martes, julio 29, 2008

El testamento político de Lenin

Camaradas:

Las creaciones de los grandes hombres -y uno de los más grandes fue nuestro difunto maestro y jefe- constituyen el maravilloso tesoro de las ideas. Es necesario escoger entre la admirable diversidad de este tesoro. Se debe limitar el tema, ya que las riquezas del testamento ideológico son inagotables e inabarcables. Por lo tanto, limito el tema de mi intervención al testamento político de Lenin, vale decir al conjunto de pensamientos que Vladimir Ilich dejó como su última palabra, la más sabia, la más ponderada, como sus últimas y más meditadas instrucciones. Me referiré al plan de trabajo trascendente y genial, reservado al partido que Lenin creara y condujera, al que llevó a la victoria, al que dirigió en los heroicos días de hierro de la guerra civil, al que reestructuró y condujo nuevamente al combate en la época de las enormes labores económicas ya iniciadas.

Lo más importante que nos legó el camarada Lenin se encuentra en cinco de sus artículos extraordinarios y profundísimos por su contenido: Páginas de un diario, Nuestra revolución, Cómo debemos reorganizar la Inspección Obrera y Campesina, Mejor poco, pero mejor y Sobre el cooperativismo'. Si los leemos con atención todos estos artículos no son trozos aislados y dispersos, sino partes orgánicas de un gran todo, de un solo gran plan de la estrategia y la táctica leninistas, de un plan desarrollado en base a una perspectiva perfectamente definida, prevista por la mirada genial y aguda del jefe de las fuerzas revolucionarias mundiales.

Sé muy bien que todos estos artículos han sido citados de manera reiterada y que prácticamente cada frase de los mismos fue objeto de estudio. Pero existe hasta hoy un blanco que deseo llenar en esta reunión solemne y recordatorio. Este blanco consiste en que aún no se ha intentado -hasta donde conozco- desentrañar estos artículos en su mutua vinculación, entenderlos precisamente como parte de un gran plan de largo alcance de toda nuestra labor comunista.

Al iniciarse el sexto aniversario del penoso fallecimiento de nuestro maestro es posible que surja un temor: ¿no estaremos filosofando más de la cuenta, no estaremos vinculando con retraso, y además de manera artificioso, lo que para Lenin fueran sólo observaciones aisladas, aunque geniales? En realidad, ¿qué tienen en común la evaluación de toda nuestra revolución y las indicaciones sobre cómo reorganizar la Inspección Obrera y Campesina? No obstante, el propio autor de los artículos los veía como la expresión de cierto plan único.

Precisamente en el artículo sobre la Inspección Obrera y Campesina -al parecer, ¡aquí hay 'sólo' una cuestión "parcial"!- Lenin escribe: "Así es como vinculo en mi pensamiento el plan general de nuestro trabajo, de nuestra política, de nuestra táctica, de nuestra estrategia, con las tareas de la Inspección Obrera y Campesina reorganizada."

Si miramos atentamente los últimos artículos de Lenin, veremos que en ellos hay tanto una evaluación general de nuestra revolución desde el ángulo de la posibilidad de construir el socialismo en nuestro país, como líneas generales nítidamente trazadas de nuestro desarrollo, un análisis muy profundo -aunque muy breve- de la situación internacional, fundamentos de nuestra estrategia y táctica, y también cuestiones sobre nuestra edificación económica y problemas de la revolución cultural, cuestiones sobre las correlaciones fundamentales de clase, sobre el aparato estatal y sobre la organización de las masas y, por último, sobre la organización de nuestro partido y su dirección. De hecho, no existe ningún tema de cierta importancia en cuanto a nuestra política, cuyo análisis no haya ocupado un lugar en este plan general desarrollado por el camarada Lenin en sus últimas instrucciones. Lenin no desarrolló estos problemas fundamentales de la política desde el punto de vista de una coyuntura momentánea y pasajera, sino que los planteó desde el ángulo de la 'gran política", de las más vastas perspectivas, de los caminos generales, de la vía magna de nuestro desarrollo. Su análisis no es el análisis mezquino de un pequeño sector, sino un enorme cuadro donde está representada con inusual fuerza y la simpleza y expresividad más convincentes la difícil marcha del proceso histórico. De dicho análisis Lenin extrae conclusiones cardinales, pero subordina a ese mismo análisis el detalle organizativo relativamente secundario. La tarea que me planteo hoy es describir todo el plan de Lenin como una unidad.

I. La evaluación general de nuestra revolución desde el ángulo de la posibilidad de la edificación socialista

Comenzaré por el problema de la evaluación general de nuestra revolución desde el ángulo de la posibilidad de la edificación socialista en nuestro país. Esto es lo que aborda el artículo que así se llama: Nuestra revolución. A primera vista (superficial) se puede considerar este artículo como algo casual, casi una nota a modo de reseña. Sin embargo es totalmente equivocado. Por sus ideas, la nota Nuestra revolución es una de las creaciones más originales y audaces de Vladimir Ilich.

Desde luego, no es causal que haya elegido el tema "nuestra revolución", o sea una evaluación de esta revolución y de sus posibilidades en conjunto. Previó que podrían surgir diversas dudas con respecto a la edificación del socialismo en nuestro país; sabía que, probablemente, nuestra clase obrera debería soportar más de una ola de diferentes "ataques", tanto desde los partidos que alguna vez actuaron como enemigos políticos activos dentro de nuestro país como de parte de sus continuadores y de los renegados de nuestro propio partido. Comprendía perfectamente que las diversas dificultades de la edificación podrían plantear una y otra vez a los intelectuales vacilantes el problema de la posibilidad del socialismo en nuestro país: que aparecerían admiradores encubiertos de las relaciones "normales", capitalistas; que de tanto en tanto renacería la verborrea de los emigrados rusos blancos sobre la enorme utilidad de la Revolución de Octubre desde el ángulo de la eliminación de los viejos escudos nobiliarios, de las caballerizas feudales y del medioevo zarista, pero, al mismo tiempo, desde el punto de vista de la prosperidad y de la futura victoria del nepman. Sabemos muy bien que esas dudas existieron, que en algunos lugares existen y, con toda probabilidad, existirán durante cierto tiempo.

Es por ese motivo que Lenin planteó una vez más la cuestión cardinal de "nuestra revolución", del carácter de nuestra revolución, de su evaluación en conjunto.

El camarada Lenin plantea un problema fundamental: se afirma que no teníamos suficientes premisas económicas y culturales objetivas para el paso al socialismo.

Está bien. Pero esto aún no resuelve el asunto. ¿Qué es lo que no entienden los pedantes kautskystas? No entienden lo principal: que si bien desde el ángulo de la historia mundial deben llevar a cabo la revolución proletaria los países desarrollados, los países con una base económica extraordinariamente desarrollada, más que "suficiente" para el paso al socialismo (aunque nadie puede decir desde qué peldaño del desarrollo comienza esta suficiencia), pueden haber excepciones especiales, determinadas por la peculiaridad de la situación externa e interna. Esa peculiaridad de la situación es precisamente la que tuvo lugar aquí, ya que la revolución estuvo vinculada, primero, con la guerra mundial; segundo, con el inicio de la gigantesca efervescencia revolucionaria entre los cientos de millones de los pueblos orientales, y tercero, con la combinación especialmente favorable de las fuerzas de clase dentro del país, la combinación que ya Marx en los años 50 del siglo pasado, consideró la más ventajosa: la combinación de la guerra campesina con la revolución proletaria. Y fueron precisamente esas circunstancias, esa situación totalmente peculiar y original, la que sirvió de base a todo el desarrollo de nuestra revolución. Se tornó posible una situación tan original, en la que primero conquistamos el "poder obrero y campesino' y sólo después debemos, 'con ayuda del poder obrero y campesino y del sistema soviético pasar a alcanzar a las demás naciones". Además, Vladimir Ilich necesita estos razonamientos excepcionalmente audaces para tender desde allí un hilo hacia lo ulterior. Si en nuestro país la revolución socialista se sostiene en buena medida sobre esa combinación especial de las fuerzas de clase que ya fuera tomada en cuenta por Marx, esta "combinación de la revolución proletaria y la guerra campesina" (vale decir, la alianza de la clase obrera con el campesinado, bajo la dirección de la clase obrera), debe ser prolongada y sostenida a cualquier precio; puesto que si nos vemos privados de esta combinación particularmente favorable de las fuerzas de clase, se desmorona toda la base del desenvolvimiento de la revolución socialista en nuestro país.

Al evaluar nuevamente "nuestra revolución" como socialista, después de rechazar los argumentos principales de quienes coqueteaban con el regreso al "sano capitalismo", a la restauración burguesa, y de caracterizar "nuestra revolución" en todo su alcance, Lenin plantea con inusual preocupación el problema más general del carácter del desarrollo de "nuestra revolución" y, por consiguiente, de los fundamentos, de las orientaciones de nuestra táctica. Lenin prevé el peligro de que los hombres, ocultándose tras la frase revolucionaria, no comprendan todo el cambio enorme, decisivo, esencial, que se está operando en todo el desarrollo de la sociedad después de la conquista del poder por el proletariado.

II. La orientación general de nuestro desarrollo y la dirección general de la política

De aquí parte otra vez una formulación desusadamente audaz, brillante y precisa y excepcionalmente enérgica de este problema. Vladimir Ilich la expresó en su excelente artículo Sobre el cooperativismo. En dicho artículo, el camarada Lenin manifiesta:"...Nos vemos obligados a reconocer que se ha producido un cambio radical en toda nuestra visión del socialismo".¿Cuándo y dónde se formuló con tal agudeza esta tesis? Yo afirmo que, de entre todas las obras, esta tesis está formulada de la manera más nítida y con toda la cruda y apasionada energía política precisamente en el artículo Sobre el cooperativismo.

"... Nos vemos obligados a reconocer que se ha producido un cambio radical en toda nuestra visión del socialismo'-"', escribe el camarada Lenin.

"Este cambio radical consiste en que antes poníamos el acento fundamental, y así debía ser, en la lucha política, en la revolución, en la conquista del poder, etc. Ahora el acento cambia y se desplaza hacia el trabajo pacífico, organizativo, «cultural». Diría que el acento se desplaza hacia el trabajo educativo, si no fuera por nuestras relaciones internacionales, si no fuera porque tenemos que luchar en escala mundial por nuestra posición. Pero si dejamos esto a un lado y nos limitamos a las relaciones económicas internas, en realidad el acento de nuestro trabajo se desplaza hacia la educación".

Esto no significa, de ningún modo, que Lenin niegue aquí la lucha de clases, ya que el trabajo "organizativo, pacífico, cultural" es también una forma especial de la lucha de clases. Esto significa que el proletariado conduce tras de sí a todo el pueblo trabajador, que responde por el desarrollo de toda la sociedad en su conjunto, que se convierte en el gran organizador colectivo de toda la "economía nacional", que la orientación del desarrollo no sigue la línea de abrir un abismo entre las clases fundamentales (la clase obrera y el campesinado), que no se trata en absoluto de una "tercera revolución", etcétera.

Sin duda, la marcha real de la vida va de acuerdo con la sentencia de Mefistófeles: "La teoría, amigo mío, es gris, pero el árbol eterno de la vida ha reverdecido"; en realidad es más compleja: pueden resultar más complejas las condiciones objetivas y puede resultar no tan ideal nuestra táctica. Por lo tanto, realmente puede haber períodos de agudización de la lucha de clases y de sus formas, ligadas al reagrupamiento de las clases sociales. Estamos atravesando ahora uno de esos períodos de agudización de la lucha de clases, en que no podemos decir que nuestro trabajo "se reduce" a lo "cultural". Desde luego, sería absolutamente incorrecto que no consideráramos los rasgos particulares de cada etapa de nuestra lucha. Pero, al mismo tiempo, las tesis fundamentales del camarada Lenin sobre el carácter de nuestro desarrollo siguen siendo profundamente acertadas. Y esto debe convertirse en el fundamento teórico al definir nuestro gran cambio táctico.

III. La situación internacional y su evaluación

En su testamento político, Lenin no se limita en absoluto a estas cuestiones generales: de lo general va a lo particular, cada vez más a lo concreto, y con mano maestra pinta cada vez los colores más vivos y brillantes, planteando problemas cada vez más y más palpitantes. Vladimir Ilich fue un revolucionario internacional, un teórico marxista de primer orden, y se sobrentiende que comprendía que las mayores dificultades, así como las amenazas y peligros más pérfidos, están vinculados con nuestra situación internacional. A veces olvidamos qué escribió Vladimir Ilich en su testamento político con respecto a nuestra situación internacional, en tanto que allí se brinda un análisis que, salvo unas pocas excepciones, ha sido confirmado por toda la marcha posterior de los acontecimientos mundiales. En el punto que citaré en primer lugar la vida introdujo una importante corrección. El camarada Lenin describió así la situación internacional: l) En Europa occidental, la escisión de los Estados imperialistas: Alemania ha tocado fondo, la picotean los países vencedores y no le permiten levantarse. Este punto ha sido "superado" en cierta medida: como es sabido, Alemania se ha levantado bajo la vivificante lluvia del oro norteamericano, aún cuando tropieza con enormes dificultades. 2) Por otra parte-analiza Lenin la situación- los vencedores, o sea Francia, Inglaterra, EE.UU. y Japón, basándose en sus victorias, pueden consolidar su poder, pueden hacer concesiones a la clase obrera. "Concesiones que retardan el movimiento revolucionario en esos países y crean una apariencia de «paz social»s. Esta formulación es exacta, correcta y, en cierta medida, cautelosa. 3) Al mismo tiempo, madura el movimiento revolucionario en los países de oriente (la India, China, etc.). Se incorpora al torbellino revolucionario la mayoría de la humanidad. 4) Maduran los conflictos externos, como escribe Vladimir Ilich, entre "los Estados imperialistas prósperos de occidente y los Estados imperialistas prósperos de oriente"'. 5) Maduran las contradicciones y los conflictos entre los imperialistas contrarrevolucionarios y el movimiento nacional-revolucionario en oriente, cuyas fuerzas materiales aún son pocas. 6) Madura el conflicto entre el imperialismo y el País de los Soviets.

En ese momento, cuando Vladimir Ilich escribió esas líneas, no planteábamos el problema de la estabilización del capitalismo, ya que no estaba caracterizada esa estabilización. Pero, en esencia, Vladimir Ilich hizo ese análisis en lo fundamental, al que hemos llegado con gran esfuerzo sólo en el curso de toda una serie de años subsiguientes. Vladimir Ilich no temía ni un ápice sospechar de oportunismo ni cometer algún otro pecado mortal parecido, y escribió que los Estados imperialistas vencedores "prosperarán" y, por otra parte, señaló las contradicciones que genera la estabilización capitalista. Y, esto encierra particular interés, Lenin vinculaba directamente el siguiente estallido revolucionario con la guerra futura.

En lo concerniente a los grandes movimientos populares, los buscó primeramente en oriente, veía allí una situación revolucionaria y la posibilidad de estallidos revolucionarios inmediatos de las grandes masas populares. ¿Acaso la historia no confirmó plenamente este pronóstico?

IV. Fundamentos de nuestra estrategia y táctica desde el punto de vista de la situación internacional

A la luz de este análisis de la situación internacional, Vladimir Ilich definió también los fundamentos de nuestra estrategia y nuestra táctica.

El camarada Lenin veía nuestra posición internacional, en primer término, desde el ángulo del peligro bélico. Lo consideraba indudablemente fundamental.

En realidad, ¿cómo planteó el tema? ¿De qué modo lo formuló? ,¿Cuál es la táctica que esta situación impone a nuestro país?".

"¿Podremos libramos de un próximo conflicto con estos Estados imperialistas?"
¿A qué táctica debemos atenernos para "impedir que los Estados contrarrevolucionarios de Europa occidental nos aplasten?"

Quien conozca la precisión de Vladimir Ilich para expresarse, quien conozca qué pudoroso era con respecto a las "grandes" palabras y quien recuerde que se trata de su testamento político no puede dejar de leer, en esta forma de plantear la cuestión, una profundísima alarma (la alarma de un serio pensador y de un sabio estratega) por el destino de toda la edificación socialista, por la suerte de toda la revolución. Lenin no fue un "falso patriota" superficial, sino que tomó seriamente en cuenta las poderosas fuerzas de los enemigos. También habló abiertamente de nuestras debilidades y exhortó a las masas a superarlas. Ante todo, señaló la baja productividad del trabajo del pueblo. Subrayó que los imperialistas no lograron aniquilar el Estado soviético, pero lograron arruinarlo, dificultar su desarrollo y lentificar este desarrollo, o sea que pudieron realizar su tarea a medias ("semisolución del problema").

Hay que reconocer que, aun cuando hemos dado un gran salto en el ámbito del desarrollo económico y cultural, a la vez vivimos en una situación de semibloqueo. Y en lo tocante a la "baja productividad del trabajo del pueblo", aunque también en esto hemos dado un enorme salto hacia adelante, en comparación con Europa occidental y Norteamérica aún nos hallamos en un nivel de desarrollo extraordinariamente bajo, semibárbaro.

Pero, ¿cómo respondía el propio Vladimir Ilich a esas cuestiones? Respondía con suma cautela. Decía que la solución del problema general en cuanto al desenlace de la gigantesca lucha depende de "muchas circunstancias" que no se pueden considerar de antemano. En definitiva, empero, nuestra victoria se basa en la fuerza de la gigantesca masa. La masa fundamental de la humanidad (la U.R.S.S., la India, China, etc.) decidirá el desenlace de la lucha. Pero este desenlace presupone determinada táctica.

De modo que: "¿Cuál es la táctica que esta situación impone a nuestro país? Sin lugar a dudas, la siguiente: debemos manifestar extrema prudencia para poder conservar nuestro poder obrero, para mantener bajo su autoridad y dirección a nuestro campesinado pequeño y muy pequeño".

De manera que, cuando Lenin planteó el interrogante sobre cuál es la garantía interna fundamental en la lucha contra la agresión de los imperialistas, cuál es la regla táctica fundamental, indispensable para que la revolución del proletariado triunfe en la lucha contra los gobiernos euro occidentales contrarrevolucionarios, respondió: extrema prudencia en aquellos puntos de la política que se refieren a las relaciones entre el poder obrero y el campesinado. En otro lugar de ese mismo artículo brindó una formulación clara, precisa y con suma parquedad en las palabras, que son tanto más expresivas, cuanto más concisas:

"Debemos adoptar la siguiente táctica, o seguir la siguiente política para salvamos."

"Debemos tratar de construir un Estado en el cual los obreros sigan dirigiendo a los campesinos, conserven la confianza de los campesinos, y en el que, por medio de la mayor economía, se elimine de sus relaciones sociales toda huella de lo que sea superfluo."

"Debemos lograr el máximo de economía en nuestro aparato estatal".

A primera vista esto parece un poco escaso para "salvarnos" ante la agresión de las potencias capitalistas euro occidentales. Pero a continuación, y a partir de estas directivas aparentemente "pobres", despliega en todas direcciones una riquísima cadena de indicaciones cada vez más concretas, en la que un eslabón se enlaza con otro y se va convirtiendo en toda una práctica viva y compleja de la lucha y la edificación revolucionarias. El pensamiento que Lenin subrayó con tanta fuerza, lanzándolo como un pesado bloque, parece pobre: dirigir al campesinado, manifestar "extrema prudencia", tener la confianza del campesinado, reducir el aparato al mínimo; esto parece muy poco, esto parece demasiado simple.

Pero la simplicidad suele ser de dos tipos: la "simplicidad" que es "peor que el robo" y la simplicidad genial, aquella que es producto de la más profunda compenetración con el tema y del más profundo conocimiento del mismo. En la esfera de la creación artística, solemos encontrar esa simplicidad genial en León Tolstói.

En cuanto a la política, era Lenin quien poseía esa simplicidad genial.

De lo que he dicho se deriva que Vladimir Ilich consideraba inevitable, tarde o temprano, el enfrentamiento militar, y afirmaba que nuestra revolución podría salir triunfante de él sólo cuando los campesinos confiaran en el poder obrero. Según el testamento de Lenin, esta es una premisa decisiva, sin la cual no puede existir ninguna revolución. A su vez, esto presupone el mayor ahorro en nuestra economía. ¿Porqué? Aquí el camarada Lenin muestra toda la riqueza interna de estas consignas: el sentido del "máximo de economía' resulta mucho más profundo de lo que parece a simple vista.

V. Fundamentos de la política económica

En el conocido artículo Mejor poco, pero mejor, Lenin desarrolla su plan en dos direcciones que están ligadas a la directiva de la alianza de los obreros y campesinos y a la directiva de la economía. Es el plan de industrialización y el plan de cooperativización de la población. Luego de plantear que necesitamos conservar la confianza de los campesinos, eliminar todo lo superfluo de nuestras relaciones sociales, reducir al mínimo el aparato estatal y acumular paulatinamente, el camarada Lenin pregunta: "¿No será esto el reinado de las limitaciones campesinas?"

Vladimir Ilich conocía bien a nuestra gente, sabía perfectamente que habría acusaciones de que estaría predicando el "reinado de las limitaciones campesinas", de que estaría hablando demasiado del campesinado, etc. En respuesta a ello, dice:
"No. Si logramos que la clase obrera siga dirigiendo al campesinado, podremos, mediante estrictas economías en la vida de nuestro Estado, utilizar todo ahorro para el desarrollo de nuestra gran industria maquinizada, para el desarrollo de la electrificación, de la extracción hidráulica de la turba, para terminar la construcción de la central hidroeléctrica de Vóljov, etc.

"En esto y sólo en esto residen nuestras esperanzas".

Entonces nos mantendremos sin duda, y además "no al nivel de un país pequeño campesino [... ] sino a un nivel que se elevará incesantemente hacia la gran industria maquinizada".

¿Dónde está la "clave"? ¿En qué consiste el pensamiento político particularmente profundo? ¿Dónde está lo especial, que distingue la orientación leninista de cualquier otra? Primero, que todo el plan se basa en la alianza de los obreros y campesinos y en la "extrema prudencia" en este punto, prudencia que separa tan tajantemente la "tierra" leninista de los "cielos" trotskistas; segundo, el hecho de que aquí se da una respuesta perfectamente definida a lo siguiente: sobre qué debernos edificar la industrialización del país v dónde están las fuentes de recursos complementarios que debemos invertir cada vez más en industrializar el país. Estas fuentes pueden ser diversas. Pueden consistir en gastar las reservas que teníamos (incremento del balance pasivo), pueden consistir en emitir papel moneda con riesgo de inflación y escasez de mercancías; pueden residir en aumentar los impuestos al campesinado. Pero todo ello no constituye una base sana para la industrialización. Nada de esto es sólido ni firme; todo esto puede encerrar una amenaza de ruptura con el campesinado. El camarada Lenin señala otras fuentes.

Consiste, ante todo, en reducir al máximo todos los gastos improductivos, que son enormes en nuestro país, y elevar los índices cualitativos, en primer término elevar la productividad del trabajo del pueblo. No es la emisión, el consumo de las reservas (en oro, en mercancías, en divisas) ni el aumento de los impuestos al campesinado, sino el aumento cualitativo de la productividad del trabajo de todo el pueblo y la lucha decidida contra los gastos improductivos, he aquí las principales fuentes de acumulación. Esta es una directiva definida, una línea política definida, y su sabiduría reside en que es la única línea con la cual la edificación económica, la acumulación socialista, etc., tendrán una verdadera base, fuerte y sana, tanto en la faz económica como social de clases. El rumbo hacia la industrialización, la respuesta al interrogante sobre las fuentes de acumulación, la directiva de que la política de industrialización no sólo no provoque una ruptura con el campesinado, sino que, por el contrario, fortalezca la alianza con el campesinado y la evaluación general de la industrialización como cuestión decisiva ("en esto v sólo en esto residen nuestras esperanzas" escribió Lenin sobre la gran industria maquinizada), estas son las orientaciones que en Lenin derivan de toda la situación económico-social y del análisis de la situación internacional.

Al concretar el tema de sobre qué base organizativa debe obtenerse el empalme entre la creciente industrialización y las haciendas campesinas pequeñas y muy pequeñas, Lenin desarrolla su "plan de cooperativización", el plan de empalme a través del "comercio cooperativo"". ¿Por qué ese empalme debe producirse a través del cooperativismo? ¿Por qué se propone el cooperativismo como método decisivo? Porque este es un paso, corno lo expresa con mucha prudencia Vladimir Ilich, "al nuevo sistema por el camino más sencillo, más fácil y más aceptable para el campesino", cuando la población marcha hacia el socialismo a través del cooperativismo, guiándose por su propio beneficio.

El tema del empalme entre la clase obrera y el campesinado (desde el punto de vista económico y social de clases) se puede plantear, por supuesto, de diversas maneras. Se lo puede plantear de modo que la clase obrera construirá el socialismo, el campesinado en cambio no construye ningún socialismo, igual que la pequeña burguesía (los propietarios) que en ningún caso es capaz de nada en este sentido. No fue de este modo como planteó la cuestión Vladimir Ilich. Al señalar que el cooperativismo es el método más simple y fácil para incorporar al campesinado, prosigue:

"Y esto, una vez más, es de importancia fundamental. Una cosa es trazar planes fantásticos para construir el socialismo mediante todo tipo de asociaciones obreras, y otra aprender en la práctica a construir el socialismo de modo tal que cada pequeño campesino participe en ella. Esa es la etapa que hemos alcanzado ahora, y es indudable que, después de haberla alcanzado, la aprovechamos muy poco".

Esto último es acertado aun hoy.

Es sabido cómo evaluaba en general el cooperativismo el camarada Lenin; decía que el cooperativismo general de la población en nuestras condiciones es socialismo y que necesitamos "sólo" eso.

"Ninguna otra sabiduría se necesita ahora para avanzar hacia el socialismo. Mas para realizar ese «sólo» es preciso una verdadera revolución, un período de desarrollo cultural de todo el pueblo. Por lo tanto, nuestra norma debe ser: la menor cantidad posible de lucubraciones y vueltas. En este sentido, la NEP es un progreso, pues se adapta al nivel del campesino más corriente y no le exige nada superior".

Ahora, cuando atravesamos toda una serie de nuevas dificultades con el campesinado, no nos resultaría nada nocivo recordar esta regla muy simple y a la vez muy sabia. Necesitamos atraer al campesino por sus intereses, sin filosofar, sin ninguna extravagancia, necesitamos buscar la forma más sencilla de abordarlo. Para llevar a cabo el plan de cooperativización es necesaria la revolución cultural, ya que para realizar la cooperativización general hace falta, en primer lugar, que los cooperativistas comercien civilizadamente. Nuestro cooperativista, escribió literalmente el camarada Lenin, comercia "ahora al estilo asiático, pero para convertirse en un buen comerciante es necesario comerciar al estilo europeo".

En efecto, se toma como base la teoría de que es necesario partir de métodos sencillos y accesibles al campesino: ligar "nuestra causa" con los intereses particulares del campesino. En otro punto de ese mismo artículo Vladimir Ilich plantea esta cuestión en forma excepcionalmente aguda: la NEP -escribe- es "el grado de conjugación del interés privado, del interés comercial privado, con la verificación y control de este interés por el Estado, el grado de su subordinación a los intereses generales, lo que antes constituyó un escollo para muchos socialistas"'. Lenin enseñaba: atraer al campesino por su propio beneficio y, sobre esta base, mediante el comercio cooperativo, mediante la cooperativización, conducirlo al socialismo. Pero para que el cooperativismo conduzca al socialismo es necesario un cooperativismo civilizado, para lo cual se debe comerciar no al estilo asiático, sino al estilo europeo.

VI. Problemas de las relaciones de clase fundamentales

Vladimir Ilich abordaba todas las cuestiones económicas no desde el punto de vista de cierta economía extraclasista: unía cualquier tema importante, por un lado, con la situación internacional, y por el otro, con la lucha de clases en nuestro país. Para él, la economía se desarrolla junto con los desplazamientos y entrelazamientos constantes en el terreno de la estructura de clases de nuestra sociedad. A la vez, la principal garantía de la edificación SOCIALISTA en nuestro país es la preocupación por la conjugación más favorable de las fuerzas de clase, que nos garantizaría la posibilidad de la edificación ulterior del socialismo... la preocupación por la combinación de la 'revolución proletaria" con la "guerra campesina" en una forma nueva, "constructiva" en este caso. Esto es lo PRINCIPAL.

Esto es lo que señalaba Marx, lo que, pese a las tradiciones lassalleanas y pese a cualquier kautskyano, menchevique, etc., es la continuación de las ideas marxistas. La necesidad de la más estrecha alianza de los obreros y campesinos es señalada especialmente por la penosa y difícil situación internacional. En relación con esta tesis central de Lenin se encuentra ese extraordinario pasaje que ninguno de nosotros debe perder ni por un minuto. Este pasaje es por todos conocido, pero considero mi deber recordarlo aquí una vez más:

"Como es natural, el orden social de nuestra República Soviética se basa en la colaboración de dos clases: los obreros y los campesinos, colaboración en la que ahora se admiten también, con ciertas condiciones, los «nepman», es decir, la burguesía. Si surgieran serias divergencias de clase entre estas clases, la escisión sería inevitable. Pero en nuestro régimen social las causas de esa escisión no son inevitables; y la tarea principal de nuestro CC y de la Comisión Central de Control, así corro de todo nuestro partido, es la de vigilar muy atentamente las circunstancias que pudieran originar una escisión y prevenirlas, ya que al fin de cuentas los destinos de nuestra República dependerán de que las masas campesinas marchen unidas con la clase obrera, manteniéndose fieles a la alianza con ésta, o que permitan que los «nepman», es decir, la nueva burguesía, los desunan, los separen. Cuanto mayor sea la claridad con que veamos esta alternativa cuanto mayor sea la claridad con que la comprendan todos nuestros obreros y campesinos, tanto mayores serán las posibilidades de que evitemos una escisión, que sería funesta para la República Soviética".

Parecería que yo presto atención a ciertas cosas, "monstruosas" para un marxista. Todos saben que la clase obrera no es lo mismo que el campesinado. El campesinado, aun refiriéndose al campesino medio y pobre, es la pequeña burguesía rural (en esos artículos, Vladimir Ilich ni siquiera menciona a los kulaks). Cualquiera entiende que si existen dos clases, existen diferencias de clase entre ambas, y Vladimir Ilich lo formula diciendo que si surgieran serias divergencias de clase entre estas clases, la escisión sería inevitable y la República Soviética sucumbiría ineludiblemente. Pero, ¿cómo es el problema? ¿Lenin se apartó del marxismo o dejó de considerar al campesinado una clase especial? No hay modo de entender este "asunto" si uno adopta una postura trivial, vulgar, antileninista, si no se entiende toda la dialéctica real del original desarrollo 'soviético'. Ahora se plantea ante la clase obrera la tarea de cambiar al campesinado en forma constante, de cambiarlo 'a su imagen y semejanza', sin separarse de él sino fundiéndose con su masa, de conducirlo. Es totalmente distinta la correlación que existe entre el proletariado y el campesinado en la sociedad capitalista. Nuestro Ejército Rojo, que en buena medida está constituido por campesinos, es la máquina cultural más grande para cambiar al campesino, que saldrá de ella con una nueva sicología.

Vladimir Ilich está absolutamente en lo cierto: la escisión entre estas dos clases, vale decir, la aparición de serias divergencias de clase entre ellas, que este mecanismo de reorganización de una clase por otra eliminaría, significa la desaparición de la República Soviética. Por lo tanto, es plenamente comprensible que Vladimir Ilich enfocara cualquiera de sus tesis desde el punto de vista de la correlación entre la clase obrera y el campesinado. Y precisamente de aquí se deriva su directiva general: la tarea PRINCIPAL de todo nuestro partido, de todos sus organismos, consiste en observar de dónde puede provenir la escisión y, notando a tiempo el peligro, liquidarlo.

VII. Los problemas de la edificación cultural

De modo que tenemos industrialización más cooperativismo. Pero la cooperativización presupone una revolución cultural. Aquí, Lenin, al presentar la consigna de la revolución cultural, no se limita con ello a la consigna en sí ni mucho menos.

También aquí muestra su contenido concreto, dice qué hay que hacer, a qué hay que prestar la principal atención, dónde está aquí el "eslabón'. A ello está especialmente dedicado su artículo Páginas de un diario. Desde luego, Lenin plantea también esta cuestión desde el ángulo de la correlación entre la clase obrera y el campesinado: 'Aquí tenemos una cuestión política fundamental: las relaciones entre la ciudad y el campo, que tiene una importancia decisiva para toda nuestra revolución". La orientación general está clara. No estamos haciendo 'lo principal": no hemos colocado al maestro de escuela a la altura debida. Esta es una directiva. Y Lenin prosigue de inmediato; al encarar la confección de nuestro presupuesto estatal, dice: si quieren realizar la revolución cultural, la indicación que les doy es que es indispensable trasladar todo nuestro presupuesto estatal a la educación primaria. O sea que Lenin no sólo proclamó la consigna de la revolución cultural, sino que enseguida extrajo de esto las indicaciones prácticas y, por añadidura, indicaciones de muy largo alcance. Nadie podrá decir que esto se puede llevar a cabo de inmediato y ni siquiera durante el corriente año, pero la directiva es audaz, revolucionaria, profundamente correcta. Vean qué significa en realidad: eliminar todo lo superfluo de nuestras relaciones sociales, todas las nimiedades de señores, todo lo innecesario; desplazar el presupuesto estatal hacia la educación popular primaria, elevar a nuestro maestro de escuela a la altura debida. Esto, desde luego, es todo una "revolución". Esta revolución se debe realizar, pero se oponen a ella las fuerzas espontáneas de las costumbres, del modo de vida, de los prejuicios, de la rutina burocrática, de la imitación a los señores. Vladimir Ilich no se avergonzaba de decir: "Al margen del presupuesto oficial o de los cauces oficiales es poco o nada lo que hacemos por los distritos rurales". Y partiendo de las tareas de la revolución cultural, plantea la idea de las organizaciones obreras de masas, que penetrarían en el campo, plantea el tema de las sociedades patrocinadoras y expresa que los obreros de vanguardia deben llevar el comunismo al campo. Pero, al mismo tiempo, descifra el contenido del concepto, sabiendo una vez rnás cómo agrada entre nosotros la frase y el tambor batiente en lugar de los hechos. Explica su pensamiento:

No se pueden difundir inmediatamente en el campo ideas pura y exclusivamente comunistas. Hasta que no dispongamos en el campo de una base material para el comunismo, hasta entonces esto resultará, diría, perjudicial, esto resultará, diría, funesto para el comunismo.

"No. Debemos comenzar por establecer relaciones entre la ciudad y el campo sin el objetivo preconcebido de implantar el comunismo en los distritos rurales. Es un objetivo que no puede ser alcanzado ahora. Es inoportuno, y plantearse ahora un objetivo semejante reportaría daño a la causa en lugar de beneficio".

Esta es la sabiduría del organizador, que organiza no simplemente una célula de jóvenes entre los empleados soviéticos, sino que organiza a decenas y centenares de millones,'y sabe cómo abordar a esas decenas de millones. Al discutir el tema de las formas de vínculo entre el campo y la ciudad (patrocinio, etc.), insiste: no lo hagan en forma burocrática, y plantea la consigna de todas las asociaciones posibles de obreros, evitando a toda costa su burocratización.

Lenin plantea de este modo el tema de la revolución cultural y especialmente en lo que se refiere al campo, al tiempo que es característico cuánto valoraba Vladimir Ilich esta labor. En el artículo Sobre el cooperativismo dice: se nos plantean dos tareas principales: l) reorganizar el aparato estatal y 2) trabajar en la esfera cultural entre los campesinos. En otro punto evalúa esta labor cultural entre el campesinado como una tarea cultural histórico-mundial.

De este modo, vemos qué plan vasto expresa Vladimir Ilich con respecto a la labor cultural y cómo está estrechamente vinculada, cómo -podríamos decir- está "acomodado" a otras de sus tesis: sobre la organización cooperativa, sobre la industrialización del país, sobre la lucha contra el capitalismo internacional, etcétera.

VIII. Las cuestiones del aparato estatal y de la dirección del partido y del Estado

Aquí Vladimir Ilich manifiesta que una de las cosas más importantes que integran los momentos de la revolución cultural, una de las palancas principales de la acumulación socialista y de la incorporación de las masas a la construcción -¡y todo pequeño campesino debe construir el socialismo!- es el estado del aparato estatal y las cualidades de la dirección.

Este tema se desarrolla en dos artículos: Cómo reorganizar la Inspección Obrera y Campesina y Mejor poco, pero mejor. Es interesante el propio enfoque de Vladimir Ilich:

"Es el momento de que corrijamos esto. Debemos mostrar una saludable desconfianza hacia el avance demasiado rápido, hacia cualquier jactancia, etc. Debemos proponernos comprobar cada uno de los pasos hacia adelante que proclamamos cada hora, que damos cada minuto, y que luego, cada minuto, demostramos que son frágiles, inseguros y confusos. Lo más perjudicial en este caso sería apresuramos".

Partiendo de esta orientación, que presupone "solidez', 'estabilidad', 'claridad' -cosas sumamente sencillas-, Vladimir Ilich encara el tema de nuestro aparato.
Ustedes recuerdan qué premisas tenía Vladimir Ilich en el problema del aparato estatal: hay que economizar, porque sólo entonces se puede llevar a cabo la industrialización. Hay que simplificar porque solo entonces podremos incorporar a las masas. Hay que alcanzar una elevación general de la productividad del trabajo. De esta manera, el problema del aparato estatal, desde el punto de vista de la incorporación de las masas, de la economía y de la productividad del trabajo, se vincula con todos los problemas. En el tema del aparato estatal se enlazan, como en un foco, todos los temas, desde los económicos hasta los culturales.

Y esto es, comprensible. Al fin de cuentas el aparato estatal es esa palanca, esa máquina, mediante la cual nuestro partido, dirigente victorioso del proletariado, orienta toda su política; al fin y al cabo, si miramos desde cierta perspectiva, nuestro aparato estatal es esa organización que, abarcando a millones, abarcando a todos los trabajadores en general, después debe constituirse en una etapa en el paso al Estado-comuna, del que -lamentablemente todavía estamos muy, pero muy lejos. De este modo, camaradas, Vladimir Ilich pregunta: si se plantea así el tema del aparato estatal, ¿cómo repararlo, adónde debemos dirigimos, a qué palancas debemos aferramos? Y brinda una formulación extraordinaria. Dice: debemos apelar a la fuente más profunda de la dictadura; y esta fuente más profunda la constituyen los 'obreros de avanzada".

Entonces, primero, hay que recurrir a los obreros de avanzada y, segundo, a 'los elementos realmente esclarecidos" en nuestro país. Es menester preocuparse por concentrar en la Inspección Obrera y Campesina a 'lo mejor que tenemos en nuestro sistema social"", "un material humano de características realmente modernas, es decir, que no sea inferior a los mejores modelos de Europa occidental".

A partir de este extremo hay que depurar el aparato estatal. Los elementos 'realmente esclarecidos" deben tener las siguientes características: primero, no creer ni una palabra al pie de la letra; segundo, no decir ni una palabra en contra de su conciencia (en política, la conciencia no se anula, como algunos piensan); tercero, no temer decir la verdad ante ninguna dificultad, y cuarto, no temer a ninguna lucha para lograr el objetivo que uno se ha planteado seriamente.

Estas son las exigencias que Vladimir Ilich presentaba a esas personas.

Pero esto es poco. Para renovar el aparato estatal y comenzar por la Inspección Obrera y Campesina unida a la Comisión Central de Control, el camarada Lenin proponía introducir pruebas o exámenes" especiales (un examen para candidato a empleado de la Inspección Obrera y Campesina y un examen para candidato a miembro de la Comisión Central de Control). Estos exámenes deben consistir en la comprobación de conocimientos sobre la estructura de nuestro aparato estatal, sobre la teoría de la organización en la esfera de trabajo en la que desean trabajar, etcétera.

Después de convertir la Inspección Obrera y Campesina en ese acumulador de primera clase de energía racionalizadora, es indispensable hacer de ella una palanca que defina por sí sola todos los demás comisariatos del pueblo, que cambie todo el sistema de trabajo y -eleve la productividad del trabajo. Pero, ¿por qué Vladimir Ilich proponía la unión con la Comisión Central de Control, cómo se vincula esto con todo el plan? Esto, camaradas, es muy sencillo y comprensible si estudiamos atentamente todo el plan de Lenin en su conjunto. Tiene dos ejes principales del plan: primero, mejor trabajo, economía, industrialización, elevación de la productividad del trabajo, aumento de los índices de calidad y, segundo, correlaciones acertadas entre la clase obrera y el campesinado y la preocupación para que no se inicie una escisión entre estas dos clases a través de nuestro partido, a través de la escisión de nuestro partido. De aquí la unificación de la Inspección Obrera y Campesina con la Comisión Central de Control, la organización de esta díada que debe responder por las dos tareas principales, que consta de los mejores elementos del país. De este modo, ese proyecto organizativo está vinculado por entero con todo lo anterior comenzando desde la política internacional. Y por último, en ese mismo plan también están desarrolladas las correspondientes exigencias con respecto a las masas.. Vladimir Ilich reunió estas exigencias en una fórmula extraordinariamente breve, pero expresiva: 'la verdadera participación de las verdaderas masas'. Porque se puede reunir un montón de gente, pero no será la verdadera masa; se la puede reunir como si 'participara", pero en realidad no participa. De ahí la fórmula: 'la verdadera participación de las verdaderas masas".

Así pues, si ahora reunirnos todo el plan en uno solo, veremos que además de la evaluación general de nuestra revolución se da una evaluación de la situación internacional; de esa situación internacional se deduce el problema de la consolidación del poder, de su fortalecimiento, y la directiva principal a la clase obrera de conservar el poder sobre el campesinado pequeño y muy pequeño. De aquí, a su vez, se desarrolla el rumbo hacia la industrialización del país en base a ahorros, en base a la elevación de la calidad del trabajo mediante la cooperativización del campesinado, es decir, la incorporación, del campesinado a la edificación socialista del modo más fácil, más sencillo y sin ningún tipo de violencia. Una vez más, de aquí derivan las consignas de la revolución cultural, de la transformación del aparato eficaz, que trabaje bien e incorpore a las masas; de la preocupación en cuanto a una correcta correlación de las clases se deriva la preocupación por la línea partidaria, por la unidad de nuestro partido; a partir de aquí es que se confecciona también el plan de la díada (Inspección Obrera y Campesina más Comisión Central de Control) que observa, por un lado, la calidad del trabajo, reúne en sí el control, las tareas prácticas y las tareas teórico científicas en el terreno de la organización del trabajo y, por el otro, vela por la unidad del partido y-a través de éste- por la concreción en común de la alianza obrero-campesina.

Todo el plan es grandioso, todo el plan está calculado para muchos años. Todo el plan parte de la más amplia perspectiva. Todo el plan descansa sobre el sólido fundamento de las tesis leninistas básicas. Y, al mismo tiempo, el plan es concreto, vale decir que da toda una serie de indicaciones de carácter realmente práctico.

Camaradas, he intentado no omitir aquí ningún pensamiento importante de Lenin y no agregué absolutamente nada propio, excepto algunos comentarios que se derivan de los respectivos artículos de Vladimir Ilich. He tratado de presentarlos como un todo único, como el testamento político de Vladimir Ilich. Se sobrentiende que esa gran franja histórica que hemos atravesado desde su fallecimiento introdujo cambios significativos en las condiciones objetivas del desarrollo: en el terreno de las correlaciones de clase internacionales, en el terreno de las relaciones entre los Estados imperialistas y la Unión Soviética, en el terreno de-nuestra construcción en economía, en el terreno de las correlaciones entre las clases (esto concierne también a la creciente actividad de los kulaks), en el terreno del reagrupamiento dentro de nuestro partido, etc., etc. Quizá pueda decir, sin temor a equivocarme, que difícilmente alguien de nosotros esperara que pudiéramos colocar toda una serie de enormes cifras record, por ejemplo, en cuanto a la construcción de la industria.

Pero en realidad hemos inscrito toda una serie de cifras record, tenemos muchos logros tanto en la racionalización de la industria, como en la fecundación científica de la economía, en la reorganización técnica inmediata, en el incremento de la producción, etc., etc. En la esfera económica hemos hecho un enorme avance.

En cierta medida nos hemos afianzado también en la escena internacional, aunque las contradicciones del desarrollo se muestran aquí en la forma más aguda. Pero nuestro crecimiento se dio en forma extremadamente despareja, lo que provocó toda una serie de dificultades, de las cuales hablamos tanto ahora. En el último tiempo se planteó ante nuestro partido toda una serie de nuevas tareas que no están escritas en los textos del testamento de Vladimir Ilich.

Hemos planteado los problemas de la edificación koljosiana (lo que está vinculado con el cooperativismo y en lo cual hacemos hincapié ahora), de la edificación en los sovjoses, las tareas de la reconstrucción técnica, problemas y tareas que Vladimir Ilich sólo planteó en líneas generales. Muchos de nuestros problemas han resultado algo diferentes. Pero el esbozo básico de nuestra política, de nuestra estrategia y de nuestra táctica fue genialmente anticipado y predeterminado por Vladimir Ilich. Y las dificultades, por las que ahora atraviesan nuestro país y nuestro partido, nos obligan a recurrir una y otra vez a una de las fuentes inagotables de sabiduría política, al testamento de Lenin, y a examinar atentamente una y otra vez el problema fundamental: la relación de la clase obrera con el campesinado. Porque los problemas de la industrialización, de los cereales, de la escasez de mercancías, de la defensa, son todos problemas sobre el obrero y el campesino. No en vano nuestro partido incluye este tema en la orden del día de su próxima conferencia.

Camaradas, hace cinco años, un apacible día de invierno, nos abandonó el genio de la revolución proletaria. Muchos tuvimos la suerte de trabajar junto a este hombre, ese 'Viejo" de hierro, como lo llamábamos, el jefe, el revolucionario, el científico.

A cinco años de su fallecimiento, después de comprobar sus legados con la dura experiencia de la vida, levantamos nuestras banderas rojas con más pasión, más tenacidad y más conocimiento de la realidad que nunca antes, ¡para avanzar cada vez más!

lunes, julio 28, 2008

'Tropa de élite', o de cómo un torturador se convierte en héroe

Por EDUARDO BURCKHARDT y RODRIGO CAVALHEIRO - Madrid - (El Pais.com, 28/07/2008)

Un disfraz inédito tomó las calles de Río de Janeiro el pasado carnaval. Miles de niños sonrientes, vestidos de negro, lucían en sus camisetas un siniestro escudo: una calavera atravesada por un machete y dos pistolas. Los populares trajes de Superman o de princesa cogían polvo en las tiendas. Este año la moda fue sambar vestido como el capitán Nascimento, y repetir sus sobrecogedoras frases. Nascimiento es el héroe torturador que protagoniza el filme brasileño Tropa de élite, estrenado hace meses en su país de origen y hace sólo diez días en España. Un éxito fulgurante que ganó el Oso de Oro del Festival de Berlín y cuyos espectadores españoles ya se cuentan por decenas de miles.

La estilizada calavera que saltaba entre los confetis y serpentinas del carnaval es el escudo del Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE), cuerpo conocido por sus métodos para combatir el crimen: tortura, asesinatos y ejecuciones sumarias. ¿Cómo es posible que estas violaciones sistemáticas de los derechos humanos hayan sido mimetizados de manera festiva, si no con admiración, por buena parte de la población brasileña?

La película trascendió el ámbito meramente cinematográfico desde antes de su estreno. Para entonces más de 12 millones de personas ya la habían visto en DVD piratas tras filtrarse una copia del filme durante la fase de posproducción. "Era como si estuviésemos en los Mundiales, cuando la selección de Brasil se convierte en el objeto de todas las conversaciones", señala el antropólogo Luiz Eduardo Soares, coautor de Elite de la tropa, libro que inspiró la película. La jerga de los personajes de la cinta se trasladó al habla cotidiana. Las frases del filofascista Nascimiento llegaron a ser coreadas por miles de hinchas en el estadio de Maracanã, en Río. Más de 250.000 personas descargaron en sus móviles canciones de la banda sonora. Cuando finalmente llegó a las pantallas, la cinta dirigida por José Padilha se había convertido en la más vista en la historia de Brasil.

Una de las claves del éxito de Tropa de élite es que por primera vez los brasileños vieron en una película todos los matices y el conjunto de una historia que hasta entonces sólo conocían por partes (a través del telediario o por experiencias personales fragmentadas). El filme recrea una operación llevada a cabo por el BOPE en 1997. Meses antes de una visita del papa Juan Pablo II, el grupo fue enviado a una violenta favela próxima al arzobispado de Río de Janeiro. Su reto era sanear el área, es decir, "limpiarla" de traficantes y delincuentes. La operación se cobró más de 30 muertos y decenas de detenidos. Con este telón de fondo, Padilha muestra sin medias tintas una policía brutal, deteriorada por la corrupción: narcotraficantes que siembran el terror y una clase media que consume las drogas que financian a los grupos que dominan las favelas con ramificaciones no sólo en los estamentos policiales, sino también políticos.

La fuerte polémica que rodeaba al filme se intensificó con su estreno. Mientras parte del público se estremecía en la butaca por la crudeza de las escenas, otros espectadores aplaudían. Estas reacciones opuestas no sorprenden a los estudiosos de la violencia en Brasil. "Encuestas recientes ya nos alertaban de que la brutalidad policial y la tortura de delincuentes son aprobadas por cerca de un 30% de la población", añade Soares. "Mirándose en el espejo de la realidad en la pantalla grande, los espectadores adoptan la posición que tienen en la sociedad", concluye. El director de Tropa de élite, José Padilha, va más allá. Cree que la película canalizó el sentimiento de impotencia frente al crimen. "Los brasileños están hasta la coronilla de sufrir la violencia, ya sea de una policía corrupta o de traficantes armados", explica por teléfono a ELPAÍS.com. "El filme no desencadenó esta reacción del público, sólo la canalizó y le dio una medida".

Profundo conocedor de la sociedad local, el antropólogo Roberto da Matta resalta la importancia de analizar el efecto Tropa de élite teniendo en cuenta el contexto. "Si el espectador no conoce el entorno en el que ocurre la historia, cree que los brasileños están locos al apoyar la acción brutal de la policía", dice. "Pero Río es una ciudad contaminada por el tráfico de drogas y el 90% de las personas han sufrido atracos. Yo mismo he tenido en dos ocasiones un revólver del 38 contra el pecho", revela Da Matta.

Con explicación o sin ella, el hecho es que Tropa de élite ha sido recibida con entusiasmo fuera de Brasil. El Oso de Oro le ha abierto a esta película el camino que ya recorriera Ciudad de Dios, de Fernando Meireles, que consiguió cuatro nominaciones al Oscar. 45.000 espectadores españoles la han visto en los 10 días que lleva en cartel: 12.000 de ellos en el último fin de semana. Las dos películas presentan una violencia cruda, con un montaje que no da respiro y un guión ágil (ambas han sido escritas por Bráulio Mantovani). "Los dos filmes, además, hacen una fuerte crítica social", añade Padilha. Estas características están definiendo los rasgos de lo que en Brasil ya se conoce como cine de retomada.

La jerga y los disfraces que llevaban los niños en carnaval tampoco deberían parecer preocupantes, concluye Da Matta, quien apunta el carácter ambivalente del carioca: mofarse de cualquier cosa, incluso de las más graves. No es casualidad que en anteriores carnavales cientos de Bin Ladens bailaran por las calles.


Licencia para torturar

Parte de la policía brasileña ha interpretado el éxito de la película Tropa de élite como una especie de luz verde para hablar menos y maltratar más. El caso más extremo ocurrió en diciembre pasado en el estado de Rio Grande do Sul. Para vengar el asesinato de un agente, unos 10 policías torturaron a cuatro jóvenes: tres hijos del homicida y un amigo de 16 años. A uno de ellos le introdujeron el palo de una escoba por el recto; a todos les golpearon durante una hora y les privaron de oxígeno cubriéndoles la cabeza con bolsas de plástico. Según las víctimas, los torturadores citaban al filme mientras les daban la paliza. "Tristemente, algunos policías creen que ahora cuentan con una especie de aprobación popular para actuar como en la película", reconoce el coronel Luiz Fernando Puhl, encargado de controlar los abusos policiales en el Estado. En febrero, 15 agentes fueron procesados por tortura. Todos han sido suspendidos de sus funciones hasta que se conozca la sentencia. La pena prevista es de dos a ocho años de prisión.

Aunque éste sea el que más claramente demuestra la influencia de Tropa de élite en la policía, no se trata de un caso aislado. En mayo, un periodista, un fotógrafo y un chófer del diario carioca O Día que investigaban para un reportaje en una favela de Río fueron secuestrados y torturados durante siete horas y media por milicias paramilitares vinculadas con la policía. El fiscal baraja que los autores eran policías que operan en la zona y se disputan las barriadas con las bandas de narcotraficantes. Al ser descubiertos en su investigación, los periodistas recibieron descargas eléctricas, patadas y puñetazos, pero lograron salir vivos. Sólo en los tres primeros meses de 2008, la policía de Río mato a más de medio millar de presuntos delincuentes, un 12% más que en el mismo período de 2007. Se trata de la cifra más elevada de los últimos 10 años, según las estadísticas del Instituto de Seguridad Pública de Río.

¿Quién hundió la economía mundial?

Por MOISÉS NAÍM (El Pais.com, 27/07/2008)

Las cosas venían muy bien. Entre el 2002 y el 2007 la economía mundial tuvo su mejor periodo en cuatro décadas. Las economías crecieron, la inflación fue la más baja en 40 años, la pobreza declinó y la clase media apareció donde nunca antes había existido. Hoy en día este reciente nirvana económico parece casi prehistórico. Los precios de los alimentos y de la gasolina por las nubes, crisis inmobiliarias, economías en picada, desempleo en ascenso y pesimismo generalizado son ahora los titulares de las noticias. ¿Qué pasó? ¿Cómo pasamos tan rápido del paraíso al infierno?

Hay varios posibles culpables de esta crisis. Identificarlos es útil porque permite aclarar el diagnóstico de la enfermedad económica que hoy aqueja al mundo. Éstos son los principales indiciados:

Alan Greenspan. A finales de 2004 el entonces jefe del banco central estadounidense decía que "es improbable que exista una severa distorsión en los precios del sector inmobiliario". Hace poco y refiriéndose a la actual crisis inmobiliaria, Greenspan comentó: "No me di cuenta hasta que ya era tarde". A Greenspan se le acusa de haber respondido a las diferentes crisis financieras estimulando demasiado la liquidez monetaria, con lo cual creó problemas aún mayores después. La crisis asiática, el crash de las empresas de Internet, de grandes fondos de inversión, o los problemas del sector inmobiliario fueron todos tratados por Greenspan inyectando liquidez. También creía mucho en la innovación financiera: "Los consumidores americanos se beneficiarían si los bancos les ofrecen productos hipotecarios más variados y más alternativas que las hipotecas tradicionales a tasas fijas de interés", declaró en 2004. Los bancos le hicieron caso y entre los productos "no tradicionales" que ofrecieron en abundancia estuvieron hipotecas a familias que no las podían pagar. El resto es historia conocida.

Los reguladores del sector financiero. El sistema financiero mundial ha crecido en tamaño y complejidad a mucha mayor velocidad que la capacidad de los Gobiernos para entenderlo y regularlo adecuadamente. Y no son sólo los Gobiernos. Los banqueros mismos con frecuencia confiesan no entender plenamente algunos de los instrumentos financieros que negocian. Si bien los reguladores de diferentes países intentan coordinar sus actividades, la realidad es que la globalización financiera, cuyos beneficios son indudables, hace muy difícil que los funcionarios públicos que operan desde un solo país puedan tener una visión adecuada de los mercados que regulan. No hay dudas que las fallas en la supervisión financiera contribuyeron a crear la crisis que hoy vivimos.

Los especuladores. Éstos son los culpables preferidos de los políticos. En casi todos los países ha habido recientemente una rueda de prensa donde algún ministro o algún político han explicado por qué los especuladores son la causa de la crisis. Las multas o, mejor aún, la cárcel son el remedio favorito de quienes acusan a los especuladores. Y por supuesto que la especulación inmobiliaria, financiera o con los alimentos o el petróleo ha contribuido a la crisis. Ha contribuido. Pero no la ha creado. Y mandar gente a la cárcel nunca soluciona los problemas económicos.

George W. Bush. Dos guerras pagadas con rebajas a los impuestos de quienes más ganan. Acelerada expansión del gasto y la deuda pública. Descuido en la inversión pública no bélica. Políticas que indirectamente aumentan el precio internacional del petróleo. ¿Hace falta decir más?

Los chinos. Y los indios, los indonesios y todos los pobres del mundo. Su culpa es que millones de ellos ahora tienen cómo comer más y mejor que antes, lo cual genera presiones inflacionarias. Esto está pasando, y ciertamente conlleva costos para todos. Pero es una tendencia que hay que aplaudir en vez de denigrar; estimular en vez de frenar. Además, no es cierto que la actual ola de inflación mundial es causada principalmente por los nuevos consumidores. Las causas de la inflación tienen más que ver con las políticas de los países ricos que con los hábitos de los consumidores pobres. Las estadísticas muestran que los subsidios al etanol por ejemplo, encarecen más la comida que el aumento en el consumo de alimentos en los países pobres.

Las crisis globales nunca tienen una sola causa ni un solo padre. Los culpables que aquí menciono, algunos más importantes que otros, simbolizan algunas de las fuerzas que nos han moldeado la situación actual. Y estos culpables no serán los únicos causantes de nuestros problemas. Esta crisis es un drama en varios actos que recién está comenzando. Vendrán otros actos y con ellos otros culpables.

Víctimas para siempre

Por LOURDES MORGADES - Sidney - (El pais.com 28/07/2008)

Emma Louise Foster murió sola en su casa, a las afueras de Melbourne (Australia), el pasado 4 de enero. La encontraron abrazada a un oso de peluche que sus padres le habían regalado en su primer cumpleaños. Emma se suicidó cuando tenía 26 años por una sobredosis. Ella y su hermana menor, Katherine, que ahora tiene 22 años, fueron repetidamente violadas cuando iban al colegio del Sagrado Corazón de Oakleigh, al sur de Melbourne, entre 1988 y 1993, por el sacerdote Kevin O'Donnell, sentenciado, en 1995, a 19 meses de cárcel por numerosos abusos sexuales y fallecido en 1997.

Emma jamás superó el trauma: a los 17 años era adicta a las drogas y sufría bulimia. Katerine se hizo alcohólica en la adolescencia y, en 1999, fue atropellada por un conductor borracho. Sufre graves secuelas físicas y mentales. La trágica historia de las dos hermanas, cuyas vidas destrozadas por los abusos de un sacerdote han conmocionado a toda Australia en la reciente vista del Papa a Sidney, es el más conocido de los varios miles de casos declarados de abusos sexuales cometidos por clérigos católicos en el país.

La incansable campaña de denuncia emprendida por los padres de Emma, que durante años batallaron ante los tribunales rechazando toda compensación económica de la Iglesia, responde a su objetivo de lograr que otros padres estén más atentos ante el peligro de la pederastia. "Éste es el legado que nos ha dejado Emma, ayudar a prevenir casos como el suyo", afirman Anthony y Christine Foster, que el pasado lunes abandonaron Sidney decepcionados por no haber sido recibidos por el Papa. Habían solicitado una audiencia para obtener no sólo disculpas del Papa en nombre de toda la Iglesia, sino también el compromiso de Benedicto XVI de que tomaría medidas para evitar futuros abusos sexuales del clero.

Según los datos de Broken Rites, asociación australiana que asiste a víctimas de abusos sexuales de la Iglesia, más de la mitad (55%) de los denunciantes de casos de abusos sexuales en la infancia son hombres. Las mujeres, que representan el 45%, también padecieron, en su mayoría, abusos durante la niñez, aunque un significativo número los sufrió de adultas, en momentos de vulnerabilidad, como los de soledad, una separación o un matrimonio infeliz. La mayoría de las denuncias se hacen muchos años después de haberse producido los abusos.

Geoff Fitzpatrick, de Tasmania, reconoce haber sido un niño rebelde. Hijo de familia numerosa, sus padres, alcohólicos, no podían con él y, en 1969, cuando tenía 12 años, le ingresaron en el orfanato católico de San Agustín, al oeste de Melbourne. Afirma que allí fue violado, al menos en 14 ocasiones, por el sacerdote William Stuart Houston y que fue objeto de numerosos abusos físicos durante los dos años que permaneció en el orfanato. Casado desde hace 18 años y con hijos, Fitzpatrick denunció su caso a la policía en 1996. Houston fue encausado por sodomía y abusos indecentes -la fiscalía decidió no presentar acusación- y ahora vive retirado en una residencia de Hermanos Cristianos de Melbourne.

"Me he pasado media vida del psicólogo al psiquiatra y no consigo quitármelo de la cabeza", afirma Fitzpatrick, quien sufre de angustia y pesadillas. Los informes médicos coinciden en que los abusos sexuales de que fue objeto en la infancia han afectado seriamente su capacidad para hacer frente a la vida, en especial a la familiar. "¡Quiero que admita su culpa! ¡Quiero arrancar toda la maldad que me hicieron! ¡Quiero que nadie vuelva a pasar por lo que yo pasé!", clama.

Stephen Woods, de 46 años, es profesor en un instituto de Melbourne. De niño fue a la escuela Saint Alipius, en Ballarat, donde fue objeto de abusos sexuales por parte de dos sacerdotes, cuando tenía entre 11 y 14 años. "Cuando llamé a las puertas de la catedral para pedir ayuda sólo conseguí que otro clérigo me violara. He padecido fuertes depresiones durante años y sigo teniendo un sentimiento de incapacidad e impotencia que impide que mi vida sea normal", explica Woods. Él, como muchas otras víctimas, esperaba que la visita del Papa a Australia ayudara a curar sus heridas: "No ha habido reparación. Las víctimas no hemos encontrado consuelo. No pidió perdón como lo hizo el primer ministro Kevin Rudd cuando se disculpó ante los aborígenes por el mal hecho en el pasado".

"He perdido la fe y no consigo mantener durante mucho tiempo ni un trabajo ni una relación sentimental", confiesa Eric Fleissig, de 41, de Queensland. Acudió al refugio juvenil de la parroquia de San José, en Tweed Heads, cuando tenía 13 años y carecía de hogar. El párroco, Paul Rex Brown -declarado en 1996 culpable de delitos de pornografía infantil-, le ofreció vivir en la rectoría, donde abusó de él durante dos años. "El Papa era el único que podía ayudarme. Ha sido devastador. Sólo él podrá ayudar a cerrar esta herida", dice.

Rose, nombre bajo el que esconde su identidad, tiene 68 años. Hace cuatro declaró que había sido objetos de abusos sexuales a los 10 años por parte del religioso de la orden de La Salle, Brendan George Carroll, en Cootamundra (Canberra). Brendan, que murió en 1983, se masturbaba delante de ella y otros niños a los que, al igual que a Rose, practicaba penetraciones digitales. "¿Por qué tardé casi 60 años en contarlo? Pues porque nadie me habría creído, y menos acusando a un sacerdote respetado como Brendan", cuenta. Decidió romper el silencio cuando comprendió que su confesión podía ayudar a otros. "La Iglesia católica me robó mi inocencia cuando tenía 10 años y eso ha arruinado mi vida. Siempre he odiado el sexo y eso destrozó mi matrimonio. Entiendo que mi silencio ha sido injusto y desleal con otras víctimas", dice.

Según Broken Rites, 107 clérigos han sido condenados en Australia por abusos sexuales.

viernes, julio 25, 2008

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Proletarios del Mundo Unios¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

PROLETARIADO
José María Laso Prieto UNIVERSIDAD DE OVIEDO, MADRID

Etimológicamente, el término proletariado procede de la terminología que se utilizaba en la República de Roma, en la Antigüedad, para designar a una de las clases sociales que integraba el campo de los plebeyos. Se refería a los ciudadanos libre que no poseían otra propiedad que la de su propia prole. En su sentido moderno , se refiere a una de las clases fundamentales de la sociedad capitalista. Como tal, sus integrantes carecen de propiedad sobre los medios de producción y se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para obtener los medios de subsistencia. El proletariado surgió en el seno de la sociedad feudal.

Históricamente, el proletariado moderno fue constituyéndose durante el desarrollo de la economía capitalista entre los siglos XVI y XVIII, cuando la industria manufacturera sustituyó a la producción artesanal individual: en la imposibilidad de dominar la competencia, los artesanos se vieron obligados a separarse de sus propios medios de trabajo y a venderse personalmente como simple fuerza de trabajo; asimismo los propietarios de pequeñas propiedades de terreno se vieron constreñidos a dejar el campo y a vender también su fuerza de trabajo a los propietarios de las manufacturas.

La primera definición del proletariado actual es la de ser, en el sistema de producción capitalista, la clase productora que no posee los instrumentos de producción y que como consecuencia vende su fuerza de trabajo. Con la transformación de la manufactura en gran industria, mediante la introducción de maquinaria, el proletariado sufrió una gran descalificación y atraso: la fábrica es el lugar de la completa sumisión del trabajo al capital; no sólo los medios de producción no pertenecen al obrero, sino que también la organización , los fines y el producto de su trabajo le son desconocidos y, como precisó Marx, le resultan “extraños”. Como se sostiene en el “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels, “el trabajo de los proletarios, al extenderse el uso de la maquinaria y de la división del trabajo ha perdido todo carácter de independencia y, por lo tanto, toda atracción para el obrero. Este se convierte en un simple accesorio al que no se le pide más que una operación extremadamente simple, monótona, muy fácil de aprender.”

El desarrollo del capitalismo resulta acompañado por la descomposición de la pequeña producción mercantil, del empobrecimiento de los campesinos y artesanos, que engrosan las filas del proletariado; su explotación aumenta desproporcionadamente con el aumento de las fuerzas productivas del capitalismo. A su vez, la conciencia de clase del proletariado madura en el proceso de la lucha de clases. Así el proletariado crea sus organizaciones -partidos obreros, sindicatos, etc.-, para luchar contra la burguesía, y en su lucha no sólo defiende y expresa sus intereses, sino, además, los intereses de todos los trabajadores. El proletariado es la única clase verdaderamente revolucionaria de la sociedad capitalista, es el portador de las ideas socialista y comunista y se propone sustituir el régimen burgués por el régimen socialista. Todo ello mediante la revolución socialista y la conquista del poder político. Por lo tanto, su objetivo principal radica en construir la sociedad socialista y comunista. En la sociedad capitalista se produjo, en diversos aspectos, una auténtica degradación del hombre. Sin embargo, ésta condición de máxima degradación humana lleva en sí los signos históricos de su redención: cuanto más la fábrica nivela y reduce a objetos a los obreros, tanto más éstos toman conciencia, ante todo, de su propia fuerza numérica, después, organizándose, de su propia fuerza política, finalmente, de su propio papel histórico. Esto, además, es natural en el proceso productivo: el proletariado de hecho es la única clase de la historia cuya emancipación está ligada al fin de la división en clases de la sociedad; en oras palabras, como precisó Marx: ”De todas las clases que hoy se enfrentan a la burguesía sólo el proletariado constituye una clase realmente revolucionaria”.

La historia de los países de alto desarrollo capitalista, parece desmentir esta función del proletariado, cuyas características socioeconómicas han cambiado mucho, pero es necesario tener presente que la época actual es la del imperialismo, y que el enfrentamiento de clases, como decía Lenin, no puede sólo ser observado en el ámbito de las naciones, sino a escala mundial, también como lucha contra un “puñado de países avanzados” que oprimen a la gran mayoría de la población mundial. El gran mérito de Marx y Engels ante el proletariado del mundo, precisaba Lenin, puede resumirse así: enseñaron al proletariado a conocerse a si mismo, a hallar su propia conciencia, a abandonar sus ilusiones para poner en primer lugar la ciencia. En estas pocas palabras está trazada la relación entre el marxismo y el proletariado: el uno es la “conciencia teórica del otro, el saber del que la clase se apodera, el conocimiento científico que guía la acción revolucionaria.”

En las condiciones actuales -no obstante los nuevos factores que parecen desmentirla- la proletarización de la sociedad capitalista continúa. Se intensifica la contradicción entre el proletariado y la burguesía monopolista. Se convierten en aliados del proletariado amplias capas de trabajadores: el campesinado, una parte de la intelectualidad y otras capas de la población. En lucha contra el imperialismo, crece y se cohesiona el proletariado de los países coloniales y dependientes. Con la victoria de las revoluciones socialistas, el proletariado se convertirá de una clase sometida, explotada, carente de propiedad sobre los medios de producción, tal y como es bajo el capitalismo, en una clase obrera dueña del país, que trabaja para sí y para toda la sociedad. Por ser la clase más avanzada y más organizada, unida a la propiedad de todo el pueblo, asume la dirección de las demás capas de la población. En la edificación del socialismo y el comunismo, la clase obrera actuaría en alianza con los campesinos trabajadores, a los que transmite la experiencia de la organización de la producción industrial, que se basa en la iniciativa consciente, en la iniciativa creadora, en la ayuda mutua, sin reservas; será ejemplo de lucha consecuente, en pro de nuevas formas de trabajo socialista y comunista, de nuevas formas de vida.

La reestructuración del sistema capitalista realizada en las últimas décadas -sobre todo, a partir de las consecuencias que para tal sistema tuvo la gran crisis energética iniciada en 1973- han repercutido también en la propia estructura del proletariado , clase obrera o clase trabajadora. Estos dos últimos términos se emplean actualmente con preferencia al de proletariado. Tales cambios estructurales dentro de la clase obrera o, más ampliamente, dentro del conjunto de los asalariados, se agrupan en el seno de tres giros básicos:

1) La ampliación y consolidación de la división del mercado de trabajo con dos segmentos fundamentales. Uno de ellos estable, en donde funciona la normativa del denominado “Estado del Bienestar” (servicios sociales, negociación colectiva, condiciones de trabajo recogidas por ley, etc.) y el otro acogido a contratos precarios de todo tipo (la mayoría de las veces sin Seguridad Social ni condiciones reguladas, en situaciones de marginación, eventualidad, tiempo parcial y otras. Ambos mercados no son cerrados y el segundo actúa como válvula de escape del primero, reforzando así la inestabilidad de todos los asalariados. El funcionamiento del denominada “Ejército de Reserva” se complica, pasándose del esquema empleados-parados a uno triple: empleados fijos, empleados precarios, parados, que incide en forma particularmente aguda en dos colectivos, las mujeres y los jóvenes, incrementando su siempre especial marginación. Como elemento colateral, resurgen formas de trabajo a domicilio y el pseudo artesanado, a menudo bajo formas cooperativas.

2) Se dan profundos cambios dentro de la propia clase obrera tradicional. Cuantitativamente disminuyen sus efectivos, de manera absoluta, debido a los procesos de reconversión en los sectores y ramas típicos (siderurgia, automóvil, construcción naval, electromecánica, etc.)con su correspondiente destrucción masiva de puestos de trabajo, y de manera relativa, con el estancamiento e, incluso reducción de estos trabajadores dentro de las grandes empresas, a la vez que en ellas aumenta sustancialmente la mano de obra de otro tipo (precaria, técnicos, administrativos, etc. ) Cualitativamente porque se produce una completa revolución de las categorías, pautas de trabajo, conocimientos técnicos, organización del trabajo, formas y grados de cooperación, etc. Dentro de la reestructuración capitalista, que conlleva una crisis de industrialización, se está dando la posibilidad de ir prescindiendo progresivamente de este tipo de mano de obra.

3) Paralelamente se produce el aumento de los efectivos de mano de obra no manual, técnica y administrativa, sobre todo de la primera, mientras que se trastocan fundamentalmente las funciones y tareas de todos estos asalariados, dentro de un doble proceso de cualificación de una minoría (descualificación de una mayoría, sobre todo en los bajos tramos administrativos). Las denominadas “nuevas tecnologías” afectan a todos los escalones de la actividad productiva, alterando y trastocando profundamente gran parte de ellos, desarrollando y perfeccionando otros. Afectan a su vez, a todos los sectores productivos (agricultura, industria, servicios, sobre todo el último), y no sólo a la producción sino al consumo y la gestión. Como toda innovación, ni son neutrales ni son unidireccionales, sino que sus consecuencias están en función de la clase que los aplica, y de las condiciones que pueden imponer a los demás (lucha de clases.

De todo ello se deducen importantes consecuencias: su efecto negativo sobre el empleo; la modificación de las condiciones de trabajo, con el doble proceso de cualificación/descualificación ya apuntado y la aproximación de las situaciones de taller y oficina; y la descentralización productiva, con la aparición de la fábrica difusa y la subcontratación a gran escala.

La economía sumergida y el trabajo precario de todo tipo, es la otra cara de esta situación que no aparece como un producto marginal sino como un elemento primordial. La descentralización productiva puede llevarse a cabo en múltiples formas, por la vía de la precarización y de la ampliación de las industrias sumergidas, que es la elegida en España, supone una de las bazas decisivas para la fragmentación de los asalariados Lo que se ha dado, y se sigue dando, es la tendencia a ir sustituyendo el contrato indefinido por el precario o el sumergido, de la misma manera que las políticas de empleo han sido instrumentos no para solucionar los desajustes del mercado de trabajo, sino para gestionar las altas tasas de paro en un contexto en el que se flexibilizan las relaciones laborales, con la consiguiente desestructuración progresiva de la clase obrera.

A pesar de todos estos condicionamientos negativos, la clase obrera actual, como nuevo proletariado, constituye el sujeto central de las futuras transformaciones sociales, ya que es el sujeto social que sufre el conjunto de las contradicciones del sistema capitalista en su grado más agudo. Es, sin duda, el único capaz de movilizar al amplio sector social contrario a tal sistema, de paralizar la producción y la actividad económica de un país y de poner en jaque las políticas neoliberales de sus gobiernos. La clase obrera, actual, por muy modificadas que hayan sido su composición y formas de actuación, expresa y sintetiza los mecanismos que regulan la sociedad capitalista. Representa al trabajo humano convertido en mercancía, la separación entre hombre y trabajo, la alienación. La principal fuerza productiva, aún teniendo en cuenta la revolución científico-técnica en curso, sigue siendo la clase obrera. Clase ampliada y diversificada a un tiempo, dado el moderno crecimiento de la economía industrial y de servicios. Sin embargo, el potencial de cambio social, de nuevos valores, necesidades y aspiraciones que constantemente se generan, aunque sea de forma contradictoria, en la clase obrera, los estudiantes, las mujeres, etc., en las sociedades capitalistas avanzadas, son también constantemente sofocados por las políticas del sistema. De ahí la necesidad de profundizar en el análisis de toda la problemática del mundo del trabajo, para situar debidamente una indispensable estrategia para el logro de una transformación social radical. Considerando como tal, el logro de una democracia integral que abra una ulterior perspectiva socialista en la que se logre la total emancipación de la clase obrera. Es debatible si el nuevo proletariado ha dejado de constituir la clase universal,en el sentido hegeliano del concepto, tal y como la concibieron Marx y Engels. En todo caso conserva algunos de sus rasgos, aunque estos revistan nuevas formas.

miércoles, julio 23, 2008

El artículo de John McCain que rechazó 'The New York Times'

ELPAÍS.com - Madrid - 23/07/2008

John McCain se siente discriminado. El candidato republicano ha acusado a The New York Times de trato preferente hacia su contrincante, el demócrata Barack Obama, después de que el diario estadounidense rechazara, por segunda vez en seis meses, publicarle un artículo en el que responde a la estrategia de lucha antiterrorista de Obama. El diario pidió a McCain que modificara el artículo, ya que no aceptaría un texto que no incluya un plan para alcanzar la victoria en Irak y que ofrezca detalles de su estrategia hacia Afganistán. Finalmente, no lo publicó.

A continuación, el artículo de McCain, tal como lo presentó al diario estadounidense y que ha sido difundido en la página web Drudge Report:

En enero de 2007, cuando el general David Petraeus tomó el mando en Irak, calificó la situación de "difícil" pero no "desesperada". Hoy, 18 meses después, la violencia ha descendido en un 80% hasta alcanzar sus niveles más bajos en cuatro años, y los terroristas suníes y chiíes todavía no se han recuperado de una larga lista de derrotas. La situación en la actualidad es motivo de esperanza, pero sigue quedando un arduo trabajo por hacer para consolidar nuestras frágiles victorias.

El progreso se ha debido principalmente a un aumento del número de tropas y a un cambio en su estrategia. Yo fui de los primeros en defender el envío de tropas adicionales en un momento en el que la iniciativa contaba con pocos apoyos en Washington. El senador Barack Obama se oponía a ello con la misma firmeza. "No estoy convencido de que 20.000 soldados más en Irak vayan a solucionar la violencia sectaria en el país", afirmaba el 10 de enero de 2007. "De hecho, creo que tendrá el efecto contrario".

Ahora el senador Obama se ha visto obligado a reconocer que "nuestras tropas han hecho una tarea excelente a la hora de reducir el nivel de violencia". Pero sigue negando que se haya producido un avance político como consecuencia de ello.

A lo mejor no está enterado de que la embajada estadounidense en Bagdad ha certificado hace poco que, como se afirmaba en un artículo en la prensa, "Irak ha superado todos menos tres de los 18 parámetros iniciales que estableció el Congreso el año pasado para medir los avances en seguridad, política y economía". Aún más alentador ha sido el progreso que no se puede medir a través de ningún parámetro. Más de 90.000 iraquíes - muchos de ellos suníes que antes luchaban contra el Gobierno - se han alistado como Hijos de Irak para combatir a los terroristas. Y tampoco se puede medir la voluntad renovada del primer ministro, Nuri al Maliki, para tomar medidas enérgicas contra los extremistas chiíes en Basora y en Ciudad Al Sadr, acciones que han contribuido en gran medida a disipar las sospechas de sectarismo.

El éxito del envío de tropas adicionales no ha modificado la determinación del senador Obama de retirar a todas nuestras tropas de combate. Lo único que ha cambiado es su lógica. En un artículo de opinión en The New York Times y en un discurso suyo esta semana, presentaba su "plan para Irak" antes de realizar su primer viaje "de investigación" a dicho país en más de tres años. Se basaba en la misma propuesta de siempre de retirar a todas nuestras tropas en el plazo de 16 meses. En 2007 quería retirarlas porque pensaba que la guerra estaba perdida. Si hubiéramos seguido su consejo, la habríamos perdido. Ahora quiere retirar a las tropas porque opina que los iraquíes ya no necesitan nuestra ayuda.

Para reforzar su argumento, destroza las pruebas. Hace que parezca como si el primer ministro Al Maliki hubiera respaldado el calendario de Obama, cuando lo único que ha dicho es que le gustaría que hubiera un plan para una posible retirada de las tropas estadounidenses en algún momento no especificado del futuro.

El senador Obama también nos desorienta en lo que respecta al nivel de preparación del Ejército iraquí. El Ejército iraquí estará equipado y entrenado para mediados del año próximo, pero esto no significa, como insinúa el senador Obama, que por esas fechas esté preparado para proteger su país sin una ayuda considerable. Las Fuerzas Aéreas iraquíes, por de pronto, siguen estando rezagadas, y no hay ejército moderno que pueda operar sin cobertura aérea. Los iraquíes también están aprendiendo a enfrentarse a la planificación, la logística, el orden y el control, las comunicaciones y otras funciones complicadas que son necesarias para apoyar a las tropas de primera línea.

Nadie está a favor de una presencia permanente de Estados Unidos, como afirma acusadoramente el senador Obama. Ya se ha producido una retirada parcial con la salida de cinco brigadas de las tropas adicionales enviadas y podrá haber más retiradas a medida que mejore la situación de la seguridad. Conforme vayamos reduciendo nuestras tropas en Irak, podremos reforzar nuestra presencia en otros campos de batalla, como Afganistán, sin miedo a dejar un Estado fallido detrás.

He afirmado que espero poder dar la bienvenida a casa a la mayoría de nuestros soldados en Irak para finales de mi primer mandato en el cargo, en 2013. Pero también he dicho que cualquier reducción de tropas debe basarse en una valoración realista de las condiciones sobre el terreno, no en un calendario artificial ideado por razones de política nacional. Ahí reside el quid de mi desacuerdo con el senador Obama.

El senador Obama ha asegurado que consultará a nuestros comandantes sobre el terreno y a los líderes iraquíes, pero no lo ha hecho antes de presentar su "plan para Irak". A lo mejor es porque no quiere oír lo que tienen que decir. En el transcurso de ocho visitas a Irak he oído muchas veces de boca de nuestras tropas que el teniente general Jeffrey Hammond, comandante de las fuerzas de coalición en Bagdad, afirmaba hace poco que retirarse siguiendo un calendario sería "muy peligroso".

El peligro radica en que los extremistas apoyados por Al Qaeda e Irán podrían volver a escena, al igual que han hecho en el pasado cuando hemos tenido demasiados pocos efectivos en Irak. Por lo visto, el senador Obama no ha aprendido nada de la historia reciente. Me resulta irónico que esté emulando el peor error de la Administración de Bush al blandir prematuramente la pancarta de "Misión cumplida".

También me deja consternado que nunca hable de ganar la guerra, sino sólo de ponerle fin. Pero si no ganamos la guerra, la ganarán nuestros enemigos. Un triunfo de los terroristas sería una catástrofe para nosotros. Esto es algo que, como presidente, no permitiré que suceda. Por el contrario, seguiré aplicando una estrategia de contrainsurgencia de eficacia probada no sólo en Irak, sino también en Afganistán, con el objetivo de crear aliados democráticos estables, seguros y autosuficientes.

La ecología, otra gran víctima de la crisis

Por Paul Kennedy, director del Instituto de Estudios sobre Seguridad Internacional de Yale. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 22/07/08):

Hay muchos perdedores en nuestro nuevo mundo de gasolina y alimentos caros: los pobres en casi todas partes, las clases medias bajas, las compañías aéreas, las empresas de importación de alimentos… Y ahora aparece una nueva víctima: el sueño ecologista de conseguir un mundo más sostenible, equilibrado y equitativo. Esa visión de una Tierra armoniosa está amenazada por todas partes.

A algunos puede extrañarles esta conclusión. ¿Acaso los elevados precios del petróleo no recortan nuestras costumbres gastadoras? ¿No es positivo que entremos en un mundo sin Hummers? ¿No se nos está empujando a tomar medidas de ahorro energético? ¿No se nos está obligando a buscar fuentes de energía alternativas y más inteligentes: la energía solar y la térmica, la energía eólica y la de las olas?

Sí, todo eso es verdad. Pero, al mismo tiempo, también se está obligando a la población y las autoridades a adoptar políticas a las que el movimiento ecologista se ha opuesto, a menudo con éxito, desde hace 40 años. Desesperados por amortiguar el golpe que supone un petróleo a 130 dólares o más el barril y por prevenir el descontento popular, los Gobiernos están tomando medidas que dejan helados a casi todos los ecologistas.

La lista de retrocesos es larga. Mientras en el norte hay familias que vuelven a las estufas de leña, en los trópicos hay comunidades que talan bosques con más intensidad que nunca, y en India los más pobres queman estiércol y un queroseno de dudosa procedencia. Aún más, el Congreso de Estados Unidos recibe fuertes presiones para incrementar las perforaciones y extracciones en plataformas marinas delicadas desde el punto de vista ambiental, como el norte de Alaska y una franja del norte del Estado de Nueva York. Muchos Gobiernos quieren volver a la energía nuclear y preven construir decenas de nuevos reactores, que se unirán a numerosas nuevas plantas alimentadas por carbón.

Como es natural, los ecologistas se oponen, pero es dudoso que puedan oponerse en estos tiempos turbulentos a las presiones, los argumentos y las campañas en contra. Los argumentos sobre la seguridad nacional y la necesidad de reducir la dependencia de fuentes energéticas extranjeras e inseguras, las presiones para aumentar los subsidios a los combustibles en los países en vías de desarrollo y las campañas para reducir los impuestos sobre el petróleo y el gasóleo para los pescadores, los camioneros y las pequeñas empresas en los países industrializados.

Hasta hace poco, era posible alegar que una gran subida de los impuestos sobre el combustible podía ayudar a reducir nuestra afición a los todoterrenos devoradores de gasolina (además de incrementar las arcas del Gobierno). Hoy día, salvo entre las poblaciones más progresistas y acomodadas, sería imprudente el político que propusiera una cosa así.

Y luego está la decisión, muy controvertida, de incrementar la energía alternativa de moda, el etanol, sobre todo en su modalidad menos sensata, que es la de producir el combustible a partir de maíz. No sólo es mucho menos eficaz que el proceso a partir de caña de azúcar, y no sólo beneficia de forma desproporcionada a determinados intereses especiales agrarios y empresariales, sino que -al menos en el caso de Estados Unidos- ha tenido un efecto de sustitución negativo. Ahora que los agricultores del Medio Oeste de EE UU se han pasado al monocultivo y han convertido miles de hectáreas de soja y trigo en maíz, el precio de los primeros ha subido.

Esto nos lleva al derrumbe de la esperanza ecologista en que avancemos hacia una producción de alimentos más benigna con el medio ambiente (es decir, “orgánica”), con unos agricultores locales que cobran precios decentes (es decir, “comercio justo”) a unos consumidores agradecidos y más sanos. No sólo la crisis energética está colocando a muchos agricultores y pescadores contra las cuerdas, sino que el aumento de los costes de los alimentos en general y la demanda creciente de 1.000 millones más de asiáticos están reavivando los llamamientos a tomar unas medidas que los ecologistas siempre han detestado.

Así que no tengo la menor duda de que los argumentos en favor de la producción de alimentos transgénicos tienen muchas más posibilidades de ser aceptados hoy que hace 10 años; si hay que escoger entre las necesidades dietarias de 6.500 millones de personas (en 2050, quizá 9.000 millones) y los temores sobre los alimentos transgénicos, el resultado parece claro.

La demanda de alimentos permitirá vencer las aprensiones sobre el método de producción. Lo mismo ocurrirá probablemente con los llamamientos de algunas empresas agroquímicas para que se utilicen más fertilizantes y pesticidas. Cada lado asegurará tener la ciencia de su parte y recurrirá a sus propios expertos. Pero, al final, es muy posible que las consideraciones políticas y de seguridad pesen más que las preocupaciones ecológicas y de salud.

Las inseguridades sobre el abastecimiento de alimentos ya han hecho que los grupos agrarios de presión de tipo proteccionista, desde Francia hasta Japón, afirmen que sus políticas de altos aranceles sobre las importaciones de alimentos han estado muy justificadas, porque sólo con el mantenimiento (o incluso el refuerzo) de esas barreras pueden los países tener garantizada la presencia en la mesa de pan y manzanas en momentos de crisis.

Estas afirmaciones interesadas preocupan a los economistas del desarrollo, que dicen que la mejor forma de que Europa ayudara a África a prosperar sería permitir la importación de alimentos y, de esa forma, mejorar el nivel de vida de millones de cultivadores africanos de frutas, aceite de oliva, cereales, vino y otros productos. Pero por sólido que sea este argumento, las posibilidades de que se haga realidad y de que se establezca un régimen de libre comercio agrario mundial han disminuido.

Y aún no hemos hablado de las posibilidades de agitación política y social como consecuencia del encarecimiento del combustible y los alimentos, algo de lo que el Banco Mundial y la Organización Mundial de Alimentos llevan tiempo advirtiendo.

Se podría escribir otra media docena de artículos sobre todos los aspectos del problema. Lo único que hemos hecho aquí es señalar que las nuevas tendencias, con sus repercusiones tanto en los países ricos como en los pobres (salvo unos cuantos exportadores de petróleo), están erosionando, y van a erosionar aún más, muchas de las victorias conseguidas y de las teorías sostenidas por el movimiento ecologista.

La intensificación de las perforaciones de petróleo en zonas delicadas, el regreso de la energía nuclear, las presiones sobre los bosques tropicales y boreales, la preferencia por el etanol procedente de maíz, la posibilidad creciente de que se recurra a la agricultura transgénica y a un mayor uso de fertilizantes y el impulso dado al proteccionismo agrario del Primer Mundo son elementos que suscitan pesimismo entre los amigos de la tierra. Y deberían suscitarlo entre nosotros también.

Por supuesto, los ecologistas resistirán y, a largo plazo, es incluso probable que los desorbitados precios energéticos sirvan de aliciente para crear fantásticas tecnologías alternativas. A los lectores que vivan en comunidades con alto nivel de educación y de conciencia ecológica (y de renta), desde Seattle hasta Estocolmo, y que ya disfruten de las nuevas tecnologías inteligentes, este artículo puede parecerles demasiado sombrío. Pero es posible que no se den cuenta de lo privilegiada que es su situación en comparación con la mayor parte de la humanidad. En estos momentos, los tremendos aumentos de los costes del combustible y los alimentos están haciendo que muchos reclamen una rebaja de las exigencias en muchos frentes. Si esa tendencia prevalece, es muy probable que nuestro mundo se aleje cada vez más del sueño ecologista sobre una humanidad capaz de ordenarse de otra manera.

Quizá ese sueño no podía hacerse realidad ante nuestra continua expansión demográfica, el increíble aumento de la demanda de bienes y servicios que la acompaña y el agotamiento de varias reservas clave de materias primas. Sea o no así, la desagradable realidad actual es que las cosas no están mejorando, sino todo lo contrario, para los defensores de un planeta más limpio y acogedor.

Cuba, un cambio con vergüenza

Por Zoé Valdés, escritora cubana exiliada en París (EL PAÍS, 22/07/08):

En mi libro La Ficción Fidel (Planeta, 2008) jamás propongo la venganza para el futuro de Cuba, pero sí la justicia que hace 50 años nos merecemos; justicia y transición pacífica con vergüenza. Además, cito tres países como ejemplos de transición pacífica: España, Chile y la República Checa. Esta última muy cercana a nosotros a causa del comunismo y que, además, ha crecido con gran dignidad. Ahora, a los pocos días del aniversario del hundimiento del remolcador 13 de Marzo, un 13 de julio de 1994, a manos de la dictadura cubana (74 personas perdieron la vida, entre ellas 12 niños), también comparto memoria con otras injusticias cometidas por la dictadura castrista y recuerdo a los fusilados el 13 de julio de 1989 en La Habana: el coronel Antonio de la Guardia, el general Arnaldo Ochoa y otros generales. Y también a enjuiciados en ese caso como el general Patricio de la Guardia (hasta hace poco encarcelado en Cuba y ahora bajo libertad condicionada).

Las cárceles cubanas están llenas de gente inocente. Sólo cuando se libere a los presos políticos, sólo cuando la disidencia interna y sus proyectos, y el exilio también con sus proyectos, sean reconocidos en un proceso de transición democrático, podremos hablar de cambios sustanciales. Hasta ahora esto no ha ocurrido y pienso que será un proceso difícil de conquistar por los demócratas. En una dictadura tan larga como la que está viviendo Cuba es probable que no haya tiempo para el arrepentimiento inmediato, pero sigo creyendo que, ante nuestro dolor, el dolor de las víctimas (entre las que cuento a los familiares de los militares), todos los militares cubanos deberían pedir perdón y sus hijos deberían callarse, quizás no para siempre, pero por un rato. Sería un hermoso gesto ante tantas hijas e hijos de fusilados a los que nadie ha querido escuchar (véase el documental de Luis Guardia Adiós a papá).

Alina Fernández, hija de Castro I, y otros hijos de militares cubanos, incluidos los de Patricio de la Guardia, han reservado sus opiniones durante un tiempo y después han contado las verdades que interesan desde el ángulo personal e histórico, siempre amparados por su trabajo, con sumo respeto hacia las demás víctimas. Han sabido ser discretos y han reconocido la culpa de sus padres. Nadie ha pedido fusilamiento para los hermanos Castro ni para los militares, como sí hicieron ellos ejecutando a tantos inocentes. Sólo sugiero que pidan perdón, lo considero necesario.

Es necesario que se reconozca que las víctimas del castrismo no son únicamente los propios castristas, que el pueblo cubano fue la primera víctima de la dictadura. Sin estos planteamientos será difícil llegar a una tranquilidad profunda (no olviden el caso chileno, en donde se ha reconocido hondo el sufrimiento). En el orden social, este reconocimiento es imprescindible en su esencia. Raúl Castro no ha dado ningún paso hacia ese reconocimiento y mucho menos hacia la democracia; su hermano, ahora es Fidel el que está a la sombra, tampoco. Algunas de estas realidades las apunto y las preciso en mi libro.

Nací pobre, fui pobre, no me avergüenzo de ello; mi familia fue pobre, muchos de ellos murieron pobres. La revolución no cambió para nada nuestras vidas, las empeoró. Con la revolución fuimos todavía más pobres; lo que no sucedió con algunas familias cubanas, que se enriquecieron aún más, dejaron de ser burgueses para devenir burgueses castrocomunistas. En mi libro La Ficción Fidel no hay incitación al odio, algo a no confundir con un análisis de la sociedad clasista cubana y del racismo. Dos fuertes realidades a resolver de inmediato para una Cuba futura.

Necesitamos un cambio sin venganza, pero con justicia y con vergüenza, en nombre de todos aquellos fusilados y desaparecidos en los juicios populares y públicos: de Mario Chanes (30 años de cárcel), de Eusebio Peñalver (22 años de cárcel), de Luis Boitel (asesinado en la cárcel), de Óscar Elías Biscet y de los 75 poetas y periodistas todavía encarcelados desde la Primavera Negra de Cuba de 2003.

El título de este artículo responde al de Ileana de la Guardia, Cuba, un cambio sin venganza, publicado aquí el 16 de agosto. En el mismo, la autora afirma que yo fui diplomática: falso. Durante cinco años fui esposa de diplomático ante la Unesco, que era y es escritor, nombrado diplomático a modo de castigo. En ningún momento tuve un alto cargo de funcionaria: ejercí durante dos años como jefa de redacción y otros dos años como subdirectora de la revista Cine Cubano.

Mi padre estuvo preso dos años en las cárceles cubanas, nunca le hicieron juicio, murió en el exilio sin saber por qué estuvo encarcelado; esto ocurrió en la época en la que el padre y el tío de Ileana de la Guardia gozaban de plenos poderes militares. Jamás se lo eché en cara; al contrario, le tendí la mano y la recibí en mi casa, junto a su esposo, Jorge Masetti, hijo del periodista argentino Ricardo Masetti, quien murió en Argentina, convertido en guerrillero, luego de haber creado en Cuba la agencia Prensa Latina. A los pocos años de edad, Jorge Masetti recibió la noticia por el comandante Manuel Piñero (Barba Roja) de la muerte de su padre, al que de inmediato transformaron en héroe. Todo cubano sabe lo que significa ser hijo de héroe en Cuba y en un régimen totalitario: el futuro comprometido bajo los signos de la heroicidad y la fidelidad más absoluta. Jorge Masetti, nacido en Argentina, en 1955, pero residente en Cuba, debió partir bajo la tutela de Barba Roja, convertirse también él en guerrillero, en espía, en pichón de terrorista (en época en que todavía esa palabra no poseía la connotación actual, para algunos era casi romántica); no sólo en América Latina, además en África y en Angola, como así cuenta en el libro El Furor y el Delirio (Tusquets, 1999). Es una víctima más del horror cubano. A los niños cubanos nos adoctrinaron ideológicamente, pero a un número siniestro de hijos de “héroes” los adoctrinaron para perros de presa. Es la razón por la que siento una inmensa lástima por ellos. Los apoyamos, mi marido, el cineasta Ricardo Vega, y yo cuando decidieron enjuiciar a Fidel Castro en un tribunal de París para que fuese juzgado por sus crímenes contra la humanidad.

Creo conveniente aclarar que no renunciaré nunca a mi derecho de escritora de contar las verdades que yo he vivido. No soy historiadora, la historia sólo me interesa en función de la novelista que soy.

Los hijos de los militares cubanos se preparan para tomar el relevo de sus padres. Lo vemos con Mariela Castro, hija de Raúl Castro, con Fidelito Castro, con Antonio Castro, hijos del Castro I, con Aleida Guevara, hija del Che. No me extrañaría que ahora que la vieja “guardia” ha retomado el poder, la Guardia ponga su apellido en cola y al servicio hereditario, pero antes, por un momento, que ceda la tribuna pública a las víctimas de su padre y de su tío. De cualquier modo, lo verdaderamente justo es que se ganara sus puestos en democracia y bajo elecciones libres.