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sábado, junio 11, 2011

Fixing Honduras

By Noah Feldman, David Landau and Brian Sheppard, law professors at Harvard Law School, Florida State University College of Law and Seton Hall University School of Law, respectively (LOS ANGELES TIMES, 07/06/11):

Is Honduras ready for a return to the community of nations? It has been almost two years since the forced removal of then-President Manuel Zelaya at the hands of the Honduran military. On June 1, the Organization of American States said yes, when it lifted the suspension of Honduras from the organization by a vote of 32 countries in favor and one against. Still, the question on everyone’s mind remains: Was there a coup d’état in 2009? Perhaps the better question to ask is: How can similar instability be avoided in the future in Honduras and elsewhere in the region?

Immediately after Zelaya’s removal, the United States, the United Nations and the OAS denounced the ouster as illegitimate and demanded Zelaya’s restoration, which triggered restrictions on foreign aid and trade. So this situation has had real-world effects on ordinary Hondurans.

Since then, the Obama administration has subtly backed away from its initial stance of absolute condemnation. Several months after Zelaya’s ouster, the State Department noted that it “recognized the complicated nature” of events leading to Zelaya’s removal. The following year, the U.S. resumed aid to Honduras, and Secretary of State Hillary Rodham Clinton urged the OAS to readmit Honduras into the organization, citing its “free and fair” election of President Porfirio Lobo in November 2009 and its establishment of a truth commission. This year, Clinton upped the ante by voicing “strong support” for Lobo and emphasizing the U.S. “commitment” to having Honduras readmitted to the OAS.

The truth commission asked us — a team of U.S. specialists in comparative constitutional law — to evaluate what had happened from a legal perspective and to propose fixes. What we found was a good deal more complex than the simple story of a coup or a justified removal. In our judgment, both Zelaya and those who removed him acted unconstitutionally.

To begin with, Zelaya violated Honduran law when he tried to hold a referendum asking voters whether they wanted to call a constituent assembly to rewrite the constitution. His foes claimed the goal was to extend his stay in office. The constitution, aiming to avoid dictatorship, restricts the president to a single term. Zelaya threatened the integrity of the constitutional order by ignoring numerous court orders that he desist from holding the vote, and by ordering the military rather than the Supreme Electoral Tribunal to supervise the process.

The institutions involved in removing Zelaya also acted in violation of the Honduran Constitution. Zelaya might have been constitutionally removed after a full judicial trial in front of the Supreme Court. But no trial took place. Instead, the military removed Zelaya from the country before any legal determination had been made. The legislature publicly claimed Zelaya had resigned, which he flatly denied, and the lawmakers otherwise lacked any legal authority to remove him from his post. Finally, the courts and other legal actors failed to act as effective arbiters during the crisis or as defenders of human rights in its aftermath. The ineffectiveness of judicial solutions paved the way for military intervention.

To prevent this sort of instability in the future, it is imperative that the people and institutions involved have better tools to avoid the two serious threats to democracy that manifested during the crisis and that have long plagued the region: military intervention in politics and executive overreaching. Honduras’ Constitution and laws should be reformed to safeguard against both of these risks.

The independence and powers of the judiciary need strengthening to protect the rights of citizens and to arbitrate institutional disputes. For example, a specialized constitutional court with the power to rapidly resolve controversies between different branches of government might have prevented the 2009 crisis from escalating. It is critical that judiciaries, rather than militaries, resolve constitutional crises. For this purpose, it is also important, in Honduras and elsewhere in the region, that constitutions be amended to make it clear that the military possesses no extralegal power to “save” the state in periods of crisis. Constitutional provisions that suggest such a savior role for the military must be eliminated.

Honduras also needs to place limits on the president’s capacity to pervert the constitutional order by, for example, putting institutional safeguards and limits around plebiscites and related devices that could be used to fundamentally alter the institutional order. It is desirable to require the assent of other institutions of government, such as the Congress and the courts, before the executive is able to consult the public for any exercise of direct democracy. Finally, it is important to ensure that both the grounds for removal of the president and removal procedures are clearly specified in the constitution.

The relative calm of the last two years in Honduras has brought with it the opportunity to engage in unpressured analysis of these issues. Reform is needed now because it would not be possible to make it happen under the pressures of a crisis. Honduras should seize the moment to make improvements that can help keep democracy safe in moments of crisis.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

jueves, junio 02, 2011

Entrevista exclusiva a Manuel Zelaya sobre el papel de Estados Unidos en el golpe de estado en Honduras, WikiLeaks y los motivos de su destitución

Publicado en Democracy now! en español, 31 de Mayo de 2011

Escuche/Vea/Lea (en inglés)

Escuche (en español y en inglés)

Poco después de haber regresado a su hogar este fin de semana por primera vez tras el golpe de Estado de 2009, Manuel Zelaya se sentó con los periodistas de Democracy Now! para concedernos una entrevista exclusiva.


Manuel Zelaya nos explica por qué cree que Estados Unidos estuvo detrás el golpe y qué ocurrió exactamente el 28 de junio de 2009, cuando un grupo de soldados hondureños encapuchados lo secuestraron a punta de pistola y lo subieron a un avión que se detuvo para recargar combustible en Palmerola –base militar estadounidense en Honduras-, con rumbo a Costa Rica. “Este golpe de Estado fue realizado por la derecha estadounidense”, asegura Zelaya. “El Departamento de Estado de Estados Unidos siempre negó toda vinculación del gobierno estadounidense con el golpe de Estado, y lo sigue haciendo. No obstante, todas las pruebas incriminan al gobierno estadounidense. Y todas las medidas tomadas por el régimen de facto, o por el régimen golpista, es decir por quienes ejecutaron el golpe, favorecen las políticas industriales, militares y financieras de Estados Unidos en Honduras”.

AMY GOODMAN: Poco después de haber regresado a su hogar este fin de semana por primera vez tras el golpe de Estado de 2009, Manuel Zelaya se sentó con los periodistas de Democracy Now! para concedernos una entrevista exclusiva. Nos explica por qué cree que Estados Unidos estuvo detrás del golpe y qué ocurrió exactamente el 28 de junio de 2009, cuando un grupo de soldados hondureños encapuchados lo secuestraron a punta de pistola y lo subieron a un avión que se detuvo para recargar combustible en Palmerola –base militar estadounidense en Honduras-, con rumbo a Costa Rica. “Este golpe de estado fue realizado por la derecha estadounidense”, asegura Zelaya. “El Departamento de Estado de Estados Unidos siempre negó toda vinculación del gobierno estadounidense con el golpe de Estado, y lo sigue haciendo. No obstante, todas las pruebas incriminan al gobierno estadounidense. Y todas las medidas tomadas por el régimen de facto, o por el régimen golpista, es decir por quienes ejecutaron el golpe, favorecen las políticas industriales, militares y financieras de Estados Unidos en Honduras”.

Democracy Now! viajó el sábado con el presidente Zelaya desde Managua, Nicaragua a Honduras. El domingo nos sentamos a conversar en su casa de Tegucigalpa. Le pedí al presidente Zelaya que me contara que pasó el día del golpe de Estado, el 28 de junio de 2009.

MANUEL ZELAYA: Un presidente electo por el pueblo fue sacado a balazos una madrugada en ropa de cama y dejado abandonado en Costa Rica, en el aeropuerto.

AMY GOODMAN: Pero primero, ¿nos puede decir que pasó exactamente aquí aquel día? ¿Qué hora era? ¿Qué fue lo que escuchó? ¿Cómo se despertó?

MANUEL ZELAYA: Yo llegué a las tres y media de la mañana. Al día siguiente teníamos una encuesta de opinión publica a nivel nacional. Un referendo no vinculante, era solo de opinión, catorce mil urnas colocadas en todo el país. Y se creó una conspiración internacional para decir que aquí estaba entrando el comunismo. Que aquí estaba entrando el Plan Caracas para destruir a Estados Unidos. Y que estábamos destruyendo el imperio norteamericano si dejaban que esa encuesta se realizara. Muchos incautos, empresarios, y grupos de poder cayeron en esa trampa. Este golpe de Estado lo dio la derecha norteamericana de Honduras.

Esa madrugada empezaron a someter a la guardia de honor, más o menos a las cinco y quince de la mañana. Empezaron disparos aislados, algunos disparos en esta calle y otros por la parte de atrás de la casa. Usted ve, esta es una pequeña casa de clase media; es fácil asaltarla. Yo me desperté a los balazos, bajé en ropa de cama a la primera planta, al patio de la parte de afuera. En el momento en que los balazos estaban impactando en las puertas de afuera, yo me tiré. Mi primera reacción fue tirarme al suelo y cubrirme de los balazos.

