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lunes, septiembre 05, 2011
Too much patience risks renewed violence in Georgia
martes, mayo 05, 2009
Georgia sofoca una rebelión militar
Las fuerzas leales al presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili, sofocaron este martes una rebelión militar que, según Tbilisi, ha sido instigada por Rusia para impedir la realización de unas maniobras de la OTAN que comienzan mañana en el país caucásico. Saakashvili aseguró por televisión que la situación está "bajo control" e hizo un llamamiento al Kremlin a "abstenerse de acciones provocadoras". Moscú calificó esas acusaciones de "total desvarío" y afirmó que Saakashvili intenta desviar la atención de sus propios problemas políticos internos.
El motín comenzó por la mañana en la base militar de Mujrovani, a unos 30 kilómetros al noreste de la capital, cuando el comandante del batallón de tanques rebelde, Mamuk Gorgoshvili, hizo una declaración de insubordinación: anunció que él y algunos de sus hombres se encerraban en sus cuarteles y aseguró que no emprenderían "ninguna acción agresiva". "Los militares apoyamos los llamamientos para comenzar el diálogo con la oposición", señaló.
Desde el pasado 9 de abril, la oposición mantiene protestas permanentes; pide la dimisión de Saakashvili y la convocatoria de nuevas elecciones parlamentarias y presidenciales.
Una hora después de las declaraciones del oficial rebelde, el portavoz del Ministerio del Interior, Shotá Utiashvili, anunciaba el "desenmascaramiento de un complot cuyo objetivo era realizar una sublevación militar". Poco después, fuerzas del Ejército leales a Saakashvili rodearon el cuartel. El presidente entró en la base acompañado de una treintena de tanques y propuso a los amotinados que se rindieran. Los rebeldes no opusieron resistencia, fueron desarmados y los organizadores del motín fueron detenidos.
"Se les acusa de intento de sublevación y de tener relaciones con los servicios secretos rusos", puntualizó el portavoz. "Los organizadores eran ex altos cargos del Ministerio de Defensa", que deseaban hacer fracasar las maniobras de la OTAN, dijo Utiashvili.
El Ministerio del Interior divulgó imágenes de Guía Gvaladze, que en los noventa fue jefe de un destacamento especial de seguridad nacional, en las que informaba a sus correligionarios de los preparativos de un golpe de Estado. "Los rusos vendrán a ayudarnos", dice en esas grabaciones.
La OTAN, indignada
La OTAN reaccionó este martes con apenas contenida indignación a la insistencia de Saakashvili de vincular la algarada militar con las maniobras aliadas que comienzan hoy -criticadas por el Kremlin- y han de durar hasta el 1 de junio. "No es un ejercicio de la OTAN como tal, sino maniobras de la Asociación para la Paz [países relacionados con la Alianza] que se están utilizando indebidamente de forma política por ambas partes", señaló la portavoz aliada Carmen Romero. "Georgia sólo las ha acogido en su territorio, pero las maniobras no tienen que ver con las relaciones de la OTAN con Georgia ni de la OTAN con Rusia".
A la Alianza le decepcionó también el anuncio de Moscú de boicotear la reunión de este mismo mes a la que iba a asistir el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, primera de alto nivel tras la congelación de las relaciones OTAN-Rusia impuesta tras la guerra del pasado mes de agosto. La renuncia de Lavrov fue acompañada luego del anuncio de la expulsión de dos diplomáticos de la OTAN en Moscú como réplica a la expulsión la semana pasada de otros dos rusos en la sede aliada acusados de espionaje.
En las maniobras de Georgia participan una veintena de países aliados, entre ellos España, y asociados a la OTAN, bajo la dirección del teniente general español Cayetano Miró. Hace unos días, otro portavoz, James Apppathurai, quiso subrayar que, pese a las objeciones rusas, el ejercicio "no es una amenaza para nadie".
El malestar ruso hizo que este martes Armenia, un país en buenos términos con el Kremlin, abandonase las maniobras.
El sobresalto militar no impedirá a Saakashvili asistir el jueves y el viernes en Praga a dos cumbres de la UE, según confirmó una portavoz de la presidencia checa de la Unión. A la vespertina del jueves, para establecer la Asociación Oriental con seis países vecinos de la UE, entre ellos Georgia, no acudirán los líderes de España, Francia y Reino Unido, por el lado comunitario, ni los presidentes de Bielorrusia y Moldavia.
sábado, febrero 28, 2009
Georgia: seis meses después
El 8 de febrero se cumplieron seis meses de la entrada del Ejército georgiano en Tskhinvali y en Tbilisi, la capital georgiana, sonaron campanas de boda real en la catedral. Un espectáculo que recogió en nuestro país la prensa del corazón, a pesar de que finalmente no contara con la asistencia de los príncipes de Asturias. La mirada al pasado, traducida en el fuerte resurgimiento del poder de la Iglesia y la propuesta de una restauración monárquica, podría ser para algunos un remedio a los males tan evidentes de la política partidista georgiana.
Un generalizado pesimismo invade hoy a los georgianos. La guerra de agosto y la repercusión de la crisis económica mundial han cortado de raíz sus expectativas, esa creencia en que algo iba cambiando para bien después de tantos años, primero de conflictos militares y políticos muy duros y posteriormente de estancamiento total. Ahora se encuentran con una espectacular caída del crecimiento económico, debida a la pérdida de valor de su moneda, el lari; la huida de inversores extranjeros, inversión que constituye hasta el 20% del PIB; el incremento del paro; la destrucción de infraestructuras, y la presencia de numerosos refugiados. Aunque eso no parece desanimar al presidente Saakashvili, que se muestra muy optimista al comparar sus cifras con las de otros países de su entorno. Por eso a la sensación de humillación y tristeza de los ciudadanos hay que unir una creciente desconfianza en la política.
¿Cómo han transcurrido estos últimos meses? La actividad política y diplomática en Tbilisi después del conflicto ha sido frenética. La conferencia de donantes celebrada en Bruselas el otoño pasado año reunió a más de 67 países que ofrecieron millones de euros para la reconstrucción. Los viajes solidarios de los distintos líderes mundiales se multiplicaron y los embajadores georgianos intensificaron sus contactos para conseguir apoyos en todos los países.
A pesar de ello, la candidatura de Georgia para integrar la OTAN fue pospuesta indefinidamente hasta que se dieran las condiciones adecuadas, y muchos países que en un principio habían condenado sin paliativos a Rusia matizaron su discurso, no sólo considerando sus intereses económicos (energéticos) con Rusia, sino después de tener más datos sobre el conflicto, marcando distancias respecto al comportamiento del presidente georgiano.
No ha sido éste el caso de Estados Unidos, que el 9 de enero de este año firmó con Georgia un tratado bilateral de cooperación militar, comercial y energética -en el que se compromete a ayudar a su integración en la OTAN y otras instituciones- parecido al acordado en diciembre con Ucrania. Esa firma, realizada justo antes del cambio en la presidencia estadounidense, ha sido interpretada como un intento de crear un compromiso que condicione la futura política de Obama, de quien, a diferencia de lo que sucedía con Bush, el Gobierno georgiano no sabe qué puede esperar. Respecto al acuerdo, lo que quizás más sobresalto ha creado ha sido la declaración del presidente georgiano en el momento de la firma, recogida por la prensa internacional, en la que se refería al hecho de que, gracias al acuerdo, Georgia se haría más fuerte y sería capaz de seguir el camino para restaurar su integridad territorial.
Por su parte, Rusia se ha mostrado reticente a cumplir los acuerdos de paz. Permitió que los paramilitares acosaran y expulsaran a los osetios de origen georgiano, lo que, unido a los desplazados durante las acciones bélicas, ha dejado más de 25.000 refugiados en Georgia. Ha bloqueado la extensión del mandato de la OSCE dentro de los territorios en conflicto y sigue pidiendo adhesiones para reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjazia, y exigiendo su presencia en los foros internacionales, como las rondas de conversaciones en Ginebra. Además, todavía ocupa posiciones en territorio georgiano no disputado.
Dentro de Georgia, también ha habido muchos cambios. La comisión parlamentaria que se creó el 26 de septiembre para investigar las circunstancias en las que se había iniciado la ofensiva georgiana concluyó que toda la responsabilidad por lo sucedido recaía únicamente en Rusia, que había planeado y provocado la guerra, sin dejar otra salida a los georgianos más que la respuesta armada. Exoneraba así de toda responsabilidad a Saakashvili, aunque no al Consejo de Seguridad Nacional, debido a su incapacidad para prever la reacción rusa, ni al Ejército georgiano, acusado de mal funcionamiento en la campaña y cuyos responsables fueron destituidos. No obstante, algunas de las declaraciones individuales de políticos y funcionarios durante el procedimiento, por lo menos arrojaron dudas sobre la versión oficial.
También se realizaron cambios en el Gobierno, con relevos en las carteras de Educación, Defensa y Exteriores, pero que al final supusieron algo parecido a lo que ha sucedido durante los cuatro reajustes que Saakashvili ha realizado en un año: mera sustitución de unos ministros por otros, salidos en su mayoría de un círculo cercano a un presidente que exige sobre todo lealtad a su persona y que controla todas las decisiones.
El hecho de que uno de los objetivos declarados de Rusia fuera hacer caer al presidente, propició inicialmente el cierre de filas de los georgianos en torno a su líder. A pesar de ello, pronto aparecieron las primeras críticas, no sólo de la oposición sino también de políticos que habían ocupado cargos afines al Gobierno, y estas críticas se han ido sucediendo a lo largo de estos meses. Pero más que centrarse en la decisión de Saakashvili de enviar el Ejército a Osetia del Sur, el argumento que esgrimen es su autoritarismo en el ejercicio del poder. Se critica su estilo de liderazgo considerándolo no democrático, dado su control de los medios y el poder judicial. El Defensor del Pueblo, Sozar Subari, por ejemplo, ha denunciado abusos de derechos humanos justificados por la necesidad de construir un Estado fuerte. La antigua portavoz del Parlamento, Nino Burjanadze, exigió reformas electorales y ha creado un partido de oposición, como también se han convertido en opositores el anterior primer ministro, Zurab Noghaideli, o el antiguo embajador ante la ONU, Irakli Alazania, que últimamente es el que está adquiriendo más protagonismo.
Pero mientras el presidente sigue vendiendo de forma vehemente sus objetivos en todos los foros internacionales, incluso la posibilidad de liberar los territorios de Abjazia y Osetia del Sur “antes de lo que la gente cree”, y defiende sus credenciales como defensor de la democracia en el Cáucaso, su país ha experimentado una fuerte caída en los indicadores internacionales de democracia. La falta de institucionalización del sistema lo acerca más al modelo ruso que a otros, dada la concentración de poder en el Ejecutivo y el control que ejerce sobre los medios de comunicación, acentuado por el cierre del canal de TV opositor IMEDI. Su acumulación de poder, justificada por la necesidad de crear un Estado más funcional, ha dado lugar a un sistema paternalista de tendencias autoritarias, en el que no hay un equilibrio de poderes. Y a esto hay que sumar el hecho de que la sociedad civil activa está impulsada desde el exterior y depende de la financiación internacional, sin que realmente funcione como correa de transmisión de demandas o espacio de movilización de la población georgiana, que sólo parece implicarse en acciones de protesta esporádicas. Ello explica que Georgia haya dejado de ser considerada un Estado democrático en algunos índices internacionales que evalúan la calidad de las democracias.
Se acerca la primavera, época propicia para las protestas, y en una crisis económica brutal, los Gobiernos de corte autoritario pueden sentir tentaciones de recuperar el pulso perdido intentando solucionar viejas afrentas. Y no ha acabado el que para muchos analistas fue el primer conflicto de un mundo multipolar, que puso de relieve la impotencia de Estados Unidos y la división de Europa, y marcó la recuperación del potencial de Rusia, olvidado en parte por la violencia de la posterior entrada en Gaza de los israelíes.
Lo que la tozuda realidad nos obliga a tener bien presente es que las soluciones militares no suelen ser efectivas en este tipo de conflictos y cuando los sistemas políticos democráticos se apuntan a ellas, siempre acaban desvalorizando los principios que pretenden defender.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
miércoles, febrero 18, 2009
"Rusia es ahora extremadamente débil"
Conforme se agrava la crisis económica en Rusia, se reducen las "provocaciones" en la línea de alto el fuego en torno a la región separatista de Osetia del Sur, asegura el presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili. De hecho, ayer, Moscú y Tbilisi acordaron un mecanismo para prevenir incidentes en la zona controlada por las tropas de la Unión Europea (UE).
Saakashvili (Tbilisi, 1967) participó ayer en el debate A las puertas de Europa en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona; se entrevistó con el presidente de la Generalitat, José Montilla; empresarios, y el presidente del F C Barcelona, Joan Laporta.
Pregunta. ¿Qué secuelas sufre Georgia de la guerra del pasado verano?
Respuesta. Rusia sigue ocupando Abjazia y Osetia del Sur, pero esto no ha tenido un impacto sobre nuestro desarrollo. Según el Fondo Monetario Internacional somos uno de los pocos países que seguirán creciendo este año; un 2% o 3%. Por debajo del 14% de 2008, pero más que Rusia, que está en recesión.
P. ¿Aguanta el alto el fuego?
R. Sí, por la presencia europea. Además, conforme Rusia ha ido entrando en problemas económicos, las provocaciones se han ido reduciendo. Hay una relación directa.
P. ¿Está Georgia reconstruyendo su Ejército?
R. Georgia no piensa construir un [nuevo] Ejército, todo lo más reparar lo que se destruyó durante la guerra; conservar nuestras capacidades. Espero que podamos establecer programas con la OTAN.
P. ¿Para cuándo el ingreso de su país en la OTAN?
R. Acabará produciéndose, pero será un proceso lento y largo, que pasará por una integración de la región en Europa.
P. ¿Cómo ha sustituido Georgia el vital mercado ruso?
R. Ya lo perdimos en 2006. Moscú nos cortó la electricidad en 2005 y dos años después empezamos a exportar energía a Rusia, en lugar de importarla. Hemos conseguido una relativa independencia energética y estamos preparados para hacer frente a cualquier chantaje. En 2006 Rusia nos declaró el embargo económico por razones sanitarias y crecimos un 10%. Nos ha servido para mejorar nuestros productos y buscar nuevos mercados. El vino, por ejemplo, lo exportamos ahora a Escandinavia y es de mejor calidad que el que vendíamos a Rusia.
P. ¿Tomaría ahora las mismas decisiones que tomó este verano?
R. Creo que no tomamos ninguna decisión. Un gran país siempre puede atacar a uno pequeño. La única cuestión es cómo lo vende. Y lo cierto es que el mundo casi acabó por creer que Georgia invadió Rusia, lo que es una locura. Fue una escalada a lo largo de varios años que lógicamente acabó con la invasión. La guerra llegó cuando el petróleo estaba a 140 dólares el barril y la Bolsa de Moscú en máximos históricos.
P. ¿La situación ha cambiado?
R. Sí, Rusia es ahora extremadamente débil. Su economía se está desintegrando, no sólo por la caída del petróleo, sino por un problema sistémico de falta de inversiones.
P. ¿Cuál es el futuro de la región del Cáucaso?
R. Pasa por un acercamiento a Europa, y eventualmente por una situación que integre también a Rusia. La otra alternativa, como algunos sostienen en Europa, es una nueva versión de la guerra fría que concede a Rusia un área de influencia. Pero esto no responde a la realidad. Rusia tiene 140 millones de habitantes y los países que se supone deberían estar bajo su influencia suman más de 150 millones.
P. ¿Contempla algún cambio con la nueva Administración de Estados Unidos?
R. Estados Unidos entiende muy bien cuáles son las prioridades. Es cierto que Nicolas Sarkozy jugó un papel en el alto el fuego, pero sin la intervención norteamericana los rusos no se hubieran detenido. Hubo mensajes muy potentes desde la Casa Blanca y movimientos de la VI Flota.
lunes, diciembre 01, 2008
El ingreso de Georgia en la OTAN: una decisión bajo la sombra de la guerra fría en el Cáucaso
Por Federico Yaniz Velasco, General de Aviación (en retiro) y director adjunto del Estado Mayor Internacional de la OTAN para Cooperación y Seguridad Regional de mayo 2001 a junio 2005 (REAL INSTITUTO ELCANO, 26/11/08):
Tema: Los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN deben evaluar en su reunión de diciembre de 2008 si Georgia y Ucrania entran o no en el Plan de Acción para ser miembros de la OTAN.
Resumen: Los jefes de Estado y Gobierno de la OTAN, reunidos el pasado 3 de abril en Bucarest, encargaron a los ministros de Asuntos Exteriores que hiciesen una primera evaluación del progreso realizado por Georgia y Ucrania para unirse al Plan de Acción para el Ingreso (Membership Action Plan, MAP). La evaluación está siendo objeto de especial atención por los medios de comunicación a causa de la crisis en Georgia del pasado agosto y debido a las consecuencias que la decisión de los ministros pudiera tener en las relaciones OTAN-Rusia.
Si Rusia ya criticó entonces tanto la solicitud de ingreso de los candidatos como la admisión a trámite de la OTAN en Bucarest, tras el conflicto de Georgia ha reforzado su oposición al ingreso mientras que la Alianza Atlántica ha congelado prácticamente sus relaciones con Rusia y ha creado una Comisión OTAN-Georgia.[1] Los titulares de los periódicos recordaban los tiempos de la guerra fría y pese a la distensión registrada tras la retirada de tropas rusas de territorio georgiano, todavía no se puede predecir cuál será la decisión final que el Consejo Atlántico tome sobre el estatus futuro de las relaciones de la Alianza con Georgia y con Ucrania.
Análisis: El 7 de agosto de 2009, tropas georgianas atacaron Tskinvali, la capital de Osetia del Sur, iniciándose así una crisis cuyas consecuencias políticas son todavía difíciles de valorar pero cuyas consecuencias humanas comienzan a conocerse: unos 250 muertos, 1.500 heridos y 100.000 desplazados georgianos; 1.500 bajas entre las milicias surosetias y 20.000 refugiados en Rusia y Osetia del Norte; a los que hay que añadir unas decenas de soldados rusos muertos o heridos en los ataques georgianos sobre una base rusa y las fuerzas de pacificación allí estacionadas o en las posteriores operaciones.
Rusia solicitó una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el día 8 de agosto pero, tras un acalorado intercambio de acusaciones entre Rusia y Georgia, no se llegó a ningún acuerdo. El Consejo de Seguridad se volvió a reunir a primeras horas del día 9 y otras dos veces el día 10 sin conseguir una declaración de alto el fuego. El día 10 de agosto, cuando las tropas rusas contaban ya con 10.000 efectivos en Osetia del Sur y avanzaban sobre territorio georgiano, los países europeos y EEUU condenaron con rotundidad la intervención rusa, pidieron la vuelta a la situación del día 6 de agosto y exigieron a Rusia que aceptase el alto el fuego propuesto por Bernard Kouchner, ministro de Asuntos Exteriores de Francia, que ejerce la Presidencia semestral de la UE. El alto el fuego contemplaba el cese inmediato de las hostilidades, la integridad territorial de Georgia y el retorno a la situación militar previa al ataque del día 7. Los rusos pusieron fin a las operaciones militares, salvo en defensa propia, el día 11 de agosto y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, viajó a Moscú el día 12 con la propuesta europea de alto el fuego que ya habían aceptado los georgianos y consiguió que el presidente Medvédev lo aceptara, reservándose el derecho a responder a cualquier agresión. Los acontecimientos de agosto crearon un ambiente de confrontación verbal entre la OTAN y Rusia como no se había conocido en muchos años: mientras el presidente Medvédev decía el 19 de agosto que “no conseguirán empujarnos al aislamiento, al levantamiento de un nuevo Telón de Acero”, la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, recriminaba a Rusia un comportamiento “cada vez peor, cada vez más autoritario”.
A las declaraciones de condena de la invasión siguieron las condenas por el reconocimiento ruso de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur el 26 de agosto y las acusaciones por la permanencia de fuerzas rusas en territorio georgiano incumpliendo el acuerdo suscrito con la UE. Las tropas rusas se retiraron de forma escalonada del territorio ocupado excepto unas zonas de seguridad guarnecidas por las “fuerzas de paz” rusas alrededor de los límites de Abjasia y Osetia del Sur. Pero cuando el presidente Medvédev anunció el día 10 de octubre que sus tropas se habían retirado de las zonas de seguridad antes de la fecha prevista, el Gobierno georgiano y el ministro francés Kouchner sólo confirmaron una retirada parcial. Posteriormente, fuentes rusas confirmaron que la localidad de Aljagori y las gargantas de Kodori no volverían a manos georgianas y anunciaron el envío de 7.000 efectivos adicionales, la mitad para desplegarse en Osetia del Sur y la otra mitad en Abjasia.
Frente a las quejas y recriminaciones occidentales, Rusia reiteró la lista de agravios que venía denunciando antes de la cumbre de Bucarest por la ampliación de la OTAN, el despliegue de misiles y radares estadounidenses en Polonia y la República Checa y la injerencia en su entorno inmediato del Cáucaso y añadió algunas amenazas adicionales sobre la posibilidad de desplegar misiles rusos en Kaliningrado o de retirarlos (opción cero) si se producía una moratoria en el despliegue del escudo antimisiles norteamericano. Por su parte, el Gobierno georgiano se aprovechó de la escalada verbal entre Rusia y los aliados para hacer olvidar su responsabilidad en el inicio del conflicto y ha llevado a cabo una campaña mediática y diplomática muy agresiva para conseguir que su derrota militar se convirtiera en una victoria diplomática sobre las tesis rusas.
La OTAN ante la crisis en Georgia
A diferencia de la UE, que reaccionó con gran rapidez ante la crisis, la OTAN reaccionó unos días más tarde apoyando al presidente Saakashvili. Tras la declaración inicial del secretario general de la OTAN pidiendo el cese inmediato de las hostilidades y reafirmando su apoyo a la integridad territorial de Georgia, se celebró una reunión OTAN-Georgia en Bruselas el día 12 de agosto en la que surgió la propuesta de crear una comisión bilateral permanente. En la reunión extraordinaria del Consejo Atlántico del 19 de agosto de 2008, los ministros de Asuntos Exteriores abordaron la situación en Georgia y sus implicaciones para la estabilidad y seguridad euro-atlánticas. Los reunidos fueron informados por el presidente en ejercicio de la OSCE, el finlandés Stubb, y por el de la UE, el francés Kouchner, de los esfuerzos realizados por ambas organizaciones. El Consejo del Atlántico Norte (CAN) se felicitó por el acuerdo de alto el fuego firmado por Rusia y Georgia pero resaltó la urgencia de una rápida y completa implementación del acuerdo. Los ministros reafirmaron su apoyo a la soberanía, independencia e integridad territorial de Georgia y acordaron una serie de ayudas para la población civil afectada por el conflicto. Los aliados decidieron apoyar el reestablecimiento del tráfico aéreo civil y acordaron otras medidas para ayudar al gobierno de Georgia.
Otra decisión muy importante del CAN fue la de aprobar la creación de una Comisión OTAN-Georgia para supervisar el estado de las relaciones bilaterales y la implementación de las decisiones tomadas en Bucarest sobre esas relaciones. El CAN requirió también a Rusia para que retirase a sus tropas inmediatamente del área y el secretario general, Jaap de Hoop Scheffer, en rueda de prensa posterior al Consejo señaló que las reuniones del Consejo OTAN-Rusia serían pospuestas hasta que Rusia se adhiriese al alto el fuego porque las relaciones OTAN-Rusia no podían continuar como si no hubiese ocurrido nada y hasta que Rusia no se comprometiese a seguir los principios sobre los que se acordó esa relación. Tanto la declaración del secretario general del 19 de agosto como la respuesta del embajador adjunto de Rusia en la OTAN del 27 del mismo mes dejaron las relaciones bilaterales en estado de congelación.
