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sábado, junio 11, 2011

Los ciudadanos son de nuevo protagonistas

Por Paolo Flores d’Arcais es filósofo y editor de la revista MicroMega. Traducción de Carlos Gumpert (EL PAÍS, 09/06/11):

Por más que hayan involucrado únicamente a una cuarta parte de los ciudadanos, las elecciones municipales recién celebradas en Italia han supuesto en realidad un referéndum a favor o en contra de Berlusconi. Quien insufló en ellas tal carga de profundidad política, es más, quien hizo de esta cita electoral una suerte de “juicio de Dios” fue precisamente el amigo de Putin y de Gadafi. En casi todos sus comicios insistió en declarar que los electores debían elegir entre Él y los “comunistas”, entre Él y los jueces. En una ocasión, llegó a aclarar incluso que en Milán se votaba “contra Ilda Boccassini”, la juez que lo ha incriminado por prostitución de menores y concusión. Mientras Berlusconi gritaba una y otra vez que los jueces de Milán son un cáncer que ha de ser extirpado, una de sus más fieles acólitas, la hiperfascista diputada Daniela Santanchè, había especificado puntillosamente que Ilda Boccassini era una metástasis. Otro candidato berlusconiano había llenado Milán de carteles en los que se parangonaba a los jueces con las Brigadas Rojas.

En definitiva, Berlusconi ha promovido un referéndum acerca de su propia persona y ha sido derrotado clamorosamente. Ahora minimiza la derrota, explica que entraba dentro de lo previsible, que los candidatos a alcaldes eran débiles (¡aunque él mismo los hubiera escogido!). Pero lo cierto es que recurrió a todos los medios y al extraordinario poder del que dispone -mediático, financiero, corruptor- y pese a todo ello las proporciones del voto en su contra en el segundo turno han resultado, a la postre, ciclópeas. En las dos semanas que transcurrieron entre el primer y el segundo turno, Berlusconi se hizo entrevistar varias veces por todas las cadenas televisivas (a pesar de que exista una ley que impone la igualdad de trato informativo en periodo electoral), utilizó con insistencia todos los argumentos del “miedo” (con la izquierda, Milán caería en manos de los gitanos y de los islamistas), prometió lo inverosímil (eximir del pago de las multas a los automovilistas), ¡para que al final, en Nápoles, un exmagistrado, pintado por Berlusconi como el más extremista de las togas “comunistas” y de sus perseguidores, Luigi de Magistris, superara el 65% de los votos!

Y con todo Berlusconi no está acabado en absoluto. La Italia civil ha dicho no a su régimen de mentiras y de corrupción, a su voluntad de acabar con la Constitución y de materializar un “fascismo” posmoderno; una parte importante de su propio electorado, decepcionado, le ha dado la espalda, pero Berlusconi no está acabado en absoluto. Le queda aún, desgraciadamente, una carta por jugar: la debilidad del centro-izquierda. Para entenderlomejor, analicemos más de cerca los resultados de Milán y Nápoles.

En ambos casos los candidatos de la oposición no pertenecían al Partido Democrático (PD). En Milán, Giuliano Pisapia -en el pasado, parlamentario de extrema izquierda- fue elegido mediante el sistema de primarias, contra el candidato del PD. En Nápoles, el exmagistrado De Magistris (actualmente europarlamentario del partido de Di Pietro) se había presentado autónomamente contra el candidato del PD, y todos los observadores preveían que no pasaría siquiera al segundo turno (en Cagliari, el candidato del PD era un joven de 35 años que había ganado las primarias contra el candidato oficial del partido). La victoria electoral, en definitiva, tiene color propio (cromáticamente incluso: De Magistris y Pisapia escogieron inéditas banderas anaranjadas): la protagonista ha sido la sociedad civil, la misma que en los últimos 10 años ha dado vida a una sucesión de manifestaciones y de movilizaciones, muy a menudo polémicas con la “cautela” (o la “traición”) de los partidos del centro-izquierda: la sociedad civil de los girotondi (corros) del 2002, del pueblo violeta del 2009, de la gigantesca y entusiasta manifestación promovida por las mujeres el pasado mes de febrero.

Esta sociedad civil, que desde hace un cuarto de siglo tiene en MicroMega su revista de élite, en los programas televisivos de Michele Santoro (que si aún sigue en activo es gracias a una sentencia judicial, porque Berlusconi ha intentado expulsarlo infinidad de veces de la pequeña pantalla) su información de masa y, desde hace dos años, en el periódico Il Fatto quotidiano su punto de referencia, constituye un mundo abigarrado y multiforme, que el PD siempre ha observado con recelo y a menudo con activa hostilidad, acusándolo de asustar a los “moderados”. Y sin embargo, lo cierto es todo lo contrario, pues solo ese mundo es capaz de derrotar a Berlusconi y de conquistar consensos precisamente entre los “moderados”.

Esa es la razón por la que Berlusconi no está aún acabado. Porque el centro-izquierda podría repetir una vez más el error con el que ya en dos ocasiones ha “resucitado” a un Berlusconi derrotado: renunciar a la claridad de la contraposición, a la “radicalidad” de la oposición, privilegiar la alianza con las nomenclaturas de los partidos de centro en vez de unirse a la voz y la capacidad de movilización de la sociedad civil.

Sería catastrófico. Hoy, los políticos tradicionales, los políticos de profesión, son la categoría más desacreditada; ni siquiera la Iglesia jerárquica, con sus sacerdotes pedófilos, ocupa posiciones tan bajas en el grado de aceptación de los sondeos.

Berlusconi ha sido derrotado no por la política tradicional del centro-izquierda, sino por lo que estúpidamente el centro-izquierda ha definido como la “antipolítica”, cuando en realidad es solo la voluntad de una política radicalmente nueva, ultrademocrática, donde los ciudadanos vuelvan a ser protagonistas y los “políticos vitalicios” queden marginados.

Que la Italia civil se libere definitivamente del régimen de Berlusconi, o que el amigo de Putin y de Gadafi sea “resucitado” por tercera vez, depende, por lo tanto, solo de una cosa: de que la sociedad civil “radical” sea capaz de darse formas organizativas, electorales incluso, y de que el centro-izquierda comprenda que estas listas de nuevo cuño -que obviamente arrebatarán votos y poder a los “políticos vitalicios”- deben ser parte integrante de la alianza democrática en las próximas elecciones políticas.

Solo estas nuevas fuerzas, con la coherencia demostrada en el pasado y con la credibilidad personal de los bricoleur de la política, pueden conquistar los votos de los ciudadanos que en los políticos tradicionales, aunque sean de izquierdas, ya han dejado de creer.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

sábado, abril 02, 2011

Gadafi y Berlusconi, ¿vidas paralelas?

Por Giancarlo Santalmassi, periodista. Traducción de Carlos Gumpert (EL PAÍS, 02/04/11):

Resultan realmente extrañas ciertas historias paralelas y entrecruzadas de estos inicios de 2011. Estoy hablando de las de Berlusconi y Gadafi: la supervivencia de los amigos (aparentemente) derrotados.

En los primeros días del conflicto libio, el raís parecía que iba a durar como máximo unas semanas. Pero ha mantenido el control de Trípoli, llegó a estar a las puertas de Bengasi y ha aprovechado que el ejército se fuera consumiendo entre la vetustez del armamento y los míseros sueldos de los soldados (así, en caso de adhesión a los rebeldes, no se les unirían más que fuerzas irrelevantes); y ha decidido apostar por tropas mercenarias bien pagadas, adiestradas y armadas de forma moderna y eficaz.

En el caso de Silvio Berlusconi, lo mismo. Hace tres meses se le daba por desahuciado. Después abandonó a su destino a la tercera autoridad del Estado, esterilizando así la escisión del presidente del Parlamento, Gianfranco Fini, de la coalición de Gobierno; consiguió mantener bajo su control Palazzo Chigi, la sede del Ejecutivo, conservando la mayoría aunque fuera por tres votos; fue conquistando para su causa su propia cuota de mercenarios, promoviendo las defecciones en campo adversario y fichando a los prófugos con la perspectiva de un posible escaño parlamentario, la presidencia de alguna comisión aneja, o un sillón ministerial (que acabó cayendo en un siciliano investigado por los jueces por complicidad mafiosa) en la remodelación del Gobierno.

Diferencias también las hay. La resistencia de Gadafi pone en peligro las relaciones internacionales y los aun precarios equilibrios de la región. Además, han desaparecido las amazonas que hasta ahora servían de aureola al raís. Las 40 muchachas con ropa de campaña, cinturón, tacones, boina roja y maquillaje anti-motín, a las que él parecía preferir por ser “más dignas de confianza que los hombres”, han dejado de verse. Desde el comienzo de las revueltas, Gadafi solo se muestra en público rodeado por militares varones. “¿Las habrán despedido o se han esfumado?”, se pregunta el propio diario panárabe Al Quds Al Arabi. Algunas fuentes afirman que las 40 vírgenes (han jurado guardar su castidad) se han atrincherado con él en el interior de su búnker de Trípoli.

La resistencia de Berlusconi es distinta. De sus mujeres, mayores o menores de edad, no ha desaparecido ninguna (al contrario, la famosa Ruby ha participado incluso en el ex “gran” baile de los debutantes de Viena. Y, por encima de todo, ninguna de ellas ha jurado guardar su castidad). Más importante es que las consecuencias de su aguante se vuelcan sobre todo en el interior del país, descargándose en especial sobre las formaciones de centro y de la oposición. Los centristas Casini y Rutelli se hallan entre dos fuegos.

Por un lado, una reconquistada mayoría berlusconiana (el número final constatado de diputados que le son favorables asciende a 330);por otro, una cada vez mayor evanescencia del Partido Democrático (PD). La respuesta del mayor partido de oposición a la remontada de Berlusconi ha consistido en la entrega en el Parlamento de 10 millones de firmas recogidas a favor de la dimisión del presidente. A pesar de las acusaciones, los juicios y los periódicos, los sondeos no reflejan una caída significativa del Pueblo de la Libertad. En ascenso, en la intención de voto de los italianos, sí parece estar la suma del centro-izquierda y del centro. Pero, ¿adónde puede ir a parar un cúmulo de siglas que no pasa de mera suma aritmética y que queda muy lejos, desde luego, de parecerse a una alternativa política?

El exsecretario del PD Walter Veltroni vuelve al ataque del actual secretario (y seguidor de D’Alema) Pierluigi Bersani. Entre los dos líderes del partido, Veltroni y D’Alema, anida el resentimiento desde hace más de tres lustros. Es opinión común que ambos acabarán antes o después por tirarse sus dentaduras postizas el uno al otro. No hay programa, no hay propuestas. Ni certeza alguna sobre las candidaturas a las alcaldías (se vota en mayo, dentro de dos meses). En Nápoles, las primarias para elegir al candidato a alcalde del PD acabaron con su anulación por fraude y la intervención del partido local, y los 44.000 napolitanos que fueron a las urnas sienten que les han tomado el pelo. Mientras Di Pietro ha presentado como candidato a un juez, De Magistris, Bersani ha dicho que “no es el momento de los jueces”. Eso sí, 10 días después de pedirle precisamente a un magistrado, Raffaele Cantone, que se presentara a alcalde, recibiendo como respuesta un “no, gracias”.

