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viernes, febrero 04, 2011

La juventud árabe, entre la exclusión y la espera

Por Tomás Jiménez Araya, profesor consultor del Máster de Derechos Humanos y Democracia-UOC y editor de Población y Desarrollo en el Mediterráneo. Transiciones demográficas y desigualdades socioeconómicas (EL PAÍS, 02/02/11):

La súbita erupción de la revuelta social de Túnez y Egipto, una movilización popular encabezada por jóvenes -por cierto, de ambos sexos-, ha girado el foco de la atención internacional hacia estos dos países, percibidos como heraldos de posibles cambios modernizadores en el mundo árabe.

Lo que está ocurriendo puede interpretarse como síntoma y a la vez como consecuencia de procesos sociales protagonizados por los grupos de población joven ampliamente mayoritarios en todo el norte de África y Oriente Próximo (región MENA, siglas en inglés), que son el resultado acumulativo de una larga y profunda transición demográfica, iniciada hace tres o cuatro décadas, mediante sucesivos descensos de la mortalidad infantil y la fecundidad, con altos crecimientos de la población en los periodos intermedios, en la cual Túnez ha ocupado un lugar de avanzada.

En palabras del demógrafo libanés Youssef Courbage, “la transición demográfica es un test de Rorschach de la sociedad: revela sus dudas y sus certezas, los conflictos y las líneas divisorias sociales y puede aclarar las relaciones entre el poder y la población, los avances, la marginación y los límites de la cohesión nacional”.

Por esta razón, para tratar de descifrar las claves de esta “cólera política juvenil” tunecina y egipcia, manifestación de un fenómeno latente en muchos países árabes, es conveniente tener en cuenta la interacción de factores demográficos y sociales subyacentes.

La región MENA se encuentra en la actualidad en el nivel más alto de una “plétora juvenil”, compuesta por más de 100 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años enfrentados a grandes desafíos en su transición a la edad adulta. Estos jóvenes constituyen aproximadamente un tercio de la población total y cerca de la mitad de la población en edad activa.

En principio, la presencia de esta plétora juvenil ofrece una gran oportunidad durante un periodo en el cual la población en edad activa representa una amplia y creciente mayoría de la población total, respecto a la población dependiente (niños y ancianos). Este “bono demográfico”, generado por la reducción de las ratios de dependencia económica, se produce en una fase de la transición demográfica que abre la posibilidad de ampliar la participación laboral (en las edades en que la productividad es máxima), incrementar las tasas de ahorro e inversión e impulsar, en definitiva, un mayor crecimiento económico per cápita, si se cuenta con un entorno institucional y político adecuado.

Sin embargo, la gran mayoría de países árabes está perdiendo esta gran ocasión histórica. En Túnez, debido a su inicio temprano de la transición, la ventana de oportunidad se estaría cerrando durante esta década.

De acuerdo a una amplia evidencia disponible (especialmente los estudios de Tarik Yousef y Paul Dyer en el marco de la Middle East Youth Initiative, http://www.shababinclusion.org), el potencial transformador de esta plétora juvenil no se está aprovechando adecuadamente y, lo que es aún más grave, la juventud árabe es en gran parte una población socialmente excluida de ámbitos cruciales como la educación, el empleo y la vivienda. Esta exclusión dificulta y dilata extraordinariamente su inserción productiva y social en un largo periodo de incertidumbre o de “espera”, con un riesgo y frustración crecientes.

Existe una gran brecha disfuncional entre las competencias adquiridas por los jóvenes de la región MENA, tradicionalmente orientadas al hipertrofiado sector público, y las solicitadas por los nuevos mercados laborales en el contexto de la reestructuración económica exigida por la competencia global. El epicentro de la exclusión reside en el alto desempleo y ocupación precaria de los jóvenes árabes. Se estima que, en promedio, uno de cada tres jóvenes de 15 a 29 años está desempleado, y en países como Egipto (el país más poblado) y Túnez superan con creces esta proporción. Dado su elevado peso demográfico, los jóvenes representan más de la mitad del total de desempleados de la región, en general de larga duración, con mayor incidencia entre las mujeres.

El coste económico de esta exclusión es enorme. Estimaciones del Banco Mundial han cifrado el coste de la exclusión de las mujeres en los mercados laborales de la región MENA en una pérdida del 25% de los ingresos de los hogares y una reducción de la tasa de crecimiento de la economía próxima al 1% anual. Por añadidura, en términos de desarrollo humano, los costes sociales son muy superiores.

En este contexto, es paradigmático que la chispa de la revuelta tunecina esté personificada por la inmolación de un joven, precario vendedor ambulante y único empleado de un hogar de ocho miembros.

Frustrados en sus aspiraciones básicas de autonomía personal e independencia económica y excluidos también de la participación política, por el gran déficit de libertades y la represión existentes en toda la región, no es de extrañar que los jóvenes árabes, hombres y mujeres, empiecen a considerar que el largo periodo de “espera” se está acabando.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

domingo, abril 19, 2009

Criterios de la condición adulta

Por Manuel Cruz, catedrático de Filosofía de la Universitat de Barcelona (LA VANGUARDIA, 19/04/09):

¿Cuándo decimos que una persona joven ya ha entrado de lleno en la edad adulta? Antaño ese tránsito estaba claro y unívocamente señalizado a través de determinados ritos de paso. Del servicio militar, por ejemplo, se decía - con un convencimiento que hoy sin duda nos hace sonreír-que los chicos volvían hechos unos hombres. La desaparición - o la devaluación-de tales ritos ha desdibujado las fronteras y emborronado los límites, de manera que plantear hoy la pregunta inicial obliga a una mínima definición previa de lo que queremos decir en cada caso.

Si identificamos, como suele hacerse en el lenguaje ordinario, edad adulta con pleno desarrollo de todas las esferas del individuo (física, psicológica, emotiva…), de inmediato comprobamos que no resulta fácil dibujar hoy aquellas líneas de demarcación, de la misma forma que se hace francamente difícil establecer el grado de madurez de una generación en comparación con otra. Así, se suele afirmar que los varones de las generaciones anteriores solían empezar a trabajar a los catorce años, mientras que las mujeres acostumbraban a casarse con veintipocos y empezaban a tener hijos de inmediato.

La generación actual, en cambio, se incorpora mucho más tarde al mercado de trabajo (no son pocos los que lo hacen cerca ya de la treintena), abandonando el domicilio familiar, contrayendo matrimonio y asumiendo responsabilidades como padres bien entrada esa década. Si se atiende únicamente a estos elementos, se tendría entonces la tentación de concluir que la madurez de la condición adulta se alcanzaba antes mucho más deprisa que ahora. Pero, a poco que uno amplíe los elementos que considerar e introduzca, por decir algo a voleo, datos como el de que muchos mozos no habían visto el mar hasta que habían ido a la mili, o que muchas mujeres no habían conocido varón hasta que se casaban, en seguida se deja ver que el signo de la comparación está lejos de ser inequívoco.

Pero probablemente no baste con concluir, a partir de lo precedente, que lo que consideramos edad adulta es algo que varía a lo largo del tiempo y según las sociedades. Sin duda parece ser así, pero no habríamos avanzado gran cosa con la constatación (a fin de cuentas, ¿qué hay que no varíe a lo largo del tiempo y según las sociedades?) si no fuéramos capaces de mostrar a través de qué mecanismos se produce la variación. Y es al llegar a este punto cuando se nos aparece un rasgo particularmente significativo de la condición adulta o madura, a saber, que ella no se obtiene ni se consigue, sino que es atribuida o recibida. En concreto por las generaciones anteriores, que son las que establecen los procedimientos o, en todo caso, los criterios para la atribución.

Importa subrayar esto porque no siempre están claros tales criterios. Hay algo profundamente inquietante en la forma como las generaciones ya instaladas en la madurez tienden a considerar a las que vienen detrás. Así, llama la atención la reacción - a medio camino entre el estupor y el escándalo-que, con tanta frecuencia, tienen ante los más jóvenes.

Llevo toda mi vida escuchando la frase “los jóvenes de hoy saben muchísimo más que nosotros”, frase que, a menudo, se refuerza con aquella otra, igualmente repetidísima, “yo a su edad era muy inocente”.

La cosa no daría mucho de sí a no ser porque la pronuncian incluso aquellos que no lo eran en absoluto, lo que mueve a pensar en el motivo profundo por el que los individuos, a partir de una cierta edad, necesitan proyectar inocencia con efectos retroactivos sobre su biografía.

