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martes, junio 05, 2007

El Perfil del militante adulto. Etapa de madurez

Les transcribo a continuación algunos de los cincuenta lineamientos que deben seguir los miembros del Yunque, de acuerdo al documento guía de operación señalado en el encabezado de esta colaboración:

1.- Reconocer a CRISTO REY al Señor de la Historia y por lo tanto acepta su Reinado Espiritual en las almas y su Reinado Social en el orden temporal
2.- Todas las acciones que ejecuta, todas las decisiones que toma, están ordenadas a la CAUSA, esto es, a lograr que la historia humana sea conforme a la Voluntad Divina: Reinado social de Jesucristo; Instauración o Reinstauración de la Ciudad de Dios, de la Ciudad Católica, del Orden Temporal conforme al Evangelio.
4.- Encuentra en el Magisterio de la Iglesia y en la Doctrina Social Cristiana la iluminación para su quehacer político. Pro eso los estudia y profundiza.
5.- Es conciente de que la ordenación del Estado es indispensable para establecer la Ciudad Católica. Por ello comprende de la grandeza de la MISIÓN de nuestra obra y se entusiasma, sufre, sueña, trabaja y se devela por cumplir su parte.
6.- No se confunde: Sabe bien que la CAUSA es necesaria y que nuestra obra es contingente y que su permanencia depende de su fidelidad a la CAUSA. Por eso se esfuerza en generar, fortalecer, encauzar el MOVIMIENTO POR LA CAUSA.
8.- Acepta y vive con alegría sus notas distintivas:
-Jerárquico-consultiva
-Primordial
-Reservada
-Combativa-formadora de dirigentes políticos.
11.- No tiene duda que en la POLÍTICA encontrará, con la GRACIA de DIOS su camino de SALVACIÓN, y que nuestra obra es un medio propicio para su santificación.
13.- Vive integrado naturalmente en SOCIEDAD y participa como buen ciudadano en la promoción del BIEN COMÚN.
16.- Combate con los medios a su alcance a las fuerzas de la REVOLUCIÓN (a las obras de Satanás). Sin tregua.
19.- Reconoce que toda autoridad legítima viene de DIOS, de ahí el sentido sobrenatural que tienen sus acciones y decisiones cuando OBEDECE lo que las jefaturas mandan, en orden a la CAUSA.
20.- Paga con puntualidad y generosidad sus cuotas para que nuestra obra pueda expandirse dentro y fuera de nuestro país. Sabe de la gravedad moral de no hacerlo si tiene los medios.
22.- Su ideal es entrar a la POLÍTICA para lograr que voluntariamente todos los pueblos se sometan a la REALEZA SOCIAL DE JESUCRISTO.
28.- No persigue el poder sobre la sociedad al estilo de la REVOLUCIÓN. Lo busca para evangelizar las estructuras y las instituciones.
29.- El desarrollo de su militancia se da en un equilibrio y reciprocidad entre el SER, el HACER y EL CONOCER.
31.- Cuando planea y define sus estrategias se encomienda a JESUCRISTO y a MARIA REYNA y busca hacer su trabajo con un alto grado de profesionalismo y responsabilidad para lograr sus objetivos con las menores desviaciones, errores y adversidades.
35.- Su identificación y fidelidad con la CAUSA es tal que se desvive por CONQUISTAR las almas y los medios para CRISTO REY.
38.- Le queda claro que los ámbitos católicos juveniles son el principal semillero de vocaciones. Por eso se preocupa de preservar estas áreas de crecimiento. (La vanguardia de la juventud es la clave de la explosión y la permanencia).
39.- Su estado habitual es el ESTADO DE GRACIA. Se confiesa PECADOR, pero no quiere vivir en el pecado.
40.- Confía en que DIOS nos dará el TRIUNFO, pero sólo si somos fieles a ÉL y a nuestra vocación.
42.- Como MILITANTE comprometió sus proyectos personales a estar vinculados al desarrollo de nuestra Obra.
44.- Basta ver sus frutos para que todos nos demos cuenta de su CALIDAD DE CRISTIANO y de su DESARROLLO ORGÁNICO.
47.- Asiste y participa semanalmente en sus juntas y reuniones, y cumple con puntualidad y entusiasmo con las comisiones que le ordenan o encomiendan.
48.- Echa raíces y da frutos en el medio donde DIOS lo ha plantado. Está listo para reinstalarse en el momento en que DIOS se lo pida.
49.- No busca usar a nuestra obra como trampolín político ni como bolsa de trabajo. Su entrega es generosa y libre de intereses particulares.
50.- Se ha abandonado totalmente a las MANOS DE DIOS.


"Sad firmus ut incus percusa"
Estar firmes en la adversidad...-como el yunque al ser golpeado-
(lema de la Organización Nacional del Yunque)

jueves, mayo 17, 2007

La ofensiva conservadora

Por Álvaro Delgado-Gal (ABC, 17/05/07):

Una semana antes de ganar las elecciones, Sarkozy pronunció en Bercy un discurso muy jaleado por la prensa, incluida la adversa. Tardé unos días en bajar el discurso de internet y, lápiz en mano, recorrerlo de cabo a cabo. Dios premia en ocasiones a los rezagados: mientras incumplía mi compromiso con Sarkozy, leí un libro que Mondadori había publicado en el 2004 y que lleva por título Senza Radici. En Senza Radici, el todavía cardenal Ratzinger y Marcello Pera, presidente a la sazón del Senado italiano, hablan el uno con el otro y concurren en diagnosticar que Europa está presa de una misteriosa, ominosa enfermedad, tan rara y tan destructiva como la que mortalmente aflige a las doncellas en cuyo cuello ha clavado Drácula sus colmillos. Esa enfermedad es el relativismo. Volví a la alocución de Sarkozy y me encontré, miren ustedes por dónde, con el mismo mensaje. Según Sarkozy, el 68 ha inoculado en su país un morbo que liquida la moral y suprime la solidaridad y el sentido del deber. El discurso del presidente, apoyado en la repetición anafórica, y muy eficaz retóricamente, alude al episodio sesentayochista con insistencia casi maniática. El 68 le sirve, literalmente, para hacer vudú, un vudú dirigido contra la izquierda hedonista, el multiculturalismo -que Sarkozy prefiere llamar «comunitarismo»-, y el abuso irresponsable y egoísta del Estado benefactor. Pero el concepto central es, de nuevo, el relativismo. Cito literalmente: «…el 68 nos había impuesto el relativismo intelectual y moral». A esto, en astronomía, se le llama «alineamiento de planetas». Un laico atribulado, un tomista que después sería Papa, y un político que presidirá la quinta República durante cinco años, denuncian el mismo fenómeno y proponen remedios necesariamente distintos, aunque emparentados por la naturaleza común del mal que se pretende combatir. Mi pregunta es la siguiente: ¿nos enfrentamos a un ectoplasma suscitado por el pensamiento conservador, o es verdad que nuestras sociedades están sufriendo un proceso degenerativo y potencialmente letal?

En mi opinión, la alarma de los conservadores no es gratuita, y la invocación del relativismo como causa del desarreglo, no está tampoco mal traída. Empecemos por estudiar qué clase de bicho es el relativismo. La filosofía relativista alega, en esencia, que la verdad o falsedad de las cosas está indiciada a la perspectiva desde la cual se las contempla. Los méritos de este argumento se me han antojado siempre dudosos, por decirlo suavemente. En efecto, sólo tiene sentido que me dirija a otro para convencerle de algo, si se cumplen dos requisitos. El primero, es que piense que ese algo responde a la verdad. En segundo lugar habré de entender que el otro, precisamente porque no comparte mis convicciones, ocupa una perspectiva distinta a la que ocupo yo. Aceptadas estas premisas, el tinglado relativista se viene abajo. ¿Por qué? Conforme a la doctrina relativista, las verdades que yo inste deberán estar indiciadas a mi perspectiva. Pero el que me escucha sólo puede concebir verdades indiciadas a su perspectiva. Por tanto, para que la verdad viajara eficazmente de una perspectiva a otra, debería cambiar de índice a medio camino, lo que no se sabe qué significa ni tiene pies ni cabeza. El problema se plantea, en fin, más en el campo de la pragmática, que de la lógica estricta. El problema es que no se comprende a santo de qué los relativistas insisten en la tarea, inexplicable desde su propio punto de vista, de ponerse a convencer de nada a nadie.

El relativismo, ininteresante filosóficamente, obra sin embargo efectos portentosos en el plano de la experiencia social. En una sociedad en que se ha decidido que no existe la verdad objetiva, se abren dos horizontes de acción: o el de la violencia, inevitable cuando a cada cual le da por imponer una verdad que no es confrontable con las ajenas, o el de la tolerancia absoluta. Lo último se suele conocer como «pluralismo». Se entiende que son pluralistas aquellas sociedades en que no se acepta ninguna verdad transversal pero en las que tampoco se critica ni ataca a nadie por el hecho de cultivar su propia, intransmisible verdad. ¿Qué régimen político conviene mejor a este equilibrio de verdades dispersas y como replegadas sobre sí mismas?

Un candidato obvio, es la democracia. La democracia a que me refiero, es la liberal reducida al absurdo. En la democracia liberal clásica, teníamos la ley y el parlamento, y las cartas de derechos que se querían proteger y desarrollar mediante la ley y el parlamento. En la democracia liberal reducida al absurdo, se identifica el derecho con la arbitrariedad del individuo, y la ley con un artificio cuyo única función es impedir que la gente se haga daño. Es evidente que una sociedad así no es viable, salvo en la fantasía de los anarquistas o de quienes depositan en la mano invisible de Adam Smith esperanzas poco realistas. No está claro, no obstante, que no estemos caminando, lentamente, hacia un escenario moral próximo al de la democracia reducida al absurdo. Con algunas circunstancias agravantes, por cierto. En la democracia imaginaria que les he pintado, no existirían, por ejemplo, los inspectores de Hacienda. El motivo es obvio: no se le puede pedir a Mengano que sacrifique parte de sus recursos con el argumento de que así lo exigen la justicia, la solidaridad, el interés general, o cualquier otra causa mayúscula. Las causas mayúsculas son patrimonio del moralista, no del relativista que ha descubierto, o cree haber descubierto, que los niños no vienen de París y que la lírica edificante es el refugio de los borrachos o de los bribones. Sucede sin embargo, ¡oh sorpresa!, que las democracias de verdad son enormemente impositivas. En ellas se redistribuye la renta apelando a la justicia, la solidaridad, y el interés general. En nombre de estos principios, los políticos compran el voto y los electores se rascan recíprocamente el bolsillo. Ocurre como si asistiéramos a una enorme conspiración de todos contra todos, montada sobre argumentos que, simultáneamente, el ethos dominante nos invita a no tomar en serio.

De manera que sí, estoy de acuerdo con la tesis conservadora de que nuestra sociedad ha perdido el oremus, y se dedica a hacer eses sobre un suelo deslizante. Y también estoy de acuerdo en que a nuestra sociedad le aguarda, tal como está, un futuro problemático. Segunda pregunta: ¿qué tiene que ver todo esto con los soixanthuitards? Mucho, mientras pongamos cuidado en no confundir las magnitudes. Como es bien sabido, el mayo anarcoide estalló, mes arriba, mes abajo, en todo Occidente. ¿Por qué ocurrió esto? Ratzinger nos diría que la muerte de Dios, anunciada por Nietzsche, es una de la causas. Y Pera invocaría el relativismo epistémico de Kuhn y compañía. Son argumentos de peso. Pero yo no echaría en saco roto un comentario que al desgaire hace Naipaul en The Killings in Trinidad, un ensayo sobre un episodio sangriento protagonizado por un imitador alienado de los panteras negras -y blanco, para más señas- , y unas cuantas descerebradas inglesas que jugaron a perderse en un rincón remoto del Caribe. Naipaul se refiere, despectivamente, al ludismo de las clases medias -middle-class playfulness-: tras decenios de prosperidad, paz y libertad, las masas democráticas han perdido el sentido de la realidad. El análisis teológico no está reñido con el zoológico.

viernes, mayo 11, 2007

¿Quién lo dijo?

¿Recuerda quién dijo las siguientes frases?:

a) "la democracia es una falacia inventada por los masones" y "la Iglesia Católica debe prevalecer sobre otras confesiones, y estar incluso por encima del poder del Estado".

b) "Abrid los ojos, americanos, no os dejéis seducir de nuestros enemigos; ellos no son católicos sino por política: su dios es el dinero, las conminaciones sólo tienen por objeto la opresión".

c) "La unión de los pueblos del Continente Americano solamente podrá lograrse por medio de la religión. Esto hará posible un fuerte vínculo capaz de construir la Nueva Edad Media, la Edad Media Americana".

d) "La política nacional debe encaminarse al integral mejoramiento de la raza".

e) "Proclamamos el carácter sagrado de la fe católica y su preminencia sobre todos los valores culturales e históricos que han constituido y conservan a la nación".

f) "México es una patria, la integra un pueblo generoso y de subida calidad; son sus orígenes ilustres y nació por la Voluntad Divina en el regazo de la Vírgen María de Guadalupe".

g) "Para la población católica de México, que constituye la enorme mayoría de la nación, el matrimonio tiene un carácter religioso y sagrado, que en sí mismo y en sus consecuencias esenciales, es de la jurisdicción exclusiva de la iglesia."

h) "Queremos que las mujeres de México conserven su femineidad incomparable, el recato y la gracia, el espíritu de sacrificio y de fe; anhelamos que sean cultas y enérgicas, patriotas y dignas".

i) "Repugnamos por igual al hombre afeminado y a la mujer hombruna, asqueroso y ordinario producto de una coeducación disolvente".

j) "El gobierno está limitado por la moral, los derechos humanos esenciales, los de las entidades infrasoberanas y los de la iglesia".

k) "El sindicato... debe subordinarse en todo lo concerniente a la moral, a los principios del catolicismo y a las direcciones de la iglesia".

l) "La extrema derecha está, sin duda, al servicio de un capitalismo trasnochado y radicalmente injusto que no se resigna a moderar sus ganancias; al servicio de una casta que, aunque a veces se diga cristiana, está dispuesta a combatir al cristianismo con tal de conservar sus privilegios".

Y para terminar:

m) “¡Deja de desafiar a los dirigentes del PAN o te mueres!”

Espero sus comentarios.

domingo, abril 01, 2007

Ultraderecha purpurada

Por Joan B. Culla i Clarà, historiador (EL PAÍS, 30/03/07):

Cuando dentro de cierto tiempo, y ya con alguna perspectiva histórica, se analice la actual etapa de la política española -estos años de plomo que han seguido al vuelco electoral de marzo de 2004, este revival de una lógica guerracivilista que divide a los ciudadanos entre patriotas y traidores, esta explosión de cainismo que convierte al rival, al discrepante, al crítico en enemigo y, “al enemigo, ni agua”- será de justicia señalar, como responsables de la bronca, de la crispación, de la ruptura de los más elementales usos democráticos, de la recrudescencia ultraderechista, no sólo a los actuales dirigentes del Partido Popular, no sólo a una legión de periodistas u opinadores iluminados y fanatizados hasta la paranoia. También será preciso detenerse en el papel instigador y legitimador de la escalada reaccionaria que está jugando una buena parte de la jerarquía católica española, con la silenciosa aquiescencia del resto.

Tomemos por ejemplo al obispo de Huesca, Jesús Sanz Montes, quien hace tres semanas publicó una carta pastoral en la que calificaba de “héroes” a los participantes en las manifestaciones sabatinas del PP, sugería a sus diocesanos votar contra el PSOE en las elecciones de mayo y glosaba -cual columnista de El Mundo- los “obstáculos” que el Gobierno pone “para saber la verdad de la maraña confusa y confundida del 11-M”. En las mismas fechas, el cardenal arzobispo de Toledo sostenía durante su homilía dominical que los atentados de Atocha “aún no han sido esclarecidos en su verdad más real y honda”, por lo que “pesan sobre España como una losa opresora de la que necesitamos liberarnos”.

Pero el plato fuerte en esta degustación de exquisiteces episcopales lo cocinó don Antonio Cañizares Llovera, cardenal arzobispo de Toledo y primado de España, en forma de entrevista publicada el 9 de marzo en Alba, un semanario vinculado al grupo mediático ultraconservador Intereconomía, que capitanea el inefable Julio Ariza. “Mayor Oreja sostiene que una España unida sería una España más católica. ¿Lo comparte?”, pregunta el entrevistador. “Totalmente”, contesta el primado, “porque España tiene su origen en la fe, en la unidad católica en el tercer concilio toledano. (…) España será cristiana o no será España”.

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