Berlusconi ha presentado un proyecto de reforma constitucional de la justicia, que ha incluido muchas de las modificaciones que fueron acordadas hace 14 años en la comisión bicameral presidida por D’Alema. La respuesta del PD es siempre “no”. Y, con todo, la justicia en Italia hace años que ha dejado de ser el servicio axial propio de toda democracia occidental. Es convicción general que debe impedirse a los fiscales actuar después como jueces. Sin necesidad de desempolvar la tragedia de Enzo Tortora (el famoso presentador televisivo injustamente acusado de camorrista y sometido a un calvario judicial), basta con recordar en Aosta el caso de un fiscal que acabó casándose con la novia de un procesado. Es razonable conceder la atención necesaria a la justicia penal: nos jugamos el derecho fundamental a la libertad. Pero atañe a 50.000 personas al año y, como mucho, una vez en la vida. En cambio, la justicia civil nos atañe a todos y casi todos los días. Y reorganizar la justicia civil significaría eliminar el caldo de cultivo de los comportamientos mafiosos (porque tener que esperar décadas antes de obtener una sentencia puede empujar a más de uno hacia formas de persuasión más enérgicas, y de naturaleza bien distinta).

También en España se conoce el juego de los trileros: el ciudadano pierde siempre. Es lo que ha pasado una vez más en Italia. La reforma de la justicia ha quedado aparcada y Berlusconi sigue adelante con la ley del proceso breve para escapar de sus juicios. El ciudadano pierde, él gana. Mientras tanto, la oposición vuelve a hacer de las suyas y D’Alema se pelea con la presidenta del Partido Democrático, Rosy Bindi, una católica. El tema es si abandonar el Parlamento o seguir aguantando las embestidas ad personam del jefe de Gobierno. Un panorama seductor si hubiera que votar, ¿verdad?

En definitiva, si Italia no morirá democristiana, como se decía en otros tiempos, con toda probabilidad morirá berlusconiana.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

lunes, marzo 28, 2011

Italia: después de la unidad

Por Antonio Elorza es catedrático de Ciencia Política (EL PAÍS, 28/03/11):

Una de las más brillantes expresiones de propaganda política en la modernidad es la decoración pictórica de la Sala de los Meses en el palacio ferrarés de Schifanoia de mediados del siglo XV. Apenas asumido el título de la ciudad, Borso de Este trató de refrendar mediante una excepcional sucesión de imágenes el engarce armónico entre el ascenso al marquesado de Ferrara con su posición de partida como “ciudadano eminente”. Bajo los auspicios de los signos zodiacales y de escenas mitológicas, cada cuadro mensual muestra inevitablemente la figura achaparrada de Borso, primero en las actividades de gobernante implicado en las distintas facetas de la buena administración de la ciudad, envuelto en su vida cotidiana, luego practicando las formas de ocio correspondientes a su condición privilegiada. El contrapunto de tantas venturas despunta en un friso del mes de abril: el espectáculo de la carrera del Palio, con dementes obligados a correr desnudos detrás de judíos cabalgando asnos de forma grotesca y de prostitutas. Los notables contemplan la diversión.

La guía y el DVD del museo eluden hablar de algo tan poco acorde con la visión idílica del mundo renacentista. Sin embargo, contemplado desde el presente, resulta actual, demasiado actual, el contraste entre la racionalidad exhibida hasta la saciedad por la propaganda del poder señorial y su cara oculta, irracional y deshumanizada, que entonces como ahora se refleja en la fiesta organizada desde el privilegio.

Las prostitutas no son obligadas hoy a correr por las calles, aun cuando la suerte del oficio siga siendo dramática. La flor y nata de la prostitución femenina recibe sumas enormes de dinero por parte del nuevo “ciudadano eminente” que rige Italia. Pero esto no significa que sea un asunto privado, ni que se trate de una cuestión solo moral, dada la degradación que conocemos bien por las interceptaciones telefónicas. Al modo de lo que sucediera en la España de la Restauración, donde no había un sistema político con elementos de corrupción, sino que la corrupción era el núcleo del sistema político, en la Italia de hoy la prostitución se extiende en mancha de aceite por efecto de la lógica del poder impuesta por quien lo detenta. Para acceder como velina a un contrato en la televisión, incluso para ser consejera regional, hay que atender las exigencias del sultán, y cabe suponer que la regla se aplica a los círculos que le rodean. Las mayorías no dependen ya de las urnas. Llega a parecer normal que una vez perdida la mayoría parlamentaria, esta sea restaurada con creces mediante la compra de los oportunos diputados, que de vendidos pasan a ser llamados “responsables” y a recibir cada uno la parte que les asigna el corruptor. Nueve concejales de Nápoles han sido fichados así hasta desmantelar la Administración municipal de centro-izquierda. Nada tiene de extraño que en tales circunstancias el juego de oposición rígidamente legalista del Partido Democrático desemboque en una sensación de impotencia.

La única barrera podía venir de la división de poderes. De ahí la obsesión del personaje por verter infamias y destruir a la magistratura que persigue sus delitos, en los términos que proféticamente anunció Nanni Moretti con la secuencia final de El caimán. Sea cual sea el resultado del pulso, confía en que le seguirán votando. En un régimen de masas subordinadas a la manipulación informativa y a los dictados del Señor, todo freno institucional resulta tildado de antidemocrático: el voto plebiscitario sirve de cheque en blanco. La degradación inyectada desde sus medios en la sociedad conserva plena eficacia.

Justo cuando es conmemorado el siglo y medio de la unidad italiana, el país parece atrapado en ese fango que Roberto Saviano denuncia en su último ensayo Vieni via con me, “sal conmigo”, y que ya mencionara con otro significado Cavour, el artífice de la unidad, hacia 1849. En otro libro de gran éxito, Maurizio Viroli, historiador del patriotismo, ha escrito que en la Italia de Il Cavaliere solo existe la libertad de los súbditos o de los siervos. Dos entregas sucesivas de la revista MicroMega profundizan en la relación con Mussolini, pero Viroli prefiere volver la mirada hacia el sistema de Corte donde señorías como la del citado Borso de Este en Ferrara, consolidaron relaciones de dominación bajo máscara de ciudadanía, pero caracterizadas por la concesión de prebendas a cambio de “un servicio leal y fiel”, a prueba de toda ignominia. Nada mejor que el comportamiento de todo el partido y los ministros a lo largo del Rubygate para probarlo. Por no hablar de programas como Porta a porta en RAI 1. La mentalidad servil acaba impregnando a gran parte del país, y con ella la aceptación de la violencia ejercida de modo sistemático contra las instituciones y la moral pública. El fango. Como explicaba Saviano a la multitud reunida en Bolonia junto a las torres para escucharle, la alternativa es “contar cómo están las cosas”. Para no ser siervos sino ciudadanos libres, añadiría Viroli.

Advirtamos que no solo hay fango asociado a corrupción política en Italia. La apoteosis anticipada de Camps, saltando por encima del caso Gürtel, nos lo recuerda.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

viernes, marzo 18, 2011

Ocho verdades incómodas

Por Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es Facts are subversive: Political writing from a decade without a name. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 13/03/11):

En el siglo XV, el papa Pío II, que fue el primero que habló verdaderamente en sentido moderno de “Europa”, escribió una famosa carta al sultán Mohamed II, el conquistador de Constantinopla, en la que elogiaba a las numerosas potencias del Viejo Continente: “España, tan firme; Francia, tan guerrera; Alemania, tan populosa; Gran Bretaña, tan fuerte; Polonia, tan audaz; Hungría, tan activa, e Italia, tan rica, fogosa y experimentada en el arte de la guerra”.

Hoy, Europa sigue siendo impensable sin sus naciones. Pensar que Europa no es más que la Unión Europea y sus instituciones de Bruselas es como describir una casa hermosa leyendo los manuales de instrucciones de sus instalaciones de fontanería, electricidad y calefacción. Por supuesto que Europa es mucho más que la suma de sus naciones; pero, sin ellas, no es nada.

Por eso vamos a detenernos en la propia nación de Pío II, Italia, que el próximo jueves celebra el 150º aniversario de su supuesta unificación para formar una Nación-Estado moderna: el reino de Italia se proclamó el 17 de marzo de 1861. Italia es el país europeo por excelencia. En ningún otro lugar pueden encontrarse tantas capas acumuladas de historia europea. Solo en Roma es posible comer junto al lugar en el que Julio César murió asesinado y acercarse después a oír al heredero de San Pedro proclamar su mensaje de 2.000 años de antigüedad a la ciudad y el mundo. Casi todo lo que formó la primera identidad moderna de Europa -en especial, el legado de Grecia y el cristianismo- nos llegó a través de la antigua Roma. Europa: de Julio César a Silvio Berlusconi.

Cada país europeo es único, pero todos tienen mucho en común, y cada parte nos revela algo sobre el todo. He aquí ocho cosas que, en mi opinión, nos dice la Italia actual sobre Europa.

1. Ni Italia ni Europa saben qué historia quieren contar. Hace poco asistí, en la Embajada italiana en Londres, a un acto de celebración del 150º aniversario de la “unidad de Italia”, dedicado casi por completo a dos temas estrechamente relacionados: las mujeres y el amor. La velada fue deliciosa: Greta Scacchi leyó unos versos luminosos de la Divina Comedia de Dante (Amor, ch’a nullo amato amar perdona).

[literalmente: El amor, que a nadie amado amar perdona] y un tenor cantó canciones de amor napolitanas hasta casi reventar. Sin embargo, todo aquello me pareció una extraña carta de presentación de un país europeo moderno ante sus amigos. Y la UE ni siquiera tiene canciones que ofrecernos.

2. Europa no presenta una historia, sino un estilo de vida. E Italia es el ejemplo más glorioso de ese estilo de vida: comida,vino, moda, sol, jornadas laborales “sociales” y largas vacaciones, bella figura, dolce vita y todo lo demás. Lo malo es que ese estilo de vida solo lo disfruta un número cada vez menor de italianos y europeos, y es insostenible sin una reforma radical de la economía y el Estado de bienestar y sin la integración real de los hombres y mujeres de origen inmigrante, muchos de ellos musulmanes (si Pío II levantara la cabeza…).

3. Casi todos los europeos, y muchos no europeos, saben seguramente más cosas de Berlusconi que de ningún otro político europeo. Es lo más parecido que tenemos a una figura política pan-europea. Pero, por desgracia, lo que todo el mundo sabe de él es más bien pomposo, lascivo o desagradable, para decirlo con suavidad. Es decir, en vez de compartir una representación seria de la política europea, dentro de una esfera pública europea real, lo que tenemos es una opereta de mal gusto.

4. La variedad de cosas que ocurren en los países de la Unión Europea es mucho mayor, y menos atractiva, que las bonitas historias que nos contamos a nosotros mismos y al resto del mundo. El berlusconismo no es fascismo, pero está muy lejos de ese ideal de democracia social liberal y funcional que a los europeos les gusta considerar distintivo de Europa. E Italia no es el único caso. La Hungría de Viktor Orban -por hablar de otro viejo país mencionado por Pío II- no se queda a la zaga. Si combináramos en un único país imaginario las peores características de los 27 miembros de la UE, nos encontraríamos con un lugar muy desagradable.