Quizá sea una forma indirecta de intentar descargarse de responsabilidades, de protegerse por anticipado de los reproches que precisamente los más jóvenes les podrían lanzar por la trayectoria que han seguido o por la forma en que han vivido. Acaso nada deje más en evidencia el radical artificio de eso que llamamos condición adulta - y ya no digamos madurez-que la confrontación con aquellos que optan por vez primera a ella. Probablemente, la desaparición - o la devaluación-de los ancestrales ritos de paso a la que empezábamos aludiendo haya sumido en una profunda confusión a esos mayores encargados de gestionar el relevo. En todo caso, la confusión nunca es un buen lugar para quedarse a vivir.

Y resulta un poco preocupante que los mismos que con tanta frecuencia son capaces de sobreproteger a los más jóvenes hasta extremos casi ridículos, también lo sean de reaccionar, nerviosos, cuando se sienten amenazados por esa misma franja generacional, exigiendo, pongamos por caso, el más duro de los castigos para ciertos delitos, con independencia de la edad del delincuente. Poca madurez, desde luego, parecen demostrar quienes tienen criterios tan volubles.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

domingo, marzo 29, 2009

Estragos educativos del porro

Por Vicente Carrion Arregui, profesor de Filosofía (EL CORREO DIGITAL, 28/03/09):

No se alarmen. No quiero hablarles de aquel chaval que empezó a fumar porros y acabó atracando farmacias, ‘yonqui’ perdido, sino de esta jovencita que ha pasado de ser una estudiante ejemplar a no poder terminar la ESO, reactiva a toda recomendación familiar que no sea complacer sus antojos. No ignoro que una cosa puede llevar a la otra pero es tan evidente que no por fumar porros se convierte uno en marginado social, delincuente, maltratador o abusador sexual -por probable que sea la asociación de todas estas conductas con las drogas- que más que incidir en el incierto futuro del joven porrero me interesa abundar en el vertiginoso presente de quienes se inician tan a la ligera en prácticas de alto riesgo. Hablamos de cerca del 40% de los dos millones y medio de jóvenes entre 14 y 18 años, de los cuales ’sólo’ el 10% corren riesgo de convertirse en adictos de por vida, según el último Informe del Plan nacional sobre Drogas. Es a ese 90% restante al que quiero referirme para advertirles del daño innecesario que se hacen a sí mismos y a sus familiares creyendo que el cánnabis ensancha sus horizontes vitales cuando en realidad los limita.
La idea de que las drogas expanden la conciencia y pueden favorecer el autoconocimiento, la creatividad y la comunicación tuvo sus valedores en la cultura hippie pero no ha resistido ni las evidencias de los estudios médicos (con la excepción de sus propiedades paliativas de determinados dolores) ni, sobre todo, las del deterioro vital de sus paladines, machacados en cuerpo y alma al cabo de los años por las sustancias que iban a liberarles. Es obvio que las drogas deparan momentos memorables -y en ello radica su peligrosidad: en lo mal que puede uno sentirse cuando se pasa su efecto-, por lo que puede ser muy placentero su consumo ocasional. Pero de ahí a defender su conveniencia hay mucho trecho. En todo caso, lo que decidan hacer los adultos con su existencia es cuestión de cada cual. Convivir con los porros no me parece tan diferente a convivir con el alcohol, el tabaco o los psicofármacos, sólo que no veo ventaja alguna en hacer apología de tales limitaciones personales de la libertad, sobre todo cuando se proyecta sobre los jóvenes una falsa idea sobre los paraísos artificiales contenidos, en este caso, en el cánnabis. El derecho a desconectar de las complicaciones vitales por medio de estupefacientes legales o ilegales que podamos concedernos como adultos no es extensible a los menores de edad porque las drogas pueden provocar daños estructurales en sus circuitos cerebrales y en sus personalidades incipientes.

Ahora bien, no por ser conscientes de los perjuicios de su consumo hemos de negar el manifiesto placer que provocan. Si así lo hiciéramos daríamos argumentos a sus defensores por ignorar lo que todo adicto considera principal: la inmediatez de su disfrute. En mi opinión, una sólida prevención antidroga ha de reconocer en ellas el poderío de hacer intolerable la vida en su ausencia porque todo parece absurdo cuando llega el bajón. Pues es la intensidad del bajón lo que provoca esa permanente ansiedad por reproducir la experiencia añorada al precio que sea: económico, laboral o desatendiendo los compromisos o traicionando las confianzas que haga falta. Pasa con las drogas más duras, sí, pero con los porros también.

Una de las características principales de un buen porro es el sentimiento de bienestar que provoca. Sea por la intensidad perceptiva que realza la belleza del paisaje o la plenitud del momento presente, suscitando sentimientos de paz y armonía con el entorno, sea por la fluidez con que se desinhiben las emociones y ocurrencias, posibilitando experiencias de comunicación interpersonal de gran impacto, como si quedara al alcance de la mano la intimidad propia y ajena. No es de extrañar así que se haya incrementado tanto su consumo entre los jóvenes (se ha cuadruplicado desde 1994), tan atentos a tejer lazos amistosos libremente elegidos, tan urgidos por salir del cascarón familiar, tan inseguros a la hora de ensayar sus primeros escarceos sexuales. Lamento quitarle lírica a esos momentos del sábado noche en que el tiempo se detiene mientras alguien lía un canuto, preludio fijo de risas y franquezas, pero no puedo sino afirmar que la felicidad que esas caladas procuran es sólo aparentemente inocua pues, en realidad, el gusto por reproducir esos momentos a posteriori, liando ya tus propios porros, puede ser extraordinariamente dañino para los estudios y para la vida familiar.

Es muy difícil resistirse a un fogonazo de placer inducido por algo tan sencillo como unas cuantas inspiraciones. ¿Qué tiene de malo sentirse bien?, se dicen la mayoría de los chavales que lo experimentan. Que cuando se pasa el efecto en vez de sentirte ‘normal’ te vas a sentir ‘mal’, contesto, con lo que empezarás a organizar tus días, tu economía y tus rutinas en función de repetir las experiencias placenteras, primero el próximo fin de semana, luego entre semana, luego a diario después de clase, luego en los recreos, luego haciendo piras, luego decidiendo que es una tontería estudiar, trabajar u obedecer cuando se tiene tan claro dónde y con quiénes está la fuente del placer.

Afortunadamente no siempre el consumo de porros provoca el fracaso escolar, pero creo que sí se produce siempre una peligrosa distorsión en la identidad personal, en la imagen que uno tiene de sí mismo. El placer de fumar un porro supone una inflación egoica que suscita calma, aparente lucidez, aceptación personal y sentimientos de omnipotencia. En edades adolescentes, ya de por sí máximas en egocentrismo, la idea que el porrero se hace de sí mismo es tan estupenda que le hace sospechar de la estupidez del sistema educativo y de todo lo que suene a esfuerzo, responsabilidad y ejercicio de la voluntad. Pasados sus efectos, queda la ansiedad, la desgana, el sentimiento de ser muy poca cosa, el desajuste entre las ideaciones y la capacidad para materializarlas, en fin, que los porros tensan extraordinariamente el abanico de estados interiores y por eso son proclives a desencadenar psicosis, trastornos bipolares, ‘borderlines’ y demás. Pero sin llegar a la patología psíquica, algo siempre se quiebra entre el consumidor de porros y su entorno educativo y familiar. Hay un secreto que nadie sino él conoce: «no hay mejor momento en la vida que el de fumarse un porro», y hay que desarrollar toda una cadena de autojustificaciones, mentiras, ocultaciones, broncas y engaños para encontrar esos momentos de aparente encuentro con el bienestar ‘auténtico’. El joven porrero necesita crear una nueva frontera hacia sus familiares y educadores porque ha puesto bajo sospecha los códigos educativos en los que se había criado. El natural proceso de rebeldía generacional en aras de su afirmación personal se distorsiona completamente por influjo del cannabis. Toda la lógica del esfuerzo, la autosuperación, la atención a las necesidades ajenas, el disfrute de las rutinas domésticas y de los placeres sencillos se viene abajo ante el arrebato explosivo del colocón. La comprensión ‘auténtica’ de sus colegas desbanca de pronto el laborioso influjo de padres y educadores porque le dicen a nuestro aprendiz de adicto lo que quiere oír: que no pasa nada, que los porros no enganchan, que los puede dejar cuando quiera.

