jueves, marzo 31, 2011

Quiero mi Al Jazeera

Por Naomi Wolf, activista política y crítico social; su libro más reciente es Give Me Liberty: A Handbook for American Revolutionaries (Dadme libertad: Manual para revolucionarios estadounidenses). Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Project Syndicate, 31/03/11):

El corresponsal de Al Jazeera Ayman Mohyeldin se encuentra realizando una gira victoriosa en los Estados Unidos o, más bien, Al Jazeera lo envía. Después de todo, Mohyeldin es un tipo modesto, a pesar de ser uno de los periodistas más conocidos de la cadena y claramente una estrella en ascenso de los medios de comunicación internacionales.

Al Jazeera tiene buenas razones para presumir: goza un nuevo prestigio en los EE.UU. después de que millones de estadounidenses, ávidos de información sobre el terreno acerca de Egipto, buscaran en línea sus reportes en directo y la cobertura de Mohyeldin desde la Plaza Tahrir de El Cairo. Así que ahora Mohyeldin está en los EE.UU. para tres semanas de eventos de medios de comunicación – incluso habrá una sesión de fotos de GQ -, tras haberse vuelto bien conocido en un país donde, básicamente, se impide a los espectadores ver su canal.

La cadena ha sido blanco de ataques del gobierno de los EE.UU. desde 2003, cuando el ex vicepresidente Dick Cheney y el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld la describieran prácticamente como el equivalente a una rama de Al Qaeda. Dos de sus reporteros fueron asesinados tiempo después en Bagdad cuando un tanque de EE.UU. disparara contra el Hotel Palestina, donde, según funcionarios de EE.UU., se creía que había un francotirador atacando a las tropas estadounidenses. Sin embargo, dado que era sabido que el equipo de Al Jazeera se alojaba en el hotel, el canal y otros expresaron sospechas de que los reporteros hubieran sido objeto de un ataque deliberado.

Y, hasta el día de hoy, Al Jazeera, que junto con BBC News se ha convertido en uno de los principales puntos de oferta global de noticias televisivas serias, es prácticamente imposible de encontrar en los televisores de los EE.UU. Las principales empresas de cable y satélite del país se niegan a ofrecerla – con lo que sólo se la puede ver en Washington, DC, y partes de Ohio y Vermont – a pesar de la enorme demanda pública.

Así que Al Jazeera está enviando su equipo de noticias a recorrer los EE.UU. en un esfuerzo por “integrar” los rostros de esta demonizada red. Y Mohyeldin puede sonar como Robert F. Kennedy: cuando resonó en la Plaza Tahrir el bramido de la multitud al conocerse la renuncia de Mubarak, comentó: “Un hombre bajó un peldaño y ochenta millones de personas pudieron subir”.

La campaña de la estación en EE.UU. no podría ser más necesaria… para los estadounidenses. Al serles negado el derecho de ver Al Jazeera, se los mantiene en una burbuja, aislados de las imágenes y narraciones que informan al resto del mundo.

Consideremos el reciente escándalo acerca de las atroces fotos tomadas por soldados de EE.UU. en Afganistán, que ahora están disponibles en todo el mundo a través de canales noticiosos como Al Jazeera. En Estados Unidos, ha habido breve resúmenes noticiosos de que Der Spiegel ha informado sobre el asunto. Pero las imágenes mismas -ni siquiera modificadas para proteger la identidad de las víctimas- no han penetrado en los medios noticiosos de de EE.UU.

Y esas imágenes son tan extraordinariamente impactantes que no mostrarlas -junto con imágenes gráficas de los bombardeos de niños en Gaza, por ejemplo, o entrevistas a sobrevivientes de Guantánamo- impide que los estadounidenses tengan la posibilidad de comprender acontecimientos que pueden ser tan traumáticos para los demás como el impacto de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Por ejemplo, los medios de comunicación en EE.UU., incluido The New York Times, no han considerado oportuno mencionar que una de las fotos muestra a un soldado de EE.UU. sosteniendo la cabeza de un civil afgano muerto como si se tratara de un trofeo de caza.

Así que, por el bien de Estados Unidos, espero que Al Jazeera penetre en el mercado de los medios de comunicación estadounidenses. A menos que veamos las imágenes y narraciones que dan forma a cómo nos ven los demás, EE.UU. no será capaz de superar su reputación de matón tuerto del mundo.

De hecho, en ciertos aspectos hoy los egipcios están mejor informados que los estadounidenses (y, como Thomas Jefferson insistía a menudo, la libertad no es posible sin una ciudadanía informada). Egipto cuenta con 30 periódicos y más de 200 canales de televisión. Los periódicos de Estados Unidos están muriendo, la cobertura de noticias extranjeras se ha reducido a tres o cuatro minutos, como máximo, al final de uno o dos noticieros nocturnos, y la mayoría de sus canales de TV se encuentran saturados de reality shows.

Conocí a Mohyeldin antes de una reciente aparición pública en Manhattan. Su análisis de la revolución egipcia y otras en la región es que el tipo de medios de comunicación globalizada a la que los estadounidenses no tienen acceso completo ha creado las condiciones para que la gente pudiera alzar la voz y reclamar democracia. Señala que “la gente está consciente de sus derechos a través de Internet, la TV por satélite… está viendo películas y leyendo blogs. Esta fue una revolución de conciencia, basada en el acceso a la información que se comunica con rapidez. Los agricultores y los campesinos presentes en la Plaza Tahrir eran conscientes de sus derechos. ”

Los estadounidenses tenemos sed de noticias internacionales; es un mito el que no nos interesa el mundo exterior. Tal vez los norteamericanos nos levantemos y amenacemos con boicotear nuestros proveedores de cable y satélite a menos que consigamos nuestra Al Jazeera y otras emisoras de noticias internacionales. Nos acercaríamos un paso más a ser parte del mundo como un todo, un mundo que, de lo contrario, sencillamente nos dejará atrás.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

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