Cuando los militares, en ese momento, entraron al patio de atrás. Me amenazaron con sus rifles M-16. Y me dijeron que era una orden militar. Eso fue a gritos porque querían que yo me sometiera, que entregara el celular que tenía. No eran más de unos diez militares con capucha los que entraron a la casa, pero afuera había como doscientos o trescientos. Solo se veían los ojos, y me rodearon. Me amenazaron que iban a disparar y yo le dije si tiene orden de disparar que dispare; pero sepa que le está disparando al Presidente de la república y usted es un subalterno. Y ellos no dispararon. Sino que solo me sometieron a que los acompañara al vehículo, así, en ropa de cama. Aterrizamos en la base militar norteamericana Palmerola, ahí se reabasteció de combustible. Hubieron movimientos afuera, yo no sé con quién hablaron. Como unos quince o veinte minutos estuvimos ahí y después a Costa Rica. Lo demás es público.

AMY GOODMAN: ¿Por qué fue trasladado a la base militar de Estados Unidos? No es muy lejos volar de Tegucigalpa a Costa Rica. ¿Por qué lo llevaron antes a una base militar estadounidense? Supongo que tienen que haber contado con el permiso del ejército de Estados Unidos.

MANUEL ZELAYA: Mire, el Departamento de Estado siempre ha negado y sigue negando su vinculación con el golpe. Sin embargo, todas las pruebas los incriminan. Y todas las acciones que hace el gobierno de facto del golpista es para favorecer la política industrial, militar y financiera de Estados Unidos en Honduras.

AMY GOODMAN: ¿Su hija Pichu estaba en la casa?

MANUEL ZELAYA: En mi casa había tres personas. La muchacha que trabaja con nosotros, que tiene diez años de trabajar y es una persona de mucha confianza. Ella sigue aquí, se llama Suyapa. Ella fue sacada jalada del pelo, fue sacada porque los militares después de que me capturaron, entraron a las habitaciones. Rompieron todas las habitaciones con las culatas buscando a mi esposa y a mi hija. Mi hija es muy delgada y se metió debajo de la cama. Y la Suyapa es muy gorda y no se podía esconder. La agarraron del pelo y la sacaron. La “Pichu”, que se llama mi hija, se llama Xiomara Hortensia se quedo debajo de la cama, no la encontraron.

SEGUNDA PARTE


AMY GOODMAN: ¿Dónde fueron hechos los M-16 que usaron los soldados hondureños encapuchados?

MANUEL ZELAYA: Todos son americanos, las armas que usa el ejército de Honduras son americanas. Y la cúpula militar hondureña es, pues, educada en la Escuela de las Américas.

AMY GOODMAN: Después del golpe, ¿EE.UU. canceló el envío de armas a Honduras?

MANUEL ZELAYA: Mire, esta semana, ochenta y cinco congresistas de Estados Unidos enviaron una carta al Departamento de Estado, sobre la necesidad de controlar el apoyo. Y ellos hablan de paralizar el apoyo que se le da a las fuerzas represivas en Honduras, por los altos niveles de violaciones a los derechos humanos que hay aquí en Honduras. O sea que, en otras palabras, después del golpe de Estado, Estados Unidos ha incrementado su apoyo militar a Honduras.

AMY GOODMAN: ¿Usted apoya el pedido de estos congresistas?

MANUEL ZELAYA: Todo el que defienda los derechos humanos y esté en contra del armamentismo y de la guerra tiene mi apoyo.

AMY GOODMAN: Usted dice que el golpe fue una conspiración y menciona a la derecha estadounidense. ¿A qué se refiere? ¿Quién fomentó el golpe de Estado en su contra?

MANUEL ZELAYA: Sí. Sí. Aquí empezó un proceso de conspiración desde que yo me uní a la Alternativa Boliviarana para las Americas, ALBA. Fue una guerra de psicología, una guerra psicológica sucia. La empezó Otto Reich, el ex subsecretario de Estado, Roger Noriega, Robert Carmona y la Fundación Arcadia creada por la Central de Inteligencia (CIA). Ellos se asociaron aquí con grupos de derecha, con grupos militares y formaron la conspiración. Argumentaron que yo era comunista, que estaba atentando contra la estabilidad hemisférica porque era amigo de Fidel, amigo de Chávez y había declarado mi gobierno como un gobierno progresista.

AMY GOODMAN: Sin embargo, Wikileaks publicó una serie de cables clasificados del gobierno de Estados Unidos, entre los que se encuentra un cable enviado al Departamento de Estado por el entonces embajador estadounidense en Honduras, Hugo Llorens. En ese cable sobre el golpe en Honduras el embajador Llorens dice que el golpe fue ilegal e inconstitucional.

MANUEL ZELAYA: Hugo Llorens cooperó para evitar el golpe. Él conocía todo lo que estaba pasando en Honduras. Y yo soy testigo que hizo esfuerzos por evitarlo. Pero cuando percibió que no podía, entonces se apartó. No sé si tuvo órdenes de apartarse, pero dejó que todo sucediera. Él ayudó mucho a mi familia después del golpe. Se lo agradezco ahora. Él me demostró que es alguien que cree en la democracia, no en los golpes de Estado. Pero no piensa lo mismo gran parte del Pentágono, ni el Comando Sur.

AMY GOODMAN: ¿Qué tiene que ver el Comando Sur con todo esto?

MANUEL ZELAYA: El vínculo es Ford, el embajador de Estados Unidos. Él me prohibía la amistad con Chávez y quería que le diera asilo diplomático a Posada Carriles, quería ponerme los ministros del Gabinete de Gobierno. Quería que los recomendados de él fueran ministros.

AMY GOODMAN: ¿El embajador Ford quería que Posada Carriles, el hombre acusado de ser el cerebro detrás del atentado contra un vuelo de Cubana de Aviación en el que murieron decenas de personas, tuviera la posibilidad de obtener refugio en Honduras?

MANUEL ZELAYA: Mire, a los ocho días de haber tomado posesión del gobierno, el embajador Charles Ford me preguntó si yo podía darle asilo político a Posada Carriles en Honduras. Y desde luego, lo mandé para afuera. Él habló con mi Canciller para eso. Es el mismo embajador que me prohibió sumarme al ALBA. Y ahora, este embajador, después que salió de Honduras, dejó una carta de un perfil político de este servidor suyo. Que ahí, el que lee ese perfil sabe que viene un golpe de Estado. Lo publicó WikiLeaks con todo el perfil que él dejó de mi persona, diciendo que Estados Unidos tiene que ver que va hacer el otro año para detenerme. Porque yo estoy vinculado al narcotráfico, al terrorismo y a todo un montón de cosas. Él preparo el ambiente y él fue trasladado de la Embajada al Comando Sur; era el vínculo. Y si usted pregunta hoy dónde está, está en el Comando Sur. De aquí salió a preparar el golpe de Estado.

AMY GOODMAN: Pero el golpe de Estado se llevó a cabo durante el gobierno de Obama, no antes.

MANUEL ZELAYA: Bueno, la conspiración, estamos hablando de Estados Unidos. Es un imperio Estados Unidos. Obama es el presidente de Estados Unidos, pero no es el jefe del imperio. Aunque Obama estuviera opuesto, el proceso del golpe iba. Lo más que le informan a un presidente como el presidente Obama es que hay una crisis política. Pero no los detalles de lo que estaban haciendo para la conspiración.

AMY GOODMAN: Inicialmente el Presidente Obama lo calificó como un golpe de Estado, pero luego el gobierno pareció dar marcha atrás con esa caracterización. Tanto Obama como Hillary Clinton.

MANUEL ZELAYA: Se rindieron ante el golpe. Esa es la prueba de que el golpe estaba dado desde antes. Que le doblan el brazo al Presidente y al Departamento de Estado para impedir mi restitución.

AMY GOODMAN: Acabamos de escuchar al destituido Presidente Manuel Zelaya, sentado en la sala de su casa en Tegucigalpa por primera vez después de 23 meses. Zelaya fue secuestrado en su casa, a punta de pistola, por el ejercicto Hondureño; mientras tanto, para evitar ser secustrada también, su hija Pichu se escondió debajo de su cama en el segundo piso del hogar. Tras ser secuestrado, Zelaya fue llevado a Palmerola, la base militar de Estados Unidos en Honduras, supuestamente para que el avión se reabasteciera de combustible, y de ahí fue trasladado a Costa Rica. Se trató del primer golpe militar en América Latina en más de 25 años.

TERCERA PARTE


AMY GOODMAN: Continuamos con nuestra cobertura del histórico retorno del ex presidente hondureño Manuel Zelaya a su país. El 28 de junio de 2009, soldados hondureños encapuchados secuestraron a Zelaya a punta de pistola y lo enviaron en avión a Costa Rica, previa escala en una base militar de EE.UU. en Honduras conocida comoPalmerola. Decenas de campesinos, maestros, periodistas y agricultores fueron asesinados desde que ocurrió el golpe, hace dos años. Esta semana, 87 miembros del Congreso de EE.UU. enviaron una carta a la secretaria de Estado Hillary Clinton pidiéndole que suspenda la ayuda de EE.UU. a los militares y la policía hondureños. La carta reclama que se impongan mecanismos para garantizar que las fuerzas de seguridad sean responsabilizadas por los abusos que cometieron. Este fin se semana, tras casi dos años de exilio, el ex presidente Zelaya y su familia pudieron regresar al país. Decenas de miles de seguidores los recibieron cuando arribaron el sábado a la capital, Tegucigalpa.

El domingo entrevisté al ex presidente Zelaya en su casa y le pregunté si apoya el pedido de los congresistas estadounidenses de recortar la ayuda militar a Honduras dadas las graves violaciones a los derechos humanos que han salido a la luz.

MANUEL ZELAYA: Yo no soy a fin a ningún acto de violencia. Me opongo a la Pena de Muerte. Me opongo a la guerra. Me opongo a los actos de tortura que se practican en diferentes partes del mundo. Y por tanto no soy afín a la escuela de aumentar el armamentismo ni el militarismo. No soy tampoco el contrario a la existencia de fuerzas de seguridad del Estado. Tienen que existir fuerzas de defensa, fuerzas de seguridad. Pero, la violencia va a ser siempre el peor método para corregir problemas políticos o sociales. La pobreza y la corrupción no se combaten con más armas, si no con más democracia.

AMY GOODMAN: ¿Cuáles son sus planes ahora?

MANUEL ZELAYA: Yo regresé por un solo concepto que garantizó Porfirio Lobo, el presidente actual. “Reconciliación y Elecciones Libres”. Si dan elecciones libres dentro de dos años, el movimiento que yo impulso va a ganar las elecciones. Y la invito dentro de dos años, en el 2013 a que venga a ver el triunfo de un movimiento popular. Si hay elecciones.

AMY GOODMAN: Un último punto. ¿Qué va a pasar con los que fomentaron el golpe? ¿Cree que deberían ser castigados?

MANUEL ZELAYA: La justicia no tiene ningún obstáculo para aplicarse. Yo presenté demandas internacionales por el Golpe de Estado, y están en curso. Los delitos políticos crearon una Admitía en Honduras. Pero los genocidios, magnicidios, los asesinatos y las torturas son un proceso evidentemente judicial.

AMY GOODMAN: ¿Y Ud. cree que deberían ser castigados?

MANUEL ZELAYA: La justicia debe aplicarse siempre para el que es responsable.

AMY GOODMAN: ¿Cómo hizo para entrar al país el 21 de septiembre de 2009?

MANUEL ZELAYA: Hubo muchas personas que cooperaron. Tomo dos días, pasamos ocho retenes militares. Usamos varios vehículos, personas dobles igual a mi. Uno lo deje en Nicaragua y el otro en Guatemala. Las cámaras los estaban filmando y yo estaba ya aquí. Fue toda una estrategia que la planificamos nosotros. Pero, era necesario. Yo quería interpelar al Sistema y al propio Departamento de Estado, que estaba jugando con ambigüedad.

* AMY GOODMAN*: En este tiempo ha intentado muchas veces entrar al país. ¿Cómo se siente estar en su hogar?

MANUEL ZELAYA: Se me ha quitado la mitad del estrés. El destierro es una tortura. Es como, el inconciente se mete en la cabeza. Tienes como un problema de que todo es extraño. Es como una presión, y la presión desapareció cuando puse un pie en Honduras. Fue automático como volví a recuperarme internamente. Hay unas palabras que dice un dominicano, Juan Pablo Duarte: “Vivir sin Patria es vivir sin Honra”; y ese es el destierro.

AMY GOODMAN: Escuchábamos al ex presidente de Honduras, Maneul Zelaya. Lo entrevistamos en su casa de Tegucigalpa, el domingo, tras su regreso al país. El 21 de septiembre del que estamos hablando fue el 21 de septiembre del 2009. Zelaya fue derrocado a finales de junio, y una semana después, intentó volver a Honduras con el acompañamiento del ex presidente de la Asamblea General de las Nacines Unidas, Miguel d’Escoto, ex canciller de Nicaragua.