Y no es verdad. Claro que el cánnabis no genera una adicción física tan intensa como otras drogas pero su influjo psicológico en el desarrollo adolescente puede ser muy intenso. Y no tanto por sus efectos más obvios en la memoria, en la concentración mental, en la somnolencia o en los altibajos emocionales, sino porque altera completamente la relación del joven con su propia fuerza de voluntad, auténtico motor de su realización futura, y también porque le confunde extraordinariamente en el ámbito afectivo: pasan a ser queridos quienes posibilitan sus amoríos con los porros y se convierten en enemigos todos los que rechazamos que pueda derivarse otro beneficio de sus juegos peligrosos que el de darse cuenta por sí mismo de qué peligroso era el juego del que ha escapado.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

jueves, enero 29, 2009

La infancia más corta, la adolescencia más larga

Por JOSÉ LUIS BARBERÍA (El País.com, 29/01/2009)

"¿Tenemos un cretino en casa o es sólo un damnificado más de la precariedad laboral, el mileurismo o el exorbitado precio de la vivienda?" La duda ronda con frecuencia en los hogares de esta generación de jóvenes tan preparados, tan queridos y mimados y, tan apocados, sin embargo, a la hora de levantar el vuelo. Mientras la infancia se acorta por la imposibilidad de preservar a los niños de las informaciones adultas que circulan por las pantallas, preferentemente, la adolescencia se prolonga sin límites precisos. "A su edad, yo ya había...". Ése es el más común de los reproches.

¿Cuánto hay de realidad en la imagen que presenta a nuestros hijos como hedonistas, consumistas y materialistas impenitentes, personalidades egocéntricas e individualistas refractarias al compromiso y apáticas ante las cuestiones de interés general? ¿Y cuánto hay de desconocimiento y prejuicio adulto, del consabido reflejo castrador, generalmente gratuito, que toda generación activa contra los llamados a sucederle? Mientras algunos progenitores entonan el "Socorro, tengo un hijo adolescente" o el "Socorro, tengo a mi hijo en casa para toda la vida", otros, fieles al modelo "padres solícitos para siempre", actúan bajo la divisa "que no les falte nada". Así, aunque con frecuencia se trata de mujeres progresistas y profesionalmente activas, la mamá de clase media puede seguir lavando, cosiendo y planchando la ropa de los chicos, incluso de aquellos que, ya en la treintena, se han mudado a un piso, probablemente sufragado también por sus padres.

¡Ah, la familia española! Tranquilícense aquellos que temen por el futuro de la institución por excelencia de nuestro país. Por mucho que aumenten los divorcios y las familias monoparentales, las encuestas muestran que en España los jóvenes aman a su familia por encima de todas las cosas. La aman tanto que nuestros hijos son los europeos que, con crisis o sin ella, más tardan en emanciparse. El 51% de los chicos y el 50% de las chicas con ingresos suficientes como para poder independizarse optan, sin embargo, por permanecer en casa de sus padres, cuando en Francia esos porcentajes se reducen al 37% y el 33%, respectivamente. Y no parece que la "sociedad líquida" del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, en la que lo único perenne es el cambio continuo, ni la "sociedad de riesgos", que da paso a formas de vida no limitadas a la familia, pueda cortar ese cordón umbilical. "Aquí no se plantea el conflicto generacional en el hogar porque hay una negociación contínua para una convivencia armónica", afirma el sociólogo valenciano Andreu López, coordinador del estudio Juventud en España 2008.

El colchón económico familiar es una verdadera excepción de nuestro país, un rasgo sociológico distintivo en una Europa donde la emancipación temprana es un valor y donde las instituciones facilitan la autosuficiencia con becas, ayudas a la inserción laboral y una amplia oferta de viviendas de alquiler. De hecho, los sociólogos y economistas extranjeros que nos analizan incluyen de oficio en sus prospecciones el factor familiar para explicarse la poca contestación a las políticas económicas y nuestra baja tasa de pobreza juvenil. Los padres, sobre todo, pero también los tíos y los abuelos suplen aquí a las instituciones públicas.

Los estudios de la OCDE y de Eurostat confirman que la posición de los jóvenes europeos en el mercado laboral ha empeorado desde 1995 y que ese deterioro es más acusado en los países del sur del continente, debido a la mayor temporalidad y precariedad salarial. Se entiende, pues, que con lo duras que están las cosas ahí fuera nuestros hijos, particularmente los de clase media y alta, se lo piensen antes de abandonar el hogar. Por lo general, han crecido sin estrecheces, más conscientes de sus derechos que de sus obligaciones.

Decir que viven como reyes no es sólo retórica. Con permiso del cambio climático y de los accidentes de tráfico -su mayor causa de mortandad-, esta generación está llamada a superar los 100 años de edad, más del doble de la esperanza de vida de los soberanos y príncipes de la corte de Versalles. Tienen, además, la menor tasa de suicidio de toda Europa y ahora mismo tampoco hay redoblados motivos para alarmarse por los estragos colectivos que puedan causarles el abuso del alcohol y otras drogas. Las últimas encuestas certifican el descenso del consumo de estupefacientes ilegales y la disminución de las enfermedades de transmisión sexual y de sida, aunque esa reducción no les permita por ahora abandonar las cabeceras de esas clasificaciones.

Lo que continúa suscitando la alarma es el fenómeno creciente del botellón, práctica habitual ya del 26% de los jóvenes, el 10% más que hace seis años. Por descorazonador que pueda resultar que los desmovilizados jóvenes españoles no encuentren mayor motivo de encuentro que beber en grupo, ni reivindicación mejor que un pretendido "derecho a divertirse", conviene no olvidar que las admoniciones de los adultos escandalizados ante jóvenes que "se emborrachan y blasfeman por las noches" lleva más de cinco siglos presente en la literatura. Si añadimos los escupitajos a ese cuadro y un comportamiento incívico con el mobiliario urbano, puede que lleguemos a la conclusión de que las cosas no han cambiado tanto en este aspecto.

La profesora de sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia María Jesús Funes ve en las concentraciones del botellón un punto de encuentro y de contestación generacional -una de las pocas explícitas existentes-, antes que el ejercicio depravado del alcoholismo en masa. Lo que está claro es que los jóvenes españoles son hijos de una sociedad habituada al alcohol y a la noche.

El espacio nocturno ejerce sobre ellos tal fascinación -el 30% define la noche como "el momento de la gente joven para la gente joven"- que el 41% sale de noche cada fin de semana. La mitad no vuelve a casa antes de las tres de la madrugada y a la quinta parte le dan las seis en la calle. En España, la salida nocturna prolongada hasta la medianoche es un rito de paso de la infancia a la adolescencia más significativo, incluso, que el mantener relaciones sexuales. Y eso que nuestros chicos son cada vez más precoces en esta materia: 16 años y 10 meses de edad media a la hora de tener su primera relación sexual. Aunque a distancia todavía de los adolescentes anglosajones (que en abierto contraste con el puritanismo oficial de sus países se inician en el sexo a eso de los 14 años), los jóvenes españoles se separan del modelo mediterráneo y no digamos nada de los asiáticos y árabes. Contra lo que cabría suponer por el aumento de los embarazos prematuros -incremento constreñido a las comunidades de origen inmigrante-, la gran mayoría toma precauciones y se comporta con prudencia.

¿Pero qué piensa esta generación criada en los hábitos de la reclamación y el consumo y destinada a tomar las riendas de lo que, pese al aporte inmigrante, va asemejándose cada vez más a una sociedad de jubilados? ¿No es inquietante que el 36,5% de ellos esté a favor de la aplicación de la pena de muerte y que un porcentaje idéntico no haya leído un libro durante el último año? Además de que los políticos españoles deberían hacérselo mirar seriamente, ¿qué puede deducirse del dato de que el porcentaje de jóvenes que declara no tener "ningún interés en la política" haya pasado en cuatro años del 38% al 50%?

El estudio cuatrianual Juventud en España 2008, realizado a partir de 5.000 encuestas a chicos situados entre los 15 y los 29 años, indica que están bien adaptados, en general, a las normas del mundo adulto e incluso que se inclina por un mayor civismo. También que reproducen la polarización ideológica de los adultos y con un repunte conservador. Ese repunte, fruto, quizá del bienestar heredado y del poso cultural de inmigrantes poco instruidos en los valores ilustrados, se manifiesta también en un mayor rechazo al aborto y a los matrimonios homosexuales y un incremento de la importancia que se concede a la religión. Sólo el 12% se declara católico practicante, aunque el 27% dice que la religión es importante.

