Noticias y comentarios sobre Ciencia Política, Administración Pública, Economía, Cultura y Arte.
miércoles, diciembre 21, 2011
Patria, Socialismo o Muerte
sábado, febrero 14, 2009
Chávez quiere volver a ser Chávez
Media hora después de que policías secretos sacaran en volandas de su hotel en Caracas al eurodiputado español Luis Herrero y lo pusieran de patitas en el aeropuerto, el teléfono móvil del reportero se puso a sonar. "Sí, ¿dígame...?". Una voz de hombre anunció: "Te habla Chávez". Hubo unos segundos de espera, que el periodista empleó en pensar cómo diablos el presidente de Venezuela se habría enterado del número de su celular, adquirido apenas un día antes en el centro comercial Sabana Grande. En esas estaba cuando, efectivamente, el mismísimo Hugo Chávez se puso a hablar. Sin duda era su voz. Habló de los hijos, del futuro, de la dignidad, de la patria... Utilizó un tono sosegado y le imprimió cercanía al momento empleando el tuteo. Eso sí, después de dos minutos de charla -algo insignificante para lo habitual en él- el comandante de la revolución bolivariana colgó sin despedirse. Se trataba de una grabación.
Hay lugares de Venezuela donde el agua no llega nunca y la leche en días alternos, pero raro es el venezolano que no tiene dos teléfonos móviles. De ahí que, apenas unos minutos antes de acabarse la jornada electoral, Chávez utilizara la compañía Movilnet -nacionalizada en enero de 2007- para enviar a sus más de 11 millones de usuarios un mensaje muy claro: "Vota sí". Su voz, tantas veces tronante, se refugiaba ahora en la intimidad del teléfono para apelar a lo más sagrado de cada uno y pedir, por enésima vez, la aprobación en el referéndum de hoy de una enmienda constitucional que le permita presentarse indefinidamente a la reelección. Si no lo logra -ya fracasó en otra consulta popular en diciembre de 2007-, su futuro político se acabaría en 2012, aunque nadie descarta en Venezuela que, una vez repuesto de un segundo batacazo, el comandante lo intentase cuantas veces fuera necesario.
Lo cierto es que, a pesar de haber tenido que acudir a las urnas 15 veces en los últimos 10 años, los venezolanos siguen estando "a la orden" -una expresión muy utilizada aquí- cada vez que son llamados a votar. La política forma parte de la vida cotidiana, y ya sea a favor o en contra de Chávez, los ciudadanos expresan sus pareces en público sin mayor problema. Con pasión, pero sin violencia. Basta bajar al metro que recorre eficazmente el subsuelo de Caracas. El usuario, más seguro bajo tierra que a plena luz del día, ha soportado durante el último mes un bombardeo electoral. El jueves, una ola roja de partidarios de Chávez atestaron los vagones a la ida y a la vuelta del mitin de su líder. Hicieron sonar bocinas y entonaron sus cánticos habituales, que los partidarios del no soportaron con elegancia: "Uh, ah, Chávez sí va...".
Lo mismo sucedió el viernes, pero al revés. Los muchachos del no -la mayor movilización contra Chávez sigue protagonizada por jóvenes universitarios- recorrieron los vagones repartiendo octavillas. En algunas de ellas se resumen muy bien los argumentos de la oposición para solicitar que la Constitución no sea reformada y que el sistema electoral siga como ahora: un período presidencial de seis años, con opción a una reelección consecutiva.
Una de las cuartillas intenta darle a Chávez donde más le duele y utiliza una cita de Simón Bolívar, el héroe omnipresente: "Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía". En el reverso del papel -titulado con gracia Ya Bolívar dijo No- aparecen sendas fotografías de Fidel Castro, una de 1959 y otra con el chándal que viste en la actualidad: "Cuba socialista (comunista) es el único país de Latinoamérica donde existe la reelección presidencial indefinida...".
Los muchachos que reparten los folletos -bien educados, bien vestidos, bien alimentados desde pequeños- plantean una serie de preguntas: "¿Estás conforme con la situación de inseguridad? ¿Y con la calidad de los hospitales? ¿Y con el alto coste de la vida? ¿Y con la calidad de nuestras escuelas públicas? ¿Y con la escasez de viviendas...?".