El avión intentó aterrizar en el aeropuerto de Tegucigalpa, pero el Ejército lo impidió instalando una barricada de camiones sobre la pista de aterrizaje. Más de 100.000 personas se congregaron en el aeropuerto aquella vez para recibirlo. El ejército hondureño abrió fuego y un joven resultó muerto. Cuando el Presidente Zelaya volvió este sábado, el primer lugar que visitó fue el monumento en memoria de Isis Obed Murillo. Murillo, de 19 años, fue asesinado aquel día, una semana después de que Zelaya fuera secuestrado de su casa a punta de pistola por soldados hondureños encapuchados. El 21 de septiembre, unos meses después, Zelaya intentó entrar nuevamente al país y lo logró. Nadie sabía hasta el momento exactamente como lo había logrado. Nos acaba de contar acerca de los dobles que usó. Una vez en la capital, Tegucigalpa, se recluyó en la Embajada de Brasil durante más de cuatro meses.

Para ver los reportes de Andrés Conteris, de Democracy Now!, desde la embajada puede visitar nuestra página web democracynow.org. También encontrará allí la entrevista completa al ex presidente Zelaya, cuya primera parte fue emitida ayer.

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Transcrito por Gloria Keeth, Juan M Navarro, Pablo Ramos y traducido por Democracy Now! en Español

domingo, abril 24, 2011

Periodistas y activistas son víctimas de la creciente represión en Honduras

Por Amy Goodman (Democracy now!, 13 de Abril/2011)

Escuche/Vea/Lea (en inglés)

Trabajadores, estudiantes y activistas hicieron una huelga general de un mes en Honduras contra la represión del gobierno del presidente Porfirio Lobo. Lobo llegó al poder después de las elecciones que se hicieron durante el régimen de Roberto Micheletti. En junio de 2009, Micheletti tomó el poder mediante un violento golpe de estado militar contra el presidente Manuel Zelaya, elegido democráticamente. Honduras es uno de los países más violentos del mundo; tiene una tasa de homicidios cuatro veces superior a la de México, según las estadísticas del país. Hablamos con Gerardo Torres, periodista independiente y destacado miembro del Frente Nacional de Resistencia Popular de Honduras.

AMY GOODMAN: Pasamos ahora a Honduras, donde el mes pasado trabajadores, estudiantes y activistas hicieron una huelga general para protestar contra la represión del gobierno del Presidente Porfirio Lobo. Lobo surgió de las elecciones convocadas por el régimen de Roberto Micheletti que llegó al poder mediante un golpe militar en junio de 2009, contra el Presidente Manuel Zelaya que había sido elegido democráticamente. Este fue el primer golpe militar en América Central en un cuarto de siglo.

Durante el gobierno de Lobo, las fuerzas de seguridad del Estado han reprimido brutalmente a miles de maestros que se manifestaron en contra de la privatización de la educación hondureña. En 2010, Honduras se convirtió en el país más peligroso del mundo para periodistas, siendo marzo el mes con mayor número de víctimas que se haya registrado.

Para analizar la situación, nos acompaña Gerardo Torres, periodista independiente, miembro del Frente Nacional de Resistencia Popular en Honduras.

Bienvenido. ¿Podría contarnos cuál es la situación en Honduras en este momento?

GERARDO TORRES: Gracias, Amy.

Desde el golpe de junio de 2009, el mes de marzo de este año fue el más violento hasta ahora; aún más violento que cuando Micheletti estaba al mando del golpe. El gobierno de Estados Unidos ha apoyado a Lobo y está tratando de decirle al mundo que Lobo es un presidente legítimo y que estamos en un proceso democrático y de reconciliación.

Pero se puede ver lo que está ocurriendo ahora en Honduras. Hay un promedio de 25 mujeres asesinadas por semana, en lo que va de este año. Hubo más de 40 asesinatos por homofobia de personas de la comunidad homosexual. Cuatro maestros fueron heridos de bala y dos de ellos murieron durante las manifestaciones. Tres estudiantes secundarios fueron encontrados hace tres semanas cerca de Tegucigalpa, el mismo día que Hilary Clinton felicitaba a Lobo por sus avances en derechos humanos y en la reconciliación del país.

