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miércoles, agosto 15, 2012

“Por amor a España”

Por Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza (El País, 10/08/2012).
El 10 de agosto de 1932, el general José Sanjurjo se sublevó en Sevilla contra la República. Declaró el Estado de guerra y en la clásica tradición del pronunciamiento militar publicó un manifiesto, redactado por el periodista Juan Pujol, director de Informacionesy agente del millonario Juan March, en el que se anunciaba la disolución de las Cortes y la toma del poder por una Junta provisional. Lo hacía “por amor a España”, para “salvarla de la ruina, de la iniquidad y de la desmembración”.
Fuera de la capital andaluza, sin embargo, nadie consiguió sumarse al golpe, y Sanjurjo, al comprobar que se había quedado solo y que sus subordinados se negaban a enfrentarse con las tropas procedentes de Madrid, abandonó la ciudad. Fue detenido en Huelva, unas horas después, cuando intentaba ganar la frontera portuguesa. Así acabó lo que se conoció después como la “sanjurjada”, la primera sublevación militar contra la República, poco más de un año después de su proclamación.
Ruidos de sables hubo ya desde el verano de 1931, cuando se conocieron las primeras medidas de la reforma militar de Manuel Azaña, duramente combatidas por un sector de la oficialidad y por los medios políticos conservadores. Los primeros intentos conspirativos fueron neutralizados muy pronto, aunque algunos militares y un grupo notable de civiles alfonsinos comenzaron a buscar apoyos exteriores en la fascista Italia, algo que iban a repetir las conspiraciones militares y civiles contra la República. Sanjurjo no mostró mucho interés al principio, pero su destitución como director general de la Guardia Civil tras los luctuosos sucesos de Arnedo de enero de 1932, que dejaron 11 muertos en la plaza de esa localidad riojana, y su traslado a la dirección de Carabineros, un puesto de menor relieve, le hicieron cambiar. Lo consideró un castigo y empezó a pensar que había motivos para sustituir a esa República por una dictadura.
El compromiso de Sanjurjo animó y unió a otros, aunque la organización era bastante deficiente y la falta de discreción permitió a las Fuerzas de Seguridad del Estado controlarlos y detener el 15 de junio al general Luis Orgaz, uno de sus cabecillas. La insurrección, no obstante, estaba ya decidida y, antes de que el Gobierno de Azaña pudiera desarticular completamente la trama, los conspiradores la fijaron para el 10 de agosto. En las primeras horas de ese día, un grupo de militares y civiles armados, al mando de los generales Barrera y Cavalcanti, intentaron tomar el Ministerio de la Guerra y el cercano Palacio de Comunicaciones. Varias unidades de la Guardia Civil y de Asalto sofocaron la rebelión, en la que murieron nueve sublevados y unos cuantos quedaron heridos. En otras provincias del sur, la insurrección fracasó también. Solo en Sevilla el general Sanjurjo logró arrastrar por unas horas a la guarnición militar y a las unidades de la Guardia Civil, hasta las 3.30 horas, cuando desde el Ministerio de la Gobernación informaron a la prensa de que la rebelión “había quedado liquidada”.
El castigo para los sectores militares, de la aristocracia y de la extrema derecha que habían participado en la sublevación fue severo. Varios centenares de militares fueron destituidos por su intervención o complicidad y 145 jefes y oficiales fueron deportados a la base sahariana de Villa Cisneros, en aplicación de la Ley de Defensa de la República, como se había hecho con los anarquistas unos meses antes. Muchos periódicos conservadores fueron suspendidos y notables monárquicos fueron detenidos o tuvieron que huir a otros países.
Al ministro de la Gobernación le llegaron telegramas de muchas ciudades y pueblos pidiendo “ejemplar castigo” para Sanjurjo e incluso “última pena”. Manuel Azaña, por el contrario, percibió desde el principio la necesidad de no hacer de él un mártir, como había hecho la Monarquía con Galán y García Hernández tras el fracaso de la sublevación de Jaca, y anotó en su diario de 25 de agosto de 1932: “Procuremos no incurrir en un yerro análogo. Se ha de acabar con la historia de los levantamientos y con los fusilamientos, haciendo ver que esas acciones no producen ni gloria. Más ejemplar escarmiento es Sanjurjo fracasado, vivo en presidio, que Sanjurjo glorificado, muerto”.
Y así fue. Condenado a muerte por un consejo de guerra, “como responsable en concepto de autor de un delito consumado de rebelión militar”, la pena fue conmutada por cadena perpetua, pese a que Santiago Casares Quiroga, ministro de la Gobernación, se opuso porque pensaba que el indulto “rompe la firmeza del Gobierno, alienta a los conspiradores y nos impide ser rigurosos con los extremistas”. El indulto provocó disturbios en varias ciudades, “chispazos de la cólera popular contra Sanjurjo”, escribió Azaña.
Sanjurjo estuvo preso en el penal cántabro de El Dueso, hasta que, amnistiado por el Gobierno de Alejandro Lerroux en abril de 1934, estableció su residencia en Portugal. Desde allí encabezó otro golpe contra la República en julio de 1936, de fatales consecuencias porque causó una guerra civil, aunque no pudo ver su desenlace. Murió el 20 de julio, cuando la avioneta que debía trasladarlo a España, pilotada por Ansaldo, se estrelló nada más despegar del aeródromo de Cascais. Había encabezado dos rebeliones militares en cuatro años. “Por amor a España”.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

lunes, agosto 13, 2012

España y/o Cataluña

Por José María Carrascal (ABC, 078/08/2012)
Parodiando a Vargas Llosa: «¿Cuándo empezó a joderse Cataluña?» Pues cuando renunció a ser la parte más dinámica, más moderna, más creativa, más rica de España, para dedicarse a crear un Estado-nación propio. Esfuerzo al que el nacionalismo catalán ha dedicado sus mayores y mejores energías durante siglo y medio, del que hay que descontar los 38 años de franquismo. Aunque el nacionalismo siguiera bullendo bajo él e incluso saliera fortalecido ya que el franquismo volcó en Cataluña las inversiones del Estado, al tiempo que le convertía en mártir, la sangre más fecunda para la proliferación. Así de robusto llegó a la democracia.
Pero el nacionalismo catalán, como los restantes, aparte de la mentira inicial de todos ellos —considerar a un grupo humano distinto e incluso superior al resto (todos los grupos humanos son distintos y en todos hay individuos mejores y peores que los demás)—, se construye sobre leyendas. No me refiero a que la senyera catalana (en realidad, de la Corona de Aragón) fue producto de la sangre de uno de sus reyes sobre un escudo —falso, según oí a un historiador catalán—, sino a atribuir a los Decretos de Nueva Planta, con la abolición de la Generalitat, la decadencia de Cataluña. Cuando gracias a esos decretos se estableció por primera vez un «mercado común» español, sobre el que Cataluña empezó su despliegue sobre el resto de España, gracias a su laboriosidad y a su espíritu empresarial.
Por Cataluña nos llegaron todas las corrientes artísticas europeas, junto al maquinismo y la revolución industrial. Allí se tendió la primera línea férrea y funcionó el primer telar, al que siguieron máquinas y productos de todas clases que encontraron fácil salida, gracias a barreras arancelarias impuestas a productos extranjeros. En Cataluña, junto al País Vasco, surgen las dos primeras burguesías españolas, que curiosa, pero inevitablemente, alentarían la revolución burguesa. Pero el fracaso en este terreno fue total. La Primera República, con dos de sus cuatro presidentes catalanes, provocó la desintegración en cadena del Estado, no ya por los nacionalismos, sino por los cantonalismos. Sin embargo, el peso de Cataluña en España no hizo más que crecer en España e incluso durante el franquismo se abriría allí la primera autopista y la primera fábrica de automóviles.
Pero un artículo no es un libro de historia y salto a nuestros días, con el nacionalismo catalán consagrado constitucionalmente y gobernando anticonstitucionalmente en diversos aspectos. ¿Qué ha traído a Cataluña durante tres décadas de hegemonía política? Pues el retroceso progresivo a ininterrumpido respecto al resto de las Autonomías españolas, hasta el punto de que, hoy, Cataluña es incapaz de pagar los hospitales y centros asistenciales. ¿Por qué? Pues por equivocarse en el tiempo y en la estrategia, dos fallos letales en política, que exige hacer lo que se requiere en el momento oportuno. Y el imperativo de este momento es la globalización o, por lo menos, una política de bloques, mientras el nacionalismo tiende por naturaleza a la fragmentación. Pedir una hacienda propia, como hacen los políticos catalanes, cuando la Comunidad Europea busca una hacienda común es tan anacrónico como volver a las diligencias. Pero si ese fue un error histórico, mayor aún fue el de la gestión.
Tras el fracaso del proyecto «Países Catalanes», los líderes nacionalistas, con la complicidad de los socialistas catalanes, se dedicaron a fer nació, a hacer nación, en vez de hacer una Cataluña más moderna, más productiva, más dinámica, gastándose un río de dinero en ello. Lo que si en un nacionalista es hasta cierto punto explicable, en un socialista contradice la esencia internacionalista, igualitaria y progresista de su partido. Claro que en eso va deviniendo el socialismo, incapaz de adaptarse a la marcha de los tiempos.
En cualquier caso, la consecuencia ha sido que Cataluña es la Comunidad más endeudada de España, viéndose obligada a pedir dinero al Estado español para cubrir sus próximos vencimientos. Claro que lo ha hecho de la forma más ruin; echando la culpa a España de sus males. Ya decía Samuel Johnson que «el nacionalismo es el último refugio de los bribones». Si eso ocurría en el siglo XIX, no quiero decirles en el XXI, cuando ha perdido el aura romántica que le envolvió en un principio y al haber desparecido los más idealistas de sus promotores.
Pero la mayor sorpresa nos aguarda al comprobar que, hoy, Cataluña, después de tres décadas de hegemonía nacionalista y miles de millones gastados en su proyecto, es más española que nunca. Quiero decir que su situación es indiferenciable a la del resto de España, pese a haber sido gobernada con el decidido propósito de alejarse de ella: tienen la misma deuda agobiante encima, una administración sobredimensionada y poco eficaz, un problema de identidad que se agranda en vez de disminuir, serios problemas de crecimiento interno y, lo más grave, una corrupción institucional galopante, que en el resto de España se airea y en Cataluña trata de ocultarse por todos los medios, pero que surge por todas las grietas del sistema, desde el famoso «tres por ciento», aún no aclarado, al último escándalo de las ITV, con Oriol Pujol envuelto, pasando por el desfalco del Palau, que en Inglaterra sería como si alguien hubiera metido la mano en la caja del British Museum. No, el nacionalismo no ha traído la prosperidad a Cataluña pese a haber hecho y deshecho allí a su antojo y todo apunta que no la traerá incluso con la independencia, por algo que se niegan a reconocer: Cataluña es España, la parte más europea, más sofisticada, más práctica. Al menos lo era hasta que el nacionalismo comenzó a gobernar contra todo lo que era el seny:el sentido común, la responsabilidad, el pragmatismo.
Hace más de treinta años publiqué en ABC un artículo titulado «Catalanizar España», donde proponía que esas virtudes catalanas se trasladasen al resto del país, al ser la base de la democracia y de la convivencia. Hoy, pese a los muchos y buenos amigos que tengo allí, apenas voy, por encontrar los mismos gritos, intemperancias, errores, anacronismos, corrupciones y pasiones que en cualquier otra Autonomía. ¿Acaso hay alguien más parecido al español castizo que Carod Rovira, estampa viva de aquel don Gundisalvo de Mingote (éste sí que era un catalán universal, culto, inteligente, sensible)?
En ello, nuestra democracia no ha otra cosa que en el resto: igualar por lo bajo.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona 