Ninguna de esas cuestiones, evidentemente, marcha bien en Venezuela. De hecho, todo el mundo da por cierto que Chávez planteó el referéndum ahora -tan cerca de su anterior derrota- porque la crisis económica va a pegar duro en Venezuela. La inflación ha llegado ya casi al 31% -del 41% en los alimentos- y se prevé que el ingreso petrolero disminuya en 40.000 dólares, pues el precio del barril venezolano ha caído el 70% en menos de un año. La sombra de la corrupción es cada vez mayor y los métodos de represión, cada vez más expeditivos. Pero también es verdad que, muchos de los interpelados, miran a un pasado no muy lejano y recuerdan un país más desigual al de ahora.
Un ejemplo -emblemático por más señas- es el de La Piedrita. Encuadrada en el barrio 23 de enero, La Piedrita sigue siendo un lugar sucio, inseguro, con construcciones en precario y un extraño árbol lleno del que cuelgan peluches y bajo el que jóvenes sin oficio destripan coches de dudosa procedencia. Tal vez, a simple vista, el paisaje no haya cambiado mucho desde que Chávez llegó hace ya 10 años al poder. Pero en una esquina de La Piedrita -como en una esquina de cada barrio de Caracas- hay una pequeña construcción a la que llaman módulo de Barrio Adentro y cuya misión es brindar atención primaria en salud. Y basta escuchar a cualquiera de los líderes vecinales para hallar indicios de por qué Chávez llegó al poder y de por qué sigue manteniendo el apoyo de buena parte de la población.
"No estamos bien, hay muchas carencias, pero aquí ya no se allana ni se desaparece a nadie". El entrevistado tiene 38 años y recuerda cómo el Ejército entraba con armas de largo alcance, daba palizas, entraba en las casas por los sospechosos destruyendo a su paso los pocos enseres que el tiempo y la pobreza todavía dejaban funcionar. Mi madre no quería comprar un refrigerador porque sabía que, en cuanto entrara la policía, lo destrozaría...
-Pero de qué época estamos hablando...
-De todas las épocas hasta que llegó Chávez.
Así que, estar o no con Chávez en Venezuela, no es sólo una cuestión política. También es una cuestión de piel. Los gobernantes que representan al bloque opositor son, casi con toda seguridad, más demócratas que los instalados ahora en el poder, pero para una buena parte de la población siguen representando una época muy dura donde había pobres y ricos y, en medio, una profunda trinchera. Ahora en casi todas esas zonas ya hay médicos, y unos planes de alfabetización -misiones- que mal o bien hacen sentir a los desheredados que ellos también existen. Hay quien dice que los médicos desplazados a esas zonas poco pueden hacer, dada la avalancha de pacientes y de problemas. Su presencia es meramente testimonial, casi publicitaria.
"Si te duele de cintura para arriba te recetan una aspirina. Si de cintura para abajo, una buscapina...". La cuestión, que todavía pesa a la hora de votar y contra la que tiene que luchar la oposición a Chávez, es que hasta no hace tanto en esos barrios de mala muerte y peor vida nadie había visto a un médico.
La ley seca y tiros
El viernes por la noche, en un buen restaurante de Caracas.
—¿Me pone una cerveza, por favor?
—Imposible. Hay ley seca.
Es una vieja tradición. Las vísperas de las jornadas de votación, no se bebe. O, mejor dicho, desde las seis de la tarde del viernes anterior no se expenden bebidas alcohólicas. Lo que no quiere decir que, como en el Chicago de los años veinte, la prohibición no provoque el aumento de la sed. Pero lo cierto es que no se puede beber en restaurantes ni discotecas, en un intento de no complementar la euforia política con el cóctel de alcohol y la noche, ya de por sí peligrosa en la capital venezolana. La inseguridad aumenta a un ritmo vertiginoso, pero sobre todo aumenta la violencia que utilizan los delincuentes.
Durante las últimas horas, dos jóvenes —uno de 20 años y otro de 22— fueron asesinados en Caracas de la manera más cruel. Uno de ellos, Andrés Teixeira, salía con un amigo de una discoteca a la una de la madrugada cuando unos asaltantes le quitaron, a punta de pistola, las llaves de su coche. Cuando los delincuentes se percataron de que el vehículo tenía un mecanismo de seguridad que impedía su puesta en marcha, llamaron otra vez al joven, al que habían dejado ir. Cuando Andrés intentó ponerse a salvo echando a correr, le dispararon por la espalda hasta quitarle la vida.