"Pese a la desafección que muestran hacia los partidos, sí están interesados en la política no convencional. De hecho, muchos participan en las ONG y también, y de manera creciente, en actividades ajenas a la política oficial", aclara María Jesús Funes. Está convencida de que existe ya un movimiento contestatario comprometido en dinámicas alternativas, ecologistas, antiglobalización, etcétera, que responde a las inquietudes de una quinta parte de la juventud, precisamente, el mismo porcentaje que componen los jóvenes grandes lectores. "Son chicos ilustrados, competentes y pluralistas, mayoritariamente de izquierdas, enemigos del consumismo plano y defensores de valores de solidaridad y justicia. Les une la idea de una red global". La socióloga detecta en este sector similitudes potenciales con la generación de Mayo del 68 francés.

El problema de nuestros jóvenes es que están sujetos a clamorosas contradicciones. Tienen su pedestal en casa, pero forman parte de lo que se ha dado en llamar la "generación en prácticas" europea. Viven en un mundo donde el consumo está idealizado como forma de realización personal y de relación social y resulta que están atacados por los riesgos e incertidumbres laborales de la globalización.

La encuesta Juventud en España 2008 ha venido a demostrar que la ocupación de los padres incide de forma significativa en el nivel de estudios que alcanzan los alumnos. El 43% de los hijos de los profesionales técnicos y similares accede a la educación superior, mientras que sólo lo consigue el 8% de los hijos de los trabajadores no cualificados. ¿Pero no habíamos quedado en que la igualdad de oportunidades debía materializarse en la educación? ¿Cómo es que nuestro sistema educativo reproduce tan obscenamente las posiciones sociales y, por tanto, las diferencias?

Aunque la ecuación "a mayor preparación, mejor y más temprano empleo" parece incuestionable, la frustración laboral alcanza también a no pocos titulados universitarios que ejercen funciones y tareas distintas y menos cualificadas a las de su formación. Esto explica, por lo visto, que un número creciente de jóvenes haya renunciado a la universidad en los últimos años. "Muchos han visto que sus hermanos mayores no han llegado profesionalmente muy lejos a pesar de tener una amalgama de títulos y cursos de formación", explica Almudena Moreno, profesora de sociología de la Universidad de Valladolid y coautora del mismo estudio. "Les entiendo porque soy de aquella generación del baby boom destinada a comerse el mundo que acabó bastante frustrada. Yo tuve la sensación de que todo había sido una gran mentira familiar y social", afirma esta socióloga, de 37 años. "No creo que los jóvenes se sientan ganadores. El deseo incumplido de formar una familia con hijos está presente en muchos de ellos", indica.

Con todo, el doctor en Ciencias Políticas y Sociología y coautor también del informe, Domingo Comas, juzga infundada la etiqueta "perdedores" que algunos expertos asignan a los jóvenes europeos. "Lo de jóvenes sin futuro es algo que se ha aplicado por sistema a todas las generaciones. También lo dijeron de nosotros en 1979 en unos informes que ahora nos hacen reír", subraya. No le parece evidente que la juventud esté condenada a vivir peor que sus padres.

Pero, establecido que muchos tienen dificultades objetivas para emanciparse, tampoco cabe minusvalorar el elemento cultural específico español. "No somos masoquistas. Quedarse en casa ofrece grandes ventajas. Yo sólo me independizaré cuando tenga las cosas muy claras con el trabajo estable y con mi novio", vienen a decir. Las relaciones de noviazgo tampoco son ya tan determinantes en esta sociedad posmoderna caracterizada por la ambivalencia y la contradicción. La disyuntiva, el tener que optar y renunciar a una de las opciones, ha sido reemplazada por la yuxtaposición. Se puede ser una cosa y otra, joven con espíritu adulto y viceversa, trabajar en esto y aquello.

Los noviazgos no implican ya la renuncia a las salidas con los amigos, "el grupo de iguales". Mientras para sus progenitores, la formación de una familia era prácticamente la única posibilidad de acceder a las libertades de la vida adulta, estos jóvenes pueden ensayar nuevas formas de vida social. La singularidad es un valor, y poseer la adaptabilidad de la ameba un requisito, por lo visto, imprescindible. Ya dice Ulrick Beck que los jóvenes de ahora están obligados a construirse ellos mismos una biografía, como de bricolaje.

Es una idea que enlaza con la impresión de muchos jóvenes de que transitan por terrenos "donde los senderos apenas están marcados". En la sociedad moderna, el dinero es un señuelo todopoderoso que eclipsa valores de referencia de generaciones pasadas, como ser un buen profesional, ejercer el magisterio o el arte. Y sin embargo, ¡sorpresa!, resulta que estos hijos nuestros que creíamos tan prosaicos dicen que ganar mucho dinero sólo ocupa el noveno lugar en su listado de prioridades.

El término juventud da nombre a realidades bien distintas. Mientras algunos regresan ahora al refugio familiar empujados por la crisis, un tercio de los situados entre los 26 y los 30 años tiene una vivienda a su nombre.Nunca hubo tantos jóvenes propietarios como ahora.

Convivir en un piso pequeño con un solo baño y sin demasiado confort es un acicate para buscarse la vida fuera; de la misma manera que vivir sin agobios invita a lo que Andreu López llama "aumento de capital social". A su juicio, quedarse en casa responde a una estrategia pragmática que permite a los jóvenes seguir formándose, rechazar los malos trabajos y elegir el momento de la emancipación. No tienen prisa porque tienen las necesidades básicas cubiertas.

No, nuestros jóvenes no son unos cretinos. Si nos fijamos bien descubrimos en ellos nuestro propio reflejo, no sólo físico, sino también cultural. Han heredado la sociedad que les hemos dado, son más libres, más tolerantes, más seguros de su capacidad y competencia. Pese a que la supervivencia parece exigirles la adaptabilidad de la ameba, puede que muchos de ellos echen en falta valores e ideales que estructuren su futuro y dé más sentido a sus vidas.

domingo, octubre 12, 2008

Juventud neutralizada

Por Joseba Arregi, presidente de la asociación cultural Aldaketa (EL PERIÓDICO, 10/10/08):

Aunque la juventud, por definición, es una etapa de la vida que pasa, que no dura demasiado, durante bastante tiempo ha sido la mimada de la sociedad: ser joven era el ideal, y todos los partidos políticos competían por hacerse con el voto juvenil. El partido mejor situado para el futuro era el partido que con más voto juvenil contaba. Mucho me temo que los innombrables les han quitado el puesto. Los innombrables, porque la palabra viejo va a desaparecer del diccionario, donde solo sobrevivirán los mayores, la tercera edad, los séniores y otras circunlocuciones parecidas.

Aunque, bien mirado, en realidad no se produce ningún cambio de perspectiva, ninguna sustitución generacional. Es por lo menos lo que se desprende de una referencia que se ha podido leer en varios medios de comunicación: el observatorio español de la juventud afirma que, para que un joven se pueda independizar, necesita un sueldo mensual de 3.000 euros. Y no es la primera vez que se hacen públicas afirmaciones parecidas. Hace ya algunos años que el Consejo Español de la Juventud aireó la opinión de que un joven debía hipotecar una parte muy importante de su sueldo mensual para poder adquirir en propiedad un piso de 100 o 120 metros cuadrados.

SI UNO SE pone a hacer cuentas, cualquiera de las dos afirmaciones parece razonable. Si se aceptan como válidos los valores imperantes en nuestras sociedades, si se dan por buenos los criterios con los cuales parece que funcionamos todos, este tipo de afirmaciones son del todo correctas. No van contracorriente. Suponen la confirmación de lo establecido. Implican la consolidación de los valores reinantes en la sociedad española. Refuerzan el ideal pequeñoburgués de la mayoría de ciudadanos españoles.

Es probable que seamos unos pocos viejos los que todavía sigamos apegados a la idea de que los jóvenes tienden a ser rebeldes, deben oponerse a lo establecido y propugnar nuevos valores para que el futuro no sea la repetición del pasado. Pero ambas afirmaciones citadas contienen significados preocupantes. ¿Qué significa independizarse? Si para ello son necesarios 3.000 euros, ¿cuántas personas dependientes existen en España hoy? ¿Cuántos trabajadores, o asalariados, no llegan a un sueldo de esa cuantía? ¿Son todos ellos dependientes? ¿Cuántos españoles viven en pisos que no llegan a los 120 metros cuadrados, ni siquiera a los 100?