En este momento, en las calles de Tegucigalpa y de las principales ciudades hondureñas, nos tiran bombas de gases lacrimógenos, balas de goma, detienen y matan a la gente. Pero al mismo tiempo, Santos desde Colombia o al Departamento de Estado de EE.UU. piden a América Latina que permita el reingreso de Honduras a la OEA en la Asamblea General de junio. Por lo tanto, por un lado, podemos ver cómo nos reprimen, pero por el otro, hay una gran cantidad de esfuerzos para dar cierta legitimidad a Lobo.

La otra cosa es que no hay libertad de expresión, ni libertad de reunión en Honduras. La violencia está aumentando porque el régimen sabe que tiene el apoyo de los medios de comunicación dominantes. A un año y tres meses de la asunción a la presidencia, Lobo no ha terminado ni un solo proyecto. Todo el presupuesto se gasta en armas y en controlar a los medios de comunicación. Y ahora Estados Unidos acaba de aprobar $200 millones de dólares para la guerra contra el narcotráfico y le van a dar ese dinero a los militares y a la policía de Honduras que—se sabe—son parte de las bandas que manejan las drogas. Entonces, es muy contradictorio y muy irónico cómo, en otras partes del mundo, Estados Unidos está supuestamente ayudando a los movimientos populares que se oponen a dictadores y regímenes militares, pero en Honduras, le sigue dando dinero a aquellos que están matando al pueblo hondureño. Esta es la segunda parte del golpe, la primera fue sacar a Zelaya y tratar de destruir la resistencia.

AMY GOODMAN: Manuel Zelaya—

GERARDO TORRES: Manuel Zelaya

AMY GOODMAN: que fue derrocado en junio de 2009.

GERARDO TORRES: Sí.

AMY GOODMAN: Después de eso, se formó una comisión por la verdad. Fue establecida por la Organización de Estados Americanos y se designó al ex presidente de Costa Rica y ganador del Premio Nobel de la Paz, Óscar Arias, como mediador entre el régimen golpista y el gobierno derrocado. ¿Qué ocurrió?

GERARDO TORRES: Bueno, es una comisión por la verdad creada por el régimen. Está patrocinada por Lobo y su gobierno. Entonces, no esperamos mucho de ella. Se creó otra comisión desde la plataforma de los organismos de derechos humanos. Se llama La Comisión de la Verdad y sus miembros han estado en toda Honduras tratando de reunir testimonios de personas que han sido víctimas de la represión y de la violencia. Y ellos van a presentar su informe final en octubre o noviembre de este año. Vamos a tener dos informes: uno en el cual Lobo ya dijo que nadie va a—

AMY GOODMAN: Nos quedan solo 10 segundos.

GERARDO TORRES: nadie va a ser enviado a la carcel. Y el otro informe que sí va a decir algunas cosas. Algo que quiero decir es que la nueva etapa del golpe consiste en que la segunda semana de mayo se va a hacer una conferencia llamada “Honduras Open for Business” –con nombre en inglés-. Van a venir a Honduras, a San Pedro Sula, Álvaro Uribe, el ex presidente de Colombia y Carlos Slim de México. Bill Clinton está invitado, pero todavía no confirmó su asistencia. La idea es poner a la venta lo que controlan con las fuerzas militares.

AMY GOODMAN: Gerardo Torres muchísimas gracias por estar con nosotros.

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Traducido por Alejandra Burgos y Grabrila Diaz Cortez.

martes, septiembre 15, 2009

El nudo gordiano de Honduras

Por Rubén Herrero de Castro, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (EL PERIÓDICO, 11/09/09):

Ha comenzado hace poco la campaña electoral en Honduras y el nudo que ata la vida social y política del país desde el pasado mes de junio se ajusta cada vez más. ¿Qué puede pasar en Honduras? Antes de abordar el futuro, hagamos un ejercicio de memoria.

Manuel Zelaya, del Partido Liberal (centro liberal-progresista), es presidente desde el 2006. Al principio de su mandato, aplicó un programa económico liberal que produjo muy buenos resultados. La CEPAL (Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina y el Caribe) situó a Honduras entre los primeros puestos de crecimiento económico de la región centroamericana.

En el plano económico, consiguió, además, la condonación de la deuda externa del Banco Interamericano de Desarrollo. Hasta la mitad de su mandato, seguía la letra del himno de su partido: «Adelante liberales, continuemos de frente sin parar».