5. El momento en el que los países europeos tienen que comportarse mejor y mostrarse demócratas, liberales y respetuosos con las leyes es el periodo de uno o dos años antes de entrar en la UE. Una vez que han entrado, pueden hacer lo que les dé la gana. Si la Italia de Berlusconi tuviera que solicitar hoy su ingreso en la Unión, quizá no la admitirían.

6. Nunca debe mezclarse el gobierno actual de un país con el país que afirma gobernar. Todos los países europeos poseen dentro de ellos elementos variados, e Italia tiene más diversidad que ningún otro. Existen grandes áreas de su vida nacional -entre ellas, muchas dirigidas incluso por personas que han apoyado a Berlusconi- que son modernas, eficaces, civilizadas y admirables. El mismo país del emperador Silvio nos ofrece también al candidato más creíble de todos los que aspiran al cargo de gobernador del Banco Central Europeo (me refiero, por supuesto, a Mario Draghi, gobernador del Banco de Italia).

7. No es lo mismo una nación histórica y duradera que una Nación-Estado unida y estable. En The Pursuit of Italy, un libro cuya publicación coincide con este aniversario, el autor británico David Gilmour alega que Italia lleva 150 años dedicada, precisamente, a no ser una Nación-Estado unida y eficaz. Nos recuerda que los partidarios de la Liga Norte de Umberto Bossi dicen en tono de burla que “Garibaldi no unió Italia; dividió África”. Como el debilitamiento político actual de Berlusconi signifique el refuerzo de Bossi, esa actitud no será un buen presagio para una mayor integración del país. Y está relacionada con un problema europeo más general: la integración de la UE es precisamente lo que hace posible que caigamos en la desintegración nacional. No hay más que ver el caso de Bélgica, que lleva ya 270 días sin Gobierno por diferencias aparentemente irreconciliables entre los políticos del norte (flamencos y de lengua neerlandesa) y el sur (valones y de lengua francesa).

8. A propósito de África, sería de esperar que Italia, una de las grandes potencias mediterráneas de Europa, tomara la iniciativa, junto con Francia y España, de elaborar una respuesta común, audaz e imaginativa, a la primavera árabe. En lugar de ello, lo que tenemos son fotografías de Berlusconi abrazando a Gadafi, la empresa estatal de energía ENI que, por lo visto, sigue suministrando al dictador libio el dinero del gas y el petróleo, y un auténtico pánico por los refugiados tunecinos que llegan a la isla italiana de Lampedusa. Una vez más, Italia no es sino una versión extrema de la confusión de Europa. Y ya no nos lo podemos permitir.

En definitiva: Feliz 150º cumpleaños, Italia (des)unida. Te queremos. Te acompañamos en el sentimiento, sobre todo vistos tus gobernantes actuales. Y necesitamos urgentemente que vuelvas a la vanguardia de ese gran proyecto, antiguo y moderno, que llamamos “Europa”. Al fin y al cabo, tú lo inventaste.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

jueves, marzo 10, 2011

Un pujante actor empresarial

Por Fabio di Vizio, fiscal de la República Italiana en Forlì. Traducción de Carlos Gumpert (EL PAÍS, 04/03/11):

Varias y poderosas organizaciones criminales están enraizadas en extensas áreas de Italia y mantienen una agresiva y vasta vocación económica. Los valores absolutos de la economía sumergida y de la evasión fiscal alcanzan ya niveles no muy distantes de los de la economía regular. Se trata de una combinación muy peligrosa para Italia y para Europa, y una poderosa razón para emprender una imprescindible defensa común.

La criminalidad organizada italiana sigue dando muestras de una dúctil capacidad para expandir sus actividades económicas. No pierde ocasión de adquirir empresas sanas, incluso en territorios y sectores nada tradicionales. Y lo hace con mayor facilidad en fases de crisis económica como esta, dado que a las empresas honradas les cuesta mucho resistir la fuerza económica de unos competidores agresivos, sustentados en el desprecio de las reglas. A pesar del esfuerzo de instituciones y organismos públicos, la moderna criminalidad organizada es hoy un pujante actor empresarial. Las formas históricas del crimen organizado se ven protegidas además por una tenaz y difusa opinión, muy mediterránea, que no considera la evasión fiscal dañina para el Estado, sino un mecanismo de defensa del individuo. Ese individualismo fiscal impide reconocer a las empresas criminales y oponerse eficazmente a ellas, facilitando su expansión.

La lucha contra el lavado de dinero negro y la financiación del terrorismo internacional impone serias acciones globales, concertadas y a nivel supranacional, con normativas nacionales homogéneas e intercambios efectivos de información, para evitar que triunfen quienes saben aprovecharse con astucia de los límites y diferencias de los distintos sistemas estatales.

Cuanto más capaces sean los sistemas financieros de ofrecer servicios rápidos, inmateriales y despersonalizados, con más facilidad se crea un intersticio para operaciones opacas. Y más posibilidades operativas se abren también para el crimen organizado, que se beneficia de su conocimiento profesional de los sistemas previstos para oponerse a él.

Algunos de los instrumentos clásicos de esta acción expansiva del crimen organizado merecen particular atención. Es el caso de la potente disponibilidad de dinero líquido, a menudo relacionada con toda clase de tráficos infames (prostitución, estupefacientes, extorsiones, corrupción). A ese respecto, la acción investigativa debe constatar con frecuencia su ineficacia, a causa precisamente del afable prejuicio que considera la evasión fiscal un fenómeno ineludible, natural y no del todo malo. “Intuiciones” que inducen a justificar enormes masas de dinero en efectivo como lógicas y “comprensibles”, dado lo elevado de la presión fiscal. En esa amplia zona de penumbra todo queda confuso. De ese modo, despistados por interpretaciones indulgentes (y a menudo interesadas) respecto al fraude fiscal por parte de intermediarios financieros y profesionales, llamados, sin embargo, a tareas de colaboración activa con los organismos estatales, los sistemas de lucha contra el blanqueo de capitales y el terrorismo corren el riesgo de no entrar en funcionamiento.

Según datos del Banco Central Europeo, los billetes de 500 euros constituyen actualmente, en valor, la más amplia cuota de papel moneda en circulación. En abril de 2009, a pesar de su escaso empleo en las transacciones ordinarias, los billetes de 500 euros representaban, en valor, el 36% de los billetes, seguidos por los de 50 euros (31%) y por los de 100 euros (18%). Un dato que fue incrementándose desde finales de 2002, cuando los billetes de 500 euros constituían, en valor, el 23% de los billetes en circulación, con un aumento mucho más elevado respecto al incremento en conjunto del papel moneda en circulación.

La difusión de instrumentos de pago alternativo al efectivo o la creciente demanda de euros como instrumento de reserva de valor, especialmente por parte de no residentes en el área del euro (a quienes cabe atribuir aproximadamente un 20% del papel moneda sustentado en el euro), no lo explican todo. De tal anomalía hace tiempo que son conscientes las autoridades monetarias y las instituciones implicadas en la lucha contra el blanqueo y la financiación del terrorismo.

La utilización de dinero contante ofrece, no sin riesgo, ciertas ventajas. Favorece los pagos en negro e interrumpe el rastro de las transferencias de riqueza, del origen que sean. Un maletín corriente puede contener 10.000 billetes de 500 euros, por un valor de 5 millones de euros, algo inferior al contenido de una caja fuerte normal.

En Europa se han registrado fenómenos clamorosos de concentración a nivel territorial de la demanda de billetes de valor máximo. Las autoridades españolas, a finales de 2006, atribuyeron al blanqueo de dinero negro y a la evasión fiscal, especialmente en el sector inmobiliario y de la construcción, una anómala difusión de billetes de 500 euros. Según ciertas estimaciones, en España se llegó a concentrar aproximadamente un cuarto de la entera producción de billetes de 500 euros del área de la Unión Monetaria.

No es casualidad, por tanto, que exista una tendencia a contener las transacciones en efectivo, así como la misma existencia de billetes de alto valor. Solo en el caso del euro y del franco suizo se contemplan valores superiores al equivalente de 100 euros. El propio Parlamento Europeo ha recomendado contener el número de billetes de 500 euros en circulación.

Con experiencias europeas recientes, por el contrario, se corre el peligro de hacer perder la conciencia de tales riesgos. Entre ellas, el último escudo fiscal italiano, finalizado en abril de 2010. Ante la urgente necesidad de alcanzar un difícil equilibrio en las finanzas públicas, la medida permitió que ingentes cantidades de billetes, de origen opaco, hipotéticamente exportados y acumulados fuera de las fronteras nacionales y depositados en el extranjero a fecha de 31-12-2008, pudieran aflorar con el pago de una tasa “extraordinaria” del 5% o del 6%. Más de 200.000 expedientes han sacado a la luz una actividad por valor de 104.500 millones de euros, que en un 97,6% (102.050 millones) atañen a operaciones de repatriación de capitales.

Ciñéndonos a esta última modalidad, la repatriación “jurídica” (por un valor de 51.500 millones) ha supuesto numerosos encargos de custodia, depósito, administración o gestión de la actividad financiera a intermediarios fiduciarios italianos, sin necesidad (a diferencia de la repatriación física) de proceder a su traslado material al territorio del Estado. Y ello no solo en el caso de inmuebles (obviamente imposibilitados de traslado físico), sino también para recursos financieros (depósitos bancarios y efectivo), incluso cuando estaban ubicados en países fiscalmente poco colaboradores. Precisamente en esos países se localizaron cerca de 40.000 millones de euros.

De lo que no cabe duda es de que el principio comunitario de prohibición de restricciones para la libertad de circulación de capitales entre los países miembros y terceros países ha de ser atemperado con los artículos 57 y 58 del Tratado CE. Pero resulta llamativa la confianza depositada en la responsabilidad de las empresas fiduciarias, interlocutoras exclusivas de las autoridades obligadas al control de capitales y de no fácil desautorización.

Estas empresas fiduciarias italianas se han convertido en titulares de cuentas bancarias accesibles solo tras la apertura del escudo, alimentadas con dinero contante por un valor de 4.000 millones de euros, depositados en países poco colaboradores. La circunstancia sospechosa es que anteriormente ese dinero en efectivo estaría guardado con toda verosimilitud bajo los colchones de prudentes ahorradores o en cajas de caudales de discretos custodios. Sin embargo, la carencia de intercambio de información plantea insuperables dificultades para realizar verificaciones administrativas acerca de la subsistencia real y del origen de tales sumas. Dato preocupante, porque en la lucha global europea contra el blanqueo y el terrorismo internacional la funcionalidad del sistema administrativo de cada país es condición indispensable para la eficacia de medidas jurídicas por parte de los demás países.

Gran parte de tal funcionalidad, si no toda, se ha confiado a un íntimo sentimiento de responsabilidad de las empresas fiduciarias. Pero lo cierto es que de más de 200.000 expedientes, hasta septiembre de 2010 en la Unidad Antiblanqueo del Banco de Italia (UIF) solo se habían recibido 484 indicaciones de operaciones sospechosas. ¿No se estará incurriendo en un exceso de confianza?

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

domingo, septiembre 13, 2009

Perspectivas italianas de otoño

Por Shukri Said, secretaria de la Asociación Migrare. Traducción de Carlos Gumpert (EL PAÍS, 09/09/09):

El año en Italia empieza realmente en septiembre. Dos son los temas dominantes para este otoño: Berlusconi y la inmigración en sus relaciones con la Iglesia. Berlusconi, rey de las televisiones privadas, que ha construido su imperio basándose en programas de entretenimiento ligero, ha conseguido convertir también la política en un escenario que los italianos contemplan como espectadores pasivos. Esa confusión entre ficción y realidad tal vez pueda ser la explicación de que la mayoría de los italianos siga estando a su favor.

Hace algunos meses se descubrió que el jefe del Gobierno visitaba a una muchacha menor de edad, Noemi Leticia, con la asiduidad que sus impelentes compromisos políticos le consentían, y se descubrió asimismo que se distraía también con fiestas en sus residencias privadas a las que eran invitadas veline (azafatas televisivas), aspirantes a actrices y prostitutas de lujo, la más famosa de las cuales, Patrizia d’Addario, confió en unas hilarantes grabaciones sus veladas con Berlusconi. Veronica Lario, mujer del primer ministro, solicitó el divorcio, y Vittorio Feltri, director del periódico Libero, de propiedad berlusconiana, la definió como una “velina ingrata”, asociándola a esas hordas de soubrettes, a pesar de décadas de convivencia tolerante y de haberle dado tres hijos.

Feltri, gracias a esta ofensa, fue ascendido recientemente a director del periódico Il Giornale, propiedad asimismo de Berlusconi, y desde allí ha arremetido también -hasta el punto de forzar su dimisión- contra Dino Boffo, director de Avvenire, el periódico de los obispos, que había reprochado en repetidas ocasiones al primer ministro su licenciosa vida. Feltri desempolvó los pormenores de un proceso penal por molestias reiteradas contra una mujer casada a cargo de Boffo, quien mantenía una relación homosexual con su marido. Al aludir a la vida privada de Boffo, se negaba a los obispos el derecho de criticar la vida privada de Berlusconi, quien había insistido en no querer pedir perdón a nadie.

Este ataque ha supuesto la brusca interrupción de los contactos de acercamiento de Berlusconi con la Iglesia, que hubieran debido culminar a finales de agosto con una cena entre el secretario de Estado vaticano, el cardenal Bertone, y el primer ministro durante la celebración de la fiesta religiosa de la Perdonanza (Perdón o Indulgencia). Hubiera supuesto una especie de reedición del perdón que el emperador Enrique IV pidió al papa Gregorio VII el año 1077 en Canossa. En definitiva: excusas ante la Iglesia, sí; ante el resto del mundo, no.

Sin embargo, no tardó en descubrirse que la noticia de Il Giornale era en parte verdad y en parte se derivaba de una carta anónima. La condena por el delito de amenazas era cierta; los detalles del asunto pertenecían al anónimo. Entre los interrogantes que el asunto plantea y que únicamente el examen de las actas procesales podría resolver, destaca la ofensiva intimidatoria contra cualquier crítica al primer ministro, sin consideración alguna ante nadie.

En estos momentos, las relaciones con la Iglesia resultan muy problemáticas y se teme que no baste con las supuestas promesas de una ley del testamento biológico que anule las disposiciones personales sobre la muerte digna, la prohibición de la píldora RU 486 -fármaco abortivo que en Europa lleva ya décadas en uso- o la financiación de los colegios religiosos, que parecían estar en la base de las tímidas reacciones del Vaticano ante la disoluta vida del primer ministro. Se impone una pregunta: la reconciliación de Berlusconi con la Iglesia, ¿cuánto costará al progreso de los derechos civiles in Italia?

Debe recordarse que los parlamentarios italianos no son elegidos directamente por el pueblo, sino nombrados por los partidos gracias a una ley electoral que ha sido llamada porcellum. Más del 90% de las leyes promulgadas desde mayo de 2008, cuando Berlusconi ganó las elecciones, provienen del Consejo de Ministros. Casi todas han sido aprobadas porque el Gobierno ha planteado mociones de confianza, bloqueando así su discusión en el Parlamento. De esta forma, la democracia “guiada” se ha ido consolidando: los parlamentarios nombrados por los partidos responden ante el Gobierno y no ante el pueblo, de manera que cualquier clase de ley resulta posible. La única esperanza es que se pueda reforzarse el ala del PDL (la coalición de Berlusconi) que lidera el presidente del Congreso, Gianfranco Fini, defensor de la fuerza laica de las instituciones.

Las relaciones son también muy tensas en el frente de la inmigración, cuestión para la que la Iglesia exige algo más de tolerancia. Pero en este tema se ha impuesto el programa electoral de la Liga, potente aliado desconocido en el sur, pero que en el norte del país llega a alcanzar incluso un 30% de votos. La Liga Norte se caracteriza por sus escasas pero combativas ideas, entre las que destaca la lucha contra la inmigración. Con una ley, votada también por la oposición, ha sido aprobado hace poco un tratado con Libia cuya reciente ejecución, sin embargo, lleva a devolver al mar a todos los inmigrados, sin selección previa de quienes tienen derecho al asilo.

Los efectos han sido devastadores: hace unos días se localizó en el Mediterráneo una lancha que llevaba 23 días a la deriva, con sólo cinco eritreos que habían sobrevivido de los 78 que embarcaron. Pues bien, a los supervivientes se les imputó el delito de clandestinidad, a pesar de la ola de compasión que despertó el asunto.

Si a Libia le ha sido reconocida en dicho tratado una indemnización de cinco billones de dólares por los perjuicios coloniales causados por Italia, a otras antiguas colonias italianas como Eritrea o Somalia hubiera debido corresponderles un tratamiento muy distinto a la devolución de sus ciudadanos al mar.

Contra esta violación de las leyes internacionales, es de esperar la intervención de los jueces y se han oído ya voces de protesta tanto de Europa como de la ONU ante las que el Gobierno de Berlusconi se encoge de hombros, sin que deje de quedar la sospecha de que Gaddafi se haya erigido como protector de todas las antiguas colonias italianas, sobre las que pretenda extender su influencia como presidente de la Unión Africana, poniendo en jaque a Italia, ante quien puede ejercitar el poder que le proporcionan sus fuentes energéticas y los capitales de los que dispone. Éste sería el enésimo fruto de la aproximativa política con la que Italia está siendo gobernada por quien no tiene inconveniente en desatender las reglas internacionales, en perjuicio de los más pobres del mundo, por un cálculo electoral limitado al valle del Po.

¿Cómo podría condenarse a Gaddafi si quisiera convertirse hoy en el paladín de Somalia, Eritrea y Etiopía contra Italia a causa de las mismas reivindicaciones compensatorias ya reconocidas en el caso de Libia?

Y, con todo, los italianos siguen contemplando todas estas vicisitudes políticas como si de otro episodio de una serie televisiva se tratara. Debería encargarse de despertarles la oposición, pero el Partito Democrático, nacido de la unión entre los católicos del antiguo partido de la Margarita y los Demócratas de Izquierda, herederos del Partido Comunista, es un experimento nuevo con demasiados elementos viejos: una oveja Dolly que cada vez apasiona menos a causa de su indecisión. El PD se ha visto obligado a recurrir a la elección anticipada de un nuevo secretario con votaciones primarias a la americana que absorberán todas sus energías durante seis meses. Hasta la votación de octubre, con una segunda vuelta en noviembre, carecerá de una dirección con autoridad para exigir la dimisión de este jefe de gobierno.

La ausencia de una oposición eficaz no resulta ya tolerable: no podemos seguir concentrándonos en quién dirigirá a los bomberos mientras la casa arde por los cuatro costados. Es necesario eliminar esos mecanismos electorales bizantinos para un solo partido, organizando de forma inmediata un congreso que, ante la urgencia del momento, supere las negligencias del pasado. El otoño político en Italia va a resultar ardiente y no falta quien prevé un giro hacia un régimen cada vez más intolerante ante la libertad, ya reconocible en que hayan sido citados a juicio algunos periódicos extranjeros así como La Repubblica, la máxima voz de disenso en Italia, todos ellos considerados culpables de difamación por sus legítimas críticas a las cuestiones hormonales de Berlusconi.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

martes, mayo 12, 2009

El liderazgo mediático de Berlusconi

Por Andrea Greppi, profesor de Filosofía de la Universidad Carlos III de Madrid (EL CORREO DIGITAL, 10/05/09):

La Prensa italiana ha dado el relieve que se merece al hecho de que la popularidad de Silvio Berlusconi haya alcanzado la cota del 75%. Un récord mundial, subraya el protagonista del dato, que supera con creces el 59% de Obama y deja muy atrás a Lula, el segundo clasificado en esta peculiar competición, que no llega al 70%. Berlusconi es el prototipo del líder mediático y de eso depende su éxito. Veamos qué es lo que hace de Berlusconi un líder mediático.

El líder mediático es capaz de interpretar antes que nadie las reacciones del hombre de la calle y las representa con gestos que los medios pueden reproducir con facilidad y rapidez. Vigila en tiempo real los humores de la opinión, responde a sus reacciones y la interpela de forma directa. En esto, hay una parte de intuición e improvisación y una parte de cálculo.

El líder mediático establece una conexión mágica entre la normalidad del país y las vicisitudes públicas y privadas del líder político. Cultiva y explota esta identificación y los medios la reflejan y la amplifican. Una simbiosis ficticia, dirán algunos, pero real como la vida misma.

El líder mediático penetra en la opinión porque logra presentarse como un líder ‘normal’. Refleja aquello que cualquier ciudadano normal podría hacer y decir, hipotéticamente, si fuera ‘como Berlusconi’, si estuviera en su lugar. Eso es lo que hace posible la identificación. Y lo curioso del asunto, lo que cierra el círculo y blinda el liderazgo, es que la trayectoria del personaje no tiene nada de normal. De forma paradójica, el elector proyecta la normalidad cotidiana sobre la excepcionalidad del líder.

Pero en el pecado lleva la penitencia. Aquello que hace fuerte al líder es también el veneno que le desgasta. El líder mediático está condenado a alimentar sin cesar el personaje que ha creado. Y eso le hace frágil. Está blindado frente al discurso de los líderes que esgrimen actitudes y razones ineficaces en el plano mediático, pero es extremadamente sensible a los ataques que provienen de su mismo medio. Por eso, en los últimos días, el anuncio de la separación de su esposa ha hecho saltar todas las alarmas en el entorno de Berlusconi, a pesar de su elevadísima cota de popularidad, o precisamente debido a ella. Tanta exposición es peligrosa, porque cuanto más alta es la cima, más dura es la caída.

El modo en que su esposa, Verónica Lario, ha hablado de la degradación moral de una nación que es capaz de vender a sus hijas a cambio del éxito, aludiendo no sólo a las sórdidas circunstancias que han rodeado el episodio de la joven napolitana que (al parecer) le llamaba ‘papi’, desafía el ánimo de los más profundos caladeros electorales de Berlusconi. Ataca a la línea de flotación de su imagen pública. Y su respuesta ha sido presentarse al día siguiente en televisión, tomar la palabra en primera persona mostrando en público el despecho hacia su esposa, antes de que el efecto político de las palabras de esta última llegara a sedimentarse en la opinión pública.

Esta necesidad de respuesta inmediata es un rasgo típico del líder mediático, condenado a alimentar sin cesar su popularidad. Si el carisma del líder es percibido como excepcional, no hay más remedio que demostrar a cada instante que realmente lo es. El líder mediático no tiene más remedio que ser ubicuo, tiene que estar omnipresente.
Y no basta con aparecer en las pantallas, sin más. Hay que conseguir que su presencia se asocie al territorio, a los problemas, a las emergencias, a las ocasiones señaladas de la vida de cualquiera. Debe aparecer allí donde se le necesita, debe estar próximo. El mensaje que mejor llega es el que presenta al líder en acción. Su agenda es la actualidad. Así, por ejemplo, con ocasión del reciente terremoto, Berlusconi no ha dudado en poner a disposición de las víctimas tres casas de su propiedad (privada). A cada caso, y a cada protesta, una respuesta, multiplicada en cada televisión.

El líder mediático ha de estar presente también en el debate público, ha de tener siempre un hueco en la agenda. No hace muchas semanas, Berlusconi desplegaba un esfuerzo muy considerable para escenificar el nacimiento de su nueva formación política, el ‘Popolo della libertà’, suma de las fuerzas aglutinadas en torno a su figura. Un movimiento y no un partido, según las declaraciones programáticas, una fuerza positiva, una energía constructiva, que encarna y aspira a difundir una conciencia moral común a la nación, por el bien y el interés del pueblo. Era un intento evidente de rearme ideológico, destinado a movilizar el espacio y despejar el camino para el próximo desafío: la reforma constitucional. El movimiento tiene que ser constante.

Una corriente de opinión de esta naturaleza acaba creando el vacío a su alrededor, porque nadie es capaz de correr tan rápido, de seguir la inercia. Y así, de paso, la figura del líder destaca más sobre el decorado vacío. La oposición queda fagocitada, absorbida por la presencia magnética de quien marca las reglas del juego, avalado por el favor de las encuestas. No hay rivales, ni en la izquierda ni en la derecha, porque todas las alternativas están obligadas a pelear en el terreno del contrario. Nadie sale a la palestra, porque no hay margen de éxito. Las disputas existentes son internas, se plantean y resuelven en privado, cara a cara con el líder, o comprometiendo su palabra, en un acto de pura confianza. Fuera de eso, no hay más que deslealtad y falta de sentido común.

Éstos son algunos rasgos de la política bajo el signo del líder mediático. La aparición de este tipo de líderes, su irrupción en el entramado constitucional, plantea un cambio de hondo calado en los cánones de la normalidad política. Es algo más que una mutación constitucional. Cuando aparece una figura así, desaparecen los filtros de la coherencia intelectual, la prudencia, el compromiso, que hacían posible el juego institucional en otro tiempo, cuando la política se encontraba todavía en el centro de la vida pública.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

domingo, marzo 29, 2009

Berlusconi exige más poder en Italia

Por MIGUEL MORA - Roma - (ElPais.com, 29/03/2009)

Silvio Berlusconi ha sido elegido este domingo presidente del Pueblo de la Libertad a mano alzada y por unanimidad de los casi 6.000 delegados. El nuevo partido, que aglutina los restos de Forza Italia y Alianza Nacional, ha cerrado su congreso fundacional a la búlgara y con otro discurso del líder único. Berlusconi ha dicho que reformará la Constitución para "reforzar los poderes del primer ministro" y ha anunciado que será el cabeza de lista del partido a las Europeas.

"Por desgracia, el primer ministro de Italia no tiene los mismos poderes que los de las grandes democracias", ha explicado Berlusconi dirigiéndose a los "periodistas extranjeros" presentes. "Los poderes son casi inexistentes, poderes falsos, y el Gobierno no puede intervenir con prontitud. Decide el orden del día del consejo, pero no puede ni cesar a los ministros. Y el Estado es dramáticamente lento".

La solución es "un nuevo equilibrio de la separación de poderes" y "modernizar la arquitectura institucional", para hacer más "eficaz y rápido" el papel del Parlamento y dar "más poder al Gobierno". "El Ejecutivo debe gobernar y el Legislativo debe legislar y controlar", ha matizado.

Ante una platea entregada, que ha aplaudido 60 veces en 71 minutos, Berlusconi ha asegurado que hará la reforma "con o sin la oposición", y ha recordado que la izquierda ya boicoteó su reforma en 2005 acusándole de forma "ridícula" de "deriva autoritaria". "Si ahora quieren dialogar, seré el primero en alegrarme", ha dicho, "porque el país necesita gobernabilidad".

Para retocar la Constitución hacen falta dos tercios del Parlamento. La insistencia de Berlusconi, a quien casi nadie discute el diagnóstico sobre la parálisis del sistema político, sigue levantando sospechas en el centro izquierda. Según ha dicho Antonio di Pietro, líder de Italia de los Valores, Berlusconi trata de convertirse en un "ducetto", es decir un pequeño Mussolini.

Tras las andanadas del discurso de apertura, Berlusconi ha vuelto a definir a la oposición como "facciosa y anticuada" y, citando a su ministro de Economía, Giulio Tremonti, ha reiterado que "no hacen oposición al Gobierno sino al país".

En Europa, el PDL estará inscrito en el Partido Popular Europeo, cuyos líderes han seguido calurosamente el congreso. Berlusconi ha mostrado la carta de valores del PPE, y ha dedicado algunos "a esos que denigran el berlusconismo": "Libertad, igualdad, democracia, carácter sagrado de la vida, defensa de la familia natural".

Berlusconi aspira a formar el "grupo más numeroso del próximo Parlamento Europeo", y por eso será candidato él mismo. "Será una cosa simbólica, soy el líder y es una obligación. Sería bonito que haga lo mismo el líder de la oposición".

Al hablar de medioambiente, ha pedido a los ciudadanos que dejen de hacer pintadas en las paredes para devolver el decoro a las ciudades. Se ha mostrado convencido de que el partido le sobrevivirá y marcará "durante décadas" la política italiana. Como gran final, ministros y altos cargos públicos han subido al palco, y han cantado el Himno a la alegría de Beethoven, con estribillo ad hoc: "Meno male che Silivo c'e" (menos mal que tenemos a Silvio)".

martes, marzo 24, 2009

Un "sí, podemos" en la izquierda italiana

Por MIGUEL MORA Roma (ElPais.com, 24/03/2009)

Habla claro y sin retórica. Comienza a soltar verdades entre sonrisas, con la voz suave y el índice levantado. Enseguida, en la platea se deshacen los corrillos y surge el entusiasmo. Su cara redonda de niña, coleta y flequillo, engaña.

Tiene 38 años, es abogada, se llama Debora Serracchiani, es secretaria del Partido Democrático (PD) en Udine (noreste de Italia). Y en apenas dos días se ha convertido en la nueva esperanza de una oposición que busca desesperadamente una voz nueva y unitaria.

Algunos optimistas dicen que será la Obama del centro izquierda italiano. Como hizo en 2004 el actual presidente de Estados Unidos en la convención demócrata, ella ha saltado a la fama con un discurso impactante y conmovedor. Duró sólo 13 minutos, pero fue el más aplaudido en la Asamblea Nacional de los Círculos del PD, reunión de las bases y dirigentes locales.

El vídeo ha sido descargado miles de veces en Internet y en la web del PD (Youdem.it) es el más buscado del mes. Los comentarios son pura felicidad. "¡Grande!". "Finalmente una voz nueva". "¿Eres de verdad o un espejismo?".

Serracchiani se presentó diciendo "soy de Udine, la ciudad que acogió a Eluana Englaro", y luego pasó revista una a una a las torpezas e indecisiones que afligen a su partido, deprimido y dividido, que ha perdido el encanto y la estela que tomó en las primarias fundacionales de octubre de 2007.

Debora Serracchiani, dirigente italiana de 38 años, dirige su discurso durante la Asamblea Nacional de los Círculos del Partido Democrático- PD

"En estos meses se ha visto que el sentimiento de pertenencia al partido ha sido mucho más sentido por las bases que por los dirigentes", dijo, resumiendo el estado de ánimo de miles de militantes. "La culpa no es de Veltroni, sino de la falta de un liderazgo que realice una síntesis de la línea política", continuó, fresca y simpática. "La diversidad del partido es su riqueza, pero hay que aprender a hablar con una sola voz, a respetar a las mayorías, y si es necesario, a dejar a alguno en casa", proclamó entre ovaciones.

Según avanzaba, cada frase era aclamada con aplausos y gritos de "brava". "Tenemos que superar protagonismos y personalismos, inventar una línea política nueva, dar paso a una nueva generación, no solo de edad sino de mentalidad".

Criticó la división mostrada ante el debate sobre el testamento biológico, la búsqueda desenfrenada de visibilidad mediática, la lejanía de los dirigentes respecto a los problemas de los ciudadanos. Y mirando al secretario nacional, Dario Franceschini, le espetó: "No lo tienes fácil porque no eres una cara nueva. Pero tienes que dar una nueva credibilidad, y lo estás haciendo".

Para acabar, dejó su idea de país: "No nos reconocemos en un país que deja la seguridad en manos de sheriffs despolitizados; que piensa que los inmigrantes son criminales; que no invierte en la escuela, universidad e investigación, que cree que la crisis se arregla por tomarla más alegremente, que invita a los médicos a denunciar a sus pacientes, que no tasa a los más ricos porque son pocos".

Berlusconi declara al fisco 10 veces menos de 2006 a 2007

Por MIGUEL MORA - Roma - (ElPaís.com, 24/03/2009)

Silvio Berlusconi, primer ministro italiano, declaró 14,5 millones de euros al fisco italiano en 2007, casi diez veces menos que en 2006, año en el que certificó una renta de 139 millones. La enorme brecha es la mayor sorpresa de las declaraciones a Hacienda de los casi mil parlamentarios italianos, dadas a conocer ayer. En 2005 la renta de Il Cavaliere era de 28 millones. Al ser preguntado por esas diferencias, Marco Ventura, el portavoz del primer ministro para la prensa extranjera, no supo explicar el motivo.

Con todo, Berlusconi, que pagó un impuesto bruto de 6,2 millones de euros, sigue siendo de largo el líder político más rico. El segundo fue Walter Veltroni, jefe de la oposición y líder del Partido Demócrata hasta hace un mes. Veltroni, escritor de cierto éxito, declaró 477.778 euros, mientras su sucesor, Dario Franceschini, no llega a la mitad, 220.419.

El líder más pobre de la Cámara, con 105.633 euros, fue Gianfranco Fini, de la extinta Alianza Nacional. Entre los restantes jefes de grupo, el democristiano Pier Ferdinando Casini (142.130 euros) supera por poco al de la Liga Norte, Umberto Bossi (134.450 euros). El ex juez Antonio Di Pietro (Italia de los Valores) declara 218.000 euros.

Cinco pisos y tres barcos

En el Senado, el más rico es el oncólogo Umberto Veronesi, 1,6 millones de renta, 19 terrenos y un Jaguar. De los ministros actuales, el más pudiente es el de Economía, Giulio Tremonti: más de 4,5 millones de euros.

La declaración de Berlusconi fue recibida en las webs con irónicas colectas tituladas "Povero Silvio". La mayor parte de su patrimonio inmobiliario está en Milán, cinco apartamentos y dos garajes. Además, confiesa ser propietario de un terreno en Antigua (Caribe), de un Mercedes 600 y un Audi A6, además de tres barcos: el San Maurizio, comprado en 1977, el Principessa Vai Via (Lárgate, Princesa), de 1965, y el Magnum 70, de 1990.

En participaciones, Il Cavaliere posee 5.174.000 acciones de Dolcedrago (que administra sus grandes posesiones, de las villas de Arcore y Macherio a las propiedades de Cerdeña y Roma), 4,2 millones de títulos de Fininvest (el grupo mediático-editorial-futbolístico), y casi nueve millones de acciones de las sociedades propietarias de Fininvest, llamadas Holding Italiana Prima, Holding Italiana Seconda, Holding Italiana Terza y Holding Italiana Ottava.

martes, marzo 03, 2009

La deriva de la izquierda italiana

Por Roger Jiménez, periodista (EL PERIÓDICO, 03/03/09):

Se li conosci li eviti (Si los conoce, evítelos) es el título de otra novedad editorial italiana a cargo de Chiarelettere con la firma de los periodistas Peter Gomez y Marco Travaglio, debeladores infatigables de tantas prácticas en lo que llaman un país de compadres, donde una mano lava la otra, donde se ayudan y protegen los del mismo grado y nivel, donde el ya precario confín entre el desparpajo y la ilegalidad permanece encerrado en una tupida praxis cotidiana de favores, conveniencias, incentivos, regalos suntuosos y viajes sin restricciones. La figura predilecta es, obviamente, la del primer ministro, Silvio Berlusconi. Por las casi 600 páginas del libro, que los autores califican de pronto socorro, desfilan en comitiva las familias políticas y los actuales parlamentarios, de los que se salvan unas pocas individualidades, i buoni (los buenos), según el riguroso y documentado catálogo de recomendados, reciclados, condenados, imputados, ignorantes, chaqueteros, tránsfugas y holgazanes que ocupan los escaños de Montecitorio.

EL EX ALCALDE de Roma Walter Veltroni, quien ha presentado su renuncia como líder del Partido Demócrata (PD) tras la humillante derrota sufrida en Cerdeña frente al Pueblo de la Libertad que lidera Il Cavaliere, tampoco sale bien librado, pese al reconocimiento de su encomiable tarea en el Campidoglio. Veltroni, que había prometido no presentar a ningún condenado, ni siquiera en primer grado, en las listas al Parlamento, acabó por enrolar a sentenciados en primer y segundo grado y a diversos imputados e indagados por la justicia. “Berlusconi, a su manera, mantuvo la palabra dada: se había comprometido a no presentar ’supuestos autores de delitos’ y, de hecho, llevó a las listas decenas de culpables, no supuestos, sino seguros”, comentan con causticidad. Además, ponen en evidencia las contradicciones de Veltroni, quien declaró en 1995 que nunca había sido comunista después de figurar 21 años inscrito en el viejo Partido Comunista Italiano (PCI) y haber dirigido su órgano de expresión L’Unità.

La salida de este hombre de la escena política después de 14 meses al frente del Partido Demócrata supone el reconocimiento tácito de un fracaso sin atenuantes. Su propuesta de colaboración con Berlusconi para lanzar un paquete de reformas “por el interés nacional” recibió el olímpico desdén del primer ministro. Fue el antiguo juez de Manos Limpias, Antonio Di Pietro, líder de un minúsculo partido, quien demostró tener más fibra y tirón en busca de los flancos débiles de Berlusconi.

Veltroni (53 años), sin ningún título universitario y diplomado como operador de cine, soñaba con refundar un gran partido –”la casa de los progresistas italianos”– más cerca de los demócratas estadounidenses que de la socialdemocracia europea, contando con el apoyo del exprimer ministro Romano Prodi y del líder de la Margarita, Francesco Rutelli. Pero se ha visto siempre socavado por Massimo D’Alema, un barón del viejo partido poscomunista y antiguo primer ministro, de brillante oratoria y con derechos adquiridos, cuyo rechazo a ocupar un simple escaño en la nueva legislatura debilitó considerablemente al centroizquierda. El mal endémico de la oposición está en sus particularismos y fragmentación, que han evitado la presencia de un líder único y programas con fuerza y verdadero gancho entre el electorado. El propio Rutelli ha sido taxativo al enjuiciar el absurdo desgaste de los anteriores gobiernos: “La izquierda en el poder (se refiere al periodo de D’Alema) debió resolver el conflicto de intereses y elaborar una ley sobre la información y la reglamentación de la televisión pública RAI. De haberlo hecho, hoy no estaríamos discutiendo sobre la manera de limitar esta superposición del poder privado de Berlusconi con el posible control de la televisión pública. Y si se hubiera hecho una reforma, aunque modesta, de la ley electoral, hoy tendríamos un contexto más sereno y tranquilo”.

LA PRINCIPAL formación de la oposición queda ahora a la intemperie y con un serio litigio interno para ver quién será el nuevo líder, que deberá esperar a las primarias del próximo otoño. Ya se ha movido alguna ficha en torno a la figura de Renato Soru, paradójicamente el gran perdedor en las recientes elecciones regionales de Cerdeña. Soru, de 51 años, expresidente del Gobierno de la isla, es fundador de la compañía de servicios de internet Tiscali, con base en Cagliari, y propietario del diario L’Unità. La revista Forbes lo presenta como uno de los hombres más ricos del mundo y valora su red en unos 4.000 millones de euros.

Quienes apoyan a Soru creen que un político-empresario será más eficaz para combatir a Berlusconi en las elecciones del 2011 que un profesional de la política. La presente situación, en cualquier caso, beneficia en grado máximo los intereses de Berlusconi, abrumado por la dura recesión económica del país y asediado de nuevo por los jueces de Milán con la acusación de haber sobornado al abogado británico David Mills para que prestara falso testimonio a su favor en el caso de una empresa instrumental en paraísos fiscales. Al menos, el desbarajuste en las filas de la oposición desvía la atención de la opinión pública, ya que el primer ministro se ha blindado con una ley inmunitaria mientras conserve el cargo.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

domingo, febrero 22, 2009

Italia autoriza patrullas nocturnas de vecinos contra la delincuencia

Por MERCEDES VELA - Roma - (El País.com, 21/02/2009)

Rondas de voluntarios que patrullen las ciudades para evitar las violaciones. Ésta es la última idea del Gobierno de Silvio Berlusconi, tras los episodios de violencia sexual que han conmocionado a la opinión pública italiana durante las últimas semanas. La constitución de estas rondas forma parte del decreto ley que el Consejo de Ministros aprobó ayer y que entre otras normas prohíbe el arresto domiciliario para quienes están acusados de violencia sexual y prevé penas de cuatro a seis años para el acoso sexual.

Además, el decreto alarga el tiempo de permanencia de los inmigrantes en los centros de identificación de dos a seis meses. La directiva europea aprobada el pasado mayo autoriza retenciones de seis meses ampliables a 18 si no existe cooperación por parte del país de procedencia del inmigrante. En España, el tiempo máximo que permite la ley es de 40 días. Esta medida coincide con la revuelta hace dos días de los extranjeros encerrados en el centro de internamiento de la isla de Lampedusa.

La medida que está suscitando más controversia es la formación de las rondas, un viejo caballo de batalla de la Liga Norte, que forma parte de la coalición de gobierno. El decreto ley señala que las rondas no irán armadas y serán formadas por voluntarios, con prioridad para ex agentes de las fuerzas armadas, y estarán coordinadas por el delegado del Gobierno de cada ciudad. A los voluntarios se les dotará de un teléfono móvil y de transmisores con los que advertir a las fuerzas del orden.

El mismo presidente Berlusconi ha reconocido que el decreto es fruto del clamor suscitado por los últimos episodios de violencia. En Roma el sábado pasado una joven de 14 años fue violada, motivo por el que han sido detenidos dos ciudadanos rumanos. Pero el clamor racista venía de semanas atrás. A finales de enero otra joven de 21 años fue violada en Guidonia, un pequeño pueblo cercano a Roma, por cuatro rumanos que fueron arrestados a los pocos días. Italia, pese a la algarabía mediática a la que se ha sumado demagógicamente el Gobierno, no se encuentra ante una verdadera emergencia. Lo confirman los datos más recientes: en 2008 hubo 4.465 casos de violación, lo que supone 432 menos que en 2007. Incluso Berlusconi lo ha confirmado.

El primer ministro parece confirmar así que el decreto es fruto más de un arrebato emotivo que de una emergencia real en cuestiones de seguridad e inmigración. El mismo día que el Gobierno tomó estas medidas, el presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, sin hacer una expresa referencia al decreto, habló ayer de "la odiosa conexión entre criminalidad e inmigrantes..." "El riesgo", según Fini, "es que después de los recientes episodios de violaciones por parte de extranjeros se cree una mezcla explosiva. Por esta razón", concluye Fini, hay que "mantener la lucidez y la serenidad", aunque comprende la indignación popular. Las medidas sobre inmigración podrían ser el último frente de choque entre Berlusconi y Fini, como recientemente ocurrió con el caso de Eluana Englaro, la mujer que falleció este mes tras permanecer 17 años en coma.

Las críticas llegan también del Vaticano. La creación de las rondas representa para el secretario del consejo pontificio de los inmigrantes, monseñor Agostino Marchetto, "una abdicación del estado de derecho". Por su parte, Marco Minniti, responsable de la oposición en temas de seguridad, manifestó que con las rondas se cuestiona el monopolio sobre la seguridad por parte del Estado y de las fuerzas del orden.

El presidente Berlusconi en conferencia declaró que ha recurrido de nuevo a un decreto ley porque "el tiempo con el que el Parlamento italiano aprueba las leyes está a la vista de todos". Una frase que alimenta la polémica por el difícil encaje entre las decisiones del Gobierno italiano a usar excesivamente los decretos leyes y el Parlamento después del caso Englaro.

La criminalidad ha bajado un 10% en 2008

El Gobierno de Silvio Berlusconi se ha apresurado a lanzar un decreto para instaurar las rondas de patrulla ciudadanas, pero los datos señalan que en Italia no existe un estado cercano al de emergencia por la tasa de criminalidad. Según los últimos datos disponibles, los delitos han disminuido un 10% en todo el país.

El número de los delitos ha descendido de 1.488.771 en el primer semestre de 2007, frente a 1.379.258 en el mismo periodo del año pasado. En las tres ciudades más importantes de Italia, Roma, Milán y Nápoles, la tasa ha descendido claramente. En la capital los delitos han pasado de 116.791 a 91.378; en Milán, de 155.363 a 142.466; y en Nápoles, urbe símbolo de la criminalidad, de 76.094 a 68.990.

Por lo que se refiere a la violencia sexual, en concreto, en 2008 en Italia las violaciones disminuyeron un 8,8%. En relación con la proporción de inmigrantes e italianos que han cometido violaciones sexuales, en el 60% de los casos el autor era italiano. Emblemático es el caso de Roma, escenario de los últimos delitos sexuales que han servido de excusa al Gobierno para autorizar las patrullas ciudadanas. En la capital italiana las violaciones han bajado un 10,1%.

Los datos del Ministerio del Interior hablan claro: los delitos han disminuido y mantienen esta tendencia en Italia. A pesar de esto, los italianos se sienten inseguros. Las encuestas del ISTAT (Instituto Nacional de Estadistica) muestran que el 36% de las familias se siente insegura, una percepción que ha ido en aumento desde 2003.

El sindicato de la policía italiana Silp-Cgil afirma que la sensación de inseguridad se debe en buena parte a que faltan agentes en las calles. Son necesarios 9.000 policías más, según el sindicato, que advierte que si se cumplen los recortes del Gobierno, la carencia ascenderá a más de 15.700 policías en 2012

Planes de seguridad de Berlusconi

- Despliegue de 2.500 soldados en las principales ciudades para liberar de tareas de vigilancia a agentes policiales.

- Autorización de rondas ciudadanas desarmadas, previa petición del alcalde, consenso del delegado del Gobierno e inscripción en un registro de los "vigilantes".

- Ampliación de dos a seis meses del periodo de retención máxima de inmigrantes clandestinos.

- Endurecimiento del régimen penal para los violadores, excluyendo para ellos los arrestos domiciliarios.

Moral totalitaria: el Vaticano y los otros

Por Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universitat Pompeu Fabra (EL PERIÓDICO, 21/02/09):

Aunque por razones distintas, Silvio Berlusconi, el Estado vaticano, y la llamada prelatura del Opus Dei son buenos ejemplos de moral totalitaria. Casos recientes ponen de manifiesto la intolerancia oscurantista e inquisitorial de la que el premier italiano y las corporaciones citadas hacen gala cuando conviene para imponer sus particulares códigos morales, con abstracción de la libertad de la persona y las leyes aprobadas por el Parlamento.

La repugnante actuación de Berlusconi en el caso de Eluana Englaro es un primer ejemplo. Recuérdese que se trataba de una mujer que ha vivido en estado vegetativo desde un accidente ocurrido en 1992 y que ha muerto recientemente. Después de un largo proceso y de la evidente irreversibilidad de la situación clínica, la Corte Suprema de Casación autorizó la suspensión de la alimentación asistida. Pero, a pesar de esta decisión judicial, el primer ministro respondió con un decreto-ley dirigido a anular la decisión judicial. Por su parte, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, respetuoso con la Constitución y tras una carta de impecable factura jurídico-institucional dirigida a Berlusconi, no sancionó el decreto-ley por su manifiesta inconstitucionalidad: no se trataba de una norma que respondiese a una situación de urgencia, causa exigida por el artículo 77 de la Constitución italiana para aprobar un decreto-ley. En este sentido, ha habido precedentes en las presidencias de Pertini, Cossiga y Scalfaro.

CON SU decisión, Berlusconi, sin atisbo alguno de escrúpulo institucional y moral, ha roto las reglas del Estado de derecho al oponer a una decisión judicial inapelable en Italia, una norma que violaba flagrantemente la Constitución. Y, además, argumentando que Eluana tenía células vivas y que hipotéticamente aún podía quedar embarazada, ante lo cual no valen formalismos jurídicos, si de lo que se trata es de salvar una vida humana. Y todo ello con el apoyo del Vaticano dirigido por Joseph Ratzinger, que ha aplaudido su decisión, en una clara intromisión en asuntos que solo corresponden al Estado italiano.

Realmente, ante tamaño ejemplo de amoralidad y cinismo, cabe preguntarse cómo es posible que la sociedad italiana haya avalado democráticamente a un sátrapa de este calibre. Aunque, seguramente la izquierda italiana también deba responder a este dilema. Porque, vista la pacata oposición ejercida por el Partido Democrático –saldada con la dimisión de Walter Veltroni–, la izquierda debería percibir que, con un individuo como el que ocupa el Palazzo Chigi, no se puede actuar con las lacerantes divisiones que la aquejan.

NO HAY DUDA de que el Estado vaticano ha colaborado activamente en la obscenidad promovida por Berlusconi para imponer sus coyunturales concepciones morales. El artículo 32 de la Constitución italiana establece que “nadie podrá ser obligado a seguir un determinado tratamiento sanitario, excepto cuando así lo prevea una ley”. Y ha sido de acuerdo con la ley como la Corte de Casación autorizó suspender la alimentación y la hidratación de Eluana. Sin embargo, el Vaticano ha aplaudido la valentía de la decisión inconstitucional del primer ministro, al tiempo que se ha sentido decepcionado con el rechazo de Napolitano a avalar una norma inconstitucional, inmiscuyéndose de esta forma y sin especiales escrúpulos en la vida institucional italiana. Un Estado vaticano que –recuérdese– hace cuatro días rehabilitaba y luego daba un tímido paso atrás, a obispos como Williamson y otros lefebvristas que niegan el Holocausto, en un ejercicio más de moral farisaica de clara patente vaticana. Visto lo cual, cuánta razón asistía a Beppino Englaro, el padre de Eluana, cuando se preguntaba quiénes eran el primer ministro o la Iglesia católica para imponer a su hija sus criterios morales.

OTRO BUEN ejemplo de totalitarismo moral es el que, en un ámbito distinto, aparece en la película Camino, un alegato a favor de la libertad, el placer y, en definitiva, la vida, que es el espléndido trabajo de Javier Fesser. Porque la secta elitista del Opus Dei que es retratada en esta cinta es un paradigma de visión unilateral y sórdida de la libertad de la persona, en el que el pensamiento oscurantista, el integrismo moral, el padecimiento y la muerte son –entre otras– las señas de identidad de lo que Jesús Ynfante denominó la Santa Mafia, creada por el soberbio y cínico marqués de Peralta. Aquel que en 1958 felicitaba a Franco, con motivo de la aprobación de la ley de principios fundamentales del Movimiento, considerados permanentes e inalterables, porque dicha ley proclamaba que “la Nación española considera como timbres de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación”.

Por cierto, ¿le serviría este ejemplo de totalitarismo moral al actual alcalde de Zaragoza para reconsiderar el insulto que supone dedicar una calle de la ciudad a Escrivá de Balaguer? O quizá, aquel otro sobre las mujeres que vomitaba en su Camino: “Ellas no hace falta que sean sabias: basta que sean discretas”.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

domingo, febrero 15, 2009

Italia necesita una oposición a Berlusconi

Por Andrea Camilleri, escritor, y Paolo Flores d’Arcais, filósofo y director de MicroMega. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 15/02/09):

Italia es una democracia cada vez más anómala. Es, caso prácticamente único en Occidente, una democracia sin una verdadera oposición al Gobierno. De hecho, Italia es doblemente anómala: en el país hay una oposición a Berlusconi, amplia, apasionada, intransigente, que sale a las calles y aprovecha cada ocasión que puede para organizarse, pero en el Parlamento es como si no existiera. Entendámonos: una oposición digna de ese nombre, que emplee todos los medios legales disponibles, día a día y de forma sistemática, para ponerle las cosas difíciles al Gobierno, aprovechar sus debilidades y contradicciones internas. Y, si es posible, hacer que entre en crisis.

El Partido Democrático de Walter Veltroni, surgido de las cenizas del Partido Comunista más fuerte de Occidente y de la izquierda de la Democracia Cristiana, parece preocupado sólo por “no demonizar a Berlusconi”, poder dialogar con él, intervenir en la elaboración de leyes “de consenso” junto a Berlusconi. No es casualidad que se haya definido como una oposición discordantemente concorde.

Y esto ocurre mientras Berlusconi destroza la Constitución republicana nacida de la resistencia antifascista -una de las Constituciones democráticas más avanzadas del mundo-, destruye la autonomía judicial, refuerza su monopolio personal a la búlgara sobre la televisión (y se hace cada vez más fuerte en la prensa escrita), proyecta drásticas restricciones del derecho de huelga y otros derechos sindicales, fomenta la oleada de sentimientos racistas en el país y somete todas las leyes relacionadas con los derechos civiles a la voluntad oscurantista de la Iglesia de Ratzinger.

Sin embargo, una oposición digna de ese nombre lo tendría fácil en Italia dadas las condiciones tan favorables que existen para poner al Gobierno en crisis. Los salarios reales de la mayoría de la población siguen disminuyendo, se extiende cada vez más el “síndrome de la cuarta semana” -cuando ya se ha gastado todo el sueldo y no se sabe cómo llegar a fin de mes-, en las colas de los comedores de beneficencia ya no sólo se ve a los marginados tradicionales (que se multiplican), sino a jubilados y miembros de la clase media empobrecida. Y el ciudadano corriente considera que la corrupción que inunda la clase política, a la que todos se refieren ya como “la casta” (el título de un best seller escrito por dos periodistas), es el gran cáncer del país.

Para derrotar a Berlusconi bastaría un programa que articulase el tema del retorno a la legalidad, porque ese retorno resolvería por sí solo gran parte de los problemas sociales, la explotación de la mano de obra negra y precaria, la evasión fiscal, los espantosos enriquecimientos ilícitos, un sistema financiero sin control y que arruina impunemente a los pequeños ahorradores, etcétera.

En realidad, sí existe una oposición, con presencia incluso en el Parlamento. La pequeña patrulla del partido de Di Pietro, el ex magistrado de Manos Limpias (la Italia de los valores).

Durante el Gobierno de Prodi había fuerzas vinculadas a la mayoría que pretendían ser al mismo tiempo partidos de gobierno y de oposición, cosa que no es posible. En cambio, sí es posible ser al mismo tiempo un partido de oposición parlamentaria y de oposición extraparlamentaria, es decir, un partido en estrecho contacto con la calle. Hoy, la Italia de los valores representa exactamente esa única forma posible de oposición. Quien pretenda hacer oposición al Gobierno de Berlusconi sólo desde dentro del Parlamento, sin tener detrás la fuerza de la protesta callejera, es un iluso.

El Gobierno de Berlusconi, a pesar de que no consigue resolver ningún problema urgente (están aumentando incluso la delincuencia común y la llegada de inmigrantes clandestinos, para no hablar de los impuestos, todos ellos caballos de batalla de la campaña electoral de Berlusconi), tiene probabilidades de ganar, y tal vez arrasar, en las próximas elecciones europeas sólo por la impopularidad ya devastadora del Partido Democrático entre su propio electorado. Existe el peligro de que millones de ciudadanos de centro-izquierda, hartos de la falta de oposición de Walter Veltroni (a quien muchos apodan, irónicamente, Walterloo), no acudan a las urnas.

De ahí nuestra modesta propuesta: una alianza que reúna a los ciudadanos que no se dedican profesionalmente a la política pero que, en el estado de emergencia que vive el país, decidan comprometerse de manera activa y en primera persona en las elecciones al Parlamento Europeo, con el partido de Di Pietro, la única oposición existente. Una sola lista pero con dos símbolos emparejados, para dejar claro que se trata de algo absolutamente nuevo. Una alianza entre personas que no tienen “las cartas manchadas”, como se decía antiguamente en Sicilia. Ya Berlinguer habló en su tiempo de un “partido de la gente honrada”.

Una lista autónoma de la sociedad civil es algo técnicamente imposible debido a la ley electoral actual, que prevé una recogida de firmas en todas las regiones y exige unas cifras que sólo se pueden alcanzar si se dispone de un aparato nacional de funcionarios. Antonio di Pietro, en un debate con nosotros durante una mesa redonda cuyos resultados acaba de publicar la revista MicroMega, declaró que su partido estaba, en principio, dispuesto, e incluso se atrevió a cuantificar en un 70% la proporción de candidatos que deberían salir de la sociedad civil.