Me imagino que más de un adulto se sentirá ridiculizado por haberse independizado en su día con bastante menos de 3.000 euros, con bastante menos que lo correspondiente en su tiempo a lo que puedan suponer hoy 3.000 euros. Hicieron el ridí- culo: tenían que haber seguido viviendo con sus padres hasta llegar a ganar sueldos de esa cuantía. Aunque, de nuevo bien mirado, quizá ni hoy hayan llegado a ese nivel, y, desde luego, es más que probable que sus padres tampoco lo hubieran alcanzado en su tiempo.

No se trata de idealizar la situación actual. No se trata de minimizar los problemas que viven los jóvenes en España. El mileurismo, la precariedad laboral, la situación de la enseñanza, las dificultades de acceder a una vivienda –por la rigidez de las normas que dictan la media de metros de una promoción, por falta de un verdadero mercado de alquiler, por los precios–, la necesidad de aportar al contrato generacional que asegura las pensiones actuales y, al mismo tiempo, tener que empezar a capitalizar las propias… son muchos los problemas que afectan a los jóvenes hoy en España.

Pero para hacer frente a esos problemas lo que se requiere es una mínima capacidad de crítica del modo de funcionamiento de las sociedades actuales. Lo que las afirmaciones citadas indican, sin embargo, es que lo que se pretende es estar bien integrados en el sistema, participar lo máximo posible del sistema, y cuanto antes. Si lo que pretenden los jóvenes es ser beneficiarios del sistema actual desde el inicio de su andadura profesional, a alguien habrá que pasar la factura de los costes que este sistema, como todo sistema, también tiene.

SI LOS JÓVENES pretenden haber llegado antes de empezar, si los jóvenes entronizan con sus exigencias los valores y criterios que hacen de esta sociedad lo que es, lo que están planteando es que quieren ser mayores desde jóvenes, lo que están afirmando es que no hay diferencias entre ser joven o ser adulto, o ser mayor, o ser viejo, con perdón. Si los jóvenes españoles solo se van a independizar cuando ganen 3.000 euros, si los jóvenes españoles creen que independizarse no empieza por tener ideas algo distintas, por articular ideas críticas, por elaborar estilos de vida alternativos, por alguna capacidad de sacrificio, entonces han llegado a ser mayores antes de haber sido jóvenes de verdad.

Es cierto que el peso demográfico de las sociedades europeas va pasando de la infancia y la juventud a las edades maduras. Es cierto que la población europea va envejeciendo y que la pirámide de edad ha cambiado radicalmente. Pero la pregunta seria no es solo esa. La pregunta seria es si las sociedades europeas no están envejeciendo mentalmente, pese a la autoconciencia de progresía e izquierdismo que enarbolan frente a los neoconservadores americanos. Ya lo tiene escrito Alain Touraine: Europa es una sociedad de jubilados.

miércoles, agosto 13, 2008

Verano y menores seguros en Internet

Por Araceli Medrano, Doctora en Psicología y profesora en la UNED (EL CORREO DIGITAL, 13/08/08):

Parece mentira pero es verdad, pese al calor y a las bondades que ofrece la madre Naturaleza en verano, algunos niños y adolescentes están deseando volver de la playa para conectarse a Internet, y sumergirse en su particular mundo virtual para chatear con amigos, o descargarse su vídeo o canción preferidos. Ante este panorama, los padres se cuestionan si los contenidos a los que accede su hijo en la red son los apropiados, o se inquietan por el tipo de personas con las que chatea el menor, o por la publicidad pornográfica que puede aparecer en las webs de intercambio de archivos P2P para descargarse música, o para hablar a través de Internet.

Para resolver estas cuestiones es conveniente, como en otros ámbitos de la vida, enseñar a los niños a discernir las posibilidades constructivas de esta herramienta de los riesgos de los que necesariamente deben protegerse.

En primer lugar, algunos adultos instalan filtros de seguridad que impiden que los menores accedan a webs con contenidos inadecuados, o bien incorporan un antivirus con una aplicación de control parental virtual que imposilita la entrada a determinadas páginas (sexo, violencia, anorexia…), y ofrece la posibilidad real de supervisar la actividad realizada.

En segundo lugar, los padres acompañan con una buena dosis de afecto a los menores en este proceso de aprendizaje para posibilitar que aprendan a navegar en condiciones seguras, y se interesan por compartir con ellos el motivo de la elección de sus páginas favoritas, o la inquietud que les ronda para chatear compulsivamente con amigos con los que acaban de compartir juego y diversión.

Pero, a veces, por motivos que no vienen al caso, los menores navegan solos por la red sin seguridad, o sin la supervisión de un adulto, y dan sus datos personales en determinadas páginas, o después de chatear con un supuesto igual que les ha parecido encantador, y se encuentran inmersos en situaciones problemáticas que no pueden resolver por sí mismos.

Según datos facilitados por la asociación Protégeles.com, el 30% de los menores ha dado su número de teléfono en alguna ocasión, y el 44% se ha sentido acosado-a sexualmente. Por ejemplo, los pederastas contactan con niños en chats de páginas infantiles o en juegos on-line y comienzan a hablar con ellos como si fueran otro menor, hasta que algún niño-a se engancha con su conversación y empiezan a utilizar sus tácticas de manipulación. Tras ganarse la confianza del menor se intercambian con él alguna fotografía hasta que el pederasta (simulando siempre que es un menor) logra entablar una relación más íntima, y consigue imágenes comprometedoras a través de la webcam. Posteriormente, chantajea al menor con la excusa de que, si no mantiene relaciones con él, el vídeo será colgado en Internet para que lo vean sus familiares y amigos.

Para evitar este tipo de riesgos, es necesario transmitir a los menores una serie de normas claras para navegar por la Red. La Asociación Española de Padres y Madres Internautas (AEMPI) ha publicado en su página web alguna de estas reglas: «No des nunca información personal sobre ti, tu colegio, o tu casa. No envíes fotografías sin el permiso de tus padres. Conoce a tus amigos de Internet, de la misma manera que conoces a los otros». En el aspecto práctico, lo mejor es «limitar las horas de acceso, supervisar los programas que se instalan y olvidar la webcam hasta que sean mayores».

Quizás, la mejor prevención para que los menores naveguen con seguridad por la red sea la sólida relación de confianza y comunicación que se haya establecido entre padres e hijos, y que ha otorgado al adulto la justa autoridad para transmitir desde el afecto unas normas que el menor ha interiorizado constructivamente. Aunque es predecible que el adolescente va a intentar transgredir alguna de estas normas cuando adquiera un pensamiento abstracto y crítico, también es verdad que el vínculo de confianza y aceptación incondicional que se ha ido tejiendo día a día, delicadamente, es una de las redes más seguras para utilizar a pesar de las inclemencias del tiempo.

El periodo estival es un buen momento para el adulto, por su mayor disponibilidad emocional, para reconstruir ese espacio de comunicación que nos permite crear las condiciones de escucha adecuadas, para que un menor pueda plantear sin temor la inquietud que le crea una conversación en un chat con un extraño, o el archivo adjunto que ha recibido en su cuenta de correo, invitándole a entrar en páginas web que incitan a la anorexia (prometiendo recetas rápidas para adelgazar), o bien sugieren actos autodestructivos o violentos.

Lo que si está claro es que el afecto y el interés que el adulto muestra por establecer límites claros y normas significativas para que el menor navegue con seguridad por la red ejercerá un efecto positivo en la adquisición progresiva de una actitud reflexiva y de un criterio crítico y autónomo.

Una generación comprometida

Por Josep Oriol Pujol, Director general de la Fundació Pere Tarrés (EL PERIÓDICO, 12/08/08):

En una sobremesa de antiguos compañeros de una escuela de negocios se debatía la dificultad de encontrar personal cualificado y responsable. Todos se quedaron sorprendidos cuando el directivo de una empresa de comunicación afirmó, taxativo: “A igual formación y experiencia para cualquier puesto, yo elegiría siempre a quien fue camarero”. La razón: “Son personas que saben qué es trabajar, que aguantan todo tipo de excentricidades…”. Desconozco si los otros comensales, a partir de ese día, se fijan en la experiencia como camarero cuando alguien presenta un currículo en sus organizaciones. Lo que sí es cierto es que la categoría humana de las personas es fundamental para el éxito de cualquier empresa, sea mercantil, la pareja o unas vacaciones en grupo. Y creo no equivocarme mucho si aseguro que la categoría humana de las personas se forma en la infancia y la adolescencia.

EN UNA ÉPOCA en la que a mucha gente se le llena la boca criticando una juventud vacía de valores y alejada del compromiso y la implicación social, quizá el Día Internacional de la Juventud, que se celebra hoy, es un buen momento para reivindicar el papel de otra juventud que ejerce cada día una labor social y educativa tan esencial como invisible socialmente. La Fundació Pere Tarrés federa unos 180 centros de esplai que acogen a 15.000 niños, adolescentes y jóvenes gracias a la labor educativa y voluntaria de 4.000 monitores catalanes. Este es solo un ejemplo de los cerca de 14.000 monitores voluntarios que colaboran en entidades de ocio catalanas. Un ejemplo del compromiso de muchos chicos y chicas que, como opción de vida, apuestan por dedicar su tiempo libre acompañando a niños y jóvenes en su proceso de crecimiento. Estos jóvenes catalanes de entre 18 y 25 años deciden pasar la tarde del sábado, los fines de semana y sus vacaciones de verano no en discotecas, ni ante una pantalla de ordenador ni en centros comerciales, sino en actividades de esplai. Si aceptamos que los fundamentos de la categoría humana de las personas se construyen en la juventud, entonces sus inquietudes sociales, su interés educativo, su actitud comprometida y responsable son sin duda buenos pilares para el futuro. Según un estudio del Consejo de la Juventud de España, ejercer de monitor aporta competencias esenciales para el desarrollo profesional y personal como la capacidad de iniciativa, la creatividad, el trabajo en equipo o la resolución de conflictos. Es decir, una auténtica escuela de ciudadanía.

Y no solo para el futuro personal y profesional, sino también para el futuro de nuestra sociedad. No podemos olvidar que estos jóvenes son transmisores de valores, educan niños y les dan apoyo emocional. Además, asumen una importante función de integración de niños y jóvenes inmigrantes por estar situados en barrios con una fuerte presencia de familias recién llegadas. También realizan una valiosa función educativa con niños con dificultades especiales, afectados por el fracaso escolar, el absentismo, carencias afectivas y sociales, delincuencia o marginación. Y se convierten en modelos de referencia para los niños, adultos de mañana. La educación en el ocio es uno de los pocos ambientes positivos, de transformación social, en los que el menor aprende a actuar gratuitamente, a reflexionar de verdad, a compartir, a respetar… Seamos conscientes de que la proximidad que el niño o joven vive respecto de sus monitores no la vive con sus adultos. El niño y el adolescente, en su afirmación personal, suele tomar como modelo a sus iguales (compañeros de la misma edad o un poco mayores, como los monitores). De hecho, lo más habitual es intentar contraponerse a los hábitos de los adultos más cercanos. Por lo tanto, estos jóvenes que hacen de monitores voluntarios en su tiempo libre se convierten en un modelo de comportamientos, lenguajes, valores para las siguientes generaciones.

¿Y CUÁL ES este modelo? Un modelo de jóvenes que se detienen a reflexionar cómo ocupar parte de su tiempo de ocio de forma positiva, preguntándose qué pueden hacer, desde una contribución no remunerada, por los niños, el medio ambiente, el patrimonio cultural o un grupo de abuelos. Y que han descubierto que esto no es incompatible con el descanso ni la diversión. Analicemos las opciones: un campo de trabajo, hacer de voluntarios en cualquier proyecto, de monitores en un casal de verano, colonia o campamento, unirse a una organización de cooperación y colaborar con ellos en países en vías de desarrollo, trabajar en cualquier cosa para tener el orgullo de pagarse los propios gastos…

¡Y qué distinto será el balance de quien sabe que se ha enriquecido, que ha contribuido a un proyecto, que palpa los resultados que su aportación ha tenido para él y los demás! Qué positivo puede ser ese verano que siempre recordaremos por una travesía de montaña, por unos niños que nos miraban, por una ruta natural en la que se subsistía con lo mínimo… A buen seguro que pueden darse oportunidades excepcionales para nuestro crecimiento personal y quién sabe si por esto, aparentemente irrelevante, un día nos contratan en una empresa de comunicación.

viernes, julio 11, 2008

Why I’ve never been afraid to make my own choices

By Noel Clark, a writer, actor and director (THE GUARDIAN, 03/07/08):

The other day, I came across a comment on the internet from a stranger who had seen a recent TV interview I’d done, questioning my authenticity. “How can he be like me?” he’d written. “How can he know what it’s like to grow up on a council estate when he said he had attended a university?” My first thought was, what an idiot. I grew up on an estate in west London, and I made it to uni on a grant - back when they had grants. My second thought was that his response was a problem, not just for me but for society in general.

The fact that I had managed to get out of the situation I was in and better myself angered this person. They were actually insulted. It was as though, by attending university, I had lost my credibility. So are you a sellout if you study instead of hanging out with your friends and causing trouble? Of course not, but for some young people this is the message they get. And why is this happening? Two simple words: peer pressure.

At the moment, it is almost as if we are holding our breath for the next teenage stabbing, so that the scaremongering can begin again. The horrific nature of these deaths naturally focuses our attention on the victims, which is important as their young lives are ending far too quickly and carelessly. The problem is that it also focuses us on a small minority of bad kids while dismissing the thousands of decent, school-attending, ambitious teenagers in this country.

Young people, especially the ones who grow up in working-class areas, feel that they are not spoken to but spoken at. I know that when I was a teenager, I felt totally unrepresented - and that’s made worse if you can’t afford the things that you think everyone else has got. But if you do speak to them, and give them a positive choice, they take it.

When my first film, Kidulthood, came out two years ago, it got a lot of media attention because of the pretty graphic depiction of sex, drugs and violence among a group of teenagers who lived on the estates around where I grew up. But I wanted it to have a moral message too, about choice and responsibility. At the end of Kidulthood, one of the main characters, Trife, dies after he’s attacked with a baseball bat. I wanted to make it clear that, unlike the cartoon violence we so often see in Hollywood blockbusters, in reality when you’re hit in the stomach with a bat, you don’t get up.

My sequel, Adulthood, released last month, picks up the story six years later, and has a similar message: that there are consequences to every action. It follows Trife’s killer, Sam, on his release from prison and explores how he handles the pressure to get involved once again in drugs and violence when he returns to his old neighbourhood.

So how do we combat this peer pressure? How do we stop our children going down the wrong path? I don’t have an answer for everyone, but I can tell you how I did it. My mother, who brought me up on her own, instilled in me early and strictly the importance of being an individual. And at every point in my life when I was presented with things that could have taken me down the wrong path, I decided not to because I’ve never been scared to make my own choices.

But right now society doesn’t teach young people this. What we are teaching them is to buy the same trainers and wear the same labels. We’re teaching them that they can get the money for a house by going on some reality show.You ask a lot of young people what they want to be when they are older, and their only answer is “famous”.

We give media attention to supermodels who take drugs or attack their staff. We give it to pop stars who get off jail more times than is funny, and to singers who are killing themselves before our very eyes. And we give it to the reality-show public who end up “famous” and make their money by either (for men) causing trouble and shagging around or (for women) appearing everywhere in their underwear.

Giving press to these people does two things. It makes young people think they are not punishable for crimes: “If so-and-so can get away it, why can’t I?” And it makes those kids who can’t afford the trainers and the watches feel inadequate, and as if owning those items is the only way they can ever be accepted.

I’m all for rehab and second chances, but what about concentrating on people who never mess up in the first place? Positive role models are not highlighted enough. I’m not talking about me - but for the record, because I’m with my wife and mother of my child I am thus deemed boring and not pressworthy.

If young people don’t feel they have to act like their peers to fit in then they won’t do it. If they understand that you can get somewhere through hard work, or by standing your ground and being an individual, then they will do that instead.

I remember when Kidulthood came out, I was warned that the people it was aimed at would be too busy spending their money on booze to buy a cinema ticket. But that wasn’t what happened then, and it hasn’t happened this time either. Predictably, some of the young people who’ve seen Adulthood have told me that they didn’t like the ending, because it finishes on a hopeful note. (I didn’t want to make a mindless film that just perpetuated the cycle of violence.)

But they watched the ending, and that’s what’s important. At the same time, they also saw that a boy from a council estate can go on to make movies, and that leaves them with no excuse.

lunes, junio 16, 2008

La situación de la juventud en NorteameriKKKa

Una ola represiva anti-juvenil despues de el último tiroteo en los colegios

Desde el tiroteo en el colegio Columbine en Littleton en el cual Dylan Klebold y Eric Harris mataron 13 personas y luego se suicidaron, cientos de estudiantes han reportado unas suspenciones indeuidas, expulciones o arrestos para la ACLU. Como recurso de America para explicar este tiroteo, los estudiantes estan enfrentando el incremento policial; con camaras de vigilancia en todos los lugares, exigiendo maletines transparentes a los estudiantes, prohibiendo prendas como chaquetas largas dentro de las escuelas y un mayor control anti-juvenil.Como el llamado cerco anti-terrorista que siguió despues de la bomba puesta en la cuidad de Oklahoma, las escuelas en Littleton apestan a una ley de orden y retorica.

