[1] Este ARI refleja las opiniones de los autores y no necesariamente la del BBVA.
Noticias y comentarios sobre Ciencia Política, Administración Pública, Economía, Cultura y Arte.
martes, julio 05, 2011
La transformación del FMI
[1] Este ARI refleja las opiniones de los autores y no necesariamente la del BBVA.
lunes, junio 20, 2011
El FMI advierte del riesgo de contagio de la crisis griega a toda la eurozona
domingo, mayo 29, 2011
Don’t let European politicians run the IMF
lunes, mayo 23, 2011
In the IMF succession battle, a stench of colonialism
miércoles, abril 22, 2009
El FMI pone cifras a la Gran Recesión
Frente a quienes atisban los primeros signos de esperanza en la recuperación, los pesimistas son legión y todavía no se han equivocado en esta crisis. El FMI está entre el segundo grupo. El Fondo dibuja en su informe de primavera un panorama sombrío, con una caída del PIB mundial del 1,3% este año, mucho peor que sus estimaciones anteriores. Se trata de la recesión más profunda desde la II Guerra Mundial "por un amplio margen", según el Fondo. Son malas noticias. Más abajo sólo quedan los años de la Gran Depresión. El Fondo se alinea así con economistas como el estadounidense Paul Volcker, que ha bautizado la crisis actual como "la Gran Recesión".
La recesión empeora, la necesidad de gasto fiscal se agudiza y urge el activismo de los Gobiernos para limpiar de basura tóxica los balances de los bancos. El FMI no perdió ocasión esta mañana de martillear ese mensaje en medio de unas perspectivas "excepcionalmente inciertas, con riesgos aún inclinados a la baja". Traducción libre: la cosa va a peor. El PIB se contraerá este año en países que representan tres cuartas partes de la riqueza mundial. Apenas hay buenas noticias: como mucho, la desaceleración debería moderarse a partir de la segunda mitad del año. Para 2010 el Fondo prevé un crecimiento mundial del 1,9%, "flojo en comparación con otras recuperaciones", según el informe. La pesadilla de la recesión presenta así la peor de las siluetas: la curva del PIB mundial dibuja una preocupante "L". Incluyendo las cifras de 2010 el perfil se asemeja a una leve sonrisa o, como mucho, a algo similar al logotipo de Nike.
Previsiones del FMILa caída de la riqueza mundial se producirá "a pesar de las enérgicas medidas adoptadas para restablecer la salud del sistema financiero y del uso continuo de medidas de política macroeconómica para apoyar la demanda", según el Fondo. En otras palabras: ni las ayudas a la banca permiten recuperar el aliento al sistema financiero, ni la mayor intervención pública conocida en la economía sirve de mucho hasta ahora. Es más, el Fondo alerta de que es posible que los esfuerzos de política económica "no sean suficientes para romper el círculo vicioso de deterioro de las condiciones financieras y debilitamiento económica mundial".
Esa peligrosa espiral sigue alimentando el huracán, por lo que el FMI demanda nuevos estímulos fiscales a corto plazo y medidas excepcionales de política monetaria. Deberes para el Banco Central Europeo (BCE): el FMI no sólo apuesta por tipos al 0%, sino que invita a los bancos centrales a utilizar todo su arsenal, ortodoxo y no ortodoxo, para salir de la crisis. Algo parecido a una invitación al uso de la máquina de imprimir billetes, que ya han puesto en marcha EE UU, Suiza o Japón.
Batacazo para España
El FMI se suma a las previsiones más pesimistas para la economía española. El Fondo estima que el PIB caerá el 3% este año, en línea con los vaticinios del Banco de España o Funcas, y casi el doble de la previsión del Gobierno, que apuntaba a una caída del 1,6%. La recesión va para largo: en 2010, el PIB se contraerá el 0,7%, según el FMI, que en el informe constata la severa corrección del mercado inmobiliario -junto con países como Irlanda y el Reino Unido-.
El paro escalará hasta el 17,7% este año, para cerrar 2010 en el 19,3%, según el FMI, aunque en el caso del mercado laboral hay casas de análisis que vaticinan ya más de un 20% de desempleo. La crisis tendrá al menos un efecto positivo: el déficit comercial se reducirá hasta el 5,4% del PIB este año.
Además, el análisis del Fondo incluye a España dentro de un grupo de países europeos que pueden registrar problemas en su sector financiero, por el excesivo endeudamiento (caso de Islandia), por su exposición a las economías de Europa del Este (Austria), por la desaceleración acompañana de una débil posición fiscal (Grecia) o, en el caso de España e Irlanda, por la exposición a la corrección inmobiliaria.
Los datos de la institución para los bancos españoles no son mucho más halagüeños.
Geithner reconoce la culpa de EE UU en la crisis
El secretario del Tesoro de EE UU, Timothy Geithner, ha asegurado este miércoles que su país tiene una parte sustancial de la culpa por la actual crisis económica, pero que el mundo debe trabajar unidos para aligerar esta carga. "El resto del mundo necesita que la economía y el sistema financiero de EE UU se recuperen. Seguimos en el centro de de la actividad económica mundial con relaciones comerciales y financieras con cada región del mundo" ha dicho Geither, que ha pedido la implicación de los países del G-20 en un cambio de la regulación financiera mundial.
En una conferencia en el Club Económico de Washington, Geithner ha asegurado que, de igual manera que el mundo necesita a EE UU, la economía estadounidense "necesita que el resto del mundo se restablezca". El secretario del Tesoro, que no ha hecho referencia ni una sola vez al G-7 o el G-8 en su discurso, sí ha nombrado varias veces al G-20.
Un año "muy difícil para la banca española"
El FMI ha augurado hoy un año muy difícil para banca española y cree inevitable la fusión de algunas cajas de ahorros por su dependencia del sector inmobiliario, donde los precios caerán otro 15% en términos reales, según sus cálculos. "Los bancos españoles afrontan un año muy difícil, lo que probablemente lleve a su consolidación", dijeron los expertos del Fondo Monetario Interncional (FMI) en su revisión anual de la economía del país.
domingo, noviembre 09, 2008
Bretton Woods y Washington: de ayer a hoy
Por Gabriel Tortella, catedrático emérito en la Universidad de Alcalá (EL PAÍS, 08/11/08):
Se habla con frecuencia estos días de los paralelos entre la conferencia de Bretton Woods (julio, 1944) y la inminente reunión de Washington el próximo día 15. En efecto, algo tienen en común ambas conferencias en suelo norteamericano; pero las diferencias son quizá mayores. El mayor paralelismo radica en que las dos tratan de recomponer o reconstruir un sistema crediticio hecho añicos por una serie de catástrofes económicas: las de la Gran Depresión de los años 30 y la Guerra Mundial en el caso de Bretton Woods; y la derivada de la crisis de las hipotecas y las burbujas inmobiliarias, que estalló en Estados Unidos en junio de 2007, en el caso de la reunión de Washington.
La primera gran diferencia entre ambas radica en las circunstancias: la conferencia de Bretton Woods tuvo lugar en plena Guerra Mundial. Parecía ya clara la victoria de los Aliados, pero aún quedaba un año largo de lucha cruenta en Europa y en el Pacífico; hacía apenas un mes que las tropas aliadas habían desembarcado en Normandía e iniciado una lenta y trabajosa reconquista de Francia. Por graves que sean hoy los enfrentamientos internacionales y las guerras locales, la escala de tensión y violencia mundial es mucho menor.
Otra considerable diferencia estriba en que la conferencia de Bretton Woods tuvo lugar unos 15 años después del inicio de la crisis económica en 1929. Transcurrieron una larga década de depresión y cinco años de guerra antes del histórico acuerdo que sentó las bases del sistema monetario internacional de la segunda mitad del siglo XX. La conferencia de Washington, por el contrario, está convocada a poco más de un año de estallar la crisis, cuando el calado y la extensión de ésta se han hecho indudables y temibles. La celeridad con la que se ha organizado la conferencia de Washington es un acierto, pero hay que recordar que también durante la Depresión se convocaron varias conferencias, como la de Londres en 1933, que al cabo concluyeron en fracaso.
También es bastante diferente el tipo de problema a resolver. En Bretton Woods se trató de encontrar solución a los problemas monetarios de un lado, y de reconstrucción física tras la guerra de otro. El problema más acuciante para los reunidos en Washington es el de la reconstrucción del sistema de crédito internacional. El sistema monetario internacional actual, aunque muy diferente del que surgió de Bretton Woods, no plantea graves problemas inmediatos que requieran una reunión internacional de la envergadura de la que se prepara en Washington. Tampoco son comparables los integrantes de ambas reuniones. En Bretton Woods se reunieron los países fundadores de la Organización de Naciones Unidas. En Washington se van a reunir las naciones más desarrolladas (el G-8) con una representación de las naciones emergentes (el G-12). En principio, las Naciones Unidas no tienen ningún papel en Washington, aunque sí lo tenga el Fondo Monetario Internacional que es, al menos de iure, una agencia de la ONU. Examinemos con un poco más de detalle cuáles eran los problemas que se planteaban en 1944 y qué solución se les dio, para luego referirnos a las cuestiones de la crisis actual.
En 1944, ante el previsible final de la Guerra Mundial con la victoria aliada, se trataba de poner las bases económicas de lo que se anunciaba como una difícil postguerra. Economistas y políticos coincidían en que los orígenes de la guerra radicaban en la Gran Depresión, que favoreció el ascenso de Hitler al poder en Alemania y que dio alas a los movimientos totalitarios en todo el mundo, desde Japón hasta Argentina pasando por España. Una de las causas de la depresión fue el derrumbamiento del sistema monetario internacional al quebrar el patrón oro, que había facilitado los pagos internacionales desde mediados del siglo XIX. El problema del patrón oro era que imponía una rígida política monetaria que impedía llevar a cabo una expansión anticíclica en épocas de depresión. Ante la magnitud de la que tuvo lugar en los años 30, el patrón oro fue abandonado gradualmente, pero eso causó una crisis de confianza de escala mundial que hizo que el comercio internacional cayera en picado y con ello la producción se contrajera y el paro aumentara de modo aterrador. El aumento del paro trajo consigo el caos político que favoreció el totalitarismo. Lo primero que se trataba de resolver en Bretton Woods, por tanto, fue el problema de los pagos internacionales, algo que sustituyera al patrón oro y permitiera la expansión comercial que la reconstrucción tras la guerra requería. Por eso allí una de las estrellas fue Keynes, el economista que mejor había entendido los problemas monetarios del periodo de entreguerras.
De la conferencia surgieron dos agencias económicas de la entonces incipiente ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). El primero estaba destinado a resolver los problemas monetarios internacionales, el segundo a contribuir a financiar la reconstrucción física tras la guerra. El FMI trataba de mantener una de las características del patrón oro, los tipos de cambio fijos, cuya ventaja era eliminar el “riesgo país”, la desconfianza que genera la inestabilidad de los tipos de cambio, que es uno de los mayores obstáculos al comercio internacional. Para mantener la estabilidad de los tipos de cambio el FMI prestaría dinero a los países con problemas de balanza de pagos y, en casos extremos, les permitiría devaluar con la condición de llevar a cabo reformas estructurales que mejoraran su competitividad. Un caso paradigmático fue el Plan de Estabilización español de 1959, que favoreció una profunda reforma de la economía española y permitió las altas tasas de crecimiento de la era del “desarrollismo” en los 60. En general puede decirse que el sistema de Bretton Woods fue un éxito y que si quebró en 1971 fue por la inflación y déficit estadounidenses debidos a la Guerra de Vietnam. Se volvió a los cambios flotantes, pero la cooperación era mayor, y los bloques monetarios (dólar, euro, libra, yen y yuan) reducen la incertidumbre.
La crisis actual, a la que la inminente conferencia de Washington pretende poner remedio, no es el fracaso del sistema capitalista, como muchos afirman. En primer lugar, porque las economías crecen cíclicamente, es decir, con crisis periódicas, desde tiempos bíblicos; en segundo lugar, porque los culpables de la presente crisis están más en el sector público que en el privado. El que algunos banqueros y financieros cometan excesos en su deseo de abultar sus cuentas de resultados es casi inevitable. La responsabilidad última, sin embargo, recae sobre el estamento político, que no ha ejercido adecuadamente su misión supervisora y sancionadora, y sobre los bancos centrales que no han restringido a tiempo la burbuja crediticia.
Por otra parte, la crisis no es exclusivamente estadounidense, porque muchos otros países, como España, tenían sus propias burbujas, que estallaron como ecos de la de allí. Por tanto, lo que cuerdamente se propone a petición del presidente Sarkozy en la reunión de Washington es reformar el sistema financiero internacional, probablemente dando mayores poderes y medios al FMI para regular e inspeccionar el sistema crediticio mundial, actuando como prestamista de última instancia. Se trata, a su vez, de impedir que la crisis se extienda demasiado, tratando de que los principales países adopten medidas coyunturales concertadas. En Bretton Woods lo que se sometió a los reunidos fue un documento anglo-estadounidense largamente preparado, y redactado en una reunión previa en Atlantic City. No hay indicios de que una tal preparación se haya llevado a cabo ahora. Por otra parte, la iniciativa de la reunión de Washington es europea, y siendo los presidentes Bush saliente y desprestigiado y Obama recién electo, es poco probable que ninguno de ellos tenga autoridad bastante ahora para tomar grandes iniciativas. Sin la plena cooperación de EE UU poco se puede hacer. Todo ello hace temer que, a pesar de las declaraciones rimbombantes que sin duda se producirán al terminar el encuentro, lo de Washington sea un nuevo parto de los montes. Ya se habla se una nueva reunión tras la toma de posesión de Obama, signo indudable de lo poco que se espera de esta cita.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
domingo, octubre 12, 2008
Navigating the Storm
By John Lipsky, first deputy managing director of International Monetary Fund (THE WASHINGTON POST, 10/10/08):
After several years of exceptional progress, the global economy is entering a major slowdown. The risks of a more worrisome outcome are palpable. The International Monetary Fund’s World Economic Outlook released this week notes that many advanced economies are close to or are moving into recession; growth in emerging economies also is weakening.
With the crisis spreading, it would be easy to give in to deep pessimism. Nonetheless, there are good reasons for hope that a protracted downturn can be avoided and that the IMF’s expectation that the global economy can begin a gradual recovery by the second half of next year is realistic.
The IMF has long experience in dealing with banking and financial system breakdowns in advanced and emerging economies. We have distilled practical lessons regarding how to halt systemic decay and lay the foundations for recovery. But past IMF experiences also suggest that even a successful path won’t be quick or easy. The tectonic plates of the global financial system are shifting. There is no reasonable prospect of restoring the current system, so it is imperative that innovative solutions be found.
Dramatic policy moves this week in the United States and in key European countries made clear that government officials and central bankers recognize the extreme danger signs in the financial markets and the unfolding economic data. Already, officials have come to understand that earlier piecemeal initiatives undermined confidence and that decisive action is necessary. Some initiatives that previously would have been rejected out of hand as too extreme, such as a coordinated round of interest rate cuts, have been implemented. Surely more will follow.
The first priority must be to halt and then reverse the current turmoil. To overcome this crisis — which is familiar in outline, if unprecedented in scale, scope and complexity — a set of decisive, coherent and consistent policy initiatives, implemented vigorously, will be required. This principle is classic. What is novel is that global and regional responses are necessary for success in the current circumstances, not just national responses — however bold.
At this decisive phase, policies must be aimed at addressing the key systemic problems — illiquid assets, capital shortages and the collapse of counter-party trust. The continued provision of massive liquidity is one necessary element of a solution. So is an internationally consistent approach to deposit insurance.
The possibility of extending at least temporary public guarantees to interbank or other loans has not yet been addressed clearly, though such moves have proved useful in several previous instances. Moreover, the effective implementation of plans for public-sector swaps for or outright purchase of troubled assets — such as in the Bank of England’s Special Liquidity Scheme or, prospectively, in the U.S. Troubled Asset Relief Program — could play an important role in restoring confidence in the financial markets.
It is critical for bank capital to be rebuilt quickly. In many past crises, a public provision of capital has been crucial in catalyzing private funds and in helping to restart credit creation. Of course, the use of public funds in this way requires adequate safeguards and a viable exit strategy. That this crisis has specific roots in the United States and other housing markets suggests that direct public support for this sector should be considered, an aspect of policy that will inevitably be decided by each country individually.
Looking beyond the immediate crisis, a new multilateral framework for macro-financial stability will be needed. It should cover regulatory frameworks as well as economic policies. A variety of efforts are well underway in this area. The priority now must be to break the negative feedback loop between dysfunctional financial markets and a weakening global economy. The IMF stands ready to play its unique role of policy adviser and source of crisis aid to its member countries, whether they are advanced, emerging or developing economies.
The annual meetings of the IMF and World Bank, beginning tomorrow, will bring together the world’s key economic and monetary officials. The schedule includes sustained opportunities to confront both immediate and structural policy challenges. It would be unrealistic to expect dramatic decisions to follow immediately. But the next few days will be critical in setting a multilateral path toward global success in resisting the downward spiral of financial strains and weakening growth. Over the coming weeks, a new coherence in global policy efforts should address the profound shifts occurring in financial markets.