Pero, entonces, se detuvo a escuchar los cantos de sirena que provenían de Hugo Chávez y Daniel Ortega. Para sorpresa de todos, declaró que la orientación de su Gobierno a partir de ese momento sería socialista. Y así, giró diplomáticamente hasta incorporar a Honduras en las estructuras bolivarianas de Petrocaribe (enero del 2008) y ALBA (agosto del 2008).

Para entendernos, es como si Zapatero, a mitad de la legislatura, se declarase neoconservador y comenzara a actuar como tal en todos los órdenes. En medio del desconcierto que causaba su actuación, Zelaya quiso celebrar un referendo para convocar una Asamblea Nacional Constituyente, que diera paso a una nueva Constitución que levantara la limitación de mandatos.

Ante tales intenciones, su partido le retiró el apoyo y el Congreso, la Fiscalía General, el Tribunal Supremo y la Corte Suprema de Justicia declararon ilegal la pretendida consulta. El enfrentamiento y la crisis estaban servidos.

El presidente Zelaya hizo oídos sordos y ordenó al jefe del Estado Mayor, el general Romeo Vásquez, la distribución de urnas y papeletas. Este último se negó a ello y Zelaya lo destituyó el 24 de junio. Los días siguientes fueron de locos. Primero, la Corte Suprema de Justicia de forma unánime y el Congreso por mayoría absoluta revocaron la decisión de Zelaya y restituyeron al general Vásquez en su cargo. Al mismo tiempo, el Congreso abría una investigación sobre la legalidad de los actos del presidente Zelaya. Sus actos fueron considerados ilegales e inconstitucionales y el 28 de junio, el día en que debía celebrarse el referendo, el presidente Zelaya fue arrestado y expatriado en Costa Rica por militares que seguían el mandato del Tribunal Supremo.

Zelaya fue sustituido por el presidente del Congreso y compañero suyo de partido, Roberto Micheletti.

La confusión reinante, las formas empleadas en la detención y la participación del Ejército contribuyeron a la percepción generalizada de golpe de Estado y generaron de forma inmediata el rechazo al Gobierno de facto que se establecía en Honduras.

El presidente de Costa Rica, Oscar Arias, presentó un plan para solventar la situación, que todos quieren utilizar en su beneficio y los involucrados hablan para sus seguidores, en vez de hablar entre ellos con el ánimo de encontrar un verdadero punto de encuentro. Los actos y palabras de Zelaya y Micheletti son de todo menos una llamada a la concordia.

Sin embargo, pese a todo, Zelaya ha perdido la batalla. Ha gestionado muy mal su imagen, siempre dejándose ver junto a Chávez y Ortega. Sus otros apoyos no son del todo sólidos y da la sensación de que actúan de cara a la galería. Además, desde el principio se enfrentaba a un rival casi invencible en relaciones internacionales, la política de reconocimiento de hechos consumados que, más pronto o más tarde, practican la mayoría de los actores internacionales. Esto es, cuando un Gobierno domina de forma efectiva población y territorio, los demás actores optan por continuar las dinámicas políticas y económicas con el nuevo actor. El mundo está lleno de gobiernos en el exilio a los que, legítimos o no, nadie hace ni caso. Así las cosas, pueden darse dos escenarios.

El primero sería la aplicación del plan de Óscar Arias, que implica inmunidad para ambos bandos, el retorno de Zelaya y la celebración de las elecciones previstas.

En el segundo escenario, Zelaya no retorna al poder, se celebran las elecciones de noviembre y el presidente y el Parlamento entrantes autorizan o deniegan la vuelta de Manuel Zelaya.

Dada la situación actual, es más probable el segundo, con la variante del regreso del expresidente, pactando la inmunidad de este y su reingreso en la vida política, a cambio de que reconozca al nuevo Gobierno. Este supuesto contaría también con el respaldo de la comunidad internacional, que hasta la fecha se ha caracterizado por una medida condena del Gobierno de facto de Micheletti.

Seamos claros, esta situación no puede ir más allá de las elecciones. Entonces, ya sin Micheletti, el nuevo Gobierno y el propio Zelaya deberán ceder en sus posiciones. Y lo harán para alegría de una sociedad internacional que no quiere complicarse la vida y menos por el presidente Zelaya y sus amistades peligrosas.

Todo apunta a que este nudo gordiano no necesita de un Alejandro Magno que lo corte, se deshará solo.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona