jueves, febrero 07, 2008

El espejo de la crisis libanesa

Por Georges Corm, ex ministro de Finanzas de Líbano. Autor de El Líbano contemporáneo, Ed. Bellaterra, 2006 Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 11/11/07):

La visita de tres ministros de Asuntos Exteriores europeos - francés, español e italiano- seguida de la del ministro de Asuntos Exteriores egipcio no parece haber hecho avanzar un desenlace de la crisis libanesa que no hace más que rebotar. En el ámbito local no se distingue señal alguna de un acuerdo sobre un candidato de compromiso que permita elegir a un sucesor del actual presidente de la República, cuyo mandato finaliza el próximo 23 de noviembre. El vacío constitucional acecha por tanto al país - en caso de falta de acuerdo-, factor que se añadiría a la confusión actual debida a la existencia de un gobierno que un amplio sector de los libaneses considera que ha perdido legitimidad y constitucionalidad tras la dimisión de los ministros de la comunidad chií en noviembre del 2006 y su falta de sustitución por otros de la misma comunidad.

Entre los países extranjeros influyentes en Líbano, los europeos son los más directamente interesados en no presenciar la zozobra del país en el vacío y el caos. Los contingentes más importantes de la Finul en el sur de Líbano son, en efecto, europeos (van en cabeza Italia, Francia y España). Cualquier desestabilización mayor de Líbano puede acarrear consecuencias catastróficas para su seguridad. Sin embargo, la política europea, que hasta ahora ha sostenido contra viento y marea al Gobierno libanés contestado y que sigue boicoteando al presidente de la República, ¿hace lo que puede para ayudar a restablecer las instituciones constitucionales aparte de emitir exhortaciones verbales a los responsables libaneses?

En cambio, en el caso de Arabia Saudí - otro gran apostante en el tablero libanés- se advierte un silencio total. Tanto más preocupante cuanto que este país ha entrado en una fase de hostilidad abierta con Siria por primera vez en su historia, lo que se ha traducido en declaraciones poco agradables entre responsables de ambos países. Esta disputa parece vinculada a las diferencias de criterio sobre el escenario regional entre países llamados “moderados”, aliados de Estados Unidos, y el eje irano-sirio que parecía querer hacer fracasar la política estadounidense en la región. Se refleja claramente en Líbano donde, desde la guerra de verano del 2006 de Israel contra Hizbulah, la hendidura entre dos sensibilidades políticas libanesas es más profunda que nunca. Una es básicamente hostil al eje israelo-estadounidense en la región y a sus proyectos y no aprecia en Irán y Siria factores de desestabilización. La otra es ferozmente hostil al eje irano-sirio, acusado de desestabilizar e instrumentalizar Líbano; tiene a EE. UU. por un aliado precioso sean cuales fueren sus lazos con el Estado de Israel y sus activas connivencias en la guerra librada por las fuerzas armadas de este país contra Líbano en verano del 2006.

En esta disputa, la postura europea sigue adoleciendo de falta de lógica. Desde el 2004 ha tenido lugar un acercamiento notable entre los países de la UE (Francia, Alemania, Bélgica) que habían expresado su oposición a la invasión de Iraq y Estados Unidos. La disonancia parcial aunque intensa de Europa ha desaparecido por completo en la actualidad. El nuevo presidente francés y su ministro de Asuntos Exteriores han adoptado posiciones con celeridad sobre la cuestión iraní, en tanto que Europa hasta ahora intentaba calmar las fuertes reacciones estadounidenses suscitadas por la cuestión nuclear iraní. En cuanto al Organismo

Internacional de la Energía Atómica (OIEA) parece que los países de la UE pisan los talones a Estados Unidos. ¿Cómo conciliar entonces una actitud favorable a los objetivos estratégicos de Estados Unidos en Oriente Medio con la salvaguarda de la seguridad de los contingentes de la Finul pero también con el retorno a la estabilidad en Líbano, país tan cercano a Europa por la historia y la cultura?

En el caso de Irán y de Siria, es difícil pronunciarse sobre sus verdaderas intenciones sobre Líbano. ¿Están realmente interesados en desestabilizar Líbano? ¿No haría el juego tal actitud a Estados Unidos e Israel, que podrían sentirse tentados a emprender una nueva aventura militar en Líbano en este nuevo marco a fin de erradicar a Hizbulah y privar así al eje opuesto de este agente de influencia? ¿Estaría dispuesto Irán a arriesgar la influencia ganada en la región merced al prestigio de Hizbulah ante amplios sectores de la opinión pública libanesa, árabe y musulmana? Siria, por su parte, ya en el punto de mira de Washington desde el 2003 ¿se beneficiaría de un caos libanés o se vería a su vez desestabilizada? ¿Y no entrañaría el caos local para Hizbulah - caos que no dejaría de alcanzarle- el término de su prestigio, obligándole a emplear sus armas en el conflicto interno en caso de ser atacado por otras facciones libanesas?

En cuanto a EE. UU., su embajador en Beirut es más que nunca omnipresente en la vida política libanesa y pone diariamente notas buenas y malas, planteando las exigencias poco realistas de su Gobierno con relación a la crisis que debate a Líbano.

Asimismo, cabe preguntarse si toda la tensión regional que no cesa de aumentar no acabará por estallar abiertamente en el escenario libanés, si es que no estalla en una gran guerra regional de dimensiones internacionales. Los libaneses contienen el aliento. Se trata de una situación que, desgraciadamente, han conocido ya más de una vez durante su pasado reciente.

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