento del 65%. Según el Instituto Pereira Passos, en las imágenes de satélite se detectan más de 50 nuevas manchas de favelas en formación. De acuerdo con este instituto, Río cuenta hoy con 968 favelas, incluyendo las 218 recién descubiertas.

domingo, marzo 29, 2009

Un muro rodeará las favelas de Río

Por JUAN ARIAS - Río de Janeiro - (ElPais.com, 29/03/2009)

El objetivo es que las chabolas no se expandan por la ciudad de Río de Janeiro. Y para eso, un muro de tres metros de alto, de hormigón armado, ha comenzado a levantarse ya en dos favelas de las que se encuentran en las colinas de la ciudad, con unas vistas espectaculares. Antes de fin de año, en 11 de ellas el muro, llamado por algunos "de la discordia" por las polémicas que suscita, estará ya listo. Los trabajos han comenzado por la favela Morro de Dona Marta donde ya se pueden observar los primeros 55 metros de un muro que medirá cerca de un kilómetro.

Las otras favelas son las de Babilônia y Chapéu Mangueira; Vidigal; Morro dos Cabritos; Parque da Cidade; Cantagalo y Pavão Pavãozinho; Ladeira de Tabajaras y la Rocinha, la mayor favela de América Latina y la que contará con el muro más extenso: 2.800 metros. El muro, levantado por orden del Gobierno del Estado de Río, y que costará 40 millones de reales (unos 13 millones de euros), tiene como finalidad impedir que las favelas, que crecen de modo vertiginoso en vertical, acaben con el verde de las colinas o morros, como en Brasil se les llama. El muro será sólido de cemento armado para evitar que los traficantes de droga puedan dinamitarlo.

En total está previsto construir hasta final de año unos 11 kilómetros. Las autoridades han querido comenzar por la favela de Morro de Dona Marta, ubicada en el castizo barrio central de Botafogo, porque es la primera de la que las fuerzas del orden, que se han establecido en ella, han conseguido expulsar a los narcotraficantes. Es casi una favela modelo, con servicio de Internet gratuito para sus diez mil habitantes, electricidad oficial y un sinnúmero de servicios sociales. Se espera que las protestas en dicha favela sean menores que en las demás, aún dominadas por los traficantes de drogas.

La idea de levantar muros en las favelas para evitar su expansión llevaba madurándose desde hace años, pero las protestas ciudadanas acabaron abortando el proyecto. Para muchas comunidades vecinales la idea del muro era una forma de discriminar a ciertos barrios, de agrandar las fronteras que existen en Brasil entre ricos y pobres.

Vista de la favela de Vidigal- REUTERS

"No hay discriminación, al contrario. El objetivo es contener el desarrollo de las comunidades chabolistas y proteger la naturaleza. Hay muchas casas en zonas de alto riesgo", indicó a la agencia Reuters Tania Lazzoli, portavoz de la secretaría de Obras Públicas en el Gobierno del Estado de Río. Lazzoli hizo referencia a los chamizos construidos sobre las laderas de barrancos que son arrastrados por el agua durante las temporadas de lluvia.

Con unos a favor y otros en contra, el muro es ya una realidad. ¿Resistirá a los posibles ataques de los narcotraficantes que usan hasta bombas de mano para sus acciones de destrucción de cualquier impedimento que se les pone delante?

El Gobierno ha dado luz verde a la construcción del muro justo cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva acaba de anunciar la construcción de un millón de casas populares. El grave déficit habitacional del país, donde según afirmó la ministra de Vivienda, Dilma Rousseff, faltan 10 millones de casas, es lo que ha impulsado la formación de las más de mil favelas que rodean a la ciudad y son causa de violencia dentro y fuera de ellas.

miércoles, marzo 25, 2009

El millón de viviendas de Lula

Por JUAN ARIAS - Río de Janeiro - (ElPais.com, 25/03/2009)

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha anunciado hoy oficialmente su plan de viviendas, llamado 'Mi casa, mi vida', el más ambicioso de los últimos 30 años, y que se había anunciado en diciembre del año pasado. Las viviendas serán subvencionadas o construidas por el Gobierno hasta el próximo año, con un presupuesto de 38.000 millones de reales (12.522 millones de euros), de los cuales 16.000 millones provendrán del presupuesto del Gobierno, 12.000 millones del Fondo de Garantía del Tiempo de Servicio -que cuenta con un fondo de 200.000 millones de reales- y el resto de bancos públicos, gobiernos locales y alcaldías.

El presidente brasileño ha asegurado en un discurso que "nunca en este país", se había lanzado un proyecto semejante, que ha calificado como el complemento de lo que ya la Caixa Federal estaba haciendo para aliviar el déficit habitacional de un país que se está favelizando por falta de viviendas populares. Lula ha exhortado a los gobernadores y alcaldes presentes a que favorezcan con la reducción de impuestos y la facilitación de terrenos, la construcción de las casas para los más pobres. "Si todos colaboraran podremos realizar el plan en dos años", ha dicho. Según Lula, hasta ahora los gobiernos nunca tenían dinero para construir casas para los pobres. "Nosotros lo tenemos y lo vamos a gastar", ha afirmado, en medio de aplausos de los asistentes.

El proyecto, presentado por la ministra de la Casa Civil, Dilma Rousseff, - principal impulsora de la iniciativa - con una profusión de gráficos informativos, contempla ocho categorías económicas de ciudadanos, desde los que ganan tres salarios base, 1.400 reales (461 euros) hasta los que ganan 4.500 mensuales (1.482 euros). Los más pobres podrán adquirir su piso o financiarlo sin intereses pagando una cuota mensual casi simbólica de 20 reales (siete euros) y sólo empezarán a pagar cuando tengan las llaves del piso. Se han tomado en cuenta mecanismos de protección para que los trabajadores pobres no pierdan el piso si el titular quedase desempleado durante un tiempo.

Según la ministra Rousseff, Brasil necesita aún 10 millones de viviendas, "una deuda que ha sido acumulada durante décadas en las que nadie pensaba en el problema", ha dicho. Según la funcionaria, los más pobres nunca podrían adquirir una casa a precio de mercado, de ahí la ayuda del Gobierno en estos momentos de crisis económica mundial. Los más pudientes, que podrán obtener un crédito hasta de medio millón de reales (164.735 euros), también contarán con las ayuda oficial a través de créditos que no superarán el 5% de intereses al año, en un país donde los tipos de interés privados pueden llegar al 40%.

La Fundación Getulio Vargas calcula que el proyecto dará empleo directo a medio millón de personas. "Es una medida de gran impacto", ha afirmado el ministro de Planificación , Paulo Bernardo. Para Wellington Moreirsa Franco, vicepresidente de la Caixa Económica Federal, es también " una alternativa para enfrentar la crisis y sobre todo para generar empleo".

domingo, marzo 08, 2009

Obama quiere el petróleo de Lula

Por FRANCHO BARÓN - Río de Janeiro - (ElPais.com, 09/03/2009)

Brasil y EE UU mantienen contactos informales con el objetivo de cerrar un futuro acuerdo comercial que aumente el flujo de petróleo y derivados desde el gigante suramericano hacia su vecino del norte. La recién estrenada Administración de Barack Obama ya ha dejado clara su voluntad de incrementar considerablemente las importaciones de crudo brasileño. De concretarse el pacto comercial, algo que hoy por hoy parece muy probable y que depende únicamente de Brasil, la consecuencia más directa sería el desplazamiento de Venezuela del mercado energético estadounidense, donde actualmente consigue colocar entre el 40% y el 70% de su producción petrolífera.

Varias fuentes diplomáticas y gubernamentales de Brasilia han confirmado a EL PAÍS el interés del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en aumentar la presencia brasileña en el mercado norteamericano de hidrocarburos, aunque ello implique una colisión frontal con los intereses venezolanos. Todo ello dependerá de la cantidad de crudo que la compañía estatal brasileña Petrobras consiga bombear en los próximos años de los pozos perforados frente a los litorales de los Estados de Río de Janeiro y São Paulo, así como del marco jurídico que Washington y Brasilia suscriban.

Desde Brasilia se insiste en que el primer objetivo del Gobierno es abastecer totalmente su mercado interno y dejar de depender de las importaciones de crudo. Una vez que alcance esta meta, Petrobras entrará en la pelea a cara de perro por los mercados mundiales de hidrocarburos y sus derivados. Por su cercanía geográfica y la fluidez del diálogo político que ya se ha establecido con su nuevo presidente, EE UU se convierte en el gran comprador natural del oro negro brasileño.

Del total de las importaciones norteamericanas de hidrocarburos, el 11% proviene de Venezuela. La empresa estatal venezolana PDVSA no sólo vende a EE UU petróleo pesado y extra pesado, sino que también mantiene sus propias refinerías en suelo estadounidense y una amplia red de estaciones de servicio que distribuye sus derivados. Para Washington, una relación comercial estable con Venezuela en el terreno energético es importante. Sin embargo, y pese a sus frecuentes amenazas de cerrar el grifo del crudo, para el régimen de Chávez la venta de petróleo a su enemigo número uno se ha convertido en una cuestión de vida o muerte ya que le supone una caja diaria de unos 80 millones de dólares (64 millones de euros).

Es este contexto el Gobierno de Washington tiene el ojo puesto desde hace meses en las recién descubiertas megabolsas brasileñas de crudo. Según los estudios preliminares realizados por Petrobras, se encuentran frente a las costas de Brasil, en la capa denominada presal, es decir, bajo una gruesa capa de sal que puede alcanzar los dos kilómetros de espesor. Es de una calidad excelente. Se trata de petróleo ligero, que en comparación con el pesado y el extrapesado (los extraídos en Venezuela), requiere menos trabajo e inversión para ser refinado y transformado en derivados.

Fuentes diplomáticas brasileñas recuerdan que el Departamento de Defensa norteamericano decidió reactivar el pasado julio su Cuarta Flota para el Caribe y América del Sur, compuesta inicialmente por 11 buques, entre ellos un portaviones y un submarino nuclear. "Esta decisión no es casual. Ahora más que nunca estamos en el radar de los estadounidenses, ya que existe una cierta preocupación en algunos sectores de ese Gobierno por lo que suceda en esta zona de producción petrolífera", apunta una fuente cercana al presidente brasileño.

Las mismas fuentes señalan que, para EE UU, Venezuela es un motivo de preocupación más que de sosiego o estabilidad regional. Obama mira al Gobierno de Brasilia como su aliado natural en Suramérica. Brasil es un país políticamente estable, de gran potencial económico, con una inmensa riqueza natural y humana. "Si Brasil continúa en su línea de fortalecimiento institucional, respeto a los principios de la democracia y al medio ambiente, seguridad jurídica y disminución de la desigualdad social, seremos un país productor de petróleo único en el mundo. Y esto es muy atractivo para EE UU", asegura una fuente gubernamental brasileña experta en política energética.

Aunque aún se desconocen las reservas exactas, sí se sabe que el petróleo hallado en el litoral brasileño es abundante: si se cumplen las previsiones, Brasil pasará a ser el octavo o noveno productor del planeta. Además, su transporte hasta EE UU es casi tan sencillo como desde las costas venezolanas. "Washington entiende que las reservas del presal son la salvación de su dependencia de Venezuela", se insiste en Brasilia.

Para Petrobras, la viabilidad del pacto comercial dependerá de las cantidades de crudo que se logren extraer. La previsión es que haya petróleo para exportar no sólo a EE UU, sino a otros países del mundo que ya han mostrado interés, como China y Japón.

Brasil insiste en que está más interesado en la venta de derivados, como gasolina, ya que le resultará mucho más rentable que la venta de barriles de crudo. Esto explica que Lula haya decidido apostar por una gran inyección de capital en Petrobras para la construcción de cuatro nuevas refinerías y la ampliación de otras tantas que ya existen. Brasil aumentó sus exportaciones de petróleo y derivados en casi un 10% en 2008, y el 40% de esas ventas fueron a parar a EE UU. El negocio está en marcha.

domingo, febrero 15, 2009

Y Lula se 'comió' a la oposición

Por JUAN ARIAS (El País.com, 16/02/2009)

En la política brasileña se ha producido un fenómeno único en América Latina y quizás en el mundo: el carismático presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva, y su Ejecutivo, que gozan de un 84% de popularidad tras seis años de Gobierno, se han comido a la oposición. Y no lo han hecho con métodos antidemocráticos, sino apropiándose de sus banderas.

Ya se sabía que Lula es un genio político, que ha sabido vencer las reticencias en el seno de su propio partido, el Partido de los Trabajadores (PT); de hecho, se dispone a elegir a una mujer, la ministra Dilma Rousseff, como su sucesora en la candidatura a la presidencia en 2010, a pesar de que nunca ha disputado unas elecciones y no es un personaje excesivamente grato para el PT. Pero lo que nadie imaginó jamás es que sería capaz de eliminar democráticamente a la oposición. Tanto a la de derechas como a la de izquierdas.

¿Cómo lo ha conseguido? Con una política que, poco a poco, ha ido segando la hierba bajo los pies de sus opositores. A la derecha le ha cortado las alas mediante una política macroeconómica neoliberal que le está proporcionando buenos resultados en estos momentos de crisis financiera mundial gracias a las reservas acumuladas.

Al mismo tiempo, ha puesto coto a las ínfulas de algunos de los movimientos sociales más radicales, como el de los Sin Tierra (MST), cuyas acciones ha criticado tachándolas de ilegales y a quienes ha conminado a respetar la ley vigente. Y también ha mantenido una política medioambiental más bien conservadora, algo que agrada a los terratenientes y grandes exportadores, que forman el núcleo más derechista del Parlamento.

También ha frenado a las izquierdas. Ha conseguido acallar a la izquierda minoritaria con una política volcada en las capas más pobres del país, que ha hecho que seis millones de familias hayan pasado a las filas de la clase media baja y abandonado su estado de miseria atávica. Ha abierto el crédito a los pobres, que ahora, con sólo cuatro euros, pueden abrir una cuenta en el banco y tener una tarjeta de crédito, lo que les convierte en partícipes de la rueda de la economía nacional.

A la otra izquierda, la moderada, también le ha puesto difíciles las cosas. Hoy en día, al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), la formación opositora con mayores posibilidades de ganar las próximas elecciones porque cuenta con dos grandes candidatos -los gobernadores de São Paulo, José Serra, y Minas Gerais, Aecio Neves-, le resulta más difícil que antes hacer oposición. Los dos aspirantes del PSDB saben que no podrán ser elegidos contra Lula. Por ello, sólo hablan, como acaba de hacerlo Neves, de una era "pos Lula", con un proyecto de nación que aporte algo nuevo al proyecto del presidente, que ya goza del consenso de la gran mayoría del país. Desde el primer día de su ascenso al poder, Lula ha mantenido a Henrique Meirelles, del PSDB, como presidente del Banco Central. Y ha conservado y ampliado el proyecto social Bolsa Escuela, creado por el PSDB, bautizándolo como Bolsa Familia. Este plan ayuda hoy a 12 millones de familias y ningún partido de la oposición se atrevería a criticarlo.

Desde su primer mandato, Lula no sólo ha sabido concitar las aportaciones de 12 partidos a su Gobierno, sino que hasta el momento ha logrado mantener una amistad personal con los candidatos opositores Serra y Neves; ambos, además, disfrutan de buenas relaciones con el PT, e incluso no descartan gobernar junto al partido de Lula si llegan al poder.

¿Pero de verdad no hay espacio para la oposición en Brasil? Porque, si así fuera, hay quien lo considera un grave obstáculo para una auténtica democracia. Podría haberlo, según varios analistas políticos, como Merval Pereira, pero el problema radica en que la oposición se ha asustado con la popularidad de Lula. Incluso hay políticos opositores, sobre todo de los Gobiernos locales, que buscan una foto junto a Lula para ganar puntos ante su electorado.

Si la oposición quisiera, dicen los especialistas, podría exigir a Lula que llevara a cabo las grandes reformas que este país aún necesita para despegar a nivel mundial, como la reforma política (¿se puede gobernar con 30 partidos en el Parlamento?), la fiscal (Brasil es uno de los países del mundo con mayor carga tributaria: roza el 40%), la de la Seguridad Social (Lula sólo la ha logrado en parte y, a pesar de un escándalo de sobornos a diputados para que votaran a favor, se quedó pequeña), la agraria (no ha salido del papel), la de la educación (en Brasil aún no es obligatoria la enseñanza secundaria y la calidad de ésta es de las peor valoradas en el mundo) y, por último, la penitenciaria (los suicidios de los presos aumentaron el año pasado en un 40%).

Pero todo ello choca con el muro de la dialéctica política de Lula: su carisma acaba neutralizando incluso a quienes antaño fueron sus mayores antagonistas.

miércoles, febrero 11, 2009

Solución de lujo para una favela

Por JUAN ARIAS - Río de Janeiro - (El País.com, 12/02/2009)

Una solución hasta ahora inédita de rescate de una favela ocupa estos días la atención de los cariocas. Se trata de convertir una de las favelas más famosas, la de Vidigal, que tiene unas vistas espléndidas, en un conjunto turístico de lujo. Es una idea del empresario alemán Rolf Glaser, que ya ha comprado una parte de la favela.

El millar de favelas de Río de Janeiro, donde vive uno de cada cuatro habitantes de los 10 millones que residen en la ciudad, ha sido siempre un quebradero de cabeza para las autoridades y para las organizaciones sociales. Dominadas por el tráfico de drogas, que ejerce un poder paralelo, el Estado no consigue imponerse en las favelas, que acaban siendo pasto fácil para la violencia.

Las infinitas soluciones que se han intentado para estas barriadas van desde, desde hacer arreglos para darles una apariencia de barrio, pero sin conseguir imponer en ellas la presencia del Estado, hasta aislarlas con muros de cemento. Todo ha sido en vano hasta ahora.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha visitado recientemente varias favelas de Río, las más duras y violentas. Su propuesta es entrar masivamente en ellas con una fuerte y decidida acción social, convirtiéndolas —dado que parece imposible, en este punto, eliminarlas— en barrios normales de la ciudad, con buenas infraestructuras. ¿Acabaría así el tráfico de drogas y la acción de los narcos? Es difícil saberlo, porque el narcotráfico acaba metabolizando todo.

Entretanto, Rolf Glaser, fundador de una de las mayores casas de cambio de Europa central, la Exchang AG Berlin, ha buscado una solución inédita para Vidigal, a dos pasos de las famosas playas de Ipanema y Leblón, la parte más rica y más cara de la ciudad. Glaser ha decidido comprar una parte significativa de la favela para construir en ella, en lo más alto del cerro, donde la vista es soberbia, un complejo turístico de lujo. Todo ello, en colaboración con las fuerzas sociales presentes en la favela.

Glaser, que ya conoce la realidad de las favelas de África, ha comprado un viejo caserón, que había sido propiedad del abogado Técio Lins, y unas 60 chabolas, además de varios terrenos baldíos de la favela. Los habitantes de esas barracas han visto el cielo abierto, porque han recibido por ellas hasta 30.000 reales (unos 12.000 euros), cuando su precio en el mercado es de unos 2.000 reales. Y sigue la operación de compra de más chabolas. Hasta ahora, ha invertido un millón de reales (339.000 euros) y se propone invertir hasta 50 millones de euros en el proyecto.

Glaser, que subió por primera vez a lo alto de la favela en 2007, acompañado por gente del lugar, y se enamoró de aquella vista, desea convertir la zona en un lugar de turismo refinado, con hoteles y restaurantes de lujo. Todo ello supone grandes trabajos de infraestructura, para los que pretende contratar mano del lugar. Además, quiere hacer cursos técnicos para los jóvenes del barrio y desarrollar con la comunidad actividades sociales y deportivas.

Para empezar, ha creado una ONG, Vidigal Feliz, el mejor camino para ser bien recibido por la comunidad. El lema de la ONG es emplear y educar: dar trabajo y, al mismo tiempo, elevar el nivel cultural de los moradores del barrio. "Vamos a intentar algo revolucionario: preparar a las personas y lanzarlas al mercado de trabajo inmediatamente", afirma Divana Bradão, coordenadora cultural del proyecto Acción de Ciudadanía.

En Vidigal, donde viven unas 30.000 personas, las primeras chabolas fueron construidas en 1941. Posee una larga historia de violencia por enfrentamientos entre diferentes grupos que se disputan el tráfico de drogas.

"Cuando la gente rica del sur de la ciudad y los turistas de lujo empiecen a entrar en la favela sin miedo, llegará también la seguridad", afirma José Valdir, presidente de la comunidad, quien explica: "El 90% de los trabajadores de la favela está totalmente desasistido. La esperanza nos tiene que venir de fuera". Y esa esperanza, por ahora, es que llegue el turismo de lujo y con él, una ola de bienestar.

¿Cómo reaccionará el narcotráfico ante esa experiencia? Según algunos policías expertos en favelas consultados por este diario, que no quisieron ser identificados, "los traficantes de droga nunca se oponen frontalmente a quienes pretenden mejorar el nivel de vida de los moradores, quizás porque esperan con ello conseguir mejores clientes y hasta pueden bajar el nivel de violencia".

domingo, febrero 08, 2009

"Brasil es el país más parecido del mundo a EE UU"

Por SOLEDAD GALLEGO DÍAZ / JUAN ARIAS - Brasilia - (El País.com,09/02/2009)

Roberto Mangabeira Unger (Río de Janeiro, 1947) es un ministro atípico. Primero por su propia biografía: es catedrático en la facultad de leyes de Harvard (ocupó el cargo a los 29 años, el más joven que ha tenido nunca ese centro universitario y fue profesor del actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama), ha escrito numerosos libros sobre política y construcción social y esta considerado como uno de los teóricos más brillantes, y polémicos, en el ámbito del pensamiento social contemporáneo (sus trabajos están disponibles en www.robertounger.net). Es autor de un corto, y muy polémico, ensayo sobre "España y su futuro", que escribió antes de ser ministro, que supone una crítica muy directa a los sucesivos gobernantes que ha tenido la democracia española y que podría resumirse en una línea: España es hoy un país sin proyecto, incapaz de aprovechar su potencial.

Implicado desde hace años en la política cotidiana de su país, Mangabeira, que se considera de izquierda, fue un crítico muy duro del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, quien, sin embargo, le llamó un día, en su segundo mandato, para ofrecerle una cartera que sería insólita en cualquier otro país que no fuera Brasil: ministro de Asuntos Estratégicos. Desde Brasilia, donde recibe a El País, Mangabeira analiza las grandes líneas de la vida política social y económica de Brasil y las grandes corrientes internacionales, pero eso no le parece suficiente. "El presidente Lula me propuso que ayudara a formular un modelo conceptual sobre el futuro de Brasil, pero para hacer eso no necesito estar en Brasilia. Para escribir panfletos podría continuar en Harvard. Lo que intento es definir iniciativas concretas que encarnen o anticipen ese cambio en la trayectoria institucional del país. Escoger iniciativas en políticas públicas sectoriales, educación, trabajo, política agrícola o industrial, que tengan efecto práctico inmediato pero que también prefiguren el cambio de rumbo que necesita el país".

En medio de la formidable crisis económica y financiera actual, sus propuestas, no solo para Brasil, sino para la comunidad internacional en su conjunto, adquieren cada día mayor relevancia y son objeto de mayor debate. Uno de sus últimos libros se titula: "¿Qué debería proponer la izquierda?"

Pregunta: ¿Qué debería proponer hoy la izquierda en todo el mundo?

Respuesta: Básicamente hay tres izquierdas en el mundo. Hay una vendida, que acepta el mercado y la globalización en sus formas actuales y que quiere simplemente humanizarlas por medio de políticas sociales. Para esa izquierda, solo se trata de humanizar lo inevitable. Su programa es el programa de sus adversarios, con un descuento social y una renta moral y narcisista. Hay otra izquierda, recalcitrante, que quiere desacelerar el progreso de los mercados y la globalización, en defensa de su base histórica tradicional (los trabajadores sindicados de grandes empresas industriales). Y hay una tercera izquierda, la que me interesa, que quiere reconstruir el mercado y reorientar la globalización con un conjunto de innovaciones institucionales. Para esa izquierda, lo primero es democratizar la economía de mercado, lo segundo capacitar al pueblo y lo tercero, profundizar la democracia. Yo entiendo ese proyecto como una propuesta de la izquierda para la izquierda. Diría, con un lenguaje provocativo y algo teológico, que la ambición de esa izquierda no es humanizar la sociedad, sino divinizar la humanidad. El objetivo es elevar la vida común de las personas comunes al plano más alto. Y todo lo que se hace en materia de lucha contra la desigualdad es accesorio a esto. Rousseau dice en algún lugar: ellos no consiguieron ser hombres; entonces, decidieron ser ricos. Nosotros, la izquierda, no queremos eso, queremos que sean hombres.

P. ¿Como analiza hoy día la crisis económica internacional?

R. Yo diría que hace mucho tiempo que el mundo está sometido al yugo de una dictadura de falta de alternativas y que, en general, en la historia moderna, contrariamente a lo que pensaron muchos de los grandes teóricos sociales, los cambios fueron forzados por las guerras y los colapsos económicos. El trauma fue el requisito de la transformación. Hoy hay una gran pobreza de ideas sobre las alternativas en el mundo. Las ideas que orientaron la izquierda históricamente, como el marxismo, están fallidas y la respuesta a la crisis financiera internacional revela de una forma muy dramática las consecuencias de esa pobreza de ideas. No hay nada que no sea una versión momificada del keynesianismo vulgar, es la única luz en esta obscuridad. Hasta ahora, el debate ha estado casi enteramente dominado por dos temas superficiales: el imperativo de regular los mercados financieros y la necesidad de adoptar políticas fiscales y monetarias expansionistas. Son ideas muy por debajo del nivel, de la dimensión del problema. Los líderes de las veinte economías más importantes del mundo se reúnen en Washington y no tienen nada que decir. La verdad es que los poderosos aborrecen a las ideas; cuando ellos llegan, las ideas se van.

P. ¿De que habría que debatir entonces?

R. Hay tres temas suprimidos en el debate, mucho más importantes que esos dos temas superficiales. Todo lo que se puede hacer, y se debe hacer, en materia de regulación de los mercados financieros y de expansionismo fiscal y monetario depende, para su eficacia, del enfrentamiento de esos temas subyacentes más importantes. Son tres. Primero, la necesidad de superar los desequilibrios estructurales en la economía mundial entre los países con superávit en comercio y ahorro, empezando por China, y los países deficitarios en comercio y ahorro, comenzando por EEUU. El motor del crecimiento mundial, en los últimos años, fue el acuerdo implícito entre esos dos elementos. Ese motor se ha roto y vamos a tener que conseguir otro. Eso exigirá grandes cambios en EEUU, en China y la organización de la economía mundial.

P.¿No se trata de regular, sino de reorganizar?

R. Efectivamente. Vamos al segundo punto: la necesidad de que la regulación de los mercados financieros sea parte de una tarea mayor, que es reorganizar la relación entre el sistema financiero y la producción. Reorganizar específicamente el vínculo entre finanzas y producción. De la forma en que se organizan hoy las economías de mercado, el sistema productivo está básicamente autofinanciado. ¿Cuál es entonces el propósito de todo el dinero que está en los bancos y en las bolsas de valores?. Teóricamente sirve para financiar la producción, pero en realidad es solo va oblicuamente a ese cometido. Eso no tiene que ser así y eso es el resultado de las instituciones existentes. En este sistema, las finanzas son relativamente indiferentes a la producción en tiempos de bonanza y son una amenaza destructiva cuando surge una crisis como esta. Es decir, son indiferentes para el bien y eficaces para el mal.

P. ¿Y el debate sobre la distribución de la riqueza?

R. Ese es el tercer punto del que hablaba. El vínculo entre recuperación y redistribución. Todos admiramos la construcción en la segunda mitad del s. XX en EEUU de un mercado de consumo en masa. En principio, la construcción de ese tipo de mercado exige la democratización del poder adquisitivo y, por lo tanto, redistribución de la renta y de la riqueza, pero eso no sucedió en EEUU. Ocurrió lo contrario, hubo una violenta concentración de la renta y de la riqueza. ¿Cómo entonces consiguieron los norteamericanos la construcción de un mercado de consumo en masa?. Parte de la respuesta está en lo que sucedió con la supervalorización inmobiliaria ficticia. Ha habido una falsa democratización del crédito, una democratización postiza, precaria del crédito, que hizo las veces de la democratización de redistribución la renta y de la riqueza, que no hubo. Y ahora que ese sistema está destruido, es necesario crear una nueva base para el mercado. Es necesario insistir en cambios más profundos. Lo que yo le digo a mis ciudadanos es que yo quiero una dinámica de rebeldía; pero la rebeldía es una condición necesaria, pero no suficiente. Necesita una aliada que es la imaginación, la imaginación institucional.

P. ¿Cuál es el papel de Brasil en esa polémica?

R. Voy a decir inmediatamente lo que me parece más importante de Brasil. Su atributo más destacable es su vitalidad. Brasil es, sobre todo, vida. Hierve de vida que viene de abajo y esa vitalidad tiene una expresión social muy importante. La clase media tradicional en Brasil hace mucho tiempo que esta debilitada, económicamente y espiritualmente. Yo digo espiritualmente porque esa clase media tradicional amenaza, al igual que en los países ricos del Atlántico Norte, con una cultura de desencanto con la política. Pero Brasil no es Dinamarca, en nuestro país todo continúa dependiendo de soluciones colectivas a problemas colectivos. Nosotros necesitamos desesperadamente la política.

P. ¿Esta surgiendo una nueva clase media?

R. Surge, al lado de esa clase media tradicional, una segunda clase media que viene de abajo. No es una clase media europeizada, sofisticada; es ruda, morena, mestiza, de millones de personas que trabajan, luchan, para abrir pequeñas empresas, que estudian por la noche y que inauguran una cultura de autoayuda iniciativa. Es el horizonte que la mayoría quiere seguir. Pero sin tener cómo seguirlo, sin instrumentos ni ayuda. Yo entiendo que la gran revolución en Brasil hoy, sería que el Estado usara sus poderes y recursos para permitir a la mayoría seguir el camino de esa vanguardia de batalladores emergentes. Para eso tendría que innovar en las instituciones, económicas y políticas. Y ahí está un gran problema, porque nuestros dirigentes históricamente demostraron una completa falta de imaginación y de audacia. Nuestra gran tarea nacional hoy, colocada en sus términos más sencillos, sería instrumentalizar esa energía, esa energía que viene de abajo. Ahí hay dos grandes proyectos. Un proyecto de democratizar la economía de mercado y un proyecto de profundizar la democracia política. Y eso vale para encarar la crisis en todo el mundo.

P. ¿Impulsará Brasil la construcción de un proyecto común en América Latina?.

R. Al proyecto de unión sudamericana le falta un corazón, un cerebro. Es todo esqueleto, estructura, no tiene espíritu. La UE tuvo dos premisas: ser un proyecto de paz perpetua, para poner el fin al siglo de las guerras europeas, y ser un gran espacio de un modelo de organización social y económica diferente del modelo de EEUU. Nosotros no construimos aún en América del Sur una contrapartida para eso, tratamos de comercio, de integración energética y logística, pero no tratamos de lo más importante: cuál es nuestro proyecto, cuál es nuestro camino en el mundo. Yo creo que la afirmación de ese modelo, de esa trayectoria, en Brasil, que es, de lejos, el país más preponderante de América de Sur, permitiría dar un corazón, un cerebro, al proyecto de unión sudamericana.

P. ¿ Como son las relaciones entre Brasil y Estados Unidos?

R. Yo digo siempre que Brasil es el país del mundo más parecido a EEUU, aunque esa semejanza no se reconoce, ni en EEUU ni en Brasil. Son dos países con tamaños prácticamente idénticos, fundados con la mismas bases, población europea y esclavitud africana, multiétnicos. Los más desiguales de su tipo. EEUU, el más desigual de los países ricos; Brasil, el más desigual de los grandes países en desarrollo. Y paradójicamente, en esos dos países muy desiguales la mayor parte de los hombres y de las mujeres comunes continúan pensando que todo es posible. Brasil tiene, sobre todo ahora, una oportunidad extraordinaria y considero que un compromiso crítico con EEUU. Ellos están buscando en este momento, un momento de inflexión histórica, un sucedáneo al proyecto de Roosevelt. En Brasil estamos en una búsqueda paralela de un nuevo modelo de desarrollo que transforme la ampliación de las oportunidades económicas y educativas, en el propio motor del crecimiento económico. No se trata de discutir solo en el nivel de las abstracciones ideológicas; mi propuesta es que construyamos experimentos comunes en las instituciones que definen la economía de mercado y la democracia (FMI,BM, OMC, ONU)

P. ¿Participa el presidente Lula de su análisis estratégico?

R. Lula es, en algunos aspectos, una personalidad opuesta a la mía, pero él tiene intuición, y capta y traduce en sus discursos, lo noto cada vez más, esas cosas.

El profesor de Obama

"Barack Obama es un hombre muy inteligente, muy abierto, pero al mismo tiempo muy cauteloso". Roberto Mangabeira tuvo como alumno al actual presidente de Estados Unidos en un curso que impartió en Harvard dedicado al análisis de posibles alternativas progresistas para democratizar la economía de mercado y profundizar la democracia tanto en países ricos como pobres. ¿Comparte Obama sus teorías?. El catedrático de Harvard se expresa con mucho cuidado: "Obama fue mi alumno. Tengo relaciones cordiales con el y un gran aprecio. Es un hombre con una gran inteligencia, una inteligencia con cualidades morales y de índole práctica. Cuando se formó en la escuela, rechazó a grandes firmas y fue a enseñar derecho constitucional a Chicago. Eso impresiona y da muestra de su gran capacidad de sacrificio. Pero no se debe centrar todo en la personalidad del nuevo presidente, sino en el propio país, porque el gran actor en estos momentos es Estados Unidos, un país en evolución que vive hoy día una gran apertura y un gran fervor". "El resultado de todo esto", asegura Mangabeira, "dependerá de la alianza entre política y pensamiento".

"Obama es, sobre todo, un hombre muy representativo de la cultura pública de Estados Unidos, centrado en lo pragmático. Sabía poner de lado la retórica engañosa y enfocar el contenido práctico de los experimentos libertadores". ¿Será ahora capaz de responder a todas las expectativas que ha levantado? Mangabeira cree que la mayoría de los colaboradores del nuevo presidente son personas muy experimentadas, muy inteligentes, pero con ideas muy convencionales. Por ahora, explica, las ideas que han expresado están muy circunscritas a un programa en el que lo básico es regular los mercados financieros, adoptar políticas fiscales y monetarias expansivas, promover energías renovables relacionadas con el cambio climático, usar el poder del Estado para ampliar la cobertura de seguros privados salud, respetar más el multilateralismo en las relaciones internacionales y, finalmente, sacar las tropas de Irak y recolocarlas en Afganistán.

"Eso puede parecer mucho", afirma el ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil, "pero es muy poco desde el punto de vista de las expectativas de Estados Unidos. El presidente va a oscilar entre el horizonte programático circunscrito a esos elementos y ese mandarinato, y la inquietud del país, que está más abierto a un cuestionamiento y a un autocuestionamiento de lo que estuvo nunca desde la década 30 del siglo pasado. Yo solo puedo esperar que EEUU continue hirviendo y que la imaginación aparezca en su gran tarea para tomar el lado de los inquietos".

"Lo más importante en estos momentos en Estados Unidos es la actitud de sus jóvenes. Más de 10 millones de voluntarios trabajaron gratuitamente en la campaña de Obama: son un síntoma de ese momento increíble. Ese idealismo necesita un rumbo, necesita de imaginación. Todo va a estar determinado por el ambiente del país. A mi me gustaría que ese movimiento crítico en Brasil y en estados unidos nos pueda ayudar recíprocamente. A librarnos de nuestros pecados, ellos de su idolatría institucional y nosotros de nuestra rendición institucional. Espero que los norteamericanos mantengan la presión al servicio de la humanidad. Será muy importante para todo el mundo. Y si los europeos despiertan, porque el ritmo histórico dice que los europeos despiertan en las guerras y se adormecen en la paz, sería aun mejor".

martes, diciembre 30, 2008

México, el ascenso de Brasil y el futuro de Cuba

Por Carlos Fuentes, escritor mexicano (EL PAÍS, 30/12/08):

El éxito creciente de Brasil como primera potencia de la América del Sur ha suscitado, como era de esperarse, temores en algunos vecinos y resquemores -por no decir envidias- en otros. Hay mucho que admirar en el Brasil de hoy. No todos nuestros países han gozado de 14 años de crecimiento sostenido y buena gobernanza. La presidencia de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003) venció la perniciosa inflación sin caer en la recesión. Se dio cuenta de que la inflación es una manera de robar a la mayoría en beneficio de la minoría, pero que, sin inflación, aumenta la responsabilidad social del estado. Cardoso reformó la banca sin hacerle concesiones a los banqueros irresponsables confiados en que el Estado los sacaría de apuros. Y en materia educativa, elevó a la escuela primaria en un 97% de inscripciones, y a la secundaria en un 70%. La educación es la base del desarrollo.

Por otra parte, las exportaciones brasileñas aumentaron de 50.000 millones de dólares en 1998 a 140.000 millones en la actualidad.

Subrayo este dato porque las fechas abarcan tanto al Gobierno de Cardoso como al de su sucesor, Luis Inácio Lula da Silva, indicando, si no una identificación, sí una continuidad virtuosa de la política brasileña. Con Lula, las exportaciones han aumentado, la deuda pública ha descendido, la cuenta corriente tiene un superávit y la pobreza ha bajado de un 43% en 1993 a un 36% hoy.

Lula, además, ha llevado a cabo una política exterior independiente, inconcebible si pensamos en las presiones internacionales que limitaron, en los sesenta, a los presidentes Jânio Cuadros y Joâo Goulart. Lula, en cambio, conduce con brío y sin complejos buenas relaciones con los Estados Unidos, con Cuba y con sus vecinos suramericanos.

Es natural -aunque injusto- que se creen fricciones entre el gigante brasileño y sus vecinos. Los problemas tienen solución. Trátese del tema energético con Paraguay, el pago de la deuda externa ecuatoriana, o las tarifas de gas de Bolivia. El imponderable es Hugo Chávez, para quien la ascendencia de Lula -de Brasil- es vista como rivalidad política y comparación de modelos. Ambas nefastas para Chávez en el momento en que el descenso de los precios del petróleo le roba la baza misma de su poder, demagógico y real.

Todo esto, al cabo, no le resta potencia a un Brasil que, bien gobernado como lo ha sido por Cardoso y Lula (con errores nada desdeñables) seguiría siendo, sin disminuir a los demás, la principal economía y gobernanza del sur.

¿Qué haría falta para fortalecer a la América Latina entera en estos momentos de la globalidad crítica?

La respuesta me parece evidente: un eje Brasil-México. No paso por alto un hecho singular de la diplomacia brasileña: la fuerza tradicional de la cancillería brasileña, Itamarati y su capacidad de imponerle políticas al ejecutivo de Planalto. Mi convicción es que el presidente Lula quiere una relación estratégica con México y que a México le conviene esto tanto como a Brasil. A México, porque reforzaría nuestra independencia frente a los Estados Unidos y nuestra influencia en la América Latina. Muchos vecinos del sur nos descuentan como parte de Norteamérica. Nos hace falta complementar la relación del norte con la del sur y nada nos ofrece oportunidad más cierta, más “cantada”, más provechosa, que el eje Brasil-México.

El muy activo e inteligente Lula ha determinado que el aprendizaje de la lengua castellana sea obligatorio en Brasil. Por esta razón compartí con él el Premio Internacional Don Quijote de la Mancha, entregado por el rey Juan Carlos en Toledo, el pasado octubre.

Si España no ve una amenaza en esta decisión, ¿por qué la verían los vecinos de Brasil?

Otro gran tema americano, la mala relación entre Cuba y los Estados Unidos, dura ya casi medio siglo. Ambos países portan su parte de culpa. Washington estaba acostumbrado a tratar a Cuba como una colonia. La independencia, obra al cabo de los cubanos, era vista por los Estados Unidos, casi, como una graciosa concesión coronada por el derecho de intervenir en la isla: la Enmienda Platt, derogada además en 1934, aunque no el espíritu de condescendencia al cuasi-protectorado.

La Revolución Cubana y sus secuelas se explican, en buena medida, como una reacción contra esta situación de inferioridad. Sólo que la revolución, para subsistir ante el acoso norteamericano, debió encontrar otros padrinos: la Unión Soviética durante un largo (y peligroso: crisis de los misiles) periodo y luego, con diversos matices, China, Venezuela y una Europa renuente a sumarse a los errores de Washington.

La otra cara de la moneda es la de una revolución que le ha dado a Cuba escuela y salud, pero al precio de la libertad política y de los errores económicos. Los defectos son obra de Cuba, por más que se presenten en Cuba sólo como resultados del ingrato y estúpido boicoteo norteamericano. La baja productividad de una tierra feraz entre todas, la tácita resistencia del guajiro a las medidas colectivistas, la cesión moral al sexo y al turismo, las incapacidades de la oferta mobiliaria, alimentaria e inmobiliaria, son atribuibles, sobre todo, a un autoritarismo ideológico y personalista.

El gran cambio se avecina, si no es que ya está aquí. Un país educado no puede aceptar eternamente un gobierno ineficaz y autoritario. Pero un mundo globalizado está dispuesto a tolerar, y aun alentar, a un capitalismo autoritario que funcione. Los ejemplos de Vietnam y China son claros. Sus regímenes no son democráticos. Pero sus economías obedecen a fórmulas de capitalismo, privado y estatal, sumamente exitosas. Al grado de que China, a la que el general Douglas MacArthur quería aniquilar con la bomba atómica en 1951, es hoy la dueña de más de la mitad de los bonos del Tesoro de los EE UU.

Y el propio Estados Unidos, país acreedor durante buena parte de su historia, es hoy país deudor en el que el ahorro ha cedido el lugar al consumo y el consumo ha agotado las fuentes del crédito, anunciando una severa recesión, la más dura desde 1929 y elcrack bancario.

Hay un tercer factor de la ecuación y es México. Tradicionalmente, nuestro país jugó un papel de intermediario inmediato de equilibrio a largo plazo entre Cuba y los Estados Unidos. México se negó a romper relaciones con Cuba y mantuvo, con algunas excepciones, una relación, a veces cínica, con la isla: no te metas conmigo y no me meto contigo.

Sean cuales fuesen las ventajas y desventajas de semejante realpolitik, hoy las circunstancias son otras. Los Estados Unidos se disponen a cambiar de presidente y Barack Obama se presenta con una mente clara a superar errores y crear oportunidades. Cuba es asunto prioritario en este sentido, porque es asunto artificial en un mundo donde el autoritarismo no impide -China, Vietnam- excelentes relaciones con Washington.

¿Habría de ser Cuba, para siempre, la excepción sólo porque está a 90 millas de Florida? Había otra razón, por supuesto: la militancia anticastrista de Miami. Las estadísticas más recientes demuestran que sólo los viejos de Miami se siguen oponiendo, pero que la mayoría menor de 50 años aprueba una apertura, por condicionada que sea.

Algo más: Guantánamo se convirtió en una vergüenza intolerable para los Estados Unidos. En la base norteamericana se han violado los derechos más sagrados de la ley de gentes: tortura, detención arbitraria, juicios sin pruebas ni defensa, humillación, arrogancia. ¿Con qué cara, desde Guantánamo, pueden acusar los “gringos” a los cubanos de violación de derechos?

El cierre de Guantánamo, seguido de un diálogo exploratorio entre Cuba y los Estados Unidos, le da a México la oportunidad de ofrecer una intermediación benéfica para Cuba, para los Estados Unidos y, desde luego, para México como factor renovado de conciliación a partir de un régimen democrático que, políticamente, nada le debe ni a Washington ni a La Habana.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona