Mostrando las entradas con la etiqueta Caribe. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Caribe. Mostrar todas las entradas

lunes, agosto 13, 2012

Esquipulas II + 25: cuatro legados y una reflexión de futuro

Por Manuel Montobbio,  diplomático y doctor en Ciencias Políticas (El País, 07/08/2012)
Cumple este 7 de Agosto en las hemerotecas y en las memorias un cuarto de siglo la fotografía de la firma del Procedimiento para alcanzar la paz firme y duradera en Centroamérica, conocido como los Acuerdos de Esquipulas II, por parte de los cinco presidentes de las repúblicas centroamericanas, con la presencia de los cancilleres latinoamericanos de los grupos de Contadora y Apoyo, cuya traslación del papel a la realidad engendraría la dinámica que llevaría a la solución negociada al conflicto que asolaba la región. Fotografía de un hecho —por el qué, el quiénes y el dónde— necesariamente fundacional de la Centroamérica contemporánea, que marca un punto de inflexión en su camino en la Historia, y cuya contemplación nos pregunta, en la perspectiva del cuarto de siglo transcurrido, por sus legados y mensajes de futuro.
Legados entre los que procede destacar, ante todo, el de la paz. En su realización en sí misma, por la ejecución de sus compromisos, que llevan a la solución negociada del conflicto centroamericano en su dimensión regional y a la del conflicto nicaragüense; y por la condición previa que supone a los procesos de El Salvador y de Guatemala. En su concepción de paz positiva, identificando esta también con democracia y desarrollo, que se convertirá en referente para otros procesos y conceptualizaciones. En las misiones de paz que desplegará sobre el terreno Naciones Unidas para la ejecución de los procesos centroamericanos, que se convertirán en referente de la que ha venido a conocerse como segunda generación de operaciones de mantenimiento de la paz. Pues el deshielo del fin de la guerra fría trae consigo el estallido de conflictos latentes y supone un nuevo margen de actuación para las Naciones Unidas, que les exige nuevas repuestas y modelos. Su experiencia en los procesos centroamericanos se convertirá así en referente para la formulación de Un programa de paz, que Boutros-Ghali presentará en 1992. Legado de la instauración democrática como contenido de la paz.
Legado, en fin, en el imaginario colectivo, pues más allá de su realización, Esquipulas II adquiere en perspectiva un valor simbólico, referencial, fundacional, de la posibilidad de construir en Centroamérica una visión común y una acción común para la superación de la crisis. De los centroamericanos y para los centroamericanos. De ahí su legado centroamericano, marcado, ante todo, por ese intangible referencial, el valor de ese pudo ser que fue frente a tantos pudieron ser que no han sido que habitan la Historia, el que una vez, en el momento decisivo, esta fuera la de Centroamérica cuando en tantos otros ha sido la de la exaltación de la diferencia nacional frente a lo común centroamericano; y fuera la de Centroamérica y no la de tantas otras potencias extrarregionales que han marcado su Historia, e identificara la superación de la crisis, la construcción de la paz con la democracia y el desarrollo y la integración regional. Marcado, así mismo, por la puesta en marcha de la institucionalidad y dinámica de concertación regional que conlleva la ejecución de Esquipulas II.
Mas el legado de Esquipulas II va más allá de Centroamérica: deja tras de sí, al menos, un legado latinoamericano y un legado europeo e internacional. Un legado latinoamericano, pues de alguna manera el esfuerzo de concertación latinoamericana para la solución de la crisis centroamericana indiciado en Contadora supone un parteaguas en la inserción internacional de la región —hasta entonces fundamentalmente determinada por la relación de cada Estado latinoamericano con Estados Unidos—, al dar lugar, a partir de la constitución del Grupo de Río por los miembros de Contadora y del Grupo de Apoyo, a una dinámica de concertación y arquitectura diplomática latinoamericana que transformará la inserción internacional de la región y de la que deriva su evolución actual. Un legado europeo e internacional, pues el Proceso de San José a través del que la Unión Europea responde a los esfuerzos de construcción de la paz en Centroamérica a partir de Contadora se encuentra en el origen del proceso de transformación y construcción de las relaciones UE-América Latina que se desarrolla progresivamente a partir de la adhesión de España y Portugal, llevando a un planteamiento en positivo de la relación global de la UE con América Latina y con sus diferentes países y bloques de integración. Legado internacional, también, por el progresivo alineamiento de la Comunidad Internacional —incluyendo el involucramiento efectivo de Estados Unidos—  en la construcción de la paz en Centroamérica, y la experiencia referencial de Naciones Unidas en la misma.
Concluido Esquipulas II como proceso de paz, continúa el proceso la construcción de la paz; que supone, como nos señala Galtung, tanto la superación de la violencia directa como la estructural y la cultural en la canalización de los conflictos que vive toda sociedad humana. La paz es proceso: siempre está en proceso, en construcción. Como la democracia o el desarrollo. Bien es cierto que no se da ya en Centroamérica el recurso a la violencia directa como vía de acción política; pero no lo es menos que el principal problema que afronta hoy es el recurso a esta como vía de acción colectiva por parte del crimen organizado y el cuestionamiento al monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado que ello conlleva. Bien es cierto, desde la perspectiva de la superación de la violencia estructural, que Esquipulas II contribuyó decisivamente a la instauración de la democracia electoral en la región; pero no lo es menos que desde esta se plantea el reto de construir la democracia ciudadana y social, y que, más que a la democracia, se transita a un tipo de democracia, que puede ser de mayor o menor calidad. Y que, si bien Esquipulas II ha facilitado el avance en el camino del desarrollo, largo es el camino por recorrer en este. Y que ahí está la violencia cultural. La cultura política autoritaria, que constituye siempre el reto que más tiempo requiere superar en todo proceso de transición democrática. Y la cultura de la violencia, que en buena medida explica la persistencia de esta, la reconversión de su utilización para fines políticos a su utilización para fines privados.
Mirando hacia el futuro, se plantea así el reto de superación progresiva de la violencia estructural y cultural; y es ese un reto que se plantea a la política, pero va más allá de ella, afecta a todos y cada uno de los actores relevantes de la vida centroamericana, y a cada uno de los centroamericanos y centroamericanas. Pues la paz es exterior e interior, y se construye también en cada uno.
Y se plantea especialmente a la política la superación de la violencia y la inseguridad que asola a la región y constituye el principal reto que afrontan sus gobiernos, respecto a la que cabe preguntarse qué mensaje nos transmite la fotografía de Esquipulas II al cumplir el cuarto de siglo. Existe la conciencia de que la crisis de la violencia criminal supera la acción de cada Estado, y requiere de la acción regional e internacional concertada, como muestra la celebración en Guatemala en Junio de 2011 de la Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad en Centroamérica. Y si se celebrara hoy un Esquipulas III, así como el de la democracia fue hace 25 años el reto fundamental, tal sería el de la seguridad. De la misma manera que la Unión Europea respondió frente a los retos del terrorismo y los flujos migratorios con la creación del espacio de Justicia e Interior como tercer pilar de la construcción europea, cabe preguntarse si no sería la creación de un espacio JAI centroamericano el reto al que Esquipulas II nos interpela 25 años después, si mecanismos como Frontex, Europol o la orden de arresto europea no podrían constituir referentes para la construcción de este tercer pilar de la integración centroamericana; si el momento presente requiere, en definitiva, un procedimiento para acabar con la violencia organizada y consolidar el Estado de Derecho por medios pacíficos en Centroamérica.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona 

viernes, julio 11, 2008

Europa, América Latina y la globalización

Por Trinidad Jiménez García-Herrera, secretaria de Estado para Iberoamérica (EL PAÍS, 07/07/08):

América Latina y el Caribe celebraron hace unas semanas su cumbre bianual con la Unión Europea. El encuentro de Lima no fue una reunión más en la que se aprobaran documentos previamente pactados, sino que supuso el fortalecimiento de una relación estratégica en la que ambas regiones tienen mucho que ganar.

América Latina ha dejado de ser el continente de la inestabilidad política y las crisis económicas -aunque persistan riesgos en ambos campos- y ha pasado a ser una región con un extraordinario potencial de futuro. Aunque es cierto que difícilmente podemos hablar de una sola América Latina. Resulta imposible comparar Chile con Haití, aunque sí podemos comparar México con Brasil y estos dos últimos países pueden ser comparados con España u otro país europeo.

En cuanto a la Unión Europea, ha crecido en estos últimos años al tiempo que ha ido reforzando sus lazos con otros lugares del mundo y aumentado su influencia política. La Unión Europea intenta tener un papel relevante en el escenario global. Su modelo económico y social ya ha demostrado tener un grado notable de éxito para lograr una mayor cohesión social y territorial en el seno de los países que la integran. En este contexto, Europa no puede plantearse afrontar con consistencia sus desafíos si no es con estrategias coordinadas a nivel internacional.

Así pues, cobra una mayor fuerza la necesidad de que América Latina y la Unión Europea refuercen su relación y su cooperación. Pues aún siendo consciente de las diferencias y dificultades, lo cierto es que América Latina goza de una posición claramente ventajosa respecto a otros lugares del mundo: no sólo ha realizado un importante esfuerzo de estabilización económica, sino que ha mejorado sus indicadores sociales. Algunos de sus países han puesto en marcha estrategias de reducción de la pobreza y han conseguido progresos significativos en educación primaria, igualdad de género y tasas de escolarización. ¿Ha sido suficiente? No, aún queda mucho por hacer, pues un tercio del total de su población vive bajo el umbral de la pobreza y América Latina es la región más desigual del mundo. Pero se trabaja en la dirección correcta.

La paradoja es que el subcontinente ofrece excelentes perspectivas de futuro. Por un lado, es joven, ya que el 30% de la población tiene menos de 15 años y sólo el 6% más de 65. La esperanza de vida de sus habitantes ronda los 70 años, superior a la media asiática y africana. Pero, además, el territorio latinoamericano alberga importantes yacimientos de petróleo y gas (la segunda posición a nivel mundial), así como otros recursos y materias primas agrícolas y pesqueras, sin olvidar el dato relevante de que es la primera reserva de agua potable del mundo.

España tiene una relación privilegiada con América Latina, pero la globalización nos exige tener un marco más amplio de intercambio y cooperación con esa zona, nos exige, en definitiva, estrategias regionales conjuntas.

En la Cumbre de Lima hablamos de pobreza y desigualdad, pero también de cambio climático y retos energéticos. Y hablamos de integración regional y de cohesión social y territorial. Se abordaron temas que nos conciernen a todos. Porque quizás no haya dos regiones en el mundo que estén en mejores condiciones de actuar de manera coordinada a nivel internacional. Aunque para conseguirlo hemos de trabajar en dos direcciones. Por un lado, América Latina tendría que abordar algunas reformas pendientes que tienen que ver con el fortalecimiento institucional y económico, con el funcionamiento del Estado y con la inversión en capital físico y humano. Y, por otro lado, la Unión Europea debería asumir la importancia de estrechar la relación con un continente que, cada vez más, asume su papel de actor global. De ahí la importancia de que los procesos de integración regional concluyan con éxito, pues no sólo supondrán un paso importante para las subregiones americanas, sino también para Europa. La firma de los Acuerdos de Asociación Estratégica con la Comunidad Andina, Centroamérica y Mercosur abrirá mercados, pero también la consideración de socios políticos y económicos de la Unión Europea a un gran número de países, como ya lo son Brasil, México o Chile. Ésta debería ser la gran tarea de los próximos años.

La próxima cumbre trascontinental se celebrará en 2010 en nuestro país, durante la presidencia española de la Unión Europea. Es una gran oportunidad, pero tendremos que trabajar intensamente durante estos dos años para conseguir resultados concretos. Se tienen que dar dos condiciones: que América Latina avance y que la Unión Europea asuma su papel de liderazgo político en este precario equilibrio internacional. Liderazgo que no sólo tendrá que medirse en términos de ejercicio del poder, sino en el hecho de convertirse en un referente, en un modelo, capaz de resolver algunos de los problemas a los que debemos enfrentarnos. Migraciones y cambio climático son algunos de ellos, pero no podemos olvidar la pobreza y la exclusión social o la ampliación de los derechos humanos a todos los lugares del planeta.

lunes, junio 16, 2008

Valoración de la Declaración de Lima, V Cumbre UE-América Latina y Caribe

Por José Manuel García de la Cruz, profesor titular de Estructura Económica. UAM (FUNDACIÓN ALTERNATIVAS, 11/06/08):

CONTEXTO

Como continuidad de la política de estrechamiento de las relaciones entre la Unión Europea y los países latinoamericanos y caribeños, se celebró en Lima durante los días 13 y 17 de mayo de 2008, la V Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe, con participación de los 60 gobiernos europeos (27) y latinoamericanos (20) y caribeños (13).

La celebración de la Cumbre tuvo como anticipo la firma del acuerdo con los quince países de la región que conforman el CARIFORUM para la firma, en julio de este año, del Acuerdo de Asociación Económica UE-CARIFORUM, lo que aparte de su importancia, ha supuesto un primer acuerdo con la región, si bien dentro del marco del Acuerdo de Cotonú suscrito por la UE y los países ACP.

Además, ha estado precedida de la celebración de la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana, acordada en la IV Cumbre celebrada en Viena en 2006, que el 1º de Mayo hizo público su “Mensaje” a la V Cumbre con propuestas y recomendaciones relativas a los temas de la Agenda de Lima.

La Cumbre se ha desarrollado en una coyuntura política especialmente difícil entre los países americanos. A la división ideológica entre los distintos gobiernos americanos, puesta de relieve por el contraste entre la excepcional acogida mostrada por el gobierno de Perú y las críticas desde los gobiernos de Nicaragua y Bolivia contra estas Cumbres, que consideran foros de expansión de las ideas neoliberales. A estas diferencias se sumaron, en los días previos, las desavenencias entre Ecuador y Venezuela con su vecino Colombia a propósito de la lucha de este país contra las FARC y la incursión militar de Colombia en territorio ecuatoriano.

Si por parte americana, han sido aspectos políticos los que ha podido influir en el desarrollo de la Cumbre, la incertidumbre económica instalada en la Unión Europea puede explicar la falta de cuantificación financiera de los acuerdos logrados. Por otro lado, hay que señalar la ausencia del Presidente de la República Francesa, y de los primeros ministros del Reino Unido y de Italia, por distintos motivos.

Leer artículo completo (PDF). Disponible también en la Fundación Alternativas.