Las elecciones europeas son la mejor oportunidad para permitir que los ciudadanos (cansados de los aparatos de los partidos) envíen representantes extranjeros a las organizaciones internacionales. Con el voto europeo no se eligen Gobiernos, y en cada país se pueden presentar como candidatos ciudadanos de cualquier otro Estado de la Unión. Por consiguiente, la lista que estamos imaginando debería incluir, junto a personalidades de la sociedad civil italiana que luchan contra Berlusconi, a numerosos candidatos españoles, franceses, alemanes, polacos… Porque el berlusconismo no es un fenómeno degenerativo exclusivamente italiano, sino que existe el peligro de que contagie a toda Europa, y toda la democracia europea debería tomárselo en serio. El modelo de Berlusconi no se llama Obama, se llama Putin.

¿Es nuestra propuesta la enésima utopía de “almas buenas”, “intelectuales abstractos”, “moralistas soñadores” o cosas peores que suelen llamarnos los amos de la política oficial? De lo que no hay duda es de que el verdadero realismo político no está en los dirigentes del Partido Democrático, que, en sólo unos meses, gracias a su falta de oposición a Berlusconi (Elle Kappa, genial y famosa dibujante, cuando habla de los dirigentes del PD no los llama “opositores”, sino “discordantemente concordes”), han conseguido disipar, según todos los sondeos, más de un tercio de la aprobación de hace un año.

Las cosas se producen de forma gradual, y nosotros, al proponer esto en MicroMega, hemos dado un primer paso. Veltroni ya ha protestado: ¡otro partido, no hay ninguna necesidad! No nos atrincheremos tras los nombres. El hecho de que personas independientes, sin partido, se reúnan para constituir un partido, es una contradicción fácil de superar si se le da otro nombre, Los Independientes, por ejemplo. Y nuestra idea no consiste en formar un partido tradicional, sino sólo una lista para las elecciones europeas y después, tal vez, si tiene éxito, una organización de geometría variable. Precisamente para evitar crear nuevos “profesionales de la política” es por lo que estamos pensando en la posibilidad de que los que resulten elegidos para Estrasburgo permanezcan allí sólo una parte de la legislatura y luego pasen el testigo a los siguientes en la lista.

Con nuestra propuesta no hemos hecho más que establecer un primer contacto. El siguiente paso es difundir este proyecto, quizá mediante la elaboración de un manifiesto programático, a través de MicroMega o de Internet, para empezar a sondear el terreno. Por otra parte, el millón de firmas recogidas por Di Pietro para pedir un referéndum sobre la justicia demuestra que existe ya una oposición extensa y latente.

No podemos ser pesimistas; en ese caso, más vale jugar a la ruleta rusa. Y nos preguntamos, incluso, si esta necesidad de que los aparatos dejen de monopolizar la política no se siente también en otros países europeos.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

miércoles, febrero 11, 2009

Pidan perdón a Beppino Englaro

Por ROBERTO SAVIANO (El País.com, 11/02/2009)

Como italiano, siento la necesidad de esperar que mi país pida perdón a Beppino Englaro. Perdón porque a los ojos del mundo ha demostrado ser un país cruel, incapaz de comprender el sufrimiento de un hombre y de una mujer enferma. Y que se ha puesto a gritar, y a acusar, animando a uno y otro bando. Pero no había bandos. No se trata de apostar por la vida o la muerte. No es así.

Beppino Englaro no era partidario de la muerte de su hija, y hasta su mirada muestra las huellas del dolor de un padre que ha perdido toda esperanza y felicidad, e incluso belleza, a través del sufrimiento de su hija. Beppino debía ser respetado como hombre y como ciudadano independientemente de lo que cada uno piense. También, y sobre todo, si no pensaba como Beppino. Porque ha sido un ciudadano que se ha dirigido a las instituciones, y porque luchando dentro de las instituciones y con las instituciones sólo ha pedido que se respetase la sentencia del Tribunal Supremo.

Sin duda, quienes no comparten la postura de Beppino (y la que Eluana había transmitido a su padre) tenían el derecho y el deber, impuesto por su propia conciencia, de manifestar su oposición a que se interrumpiesen la alimentación mediante sonda y la hidratación. Pero la batalla debía hacerse siguiendo la conciencia de cada uno, y no intentando intervenir poniendo trabas al Tribunal Supremo. Beppino ha preguntado a la ley y la ley le ha confirmado que tenía derecho. ¿Ha bastado esto para desencadenar la rabia y el odio contra él? ¿Es la caridad cristiana la que hace que le llamen asesino? Hace que un grupo de personas que no saben nada del dolor de una hija inmóvil en una cama le increpen como a un conde Ugolino que, igual que en el Infierno de Dante, devora a sus hijos por el hambre. Y dicen estas idioteces en nombre de un credo religioso.

Pero no es así. Yo conozco una iglesia que en mi pueblo es la única que se encuentra en territorios más complejos, junto a las situaciones más desesperadas, la única que ofrece dignidad de vida a los inmigrantes, a quienes son ignorados por las instituciones, a quienes no consiguen salir a flote en esta crisis. La única que proporciona alimento y que está presente entre aquellos que no encontrarían a nadie que les escuchara. Los padres combonianos, igual que la comunidad de San Egidio, el cardenal Sepe, y también el cardenal Martini, son órdenes, asociaciones y personalidades cristianas fundamentales para la supervivencia de la dignidad de mi país.

Conozco esta historia cristiana. No la de la acusación a un padre indefenso y solo y con la fuerza del derecho. Beppino, por respeto a su hija, ha difundido fotos de Eluana sonriente y bellísima, precisamente para recordarla en vida, pero podría mostrar el rostro hinchado y deformado de los últimos años que ha pasado tumbada en una cama, sin expresión y sin pelo. Pero no quería vencer con la fuerza del chantaje de la imagen, sino sólo con la fuerza del derecho que hace que una persona decida su propio destino. A quienes pretenden hacer méritos con la Iglesia fingiendo a menudo afecto hacia la pobre Eluana les pregunto: ¿dónde estaba la Iglesia cuando atronaba la guerra contra Irak? ¿Dónde están los políticos cuando la Iglesia pide humanidad y respeto para los inmigrantes apiñados entre Lampedusa y los abismos del Mediterráneo? ¿Dónde están estos políticos cuando la Iglesia, a menudo en ciertos territorios la única voz de resistencia, solicita una intervención decisiva en el sur y contra las mafias? Sería bonito poder pedir a los cristianos de mi país que no crean en quienes sólo se sienten con ánimos para especular sobre debates en los que no hay que demostrar nada con hechos, sino sólo tomar partido.

Lo que ha faltado estos días, como siempre, ha sido la capacidad de percibir el dolor. El dolor de un padre. El dolor de una familia. El dolor de una mujer inmóvil desde hace años y en una situación irreversible y que había expresado a su padre una voluntad. Y que personas que ni siquiera la conocían y que no conocen a Beppino ahora pongan en duda esa voluntad. Y que demuestran poco o ningún respeto al derecho. Incluso cuando se considera que no es posible compaginar este derecho con la moral de uno, y precisamente porque es un derecho se puede ejercer o no. Ésta es la maravilla de la democracia. Comprendo la voluntad de empujar a las personas a no disfrutar de este derecho. Pero no a negar el derecho en sí. El espectáculo que en España, igual que en Europa, ha dado Italia de un país que ha especulado por enésima vez. Muchos políticos han vuelto a utilizar el caso Englaro para tratar de crear consenso y distraer a la opinión pública, en un país al que la crisis ha puesto de rodillas, y en el que la crisis está permitiendo a los capitales criminales devorar a los bancos, donde los sueldos están congelados y no parece que haya solución.

Pero ésta es otra historia. Precisamente en un momento de crisis, de frases hechas, de poco respeto, Beppino Englaro ha dado fuerza y sentido a las instituciones italianas y a la posibilidad de que un ciudadano de nuestro país aún pueda tener esperanza en las leyes y en la justicia. Creo que esto debe ser evidente también para quienes no aceptan que se quiera suspender un estado vegetativo permanente y consideran que cualquier forma de vida, incluso la más inerte, debe ser tutelada. Quizá el error de Beppino haya sido la ingenuidad y la corrección de creer en las posibilidades de justicia en Italia. Y en cambio, debía emigrar, igual que emigran todos los que quieren una vida mejor y distinta. Desde Italia ya no se emigra sólo para encontrar trabajo, sino también para nacer y para morir. Y para obtener justicia.

Me he preguntado por qué Beppino Englaro, como, por otra parte, alguien le había sugerido, no consideró oportuno resolverlo todo a la italiana. En los hospitales muchos susurraban: "¿Por qué convertirlo en una batalla simbólica? Se la lleva a Holanda y asunto concluido". Otros aconsejaban el acostumbrado método silencioso, dos billetes de 100 euros a una enfermera experta y todo se habría resuelto enseguida y en silencio. Eutanasia clandestina.

Como en la película Las invasiones bárbaras [Denys Arcand], en la que un profesor canadiense con una enfermedad terminal y presa de horribles dolores se reúne con sus amigos y familiares en una casa junto a un lago y, gracias al apoyo económico de su hijo y de una enfermera competente, practica la eutanasia de forma clandestina.

Y quizá sólo en estas circunstancias consigues explicarte la historia de Sócrates y sólo ahora entiendes, después de haberla escuchado miles de veces, por qué bebió la cicuta en lugar de escapar. Todo esto se vuelve actual y resulta evidente que ese querer permanecer, esa vía de escape ignorada, y de hecho aborrecida, es mucho más que una campaña a favor de una muerte digna individual; es una batalla en defensa de la vida de todos.

Beppino Englaro, con su batalla, ha abierto un nuevo camino, ha demostrado que en Italia no existe nada más revolucionario que la certeza del derecho. Si en mi tierra fuera posible dirigirse a un tribunal para ver reconocido, en un plazo de tiempo adecuado, la base del propio derecho, no sentiríamos la necesidad de recurrir a otras soluciones.

Y a él le corresponde el mérito de habernos enseñado a allanar el camino de las instituciones, y a recurrir a la magistratura para ver afirmados los derechos de uno en un momento de profunda y tangible desconfianza. Y a pesar de todas las peripecias burocráticas, al final ha demostrado que en el derecho tiene que existir la posibilidad de encontrar una solución.

Por una vez en Italia la conciencia y el derecho no emigran. Por una vez no hay que salir fuera para obtener algo, o solamente para pedirlo. Por una vez no buscamos que nos escuchen en otro lugar; es imposible que un ciudadano italiano, independientemente de su forma de pensar, no considere a Beppino Englaro un hombre que está devolviendo a nuestro país esa dignidad que a menudo nosotros mismos le quitamos.

Imagino que Beppino Englaro, al mirar a su Eluana, sabía que el dolor que ha sentido su hija es el dolor de cualquier individuo que lucha por la afirmación de sus derechos. Ha hecho que se descubra de nuevo una de las maravillas olvidadas del principio democrático, la empatía, cuando el dolor de uno es el dolor de todos. Y así, el derecho de uno se convierte en el derecho de todos.

Estas palabras mías terminan dando las gracias a Englaro, porque si mañana en Italia cualquiera puede decidir si en caso de encontrarse en estado neurovegetativo quiere ser mantenido en vida por las máquinas durante décadas o elegir su final sin emigrar, como siempre, se lo deberemos a él. Es esta Italia del derecho y de la empatía la que permite respetar y comprender también elecciones distintas en las que sería hermoso reconocerse.

Traducción de News Clips. © 2009 by Roberto Saviano. Publicado de acuerdo con Roberto Santachiara Literary Agency