jueves, agosto 07, 2008

Los Juegos Olímpicos de Pekín

Por Eugenio Bregolat, ex embajador en Rusia y en China (LA VANGUARDIA, 06/08/08):

El 8/ 8/ 8, a las 8 y 8 de la tarde. Encajando en su concepción del orden cósmico el momento inaugural de los Juegos de Pekín, China dice: “Ya estoy aquí”. Los Juegos son una metáfora de la modernización de China, de su despertar después de un largo sueño, de su reemergencia como la gran potencia que ha sido más siglos que nadie.

La cosmología china desde antes de nuestra era establecía estrechas correlaciones entre el cielo, la naturaleza y el hombre, y tenía el hábito de numerarlas. Así, un texto de 139 a. C. reza: “el Cielo tiene 4 estaciones, 5 fases, 9 partes y 366 días; el hombre tiene 4 miembros, 5 vísceras, 9 orificios y 366 articulaciones”. El libro de los cambios (Yi Ching), uno de los grandes clásicos de la cultura china, establece 64 hexagramas: series de 6 líneas paralelas, continuas o discontinuas; cada una de ellos tenía características propias, usadas en adivinación. 64 es 8 x 8. El 8 es un número afortunado, propiciatorio, para los chinos. Uno de los rascacielos más altos y hermosos del mundo, en Pudong, Shanghai, el Jin Mao, tiene 88 pisos. Su cosmología nos recuerda que China es el más viejo de los países del mundo y que cuenta con una civilización de enorme originalidad y sofisticación. Tras muchos siglos siendo el país más rico, avanzado tecnológicamente, refinado y culto, China entró en decadencia en el siglo XVI, víctima de un cansancio histórico aún difícil de explicar. Europa, que tras el esplendor de Grecia y Roma vivió una larga edad oscura, despertaba justo entonces con el Renacimiento. China perdió después el tren de la revolución industrial, lo que la dejó a merced de los países más avanzados, que a partir de 1840 (primera guerra del Opio), la sometieron a un siglo largo de humillación y explotación. Desde entonces la historia de China ha consistido en una serie de intentos para alcanzar la modernidad. Fracasados el de la última dinastía imperial, el de la República burguesa de Sun Yatsen y el de la utopía igualitaria de Mao Tse Tung, por fin Deng Xiaoping, uno de los principales líderes de la milenaria historia china, dio con la fórmula para la modernización: la “política de reforma económica y apertura al exterior”, lanzada en diciembre de 1978. En estos 30 años China ha protagonizado el proceso de desarrollo económico más espectacular, por su dimensión y su velocidad, de la historia universal. Para el Banco Mundial, “China ha hecho en una generación lo que a la mayoría de los países les ha costado siglos”. Otros dicen que en estas tres décadas China ha comprimido el Renacimiento, la Ilustración, la revolución industrial y la revolución de la información.

Es obvio que China tiene muchos y grandes problemas, pero ha acreditado también una importante capacidad de superarlos. A mediados de siglo, si las cosas no se tuercen, China se sentará junto a Estados Unidos en la mesa de las grandes potencias. Europa, por cierto, que ahora da señales de fatiga histórica, sólo podrá sentarse a esta mesa si es capaz de superar sus dudas existenciales y hablar con una sola voz en política exterior y de defensa. De lo contrario, incluso las tres mayores potencias europeas, por separado, no serán más que jugadores de segunda división.

El proceso de integración pacífica y no traumática de la emergente gran potencia en el orden internacional, que la propia China preconiza, es uno de los grandes retos geoestratégicos del siglo que comienza. Hasta ahora sus principales hitos han sido el lanzamiento de la reforma económica (1978), y el ingreso en la OMC (2001). Los Juegos de Pekín y la Expo de Shanghai, en el 2010, son los siguientes.

El proceso de desarrollo económico de China comporta cambios dramáticos de orden social, psicológico e, inevitablemente, político. Nuevas clases sociales, cientos de miles de estudiantes en el extranjero, cientos de millones de teléfonos móviles y de internautas, decenas de millones de turistas que van y vienen. China es hoy un país mucho más rico, educado, culto, abierto y plural que en 1978. El sistema político tendrá que acabar adaptándose al cambio social y mental, y los dirigentes chinos, que lo saben muy bien, están estudiando el cómo y el cuándo. Que los JJ. OO. de Pekín incidirán en este proceso, ya incoado, actuando de acelerador y catalizador del cambio, es indudable. Aún descartando todo mimetismo, recuérdese el impacto de los JJ. OO. de Seúl sobre la democratización de Corea del Sur.

Un barcelonés ocupará un lugar de privilegio en Pekín el 8/ 8/ 8: “Samaranchi”, el español más conocido y querido en China, que nunca olvidará que él tuvo un papel decisivo en la concesión de los Juegos a Pekín y la anunció al mundo.

"¡Puedo oír esa imagen!"

ELPAÍS.com - Madrid - 07/08/2008

Se trata de una nueva forma de sinestesia, que es una afección que mezcla los sentidos de la persona, de manera que los afectados son capaces de percibir colores en los números y las letras. Los científicos sostienen que la sinestesia auditiva podría ser una característica muy difundida y se trataría sencillamente de un modo de procesar mejor la información visual, según los directores de la investigación, los profesores del Instituto de Tecnología de California Melissa Saenz, especialista en Computación y sistemas neuronales, y Christof Koch, profesor de Biología cognitiva y del comportamiento.

La doctora descubrió el fenómeno mientras mostraba a unos alumnos un experimento en su laboratorio, según explica la investigadora en la revista Current biology. En un momento dado, uno de ellos afirmó que podía oír un patrón de puntos móviles que se mostraba en la pantalla de un ordenador. La doctora le hizo varias preguntas y se dio cuenta de que su caso reunía las características de la sinestesia: al chico le había sucedido toda su vida y le pasaba con todo tipo de imágenes en movimiento.

"Como parte del experimento, la pantalla de mi ordenador mostraba un conjunto móvil con unos puntos que se extendían rápidamente, algo así como la escena inicial de La guerra de las galaxias", explica Saenz. "De repente, uno de los alumnos preguntó: ¿Alguien más oye algo cuando miras eso? Hablé con él y me di cuenta de que su experiencia reunía todas las características de la sinestesia: una activación automática y cruzada de los sentidos", añade.

Saenz conocía que la sinestesia auditiva nunca se había documentado. Así que sometió a la prueba a un centenar más de voluntarios y localizó otros tres casos. "Teniendo ese caso específico, fue más fácil encontrar a más gente. Esa película resulta ser bastante ruidosa para los sinestésicos", añade. "Habríamos tenido menos éxito si sólo hubiéramos preguntado: ¿Oyes sonidos cuando ves objetos que se mueven o parpadean? Porque en una ambiente normal, las cosas que se mueven suelen hacer ruido". Esa podría ser la razón por la que los neurobiólogos no habían detectado la sinestesia auditiva.

Gente con una 'banda sonora' más rica

"La gente con sinestesia auditiva es menos propensa que otros sinestésicos a darse cuenta de que su experiencia es anormal. Es gente que tiene una vida con una banda sonora más rica, y no tanto personas que viven una experiencia radicalmente diferente", observa Saenz. Así, los afectados citaron ejemplos visuales cotidianos que generaban sonidos que ellos sabían que sólo podían estar en sus cabezas, como ver la televisión con el sonido apagado.

Saenz y Koch advirtieron que los cuatro sinestésicos obtuvieron mejores resultados que un grupo de no afectados en una prueba sencilla con pautas rítmicas de flashes similares a un código morse visual. Habitualmente, estas pautas son más fáciles de identificar con sonidos (bips) que con imágenes (flashes), así que los investigadores predijeron que los sinestésicos tendrían ventaja con las pautas visuales porque en realidad oyen un sonido cada vez que ven un flash.

Acertar series de bips y flashes

En la prueba, los voluntarios veían una serie de flashes y tenían que adivinar si una segunda secuencia, activada después, representaba la misma pauta temporal o no. Luego se hizo una prueba similar con series de bips. Tanto los sinestésicos como el grupo de no afectados obtuvieron similares buenos resultados en la prueba de los bips. Sin embargo, con las pruebas de los flashes, los sinestésicos fueron mucho más precisos: respondieron correctamente durante más del 75% del tiempo, en contraste con un 50% del grupo de referencia. "Los sinestésicos tenían ventaja porque no sólo veían sino que también oían las pautas visuales", sostiene Saenz.

Los científicos consideran que alrededor de un 1% de la población podría experimentar sinestesia auditiva. De hecho, piensan que el cerebro podría trasmitir con normalidad información sensorial visual al córtex auditivo, para crear una predicción del sonido asociado. "Esta transmisión podría resultar en una percepción sensorial auténtica en los sinestésicos, quizá debido a una conexiones neuronales más fuertes de lo normal", sostiene Saenz.

"Podríamos llegar a descubrir que los centros de procesamiento del movimiento del córtex visual están más interconectados con las regiones auditivas del cerebro de lo que pensábamos, incluso en un cerebro normal", señala Saenz. "Hasta ahora se sabe muy poco sobre cómo trabajan juntos los sistemas cerebrales que procesan la audición y la visión. Entender esta interacción es importante porque en la experiencia normal, nuestros sentidos trabajan juntos en todo momento".

Lecciones de justicia internacional

Por Rogelio Alonso, profesor de Ciencia Política, Universidad Rey Juan Carlos (ABC, 06/08/08):

LA detención de Radovan Karadzic ha sido ampliamente respaldada desde medios periodísticos y políticos. Pocas han sido las críticas hacia una decisión entendida como necesaria para hacer justicia y poder enfrentarse al pasado. El amplio consenso suscitado surge al aceptarse que la aplicación de la Justicia resulta imprescindible a pesar del tiempo transcurrido desde la comisión de los crímenes imputados. Este proceder confirma que no debe tolerarse la impunidad en escenarios donde se han perpetrado salvajes violaciones de derechos humanos. Además la forma en la que desde distintos ámbitos se ha destacado el procesamiento de Karadzic sugiere que éste también pretende ser ejemplarizante para otros contextos.

Sin embargo, en un entorno más cercano el asesinato de seres humanos ha sido interpretado de manera radicalmente distinta. En un país como España que durante décadas ha sufrido un terrorismo etarra responsable de cientos de víctimas mortales se escuchan con frecuencia apelaciones al pragmatismo para justificar la impunidad hacia los responsables de crímenes terroristas. Así ocurrió durante la negociación entre el gobierno y ETA, periodo en el que la impunidad se presentó como una suerte de mal necesario e inevitable que supuestamente habría de contribuir al final del terrorismo.

Mediante una intensa acción propagandística se intentó construir un proceso eufemísticamente denominado de «paz» sustentado en la impunidad hacia los perpetradores de la violencia terrorista y en el olvido de las graves transgresiones cometidas en el pasado. Reveladoras resultaban en este sentido las palabras de un formador de opinión como Juan Luis Cebrián: «El problema entre memoria, reconciliación y reparación lo viviremos siempre, también si hay un proceso de paz con ETA. Un proceso que la derecha ya está mistificando, que no implicaría concesiones políticas y que conduciría a un acuerdo sobre los presos, que han cometido terribles asesinatos. Esto contradice el espíritu de reparación y justicia, pero la cuestión es si la paz y la convivencia futura merecen la renuncia al pasado» (El País, 21/7/2005).

Al margen de que los acontecimientos posteriores demostraran la existencia de evidentes «concesiones políticas», altamente cuestionable resultaba también la necesidad de anteponer una indefinida «paz» a la ineludible necesidad de «reparación y justicia» propia de una sociedad democrática. Así se desprendía del testimonio de Mikel Buesa al reclamar del Gobierno «un comportamiento democrático que haga de la protección de los más débiles y de la igualdad ante la ley su guía»: «Cualquier gobierno debería atender en este asunto a la razón moral de las víctimas en su reclamación de justicia. Es a esa razón a la que, tres meses antes de su asesinato, cuando también se especulaba con una posible negociación, apeló mi hermano Fernando Buesa al declarar que «quien ha cometido un delito no tiene bula por el hecho de que se diga que ese delito tiene motivaciones políticas; porque pensar que la Justicia debe regirse por criterios políticos es negar la propia Justicia»».

Esa misma necesidad de impedir que flagrantes violaciones de derechos humanos queden indemnes es la que motiva el enjuiciamiento de Karadzic. Idéntica exigencia es la que se aprecia en otros entornos que desde nuestro país fueron manipulados durante el denominado «proceso de paz» con objeto de avalar actitudes contrarias a las aspiraciones de justicia de las víctimas del terrorismo. Frente a quienes propugnaban impunidad para ETA defendiendo la coacción que definía la «paz» como únicamente posible a cambio de dicha injusticia con las víctimas del terrorismo, se escuchaban voces que reclamaban un respeto a la legalidad como la que ahora aplica el Tribunal Penal Internacional. «¿Qué impide que el crimen se repita si al final todo proscribe, todo se sana, todo se olvida?», se preguntaba el filósofo Reyes Mate al intentar centrar el debate sobre las víctimas del terrorismo en el lugar del que otros lo apartaron, pues, «no es de sentimientos de lo que hay hablar, sino de hacer justicia».

Las palabras de Luis Pérez Aguirre, director del Servicio de Paz y Justicia de Uruguay, ofrecen argumentos a favor de tales reivindicaciones. En referencia a las políticas con las que se intentó apaciguar a los perpetradores de la violencia en su país años atrás, señaló: «Se ha dicho que hurgar en estos acontecimientos del pasado es abrir nuevamente las heridas del pasado. Nosotros nos preguntamos, por quién y cuándo se cerraron esas heridas. Ellas están abiertas y la única manera de cerrarlas será logrando una verdadera reconciliación nacional que se asiente sobre la verdad y la justicia respecto de lo sucedido. La justicia tiene esas mínimas y básicas condiciones».

En contra de los coherentes principios que se desprenden de esa insobornable reivindicación de justicia, la negociación con ETA alimentó dinámicas muy diferentes. En lugar de disuadir al terrorista mediante la firme aplicación de la Justicia, se propuso eximirle de la misma y del cumplimiento de la legalidad, afianzando así la lógica creencia en la utilidad de la violencia. No sólo se beneficiaron de dicha tolerancia etarras como Otegi o de Juana. Además otro destacado dirigente terrorista como Gerry Adams fue agasajado en nuestro país por políticos y periodistas, entre ellos el que se brindó a presentar la edición española de sus memorias. A menudo se critica la hipocresía de quienes ignoran el sufrimiento que la violencia causa en entornos lejanos. En cambio, pocas veces se denuncia la doble moral de quienes se identifican como firmes defensores de los derechos humanos al condenar ciertas atrocidades mientras aceptan para determinados violadores de esos mismos derechos humanos una impunidad indeseada para otros.

Es pues contradictorio propugnar una desigual aplicación de la justicia internacional y nacional en función de la nacionalidad del criminal o del contexto en el que se producen dichas violaciones. Si el enjuiciamiento de Karadzic demuestra la necesidad de reparación impidiendo el escarnio del dolor de las víctimas, similar receta debe aplicarse al terrorismo de ETA en una sociedad plenamente democrática como la española. Diversos son los ejemplos en el ámbito internacional que demuestran la eficacia de tales exigencias.

En marzo de 2005 el primer ministro de Kosovo dimitió de su cargo después de que el Tribunal para la ex Yugoslavia le acusara de crímenes de guerra. En esas mismas fechas el presidente de la Unión de Serbia y Montenegro enfatizaba que su «entrada en el futuro a través de la puerta de Europa» exigía el obligado pago de las «deudas con el pasado» contraídas por quienes violaron masivamente los derechos humanos en dicha región, lo cual requería el cumplimiento de sus responsabilidades con el Tribunal Penal Internacional. Esta alta institución consiguió que diversos generales se presentaran ante la misma, rendición motivada en gran medida por los deseos de Serbia de congraciarse con la Unión Europea ante su futura solicitud de ingreso en la comunidad. Asimismo el presidente croata vio cómo la Unión Europea bloqueó el inicio de las negociaciones de adhesión hasta la entrega del general Ante Gotovina, también acusado de crímenes de guerra y contra la humanidad.

Se aprecia por tanto, como condición necesaria para el avance de dichas sociedades, un rotundo afán por evitar la impunidad. Se deduce pues que el revisionismo histórico favorece la legitimación y justificación de la violencia cometida en el pasado haciendo peligrar la normalización de áreas que han sido testigo de conflictos violentos. Esa fórmula no contribuye a «cicatrizar heridas», sino más bien a mantenerlas abiertas. Es ésta una conclusión de mayor aplicación, si cabe, a un País Vasco en el que la organización terrorista ETA viola exclusiva y sistemáticamente los derechos humanos. Por ello la justicia internacional ofrece lecciones a quienes todavía aspiran a una falsa «reconciliación» que injustamente renuncie a diferenciar entre quienes deberían resultar «vencedores» -las víctimas de ETA- y «vencidos» -los terroristas-.

Pekín 2008 y la derrota de la libertad

Por Borja Vivanco Díaz, Doctor en Economía y licenciado en Socilogía (EL CORREO DIGITAL, 06/08/08):

En las Olimpiadas de Moscú celebradas en 1980, Estados Unidos y algunos de sus aliados -como Alemania Federal, Canadá o Japón- decidieron no acudir a la cita deportiva, como protesta por la invasión soviética de Afganistán. Otros países de la órbita occidental, como España, se inclinaron por asistir casi en el último momento, pero en vez de desfilar en la ceremonia de apertura con su enseña nacional, optaron por hacerlo tras una bandera olímpica. En las Olimpiadas de Los Ángeles de 1984, el boicot se repitió pero a la inversa: La Unión Soviética y casi todos los países comunistas no participaron en los Juegos Olímpicos.

Ni mucho menos fueron las únicas, pero ambas olimpiadas llegaron a reflejar con mayor nitidez la tensión política internacional. Con la relajación de las relaciones transnacionales y el final de la Guerra Fría, los eventos olímpicos que han tenido lugar con posterioridad a Los Ángeles 1984 se han ido desarrollando con normalidad o sin dificultades, de naturaleza política, dignas de mención. Tampoco parece que Pekín 2008 vaya a ser, en este caso, una excepción. Ahora bien, no sé hasta qué punto deberíamos congratularnos por ello.

Ocurre que en China viven en torno a 1.500 millones de personas, a quienes su Gobierno continúa sin estar dispuesto a conceder libertad de expresión, política, religiosa o cultural. La liberalización económica y de mercado producida en los últimos 15 años apenas está siendo acompañada de más garantías en libertades individuales. Y como hace unos días nos volvía a recordar Amnistía Internacional, China ha incumplido estrepitosamente el compromiso que adquirió de trabajar a favor de los derechos humanos cuando en 2001 le fue adjudicada la organización de los Juegos de 2008. Mención aparte merece el drama ininterrumpido que está sufriendo el pueblo tibetano desde que fue invadido hace casi seis décadas por el ejército comunista chino.

Hace casi veinte años, en la primavera de 1989, las manifestaciones opositoras de Pekín parecían augurar que el régimen comunista iba a correr la misma suerte que sus homólogos de la Unión Soviética o de los países de Europa del Este. Pero los inesperados y trágicos hechos de la plaza de Tiananmen, en los que fallecieron 700 estudiantes universitarios fruto de la represión del ejército, cortaron de raíz cualquier movimiento opositor. De todos modos no deja de sorprender que un país de las dimensiones de China, que lleva avanzando más de una década sin parar hacia un sistema económico capitalista, siga bajo el control de una burocracia y una elite que continúan legitimándose desde una ideología de origen marxista.

Con todo, es justo reconocer el ingenio de los líderes comunistas, por ser maestros en componer y argumentar principios políticos singulares. Recuerden aquello de ‘un país, dos sistemas’, expuesto por Deng Xiaoping, que explicaba que Hong Kong y Macao pasaban a soberanía china pero que los derechos y las libertades que sus ciudadanos gozaban, en tiempos de los mandatos británico y portugués, respectivamente, se mantendrían intactos.

Estados Unidos y la Unión Europea, en un primer momento, reaccionaron horrorizados ante los sucesos de la plaza de Tiananmen e impusieron sanciones al Gobierno comunista. No era para menos. Pero China es también un país influyente en la escena internacional, además de ser miembro con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Y por encima de todo, la apertura del mercado chino acontecida a inicios de la década de los 90 ha sido contemplada como muy golosa por las multinacionales de los países desarrollados. El mercado chino ocupará un espacio cada vez más relevante, en la cartera de clientes o en las fuentes de aprovisionamiento de las economías occidentales.

Las empresas españolas parece que serán de las más beneficiadas, si creemos lo que el presidente chino Hu Jintao transmitió en otoño de 2005 en nuestro país. Conozco a empresarios y directivos vascos que están siendo recibidos con los brazos abiertos por las autoridades chinas, a la espera de sus inversiones o de la firma de contratos millonarios que permitan al gigante asiático seguir aumentando la exportación de manufacturas. Pero sé también de misioneros vascos que, cuando aterrizan en el país, han de ocultar su condición de sacerdotes católicos, pues pueden comprometer a los ciudadanos chinos con los que entablen contacto.

China está experimentando, en años recientes, tasas de crecimiento anual del PIB que rondan el 10%, gracias sobre todo al despegue económico de las zonas costeras. No es un crecimiento aislado. En cierta medida, China y otros países asiáticos como Vietnam o la misma India están replicando el desarrollismo que decenios atrás se produjo o todavía tiene lugar en otras regiones de Asia Oriental, en los conocidos como ‘Cuatro Dragones’: Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y Taiwán. Es probable, en suma, que este modelo de crecimiento económico pueda extenderse al conjunto de los países en vías de desarrollo, desde Pakistán a Indonesia.

A principios del siglo pasado, el continente sudamericano era la región, de las economías menos desarrolladas de aquel tiempo, que mejores expectativas presentaba. Pero a inicios del siglo XXI Asia Oriental es la que encabeza, sin lugar a dudas, las previsiones de crecimiento de las economías en desarrollo. América Latina, Oriente Medio y África deberían reflexionar, en definitiva, sobre de qué manera es apropiado para ellos este modelo de desarrollo y cómo podrían importarlo.

Ahora bien, las economías de los países ricos son conscientes de que China puede convertirse en un competidor de primera categoría y capaz, además, de generar indirectamente costes sociales nada desdeñables en forma de destrucción de empleo; como en los últimos años se está ya empezando a constatar en España, en industrias como la textil o el metal. La mayor inquietud de los países desarrollados, por los procesos de deslocalización industrial, se debe primordialmente a las ventajas comparativas que economías como la china ofrecen hoy en día, al hacer uso de mano de obra mucho más barata.

Existen múltiples posibilidades para que, los propios deportistas y el resto de quienes conforman las delegaciones olímpicas manifiesten en los Juegos su disconformidad o protesta por la represión del Gobierno comunista. La historia de los Juegos Olímpicos está nutrida de ejemplos, en este sentido, de los cuales tomar nota. Pueden efectuarse muy diversos tipos de boicots que de ningún modo adulterarán la naturaleza deportiva de las ceremonias y las competiciones. Y es que recordemos que la Carta Olímpica declara que el «objetivo del Olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana.

Las Olimpiadas de Berlín, celebradas en 1936, se transformaron en un instrumento de propaganda feroz del Gobierno nazi, gracias a la habilidad del ministro Joseph Goebbels o de la cineasta Leni Riefenstahl. Polonia, Francia o Gran Bretaña, que terminaron combatiendo contra Alemania en 1939 tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, participaron también -y con entusiasmo- en aquellos Juegos Olímpicos. Por consiguiente, la ausencia de boicots, no lo olvidemos, dará legitimidad, de cara al futuro, a la política dictatorial del Gobierno chino. De los políticos y los deportistas que acudan a Pekín depende que esto no ocurra.

Karadzic en La Haya

Por Boban Minic (EL PERIÓDICO, 06/08/08):

Todo lo contrario de Belgrado, donde la confrontación entre la policía y unos 10.000 manifestantes –partidarios del exlíder serbo-bosnio, Radovan Karadzic, y contrarios a su entrega a la justicia internacional– ha provocado decenas de heridos, Sarajevo vivió la noticia de la extradición de su verdugo al Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPY) con calma y normalidad. Eso sí, todo el mundo leía los periódicos en las cafeterías, puestos de trabajo, tranvías… Las calles se quedaron medio vacías en la hora de la primera comparecencia delante del tribunal, que trasmitían todas las cadenas en directo.

Los ciudadanos de la capital castigada y asediada durante 43 meses y ya acostumbrada a los engaños y los juegos (sucios) de la política, quisieron asegurarse en directo de que ya no habrá desagradables y decepcionantes sorpresas. Por eso había satisfacción, pero sin euforia.

NO SE PUEDE decir lo mismo de la prensa y los medios en general. Los periódicos arden: Karadzic, el degollador de Sarajevo, criminal más buscado, enemigo más sangriento, carnicero de Bosnia –para mencionar solo algunos de los titulares– ya está en La Haya. Un artículo descubre una curiosidad: el embajador de Bosnia-Herzegovina en Holanda, Fuad Sabeta (musulmán), ha recibido al acusado en el aeropuerto de La Haya. Oficialmente, Karadzic es todavía ciudadano de Bosnia, aunque hizo todo lo que pudo para la desaparición del país. Incluso lo continúa haciendo como prisionero. Lo dice el ministro de Exteriores del Gobierno de Brown y exalto representante en Bosnia, lord Paddy Aschdown: con el arresto de Karadzic Bosnia-Herzegovina se encuentra más cerca que nunca de su desaparición.

Lo peor es que este diplomático, con una pésima labor como gobernador de Bosnia en el pasado reciente, puede que tenga razón. Lo mismo anuncia, aunque con otros motivos, las Madres de Srebrenica cuando dicen: “¡La masacre en Srebrenica la cometieron 19.000 personas! ¡Ellos no son individualidades! Es el crimen del sistema, es el crimen de la República de los Serbios de Bosnia!”

Como nadie, las mujeres de Srebrenica han detectado el campo de las futuras y peligrosas batallas. Los políticos bosnios destacan que el juicio contra Karadzic y la supuesta condena al mismo tiempo condenará y deslegitimará su principal obra, la Republica Serbia de Bosnia, porque afirmará que esta criatura está hecha con ayuda de los crímenes imputados a su máximo creador.

Claro, los serbobosnios rechazan con indignación este guión e intentan demostrar que su entidad es el fruto del deseo del todo el pueblo y que existiría con o sin Karadzic. Por el momento, el tratado de Dayton les da la razón o, por lo menos, el derecho. Parece una confrontación dialéctica pero, en el terreno, la situación tiene mala pinta. El fantasma, o mejor, el zombi de la guerra ha sacado la mano de la tumba.

EL EMBAJADOR de los EEUU para los crímenes de guerra, Clint Williamson dice que el arresto y extradición de Karadzic es un importante logro para la justicia internacional y que ahora la comunidad, con toda la firmeza, presionará a Serbia para que entregue a los que quedan, especialmente al general Mladic. El exprimer ministro sueco y también exalto representante en Bosnia, Carl Bildt, dice a la BBC que Mladic “es una nuez más dura que Karadzic”, pero que espera que las autoridades serbias no puedan dar marcha atrás y que el general muerte acabará en La Haya antes del final del año, cuando el Tribunal debería acabar su labor y disolverse. Por su parte, el embajador Williamson anuncia la posibilidad de aplazar la disolución del Tribunal hasta que la lista de los juzgados se complete.

Este sería un golpe inesperado para dos acusados que intentan esconderse hasta fin del año para pasar a la jurisdicción de los tribunales de Serbia. Todos están de acuerdo en que el arresto de Mladic provocaría disturbios más serios en Bosnia y Serbia. Los detalles de la vida privada (en ningún caso épica) de Karadzic, su trabajo como curandero, su amante, su supuesta bisexualidad y su pasado de delincuente han enfriado el amor de algunos hacia su ídolo.

La opinión y las emociones de los nacionalistas se giran hacia el general y su conducta rígida y firme que ya le han dado la aureola del mártir. En todo caso, Bosnia y el mundo entero necesitan un juicio contra ambos para destruir los mitos, llamar los crímenes por su nombre y así pasar la pagina.

¿CON EL JUICIO acabará, de una vez por todas, la trágica etapa de la historia de los Balcanes? ¿O será al revés? Una revista de Sarajevo titula en portada: Juicio a la Gran Serbia. Por eso, en lugar de la conclusión, pondré un simple: Continuará.

P.D. Un amigo mío ha dado respuesta a la sorpresa del mundo por la falta del entusiasmo y alegría en Bosnia por el arresto de Karadzic: “¿Qué quieren de nosotros? ¿Deberíamos de alegrarnos porque Serbia entrará en la UE antes que la jodida, por ellos, Bosnia? Que se pudran en la cárcel, yo no veo lugar para la alegría”.

It’s Too Hot for Dog on the Menu

By Fuchsia Dunlop, the author of Shark’s Fin and Sichuan Pepper: A Sweet-Sour Memoir of Eating in China (THE NEW YORK TIMES, 04/08/08):

Those who hope to taste dog meat when they visit Beijing for this summer’s Olympics may be disappointed. The Beijing Catering Trade Association has ordered all 112 designated Olympic restaurants to take dog off the menu, and has strongly advised other establishments to stop serving it until September. Waiters have been urged to “patiently” suggest alternative dishes to customers who ask for dog. It’s all part of a wider campaign to avoid offending foreigners during the Games. (Beijingers have also been told to line up nicely, to stop spitting and even to avoid asking tourists questions about their ages, salaries and love lives.)

The order is not likely to bother many residents. Though dogs have been raised for food in China for thousands of years, you have to hunt around to find the meat on modern menus. Certain regions, like Hunan and Guizhou Provinces, are known for their canine predilections — but even in these places, dog is a relative rarity. And in Beijing itself, you hardly find it except in a few Korean and regional Chinese restaurants.

Dog eating, in any case, tends to be a seasonal pursuit. According to Chinese folk dietetics, which classify every food according to its heating and cooling properties, dog is one of the “hottest” meats around, best eaten in midwinter, when you need warmth and vital energy, not in sultry August.

That eating dog is seen as an issue says more about Western preoccupations than Chinese habits. Since time immemorial, Westerners have had a morbid fascination with the weird fringes of the Chinese diet. Marco Polo noted with distaste that the Chinese liked eating snake and dog; modern Western journalists just love to get their teeth into a juicy story about some revolting delicacy like the assorted animal penises served at the Guolizhuang restaurant in Beijing. And for gung-ho foreign tourists, a skewerful of deep-fried scorpions in the night market in central Beijing has become a rite of passage.

In case you’re wondering, there is nothing alarming about the taste of dog: smothered in chilies and aromatic spices in a Hunanese winter stew, it might remind you of lamb. For a Westerner, eating it can feel a little strange, but is it morally different from eating, say, pork? The dogs brought to table in China are not people’s pets, but are raised as food, like pigs. And pigs, of course, are also intelligent and friendly.

So what has induced the Chinese government to ban the serving of dog meat during the Olympics? One might observe that when it comes to important issues like human rights in Tibet, Chinese leaders don’t seem to care what the rest of the world thinks, yet when it comes to dietary niceties, they kowtow to the most irrational foreign prejudice.

It’s partly because the “issue” of dog-eating seems to be a magnet for animal rights activists. Many Westerners are genuinely shocked and offended at the idea of eating an animal they consider to be “man’s best friend.” Other morally questionable food practices — such as eating shark’s fin and cutting up live turtles — don’t appear to bother them so much. And after the Tibet riots and the Olympic torch debacle earlier this year, Beijing is keen to minimize the chance of more public relations disasters. South Korea likewise banned dog from menus during the 1988 Seoul Olympics in the hope of avoiding bad publicity.

Opinions about dog-eating are changing in China, too, as more people come to see dogs as adorable pets. A message board on sohu.com, one of the most popular Chinese-language Internet news sites, was peppered with posts supporting the ban. “The barbaric custom of eating dog should be illegal,” said one writer. Another wrote, “Thanks to the Olympics for bringing an advance in social civilization.”

Perhaps the key reason for the ban is a pervasive Chinese embarrassment about behavior that Westerners might consider “backward” (luo hou), like spitting, shoving your way onto a crowded bus — or eating dog. Despite their country’s meteoric rise as an international player, many Chinese, still smarting from the historical humiliation of the 19th-century opium wars against Britain, are acutely sensitive to foreign criticism. They share their government’s desire to present a clean, modern image to the world.

The irony is that many of the things the Chinese increasingly see as “backward” are those most attractive to foreigners: street traders, wet markets selling fresh produce, narrow hutong alleyways and higgledy-piggledly houses. Why go to Beijing if all you see is skyscrapers and Starbucks? Westerners commenting on the dog ban on the Web have been divided between approving dog-lovers and people outraged at Beijing’s failure to stick up for Chinese culture and tradition. In the end, those most likely to lament the ban are tourists hoping to shock their friends back home with wild tales of eating doggy hotpot.

What Bush Should Ask for in Beijing

By Sasha Gong, a scholar, writer and journalist. Her Chinese-language blog can be viewed at http://gongxiaoxia.blog.tianya.cn (THE WASHINGTON POST, 04/08/08):

I was one of five “Chinese freedom activists” — as the White House press release called us — who met with President Bush last week as he prepared to depart for the Olympics in Beijing. I did not tell him not to go. I did not tell him to poke the Chinese government in the eye by meeting with dissidents. What I did tell him was that he ought to use this opportunity to push for an agreement with the Chinese on the free exchange of information.

I was a political dissident in China for many years and suffered the consequences, including a year in jail. But after living in America for more than two decades, I have made it my mission to educate the Chinese public about my adopted country, its people, its values, and its political and social institutions. I do this through my writing, some of which is published in China. I also do it through my Chinese-language blog, which has had 1.3 million hits since I started it last year.

In that spirit, I gave the president a suggestion: How about proposing a free information exchange agreement with China? The Chinese government is already educating the American public about China, without much reciprocity. Why shouldn’t our own government-sponsored programs be able to tell the Chinese audience about the United States without censorship? Fair is fair.

In fact, the Chinese have been operating freely in the United States for some time. Want to watch China’s Central TV station in Chinese or English? Just subscribe to cable TV. Not enough for you? Dozens of Chinese channels are available by satellite. Want to read a Chinese newspaper? Buy a subscription. Chinese Web sites are free and are always available. China has developed plenty of ways, backed by massive government funding, to explain itself to U.S. citizens.

Unfortunately, there is no reciprocity. Broadcasting into China by the Voice of America is often jammed, and its Web site is frequently blocked. And the impact of other U.S. government-sponsored programs is negligible.

The lack of good information has created an image problem for the United States with the Chinese people. State-sanctioned media provide them with a steady stream of negative information. A decline in belief in socialism and a rise in materialism have led to a crisis of values in China, and the government’s solution has been to stoke the coals of ultranationalism and xenophobia. Those too young to have experienced the horror of the Mao years are especially susceptible. Earlier this year, the world had a glimpse of the depth of their resentment when young people across China launched large demonstrations against the West because of its sympathy for Tibetan monks and Chinese dissidents.

If extreme xenophobic sentiments from a group of Chinese youths don’t look like a clear and present danger to America, think of what similar sentiments motivated a group of young Arab men to do on Sept. 11, 2001.

After World War II, the United States developed a forward-looking plan to promote understanding of its values around the world and to protect its national security. Programs of the U.S. Information Agency influenced millions of minds. In 1971, when I was 15, I first heard the Voice of America on a crystal radio set made by my brother. At that time, listening to “enemy radio” was an offense punishable by imprisonment, but I did it anyway. If anyone wonders why people in nations once behind the Iron Curtain remain largely pro-American, I can testify that VOA was a major factor.

Today’s “crystal sets” — Internet, cable, cellphones — are far more powerful and create the illusion of a free flow of information. Chinese citizens surf millions of Web sites, and millions of Chinese “netizens” write blogs every day. Yet, the mechanisms of government censorship have advanced with equal sophistication. I learned this firsthand when an article I posted on my blog about stem-cell research was blocked in China. The problem, I learned, was a comment made by someone I interviewed about the Republicans in this country acting like a “one-party dictatorship” — words that ran afoul of China’s automatic censors. Apparently, you don’t even have to criticize the Chinese government to be blocked; criticizing the GOP will do just as well if you use certain words to do it.

When I told the president that my writings about America have attracted millions of Chinese readers, he responded, “If you have millions of readers, what are you complaining for?”

“I am complaining that I am a one-man band,” I replied.

The Chinese government is not about to throw open its media market, even though it agreed to do so as a condition of membership in the World Trade Organization. But incremental progress can be made. President Bush can use the opportunity presented by the Olympics to push for a foothold for our programs in China. And I told him so.

Negotiating with Iran is maddening, but bombing would be a catastrophe

By Max Hastings (THE GUARDIAN, 04/08/08):

The favoured season for launching wars used to come when the harvest had been gathered. This year, there is talk of an Israeli strike against Iran in November or December, when it would no longer embarrass the US election process but George Bush will still be in the White House during the presidential transition.

Last year, following a US intelligence submission which stated that Iran was not actively pursuing the creation of atomic weapons, a direct American attack on the country’s nuclear facilities became implausible - and remains so. But Jerusalem and Washington are talking seriously about a possible Israeli strike, for which American collusion would be indispensable.

In Washington at the weekend, Shaul Mofaz, Israel’s deputy defence minister and a candidate for the premiership, said of negotiations to halt Iran’s nuclear programme: “It’s a race against time, and time is winning.” He repeated the familiar Israeli warning that Iran’s possession of nuclear weapons would be “unacceptable”.

Optimists welcomed last month’s meeting in Geneva, at which the US under-secretary of state, William Burns, met Iranian delegates. This was the highest level contact for decades between the two nations. Yet there remains no sign of Iranian retreat from its longstanding position, that it is entitled to maintain a uranium enrichment programme. Pessimists fear that the Burns trip was designed to highlight Tehran’s intractability, in advance of military action.

Last month, Tehran announced that it now possesses 6,000 centrifuges, a dramatic increase in its last declared figure. This was probably an exaggeration for negotiating purposes, but gives no comfort at all to the UN, the EU or anybody else seeking signs of a breakthrough towards a deal.

Most Europeans would like to hear their new American idol, Barack Obama, warn the Israelis against undertaking military action against Iran. Even if Obama does not yet sit in the White House, no Jerusalem government could lightly defy America’s likely next president on an issue of such gravity.

But no man who wants to win a US election dares to qualify his support for Israel. Obama’s statements during his brief visit to the country last month were indistinguishable from those of Bush. There seem grounds for anticipating that Obama may be less radical, more indulgent towards Israel, than visionaries suppose. A McCain administration, meanwhile, would merely pick up where Bush leaves off.

There is no doubt about the desire of both the Israeli and US governments to destroy Iran’s nuclear plants by force. Two years ago, a Washington political guru suggested to me that Bush’s last months would be the time to watch, when he became obsessed with his legacy. “Solving” the Iran nuclear issue, said my friend, would be foremost in Bush’s mind. So, indeed, it seems today.

The best prospect of averting this disaster - and, of course, many of us would perceive it as such - lies in the intractable practical difficulties. The US military has briefed the president that, with most of Iran’s facilities underground, only nuclear bunker-busting bombs offer a real prospect of achieving their destruction.

It remains hard to believe that the US could countenance the use of such weapons, by their own aircraft or those of the Israelis. Conventional bombs could inflict some damage. A limited attack would demonstrate Israel’s ability to strike at will if the Iranians persist with their programme.

But the economic and political costs of such an exhibition of force would be appalling. Oil prices would soar to dizzier heights. Any possibility of dialogue between Iran and the west would vanish for years to come. The Iranians would probably fulfil their threat, to retaliate with terrorist action against US interests worldwide. Former US air force colonel Sam Gardiner, a respected military analyst, suggests that bombing Iran “would be unlikely to yield the results American policymakers do want, and … likely to yield results that they do not”.

The Iranian government may be reckless - even fanatical - but it is not mad. President Mahmoud Ahmadinejad and the supreme leader, Ayatollah Ali Khamenei, have assuredly made these calculations for themselves. The US is seeking to behave with the outward assurance of a superpower, while crippled by its difficulties in Iraq and Afghanistan. The US wishes to bestride the Middle East as an armoured knight, but its foes know that beneath the plates it is bleeding badly.

The Iranians appear to be gambling that, at the last ditch, the US will flinch from taking military action, or from allowing Israel to do so, because the costs would be unacceptably high. The implacable unhelpfulness of Russia and China about western purposes towards Tehran strengthens Iranian resolve. Moscow and Beijing have no more desire than the Americans to see Iran possess nuclear weapons. But they both gain satisfaction from Washington’s embarrassments, and from strengthening their own influence in the Middle East at American expense.

However deep is European distaste for the Bush administration, for the Iraq war and for the excesses of Israeli policy, it seems important not to lose sight of some basics. The Tehran government aspires to regional hegemony, which it would be unlikely to exercise in an enlightened fashion. Iran is an exceptionally nasty elective dictatorship that denies freedoms and represses human rights, not least those of women. It is deplorable that Israel and Pakistan possess nuclear weapons, but the world will become an even less safe place if Iran also acquires them. Its desire to do so seems hard to dispute, even if doubts persist about its proximity to fulfilment.

Thus, America’s fundamental objective deserves endorsement, which it receives from the UN and the EU through their backing for sanctions. The difficulty, as usual, is that so many issues are entwined - Iraq and Israel foremost among them. Lawrence Freedman has just published a new book, A Choice of Enemies, in which he examines America’s relationship with the Middle East over the past 30 years. His conclusion is that today’s problems stretch beyond anything that can be dignified as solutions. They can only be “managed or endured”.

This is unspectacular, but seems right. The folly of American military posturing towards Iran is its absence of credibility. That is to say, no one doubts Bush’s executive power to launch an air attack, or sanction the Israelis to do so. However, it is evident to all but the neocons and some dangerous people in Jerusalem that such action must fail in its purposes, making matters worse rather than better.

The dreadful Bibi Netanyahu, who may soon again become Israel’s prime minister, declared that 9/11 was “good for Israel”, and so from his viewpoint it was. It left the Muslim world almost friendless in the US, and increased the readiness of Americans to perceive the Israelis as comrades in arms against a common enemy.

Yet the fallout from a putative Israeli attack on Iran - and I hope I am right to use the word only figuratively - should cause even post-Bush Americans to perceive that this is no way to order the world. Negotiating with the Iranians is a maddening and frustrating business. But bombing them would be a catastrophe for us all. Many fingers will need to be tightly crossed between now and next January.

Eutanasia, Iglesia, libertad

Por Salvador Pániker, filósofo y presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente (EL PAÍS, 04/08/08):

Al doctor Luis Montes

No creo que la aprobación de una ley de eutanasia voluntaria, similar a las que ya rigen en Holanda, Bélgica o Luxemburgo, hiciera perder las próximas elecciones generales al Partido Socialista. Al contrario. Un 80% de los españoles, según una reciente encuesta de Metroscopia, está a favor del derecho a la eutanasia activa para los enfermos incurables. Lo cual significa que si todos los partidos políticos permitieran que sus diputados votaran en este tema con libertad de conciencia, la mayoría sería aplastante.

Conviene insistir en algo muy obvio: la eutanasia voluntaria es un derecho humano, un derecho humano de la primera generación de derechos humanos, un derecho de libertad. Es un derecho, no un deber. Pero ya se sabe que el Gobierno socialista no quiere multiplicar sus frentes de batalla con la Iglesia católica. Y ahí es donde pueden ser útiles algunas consideraciones. En primer lugar, conviene recordar que buena parte de los católicos está a favor del derecho a la eutanasia y en contra de las consignas del Vaticano. Como en tantas otras cuestiones (piénsese en el tema del control de la natalidad, sin ir más lejos). En segundo lugar, cabe preguntar: ¿por qué la Iglesia católica -al menos la oficial- se opone tan ferozmente a la eutanasia? La respuesta parece clara: porque si se generaliza la práctica de la eutanasia voluntaria, si se desdramatiza el acto de morir, la Iglesia pierde poder. La Iglesia siempre ha fomentado una teología del terror a la muerte, reservándose para ella el control de las postrimerías. En consecuencia, la Iglesia tolera mal la secularización desdramatizada del morir que supone la eutanasia. (Probablemente, los hombres de la Iglesia “proyectan” su propio terror a la muerte y tratan de exorcizar su ansiedad -y en el fondo su increencia- aferrándose fanáticamente a la doctrina oficial. Las verdades absolutas “protegen”).

Añadamos, de pasada, que la Iglesia siempre ha sido prisionera de su pretendido monopolio teológico de la verdad, lo cual la ha conducido a inmiscuirse en cuestiones que no le competen. Así, por ejemplo, ya san Ambrosio, en el siglo IV, se oponía a los preceptos de la medicina por ser contrarios a la “ciencia celestial” y al poder de la plegaria. Lo mismo pensaba, siglos más tarde, el arrebatado san Bernardo de Claraval. Y hasta el siglo XVI estuvo condenada por la autoridad eclesiástica la disección de cadáveres y el estudio de la anatomía. Y ya a finales del siglo XVIII, el magisterio de las iglesias cristianas se opuso a la vacuna antivariólica porque entendía que la viruela era un castigo divino, y el hombre no debía sustraerse a ese castigo. (Con la misma lógica se prohibió desviar elcurso de los ríos porque ello significaba “corregir la obra de Dios”). Y en el XIX las mismas iglesias se opusieron a la utilización de la anestesia en los partos. Y actualmente se oponen a la investigación con células madre, a la planificación familiar, al uso del preservativo para combatir el sida, etcétera.

Y no olvidemos, claro está, que hasta hace cuatro días la Iglesia condenaba la libertad de conciencia, la libertad de enseñanza, la libertad de reunión, la democracia, el socialismo, el sindicalismo, el liberalismo y los derechos humanos. Lo de la lucha contra la eutanasia no es, por tanto, más que un nuevo episodio dentro de esta costumbre milenaria que tiene la Iglesia de intentar conservar su poder inmiscuyéndose en asuntos que no le incumben.

En España, la Ley General de Sanidad de 1986 (siendo ministro Ernest Lluch) reconoce ya los “derechos del enfermo” y preconiza la práctica del “consentimiento informado”. (Esta normativa fue actualizada en noviembre de 2002 con una Ley de Autonomía del Paciente). Por otra parte, desde noviembre de l995, tenemos un nuevo Código Penal en el que de hecho se despenaliza la eutanasia pasiva y se rebajan sustancialmente las penas a quienes ayuden a morir a otra persona, por la petición expresa de ésta, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que condujera necesariamente a su muerte, o que produjera “graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar” (artículo 143).

Ahora bien, una nueva ley debería contemplar no sólo la despenalización de la eutanasia pasiva sino la de la activa. Y no sólo el caso de los enfermos terminales, sino también el de los crónicos. Recordemos que el más célebre y lúcido caso de defensa del derecho a la eutanasia fue en España el de un enfermo crónico y no terminal. Me refiero al tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, de cuyo suicidio (médicamente no asistido) se cumplieron hace poco 10 años.

Ello es que la Ley de Autonomía del Paciente, conducida hasta su límite, aboca al derecho de cada persona a decidir libre y racionalmente cuando quiere terminar con su vida, se encuentre o no en situación de enfermedad terminal. No es un tema nuevo. Ya el viejo emperador Marco Aurelio escribió que “una de las funciones más nobles de la razón es la de saber cuándo ha llegado el momento de abandonar este mundo”. Y Montaigne: “Cuanto más voluntaria la muerte, más bella”. También en la famosa Utopía de Tomás Moro -un hombre, no se olvide, canonizado por la Iglesia católica- había un lugar para la eutanasia.

El caso es que conviene entender de una vez -en contra de las voces demagógicas que plantean la cuestión en blanco y negro- que, en las situaciones de eutanasia activa, la alternativa no es entre vida y muerte, sino entre dos clases de muerte: una rápida y dulce, y otra lenta y degradante. Por otra parte, allí donde hay transparencia informativa -casos de Bélgica y Holanda- es donde menos abusos se producen. No hay ninguna evidencia de que en Holanda hayan aumentado las eutanasias involuntarias; más bien al contrario. (De hecho, en Holanda está completamente protegida la vida: hay penas de hasta 12 años de cárcel para quien practique la eutanasia sin el consentimiento del enfermo). Lo que sí existe en Holanda es una total transparencia informativa y muchísimos más controles legales que en otros países -donde sí es habitual la eutanasia clandestina-.

Por todo lo expuesto, a uno le parece laudable que en el último congreso del PSOE se haya aprobado al fin un texto titulado Derecho a una muerte digna, en el que, aparte de recomendar los cuidados paliativos (bienvenidos sean), se propugna un debate sobre la regulación legal del “derecho de los pacientes afectados por determinadas enfermedades terminales o invalidantes a obtener ayuda para poner fin a su vida”. (Subrayo lo de invalidantes porque deja la puerta abierta a los casos, antes mencionados, de enfermos crónicos). En fin, está claro, a mi juicio, que la sociedad española está madura para una ley de eutanasia voluntaria, y que la propia Iglesia católica no perdería nada reconsiderando sus presupuestos teológicos. La Iglesia debería comprender que oponerse a la eutanasia voluntaria equivale a estar en contra de la libertad y en favor de la tortura.

¿Justicia universal o solo europea?

Por Mateo Madridejos, periodista e historiador (EL PERIÓDICO, 04/08/08):

La captura de Radovan Karadzic, presunto criminal de guerra en el que se reflejan todos los odios étnicos y todas las atrocidades de los Balcanes poscomunistas, concede un repentino crédito a una justicia internacional que se creía desfalleciente. También se espera en Europa que desencadene una nueva dinámica virtuosa en el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY), que su controvertida fiscal Carla del Ponte había llegado a considerar en estado comatoso luego de que Slobodan Milosevic, expresidente de Serbia, fuera hallado muerto en su celda de la prisión de Scheveningen, en La Haya, sede de la jurisdicción, el 11 de marzo del 2006.

La verdad, empero, es que hay pocos motivos para la esperanza de reavivar la casi utópica aspiración de una justicia universal permanente y digna de tal nombre. Pocos días antes de la detención de Karadzic, la solicitud del fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) de una orden de busca y captura contra el presidente del Sudán, Omar al Bashir, considerado el principal responsable de la carnicería de Darfur, desató una tormenta diplomática y tropezó con el vehemente rechazo o la indiferencia glacial de la mayoría de estados africanos y asiáticos, además de las alarmistas advertencias del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

¿ACASO LA justicia internacional es una cuestión europea que solo interesa a los europeos? Ya sabemos que la Unión Europea (UE), aunque pugna por dotarse de una fuerza militar de intervención rápida, de problemática autonomía junto a la OTAN, constituye el paradigma del llamado soft power (poder blando o de persuasión), que pretende hacer de las presiones diplomáticas y eco- nómicas la piedra angular de su actuación, heraldo de la paz perpetua. Acaba de apuntarse el tanto de la extradición de Karadzic, aunque con desesperante retraso, pero carece tanto de una doctrina coherente de injerencia humanitaria como de la convicción y los medios para ejecutarla.

Los otros grandes actores emiten en otra longitud de onda, más celosos de la soberanía irrestricta y la protección de sus centuriones sanguinarios que de la justicia que se incuba en La Haya. EEUU, Rusia, China, Irán e Israel, entre otros, no asumen las obligaciones del tratado de Roma (1998) que instituyó la CPI, primera jurisdicción permanente, trascendiendo la Carta de la ONU, y que entró en vigor el 11 de abril del 2002, tras ser ratificado por 60 estados. Las grandes potencias y los territorios más conflictivos, como Palestina, Chechenia, el Congo o el Líbano, escapan de su competencia, de manera que la justicia queda confinada entre los escombros de Yugoslavia.

Junto a la CPI, los tribunales ad hoc, creados por la ONU, como el TPIY y los de Ruanda, Sierra Leona, Camboya y el Líbano, no han podido superar la oposición feroz o sibilina de sus destinatarios y la ineficacia de sus patrocinadores. La justicia está muy alejada del veredicto definitivo que merecen los genocidios más espantosos y documentados (el del difunto Pol Pot y sus jemeres rojos o el de las hordas de hutus ruandeses), así como los asesinatos más repulsivos, como el del primer ministro libanés, Rafic Hariri, víctima de los esbirros del régimen de Siria, cuyo presidente fue acogido escandalosamente en París en los fastos de la Unión Mediterránea.

La justicia se supedita a la coyuntura geoestratégica y se presta a la ley del embudo o del doble rasero. Los verdugos andan sueltos y protegidos por los que deberían entregarlos, como Karadzic durante 13 años. Y si tenemos en cuenta que la cooperación internacional es imprescindible para asegurar la eficacia judicial, se comprenderá hasta qué punto las reticencias o la oposición de los actores en el conflicto, como en Sudán, el Líbano o el Congo, hasta hoy en Serbia, impiden el progreso de los sumarios, la recogida de pruebas, la protección de los testigos y la prisión de los culpables, en un sistema escrupulosamente garantista pero tributario de tortuosas transacciones.

DURANTE más de siete años, con una obstinación digna de mejor causa, George Bush ha tratado de impedir que la legislación de EEUU y el derecho internacional (convención de Ginebra sobre los prisioneros de guerra) se aplicaran a los “ilegales combatientes enemigos”, denominación utilizada para describir a los sospechosos de terrorismo, talibanes o miembros de Al Qaeda, capturados en Afganistán y presos en Guantánamo, base en Cuba convertida en símbolo de oprobio para la conciencia moral y jurídica de Occidente. Sigue la pugna entre el Ejecutivo estadounidense, el Congreso y el Tribunal Supremo tras haberse iniciado los juicios militares especiales, una controversia derivada de la concepción de los atentados del 11-S como un acto de guerra contra EEUU.

Si el siglo XX fue el de las guerras, pero, sobre todo, el de los genocidios y crímenes a gran escala contra las poblaciones civiles, queda por comprobar si la centuria en curso intentará al menos la hazaña de hacer de la justicia internacional un instrumento convincente para prevenir esas calamidades colectivas, proteger a las víctimas y testificar para la historia. El muy oneroso TPIY (120 millones de dólares anuales) deberá cerrar sus puertas en el 2010, y no sabemos si las otras instancias judiciales podrán ofrecer alguna satisfacción a las víctimas.

miércoles, agosto 06, 2008

En el aniversario del golpe de Obiang

Por Donato Ndongo-Bidyogo, escritor y periodista guineano (EL PAÍS, 04/08/08):

Teodoro Obiang, presidente de Guinea Ecuatorial, acaba de cumplir 29 años en el poder. Ocupó la presidencia el 3 de agosto de 1979, tras derrocar y fusilar a su tío Francisco Macías, el primer mandatario que tuvo el país tras independizarse de España. Obiang obtuvo el beneplácito de casi todos, guineanos y extranjeros, al poner fin a una tiranía oprobiosa. Parecía conciliador: prometió libertad, reconstruir un país devastado tras once años de terror, el retorno de los exiliados y la reconciliación. Negó que el suyo fuera un golpe de Estado; lo llamó “golpe de libertad”.

Pura falacia. No se rebeló por patriotismo o piedad por su pueblo; entonces teniente coronel y viceministro de Defensa, Obiang actuó por miedo y ambición. El Tigre recelaba del poder acumulado por su sobrino, iba a sustituirle por uno de sus hijos formado en un país comunista, y el valido atacó antes de ser cesado.

Cuando afirmó que devolvería la soberanía al pueblo y no se perpetuaría en el poder, la mayoría le creyó. Pocos nos manifestamos escépticos, no por radicales, sino porque analizamos su historial: había sido la mano derecha de Macías y el brazo ejecutor de su política sanguinaria.

Pese a su empeño en lavar su imagen a golpe de petrodólares, la realidad está ahí: poco después de la independencia, Obiang ejecutó a Bonifacio Ondo Edu, el presidente de la Guinea autónoma y candidato presidencial. En 1975, Macías abandonó la isla de Bioco temiendo una invasión nigeriana, y se retiró a Bata y luego a su aldea natal. Sólo regresaría a la capital para ser juzgado y ajusticiado. En esos cuatro años, la isla, sus habitantes, las fincas de cacao y demás “bienes abandonados” por los colonos españoles, quedaron a merced del virrey Obiang, quien fue eliminando a todos los militares y civiles destacados. Desaparecieron varios compañeros de cursillo en la Academia Militar de Zaragoza, y políticos como Job Obiang, Buenaventura Ochaga, Jesús Alfonso Oyono o el sacerdote José Esono. Se conocen, pero no interesa que se recuerden, hechos como la brutal represión contra aldeanos bubis en Basakato del Este.

Tales tropelías se atribuían a Macías, pero éste supo de muchas de ellas después de consumadas. En su proceso -anotaron observadores internacionales asistentes-, Macías quiso delimitar las responsabilidades (”Yo era jefe de Estado, no jefe de cárcel”, dijo), pero el tribunal militar, cumpliendo órdenes, le impidió hablar.

Para quienes conocíamos estos antecedentes, era difícil creer que libertad y desarrollo llegasen de la mano del nuevo amo; pero se acalló la discrepancia para que Obiang consolidara su poder. Si quienes podían hubiesen ejercido la presión necesaria, todo sería distinto.

Pocos dirigentes han tenido tantas oportunidades como Obiang. Durante 29 años ha gozado de la benevolencia de la comunidad internacional. Un país de medio millón de habitantes recibe asistencia de casi todas las naciones prósperas del mundo, sin que tan nutrida cooperación se note en la vida cotidiana del pueblo. Desde 1991, Guinea Ecuatorial produce ingentes riquezas, petróleo y gas, cuyos beneficios acapara la “familia presidencial”, mientras la gente vegeta en una miseria espantosa; no hay agua potable ni en la capital, y los apagones eléctricos duran meses.

En casi tres décadas de absolutismo, Obiang no ha resuelto un solo problema, pero ha creado muchos: país exportador de madera, los niños deben llevar los bancos a la escuela si no quieren sentarse en el puro suelo; la sanidad no existe, pues los jerarcas del sistema son dueños de los hospitales dignos de tal nombre y, en todo caso, resultan inasequibles por caros; mientras, los poderosos salen al exterior a la más mínima dolencia. No hay una sola librería, cine ni teatro; los medios de comunicación son estatales, o pertenecen a familiares del Jefe. Las únicas expansiones del guineano son alcohol y sexo.

Crece la disidencia en las minorías étnicas. Torturas y suicidios son habituales en comisarías y cárceles; pese a los indultos propagandísticos, hay presos políticos; no es exagerado considerar el país entero un campo de concentración en el que nada ni nadie se mueve salvo por voluntad de Obiang. La corrupción, el nepotismo y el tribalismo son de antología. Retrocede el desarrollo político: el Libertador gana las elecciones con el 99,9% de los sufragios, y lo controla todo, hasta las transferencias bancarias. Jefe del Ejército y de las fuerzas de seguridad, nombra y cesa a ministros, jueces, diputados y funcionarios.

Su errática política exterior crea conflictos por doquier. Obiang es un autócrata apestado, según demuestran su gira latinoamericana de principios de año, o el seísmo provocado en Uruguay por la sola mención de su posible presencia en la toma de posesión del presidente electo. Se amistó con lo peor de África, Robert Mugabe, el tirano de Zimbabue, y Denis Sassou-Nguesso, el liberticida de Brazzaville.

¿Qué esperar de quien afirma que sólo ocupará su silla aquel que haga lo que él hizo? Nunca dejará el poder: consciente de su trayectoria, tiene pánico a los tribunales. Así impuso en la Constitución -pergeñada a finales de 1991 para distraer a Felipe González- una cláusula perversa: no podrá ser juzgado por actos cometidos “antes, durante y después de su mandato”.

¿Hacia una gestión de las migraciones mediterráneas en el año 2008? Desarrollo del discurso y sus prácticas

Por Michael Collyer, Profesor de Geografía Humana, Universidad de Sussex (REAL INSTITUTO ELCANO, 04/08/08):

Tema: Las actuales negociaciones de la Unión Europea (UE) con la Unión Africana (UA) han identificado una serie de medidas claras y viables que tal vez logren convertir la búsqueda de ideales para una gestión más positiva de las migraciones mediterráneas en una realidad.

Resumen: Los inmigrantes que llegan clandestinamente a la UE se enfrentan a una serie de riesgos evidentes, por lo que su seguridad ha suscitado una preocupación generalizada. Sin embargo, sólo representan un pequeño porcentaje del total de inmigrantes indocumentados que hay en Europa, recibiendo un nivel de atención por parte del ámbito político y de los medios de comunicación totalmente desproporcionado con relación a su importancia numérica. La respuesta europea se centra principalmente en la adopción de medidas de control –lo que todavía compromete más la seguridad de los inmigrantes–, aborda las consecuencias del problema en lugar de la causa, y resulta especialmente cara. Pese a que la UE y los gobiernos de los Estados miembros suelen manifestar la necesidad de invertir en soluciones a largo plazo para mejorar las condiciones en los países de origen, hasta hace poco la prioridad y los presupuestos destinados a tales iniciativas han sido relativamente moderados. Además, también se han visto afectadas por principios de desarrollo demasiado vagos que carecen de propuestas concretas. La dificultad de avanzar en este terreno se refleja en la intensidad de los debates intergubernamentales, con tres procesos políticos bien diferenciados en la región euromediterránea. Sin embargo, en los últimos tiempos se han observado indicios que sugieren un posible cambio en el estancamiento alcanzado en tales debates. Las actuales negociaciones de la UE con la UA han identificado una serie de medidas claras y viables –como el hecho de encaminar los esfuerzos hacia la creación de empleo– que tal vez logren convertir la búsqueda de ideales para una gestión más positiva de las migraciones mediterráneas en una realidad.

Análisis

Introducción

Las migraciones en la región euromediterránea siguen estando dominadas por las imágenes y relatos de la exigua minoría de inmigrantes que intentan alcanzar territorio europeo sin seguir los cauces apropiados. La trágica situación de estas personas, y el número desconocido de individuos que pierden la vida en el mar o en itinerarios por vía terrestre no documentados, justifican una atención constante, pero la respuesta de la UE y de los Estados miembros sigue centrándose más en controlar la inmigración para dificultar los desplazamientos que en desarrollar soluciones más complejas y a largo plazo que pongan fin a tales desplazamientos en una fase anterior o que permitan que se produzcan por los cauces legales. Si ahora, a mediados del año 2008, nos detenemos y analizamos los acontecimientos que han tenido lugar en la región durante aproximadamente los últimos 12 meses, observaremos indicios de que la situación está empezando a cambiar. Cada vez se dispone de más datos acerca de la inmigración indocumentada, mientras que el continuo diálogo de alto nivel y los procesos políticos apuntan a un gradual desarrollo de la voluntad política necesaria para abordar los aspectos más delicados del problema. Estamos todavía muy lejos de alcanzar un enfoque equilibrado y equitativo de la gestión de las migraciones en el Mediterráneo, pero es posible que el camino sea cada vez más corto. Este breve documento analiza los cambios que se están produciendo en la recopilación de datos, para posteriormente abordar la naturaleza de las respuestas políticas.

La actual situación migratoria en la región euromediterránea

No cabe ninguna duda de que los datos sobre los inmigrantes indocumentados siguen siendo sumamente limitados, pero ahora, por lo menos, la información sobre las detenciones está circulando de forma más generalizada. Los datos sobre las detenciones constituyen la única fuente de información a gran escala capaz de ofrecer una visión de conjunto del flujo de inmigrantes indocumentados en la región euromediterránea. La incierta relación entre el número de inmigrantes y el perfil de los individuos detenidos por las autoridades responsables del control fronterizo, de los que se dan por vencidos o mueren en el intento y de aquéllos que logran eludir con éxito dicho control y consiguen entrar en Europa dificulta en gran medida la interpretación de los datos. Durante los últimos años, el número de inmigrantes detenidos en el área del Mediterráneo ha ido disminuyendo, equilibrándose mediante un aumento significativo en las detenciones realizadas alrededor de las islas Canarias, pese a que estas detenciones también se redujeron en 2007 (Collyer, 2007a; APDHA, 2008). El sustancial aumento de las detenciones que se produjeron en 2006 en torno a las islas Canarias fue proclamado por la Agencia FRONTEX (agencia europea para la gestión de la cooperación operativa en las fronteras exteriores) como una señal de que la operación de control fronterizo desarrollada en la zona había sido un éxito. Paradójicamente, la disminución en las detenciones llevadas a cabo en el estrecho de Gibraltar también fue interpretada por el Ministerio del Interior de España como una señal de éxito. El hecho de que existan múltiples interpretaciones posibles, inevitablemente políticas, revela que los datos con los que se cuenta no son los más sólidos para el análisis científico, pero sí son los únicos disponibles a esta escala.

A las fuentes de datos a gran escala se suma, cada vez más, una gradual recopilación de datos etnográficos y de estudios a pequeña escala sobre las poblaciones de inmigrantes indocumentados en Europa y en los países vecinos. Pese a que tales datos también son problemáticos, puesto que no pueden proporcionar una visión global de la situación, sí que constituyen una fuente informativa de contraste, y a menudo complementaria, sobre los datos relativos a las detenciones. El trabajo de campo sobre los inmigrantes indocumentados constituye una investigación especialmente compleja, en particular en los países fuera de Europa, y los investigadores deben hacer frente a la desconfianza y la hostilidad, tanto por parte de los propios inmigrantes como de los funcionarios encargados del control fronterizo y de la aplicación de la ley. Sin embargo, la investigación llevada a cabo en los países limítrofes con Europa es cada vez más generalizada y proporciona información útil sobre tres puntos clave: (1) las distintas procedencias sociales y motivaciones de los inmigrantes; (2) el porcentaje predominantemente reducido de los indocumentados que cruzan los pasos fronterizos; y (3) la complejidad de los destinos.

La mayoría de los estudios de investigación coinciden en las razones que motivan las migraciones terrestres y marítimas. Los trastornos sociales, a menudo causados por la guerra o los disturbios civiles, la insatisfacción con sociedades corruptas y mal dirigidas, así como diversas formas de privación desempeñan un importante papel a la hora de tomar la decisión de emigrar (Lahlou, 2005). Sin embargo, el perfil de cada uno de los emigrantes es sumamente variado, incluyendo a un elevado número de individuos relativamente adinerados y muy instruidos, incluso entre los emigrantes más desesperados, como los que emprenden la larga travesía por mar desde el África occidental hasta las islas Canarias (Fall, 2007). En segundo lugar, la organización de travesías destinadas a la introducción ilegal de inmigrantes suele darse a una escala muy inferior y suele ser mucho más local de lo que numerosos medios de comunicación y prescripciones de políticas puedan sugerir. Por lo general, los emigrantes piden ayuda a otros emigrantes o a las comunidades locales, y rara vez pagan un precio único por la totalidad del viaje (Alioua, 2005). Por último, parece que no todos los emigrantes tienen la intención de llegar a Europa desde el momento en el que abandonan su país de origen. En ocasiones, se impone una lógica lineal que interpreta las largas peregrinaciones en torno a la región del Sahel como si fueran emigraciones hacia Europa, cuando, en realidad, no lo son (Collyer, 2007b). Otras veces, importantes poblaciones de emigrantes laborales son reinterpretadas como emigrantes en “tránsito” con fines políticos en países tales como Libia o Egipto (Al Sharmani, 2008).

La investigación llevada a cabo en Europa presenta menos problemas y dispone de un mayor número de fuentes en las que basar las estimaciones de poblaciones de inmigrantes indocumentados. El aspecto clave que ha salido a la luz recientemente proviene de los estudios sobre las rutas que conducen a una residencia ilegal en Europa. Un reducido porcentaje de los inmigrantes indocumentados que hay en Europa llegaron de forma clandestina. El Sindicato Unificado de Policía informó de que en el año 2006 sólo el 5% de los inmigrantes indocumentados llegaron a España por barco, frente al 80% que llegó a los aeropuertos de Madrid o de Barcelona (El País, 4/I/2007). De un modo similar, según datos de la policía italiana, sólo el 10% de los inmigrantes indocumentados que hay en Italia llegaron al país por vía marítima (citado en Cuttitta, 2005). Esto sugiere que la atención que el ámbito político y los medios de comunicación dedican a estas formas de inmigración es totalmente desproporcionada con respecto a su importancia numérica. No obstante, dicha atención ha seguido siendo significativa en los últimos años.

La actual cooperación en materia de inmigración en la región euromediterránea
Por el momento, la acción sigue centrándose en las operaciones de control. Las destacadas operaciones internacionales de la Agencia FRONTEX y el proyecto EUROSUR (sistema europeo de vigilancia de fronteras), así como diversos sistemas de ámbito nacional, entre los que se incluye el SIVE (Sistema Integrado de Vigilancia Exterior) aplicado en España, disfrutan de una importante notoriedad pública y gestionan enormes presupuestos. Sin embargo, tal y como sugieren los estudios indicados anteriormente, se centran en una población que oscila en torno a unos pocos miles de individuos y que en los últimos años parece que ha experimentado un descenso.

Si consideramos únicamente a FRONTEX, las siete operaciones independientes que la Agencia llevó a cabo en el año 2007 en el área mediterránea representaron un coste combinado de 19.531.368 euros (FRONTEX, 2008). Estas operaciones se tradujeron en la intercepción de 17.087 inmigrantes, o en 1.143 euros por cada inmigrante interceptado, y ello sin tener en cuenta los gastos sufragados por cada uno de los Estados miembros, como los 120 millones de euros invertidos en el sistema español SIVE en los últimos años. De ahí que el coste por cada inmigrante interceptado resulte muy difícil de calcular, aunque no cabe duda de que es mucho mayor. Las estimaciones del total de inmigrantes indocumentados que llegan a Europa varían considerablemente, pero incluso los cálculos más conservadores sugieren una cifra de cientos de miles al año, por lo que el número total de inmigrantes interceptados en el Mediterráneo y el Atlántico sólo representa un pequeño porcentaje de los que llegan por otras rutas. Estudios como los citados anteriormente revelan que la gran mayoría de los inmigrantes indocumentados que llegan a Europa lo hacen por cauces legítimos y se quedan más tiempo del que les permiten sus visados; pese a ello, se dedican ingentes cantidades de recursos a las rutas marítimas.

Evidentemente, tales medidas conllevan un efecto disuasorio, por lo que su coste no sólo debería determinarse con arreglo al número de inmigrantes interceptados. Muchos deciden no emigrar debido a los recursos invertidos en los controles fronterizos de toda la región. Ahora bien, el efecto disuasorio también conlleva un coste: los que pierden la vida tratando de evitar los nuevos controles, y los que no pueden acceder a los regímenes de protección europeos. Las implicaciones legales de las operaciones marítimas de FRONTEX se están empezando a debatir en función de cómo las mismas inciden en la obligación internacional de brindar protección a la que están sujetos los Estados miembros (ECRE, 2007). Los debates están experimentando un cambio progresivo, y ahora las cuestiones de asilo se están discutiendo más abiertamente en la región. Asimismo, también se ha reconocido que el control migratorio no es más que un arreglo a corto plazo. A más largo plazo, se precisarán otras soluciones que mejoren las oportunidades de los emigrantes potenciales en sus países de origen. A pesar de que la UE y los Estados miembros no dejan de hacer hincapié en la necesidad de centrarse en las cuestiones de fondo que generan este movimiento migratorio, el apoyo financiero que proporcionan no representa más que una pequeña proporción de todos los recursos asignados al control. La dificultad que plantean tales cuestiones explica, en gran medida, los extraordinarios esfuerzos diplomáticos que actualmente se están destinando a las mismas.

Estos esfuerzos se están produciendo, no sólo en el ámbito de la UE, sino también de forma bilateral. Las relaciones bilaterales más importantes en el área del Mediterráneo son las entabladas entre España y Marruecos y entre Italia y Libia. Las significativas restricciones que afectan a la capacidad de la UE para negociar no representan un obstáculo para los distintos Estados individuales, que están en condiciones de debatir un abanico de temas mucho más amplio, entre los que se incluye el control fronterizo. España mantiene unos vínculos diplomáticos especialmente estrechos con Marruecos, que se mostró mucho más cordial tras las elecciones generales de España en el 2004. La satisfactoria ratificación en mayo de 2005 del acuerdo de migración laboral de 2001 es un resultado positivo de esta cooperación más estrecha. También se han destinado esfuerzos a reactivar el acuerdo de readmisión de 1992 entre España y Marruecos, lo que permitiría a la Guardia Civil devolver a nacionales no-marroquíes a Marruecos, si bien esta medida no ha disfrutado de tanto éxito. La cooperación entre Italia y Libia es mucho más incierta y, como cabía esperar, se ha centrado principalmente en formas comunes de abordar el control de la migración, en especial la polémica financiación de centros de detención en Libia.

Más allá de las operaciones de control, resulta difícil determinar qué medidas está adoptando la UE sobre el terreno. Esto obedece, en parte, al hecho de que algunas iniciativas eficaces en el ámbito de la cooperación al desarrollo o la inversión económica tienden a ser más modestas y llaman menos la atención, pero, sobre todo, a algo tan sencillo como que se les asignan menos recursos. En mayo de 2008, el comisario de Relaciones Exteriores y Política Europea de Vecindad lanzó el nuevo Fondo de Inversión de Vecindad (FIV), como parte del programa del presupuesto 2007-2013 (comunicado de prensa de la CE, 5/V/2008). Este fondo se centrará sobre todo en proyectos relacionados con la energía, el transporte y el medio ambiente, recogidos en los Planes de Acción de la Política Europea de Vecindad (PEV). El presupuesto previsto asciende a 700 millones de euros, lo que contrasta con los 1.820 millones de euros previstos para el control de las migraciones en el marco del Fondo para las Fronteras Exteriores para el mismo período (comunicado de prensa de la CE, 14/XII/2006).

No se ha producido ningún descenso en la intensidad de las negociaciones intergubernamentales sobre migraciones, y actualmente están teniendo lugar en la región euromediterránea al menos tres procesos de alto nivel, claramente diferenciados: (1) el “Proceso de Rabat”, iniciado en la Conferencia Ministerial Euroafricana sobre Migración y Desarrollo, celebrada en Rabat los días 10 y 11 de julio del 2006 y reforzado mediante una reunión celebrada en Madrid el 21 de junio del 2007, estando prevista una próxima reunión ministerial en París para el segundo semestre del 2008; (2) el “Proceso de Trípoli”, iniciado en la primera reunión conjunta de la UE-UA sobre migración y desarrollo en noviembre del 2006 y continuado en el marco de la cumbre UE-UA celebrada en Lisboa en diciembre del 2007; y (3) el “Proceso Euromediterráneo” o “Proceso de Barcelona”, que recibió un nuevo impulso con la Conferencia Euromediterránea Barcelona +10 celebrada en el 2005, además de desarrollarse en mayor medida durante la Conferencia Ministerial Euromediterránea sobre Migración celebrada en el Algarve en noviembre del 2007.

Es difícil explicar por qué la UE ha considerado necesario dar apoyo a tres reuniones a escala ministerial sobre el tema de la migración en el Mediterráneo y en torno a él en poco más de un año, y por qué está dispuesta a seguir debatiendo estos temas a través de tres procesos independientes. Cada reunión contó con una participación ligeramente distinta por parte de los países no comunitarios, pero el grado de coincidencia es muy significativo: por lo general, cada país envía a los mismos responsables. Estas reuniones sólo constituyen la cara pública de los diversos procesos, y gran parte del trabajo real suele llevarse a cabo a puerta cerrada, en reuniones celebradas con mayor regularidad, por lo general trimestrales, integradas por responsables de menor categoría y funcionarios del Estado. La continua intensidad de esta ofensiva diplomática sólo puede explicarse por la importancia que reviste la cuestión de la migración para Europa y, en menor medida, para los diversos países socios involucrados y, tal vez esto sea lo más significativo, por lo difícil que resulta alcanzar un acuerdo entre las distintas partes.

Las declaraciones públicas de estas reuniones destacan la importancia de trabajar en otras direcciones; asimismo, la necesidad de encontrar respuestas que no sean el control siempre ha formado parte del discurso público de la UE en torno a la migración, estando presente en conferencias internacionales y en planes de acción desde al menos el Consejo Europeo de Tampere en 1999. En efecto, el control migratorio suele tratarse de forma bastante superficial en los textos de las comunicaciones y planes de acción definitivos. Sin embargo, la realidad no refleja este nivel de prioridad ni el tremendo desequilibrio con respecto a los recursos destinados al control; es más, el apoyo brindado a las alternativas sugiere que nunca se ha abrigado profundamente esta convicción. Las conclusiones de la última ronda de conversaciones ministeriales presentan indicios de que la sensibilización en torno a la necesidad de desarrollar actividades más allá del control tal vez se esté comenzando a traducir en la voluntad política de destinar capital financiero y político que permitan llevarlas a la práctica.

La cuestión de “migración y desarrollo” (M&D) constituye un tema central de las tres últimas conclusiones y planes de acción (la Conferencia Euroafricana sobre Migración y Desarrollo, Madrid 2007; la Conferencia Ministerial Euromediterránea sobre Migración, Algarve, 2007; y la Declaración de Lisboa del 2007). El Proceso Euromediterráneo se divide en tres secciones: M&D ofrece un útil vínculo entre la primera sección, dedicada a la inmigración legal y en la que se abordan varios métodos para la concesión de visados, y la tercera sección, dedicada a la inmigración ilegal. Las conclusiones conceden la misma relevancia a las tres secciones, pero es importante destacar que los proyectos evaluados en el marco de la sección de M&D conllevan la celebración de un seminario y la ampliación del sitio web, mientras que los proyectos previstos en el apartado de “inmigración ilegal” comprenden la introducción de tecnologías biométricas para los países socios y la puesta en marcha de programas de formación para los funcionarios del control fronterizo. Es evidente que la atención sigue recayendo primordialmente en el control. Tampoco se hace ninguna referencia a la cuestión del asilo o de los refugiados en la región euromediterránea.

El Plan de Acción de Rabat, que posteriormente fue respaldado por la reunión celebrada en Madrid en junio de 2007, se divide exactamente en las tres mismas secciones, aunque en un orden distinto: “M&D” es la primera sección y disfruta de un espacio considerablemente superior; la “inmigración ilegal” viene en tercer lugar, aunque es seguida de cerca por una breve sección sobre “cooperación policial y judicial”. Es importante destacar que los objetivos de “M&D” son imprecisos y poco factibles, incluyendo “convertir la inmigración en un factor para reducir la pobreza”, sin más detalles, mientras que los objetivos relativos a la inmigración ilegal son concretos y viables, centrándose, por ejemplo, en la introducción de acuerdos de readmisión. Las conclusiones de la reunión de Madrid no resaltan que este proceso esté avanzando en una dirección determinada, pero sí que sugieren la posibilidad de que la UE esté empezando a trabajar con agrupaciones más pequeñas de los países socios, como la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados del África Occidental).

El Proceso de Trípoli parece desarrollar ideas más allá del control y de forma mucho más significativa que cualquiera de los otros dos procesos, y esta impresión se ve reforzada por los debates sostenidos en la cumbre de Lisboa de diciembre de 2007. La declaración de Trípoli contaba con nueve secciones, comenzando por M&D y siguiendo con los retos de gestión de la migración, la paz y la seguridad, los recursos humanos y la fuga de cerebros, la preocupación por los derechos humanos y el bienestar del individuo, el compartir mejores prácticas, las oportunidades de migración regular, la inmigración irregular o ilegal y, por último, la protección de los refugiados. El proceso de Trípoli y la migración en general fue uno de los temas más significativos en la cumbre de Lisboa, pero la asociación estratégica resultante África-UE parece mucho más imaginativa que los últimos resultados de los otros dos procesos. La migración constituye el tema de una de las ocho asociaciones temáticas que concluyen el documento y establecen objetivos y prioridades para el futuro. Se enmarca bajo el título de “migración, movilidad y empleo”. La introducción de “empleo” hace avanzar automáticamente los objetivos más allá de lo que cabría sospechar que han sido principios deliberadamente vagos de “desarrollo” en los anteriores debates, y el compromiso público con respecto a las conclusiones de la conferencia de la UA celebrada en el 2004 en Ouagadougou sobre pobreza y empleo, así como la declaración de Trípoli, ponen de relieve una forma positiva de avanzar.

Conclusiones: Tal vez no sea sorprendente que el Proceso Euromediterráneo, en el que la UE debe hacer frente al menor número de países socios, ha desarrollado lo que parece ser una serie de objetivos centrados de forma más intensa en el control, con un claro sesgo eurocentrista. Cuanto más elevado es el número de socios que participan en los debates, mayor es la tendencia a interpretar la inmigración en su contexto social y económico, haciendo hincapié en los derechos humanos de los inmigrantes y prestando una menor atención a la seguridad europea y al sesgo eurocentrista, incluyendo la idea de que “la migración de tránsito” está disminuyendo. Por consiguiente, es probable que el entusiasmo de la UE a la hora de entablar conversaciones con agrupaciones más pequeñas, como la CEDEAO, disfrute de menos probabilidades de desarrollar políticas en una dirección realista. El compromiso público de la UE en la cumbre de Lisboa por lo que respecta a los objetivos de la conferencia celebrada en el 2004 en Uagadugu sobre pobreza y empleo representa un alentador y práctico paso en los debates en curso en torno a la migración y el desarrollo. Todavía es demasiado pronto para evaluar adecuadamente los resultados de dicho compromiso, pero tanto la UE como la UA deberían ceñirse a él.

Referencias:

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) (2008), Derechos Humanos en la Frontera Sur 2007, disponible en www.apdha.org.

Alioua M. (2005), “La migration transnationale des Africains subsahariens au Maghreb: L’exemple de l’étape marocaine”, Maghreb-Machrek, nº 185, pp. 37-58.

Collyer M. (2007a), “Clandestine Migration in the Mediterranean”, The Mediterranean Annual 2007, IEM, Barcelona.

Collyer, M. (2007b), “In Between Places: Undocumented Sub-Saharan Transit Migrants in Morocco”, Antipode, nº 39 (4) pp. 620-635.

Cuttitta, P. (2005), “Delocalisation of Migration Controls to Northern Africa”, ponencia presentada en el taller sobre The Europeanisation of National Immigration Policies, Berlín, 1-3 de septiembre.

Consejo Europeo de Refugiados y Exiliados (ECRE) (2007), Defending Refugees’ Access to Protection in Europe, ECRE, Londres.

Fall, P.D. (2007), “La dynamique migratoire ouest africaine entre ruptures et continuités”, ponencia presentada en el taller sobre African Migrations, Accra, Ghana, 18-21 de septiembre.

FRONTEX (2008), “2007 Sea Border Operations”, Frontext Press Kit, vol. 2/11 nº 1.

Lahlou, M. (2005), Les migrations irrégulires entre le Maghreb et l’Union Européenne: Evolutions recents, Research Report 2005/03, Le Consortium Euro-Méditerranéen pour la Recherche Appliquée sur les Migrations Internationales (CARIM).

al Sharmani, M. (2008), “Transit or Transnational?”, ponencia presentada en la conferencia Irregular Transit Migration in the European Space: Theory, Politics and Research Methodology, Universidad de Koç, Estambul, 18-20 de abril.

¿Es realmente responsable la especulación financiera del incremento reciente del precio del petróleo?

Por Juan M. Ruiz, responsable de la Unidad de Análisis Económico Global en el Banco de España (REAL INSTITUTO ELCANO, 04/08/08):

Tema: El fuerte incremento del precio del petróleo en los últimos trimestres ha coincidido con un aumento de los flujos financieros hacia los mercados de futuros de materias primas. Este análisis explica por qué esa subida del precio del petróleo no puede, en las circunstancias actuales, atribuirse al mayor interés de los inversores financieros por los mercados de productos primarios.

Resumen: Entre los factores propuestos como responsables del fuerte incremento del precio del petróleo en los últimos trimestres destacan los englobados dentro de la categoría de “factores financieros”. Existe un intenso debate sobre en qué medida estos factores pueden haber empujado al precio del petróleo más allá del determinado por los fundamentales de oferta y demanda, especialmente dado que el incremento del precio del petróleo ha coincidido con un aumento de los flujos financieros hacia los mercados de futuros.

Sin negar la posibilidad de que los flujos financieros puedan elevar el precio de un producto por encima de los fundamentos de oferta y demanda, la ausencia de ciertas “huellas” parece apuntar a que eso no es lo que ha sucedido en el mercado de petróleo en los últimos trimestres. En particular, si la especulación financiera hubiese incrementado el precio del petróleo por encima del equilibrio de oferta y demanda, deberíamos observar una acumulación de existencias, algo que no corroboran los datos.

De este modo, se puede afirmar que la especulación financiera ha sido responsable, en todo caso, de una parte relativamente pequeña del incremento reciente del precio del petróleo, que estaría determinado principalmente por factores fundamentales de oferta y demanda –a los cuales sí pueden haber afectado factores financieros como la evolución de los tipos de interés–. Con todo, el fuerte influjo de inversión hacia el mercado de petróleo puede haber contribuido de manera sustancial al incremento de la volatilidad de su precio.

Leer artículo completo (PDF).

Desde Santurce a Columbia: la fuga de cerebros

Por Asier Alcaraz, profesor investigador en la Universidad de Missouri-Columbia (EL CORREO DIGITAL, 03/08/08):

Apunta el rector de la Universidad del País Vasco, Juan Ignacio Pérez, que si hay una carencia de especialistas en Euskadi, no será porque haya «fuga de cerebros», dado que en la promoción de 2004 tan sólo un 10% de los titulados trabajan fuera de Euskadi. Sin embargo, el editorial de EL CORREO (’Ajustar vocación y demanda’, 19-7-08) reflexiona y se pregunta lo siguiente: «Sería también un buen ejercicio conocer en profundidad las razones de ese 10% de titulados que decide desempeñar su función fuera de Euskadi. Una cifra cuantitativamente asumible pero, quizá, no cualitativamente».

En este breve artículo trato de recoger el guante. Soy natural de Santurce pero donde trabajo no llega el Bizkaibus: es la Universidad de Missouri-Columbia (EE UU). Soy profesor investigador. Mis áreas de especialización son la lingüística y la lingüística computacional. Me licencié en la Universidad de Deusto en Filología inglesa con matrícula de honor y posteriormente me doctoré en Lingüística en la University of Southern California, Los Ángeles. ¿Por qué sigo y seguiré en EE UU? (Den por hecho que me encantaría volver). La razón es bien sencilla. Las condiciones económicas, el desarrollo profesional (mérito-premio) y la movilidad laboral no se comparan con las de Euskadi o las del Estado español. Quizá no me lleguen a creer.

Diálogos anónimos

¿Qué es ser un cerebro académico? En Euskadi, sin ánimo de polemizar, no lo tengo muy claro. En Estados Unidos, por el contrario, es diáfano. Un profesional valorado en su campo es aquel que convence a otros colegas de la valía de sus investigaciones. Pero no de cualquier manera: más allá de conferencias y congresos, hay que ser capaz de hacerlo de forma anónima en medios especializados -de manera anónima tanto para el autor de la investigación como para los revisores de la misma-. Es un diálogo anónimo entre profesionales del campo. Sólo así se sabe quién es quién. ¿Y qué es estar fugado? Eso es más sencillo. No ejercer la profesión en tu tierra.

Yo soy un fugitivo porque ejerzo mi profesión fuera de Euskadi. ¿Soy un cerebro académico? Malo no debo ser. Estudié en una universidad R1 (Research-1 University, el conjunto de digamos las 60 universidades de EE UU que más dinero federal reciben para investigación) y ejerzo la profesión en una R1 también. ¿Podría trabajar en Euskadi? Vamos a ser optimistas. Digamos que con un poco de paciencia sí, ¿pero en qué condiciones?, ¿y con qué perspectivas de futuro?, ¿me convertiría en mileurista? Se preguntarán cuáles son las condiciones laborales que me atan a EE UU. Se las cuento, de eso se trata. Mis motivaciones no serán muy diferentes de las de otros como yo.

Money-Money-Money!

Sólo en mi primer año en Missouri, la Universidad ha invertido en mí cerca de 75.000 dólares, entre salario, gastos de viaje a seis conferencias, tramitación de la ‘tarjeta verde’ de residente, equipo informático y hasta el vuelo a Euskadi este verano. Tras la evaluación de méritos del primer año, mi salario sube 3.000 dólares. De aprobar las evaluaciones de méritos pertinentes, el cuarto y el séptimo año estaría liberado de enseñar. Mi carga docente es de 6 horas por semana (dos cursos). Me dedicaría a la investigación plenamente con el sueldo íntegro. Mi contrato se renueva anualmente hasta la evaluación de la titularidad de la plaza (el quinto año), siempre y cuando haga progresos puntuales que me vayan acercando al mérito de la titularidad. Si no vales, ¡estás despedido!: ‘the American way’. Como habrán adivinado ya, los méritos son acumulativos y en pocos años la vuelta a Euskadi será poco menos que absurda en el plano económico. En EE UU los méritos se reconocen, y lo alejan a uno de su tierra, lo hacen prófugo.

Endogamia o promiscuidad

Por muy buenas que sean las condiciones en mi Universidad, también lo son en muchas otras universidades, y éstas compiten por los mejores profesionales. Por ejemplo, cuando estaba acabando el doctorado, tuve tres ofertas. En EE UU, que uno empiece su carrera en una universidad, no implica que la acabe allí. Lo normal es cambiar varias veces durante la vida laboral. Comparen este mercado competitivo, casi promiscuo, con el famoso tema de la endogamia en nuestras instituciones. Los casos en que un profesional se doctora en la misma universidad estadounidense en la que va a trabajar son mínimos, constituyen normalmente un retorno tras varios años, y suelen ser personajes de gran valía. Nunca el chico del café y las fotocopias. Esa figura prácticamente no existe. ¿Y por qué no existe?, se preguntarán. ¿Es que los americanos no entienden de electricidad?

Las universidades estadounidenses compiten por fondos de investigación y estudiantes de calado. Necesitan los mejores profesionales. La decisión de contratar a una persona u otra es un proceso que dura cerca de medio año. Es una sucesión de entrevistas y visitas al campus, que desemboca en votaciones de todos los miembros titulares o con opción a titularidad, jefe del departamento y decano de la facultad. Y ese proceso sólo implica la contratación inicial. La titularidad involucra a los estamentos de la universidad a todos los niveles en varios comités. Demasiado largo de contar. El punto es que la contratación y promoción en el mundo académico de EE UU se basa en decisiones plurales y consensuadas. Las contrataciones son tan complejas que es relativamente frecuente que no haya quorum y que la búsqueda se postponga al año siguiente. Muy diferente, convendrán conmigo, del «esta vez mi estudiante y después el tuyo». De hecho, el anuncio de las vacantes tiene la máxima difusión. Suelen existir medios consensuados donde todos los departamentos de una disciplina anuncian sus vacantes, una conferencia o evento donde se hacen casi todas las entrevistas en fechas tradicionales y hasta se trata de regular qué tipo de preguntas proceden o no proceden en una entrevista académica. Y en Euskadi, ¿cómo funcionamos?

Las cuajadas de Eroski

El editorial de EL CORREO se pregunta cuál es el calibre de ese 10%. Yo no lo sé. Lo que sí sé es cómo se infravalora a los que estamos fuera: ‘pobre, no pudo encontrar trabajo aquí’. Como muestra un botón. En mi casa sólo me empezaron a tomar en serio como investigador después de haber librado ya muchas batallas internacionales, cuando dije un verano de 2005 que tenía que bajar a Elorrio para enseñarles un proyecto a la Fundación Eroski: el corpus paralelo basado en la revista ‘Consumer Eroski’, un corpus tetralingüe (castellano, euskara, catalán y gallego) que se usa aquí para muchas cosas (traducción automática basada en estadística, memorias de traducción, referencia para periodistas bilingües, incluso, como me dijo recientemente Iker Merchán, coordinador general de la revista, como referencia de primer orden para traducir la revista a euskara). En mi casa me miraron como se mira a Miguel Indurain. ‘¡Ahí va, Asier, pero si tus cuajadas favoritas de siempre son las de Eroski!’ Pues, fíjense, en todos estos años, ni me había dado cuenta.