El otro joven, de 20 años y estudiante de informática, fue ultimado por una banda de sicarios. Víctor Rafael acababa de dejar a su novia y se dirigía a comprar cigarros cuando dos jóvenes se apearon de una moto y descargaron un revólver sobre él. El sicariato —jóvenes que matan mucho por poco dinero— es ya un problema latente en Venezuela, sin que la policía, tan corrupta como en otros países de Latinoamérica, esté haciendo aparentemente nada.
martes, diciembre 16, 2008
El poder y el delirio
Por Mario Vargas LLosa (EL PAÍS, 14/12/08):
Quienes consideran al comandante Hugo Chávez un ser primitivo y superficial juzgándolo sólo por sus apariciones televisivas, en las que derrocha truculencia, demagogia, vulgaridad, diatribas y jerga, se llevarán una sorpresa leyendo el libro que el historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze ha dedicado al presidente venezolano: El poder y el delirio. En su intenso rastreo, Chávez aparece, desde adolescente, antes de ingresar al Ejército, como un joven abrasado por una pasión subversiva y patriótica, que practica el béisbol con éxito y devora libros de historia de su país, biografías de sus héroes y escudriña sin tregua la vida y proezas de Bolívar a quien profesa un culto religioso y sueña con emular.
Más tarde, ya de oficial, experimentará una singular conversión a la ideología y los designios revolucionarios de los guerrilleros a quienes ha sido enviado a combatir a la región de Anzoátegui. Allí, en los setenta, leyó un libro que, según Krauze, cambió su vida:El papel del individuo en la historia, del padre del marxismo ruso, Gueorgui Plejánov. A partir de entonces, mezclando reflexiones propias con lecturas de Marx, Lenin y panfletos revolucionarios latinoamericanos, al mismo tiempo que a su devoción por Bolívar añadía la fascinación por Fidel Castro, irá construyendo su peculiar ideología, una alianza de militarismo, marxismo y fascismo, en el que el eje y motor de la revolución es el héroe epónimo, entendido éste en la acepción carismática y trascendental que le atribuyó Carlyle en su libro (tan admirado por Hitler) De los héroes y el culto de los héroes. Todo esto ocurre en el secreto, claro está, pues el Ejército del que forma parte Chávez se halla en aquellos años identificado con los gobiernos democráticos de Venezuela y empeñado en una lucha difícil contra las guerrillas que, apoyadas por Cuba, han abierto varios frentes de lucha en el interior del país. Dentro de sus filas, Chávez forma sociedades secretas y conspira ya entonces preparando la toma del poder mediante un golpe, algo que sólo intentará, fracasando en el intento, años más tarde, en 1992, durante el segundo Gobierno de Carlos Andrés Pérez.
De manera que cuando el comandante Chávez sube al poder, en 1998, ungido por los votos de los electores venezolanos, está lejos de ser un improvisado. Va a poner en práctica un proyecto político y social que irá puliendo y radicalizando desde el gobierno, pero que ya le rondaba la cabeza desde su juventud. Ésta es también una tesis que hace suya el ex presidente boliviano Jorge Quiroga, para quien Chávez es un astuto estratega que, detrás de sus extremos histriónicos, va edificando sin prisa ni pausa y a golpes de chequera -de petrochequera- un imperio continental estatista, totalitario y caudillista. Este proyecto, dice Krauze, aunque se promueve a sí mismo con una retórica revolucionaria y marxista, tiene, por su componente militarista, vertical y sobre todo el culto irracional del héroe, una entraña fascista, y su semejanza mayor, en América Latina, son Perón y el peronismo.
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación de Krauze es mostrar la influencia que ejerció sobre Chávez un pintoresco personaje de híbrido prontuario, Norberto Ceresole, peronista, profesor de la Escuela Superior de Guerra en la URSS, representante de Hezbolá en España, antisemita y neonazi militante, autor de libros de geopolítica que negaban el Holocausto. Luego de haber estado vinculado a la dictadura militar de izquierda del general Velasco Alvarado en el Perú, Ceresole se convirtió en asesor y panegirista del comandante Chávez, a quien acompañó en sus giras por el interior de Venezuela.
El poder y el delirio es un libro muy ameno, compuesto de ensayo histórico, reportaje periodístico, documento de actualidad y análisis político. Traza un animado fresco del pasado inmediato venezolano, donde encuentra las raíces secretas de la crisis que abrió a Chávez las puertas del poder en el deterioro, despilfarro y corrupción en que degeneró una democracia que, a la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, y con el Gobierno de Rómulo Betancourt había abierto un período, ejemplar en ese momento latinoamericano, de libertades públicas, fortalecimiento de las instituciones civiles y de la legalidad, a la vez que de intensa preocupación social.
Con justicia, Krauze llama a Betancourt “la figura democrática más importante del siglo XX en América Latina”, pues no sólo impulsó la libertad en su país sino luchó sin desmayo contra todas las dictaduras, de Trujillo a Fidel Castro, que mantenían al continente en el atraso y la barbarie. Si la llamada “doctrina Betancourt” que quería comprometer a todos los gobiernos democráticos del continente a romper relaciones y a acosar diplomáticamente a todo régimen de facto hubiera prosperado, otra sería la suerte política de América Latina en la actualidad. Por eso fue atacado con ferocidad sin igual por los dos extremos y se salvó de milagro de los varios atentados contra su vida. Krauze tiene razón: Rómulo Betancourt fue un demócrata cabal, un estadista honrado y lúcido, y si todos los gobernantes que lo sucedieron hubieran seguido su ejemplo jamás hubiera surgido en Venezuela un fenómeno como el de Chávez. Por desgracia no fue así y, al igual que en otras democracias latinoamericanas, la ineficiencia y la corrupción que vinieron después hicieron que grandes sectores sociales, frustrados en sus anhelos, se dejaran seducir por los cantos de sirena revolucionarios. Y, ahora, mientras luchan por recuperar la democracia que perdieron, aprenden (¿aprenden, de verdad?) que el sacrificio de la libertad es siempre inútil, pues los hombres fuertes y caudillos acarrean siempre peores males que los que pretenden remediar.
En los animados diálogos y mesas redondas y entrevistas con intelectuales venezolanos de distintas tendencias que acompañan el ensayo de Krauze, se despliega toda la complejidad de la situación actual en Venezuela, y queda claro que hay criterios muy diversos entre los análisis que hacen distintas figuras de la oposición, de un Teodoro Petkoff a un Germán Carrera Damas o a un Simón Alberto Consalvi, para explicar el fenómeno Chávez. Pero lo que surge de todo ese rico material polémico es algo que resulta muy alentador: lo más graneado y sólido de la intelectualidad venezolana, sea de izquierda, de centro o de derecha, milita en las filas de la oposición democrática al régimen caudillista de Chávez y trabaja para impedir que el proyecto autoritario cancele los espacios de libertad que aún sobreviven. Y todos parecen coincidir en la convicción de que esa lucha por la libertad debe ser pacífica, de ideas y principios, y electoral. Esta es la primera vez en la historia de América Latina en que un régimen “revolucionario” no ha conseguido reclutar a un solo artista, pensador o escritor de valía y más bien se las ha arreglado para ponerlos a todos ellos en la oposición. Vale la pena subrayarlo y celebrarlo porque lo cierto es que hasta ahora todas nuestras dictaduras, sobre todo si eran de izquierda, han tenido cortesanos intelectuales, y a veces de alto nivel.
No es menos extraordinario que en la resistencia a Chávez militen, en la vanguardia, los estudiantes universitarios, en su gran mayoría, y sobre todo los de las universidades públicas, es decir, los de origen social menos próspero. Enrique Krauze entrevista a varios de ellos y hace un perceptivo examen de las razones que han llevado a los jóvenes venezolanos a rechazar la supuesta “revolución socialista del siglo XXI” y a movilizarse, en diciembre del año pasado, contra el intento del régimen de Chávez de legitimar su eternización en el poder mediante un plebiscito. La derrota que allí experimentó el régimen, por primera vez, es una fecha histórica, porque desde entonces ha cambiado la correlación de fuerzas, y ello ha quedado demostrado el pasado 23 de noviembre, con los resultados de las elecciones en las que la oposición conquistó los cinco Estados principales del país y un gran número de alcaldías. No creo que sea wishful thinking predecir que desde ahora, y aunque ello tome tiempo, Venezuela dejará de retroceder hacia el autoritarismo pleno y avanzará de nuevo hacia una democracia renovada, enriquecida por la experiencia y vacunada contra los errores que engendraron la anomalía de la que ahora trata de emanciparse.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
viernes, noviembre 21, 2008
Chávez contra Chávez
Por Alberto Barrera Tyszka, autor, junto a Cristina Marcano, de Hugo Chávez sin uniforme: una historia personal (EL PAÍS, 20/11/08):
“Es una victoria de mierda”, dijo el presidente frente a las cámaras de la televisión nacional, desdoblando en su rostro una mueca de pésimo humor. Apenas habían transcurrido tres días del referéndum, cuando fue rechazada su propuesta de reforma de la Constitución. La tiranía del rating imbatible de Hugo Chávez de pronto titiló. Ese 2 de diciembre del año 2007 marcó un hito crucial en el proceso de la llamada “revolución bolivariana”.
Hugo Chávez no sólo había perdido, por primera vez, una elección popular. También, en el interior de su movimiento político, salía derrotado. Hacía ya muchos meses, el debate en el seno del oficialismo se había centrado en dos opciones: “acelerar o consolidar”. Todo formaba parte de una discusión interna entre quienes pensaban que era necesario radicalizar de una vez el proyecto socialista, y entre quienes creían que, antes, se requería tener un control aún mayor del poder en el país. En ese momento, Chávez decidió que él podía lograr las dos cosas al mismo tiempo, que ambos verbos podían complementarse: acelerando, consolidamos.
Los resultados electorales, sin embargo, mostraron que, en política, la gramática es un ejercicio impredecible. El proyecto socialista, incluyendo la oferta de la reelección indefinida de Chávez, fue rechazado también por sus seguidores. Más aún: la derrota, en realidad, se debió fundamentalmente a la abstención de los chavistas. El 2 de diciembre del 2007 más que un domingo parecía un frenazo. Durante casi diez años, Chávez trabucó su popularidad en un sistema personal, reinventando y controlando el Estado y casi todas las instituciones del país. Ahora, se estrenaba con un fracaso en la batalla civil. Era políticamente vulnerable.
Pero Hugo Chávez es, antes que nada, esencialmente, un militar. Y un militar muy persistente. Sabe esperar, sabe insistir. Pasó 20 años soñando con ser presidente, conspirando dentro de la Fuerzas Armadas, antes de intentar el golpe de Estado de 1992. En el 2008, también ha continuado con la misma agenda, como si nada hubiera pasado: acelerar y consolidar. Aprovechando los poderes especiales para legislar, que le había otorgado la Asamblea Nacional, trató de imponer a la sociedad algunos de los planteamientos que fueron rechazados en el proyecto de reforma constitucional. Uno de los más emblemáticos es una nueva propuesta de división administrativa del país, que organiza el territorio en cinco regiones cuyas autoridades son designadas directamente por el presidente de la república. Este reordenamiento, llamado “la nueva geopolítica del poder”, ya fue aprobado en primera discusión por la Asamblea Nacional.
Sin embargo, dos proyectos de ley no corrieron la misma suerte. La nueva Ley de Educación, diseñada de acuerdo a los objetivos y valores del “proceso bolivariano”, encontró en la protesta ciudadana un gran obstáculo: su discusión y aprobación fue postergada para el año que viene. La ley de inteligencia y contrainteligencia, que proponía obligar a los venezolanos a ser vigilantes y delatores al servicio del Estado, fue derogada por el propio presidente, al ser fuertemente cuestionada por la población y por diversos organismos de Derechos Humanos.
En el 2008, Chávez ha seguido sin variar el plan que ya tenía concebido antes del referéndum. En la perspectiva de construir una “economía socialista”, continuó con el proceso de nacionalizaciones que había iniciado el año anterior. Este año, se han nacionalizado las principales cementeras, la mayor empresa siderúrgica del país y el Banco de Venezuela, propiedad del Grupo Santander. Igualmente, el Gobierno venezolano ha proseguido en una carrera armamentista desproporcionada, comprando este año equipo bélico a Bielorrusia, submarinos, helicópteros y aviones Sukhoi a Rusia, radares y aviones K-8 a China… pasando a ocupar el cuarto lugar en gastos de defensa en América Latina, detrás de Brasil, Colombia y Chile.
En el ámbito internacional, Chávez ha mantenido, de la misma manera, la ruta de radicalización que también venía desarrollando: la confrontación, sobre todo verbal, con Estados Unidos (este año la “provocación” fue un poco más allá: convocó a los rusos a realizar maniobras militares en aguas territoriales venezolanas); la promoción del Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas); el acercamiento cada vez mayor a Rusia, Irán, China… Tal vez Chávez sea, en realidad, el más dolido viudo político de Bush. La salida del presidente norteamericano lo deja prácticamente danzando solo. Bush es indefendible: el enemigo perfecto.
Nada, entonces, parece haber variado sustancialmente, después de la derrota en el referéndum para una reforma constitucional que, entre otras cosas, proponía la “reelección indefinida” del presidente de la república. Incluso hay quien piensa que Chávez tan sólo obvió ese resultado adverso y decidió seguir adelante con su proyecto. Pero no es así. Las elecciones del 23 de noviembre, para escoger autoridades locales, representan un desafío importante. Aunque las encuestas más optimistas calculan que la oposición, tal vez, pueda ganar 5 o 6 de las 22 gobernaciones que elegirán nuevas autoridades, Chávez no desea perder ni una calle. Ha desplegado sus mayores esfuerzos para que no se repita la experiencia.
Lo primero que hizo fue consolidar su partido, el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), y controlar, de manera soterrada y vertical, la selección de los candidatos. Tanto, que este proceso ha producido disidencias fundamentales y, en algunas dependencias federales, el Partido Comunista o el partido Patria Para Todos, aliados históricos del Gobierno, llevan candidatos diferentes a los impuestos por Chávez.
Por otra parte, en una acción inconstitucional sin precedentes, el Contralor General de la República inhabilitó políticamente a 260 funcionarios públicos, en su mayoría opositores, entre quienes destacan por lo menos seis líderes regionales importantes, con sobradas posibilidades de triunfar en los próximos comicios. Finalmente, Chávez se ha dedicado de manera incansable a la campaña electoral, articulando nuevamente la decisión de los votantes alrededor de su persona: ha denunciado intentos de magnicidio, ha afirmado que “todos los candidatos de la oposición son capitalistas”, instrumentos del imperio; ha asegurado que la oposición quiere ganar los espacios regionales para sacarlo del poder en el 2009… Otra vez, con un ventajismo oficial en el uso y abuso de las funciones y de los espacios públicos, le propone al país un acto definitivo y emocional. No en balde hemos hecho del sentimiento una industria y exportamos cursilerías telenoveladas: el próximo 23 de noviembre, votar es casi un acto de amor. Chávez se juega la vida en las urnas.
Sin embargo, el panorama no luce demasiado favorable. Aun ganando las elecciones, la crisis financiera mundial y la caída de los precios del petróleo se alzan como una gran amenaza, sobre todo para quien le ha vendido a los venezolanos que “la revolución” es un sueño de liquidez, una riqueza que no necesita producirse, que sólo requiere ser distribuida: la gran utopía del consumo de todo país petrolero. El “socialismo del siglo XXI” sólo existe con altos precios de crudo. Tiene poco que ver con la izquierda del continente. Está más cerca de Detroit que de La Habana.
La economía venezolana depende, casi exclusivamente, de su ingreso petrolero. Aun con las reservas internacionales y con los enormes yacimientos que el país posee, el futuro nunca será tan espléndido como ha sido el pasado en la mayor parte de esta década. Llegó el tiempo de los barriles flacos. Un gasto público inmenso, el pago pendiente de las nacionalizaciones, la inflación más alta del continente… Todo parece acorralar a Chávez, orillarlo a hacer algo que jamás imaginó: tomar medidas impopulares, hacer ajustes, desdecirse, conspirar en contra de lo que mejor ha sabido administrar: la esperanza de los pobres.
Con Barack Obama en la Casa Blanca, con la crisis económica rondado peligrosamente a Venezuela, con el desgaste político de diez años al frente del Gobierno… Al presidente venezolano le va a costar eludir esta pelea, su verdadera confrontación, el enemigo al que siempre ha tratado de evitar: Chávez contra Chávez.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
miércoles, mayo 07, 2008
¿ Socialismo o Muerte ?
En los primeros años de su gobierno, el Presidente de Venezuela Hugo Chávez creía en la posibilidad de humanizar el capitalismo, pero con los años comprendió la inutilidad de las ?terceras vías? e inclinó el ideario de su ?revolución bolivariana? cada vez más hacia la izquierda marxista. La semana pasada, Chávez cerró el VI Foro Social Mundial cantando el himno de los obreros comunistas, La Internacional, e instando a los 8 mil asistentes a definirse políticamente: o se construye el socialismo y se fija una posición clara frente al capitalismo deshumanizante o la humanidad camina hacia el desastre.
Los Foros sociales nacieron como un punto de encuentro e intercambio de ideas entre activistas de una gran diversidad geográfica, sectorial e ideológica. A ellos concurrieron los que piensan que el sistema capitalista puede mejorarse y los que opinan que debe remplazarse. Pero si algo destacó en la sexta versión de este foro realizado en Caracas –en el que participaron más de 53 mil personas individuales, 19 mil delegados y 4.900 periodistas– fue el cuestionamiento que mucha gente hizo a la efectividad de una reunión de activistas que no fija metas concretas para construir un mundo nuevo.
Chávez valoró la existencia y la vigencia del FSM, que ha crecido en importancia, “los que luchamos por un mundo distinto, estamos a la ofensiva, ellos son los que están en retirada”. Pero alertó que si permanece en el actual formato, el espacio terminará convirtiéndose en un “encuentro folclórico-turístico” y eso “sería terrible”.
Francois Houtart, sacerdote jesuita integrante del Comité Internacional del Foro, admite el peligro de que esta reunión anual se convierta en un Woodstock social, pero opina que el Foro no debe transformarse en una V Internacional. Y no puede hacerlo porque si camina por esa ruta explota. Debe quedarse como un punto de encuentro, de intercambio, considerando que en él coexisten tendencias de tipo organizativo y de tipo anarquista. Los foros tienen que respetar el espacio para todos. Es importante que todos permanezcan en su interior. Ante la fuerza del adversario sería un desastre que el Foro terminara dividiéndose, añade.
De todos modos, el sacerdote dominico entiende la preocupación de Chávez: ¿Cómo pasar de la elaboración de la conciencia colectiva que fue el trabajo fundamental de los foros, creando una nueva cultura, una esperanza y que debe profundizarse y extenderse, a la formación de actores colectivos? Ciertamente, ya existen actores, pero se necesitan crear actores colectivos que terminen con el neoliberalismo y creen alternativas.
Ignacio Ramonet, director del periódico francés Le Monde Diplomatique, fundador de ATTAC, y uno de las figuras claves en la fundación del FSM, asegura que el organismo “no persigue que sus participantes lleguen a un acuerdo, sino que sirve de plataforma para que determinados grupos se reúnan e intercambien ideas”. Eso es precisamente lo que han hecho varias de las organizaciones presentes, aunque otras insistan en la necesidad de que el foro asuma resoluciones.
Walden Bello, director de Focus on the Global South, considera que el Foro de Caracas tuvo diferencias importantes respecto de los foros anteriores. La primera consistió en que la que gente que fue a Caracas vivió un Foro atravesado por un proceso de cambio social actual, fluido y radical, con todas sus alzas y sus bajas y sus contradicciones. La segunda es que el foro se efectuó en un país que tiene un conflicto muy áspero con Estados Unidos y los participantes en la reunión se involucraron activamente en ellos.
“Se avanzó en la conciencia de que el ámbito político formal es importante y que no se puede pensar solamente en dar grandes ideas o acciones desde abajo. Esto no significa la aceptación de lo político como está organizado hoy. Tampoco que el Foro deba perder su autonomía en su relación con los gobiernos progresistas. Por el contrario, hay que ser críticos con esos gobiernos, hay que brindarles apoyo crítico”, comenta Houtart.
Un plan de acción mundial
Para evitar que el foro se convierta en una peregrinación turística, Chávez propone hacer un plan de acción universal y unitario con el fin de crear una sociedad de iguales, sin excluidos, y con democracia participativa. Chávez piensa en un gran movimiento mundial antiimperialista, “auténticamente socialista”, que respete la singularidad de cada país, hecho que, según él, no ocurrió en la Unión Soviética.
El presidente venezolano recupera el pensamiento marxista y el socialismo, rememora a Carlos Marx y Rosa Luxemburgo, garantiza que el pensamiento socialista permanece vivo, a pesar de todas las tentativas por “matarlo” y es enfático al sentenciar: “¡Socialismo o muerte!”, no existe otra alternativa al capitalismo sino el fin de la civilización humana. “No hay más allá del siglo XXI si no cambiamos. La disyuntiva es: socialismo o muerte, pero muerte de la especie humana. El capitalismo está acabando con la vida en el planeta. Es ahora o nunca. Mañana pudiera ser demasiado tarde. Por eso clamo al foro para empujar en la formación de un movimiento mundial articulado antimperialista y socialista”, dijo en el cierre del Foro de Caracas.
En el día final de los trabajos del FSM, Chávez sostuvo una larga conversación con representantes de la Asamblea de Movimientos Sociales, convergencia que actúa al interior del Foro, pero se diferencia de éste en que toma acuerdos e iniciativas de acción. Allí, aseguró, se “están encendiendo las luces del nuevo amanecer mundial” y, parafraseando al Che Guevara, llamó a formar “una, dos, tres, muchas Bolivias”.
Chávez señaló que para consolidarse la revolución bolivariana requiere de los movimientos sociales del mundo. “Es absolutamente imposible -dijo- la revolución en un solo país. Estamos debilitando las columnas del sistema capitalista, pero, o cae en todo el mundo o no cae en ninguna parte”.
Aldo Zancheta, director de la Escuela para la Paz en Luca, Italia, afirma que no le queda claro para qué sirve el Foro. Y se pregunta: ¿para preparar acciones? ¿Para confrontar análisis? “Hay que pensar para el futuro. Estos foros no ayudan ya a desarrollar ideas nuevas. Se repiten a sí mismos. Los movimientos invierten demasiado tiempo y energías en su preparación y no queda tiempo para hacer lo que hace falta hacer para cambiar el mundo”.
Roberto Savio, director General de IPS y miembro de la organización del Foro Social Mundial remarcó la necesidad de construir una influyente agenda de los movimientos. El problema del esquema policéntrico es que los foros se han regionalizado bastante y se ha perdido un poco la capacidad global del Foro Social Mundial.
“Hay que crear espacios proposititos, planes de acciones y salir del Foro con algunas ideas concretas que comprometan a todo el mundo”, construir una agenda de la sociedad civil que influya en los sistemas, en las instituciones políticas, en la sociedad.
Según Savio, "Chávez está jugando un papel regional latinoamericano muy importante (…) Yo como persona que cree en la necesidad de cambios sociales en América Latina lo miro con mucha esperanza".
En Caracas la Internacional se convirtió en símbolo de que algo nuevo está verdaderamente surgiendo desde abajo y a la izquierda.
Con datos de Adital, La Jornada, Pulsar y agencias
domingo, abril 15, 2007
Chávez no es Fidel
¿El verborrágico presidente venezolano es ya, como pretende, el heredero de Fidel Castro en el imaginario revolucionario de una Latinoamérica que hoy vive la mayor bonanza del mercado internacional que se recuerda en el siglo? ¿Es el legatario de un antiimperialismo militante que un día tras otro ataca a los EE UU, haciéndolo fácil presa de su trágica aventura en Irak? ¿Encenderá la ilusión de los jóvenes desencantados de una democracia que no termina de ofrecer los paraísos prometidos?
Enzarzado en su fallida aventura asiática, el equipo de Washington no ha tomado el tema demasiado en serio, habida cuenta de que la exportación venezolana depende en un 90% del mercado norteamericano. Tampoco ha querido, deliberadamente, ofrecerle la oportunidad de un papel de víctima que ha sido tan ampliamente redituable para el régimen cubano. Últimamente, el propio presidente Bush ha mirado hacia Latinoamérica y su reciente viaje por cinco países parece ser el signo de una preocupación que crece. Pese al bombardeo periodístico, en todo momento ha eludido hablar de Chávez y su régimen, y a su retorno a Washington, sólo un funcionario ha considerado inamistoso el acto popular (en un estadio de fútbol de Buenos Aires) en que el presidente venezolano agravió a destajo a su colega yanqui, cuando -del otro lado del río de la Plata- visitaba Uruguay y Brasil. Dos semanas después de la visita de Bush a Brasil, el presidente Lula ha pernoctado en Camp David, donde no pisaba un latinoamericano desde los tiempos en que Salinas de Gortari firmaba su acuerdo de libre comercio y ligaba la economía mexicana a la de la potencia del Norte.
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lunes, diciembre 04, 2006
Entrevista a Hugo Chávez
El mandatario venezolano habló en Paris, durante 52 minutos, con el periodista Robin Lustig.
Durante la entrevista Hugo Chávez habló sobre las relaciones con el gobierno de Estados Unidos, su admiración por Fidel Castro y la ley que regula la libertad de prensa en Venezuela.
Por su trascendencia, presentamos una versión editada de esa entrevista, que fue transmitida por los canales de la BBC en televisión y radio.