Los dialogos de America bajo la pretención de explorar los problemas sociales son solo herramientas para construir la opinión publica para la continuación del fervor anti-crimen de Amerika. Como se oprimio a la cuidadania que estan desproporcionadamente sirviendo de blanco para la policia y las cortes americanas, la juventud oprimida por la nación enfrentará el incremento de ira de america. Al final de los años 1980s el indice de encarcelación para la juventud Latina fue mas del doble del indice total de la juventud en las prisiones, la encarcelación de la juventud negra cuadruplico el indice en total.

En la más reciente cuenta de brutalidad del Departamento de Policia en Nueva York (NYPD) contra la juventud oprimida por la nación, tres oficiales del NYPD persiguieron y dispararon al desarmado joven de 16 años llamado Dane Johnson. A respuesta de el porque de los disparos, el agente comisionado de la NYPD Howard Safir dijo "Ustedes deben preguntarse el porque el estaba corriendole a un agente de policia y que se encontraban haciendo a tan altas horas de la noche 12:30 en la calle."(1) Este es un aviso para cualquiera que piense que "Amerika es un pais libre," si usted se encuentra pasada la medianoche en la calle, los cerdos de la NYPD piensan que usted es un blanco legitimo.Safir ha también argumentado que las desproporcionadas paradas y chequeos no son por motivo de "racismo sino porque ellos representaron la demogarfia de conocer los sospechosos de crimenes violentos."(2)

Este perfil de defensa racial ignora que el factor que oprime los nacionales han arrestado menos blancos por las mismas ofensas o aun menores convirtiendosen estos en convictos más una vez arrestados y sentenciados más duramente una vez declarados culpables. El perfil racial es apoyado por injusticias en las cortes y en los sistemas de prisión, no por un número exacto o por la severidad del crimen cometido.El incremento del control social contra la juventud deberá servir como una bomba de tiempo para la juventud blanca. Mientras la juventud comparte sus tesoros robados a la nación, sino por que ellos no se han movido dentro de su profecionalismo en la economia imperialista, ellos pueden estar listos para mirar a traves del velo del privilegio de posibilidades de una menos violenta sociedad. Los padres estan empujandolos contra el medio ambiente de destrución a travez del incremento de la militarización.

La expanción y aumento de las prisiones de america vienen a expensas de la falta de educación. En un futuro el aumento de los controles anti-juveniles, MIM espera un crecimiento de jovenes rebeldes. Nosotros animamos la juventud a que aprenda análisis cientificos del mundo. No consentiremos el almacenamiento de armas o hacer planes para dar a la pelicula angustia de Heathers a la vida. Pero entendemos que la juventud esta mirando alrededor y viendo que amerika esta profundamente mal.El secretario de educación de amerika dijo "Esta alineación de jovenes donde ellos se vuelvan 'solitarios' esta dificultando esta compleja sociedad donde vivimos. No hay razón para que ningún niño se cienta solo o alineado."(3)

Más siendo feliz en este pais es un imposible como se requiere parar el sufrimiento de las personas en el mundo. La juventud debe de estudiar historia y entender el materialismo y organización por la revolución en contra del imperialismo.El papel de la MIM es para dirijir la juventud a que entienda y articule su disgusto por la sociedad. la estrategia de la MIM hacia la revolución involucra la construción de la opinion publica contra la oppresión y construir institutos independientes que reunan los requisitos necesarios para la necesidad de los oprimidos; hay contribuciones importantes que la juventud puede aportar a este esfuerto.

Sobre dramatización y engaño

Los investigadores dijeron que Klebold y Harris planearon matar por lo menos a 500 estudiantes y maestros, atacar barrios aledaños y despues secuestrar un avión y estrellarlo contra la ciudad de Nueva York. Después de un més de alteración un censo del CNN afirmó que el 74% de los amerikanos creyeron que algo similar a lo de Columbine podría ser posible en sus comunidades.(4)

De acuerdo a los centros de control y prevención de las enfermedades, la primera causa de muerte para la juventud en amerika es marcada como accidental (42%). El homocidio es la segunda causa de muerte para la juventud y niños amerikana (14%). Pero que el 1% de homicidios contra la juventud "ocurre dentro o en los alrrededores de las escuelas."(5)

La más peligrosa amenaza para la juventud es la opresión imperialista la cual se esta esparciendo alrrededor del mundo. Como segundo, varios cientos de jovenes y niños son muertos por sus madres solas cada año. Asumimos la clasificación de "muerte accidental" incluyendo homicidios escondidos por los padres y otros aldutos que los cuidan. Disminuyendo los prespectos de holocausto nuclear por creencias imperialistas y sus ejercitos, instituyendo cuidado infantil socializado y de otra manera debilitando el patriarca de la familia que ira por un largo camino haciendo que la juventud este a salvo. El imperialismo se esta llendo en la dirección contraria. El senado de Louisiana paso medidas que requieren que los niños de la escuela elementaria respondan a los adultos usando "si señora y si señor."(6)

Nueva histeria aumenta la represión

En Wisconsin, Georgia, Texas, Michigan, Nevada, Washington D.C. y a travez de todo el pais la juventud fue requisada, varias escuelas cerraron temporalmente despues de rumores de una copia de planes y supuesta lista de blancos. 23 escuelas en Port Huron, Michigan estuvieron cerradas por tres semanas despues de la bomba en Littleton por que sospechan la copia del mismo plan. Cuatro jovenes fueron arrestados con cargos de conspiración para cometer asesinatos, dos de 14 años de edad les hicieron cargos como adultos.(7)

Cinco de octavo grado en Texas fueron arrestados despues de que otros estudiantes dijeron que ellos habian oido una discusion de planes por los jovenes para hacer algo similar a lo de Littleton. Docenas de similares historias han sido reportadas a travez de U.$.El 24 de Mayo, un joven de 13 años de Newark fue arrestado por cargos de asalto con agravantes, de hacer amenazas terroristas y por poseción de armas, despuse de apuntar con un arma de juguete a otro estudiante. Los estudiantes de la escuela fueron agrupados y puestos en la cafeteria por tres horas mientras la escuela fue registrada despues del incidente.(2)

En Canton, Georgia un joven de 15 años fue recientemente declarado culpable de matar a un adolecente en Noviembre de 1998. Los abogados argumentaron que el joven no obtuvo un juicio justo porque este caso siguio en los talones de el tiroteo en Littleton. Los abogados argumentaros que esto afecto el veredicto de una sentencia a vida.(5) Este caso enseña que la reacción exajeradae irracional de los adultos solo lastiman la juventud. Una sentencia de vida dada a un joven de 15 años concede que amerika cree que la violencia es una caracteristica inherente y que su sistema de prisión no hace nada para rehabilitar. Los adultos quienes no pueden desarrollar un sistema que le permita a un joven de 15 años la esperanza de una vida fuera de la prisión no tienen nigún proposito en intentar regular el comportamiento de los niños.

¿A quien culpar? Los americanos, los politicos y otros recientemente participaron en una "cumbre de la violencia juvenil." Los autores estaban tratando de alcanzar una definición terapeutica de la violencia como un problema de salud publica..." Los adultos poniendole buena cara a la patriarquia acordaron en varias medias que criminaliza aun más a la juventud y a los nacionales incuynedo medidas de incrementar el control estatal: aumentando la edad a 21 años para aquellos que quieran obtener armas de fuego; requieriendo chequeos criminalistas a los compradores de armas en las presentaciones de las mismas; prohibiendo a jovenes convictos de felonias violentas de obtener un arma; y expandiendo los programas derastreo de armas por el gobierno.(8)

En parte de esta ola de expanción de represión a los adultos en Cicero, Illionois esta intentando legalmente de evictar los miembros de lasagangas de sus ciudades. Miembros del Poderoso Nación Latino Reino y Reina (ALKQN), Ciudad de Pecado, y Los Angeles Latinos son algunos de los grupos bajo la severa atención de Cicero.(9) Qunque no sabemos mucho de las otras gangas, el ALKQN es un grupo envuelto en una seria organización politica que amenaza el sistema imperialista. Las leyes contra las gangas estan ciendo usadas para detener esta organización politica.Como si estas leyes contra las gangas estuvieran solo apuntando a los grupos cometiendo actos violentos por motivo de ganar poder y riqueza, MIM no le daria apoyo a la mas grande ganga de los U.$. -la policia, apoyando por la mas grande ganga del mundo el ejercito imperialista de los E.E.U.U.- a obtener más poder.En adición, ademas de perseguir a cualquiera en las calles que parezca amenazante, muchas ciudades estan también acosando a los fabricantes de armas. En abril 26, 1999 la ciudad de Detroit introdujo una demanda legal en contra de 30 companias fabricantes de armas por la destrución e infligimiento de la ciudad."(9)

Demandas similares estan tomando lugar en Atlanta, Cleveland, Chicago, Miami, New Orleans, Bridgeport y un jurado federal encontró nueve fabricants de armas responsables por tiroteos en Nueva York en febrero.(9) A finales de Mayo, varias ciudades alrededor de Los Angeles y San Francisco estan citadas para introducir demandas en contra de los fabricantes de armas al mismo tiempo.Con relación a los ataques sobre los fabricantes de armas, la propuesta para el control de armas de Clinton incluye una medida para hacerle cargos a los padres de una felonia si "sus hijos cometen crimenes con armas."(9)

El abogado liberario Geoffrey Fieger esta representando los padres Isaiah Shoels, muerto en Colombine, en una demanda legal en contra de los padres de los asesinos. Fieger relclama que quizas pasará a demandar el sistema de escuelas publicas de el condado Jefferson por negligencia, porque ellos ignoraron una racista amenaza de muerte de la llamada mafia de las chaquetas largas.(8) La busqueda montada para encontrar las causas ocultas de violencia suenan vacias dentro del contexto del la descarada violencia de amerika a travez del mundo y en contra de los oprimidos dentro de los E.E.U.U. En similares reuniones esculpatorias, psycologos infantiles y expertos en desarrollo infantil dijeron que los primeros tres años de la vida de un niño son los más importantes para asegurarsen de que no se sentirán más adelante alienados en la vida.(10)

Mientras más temprano los factores ambientarios influyan en los humanos este acercamiento presume que la humanidad no puede cambiar y volversen productivos a travez del aprendizase de ciencia y comprendiendo historia. No es sorpresa que amerika esta incrementando sus sentencias de vida en prision para la juventud a personas tan jovenes como de 14 años de edad.En el censo hecho por Washington Post y ABC News señalo que el 40% de lost estudiantes que censaron que "conocen estudiantes con problemas suficientes para ser o como para ser asesinos potenciales."(11)

En un pais que es responsable por la muerte de por lo menos 6.000 niños mensualmente en iraq solamente esto podría significa que este 40% conocen personas de su misma edad que creceran y obtendrán trabajos dentro del ejercito o en la U.N.Amerika esta involucrada en una violenta guerra contra los Yugoslavos y mantiene metodos menos violentos directos de destrución en otros sitios. La violencia dentro de la frontera de los EE.UU no es mas que pollos regresando a casa a procrearsen como Malcom X dijo de la violenta sociedad imperialista. La violencia de la sociedad imperialista amerikana continuará creciendo a medida que el imperialismo cresca. Amerika crea odio para justificar su influencia economica, militar y politica. El dialecto de amerika es herido por su creadero de vez en cuando. Simlarmente mientras amerika reparta más represión, la resistencia se desarrollará.

martes, febrero 19, 2008

Los estragos de la edad

Por Félix de Azúa, escritor (EL PERIÓDICO, 04/01/08):

Eran otros tiempos, o sea, los mismos de ahora. Ante la creciente obsesión de André Gide por ser celebrado entre los jóvenes, dijo André Malraux que había que ser un insensato para buscar la aprobación de los menores. El encanallado escritor tenía como orgullo ser elogiado solo por gente adulta en cuestiones como la literatura o la política que exigen juicios certeros.

Desde entonces, la angustia por la aprobación de los jóvenes ha crecido exponencialmente. Casi la totalidad de la publicidad y de la política buscan cómplices en ese estrato social, por otra parte menguante. Bien es cierto que cuando Malraux manifestaba su displicencia hacia los inmaduros, el borde de la edad de la razón estaba en los 20 años. Hoy roza ya los 40. Nuestros jóvenes han envejecido mucho.

LA PROGRESIVA importancia del adjetivo joven en la vida diaria es seguramente una hipocresía: lo cierto es que son la zona peor tratada, e incluso peor que en tiempos de Malraux. Encerrados en un campo de concentración electrónico, solo pueden ejercer como compradores compulsivos de aparatos, mientras se les mantiene en una semiesclavitud laboral. Ninguna subvención o beneficencia administrativa podrá resolver el problema mayor: la prohibición de acceder a la responsabilidad.

En el trabajo, en la vida social, en la formación educativa, en las formas mayores de la libertad, los jóvenes son subalternos. Basta repasar los suplementos juveniles de los grandes periódicos nacionales para constatar que se les condena a la estupidez, aunque, eso sí, a cambio de una excelente oferta sexual.

El proceso de este trueque (”tú te quedas con el monopolio del sexo y a cambio vives como un esclavo”) es relativamente reciente, debe de tener unos 40 años. Antes de la célebre mutación llamada abusivamente Mayo del 68, el estrato juvenil accedía muy pronto a trabajos de cierta responsabilidad, a parcelas propias de emancipación y a la famosa respetabilidad que era la garantía de unos ingresos estables. A cambio, el sexo casi siempre estaba condicionado a la integración social por medio del matrimonio. Este es el asunto que trata Ian McEwan, uno de los mejores narradores vivos, en su última novela, On Chesil Beach, que supongo traducirá muy pronto su siempre atento editor español, Jorge Herralde.

La novela desconcertará a la gente que no tiene la menor idea de cómo era la vida de los jóvenes hace medio siglo. E inevitablemente producirá una avalancha de exhibicionismo del tipo: “Pues a mí nunca me pasó nada semejante”. Porque el asunto del relato es el fracaso sexual de una pareja de jóvenes ingleses en el primer día de su matrimonio. Ambos pertenecen a la clase media, alta la muchacha, baja el chico, y no han tenido acceso a la más mínima información seria sobre las relaciones sexuales. Él solo conoce bromas chocarreras de vestuario de gimnasio y algo de pornografía. Ella, ni siquiera esa primitiva iniciación.

El encuentro entre dos personas que se aman y se necesitan, pero son incapaces de ordenar los pasos ineludibles para un apareamiento sin dolor o humillación, está tratado con sencillez, mucha ternura y sobre todo mediante una exacta medición de los tiempos, los espacios dedicados a la colisión y los antecedentes, el cuidadoso rechazo de toda morbosidad. Es un relato tan pudoroso que podrían leerlo los niños de secundaria y les aprovecharía mucho más que esos cursillos en los que la exactitud anatómica sustituye a la comprensión profunda de la sexualidad.

EL NOVELISTA inglés expone con sutileza que el motivo principal del fracaso no es la inexperiencia o el encontronazo entre una mujer asustada y un hombre inexperto, ni siquiera el posible conflicto físico entre un eyaculador precoz y una chica de sensualidad nula, sino la imposibilidad de explicarse entre sí, la ausencia de un espacio lingüístico en el que puedan darse a conocer el uno al otro, porque ni siquiera ellos mismos saben lo que les está sucediendo o cómo compartirlo con el otro para que le excuse y acoja. Ese terrible principio según el cual uno es siempre culpable (terrible porque es verdadero) cae sobre ellos como un hachazo.

Cuando no se puede compartir un fiasco, suele convertirse en objeto arrojadizo, como hemos comprobado a lo largo de esta tediosa legislatura. También los jóvenes, como nuestros políticos, impotentes ante su afasia, no tienen otro escape que acusarse mutuamente de una incompetencia sexual que en realidad es trivial. La novela concluye con una coda desesperada. Ambas vidas quedarán para siempre marcadas por esa primera y decisiva decepción.

EL CASO QUE expone McEwan debe de ser ya relativamente infrecuente. Quiero creer que los jóvenes actuales llegan con cierta información básica a su primera cópula y están habituados a hablar de estos asuntos sin darles demasiada importancia. Es una formidable descarga de agobio para esa iniciación siempre agónica, aunque ya tenga carácter público y se muestre tenazmente en las docenas de pantallas que constituyen la actual escuela juvenil.

Dudo, sin embargo, de que haya mejorado la capacidad de hablar con la pareja cuando estalla el fracaso. Me temo que las acusaciones mutuas y la culpabilización siguen siendo la única salida. Porque la culpa es eterna, aunque no haya falta.