El 26 de agosto, el secretario general rechazó en un comunicado la decisión rusa de reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, considerándola una violación directa de diversas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. En el plano militar, la OTAN desplegó los buques de su Grupo Marítimo Permanente I de la OTAN (SNMG I) por el Mar Negro entre el 21 de agosto y el 10 de septiembre de 2008, de acuerdo con los planes previstos anteriormente al conflicto y que incluían la visita a puertos rumanos y búlgaros. Pese a ser una visita programada, Rusia acusó a la OTAN de acumular fuerzas navales en la parte occidental del mar Negro.
La visita del Consejo del Atlántico Norte a Georgia los días 15 y 16 de septiembre es una prueba de la atención que la OTAN ha prestado a la crisis. El secretario general y los representantes permanentes de los Estados miembros mantuvieron un intercambio de puntos de vista con el presidente Saakashvili sobre las reformas en marcha en el marco de la asociación del país con la OTAN y sobre la situación tras el conflicto de agosto. Los visitantes tuvieron la oportunidad de reunirse con miembros del parlamento y altos funcionarios de la administración georgiana así como con representantes de la sociedad civil. El secretario general mantuvo también una entrevista bilateral con el presidente Saakashvili esa misma tarde. Sin embargo, la primera reunión de la Comisión OTAN-Georgia fue el acto central del día. En esa ocasión y en el marco del Diálogo Intensificado del país caucásico con la OTAN, se produjo un animado intercambio de impresiones sobre las reformas en marcha y sobre las aspiraciones de Georgia de pasar a ser miembro de la Alianza. Los representantes aliados, por su parte, reiteraron su apoyo a la integridad territorial y a las aspiraciones euro-atlánticas de Georgia. El martes 16, los miembros del CAN visitaron la ciudad de Gori para obtener información de primera mano sobre el impacto del conflicto y los retos que tiene que afrontar Georgia para reconstruir algunas infraestructuras. Tras visitar las instalaciones de la 1ª Brigada de Infantería donde pudieron apreciar diversos daños, se trasladaron a un campo de la Alta Comisión de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) que acoge unos 2.000 desplazados por los combates.
Durante la posterior reunión informal de los ministros de Defensa aliados celebrada en Londres los días 18 y 19 de septiembre, se evacuaron consultas sobre los recientes acontecimientos en el área euro-atlántica que afectan intereses vitales de seguridad de los Estados miembros. Los días 9 y 10 de octubre los ministros de Defensa mantuvieron otro encuentro informal en Budapest en la que se reunió la Comisión OTAN-Georgia en la que se estudió la posible ayuda aliada a la recuperación de Georgia. Los ministros aliados discutieron también con su colega georgiano la coordinación de la cooperación en seguridad y defensa, en la reforma del sector de la seguridad y en la gestión del espacio aéreo. Los ministros de la Alianza reiteraron su apoyo a la integridad territorial de Georgia y su compromiso de seguir supervisando el proceso establecido en la Cumbre de Bucarest con vista a las aspiraciones euro-atlánticas de Georgia.
Ampliaciones con sentido
Las iniciativas de cooperación de la OTAN han sido uno de los mayores éxitos de la Alianza tras el fin de la Guerra Fría. La Asociación para la Paz (Partnership for Peace, APP) creada en la Cumbre de Bruselas en 1992 fue una mano tendida hacia los países que querían mantener una relación reglada con la Alianza Atlántica. Muchos de los socios pretendían convertirse en miembros y otros simplemente tener la oportunidad de participar en las actividades abiertas a ellos. La República Checa, Hungría y Polonia fueron los primeros socios de la Asociación que pasaron a ser miembros por decisión tomada en Madrid el año 1997. El año 2004, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania se unieron a la OTAN. Por último, Albania y Croacia fueron invitadas en Bucarest a iniciar las conversaciones para unirse a la Alianza. Contando con estos dos países los miembros serán 28 y los socios 22 con la incorporación de Malta.
¿Cuántos candidatos más serán invitados a unirse a la OTAN en el futuro? El punto 18 de la Declaración de la Cumbre de Bucarest afirma que el proceso de ampliación en marcha ha sido un éxito histórico en el progreso de la estabilidad y la cooperación para aproximarnos al objetivo común de una Europa completa y libre, por lo que las puertas de la OTAN permanecerán abiertas a las democracias europeas dispuestas y capaces de asumir las responsabilidades y obligaciones inherentes a la pertenencia a la Organización, de acuerdo con el artículo 10 del Tratado de Washington. Por último se reitera en ese punto que las decisiones sobre la ampliación sólo pueden ser tomadas por la OTAN. Algunos analistas han considerado la ampliación como un proceso artificial que tiene como objetivo preservar la existencia de la Alianza. La mayoría de los países del centro y este de Europa tienen una percepción muy distinta. Para esos países, con un pasado de sangrientas guerras entre vecinos y muchos años de alejamiento político de Europa Occidental, convertirse en miembros de la OTAN ha sido un objetivo nacional logrado gracias a los diferentes planes y programas de la Asociación, especialmente el Plan de Acción para el Ingreso (Membership Action Plan, MAP).
Georgia se unió al Consejo de Cooperación del Atlántico Norte el año 1992 y el año 1994 a la APP. El año 2002 manifestó su aspiración de convertirse en miembro de la Alianza. Georgia fue el primer país en acordar un Plan Individual de Asociación con la Alianza en el año 2003. Al año siguiente, Georgia y la OTAN firmaron un acuerdo que permitía el tránsito de tropas y suministros de los aliados hacia Afganistán. La OTAN ofreció a Georgia en el año 2006 participar en un Diálogo Intensificado. En el año 2007 Georgia acogió el ejercicio aéreo OTAN/APP Cooperative Archer. Georgia ha usado ampliamente los instrumentos de planeamiento de la APP, ha participado en numerosos ejercicios y ha contribuido con tropas en las operaciones lideradas por la Alianza (850 efectivos en la operación Iraki Freedom y 150 en la operación Joint Enterprise durante 2007, un número muy elevado para unos 11.000 efectivos totales).
Una apuesta muy alta
La próxima reunión de diciembre de los ministros de Asuntos Exteriores aliados ha adquirido una relevancia muy especial. En efecto, los ministros tienen que dar cumplimiento al mandato recibido de los jefes de Estado y Gobierno reunidos en Bucarest el pasado mes de abril de hacer una primera evaluación de los esfuerzos realizados por Ucrania y Georgia y decidir sobre sus peticiones de unirse al MAP. Ser llamado a participar en el MAP no asegura el ingreso en la OTAN ni la fecha de ese ingreso, pero se considera una señal evidente de un acercamiento formal cuyo fin natural es ser miembro de la Alianza.
Mientras la OTAN insiste en que las decisiones sobre la ampliación sólo pueden ser tomadas libremente por sus miembros, existen circunstancias que condicionan esa decisión de diciembre. En primer lugar, las peculiaridades de la región en que se encuentra Georgia y que ya condicionaron la decisión de Bucarest. En segundo lugar, la decisión ha de tomarse a los pocos meses de un conflicto que no ha resuelto ningún problema y que ha abierto nuevas heridas con el reconocimiento por Rusia de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. El recuerdo de Kosovo es un tercer elemento de confusión. Aunque el caso de la provincia serbia y el de las repúblicas secesionistas de Georgia son distintos por muchas razones, en ambos casos se ha conculcado la legalidad internacional y algunos países, como Rusia, han empleado argumentos contradictorios para defender posturas fuera de esa legalidad. En cuarto lugar, cualquier decisión que se tome afectará a las relaciones OTAN-Rusia que han ido creciendo a lo largo de los años y han favorecido la estabilidad en Europa, por lo que su paralización afecta al progreso en esas relaciones aunque persistan los contactos informales a niveles subalternos y continúe la cooperación logística rusa con ISAF en Afganistán (tránsito por territorio ruso de cargas no militares de la Alianza y el uso de aviones de transporte estratégico Antonov An-124).
Los ministros aliados, autorizados en una medida poco habitual a decidir sobre las peticiones de acceso al MAP de Georgia y Ucrania, deberán hacerlo a principios de diciembre en una primera evaluación del progreso de ambos países. El abanico de posibles decisiones que los ministros podrían tomar es teóricamente muy amplio, pero algunas de esas opciones y de sus consecuencias serían:
- Evaluar positivamente el esfuerzo realizado por ambos países e invitar a Georgia y a Ucrania para iniciar el MAP. Dada la falta de un apoyo suficiente de la opinión pública al estrechamiento de las relaciones con la Alianza, sería necesaria una fuerte campaña de concienciación para superar las reticencias de la población ucraniana. Sin embargo, la casi seguridad de que no se celebraran elecciones anticipadas es un factor positivo.
- Evaluar positivamente el esfuerzo de ambos países pero invitar sólo a Georgia alegando cuestiones técnicas. En este caso otras naciones transcaucásicas reiterarían sus peticiones de participar inmediatamente en el MAP con el objetivo de convertirse en futuros miembros. El presidente ucraniano y los partidos que apoyan la integración en la OTAN quedarían políticamente desprestigiados y su posición política pro-occidental sería muy difícil.
- Evaluar positivamente el esfuerzo de ambos países pero invitar sólo a Georgia a iniciar el MAP con la condición de arreglar previamente con Rusia sus contenciosos bilaterales. Esta opción debería ir acompañada de un llamamiento solemne a Rusia para que reconsiderase su posición respecto a la independencia de Osetia del Sur y Abjasia y de una indicación a Georgia para que aceptase una autonomía muy amplia a esos territorios. La nueva situación debería ser garantizada por una fuerza de pacificación de la ONU, de la UE o mixta OTAN-Rusia. Para Ucrania la situación sería la misma que en el caso anterior.
- Evaluar positivamente el esfuerzo de ambos países e invitar a Georgia y a Ucrania a iniciar el MAP. Simultáneamente y tras una adecuada preparación diplomática ofrecer a Rusia una nueva fórmula de relación muy estrecha con la Alianza que podría dar lugar a su posible integración en la OTAN tras un período de transición de duración semejante al MAP de Ucrania y Georgia.
- Felicitar a Ucrania y a Georgia por los esfuerzos en la dirección correcta para ser invitados y exhortarles a seguir trabajando para que puedan ser llamados a iniciar el MAP en la próxima Cumbre del 60 aniversario el año próximo. Esta alternativa parece la preferida por algunos analistas pues, aunque defraudaría a Georgia y a Ucrania, daría unos meses para clarificar la situación en el Cáucaso y para que la nueva Administración norteamericana defina sus líneas de acción en política internacional. Por otra parte, en los meses que faltan hasta la Cumbre podrían despejarse las dudas existentes sobre unas posibles elecciones anticipadas en Ucrania y podría conocerse si la oposición política en Georgia consigue forzar al presidente Saakashvili a convocar elecciones anticipadas tras la desastrosa guerra de agosto con Rusia.
Conclusiones: A medida que el tiempo transcurre hacia el Consejo Atlántico de diciembre se van enfriando los sentimientos desatados por el conflicto y disminuyendo la agresividad de las declaraciones. La llegada de una Administración demócrata a la Casa Blanca y la atención dedicada a la crisis económica mundial parecen amortiguar los efectos de la decisión a tomar sobre la ampliación del MAP. No obstante, la apuesta es muy alta pues la decisión que se tome repercutirá en la estabilidad del Cáucaso, Oriente Próximo y Europa. Por un lado, la decisión pondrá a prueba el futuro de la relación OTAN-Rusia, una relación que se ha desarrollado con vigor durante los pasados 11 años y de la que se han beneficiado todas las partes. También pondrá a prueba la capacidad de la OTAN para proporcionar seguridad en una de las zonas más inestables del planeta si amplia su garantía de seguridad a Georgia como miembro de pleno derecho.
Del mismo modo, los aliados deben calcular el efecto de su decisión dentro de un contexto complejo con amenazas terroristas, con una crítica situación económica mundial unida a la escasez de energía y al deterioro del entorno natural donde cualquier fricción internacional puede poner en marcha un proceso incontrolado de interacciones.
[1] La presión rusa en aquel momento consiguió evitar la entrada en el MAP pero no consiguió que se rechazara la candidatura porque como recoge el punto 23 de la Declaración de Bucarest: “NATO welcomes Ukraine’s and Georgia’s Euro Atlantic aspirations for membership in NATO. We agree today that these countries will become members of NATO”. Para los antecedentes y consecuencias de la decisión de Bucarest, véase F. del Pozo, “El Conflicto de Georgia y la OTAN”, ARI nº 97/2008, Real Instituto Elcano).
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
sábado, octubre 04, 2008
Otra visión del conflicto entre Rusia y Georgia
Por Jaime Lamo de Espinosa, ex ministro de UCD y catedrático de la UPM (ABC, 04/10/08):
En las últimas semanas todos hemos seguido con interés y acentuada preocupación las cuestiones relativas a los enfrentamientos entre Georgia y Rusia. Tras las acciones de invasión y conflictos armados en Georgia, Rusia ha desafiado a EE.UU., a la UE y a la OTAN, reconociendo a Osetia del Sur y a Abjasia (la vieja Cólquida de la que nos habla Ulises), y el Mar Negro se ha convertido en centro de enorme actividad naval. Las lupas se han concentrado en Osetia del Sur, poco o nada sobre Abjasia, y se ha escrito mucho a propósito de los intereses petroleros/gasísticos y portuarios que tal maniobra encerraba. Trataré de exponer algo que no he visto escrito y que, sin embargo, para mí forma parte del epicentro de esta aventura: la creciente relevancia internacional del Mar Negro como nuevo centro (ya lo fue durante siglos) del comercio de cereales en una hora en que el cereal ha adquirido un nuevo protagonismo estratégico, económico y político en las relaciones internacionales. Y, al tiempo, la cuasi nula presencia portuaria hoy de Rusia en el Mar Negro. Ambas están relacionadas.
Ello permite que hoy, en términos agrícolas, el Mar Negro sea el vórtice, la encrucijada marítima, entre Europa y Asia, donde converge la producción de más de 300 millones de hectáreas de tierras agrícolas, entre las que figuran las más fértiles (los famosos tchernozioms) del mundo. Hoy dos países fronterizos de dicho mar producen unos 140 M. tm de cereales (100 M. en Rusia, 40 M. en Ucrania) y otro, cuasi fronterizo, Kazajstán, produce 20 M. tm. A ello hay que añadir unas 65 M. tm. procedentes de Rumania, Bulgaria (ambas más orientadas en su comercio hacia Europa) y Turquía (que tiene otras salidas directas al Mediterráneo sin necesidad del Mar Negro). Y, cómo no, Georgia, cuyas producciones son a estos efectos despreciables. Pero las de los tres países mencionados inicialmente se verán duplicadas -o más- en fechas muy próximas. Y si eso sucede, allí se generarán unos 300/350 M. tm. (algo menos que la producción de los EE.UU. con 389/400 M. y 12 veces la producción española), de los cuales más de 50 M. tm por año serán consagrados a la exportación y otro tanto, al menos, a biocombustibles. Y lo pueden hacer pues es fácil. Sus rendimientos pueden crecer exponencialmente mediante la mecanización para grandes parcelas y grandes explotaciones ya existentes (los «agroholdings»), mejora genética en semillas, más abonado, etc. Y los trigos kazajos son de altísima calidad por su alto contenido en proteínas y bajo en agua, lo que los hace más favorables al transporte y conservación. Y esos tres países gozan de ventajas comparativas agrarias, salariales, comerciales, marítimas, etc. evidentes. A lo que conviene añadir que ya hace tiempo Rusia propuso la creación de una OPEP de los cereales, con los otros dos países mencionados.
Es en ese contexto y en el de las cada vez más altas demandas globales de cereales y oleaginosas para alimentación y biocombustibles con sus secuelas de altísimos precios de las materias primas agrarias (lo que ha situado a estas commodities en el epicentro de los problemas económicos mundiales), donde veo yo otro conjunto de razones de los movimientos de este verano. Rusia ha manifestado su intención de elevar al máximo su potencial cerealístico para el consumo interior, la ganadería y la exportación, según I. G. Ouchatchev, vicepresidente de la Academia de Ciencias Agrarias de Rusia. Y para biocombustibles, añado yo. Ucrania es el primer exportador mundial de aceite y granos de girasol y está acelerando sus programas de colza para biocombustibles. Y Kazajstán puede aumentar fuertemente sus producciones.
Mientras la URSS existió sus producciones nunca fueron importantes. Sus estructuras políticas y productivas lo impidieron pese a sus grandes programas económicos; era un país importador. Seguro que Putin recuerda que durante la Guerra Fría fueron los cereales USA los que acudieron en su socorro año tras año, y aquellas ayudas a su alimentación mitigaron, en mucho, buena parte de las aspiraciones expansionistas del viejo imperio soviético. Pero desde el año 2000 «los trigos de Odessa» han vuelto a los mercados. Y según S. Féofilov, director del Congreso Internacional Black Sea Grain, los países del Mar Negro contribuyen hoy con un 10-20 por ciento de los intercambios mundiales de cereales y oleaginosas y podrían quintuplicar (!) sus exportaciones en muy poco tiempo.
Por tales razones, para Rusia recuperar Sebastopol y Odessa, dos de los grandes puertos en el Mar Negro, y asegurar este mar bajo esfera rusa, supone, en parte también, el control de ese gran mercado de cereales que representan hoy, ya, las aportaciones de Ucrania y Kazajstán, así como la propia Rusia.
Comprenderán los lectores que mi pensamiento vaya hoy, no por los cauces que se leen en la prensa cotidiana (petróleo, gas, reservas de crudo, etc.), sino por estas otras razones agrarias y bioenergéticas (biocombustibles) que pueden ser altamente interesantes para Rusia y que, de ser ciertas, confirmarían una amenaza creciente sobre Ucrania por sus puertos profundos y sus enormes producciones agrarias actuales y, más aún, potenciales. Y en tal sentido lo de Georgia y Abjasia sería simplemente eso que llamamos en términos teatrales «un ensayo general con todo». Mal haría la Unión Europea en esa su no-política exterior, casi inexistente, y siempre algo vergonzante, si no fuera capaz, ante este envite de Rusia, de reaccionar con firmeza. Y esa firmeza no admite más que una solución: integrar cuanto antes a Georgia y sobre todo a Ucrania en la Unión Europea. Esa es la solución que habría que instrumentar cuanto antes. Lo demás serán paños calientes que no harán sino alimentar al monstruo dormido. Y no olvidemos que una inacción semejante respecto a Checoslovaquia y los Sudetes fue lo que, a la postre, condujo a la II Guerra Mundial.
viernes, septiembre 26, 2008
Unidad transatlántica respecto a Rusia
Por Condoleezza Rice, secretaria de Estado de Estados Unidos (EL MUNDO, 25/09/08):
Durante gran parte del mes pasado, la atención mundial ha estado centrada en Rusia. Hemos aceptado el reto urgente de apoyar a Georgia tras el ataque ruso, un reto que, por el momento, estamos cumpliendo con éxito. La principal pregunta que surge, y que abordé extensamente en un discurso el pasado jueves, es la siguiente: ¿qué implican los acontecimientos del mes pasado para la relación de Rusia con el mundo y, en particular, con Estados Unidos y Europa?
Las circunstancias que rodearon el conflicto del mes pasado son bien conocidas. Ambas partes cometieron errores, pero la respuesta de los líderes rusos -invadir un Estado soberano a través de una frontera reconocida internacionalmente y tratar después de desmembrarlo reconociendo Abjasia y Osetia del Sur- fue desproporcionada. Y los responsables de este comportamiento no son los vecinos de Rusia, ni la ampliación de la OTAN, ni Estados Unidos, sino los líderes rusos.
Quizá más inquietante, sin embargo, es que el ataque de Rusia se ajusta a un patrón de comportamiento que empeora desde hace años y que incluye, entre otras cosas, el uso del petróleo y el gas como instrumentos de coerción, la amenaza de apuntar con armas nucleares a países pacíficos y la supresión de la ley y la libertad en Rusia. La imagen que resulta es la de una Rusia cada vez más autoritaria y agresiva.
El ataque a Georgia nos ha llevado a un momento crítico, pero no determinante. Los líderes rusos están tomando decisiones desafortunadas. Pero pueden tomar otras. El futuro de Rusia está en manos de Rusia. Pero sus decisiones dependerán, en parte, de las acciones de los demás, especialmente de Estados Unidos y sus aliados europeos.
La invasión de Georgia por parte de Rusia no ha logrado, ni logrará, ningún objetivo estratégico duradero. Y nuestro objetivo estratégico ahora es dejar claro a los líderes rusos que sus decisiones están situando a su país en una vía de sentido único hacia el aislamiento y la irrelevancia internacional de forma voluntaria.
Para alcanzar este objetivo se requerirá determinación y unidad por parte de Estados Unidos y Europa. No podemos permitirnos dar validez a los prejuicios que parecen tener algunos líderes rusos: que si se presiona a los países libres -si se intimida, se amenaza y se agrede-, cederemos y, finalmente, nos rendiremos. Estados Unidos y Europa deben hacer frente a esta actitud y no permitir la agresión de Rusia para lograr un beneficio estratégico.
Nosotros y nuestros aliados europeos estamos, por tanto, actuando como uno solo en apoyo de Georgia. Estamos encabezando el movimiento mundial de ayuda a la reconstrucción de Georgia. La puerta a un futuro euroatlántico permanece completamente abierta para Georgia y nuestra alianza continuará trabajando para hacer realidad ese futuro.
Al mismo tiempo, Estados Unidos y Europa están apoyando, inequívocamente, la soberanía, la independencia y la integridad territorial de los vecinos de Rusia. Y no permitiremos que Rusia ejerza un veto sobre el futuro de nuestra comunidad euroatlántica, ni sobre a qué países ofrecemos entrar en ella, ni sobre la opción de esos estados de aceptar. Se lo hemos dejado especialmente claro a nuestros amigos de Ucrania.
Estados Unidos y Europa están aumentando su cooperación en busca de una mayor independencia energética. Aumentaremos la defensa de la economía energética global y abierta de las prácticas abusivas. No puede haber un conjunto de normas para Rusia, S.A. y otro para los demás.
Estados Unidos y Europa no permitirán que los líderes rusos, al mismo tiempo, se beneficien de las normas, mercados e instituciones internacionales y desafíen sus mismos cimientos. No hay una tercera vía. Una Rusia del siglo XIX y una Rusia del siglo XXI no pueden operar en el mundo al mismo tiempo. Para alcanzar todo su potencial, Rusia ha de estar plenamente integrada en el orden internacional político y económico. Pero Moscú está en la precaria situación de encontrarse mitad dentro, mitad fuera. Rusia depende del mundo para lograr el éxito y no puede cambiar eso.
Los líderes rusos ya están vislumbrando cómo puede ser el futuro si persisten en su comportamiento agresivo. En contraste con la situación de Georgia, la posición internacional de Rusia es la peor desde 1991. Su cooperación nuclear para fines civiles con Estados Unidos no va a ningún sitio. Los líderes rusos están haciendo que sufra la economía de su país. Su intento de entrar en la Organización Mundial del Comercio se encuentra en peligro, igual que la de entrar en la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa.
Pero quizá el peor efecto secundario de todos para Moscú es que su actitud ha puesto básicamente en duda cuál de las dos visiones del futuro de Rusia es la que está guiando el país. Recientemente, el nuevo presidente Dimitri Medvedev trazó una visión positiva y avanzada del futuro de su país. Este camino tenía en cuenta las vulnerabilidades de Rusia, pedía más reformas internas y, lo que es más importante, reconocía que Rusia no se puede permitir una relación con el mundo basada en el antagonismo y el distanciamiento.
Necesariamente, Estados Unidos y Europa continuarán persiguiendo sus intereses comunes con Rusia: luchando contra el terrorismo, impidiendo que Irán consiga armas nucleares, dando forma a un Oriente Medio seguro en el que haya paz entre palestinos e israelíes y evitando que el Consejo de Seguridad vuelva a ser la institución paralizada que fue durante la Guerra Fría. Pero sería una verdadera lástima que nuestra relación con Rusia no superara nunca el nivel de los intereses, pues las mejores relaciones entre países son las que también comparten objetivos, aspiraciones y valores.
Queda por ver si los líderes rusos vencerán su nostalgia de otra época y se conformarán con las fuentes de poder y ejercicio de poder del siglo XXI. La decisión es de Rusia y sólo de Rusia. Y esperamos que los líderes rusos elijan responsablemente, por el bien de su pueblo y del mundo.
martes, septiembre 23, 2008
Answering Russian Aggression
By Mikheil Saakashvili, the president of Georgia (THE WASHINGTON POST, 23/09/08):
When tens of thousands of Russian troops and armored vehicles overwhelmed our country last month, the international community rallied to support us. Had Georgia been just another autocracy on Russia’s border, it is unlikely that so many world leaders would have traveled to Tbilisi to stand with the Georgian people.
This show of solidarity reinforced our belief that Georgia’s survival depends on becoming an ever more open and democratic society, firmly embedded in the community of free nations. How we respond is also pivotal to the future of the West.
Georgia was a corrupt, failing country that transformed itself into a liberal and promising nation in only a few years. To be sure, our democracy is still a work in progress. But it is a beacon in a difficult part of the world. And because Georgia lies at a crucial energy crossroads, an open, transparent government is even more vital.
Georgia also stands for the ability of the free world to respond with resolve to Moscow’s violent attempts to roll back democracy, reassert its empire and control European energy resources.
In hurrying to recognize the “independence” of our regions of South Ossetia and Abkhazia, Moscow erased universally recognized borders and challenged the system of sovereignty that underpins international law. It also concealed the ethnic cleansing that was undertaken by Russia and its proxies.
The West’s challenge now is to stand up to Russia without resorting to its brutal tactics. Our best protection lies in the ideas and values that guide our community of nations.
My government understands that how we conduct our affairs is a matter of consequence not only for us but also for our allies. We recognize that Russia’s insistence on using force has left it isolated politically and vulnerable economically.
Our belief in openness is not mere rhetoric. Despite the ruins created by the invasion — hundreds dead; nearly 200,000 displaced, according to the United Nations; our economy disabled — my government is putting our convictions into practice.
Transparency must begin with an understanding of how the war started. For years, Russia sought to slander Georgia and my government while also blocking any meaningful negotiations with the separatists. This was part of a campaign to weaken international support for Georgia and lay the groundwork for invasion. As has been reported, Russia began a sharp military buildup this spring in both conflict zones, leading to armed attacks this summer by its proxy militias. Russia then started its land invasion in the early hours of Aug. 7, after days of heavy shelling that killed civilians and Georgian peacekeepers. At the time, Russia announced that 2,100 South Ossetian civilians had been killed by Georgians, thus forcing Moscow’s “humanitarian intervention.” This lie, subsequently debunked by Human Rights Watch (which estimated 44 dead) and others, was an attempt to conceal Moscow’s true motives.
On Aug. 17, standing next to German Chancellor Angela Merkel, I called for an international investigation into the origins of the war. My government is ready to share every piece of evidence and provide access to every witness sought by investigators. Is Russia willing to do the same?
Our second front in pursuing openness and transparency is at home. Last week, I announced a series of measures to strengthen Georgia’s democracy, giving opposition parties a central role in our reconstruction and defense planning. We are working to foster pluralism in media and civil society, including giving opposition parties more funding and greater influence over public broadcasting. Initiatives also aim to make our judicial system more independent.
We are committed to transparency with our partners as well. My government has established rigorous mechanisms to ensure the accountable use of the aid that has been pledged so generously by, above all, the United States as well as by Europe, Japan, Canada, Australia and others.
But the West also must respond to Russia with conviction. We cannot allow Russia’s annexation of South Ossetia and Abkhazia to stand. Nor can Moscow be permitted to continuously flout the cease-fire to which it has repeatedly agreed.
My government welcomed the European Union’s decision to accelerate Georgia’s integration into European institutions. Last week, we were heartened by the first official visit to Georgia by the North Atlantic Council, and we hope that NATO will move forward with our membership application.
We Georgians will continue building our democratic future. We are focused on strengthening the community of democratic nations. The world must not permit Russia or others to assert spheres of influence and thus deny the right of free people to associate with like-minded nations.
viernes, septiembre 05, 2008
Rusia ha vuelto
TRAS años de crisis e impotencia Rusia ha renacido de la mano de Vladimir Putin, un antiguo agente del KGB que ha devuelto a su país un gobierno fuerte, si bien a costa de la incipiente democracia. El alza de los precios energéticos le ha permitido saldar una ingente deuda exterior, equilibrar las cuentas y renovar las capacidades de sus Fuerzas Armadas. Hoy Rusia exige a la sociedad internacional el reconocimiento de que es, de que vuelve a ser, una gran potencia.
La invasión de Georgia ha sido una crisis premeditada, bien pensada, ejemplarmente ejecutada y dirigida a enviar mensajes claros y contundentes en distintas direcciones. Por una parte Rusia no se resigna a aceptar la disolución de la Unión Soviética. Muchos rusos o filorusos quedaron fuera de sus fronteras, piden ser rescatados de su situación y Moscú les escucha y atiende. Abjacia y Osetia del Sur son un adelanto de lo que va a ocurrir en otros estados. No es ningún secreto, porque los dirigentes rusos llevan años anunciándolo. Por otra parte, Rusia quiere que acabemos de entender, de una vez por todas, que tiene derecho a disponer de «un área de influencia natural». Eso es lo que significa para los oligarcas rusos ser una «gran potencia»: una versión moderna de lo que fue el Imperio Ruso. Desde esta lógica los europeos no tenemos derecho a promover la democracia y el respeto a los derechos humanos en el Cáucaso y Asia Central, ni a admitir en nuestras organizaciones a estados como Georgia o Ucrania. Ya es tarde para evitar lo ocurrido con los estados bálticos, pero no están dispuestos a pasar ni un caso más.
Ni Georgia, recién invadida, ni Ucrania, amenazada con perder Crimea y cuyo presidente ha sufrido un intento de asesinato, son miembros de la Alianza Atlántica o de la Unión Europea. No tenemos ningún acuerdo de seguridad que nos obligue a ir en su defensa. Sin embargo, lo ocurrido tiene que ver con cómo hemos llevado las conversaciones con estos países sobre su ingreso en la OTAN. Los estados europeos están profundamente divididos en su visión de la política exterior. Las diferencias y el intento de ocultarlas llevan a menudo a decisiones absurdas, contradictorias y contraproducentes. No fue correcto decir a Turquía que no había obstáculo para su ingreso en la Unión para, a continuación, bloquearlo. O sí o no. De la misma forma que no se puede estar un «poquito embarazada» no se puede estar un «poquito ingresado». La respuesta a Ucrania y Georgia sobre su entrada en la OTAN fue un error. O sí o no, pero nunca sí pero ya veremos cuando, que es lo que aprobamos en Bucarest. Moscú constató nuestra división y debilidad y actuó en consecuencia.
Los análisis rusos se confirmaron al comprobar la tenue reacción ante la invasión injustificada de un estado, una democracia ansiosa de ingresar en las instituciones europeas. Francia, Alemania e Italia primaron el interés inmediato: sus negocios con Rusia son muy importantes, tanto como su dependencia energética. Una reacción firme habría llevado a una escalada que no deseaban. Estaban dispuestos a sacrificar Georgia y lo que hiciera falta con tal de garantizar el status quo. Por el contrario, el Reino Unido y los estados centro-orientales recordaron las lecciones de la historia reciente y exigieron firmeza para evitar futuros pasos en la misma dirección contra Moldavia, Ucrania, Bielorrusia… o un creciente chantaje diplomático para doblegar la voluntad europea y adaptar su acción exterior a la conveniencia rusa. Como Churchill explicó en su día no responder a tiempo supone animar a nuevas aventuras.
Aunque tarde, el Consejo Atlántico se reunió con carácter extraordinario en Bruselas para constatar que también sobre este tema los supuestos aliados disentían abiertamente. Incapaces de adoptar una posición común concluyeron en un ejercicio diplomático: reivindicaban la integridad territorial de Georgia y advertían a Rusia de que el futuro de las relaciones dependía del cumplimiento de las condiciones del alto el fuego. Rusia no invadió Georgia para volver a la situación inmediatamente anterior, más aún después de comprobar la débil presión internacional. Ya es evidente que Rusia ha violado el acuerdo y que la hábil maniobra de las diplomacias europeas sólo ha servido para ganar un par de semanas. La pelota ha vuelto a nuestro campo forzando la convocatoria de un Consejo Europeo Extraordinario.
El Consejo ha concluido reivindicando la integración territorial de Georgia y advirtiendo a Rusia de que en el futuro las relaciones no podrán desarrollarse con normalidad si continúa en la misma línea. Una repetición del fallido Consejo Atlántico extraordinario celebrado hace unas semanas. Europa no da más de sí. Esto es todo lo que es capaz de hacer ante la invasión de un estado soberano, la segregación de parte de su territorio, el intento de desestabilizar su régimen democrático y de poner fin a su acercamiento a Europa. El Consejo ha sido un nuevo ejemplo de impotencia, división y falta de perspectiva. Pero esto no es lo peor. El mensaje que se ha recibido en Moscú es que Europa está dispuesta a aceptar un área de influencia, que no estamos dispuestos a defender a Ucrania, que renunciamos a integrar estados que planteen dificultades.
La vuelta a las «estrategias de pacificación» sólo animará a Rusia a ir a más mientras la sociedad europea se divide. Las chulescas declaraciones de las autoridades rusas han dificultado a franceses, alemanes e italianos su posición en contra de una política de firmeza. El gobierno alemán ya se ha dividido en dos mientras Sarkozy se acerca a la postura británica.
El núcleo del problema es la exigencia rusa del reconocimiento de su área de influencia. Estamos ante un problema diplomático y militar, y en estas áreas debemos concentrarnos. No es cuestión de sanciones económicas, que nos dañarían a nosotros también. No tiene que preocuparnos que el Consejo no las haya aprobado. Rusia busca respetabilidad y poder y eso es lo que tenemos que negarle. Europa debe dejar de tratar a Rusia como un igual, un estado solvente con el que negociar los grandes asuntos de interés mundial o regional. Debe quedar fuera del G-8, de la Organización Mundial del Comercio y olvidarse de un Acuerdo de Asociación con la Unión. Si quiere ser tratado como un actor relevante, debe cambiar su comportamiento. El vacío es el mejor tratamiento para quien ansía deferencia.
Para evitar nuevos pasos del oso ruso conviene reforzar las relaciones con los estados amenazados y acelerar sus procesos de integración. Ése es el lenguaje que entiende Moscú, sólo así comprenderá que la campaña georgiana le ha salido mal y que ése no es el camino para defender sus intereses.
El fracaso de los tratados de la Constitución y Lisboa, el penoso papel de los destacamentos militares enviados a Afganistán y ahora la incapacidad europea para reaccionar ante la invasión de Georgia hace que la credibilidad de la dimensión internacional de la Unión se resquebraje. Sólo cabe esperar que los tres grandes -Reino Unido, Francia y Alemania- logren un entendimiento con Estados Unidos para mantener una política común y creíble que contenga el renacido expansionismo ruso. Mientras tanto Putin puede celebrar su victoria. El coste de la invasión de Georgia ha sido mínimo. Rusia vuelve a la primera línea y se dispone a mover pieza.
Reconocimientos rusos
Durante los dos últimos años no ha faltado quien ha subrayado que, pese a las apariencias, a Rusia le interesaba sobremanera el reconocimiento occidental de un Kosovo independiente. La razón era y es relativamente fácil de explicar: semejante reconocimiento debía permitir que el Kremlin moviese pieza en provecho propio en escenarios mucho más golosos para sus intereses - Kosovo queda demasiado lejos, tanto en la geografía como en la historia-, y en particular en Osetia del Sur y en Abjasia, hasta hoy en Georgia, y acaso también en la autodenominada república del Transdniestr, en Moldavia.
Claro está que el recién perfilado reconocimiento ruso de Osetia del Sur y de Abjasia puede contemplarse desde dos perspectivas muy diferentes. La primera entiende, con lógica inapelable, que es la respuesta del Kremlin al apoyo dispensado por la mayoría de las potencias occidentales, el pasado febrero, a un Kosovo independiente. En tal sentido, no pueden dejar de sorprender, por absurdas e hipócritas, las reacciones airadas que se han registrado en Washington y en varias de las cancillerías de los estados miembros de la Unión Europea. Tiene su gracia, en particular, la reacción norteamericana, empeñada en defender ahora una integridad territorial, la de Georgia, que en cambio no se postuló medio año atrás en Serbia, y firmemente indignada por la intervención rusa en el primero de esos países, como si la Casa Blanca no nos tuviese acostumbrados desde mucho tiempo atrás a agresiones militares por completo al margen de la legalidad internacional.
La otra perspectiva es, sin embargo, menos halagüeña para Moscú y recuerda que los reconocimientos de Osetia del Sur y Abjasia por el Kremlin dan al traste con una política, la rusa, que hasta ahora decía defender a carta cabal la legalidad internacional y declaraba oponerse drásticamente a cualquier suerte de secesión que no recibiese el beneplácito previo del Estado afectado. Aunque no se hayan percatado, quienes hace unos meses, y al calor del contencioso kosovar, recibieron con alegría la reacción hostil de Rusia - en buena medida los mismos que aún hoy siguen pensando que el Gobierno español postula algún saludable principio, y no confesables intereses, en relación con estos menesteres- no están precisamente de enhorabuena. Magro consuelo parece, para su posición, el recordatorio de que es harto improbable que Osetia del Sur y Abjasia disfruten de la relativa normalización que, en materia de reconocimientos, ha alcanzado Kosovo los últimos meses. No parece que esto último preocupe en demasía, con todo, en Moscú.
Así las cosas, en este caso es difícil sustraerse a una sencilla conclusión: tirios y troyanos, Rusia y las potencias occidentales, defienden sin rebozo sus intereses más obscenos y asumen, de resultas, políticas de estricta doble moral. Una de las secuelas de lo anterior es, por cierto, el hecho de que no hay ningún motivo para afirmar que muestran alguna preocupación por las causas de la democracia y de la autodeterminación. Moderadamente llamativo es, de cualquier forma, que este último principio no haya sido defendido ni por los unos ni por los otros. No se olvide al respecto que si en Kosovo se eludió la convocatoria de un referéndum de autodeterminación - y al efecto de poco vale la certificación de que estaba cantado que la mayoría de la población local se inclinaría por la secesión-, en Osetia del Sur y Abjasia antes se han esgrimido las consecuencias de la agresión militar georgiana de hace unas semanas que las presuntas querencias de los habitantes de esos dos territorios. Nadie quiere hablar, entre tanto, de la castigada Chechenia, escenario de una crudelísima represión que no parece preocupar ni a quienes defienden la secesión de Osetia del Sur y Abjasia ni a quienes se oponen a ella.
Comoquiera que unos y otros consideran - formulemos las cosas en estos términos- que al cabo lo que importa es la fuerza respectiva, ningún relieve se le asigna al eventual peso de una alegación que subraye la opción mayoritaria entre las poblaciones implicadas, tanto más cuanto que la invocación de esta última acarrearía discusiones desagradables sobre el destino que han corrido los serbios en Kosovo y los georgianos otrora residentes en Osetia del Sur y, más aún, en Abjasia (bueno es recordar que la textura de todos estos conflictos es muy diferente). A la postre lo que impera, y con descaro, son los intereses geoestratégicos y geoeconómicos de Rusia y de las potencias occidentales, en el marco de lo que se antoja un prosaico juego de poder.
Si, en suma, hay que perfilar un pronóstico de corto plazo en lo que respecta a posibles cambios - secesiones, independencias- en la Europa central y oriental, lo suyo es señalar que el único candidato sólido al efecto es la llamada república del Transdniestr, en Moldavia. Bien es verdad que en este caso las tensiones han amainado un tanto en los últimos años y la interpretación más extendida sugiere que Rusia se lo pensará dos veces antes de alentar un proceso de secesión que - no lo olvidemos- afectaría a un territorio no colindante con el suyo propio. Queda por dirimir también, es cierto, si Osetia del Sur y Abjasia porfiarán en la vía de la independencia o acabarán por integrarse, antes o después, en la Federación Rusa. Eso en lo que atañe al corto plazo, porque, los acontecimientos como vienen, nadie está en condiciones de augurar qué es lo que, en este terreno como en tantos otros, nos tiene reservado el futuro.