domingo, julio 15, 2012

El pueblo de España exige “¡democracia real, ya!”

Por Amy Goodman (Democracy now!, 13 de julio de 2012)


Luego del anuncio realizado el miércoles por el Presidente de España sobre los profundos recortes y las medidas de austeridad que aplicará para poder asegurar los fondos de la Unión Europea para rescatar a los bancos españoles que están al borde de la quiebra, el pueblo de España salió a las calles una vez más para exigir lo que denominan “¡democracia real ya!”. La medida tiene lugar una semana después de que el gobierno anunciara el lanzamiento de una investigación penal contra el ex presidente ejecutivo del cuarto banco más grande de España, Bankia, Rodrigo Rato. Rato es lo que se dice un pez gordo: antes de dirigir Bankia fue director del Fondo Monetario Internacional. Lo que los medios no mencionan es que esta investigación oficial del gobierno fue iniciada por la acción popular.

Al movimiento de indignados en España (el equivalente al movimiento Occupy estadounidense) se lo llama 15-M, por el día en que comenzó: el 15 de mayo de 2011. Conocí a uno de sus principales líderes la semana pasada en Madrid, el día en que se anunció la investigación de Rato. Me sonrió y dijo: “Por fin está sucediendo. Tal vez uno de estos tipos pague por sus actos. Porque nosotros, los ciudadanos, tenemos la impresión de que a ninguno de estos peces gordos jamás les sucederá nada. Hacen lo que quieren, roban, mienten y no pasa nada. Pero ahora, hoy, quizá suceda algo y me pone muy contento”.

El dirigente, Stephane Grueso, es un activista y realizador cinematográfico que está haciendo un documental acerca del movimiento 15 de Mayo. Es un profesional talentoso, sin embargo, al igual que el 25 por ciento de la población española, está desempleado: “No nos gustaba lo que veíamos, hacia donde nos dirigíamos. Sentimos que estábamos perdiendo nuestra democracia, que estábamos perdiendo nuestro país y nuestro modo de vida. Entonces diferentes personas nos unimos con intereses diferentes bajo una misma consigna: queremos '¡democracia real, ya!', igual que su programa. Y nos unimos y salimos a la calle, pero no teníamos demandas concretas ni acciones concretas. Se trataba simplemente de unirse y ver lo que sucedía y de hecho sucedió que nos quedamos protestando en las calles. Cincuenta personas decidimos pasar la noche en la Puerta del Sol, en esta plaza, y luego la policía trató de sacarnos. Pero regresamos. Y luego esto comenzó a multiplicarse en otras ciudades de España. En tres o cuatro días éramos decenas de miles de personas en decenas de ciudades españolas, acampando en medio de la ciudad, un tanto similar a lo que sucedió en la Plaza Tahrir en Egipto”.

La ocupación de la Puerta del Sol y de otras plazas en toda España continuó. Sin embargo, como sucedió con los campamentos del movimiento Occupy Wall Street en todo Estados Unidos, finalmente fueron desmantelados. A pesar de ello continuaron organizándose a través de grupos de trabajo y asambleas de vecinos centrados en diferentes temas. Uno de los grupos de trabajo del 15-M decidió demandar a Rodrigo Rato y reclutó a abogados que trabajaron en forma honoraria e identificaron a más de 50 demandantes, personas que se sintieron personalmente defraudadas por Bankia. Si bien los abogados trabajan en forma honoraria, una demanda tan grande es costosa, de modo que el movimiento, que tiene amplia difusión en las redes sociales, recurrió a la llamada “microfinanciación colectiva”: solicitaron pequeñas donaciones a la masa de seguidores del movimiento. En menos de un día recaudaron 25.000 dólares. La demanda fue presentada en junio de este año.

Olmo Gálvez es otro líder del movimiento 15-M que conocí en Madrid. Gálvez, un joven empresario con experiencia en varios países del mundo, fue uno de los “indignados” que apareció en la revista Time cuando la publicación eligió a “El manifestante” como personaje del año 2011. El supuesto fraude de Bankia cometido por Rato implicó la venta de “acciones preferenciales” de Bankia a pequeños ahorristas, denominados inversores minoristas, debido a que los inversores sofisticados no las estaban comprando. Gálvez explicó lo sucedido: “Estaban vendiendo esas acciones a personas que, en algunos casos, no sabían leer, algunos tenían dificultades para entender el producto y muchos eran ancianos. Fue un gran escándalo que no apareció en los medios”. Algunas de las personas que invirtieron en esta trampa creada por Bankia tuvieron que firmar el contrato con sus huellas dactilares porque no podían leer ni escribir y mucho menos comprender en qué estaban metiendo sus ahorros.

Esta semana, miles de mineros marcharon hacia Madrid. Algunos caminaron 380 kilómetros desde Asturias, en la costa norte de España. Según informó el periódico electrónico ElDiario.es, cuando los mineros llegaron a Madrid el martes por la noche coreando “somos el 99 por ciento”, fueron recibidos como héroes. El miércoles por la mañana, el Presidente Mariano Rajoy, del derechista Partido Popular, realizó su más reciente anuncio sobre las medidas de austeridad: el aumento del impuesto al consumo, una disminución del sueldo de los empleados públicos y la reducción del período de cobertura del seguro de desempleo a seis meses.

Mientras Rajoy realizaba su anuncio en el Parlamento, los mineros estaban en la calle junto a miles de ciudadanos que se sumaron, todos para exigir que se ponga fin a los recortes impulsados por el gobierno. Los manifestantes se enfrentaron a la policía antidisturbios, que les lanzó balines de acero recubiertos de goma y gases lacrimógenos. Algunos manifestantes regresaron con petardos y otros proyectiles y en medio del tumulto que siguió, al menos 76 personas resultaron heridas y ocho fueron arrestadas.

Stephane Grueso resume el movimiento de la siguiente manera: “Decimos que esta es una revolución popular. Nosotros somos el pueblo. No somos un partido. No somos un sindicato. No somos una asociación. No somos 'indignados'. No estamos enojados. Somos el pueblo. Estamos en todas partes. Aquí, en Madrid, cada fin de semana hay 104 asambleas de vecinos. En cada una de las asambleas hay de cinco a quince personas que se reúnen para hablar de política a gran escala, de lograr la paz en el mundo, pero también de política a pequeña escala: qué problemas enfrentamos en nuestro vecindario. Esto sucede cada semana y esto es el 15-M. Estamos conectados y trabajamos juntos en España y con otros países. Estamos logrando cosas, no nos hemos detenido. No somos tan visibles ahora pero seguimos trabajando y volveremos a salir a las calles”.


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2012 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 350 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

sábado, junio 11, 2011

Una mirada al 15-M

Por Joan Coscubiela, investigador del seminario Comunicación y Sociedad Civil de la Universidad Abierta de Cataluña (EL PAÍS, 09/06/11):

Aunque nos falta distancia para analizar el movimiento del 15-M, todo apunta a que no estamos ante un hecho anecdótico. Hoy se abren algunos interrogantes. Qué aporta este movimiento y hacia dónde puede evolucionar. Consciente de que hay tantas respuestas como miradas, esto es lo que a mí me parece ver.

El 15-M ha mostrado de nuevo la potencialidad de la Red para propiciar la confluencia de diferentes iniciativas y como instrumento organizativo, aunque su expansión ha llegado con la presencia en la calle y la difusión por los medios. Es esta interacción de diferentes formas de comunicación la que ha potenciado fuertes vínculos emocionales y la implicación de gente muy diversa en variadas formas de participación, cooperación y socialización de vivencias. Importante en unos momentos en que la indiferencia, la resignación o el individualismo han atrapado a buena parte de la sociedad, el 15-M ha conseguido abrirse hueco en una agenda comunicativa cada vez más cerrada. Más complejo ha sido evitar el enmarcado que algunos medios han querido dar del movimiento, situándolo como subalterno de las elecciones del 22-M.

Estos días se ha generado un potente imaginario que ha ganado las mentes de muchas personas, rompiendo los estereotipos criminalizadores que desde el poder se han querido dar de los movimientos sociales. Ni marginal, ni apolítico, ni violento. El comportamiento en las acampadas, la respuesta a la intervención policial de Barcelona y la inteligente organización de la convivencia con los aficionados del Barça son muy ilustrativos.

Además de potentes vínculos emocionales, el 15-M aporta reflexiones con fuerte carga ideológica. La democracia sin contrapoderes sociales es débil, y sin democracia económica, no es real. Vínculo emocional e ideología son factores clave para movilizar a la ciudadanía en cualquier ámbito, social o político, como bien sabe la derecha española.

En contra de lo que pretenden sus detractores, el movimiento supone una clara reivindicación de la democracia y la política -en su sentido primigenio- como medios imprescindibles para dar respuesta a un sistema social gobernado por los mercados financieros y unas instituciones políticas impotentes; y al mismo tiempo defiende una manera no clientelar de entender la política y de tratar a la ciudadanía.

En esta línea, el 15-M aporta propuestas de carácter marcadamente regeneracionista, que son reformistas y subversivas al mismo tiempo. La reforma de la ley electoral, la exigencia de una efectiva división de poderes, espacios y formas de participación de las personas no intermediadas por las instituciones, el establecimiento de límites a la propiedad privada para garantizar su función social y el acceso a derechos sociales básicos como la vivienda, son propuestas reformistas y al mismo tiempo profundamente subversivas. El 15-M abre posibilidades a la aparición de un nuevo sujeto social que no puede analizarse con los parámetros propios de las organizaciones sociales estructuradas u otras formas de participación.

Ahora aparecen algunos interrogantes a los que no es fácil responder: cómo dar continuidad al espacio social que se ha generado, cómo evitar los riesgos de dilución con el paso de los días, qué tipo de acciones pueden mantener activo al movimiento y cómo continuar desempeñando un papel de contrapoder social.

Las formas utilizadas, la cultura que comporta sus prácticas participativas, han demostrado su riqueza y potencialidad, que ahora se están poniendo a prueba en los debates sobre cómo evitar los riesgos de deterioro o desfiguración del propio movimiento.

En los próximos días podremos analizar si la indignación se dirige solo a la política o bien sitúa a los poderes económicos entre sus objetivos. Una de las contradicciones de estos tiempos es la elusión de responsabilidades por parte de los poderes económicos, que no se sienten aludidos ni interpelados por lo que está pasando. A diferencia de la política, los mercados no necesitan legitimarse ante la ciudadanía, solo responden ante los accionistas y los inversores y su fuente de legitimidad son los beneficios. Parece como si el conjunto de la sociedad, y en esto el 15-M no ha supuesto ninguna ruptura, hubiera interiorizado que los poderes económicos son irresponsables, en el sentido de que no deben dar explicaciones y tampoco cabe pedírselas.

Algunas voces pretenden medir la utilidad del 15-M por las reivindicaciones que consiga a corto plazo, pero todo apunta a que los impulsores del movimiento afrontan el proceso con mentalidad de corredor de fondo, posiblemente porque saben que el cortoplacismo es uno de los cánceres de nuestra sociedad y de la política institucional.

Pero no cabe menospreciar lo que supondría para su consolidación como sujeto social que algunas de sus propuestas encontraran vías de avance. Esto depende de cómo evolucione el movimiento generado a partir del 15-M y las complicidades que puedan establecerse con otras organizaciones de prácticas y culturas distintas, pero los mismos objetivos. También cabe pensar que la única función posible es la de ofrecer un espacio para que la ciudadanía actúe como contrapoder social, y que desde fuera y desde dentro del movimiento no se puede pretender nada más.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

martes, junio 07, 2011

Competir, problema de Portugal y España

Por Pankaj Ghemawat, profesor del IESE Business School (EL MUNDO, 07/06/11):

Casi todo lo que se ha escrito últimamente sobre Portugal se ha centrado en sus finanzas, en su rescate, y en si pueden volver a sumar. Sin embargo, aunque eso ocurra -y éste es un gran interrogante- no va a ser suficiente que Portugal vuelva a subirse al tren. Esto exigirá el crecimiento de la economía -no sólo una reestructuración financiera- e inevitablemente también implicará recurrir a fuentes de crecimiento fuera de las fronteras del país luso.

Existen varias razones por las que esto va a ser necesario. En primer lugar, Portugal sufre un déficit comercial crónico desde principios de la década de los 90 y sencillamente no puede permitirse seguir pagándolo durante más tiempo. Además, el sector de las exportaciones es la mejor apuesta para el crecimiento de la productividad, otro problema que padece Portugal desde principios de los 90. Y esto es especialmente cierto dado el deprimente estado de la economía doméstica portuguesa. Así lo han reconocido incluso los dos principales bandos políticos del país.

Pero los políticos, y no sólo los portugueses, están empezando a darse cuenta también de que es más fácil hablar que lograr el impulso de las exportaciones. ¿Dónde y cómo podría generar Portugal el crecimiento de sus exportaciones, sobre todo si como miembro de la zona euro no puede devaluar su moneda?

El principal socio comercial de Portugal es España, con el que comparte frontera, pertenencia a la Eurozona y otra serie de similitudes administrativas, culturales y económicas. De forma que el dominio español, y en general europeo, del comercio portugués es, en cierta medida, natural. Dicho esto, la dependencia excesiva de Europa como motor del crecimiento portugués sería problemática dada la posición relativamente periférica de Portugal en Europa, así como las predicciones de que el porcentaje europeo del PIB mundial y la población se reducirán de forma significativa durante las próximas décadas. Por tanto, sin olvidarse de estos mercados -que seguirán siendo los más importantes para Portugal en el futuro más próximo- el país necesita dar un paso más en su objetivo de crecimiento de las exportaciones.

Un objetivo obvio es Brasil, dado el puente lingüístico ofrecido por el portugués así como los vínculos colonia-colonizador -algunos estudios estadísticos demuestran que esto ha duplicado e incluso triplicado la cantidad de relaciones comerciales entre ambos países-. Mientras Brasil figura en la lista de los 10 principales socios comerciales de Portugal, el porcentaje portugués del comercio bilateral de Brasil alcanzó un nivel máximo del 0,8% en 2006 y desde entonces ha caído hasta sólo el 0,5% en 2010. El hecho de que el porcentaje brasileño del comercio portugués sea aproximadamente el mismo que el porcentaje de Brasil del PIB mundial es un indicio aún más claro de las oportunidades perdidas.

Ya en otro tipo de dimensión, pero demasiado importante para ser ignorada está Asia. El centro de la economía mundial se ha ido trasladando hacia el este durante las últimas décadas: desde la mitad del Atlántico en la década de los 80 a Europa del Este ahora, a -se prevé- alguna parte entre India y China en 2050. ¡Sólo en los dos próximos años, por ejemplo, está previsto que China crezca 60 veces más que España en términos absolutos!

Dadas las distancias, no será fácil penetrar en estos mercados. En concreto para las pequeñas y medianas empresas portuguesas que carecen de experiencia internacional, una estrategia ordenada, empezando con el resto de Europa Occidental, tendría más sentido que dar un gran salto hacia el Este. Y así al menos parece que lo han entendido algunos de los políticos portugueses: el manifiesto del partido Social Demócrata, ganador de las elecciones del domingo, llama de manera explícita a fomentar las relaciones comerciales con países de habla portuguesa, así como con China e India. Sin embargo, no estoy seguro de que los empresarios portugueses compartan este planteamiento. A principios de 2011 dirigí un taller para ejecutivos de empresas portuguesas entre los que se incluían algunos directivos de las pocas multinacionales del país y de pequeñas y medianas empresas. Pero en respuesta a los puntos señalados anteriormente, sobre todo escuché quejas acerca de las dificultades para penetrar en mercados extranjeros como el brasileño: es muy difícil sacar dinero de Brasil, su sistema legal es demasiado complicado, los niveles de ingresos son muy bajos, etcétera. Pensé que los portugueses que dieron el pistoletazo de salida a la era del descubrimiento debían tener una mentalidad muy diferente.

Algunas de estas mismas lecciones se pueden aplicar a España. España es casi tan dependiente como Portugal en cuanto a sus exportaciones con la Unión Europea. La cuota latinoamericana en las exportaciones españolas, se ha quedado atrás con respecto a la cuota que tiene Latinoamérica del PIB mundial. Y Asia sólo supone un 6% de las exportaciones españolas. Sin embargo, cuando a los empresarios españoles, como a sus vecinos portugueses, se les enfrenta con estos datos, argumentan que la proximidad a Europa es mucho mayor en múltiples aspectos -administrativos, geográficos, económicos e incluso culturales- que cuando los comparamos con el resto del mundo.

Si bien esto es cierto, tanto España como Portugal deben tener en cuenta las predicciones económicas de los próximas décadas y decidir entre centrarse en lo cercano y cómodo, aunque con crecientes limitaciones, o más bien desarrollar aptitudes para poder competir mejor en las largas distancias.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

lunes, junio 06, 2011

El 15-M: ¿un nuevo Mayo de 1968?

Por Nigel Townson, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del proyecto internacional de investigación Alrededor de 1968: militancia, redes y trayectorias. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo (EL PAÍS, 06/06/11):

La semana pasada, deambulando entre las tiendas, sacos de dormir, tenderetes y pancartas de la Puerta del Sol, me preguntaba por qué algunos analistas habían llegado a calificar esta manifestación extraordinariamente pacífica y cívica de “nuevo Mayo del 68″. ¿Dónde estaban los estudiantes arrojando adoquines, las barricadas levantadas a toda prisa y los sangrientos enfrentamientos con la policía? Con todo, hay ciertas similitudes entre el 15-M y Mayo de 1968, aunque las disparidades entre ambos acontecimientos siguen teniendo un gran peso. Por otra parte, no cabe duda de que las convergencias entre uno y otro bastan para permitir que los participantes en Democracia Real Ya puedan extraer provechosas lecciones del movimiento registrado hace 43 años.

Lo primero que ambos mayos tienen en común es la sorpresa. Ni los medios de comunicación, ni los políticos, ni el conjunto de la sociedad preveían el espontáneo y sostenido estallido, no solo de indignación popular sino de celebración colectiva, que ha recorrido España en las dos últimas semanas. Lo mismo puede decirse de la protesta ocurrida en 1968 en la Universidad de Nanterre, de la periferia parisiense, que rápidamente se extendió a La Sorbona, mucho más visible por estar en el centro de la capital francesa y por su indiscutible prestigio. El hecho de que la protesta española se haya materializado en la ocupación de la Puerta del Sol apunta también un rasgo común. Los espacios de Mayo del 68, desde los consagrados edificios de La Sorbona a las calles y plazas del Barrio Latino de París, tuvieron una enorme importancia, ya que, para manifestantes y autoridades, esos disputados lugares estaban cargados de significado simbólico. Espacios céntricos como Sol o la Plaza de Catalunya se asocian con el poder oficial y reflejan el discurso dominante que les da significado. La Puerta del Sol no solo es el centro de la capital, sino el centro simbólico de España, el kilómetro cero. Al hacerse con Sol, los indignados no solo están reclamando para sí ese espacio, también sus significados simbólicos y discursivos, razón por la cual este ha pasado a conocerse con el nombre de “la República de Sol”.

Está claro que la ocupación de los espacios públicos refleja otro rasgo común a los dos mayos: ambos ponen en cuestión las pretensiones y métodos de la política de partidos convencional, suponiendo por tanto un desafío directo para ellos. Si los manifestantes parisienses rechazaban la V República “burguesa”, los sublevados de Sol han rechazado el duopolio institucional que constituyen el PSOE y el PP. Del mismo modo, los dos movimientos han hecho suya la “democracia directa” de las asambleas populares. También es sorprendente que tanto Mayo del 68 como mayo de 2011 sean estallidos de una juventud desafecta, de dos generaciones que sienten que el establishment les ha fallado. En España, el desencanto generacional lo ha agudizado la lentitud con la que se ha producido la renovación de las élites desde la Transición. Por último, los movimientos del 15-M y de Mayo del 68 se distinguen por la ausencia de líderes y de definición ideológica, así como por su correspondiente capacidad para la acción y la improvisación espontáneas.

Entonces, ¿qué distancia a los dos mayos? La diferencia más palmaria radica en que, para sus propios protagonistas, el levantamiento parisiense era una auténtica revolución. Según muchos de ellos, había de ser una revolución política, de corte marxista, con la que el proletariado y sus aliados arrebatarían el poder a la decadente burguesía de la V República. “Solo se hablaba”, como subraya Prisca Bachelet, de la Unión de Estudiantes Comunistas en 1968, “de cómo hacer la revolución”. Desde este punto de vista, la revuelta parisiense fracasó porque no tomó el poder político. Según expone un antiguo militante, la idea era “antes que nada ocupar el Hôtel de Ville (Ayuntamiento) y, si no se podía ocupar el Hôtel de Ville, quemar la Bolsa. El problema del 68 es que, aparte de las universidades, no nos hicimos con el control de nada; no ocupamos los centros de poder. No ocupar el Hôtel de Ville fue un enorme error”. Sin embargo, para otros militantes, mayo del 68 había de ser sobre todo una revolución cultural. Jean-Paul Dollé aspiraba a “una auténtica revolución cultural, pero de verdad. Se produciría un cambio en la forma de pensar, un movimiento filosófico de masas”. Como recuerda un colega, “nos decíamos que teníamos que llevar a cabo una revolución del espíritu. El auténtico mensaje era que todo el mundo puede hablar con los demás, que la democracia es libre, que por fin se pueden tener relaciones sexuales. ¡Abajo con la moralidad burguesa!”.

Tampoco habría que olvidar que la revolución política de 1968 se inspiraba en las luchas antiimperialistas y anticapitalistas del Tercer Mundo, sobre todo en la guerra de Vietnam, la Revolución Cubana y la guerra de independencia argelina. De hecho, los manifestantes franceses creían que estaban llevando la revolución a la metrópoli, reproduciendo Vietnam, Cuba y los demás conflictos en el corazón de Europa Occidental. Algo que produciría inevitablemente derramamiento de sangre. Alain Geismar, uno de los fundadores de Gauche Prolétarienne (Izquierda Proletaria) y coautor de una obra de título revelador, Vers la guerre civile (Hacia la guerra civil), recalca que “pensábamos que iban a producirse levantamientos populares por doquier, que serían sofocados con derramamiento de sangre”. En realidad, ambos bandos recurrieron a la violencia, como demuestran los enfrentamientos entre los estudiantes y la policía, y entre esta y los trabajadores. Por ejemplo, el registrado el 11 de junio en la planta de Peugeot en Sochaux se saldó con 150 heridos y dos trabajadores muertos. El contraste con el 15-M es apabullante. Puede que en parte sus manifestantes se hayan inspirado en las revueltas prodemocráticas árabes y en las estudiantiles de Grecia y otros países, pero no se consideran parte de una revolución mundial contra el capitalismo y el imperialismo. Tampoco son fundamentalmente antisistema, como demuestran sus principales reivindicaciones: reforma electoral, castigo a los políticos corruptos, rendición de cuentas y transparencia. Además, Democracia Real Ya no ha recurrido a la violencia. Más bien es difícil imaginar una “revolución” más pacífica y fundamentalmente cívica.

Para terminar, el mayo parisiense de 1968 tenía tanto que ver con las formas de vida como con las tradiciones políticas marxistas. Muchos militantes se afanaban por reinventar la política de una manera novedosa e imaginativa, haciendo que el cambio personal fuera también político: cambiar uno mismo era también cambiar el mundo. Así, Roland Castro, dirigente de Vive la Révolution, calificó a su grupo de “libertario, libertino”. Daniel Cohn-Bendit afirma incluso que “el movimiento quería cambiar más las formas de vida que al Gobierno”. Sin negar la vertiente liberadora y festiva del 15-M, hay que decir que, cuatro décadas después, las aspiraciones del 68 en lo tocante a las formas de vida se han revelado en gran medida irrelevantes.

Si tenemos en cuenta que no logró su principal objetivo político y que fue incapaz de consolidarse desde una perspectiva organizativa o institucional, Mayo del 68 fue un “fracaso”. Esto no solo se debió a las tensiones entre los que buscaban cambios políticos o de formas de vida, sino a las que había entre estudiantes y trabajadores, ya que estos no compartían los objetivos revolucionarios de aquellos. El resultado fue un movimiento que, profundamente dividido, se componía de grupos, redes y aspiraciones enfrentados.

Visto en perspectiva, ¿qué puede aprender el 15-M de mayo del 68? En primer lugar, sería vital que cristalizara en propuestas claras y concretas. La indefinición y la incoherencia sobre cuestiones fundamentales no harán más que perjudicar a la credibilidad y la eficacia del movimiento. Una consecuencia esencial sería la continuidad organizativa, que también implica la existencia de algún tipo de liderazgo colectivo o individual, probablemente básico para garantizar la cohesión, la identidad y la búsqueda de una meta común para el 15-M. Finalmente, yo le sugeriría al movimiento que, para conservar el favor popular, no se quede más de la cuenta en el centro de las ciudades. Con frecuencia se olvida que en Francia los acontecimientos de mayo de 1968 suscitaron una reacción tan virulenta que en las elecciones de junio los conservadores de De Gaulle obtuvieron el 75% de los escaños. Seguramente, lo último que querría el movimiento del 15-M es sufrir un destino similar y ser conocido, por tanto, como “el nuevo Mayo de 1968″.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Una conquista del derecho de protección social

Por Adolfo Jiménez, secretario general de la Organización Iberoamericana de Seguridad Social (EL PAÍS, 06/06/11):

Los movimientos migratorios, de gran importancia en un mundo muy internacionalizado como el actual, pueden perjudicar seriamente la acción protectora de la Seguridad Social. Los sistemas nacionales de protección social se rigen, como es lógico, por el principio de territorialidad, es decir, se aplica a aquella población que radica y ha perfeccionado sus derechos en el propio país. Pero en la actualidad la vida laboral de muchos millones de ciudadanos discurre entre distintas naciones no pudiendo completar, en muchos casos, el periodo mínimo de cotización que en cada una de ellas se exige para tener derecho a percibir la prestación correspondiente, a pesar de que se haya cotizado durante toda la vida activa, perdiéndose el derecho contributivo que conlleva la cotización social.

Es una situación que afecta principalmente a los trabajadores migrantes, especialmente en Iberoamérica, en donde el periodo de carencia es muy elevado, como es el caso de Costa Rica (30 años) o Uruguay (25), pudiendo quedar desprotegidos al no tener derecho a una pensión, lo cual desincentiva el cumplimiento de la obligación de cotizar: ¿para qué aportar si no voy a poder percibir el día de mañana una prestación de jubilación? Situación que puede favorecer la informalidad.

América Latina y el Caribe es una zona con grandes movimientos migratorios: 25 millones en 2005 según la CEPAL, teniendo la tasa de emigración neta más alta del mundo. En 2007 existían 5,5 millones de migrantes interregionales cotizando en países distintos al suyo. Paralelamente, apenas se han desarrollado los convenios bilaterales, solo están vigentes el 23% de los que se necesitarían para cubrir las relaciones entre los países. Por ello la Organización Iberoamericana de Seguridad Social ha venido postulando la conveniencia de disponer de un Convenio Multilateral Iberoamericano, proyecto promovido por España en la Cumbre Iberoamericana de Salamanca (2005), cuyo contenido, así como el Acuerdo de Aplicación, fueron aprobados en Santiago de Chile (2007) y Lisboa (2009) respectivamente. En el momento actual, el Convenio ha sido ratificado por Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, España, Paraguay, Portugal, Venezuela y Uruguay, habiendo entrado en vigor este 1 de mayo. El camino de su aplicación lo abrió España, que fue el primero en suscribir el Acuerdo de Aplicación, y se ha hecho realidad al completar también todos los trámites Bolivia y Brasil. El resto de los países se irán incorporando progresivamente.

La entrada en vigor del Convenio, en fecha tan simbólica como el 1 de mayo, tiene un significado importante pues supone una conquista en el desarrollo del derecho internacional de la Seguridad Social, promoviendo la cobertura en favor de los trabajadores migrantes, dependientes o no dependientes en situación de legalidad, así como de sus familiares beneficiarios y derechohabientes, en materia de prestaciones económicas de invalidez permanente, vejez, supervivencia y las derivadas de accidente de trabajo y enfermedad profesional. Con la aplicación del Convenio Multilateral los trabajadores migrantes se encuentran más protegidos puesto que:

1. Se aplicará la igualdad de trato con independencia de la nacionalidad (a cualquier persona que esté o haya estado sujeta a la legislación de uno o varios Estados parte) teniendo todos los mismos derechos y obligaciones en materia de pensiones contributivas.

2. Puede totalizarse los periodos de cotización acreditados en los distintos países, garantizándose la conservación de los derechos en curso de adquisición, distribuyendo su coste a prorrata temporis, es decir, proporcional al tiempo trabajado en cada país.

3. Se garantiza la conservación de los derechos adquiridos, no perdiéndose las prestaciones por trasladarse a otro país donde se podrán recibir aunque sea distinto a aquel en que se reconocen y abonan.

4. El Convenio determina la legislación aplicable a la que estará sujeto el trabajador, rigiendo el principio de lex loci laboris con algunas excepciones, clarificando la situación de los trabajadores que prestan sus servicios o realizan su actividad temporalmente fuera de su propio país.

5. En el caso de que existan otros convenios se aplicarán las disposiciones más favorables al trabajador. Se prevé la posibilidad de ampliación a la asistencia sanitaria por acuerdo entre países.

6. Se prevé la colaboración administrativa y técnica entre instituciones gestoras para facilitar la gestión a los beneficiarios.

El Convenio Multilateral Iberoamericano, que coordina pero no modifica ni sustituye las legislaciones nacionales, constituye una experiencia inédita porque supone un acuerdo en materia de Seguridad Social entre países con modelos muy distintos en un ámbito en el que no existe una previa asociación política que facilite el sustrato jurídico que podría darle apoyo, razón por lo que ha exigido la participación de todas y cada una de las partes y su ratificación -o adhesión- precisa su incorporación como legislación interna de cada uno de los Estados.

El Convenio se configura como el primer instrumento jurídico iberoamericano que reconoce derechos a los ciudadanos, directamente reclamables ante los tribunales. Citando las palabras del ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, David Choquehuanca, puede ser “una base para la construcción de una ciudadanía común iberoamericana”.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

domingo, junio 05, 2011

Por qué estaban ahí

Por LOLA HUETE MACHADO (El Pais.com,05/06/2011)

Palabras a miles. Colgadas de vallas, fachadas, farolas... como esas banderas repletas de oraciones que los budistas colocan en el exterior para que el viento las mueva y las rece. Frases hechas: "No somos antisistema, el sistema es antinosotros". Consignas: Democraciarealya, Acampadasol, Tomalaplaza, Nolesvotes... Un muestrario de un mundo que no gusta ("Manos arriba, esto es un contrato", "Violencia es cobrar 600 euros") y otro soñado: "Plaza SOLuciones", "Aquí cabemos todos".

En la cartelería última (y en las conversaciones) de los acampados en la madrileña Puerta del Sol, cada eslogan es una gota de ese río caudaloso y multitudinario que fue el 15 de mayo (15-M), ante el pasmo de la ciudadanía en general y los gobernantes en particular. Desde ese día, la Puerta del Sol ya no fue tal, sino puerto donde atracan aspiraciones y deseos, como lo han sido (o son) otro centenar de plazas que se sumaron tanto dentro -Barcelona, Valencia, Sevilla...- como fuera (Londres, Berlín, París...). Veinticinco mil personas tomaron la calle en Madrid en plena campaña electoral al grito de "Democracia real ya. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros", un impulso que nació cibernético y caló hasta volverse físico, la #spanishrevolution, y acabar fundando esta república independiente y libertaria en el kilómetro cero y que tiene ya calles, seguridad, guardería, comedor, comisiones, asambleas multitema... Un lugar donde todo está permitido menos el alcohol (aunque los chinos hagan su agosto en la periferia).

Nunca se debatió aquí tanto y tan largo a pleno sol. De migraciones, economía, igualdad, bancos, alimentos, educación... A todos los niveles: bajo, medio, de expertos. "¿Qué es el IAE?", nos dicen que pregunta uno, quizá por vez primera en su vida, en la asamblea económica de la plaza del Carmen. Y otro, cargado de paciencia, conocimiento y pedagogía, responde. Un diálogo entre generaciones. Las razones de tanta reivindicación unida han sido muchas; profundas unas, producto de la concatenación de circunstancias otras; los expertos las han analizado hasta la saciedad (revueltas en el norte de África; el enorme paro juvenil en España, el 45%; los recortes sociales producto de la crisis brutal...).

Las motivaciones personales las cuentan sus protagonistas. "¿Por qué estás aquí?", preguntamos a casi medio centenar de ellos. "¿Qué esperas? Dínoslo, escríbelo de tu puño y letra". Y lo hicieron, anónimos o no, de toda edad y condición, cada cual las anotó como vemos en las fotografías (aunque, lamentablemente, no aparecen todos aquí). "Todos queremos una democracia mejor", dice Alejandra. "Años de arreglar el mundo tomando café y por fin hay algo que puede cambiar", aseguran Guiomar, Borja y Bárbara. "Estoy aquí porque quiero volver a soñar", afirma José Manuel, de 35 años. "Las cosas tal como están ya no funcionan, hay que abrir un debate social en el que se escuchen los problemas reales, las ideas que generen una evolución del sistema", afirma Juan, de 39 años. "Vengo para cambiar aquello que huele tanto a rancio", escribe Almudena. "Espero que esto dure, que todo aquello que aquí se pide comience a calar en la conciencia del ciudadano", opina Diego J. Sañudo, de 30 años, periodista. Y así todos.

Miles como ellos han expresado su cansancio, enfado o indignación alto y claro en cientos de foros, tuiteo a tuiteo, ante micrófonos y cámaras o ante los visitantes de este su patio "tan particular". Motivos que chocan contra lo establecido: el poder, el Gobierno, los políticos, los bancos, las empresas, la falta de trabajo digno y de futuro... "Me sobra mes a fin de sueldo", "No hay pan para tanto chorizo". "La revolución será feminista o no será, será plural o no será...".

Primero fue noticia breve, apenas un pezqueñín en la Red. "Mientras los políticos siguen de campaña electoral, ciudadanos de 50 ciudades llaman a la manifestación multitudinaria el domingo 15, a las 18.00...". Así salió publicado en Eskup de este periódico el 13 de mayo. Porque en las redes sociales olía a marejada. Una manifestación previa de Juventud Sin Futuro calentó motores; el libro ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, se convertía en superventas, mientras otro, Reacciona, españolizaba las quejas; de fondo, la repetición cansina de los discursos electorales.

"Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados..., los jóvenes... queremos un cambio y un futuro digno... Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo", se decía en la página de Democraciarealya, los convocantes, una iniciativa ciudadana que nunca imaginó la que se avecinaba. "Queremos ayudar a coordinar una acción global y común entre asociaciones, grupos y movimientos ciudadanos...". La lista de adeptos a la plataforma fue inmensa (tuvieron que cerrarla al poco, dada la avalancha): desde conocidas como Ecologistas en Acción, la red Attac, Juventud Sin Futuro o asociaciones de derechos humanos, juveniles, de profesores, de vecinos, inmigrantes o gais... hasta otras que lo son menos como Disidente por Accidente, Dormidos Despertad, Crisifixiones, Estado del Malestar, No les Votes, No Sin Mi Bici, Nosotros las Personas, Malestar Ciudadano, la Generación NoNo...

"Esto no es un botellón", escriben. Porque no todo lo es en este mundo: jóvenes, y no tanto, voluntarios en ONG, militantes, implicados en barrios, con mayores e inmigrantes, en objetivos sociales, los hay y hubo siempre. Dos centenares de organizaciones españolas acudieron, por ejemplo, al último Foro Social Mundial de Dakar (ver 'Galería antisistema' en El País Semanal). Y lo que allí se oyó en febrero fue un grito social mundial impresionante: convocatorias a la movilización global, reivindicaciones sobre derechos, igualdad, cambio de los organismos internacionales, justicia económica y de la otra, tasa a las transacciones financieras para paliar la pobreza...

Los mal llamados antiglobalización son plurales, plurinacionales, interdisciplinarios, están acostumbrados al debate, a la organización horizontal, a las redes... Sociedad civil se llaman. Los partidos políticos apenas los miran y ellos no se sienten representados. El tejido político de base en los barrios se dejó de tejer en los noventa cuando la riqueza parecía que nos igualaba por arriba y todos éramos ciudadanos boyantes de un país en crecimiento imparable.

Y de repente, hete aquí que los descontentos asoman la cabeza. Toman aire. Y hablan. Piden una democracia mejor, la reforma de la ley electoral, el fin del bipartidismo, la eliminación de la ley de inmigración y la ley Sinde, la reforma del Senado, la inhabilitación política total de los corruptos... Piden limpiar el patio. "Te animamos a que te unas de forma pacífica y sin símbolos políticos excluyentes para hacer que se escuche una sola voz...". Y una sola voz se escuchó el 15- M. Gran éxito de convocatoria. Altercados violentos al final: 24 detenidos y decisión de un centenar de acampar en la plaza: "Este barco se queda". Le pusieron lonas verdiazules, y ahí está al cierre de este texto (no sabemos cómo estará cuando usted lo lea), aún anclado. Al día siguiente, muchas portadas en los medios: "Movimiento 15-M: los ciudadanos exigen reconstruir la política".

El vaso rebosó en un pispás cuando la policía intentó desalojarlos de Sol. Efecto llamada. Suman y sigue. Deciden en asamblea permanecer hasta el 22-M, el domingo electoral. Internet arde, la ola se extiende, el mundo mira a Sol a través de dos cámaras de televisión colocadas en las azoteas: Sol.tv (10 millones de visitas en cinco días) y ustream.tv. Hasta fue portada en el Washington Post.

Pero el movimiento choca luego contra la Junta Electoral Central, que decide prohibir cualquier manifestación que pueda interferir en la jornada de reflexión. ¿Retrocedió el 15-M? Fue que no. Creció: "Vamos a Sol a tomar las uvas, a celebrar nuestro año nuevo". En el primer segundo del día previo al voto, 25.000 personas se reúnen de nuevo y lanzan un grito silencioso al compás de las campanadas que congela el aire de los que están allí y de los que lo están viendo por televisión. Duró un minuto: la oración más larga lanzada al viento. Diez mil son en Valencia; otros tantos en Barcelona, miles en Sevilla.

El centro de Madrid parecía de repente el de El Cairo. La Puerta del Sol, la plaza de Tahrir (con diferencias de contexto y trecho, se entiende). Para los más maduros, aquello remitía a la euforia y el debate de los años de la Transición, las ganas y el cambio desde abajo en el que antaño creyeron (mucho perdido en el camino). Para los más jóvenes, aires nuevos. "Ver a los veinteañeros hablar de política y economía, participar... es un avance...", comenta una madre que viene a vigilar. "Me volví y allí estaba Eduardo Galeano en la asamblea", informa otro, admirado. "Lo primero que hay que hacer es abolir los impuestos", concluye una pareja sentada en un sofá... "¿Para qué sirve la utopía? La utopía sirve para caminar", se lee en un cartel sobre ellos. Algunos intelectuales se muestran escépticos, otros llaman a la acción. Es hora de despertar, escribe Muñoz Molina. "El movimiento del 15-M es, sin duda, más pequeño que sus enemigos, pero no tiene por qué ser más débil", escribe Benjamín Prado. Teóricos de Attac como Vicenç Navarro explican el movimiento. Hessel y Sampedro se felicitan; Michael Moore manda mensaje de apoyo; los indignados islandeses se solidarizan... Europa suma. Y sigue.

La reacción de los medios es, tras la sorpresa, bien curiosa. Los conservadores disparan al contrario ("Indignados dirigidos por la izquierda radical: anarquistas y antisistema intentan controlar a una marea de descontentos... a pesar de la prohibición de la Junta Electoral") y desprecian a los acampados, llamándolos "perroflautas" y "pijo-progres". Otros piden casi la ocupación policial de la plaza. Y algunos hacen suya la revolución, como si hubieran sido ellos promotores y hasta inventores de la tienda de campaña. "Rincón de las mentiras", llaman los indignados al lugar donde dejan los periódicos cada día, cerca de la zona de descanso. Desde allí, desde el corazón logístico, crecen, crean comisiones, equipos de trabajo, asambleas... No paran. Muchos acampados van y vienen, se duchan en casa y regresan: la afluencia es mayor cuando oscurece. Un campamento-dormitorio en pleno centro.

En la noche del sábado, ídem. En la plaza, una se cruza con miembros de ong, de cooperativas de consumo, de vecinos, con periodistas en precario que debaten de lo suyo mientras cubren la noticia, de este o aquel famoso, escritor, artista o músico, mientras los de animación del cotarro, megáfono en mano, lanzan consignas entre hurras a los bomberos (también acampados cerca) que atraviesan cada día la plaza. Y unos metros más allá, en la calle de Alcalá, vida cotidiana, la gente maqueada toma café en el Starbucks o copas en el Nirvana.

El domingo electoral, mientras en las urnas el PP barre a los socialistas del mapa, la asamblea del 15-M decide prolongar la acampada una semana más a pesar de que la noche anterior había sido movida en comentarios preventivos: "Quedarse más es quemarse". "Mejor movernos hacia los barrios, extender el movimiento y luego convocar aquí con fecha concreta". Algunas críticas poselectorales se ceban en los 15-M, spanishinvolución hay quien lo llama: "Hay gente que se ha indignado con los indignados... No han entendido nada. La protesta de los indignados no es la causa del batacazo del PSOE, sino la consecuencia", escribía Irene Lozano en la tribuna de El País ¿Y quién administra la indignación?

La abstención no crece, pero su suma con el voto en blanco y nulo resulta ser la cuarta fuerza política. Un récord. En la plaza, la mayoría permanece ajena; un señor que observa opina: "Quizá si el PSOE recoge estas reivindicaciones consiga salvar las generales...". Y en su web, Democraciarealya puntualiza: "Nunca hemos promovido la abstención... aun así, es necesario recordar a los ganadores que la ciudadanía sigue exigiendo cambios... y no aceptamos volver a la política del miedo basada en el axioma 'que viene el PP'. Si los partidos de izquierda no han sabido ilusionar y convencer a los votantes, es su responsabilidad". Durante la segunda semana, mientras recogen firmas de apoyo (llevan 200.000) y se decide extender las asambleas a los barrios (28 de mayo), se les añaden problemas logísticos (el reparto de comida se complica por la picaresca), aumenta la psicosis del desalojo y les crecen los enanos de la autocrítica. Uno: "Que si no a los toros, al Rey, a las nucleares; que si plaza de la resistencia... ¿Se os olvida por qué nos echamos a la calle?". Las propuestas se retrasan; los debates son poco productivos. Salir de Sol con un consenso de mínimos urge a muchos.

Y los comerciantes de la plaza se impacientan por las pérdidas. Reclaman. La realidad se impone en Ciudad Sol. El martes 24 se ve a los acampados, tras decidirlo en asamblea, limpiar sus palabras revolucionarias de los escaparates; retirar algunas oraciones colgadas en carteles al aire... "Ya tenemos el Sol, ahora vamos a por la Luna", dice una.

martes, mayo 17, 2011

El gran saqueo

Por Joaquín Estefanía, director del Informe sobre la Democracia en España, de la Fundación Alternativas (EL PAÍS, 09/05/11):

Por más que venda libros y se multipliquen los programas de televisión que amparan el “pensamiento positivo” (en realidad, pensamiento mágico), es muy difícil observar la crisis económica como una opción superadora. La “destrucción creativa” lo será para los que sobrevivan, no para los millones de ciudadanos que van quedando por el camino. Lo cuenta la periodista Bárbara Ehrenreich, en su estupendo libro Sonríe o muere: hay gente “a la que habían echado del trabajo y que se dirigía cuesta abajo y sin frenos hacia la pobreza, a la que se decía que debía ver su situación como una oportunidad (…) La persona que pensaba en positivo no solo se sentiría mejor mientras buscaba trabajo, sino que para ella ese trámite acabaría antes y más felizmente”.

Esta descripción es contraria a la realidad. Empiezan a aparecer datos en España que permiten conocer las primeras huellas profundas de la Gran Recesión en los hogares, en términos de pobreza y de distribución de la renta. Este primer balance no es precisamente favorable para una buena parte de los ciudadanos españoles: a diferencia de otros momentos de crisis en los 30 años largos de democracia española, ahora hay más desigualdad porque los pobres son más pobres porque están perdiendo bienestar; los sectores más afectados son los más vulnerables al desempleo (y no los pensionistas y la gente mayor), dado que la composición del mercado de trabajo es clave para interpretar lo que está sucediendo. Y, lo que es peor, las políticas públicas no se adecuan a la nueva situación ni a los riesgos que ello implica.

Existen al menos dos trabajos que han analizado esta recomposición social en España, a la luz de varios fenómenos concatenados: la entrada exponencial y compulsiva de inmigrantes en la última década, atraídos por las posibilidades de trabajo y las condiciones de vida; sus expectativas limitadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria, que había sido parte sustancial del modelo de crecimiento; y definitivamente truncadas -las expectativas de los inmigrantes y de una buena parte de la población activa autóctona- por la gran crisis económica en la que estamos instalados. Estos dos trabajos de la Fundación Alternativas son el Informe sobre la Democracia en España (IDE-2011), de próxima aparición, en el que los investigadores del equipo del profesor Ruiz-Huerta han profundizado en estos asuntos, y el texto titulado Pobreza y privación material en España en el periodo 2004-2008: del auge económico al inicio de la recesión, de la profesora Rosa Martínez.

Para entender lo ocurrido en España en las tres décadas largas de democracia, estas se pueden dividir en cinco etapas. La primera fase está representada por el largo periodo de estancamiento desde el inicio de la crisis del petróleo hasta la mitad de los años ochenta. Básicamente el periodo en que gobernó UCD y algo el PSOE. Entonces no hubo un empeoramiento de la desigualdad y de la pobreza, que incluso mejoraron levemente. La intensa destrucción del empleo y el tránsito de tasas de paro inferiores al 5% a registros superiores al 20% no se tradujeron en desigualdad y pobreza porque crecieron las remuneraciones, en un periodo altamente inflacionista, y porque se desarrollaron algunos de los componentes del Estado de bienestar al amparo del proceso democrático.

La segunda fase dura desde la mitad de los ochenta hasta el primer tercio de los noventa. Corresponde a los Gobiernos de Felipe González. En una coyuntura en la que la mayoría de los países de la OCDE, subordinados a la revolución conservadora -especialmente Estados Unidos y Reino Unido- registran espectaculares aumentos de la desigualdad, esta se reduce en España. ¿Causas?, la recuperación del empleo, aunque no se lograra reducir significativamente la tasa de paro y buena parte de los puestos de trabajo se sustentaran en el aumento de la temporalidad; y el incremento del gasto redistributivo con la puesta en marcha de nuevas prestaciones sociales y el fortalecimiento de programas que ya existían.

La tercera fase es el trienio recesivo 1992-1994, también con los socialistas en el poder. Breve pero intenso proceso de estancamiento, con tasas negativas de crecimiento del PIB. El paro aumentó 10 puntos (desde el 15% al 25%), y hubo un fuerte crecimiento de los indicadores de pobreza y desigualdad, rompiendo la tendencia de las décadas anteriores.

La cuarta fase va desde 1995 hasta el inicio de la actual crisis, en el verano de 2007. Final de los Ejecutivos socialistas, las dos legislaturas de Aznar y los primeros años de Zapatero. La prolongada etapa de crecimiento no compensa los aumentos de pobreza y de desigualdad del trienio anterior: un gran número de los puestos de trabajo creados son de bajos salarios y en buena medida temporales; hay un aumento muy moderado, durante los primeros años, del gasto social, con un cierto distanciamiento respecto a los niveles medios de la UE; pérdida de la capacidad distributiva de la imposición sobre la renta y disminución del efecto redistributivo de las prestaciones sociales monetarias debido al aumento del número de beneficiarios y al distanciamiento de las cuantías respecto a los niveles medios de renta, etcétera.

La fase actual de recesión y estancamiento tiene sus propias peculiaridades negativas. La más importante de ellas es el rápido crecimiento de la tasa de paro en los sustentadores principales de los hogares (al antiguo “padre de familia”) que asciende casi a un millón de personas. En anteriores crisis, los efectos negativos del desempleo de jóvenes y cónyuges se compensan con el empleo de los sustentadores principales y el sistema de protección del paro, que evitaron un intenso aumento tanto de la desigualdad y de la pobreza como de las tensiones sociales. En este contexto de crisis, el paro de los sustentadores principales ha crecido más y de forma más veloz que en cualquier otro momento de la historia. Igualmente revelador en este cambio sociológico es el número de hogares en los que todos los activos se encuentran desempleados (también más de un millón). Por último, es significativo observar el incremento de hogares que no reciben ni ingresos de trabajo, ni del sistema de pensiones, ni prestaciones por desempleo (por ser sus integrantes parados de larga duración); es una población cuyo único recurso es el acceso a los sistemas autonómicos de rentas mínimas, dada la reciente eliminación del programa temporal de prestación por desempleo e inserción.

Conclusión: el volumen de paro y su composición son la manifestación más tangible del empeoramiento de los indicadores sobre el estado de la distribución de la renta en relación con objetivos razonables de equidad. Aunque la crisis ha afectado a todos, la capacidad de defensa y recuperación es muy diferente según el lugar que cada cual ocupa en la distribución de la renta. Ha aumentado el riesgo de pobreza entre los parados, aunque ha mejorado ese mismo índice entre los pensionistas.

Dos notas finales: a pesar de los esfuerzos realizados desde las políticas públicas, la insuficiencia de medidas de protección al desempleo, la falta de articulación de las rentas mínimas autonómicas y las restricciones financieras de las Administraciones públicas suscitan serios interrogantes sobre el peligro de inestabilidad social. Por último, los analistas advierten contra un espejismo: la recuperación económica, a la luz de la experiencia, no implica una mejora inmediata de las variables distributivas, dada la segmentación del mercado de trabajo y la precariedad de muchos de los empleos creados.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

martes, febrero 08, 2011

El ansiado olvido

Por Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza (EL PAÍS, 06/02/11):

Decía el embajador estadounidense en Chile, en un cable confidencial enviado a Washington a comienzos de 2007, poco después de la muerte de Pinochet, que los chilenos miraban con menos rencor al pasado, a su dictadura, que los españoles a la de Franco. El comentario, aunque superficial y bastante inexacto, puede servir para introducir algunas observaciones de historia comparada, de similitudes y diferencias entre ambas dictaduras, y sobre la forma en que son recordadas.

Pinochet aprendió muchas cosas de Franco. El dictador chileno, como antes había hecho el español, intentó imponer una visión histórica que legitimara la necesidad del golpe de Estado y lo presentara como salvador de la nación. Durante sus dictaduras, Franco y Pinochet festejaron el 18 de julio en España y el 11 de septiembre en Chile como un mito fundacional de “salvación nacional” frente a la revolución marxista. Esa versión oficial, establecida a partir del control de la educación, de la censura y de la persecución a quien se oponía públicamente, generó políticas de desinformación y de manipulación de la historia, muy difíciles de combatir durante las respectivas transiciones a la democracia.

El golpe de Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, no provocó una guerra civil y su dictadura, de 17 años, duró 20 menos que la de Franco. Después de miles de asesinatos y de violencias masivas de los derechos humanos, ambos dictadores gozaron de amplios apoyos entre sus ciudadanos. Franco murió en la cama y nunca tuvo que preocuparse de responder a cargos sobre crímenes contra la humanidad. Pinochet sobrevivió 16 años a su Gobierno autoritario y su arresto en Londres, en octubre de 1998, abrió en Chile una profunda discusión sobre el pasado, en la que afloraron con toda su crudeza las historias y memorias enfrentadas de militares y de familiares de los desaparecidos y víctimas de la represión.

El legado de los crímenes de las dos dictaduras se abordó de forma muy diferente en los dos países. En España, tras la Ley de Amnistía aprobada el 15 de octubre de 1977, el Estado renunciaba a abrir en el futuro cualquier investigación judicial o a exigir responsabilidades contra “los delitos cometidos por los funcionarios públicos contra el ejercicio de los derechos de las personas”. Bajo el recuerdo traumático de la guerra, interpretada como una especie de locura colectiva, con crímenes reprobables en los dos bandos, y el del miedo impuesto por la dictadura, nadie habló entonces de crear comisiones de la verdad que investigaran los miles de asesinatos y la sistemática violación de los derechos humanos practicada hasta el final por Franco y sus fuerzas armadas.

En Chile, por el contrario, y pese a que la democracia, bajo la vigilancia y el corsé impuesto por el tirano todavía vivo, no pudo derogar la amnistía que se habían concedido los propios militares con la Ley de 1978, el primer presidente democrático, Patricio Alwin, decidió establecer una Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. No se podía llegar a la reconciliación nacional, pensó Alwin, sin antes conocer y reconocer a los desaparecidos y víctimas de la violencia de las fuerzas armadas. Formada, bajo la presidencia del prestigioso jurista Raúl Rettig, por expertos en derechos humanos, pero también por partidarios de la dictadura, como el historiador Gonzalo Vial Correa, la Comisión entregó su informe, de 1.350 páginas, el 8 de febrero de 1991, menos de un año después del encargo oficial.

El informe Rettig, interpretado por los militares chilenos como un ataque a su honor y dignidad, fue un hito en el proceso de reconstrucción de la democracia y de la memoria colectiva. En España, durante la transición, y en la larga década posterior de Gobiernos socialistas, no hubo políticas de reparación, jurídica y moral, de las víctimas de la guerra y de la dictadura. No solo no se exigieron responsabilidades a los supuestos verdugos, tal y como marcaba la Ley de Amnistía, sino que tampoco se hizo nada por honrar a las víctimas y encontrar sus restos.

Por eso, no resulta sorprendente que cuando comenzó a plantearse entre nosotros, por fin, casi tres décadas después de la muerte de Franco, la necesidad de políticas públicas de memoria, como se había hecho en otros países, apareciera un enérgico rechazo de quienes más incómodos se encontraban con el recuerdo de la violencia, con la excusa de que se sembraba el germen de la discordia y se ponían en peligro la convivencia y la reconciliación. Acostumbrados a la impunidad y al olvido del crimen cometido desde el poder, se negaron, y se niegan, a recordar el pasado para aprender de él.

Para muchos españoles, el rechazo de la dictadura y de las violaciones de los derechos humanos no ha formado parte de la construcción de su cultura política democrática. Y por eso tenemos tantas dificultades para mirar con libertad, conocimiento y rigor a las experiencias traumáticas del siglo XX. Parece que estemos en un eterno debate y, en realidad, seguimos rodeados de miedos y mentiras. Y, lo que es más importante para el futuro, sin claras políticas educativas y culturales sobre los derechos humanos.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

jueves, abril 23, 2009

Nuestras cosas con China

Por Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China (EL PAÍS, 23/04/09):

España es el aliado más seguro y fiable de China en Europa, según dijo recientemente Wen Jiabao, el primer ministro del país asiático. Sin duda, esa declaración, realizada tanto en público como en privado, dentro y fuera de España, tiene un gran alcance y valor político. La alabanza es consecuencia de una actitud de la diplomacia española que, distanciándose de algunos socios europeos, se caracteriza por eludir de forma sistemática las cuestiones espinosas en sus relaciones con el gigante oriental, ya hablemos de derechos humanos, Tíbet o Taiwan.

Sin entrar ahora en la conveniencia o no de dicha actitud, lo paradójico de este hecho, más natural que puntual, es que dudosamente obedece a una reflexión estratégica orientada a propiciar un ambiente de confianza que permita operar un salto significativo en las relaciones bilaterales, especialmente en el plano comercial, muy por debajo aún de sus potencialidades más modestas. Así las cosas, difícilmente podemos sacar provecho de una relación políticamente tan celebrada por las autoridades chinas y españolas y que podría deparar importantes facilidades si contáramos con propuestas adecuadas a nuestra disposición.

Para convencerse de esta incoherencia basta echar un vistazo al Plan Asia-Pacífico 2008- 2012. Se trata de la tercera edición. Un documento tan ambicioso que, como los anteriores, trata de abarcar de una sola tacada la inmensidad de varias decenas de países, más del 40% de la población mundial y más de la mitad de su PIB, con una heterogeneidad tal que difícilmente puede irse más allá de una prudente síntesis orientadora.

Sorprende que con un nivel así de entusiasmo chino-español no aspiremos a contar con un Plan China (no sectorial, sino global), fijando mecanismos y plazos para corregir las carencias estructurales de nuestra presencia en dicho país, empezando por las diplomáticas, tanto físicas como de personal, tan archiconocidas y notorias como llamativas. Se precisa de una gran apuesta que en verdad permita rentabilizar aquel “prestigio”.

Oriente queda lejos. Nuestra clase empresarial no acaba de aterrizar en China, a pesar de algunos esfuerzos loables y merecedores del mayor reconocimiento. Podemos y debemos ser más ambiciosos, a sabiendas de que la buena sintonía política es un elemento clave que puede ayudar y mucho a potenciar las relaciones económicas y comerciales. El Gobierno tiene aquí un papel de liderazgo sustancial, incomparable al de cualquier otra latitud.

Las delegaciones empresariales chinas que han visitado España en las últimas semanas, junto a otros tres países europeos (Alemania, Suiza y Reino Unido), con el propósito de comprar e invertir pueden abrir interesantes oportunidades en las que se debe perseverar con iniciativa y atrevimiento. Más aún en la actual coyuntura de crisis y con un balance deficitario en nuestra cuenta. En Alemania, China ha gastado 8.000 de los 11.000 millones de euros de su presupuesto. Curiosamente, en la misma Alemania que tanto provocó a China a finales de 2007 cuando Angela Merkel recibía al líder espiritual tibetano, el Dalai Lama, afectando seriamente las relaciones bilaterales. España ha logrado concretar una cifra de negocio más bien modesta (320 millones de dólares).

En el orden académico, a pesar de que algo hemos mejorado, seguimos en pañales. No hay formulaciones serias ni de largo plazo que apuesten de verdad por hacer escuela y contar con buenos especialistas en el conocimiento de una realidad que va a ser determinante en el presente siglo y a la que nos acercamos con escaso bagaje. En este aspecto, al paso que vamos, se precisarán generaciones incluso para asentar una mínima tradición, inexistente entre nosotros. Las bases deben sentarse actualmente y en nuestros primeros gateos se observa mucha dispersión y propensión al lucimiento, eventos y festejos, cuando la principal apuesta debiera ser la de incentivar un buen trabajo de fontanería intelectual, precisamente la más descuidada y carente de apoyos.

Por el contrario, disfrutamos divagando acerca del hipotético papel de puente que España puede jugar en relación con América Latina, una triangulación que, a salvo de hipótesis contadas con los dedos de una mano, tiene un futuro harto complejo. Entre otras razones, porque China no necesita a España para llegar a dicha región y porque, conceptualmente, sitúa a España en relación con América Latina en el orden de la historia y de la cultura, pero no en términos de poder e influencia, al menos efectiva y determinante. A pesar de cuanto ha cambiado la región en la última década, China mantiene el diálogo estratégico sobre América Latina con Washington y no con Madrid. Y nada indica que vaya a ser de otro modo.

El peso político y económico de China crece enteros en todo el mundo. La relación privilegiada que España mantiene con el gigante asiático, continuadora de la allí venerada figura de Juan A. Samaranch, requiere de menos tibieza y de un esfuerzo mucho mayor para ser realmente aprovechada. No hacerlo y contentarse con lo logrado o, peor aún, seguir parasitando en las buenas palabras supone un flaco favor, incomprensible y desconcertante también para las propias autoridades chinas, un tanto perplejas ante nuestra incapacidad para avanzar con mayor ímpetu.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

martes, abril 14, 2009

España e Iberoamérica, ante la crisis

Por Federico Yaniz Velasco, General de Aviación (R) y periodista (ABC, 13/04/09):

En tiempos de crisis las realidades y necesidades se perciben de forma distinta. La amenaza latente de que las dificultades que se están pasando puedan agravarse, abre la mente y los sentidos poniendo a los individuos y a las colectividades en una actitud expectante. En esa situación, la reflexión sobre la coexistencia entre los pueblos de la tierra hace aflorar serias dudas sobre el estado de las relaciones internacionales que algunos presentaban como establecidas sobre bases sólidas y permanentes. Analistas y expertos llevan años anunciando la aparición de potencias emergentes y la decadencia inevitable de ciertas naciones. Sin negar que algunas de esas apreciaciones puedan ser ciertas, se echa en falta una presentación imparcial y comprensiva sobre el futuro de la humanidad. Existen interesantes estudios sobre tendencias estratégicas de carácter global o regional pero en casi todos se comete el grave error de suponer que los datos que conforman la realidad de hoy sean directamente extrapolables para llegar al modelo que nos presenta la realidad del mañana. Asumir eso podría ser válido en épocas pasadas en las que el cambio político, social, técnico y de todo tipo era lento y predecible pero no parece adecuado en el mundo de hoy caracterizado por la movilidad de las estructuras sociales y el cambio en todos los ámbitos de la actividad humana. El cambio afecta a individuos y sociedades que evolucionan con una rapidez desconocida hasta ahora. Principios que eran considerados como inamovibles hace sólo unos años, se ven hoy cuestionados abiertamente y eso produce en individuos y sociedades la sensación de una falta de bases sólidas sobre las que construir el futuro.

Los estudios sobre tendencias estratégicas de carácter global son escasos en España y los producidos en el exterior suelen ignorar o menospreciar el potencial real de nuestro país y el de los pueblos iberoamericanos. Existen en nuestra patria estudios interesantes de carácter estratégico en el área de seguridad y defensa, incluyendo las sucesivas directivas de Defensa nacional. En esos estudios se señala como referente de nuestra política de seguridad y defensa a las Naciones Unidas y se evalúa positivamente nuestra pertenencia a la OTAN así como nuestro compromiso con el desarrollo de una política europea de defensa y de seguridad común en el marco de la Unión Europea. Pese a la existencia de esas y algunas otras aportaciones, se echa en falta una definición clara sobre la posición de España en el mundo. Una definición que sitúe a España claramente alineada con las naciones hermanas de Iberoamérica y marque las grandes líneas de la política exterior española por encima de posiciones partidistas.

Las relaciones internacionales han cambiado de forma dramática en los últimos 20 años: han nacido nuevos Estados, se han formado o consolidado bloques políticos y económicos y han emergido nuevas potencias en la escena mundial. Algunos de esos nuevos Estados y otros no tan nuevos, tienen una existencia precaria siendo incapaces de ejercer una soberanía efectiva sobre todo su territorio. La plaga del terrorismo, internacional o no, sigue sacudiendo el mundo con golpes tan sangrientos como los atentados del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, la vil matanza del 11 de marzo de 2004 en España y el «asalto» a Bombay al final del año 2008. Por otra parte, algunas situaciones conflictivas llevan años y años pudriéndose ante la indiferencia o impotencia de la Comunidad Internacional. El conflicto palestino-israelí, la situación en el Sahara Occidental, la catástrofe humanitaria en Darfur, el desgobierno en grandes zonas de África y la división de Cachemira son sólo ejemplos de situaciones dramáticas que duran decenios sin tener una solución a la vista. Mención especial merece la precaria situación en Afganistán y el peligro de crisis en el vecino Pakistán, potencia nuclear y pieza clave para la estabilidad en la zona. El fracaso de las Naciones Unidas en dar solución a éstos y otros conflictos ha contribuido a que haya crecido la desilusión sobre el funcionamiento de las organizaciones internacionales. Esta creciente desilusión se incrementa al comprobar que las grandes potencias paralizan en el Consejo de Seguridad las resoluciones que no les satisfacen y se reúnen en foros restringidos para defender sus intereses. Si a esa desilusión general se une la actual crisis económica global, el panorama se ensombrece dramáticamente y aumenta un pesimismo desolador y destructivo.

La Historia nos enseña que las crisis más profundas de la humanidad han estado seguidas por un renacer lleno de esperanza. La crisis global que padecemos hace más necesario que nunca señalar claramente nuestra posición en el mundo. Parece que ha llegado el momento de establecer una concepción estratégica nacional que reafirme nuestras potencialidades como hacen todas las naciones. Nuestra posición en el mundo debe estar determinada por nuestra situación geoestratégica y por la realidad de la proyección universal de nuestra lengua y cultura como un recurso global de valor incalculable. Una concepción estratégica que valore nuestra realidad geográfica, humana y cultural y sobre todo nuestra proyección mundial. Sin ese claro posicionamiento, España no pasará de ser una potencia media europea de brillante futuro económico. Pero España tiene un pasado histórico glorioso como otros países del Viejo Continente. La «Commonwealth» y la «Francophonie» son esenciales en la política exterior del Reino Unido y Francia. España por su parte debe alinearse de forma clara y no vergonzante con los pueblos iberoamericanos. Nuestra patria puede y debe ser el catalizador y líder efectivo de uno de los grupos humanos más dinámicos y con más brillante futuro como es la Comunidad Iberoamericana. Comunidad que será sin duda un protagonista destacado del mundo de mañana. Una Comunidad respetable y respetada que podría ocupar un lugar importante en el concierto de las naciones. Los bloques ideológicos han desaparecido y la humanidad va a pasar por una etapa en la que las comunidades de Estados con afinidades culturales e históricas van a tener un protagonismo relevante. En ese escenario, la Comunidad Iberoamericana tiene un papel importante que jugar contribuyendo al progreso humano y aportando soluciones a los problemas de hoy y de mañana.

En los últimos años se ha observado como Rusia, China y otros países prestan gran atención a Iberoamérica. Por otra parte, algunas naciones europeas se disputan el protagonismo mediático en los países del Nuevo Mundo pretendiendo ignorar la realidad cultural y la indeleble huella histórica que une a España con esas naciones. Simultáneamente en muchas capitales europeas y en ciertos medios de difusión se mantiene una imagen negativa de nuestros países hermanos y se sigue asociando el término Latinoamérica con caos, miseria y caudillismo. Esos medios, en muchos casos extranjeros, se olvidan de que la mayoría de las naciones iberoamericanas están comprometidas con la democracia y el progreso y están desarrollando un sano capitalismo social de mercado. Luchemos contra los estereotipos del pasado con la certeza de que la Comunidad Iberoamericana, conociendo sus problemas mejor que nadie, podrá resolverlos con el esfuerzo y solidaridad de todos sus miembros. Para ello es preciso que nuestros pueblos se conozcan mejor, que cultiven sus lazos de hermandad y que sin renunciar a sus particularidades colaboren íntimamente en todos los campos de actividad. Siguiendo esa línea de acción, los numerosos órganos de cooperación ya existentes se deberán reforzar para que lleguen a todos los rincones de la Comunidad Iberoamericana y abarquen todas las facetas de la actividad humana.

Las radicales diferencias ideológicas existentes durante la Guerra Fría disfrazaban el verdadero carácter de muchos conflictos. Países enfrentados por motivos económicos, territoriales o de otro tipo buscaban la cobertura ideológica de uno de los bloques. Por otro lado, algunas potencias usaban una justificación ideológica para realizar intervenciones que respondían a intereses diversos o a supuestas necesidades de carácter estratégico. En un mundo diverso y complejo, ningún país debería arrogarse la autoridad para juzgar unilateralmente el perfil democrático de otro Estado. Una vez definida nuestra posición nacional en el mundo y haber proclamado nuestra pertenencia a la Comunidad Iberoamericana, se debería desarrollar una Estrategia Iberoamericana común a todas las naciones que la forman. Esa Estrategia común iberoamericana nos permitiría contribuir poderosamente en la búsqueda de soluciones a los graves problemas que afectan a todas las naciones del mundo.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona