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domingo, septiembre 09, 2012

Demócratas al ataque

Por Jorge Dezcallar es embajador de España. Su último destino ha sido Washington (El País, 05/09/2012).
Apenas una semana después de la convención republicana en Tampa, Florida, el partido Demócrata abre la suya en Charlotte, Carolina del Norte. Los dos partidos han elegido Estados oscilantes para tratar de inclinarles en su favor. Tanto Florida como Carolina del Norte votaron demócrata con el vendaval Obama de 2008 pero ambos habían votado en 2004 al candidato republicano.
En Tampa los republicanos, empujados por el radicalismo del Tea Party y disparando con pólvora del rey, han hecho gala de acendrado conservadurismo y no han ahorrado críticas a sus rivales que se enfrentan ahora a la tarea de defender la gestión de los cuatro últimos años en medio de una difícil situación económica y sin contar con el entusiasmo que originó en 2008 la aparición del primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos. Nunca olvidaré el espectáculo que ofrecía el Mall de Washington el gélido día de su investidura. Durante este tiempo Obama se ha enfrentado a la mala herencia recibida de Bush con dos guerras abiertas y una crisis económica brutal, la peor desde 1929, que ha hecho quebrar bancos, ha estallado la burbuja inmobiliaria, ha dejado sin trabajo a tres millones de norteamericanos y ha forzado a masivas intervenciones de la Reserva Federal con el resultado del aumento del déficit hasta límites intolerables. Pero como dijo Jeb Bush en Tampa, Obama no puede culpar eternamente a su predecesor por lo mal que van las cosas cuatro años más tarde.
Todo ello en medio de una polarización política cada vez más acusada que ha bloqueado el Congreso impidiendo acuerdos sobre la emigración, para aumentar el techo de gasto, o para cerrar la prisión de Guantánamo como Obama había prometido con la lógica decepción de muchos jóvenes, independientes e hispanos que le dieron su apoyo en 2008. Estos últimos —que ya son el 16,5% de la población— votarán demócrata en una proporción de 2 a 1 aunque todavía no se han dado cuenta de la enorme influencia política que les pueden dar las urnas. Ayer un senador amigo me decía desde Tampa que los republicanos daban por perdido el voto hispano porque “Romney no lo había trabajado bastante”. Por su parte, el 94% de los afroamericanos (13,5% de la población) declaran que votarán monolíticamente a Obama. Nunca ha sucedido algo parecido. Los judíos, no numerosos pero influyentes, también votarán demócrata en un 70% a pesar de los rifirrafes de estos años entre Obama y Netanyahu, que no oculta sus simpatías por Romney. Finalmente, las mujeres, que son el 50% de la población muestran crecientes signos de irritación con algunas posiciones republicanas sobre temas como el aborto y la libertad de decidir, mientras que el voto gay es tradicionalmente demócrata.
Está por ver cómo influirá en esta elección el novedoso fenómeno de las llamadas Superpacs (Political Action Committees) que entran en juego por vez primera gracias a una decisión del Tribunal Supremo que, al amparo de la Primera Enmienda, permite a las grandes corporaciones dar dinero sin límites a la campaña de los candidatos así como hacer “gastos independientes”, es decir, no coordinados con ellos, No sería de extrañar que los grandes intereses de Wall Street, el mundo del petróleo, la industria farmacéutica, el sector del carbón o el de los seguros médicos decidieran entrar en la carrera presidencial con medios económicos ilimitados y cabe aventurar a quién apoyarán. Algunos Estados como Montana ya se han quejado de la intromisión de ingentes sumas de dinero durante las primarias que alteraban el juego político local.
Hasta ahora, los demócratas han conseguido centrar el debate en el terreno que les interesa, sobre cuestiones morales como el aborto o sociales como el hecho de que los ricos paguen muy pocos impuestos. El propio Romney, que ingresó 20 millones de dólares al año de rentas en 2011 confiesa haber pagado solo un 13% de impuestos y si las propuestas que ha hecho Paul Ryan en Tampa salen adelante podría acabar pagando menos del 1%. Es claro que ese es el debate que quiere Obama en lugar de debatir la situación económica donde puede mostrar menos éxitos y que es precisamente donde insistirá Romney a partir de ahora. De hecho, ningún presidente de EE UU ha sido elegido con más de un 7% de desempleo y ahora está en un 8,3%.
El gran problema de Obama es que la victoria no se la dará ni la política exterior ni la de seguridad, donde puede exhibir éxitos como la muerte de Bin Laden, sino que se decidirá por la economía y eso explica su creciente nerviosismo con la tardanza de los europeos en resolver sus problemas. Obama no lo tiene fácil pues más del 60% de los americanos piensan que el país va en dirección equivocada, pero si Europa empeora lo tendrá imposible y él necesita ganar para consolidar la reforma sanitaria(Affordable Care Act) que es su gran obra, porque si no gana en noviembre los republicanos la desmantelarán —como acaba de prometer Romney en Tampa— y desaparecerá el gran legado de su presidencia. Solo por eso no se puede arriesgar a ser un presidente de un solo mandato. Y es que la América profunda es muy profunda y por eso tanto Obama como Woody Allen son más populares a este lado del Atlántico.
Sea como fuere, los americanos se enfrentan a una elección fascinante con dos filosofías radicalmente diferentes en relación al papel del gobierno y a cómo arreglar la economía.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

sábado, septiembre 01, 2012

La apuesta por la lucha ideológica

Por Josep Ramoneda (El País, 27/08/2012).
Mitt Romney ha entendido que las elecciones se ganan en el terreno ideológico. Y que la cultura digital empuja en esta dirección.
Con la elección de Paul Ryan como compañero de candidatura, el candidato republicano Mitt Romney ha optado por la lucha ideológica. De este modo, se suma a los que piensan que movilizar a los electores en torno a unas ideas, aunque sean simples y toscas, es una baza decisiva para la batalla electoral. Y se distancia del mito de que las elecciones se ganan con la moderación y con el desplazamiento hacia este vaporoso espacio llamado centro.
El Tea Party, ante el conformismo del poder establecido republicano, se ha convertido en la bandera de referencia del partido, la única capaz de generar consignas, contagio y entusiasmo, y Mitt Romney ha decidido acercarse a este grupo en busca de una campaña desacomplejada, montada sobre la forma clásica de la lucha entre el amigo y el enemigo, nosotros (salvadores de Estados Unidos y de sus valores individualistas) contra los otros (traidores que entregan el país al colectivismo). Paul Ryan representa más que nadie este espíritu de batalla. Y de él se espera que movilice a las bases a un combate sin tregua por todo el país.
Algunos sectores del propio partido republicano han expresado su inquietud por una decisión que radicaliza la figura de Mitt Romney y la aleja del electorado moderado. Ante el protagonismo de la derecha radical, electores defraudados por Obama, podrían resistirse a cruzar la frontera electoral. Algunos comentaristas han llegado incluso a decir que, con la apuesta por Ryan, los republicanos habían perdido ya las elecciones. Sin embargo, un ideólogo como William Kristol, referente del llamado neoconservadurismo, ha ridiculizado los miedos del aparato republicano. Su argumento es que cada vez que los dirigentes del partido han caído en el pánico o en la aprehensión por la osadía de los proyectos de sus líderes —como con Reagan en los 80, con Gingrich en 1994, o con el Tea Party en 2010— a la derecha le ha ido de maravilla. Y cuando los hombres fuertes del partido se han sentido confiados y complacidos con las estrategias en curso —como con Bush padre a finales de 1991 y con Bush hijo a principios de 2005— los republicanos han ido al desastre.
En realidad, lo que está diciendo Kristol —y Mitt Romney ha hecho efectivo— es que la lucha ideológica es fundamental para ganar batallas políticas. Que el fin de las ideologías es un camelo. Que la posición ideológica sigue siendo el primer criterio de voto de los ciudadanos. Y que para ganar las elecciones lo primero que hay que conseguir es el pleno de los electores propios, y eso solo es posible cohesionándolos en torno a unas ideas y contra un adversario identificado como enemigo. Si consigues agrupar al electorado tradicional puede que el centro te caiga por añadidura, sin asegurar la plena movilización de los tuyos no hay centro que valga, por muy moderado que sea el discurso.
Efectivamente, creo que Romney y Kristol tienen razón. El candidato ha hecho la única opción que le puede dar la victoria: la confrontación frontal entre dos ideas de Estados Unidos. Es probable que pierda, pero esta es la única vía que le puede dar alguna opción para ganar. Sobre todo teniendo en cuenta que la situación de Estados Unidos no es la misma que la de Europa, porque la dimensión de la crisis es distinta. En Europa, la gestión de la austeridad carboniza al que gobierna, sin distinción de siglas. Obama está desgastado pero no quemado, ha perdido carisma porque el cambio que propuso ha quedado en casi nada, pero todavía tiene margen político.
En las democracias avanzadas se ha instalado el tópico de que las diferencias ideológicas son menores, que las elecciones se ganan por desgaste, que los proyectos políticos poco importan y que finalmente lo que pesa es la gestión. Es un discurso con trampa, que ha sido extremadamente útil para la consolidación de la hegemonía conservadora. La derecha desacredita lo público, proclama la inviabilidad del Estado del bienestar, promueve la desregulación masiva y recupera los viejos acentos morales de raíz religioso; al mismo tiempo, dice que las ideologías han muerto, es decir, que no hay alternativa, como modo desahuciar a una izquierda sin proyecto ni palabra. La derecha sabe que es la ideología la que gana las elecciones.
Solo algunos ejemplos. La derecha volvió al poder en España cuando Aznar comprendió que solo gobernaría si ganaba la batalla ideológica. Y de hecho pese al tremendo desgaste del PSOE, no ganó en 1993 y ganó por los pelos 1996. Solo en 2000 hizo el salto a la mayoría absoluta, porque fue en su primera legislatura cuando dio definitivamente el vuelco y la derecha se hizo ideológicamente mayoritaria en España.
Nicolas Sarkozy llegó a la presidencia francesa gracias una campaña que él mismo ha explicado como de confrontación ideológica en que trató de dinamitar las bases del pensamiento de la izquierda e incluso de la cultura republicana y construir una nueva Francia aunque, una vez en el poder, pronto quedó prisionero de la Francia eterna, a la que él mismo había servido sin rechistar durante muchos años.
Obama entendió el problema. Y su victoria se fundó en una ofensiva ideológica sin precedentes, en forma de reconciliación de la nación americana frente a la fractura propiciada por el complejo militar, financiero y religioso pentecostalista que dio soporte a Bush hijo. Después, quedó también atrapado en las redes del poder, pero la ideología le dio la victoria y ahora le lastra con la carga de la frustración.
Este reconocimiento de la importancia de la ideología, sintoniza con la cultura digital. En el universo digital la base del éxito está en las llamadas comunidades, en conseguir atraer en torno a cualquier proyecto (cultural, político, social) a un número muy importante de personas, capaz de hacer masa crítica y expandirse, que se sientan plenamente implicados. Todo en Internet tiene tendencia a lo efímero, las comunidades también. Por eso consolidar una comunidad requiere elementos identitarios que la diferencien y que al mismo tiempo den conciencia de pertenencia a sus miembros. Esta necesidad de crear identidad para agrupar y activar a muchísimas personas tiene indudablemente un efecto de afirmación y radicalización de las ideas. Y más en un contexto en el que abunda el mensaje breve, simple y escasamente matizado. Lo vemos en la prensa que cada vez se está inclinando más hacia el modelo amigo-enemigo.
Hay condiciones para un retorno a la confrontación ideológica. La derecha lo ha tenido claro siempre. La última batalla ideológica de la izquierda europea fue la famosa tercera vía de Tony Blair pero resultó que no conducía al futuro sino a la derecha. Quien tiene la hegemonía ideológica tiene garantizada la hegemonía política.
Curiosa paradoja de la red universal: salta fronteras, da nuevos poderes a la autonomía del individuo, favorece la dispersión y la provisionalidad, pero, a la vez, nos abruma con la hipermemoria y la recuperación (a través de la gran nube o biblioteca infinita) y reconstruye los espacios comunitarios dotados de fuertes referentes simbólicos. La red favorece la confrontación ideológica. Pero para que el debate sea verdaderamente democrático, un ejercicio de transparencia, persuasión y respeto, se requieren ideas y proyectos, no solo garrotazos populistas. De momento, el protagonismo lo tiene la ruidosa restauración conservadora —de la que el Tea Party es emblema, pero que en España el PP ha hecho suya sin complejos, con Gallardón y Wert como autores intelectuales—, con su alianza con lo religioso y con el valor siempre seguro del nacionalismo. A la izquierda toca desperezarse, perder complejos y entrar en una batalla política que, como Romney ha entendido, cada vez requiere más armamento ideológico.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

sábado, agosto 18, 2012

Vicepresidente con madera de presidente

Por Rafael Navarro-Valls, catedrático, académico y autor de Entre la Casa Blanca y el Vaticano (El Mundo 12/08/2012)
Ni Condolleezza Rice (secretaria de Estado con Bush), ni Rob Portman (senador por Ohio), ni Susana Martínez (gobernadora de Nuevo México) ni siquiera Marco Rubio (senador por Florida). El elegido ha sido Paul Ryan, primer congresista nominado como vicepresidente desde Geraldine Ferraro en 1984. Unhalcón fiscal que no pierde la sonrisa cuando ataca duramente a Obama y le impone un presupuesto en la Cámara de Representantes que el afroamericano tiene que derribar en el Senado. Un implacable defensor de las reducciones masivas de impuestos y de cortes draconianos en los gastos públicos. Pero alguien también con una alternativa radical y razonada a la política económica de Obama en estos cuatro años. Incluso el Washington Post lo ha calificado de «político serio y probado», que combina el rigor con esa emotividad que solo una estrella puede despertar.
Se entiende la inquietud en las filas del presidente afroamericano. Solo una hora después del anuncio oficial del nombramiento, Jim Messina, director de la campaña de Obama, lanzó al ciberespacio un mensaje con un duro ataque al presidente de la Comisión de Presupuestos de la Cámara de Representantes, es decir, a Paul Ryan, calificándolo de máximo exponente del «darwinismo social». Para entender el alboroto de los medios -incluso con los Juegos Olímpicos en marcha- tal vez convenga hacer algunas observaciones sobre lo que debe, o no, ser el número dos en un ticket electoral.
Muy poco después de ser nombrado candidato a la Presidencia, decía John Kennedy: «Tengo 43 años. No moriré estando en funciones, así que la vicepresidencia significa muy poco». Es lo que le espetó a uno de sus colaboradores, enemigo acérrimo de Lyndon Johnson, al que el joven presidente acababa de nominar para la vicepresidencia. Kennedy se equivocaba, si se tienen en cuenta los balazos que tres años más tarde (1963) acabaron con su vida en Dallas.
El que en este caso hubiera acertado sería John Adams, el primer vicepresidente de la historia de Estados Unidos. Solía decir: «Soy vicepresidente, y en tanto que tal no soy nada, pero puedo llegar a serlo todo». Tenía razón, si se repara en que el apartado 1 del artículo II de la Constitución dice: «En caso de cese del cargo de presidente o de su muerte, renuncia o incapacidad para cumplir con las atribuciones y obligaciones de su cargo, éste debe recaer en el vicepresidente». Probablemente la razón por la que un presidente, instintivamente, tienda a tener lejos de sí al vicepresidente es la inquietud que produce tener cerca a una persona (hombre o mujer) cuya máxima aspiración en la vida sólo es posible si el otro muere.
La cualificación del vicepresidente para ocupar eventualmente la Presidencia era algo muy presente entre los Padres Fundadores. De acuerdo con la Carta Magna, cada uno de los miembros del Colegio Electoral tenía derecho a dos papeletas. La persona que obtuviese el número mayor de votos sería el presidente. Quien recibiese el número de votos inmediatamente inferior ocuparía el cargo de vicepresidente. Posteriormente, cambió el sistema. Pero siempre ha quedado en el trasfondo de la contienda electoral la idea de que el vicepresidente, antes que nada, ha de ser alguien competente para ocupar potencialmente la Presidencia.
Sin embargo, sus funciones constitucionales eran (y siguen siendo) tan reducidas que la figura del número dos ha sido siempre objeto de comentarios sarcásticos, incluidos los de los propios vicepresidentes. Por ejemplo, el vicepresidente Coolidge sostenía que tenía solamente dos cosas que hacer: escuchar a los senadores como presidente nato del Senado y estar atento a las alternativas de la salud del presidente. Nelson Rockefeller -vicepresidente con Gerald Ford- observó con sarcasmo que sus atribuciones se reducían a representar a Estados Unidos en los terremotos y los funerales. Thomas Marshall, vicepresidente de Wilson, solía contar esta historia: «Había una vez dos hermanos. Uno de ellos partió por mar en un largo viaje. El otro fue elegido vicepresidente. Jamás se volvió a hablar ni del uno ni del otro».
Cuando Romney se decidió por Ryan para incluirlo en su ticket electoral, una de las principales razones para hacerlo ha debido de ser su potencial competencia para el cargo de presidente. Salvo que hayan jugado en sus cálculos exclusivamente otros factores, en cuyo caso Romney sería mal presidente de Estados Unidos. John McCain buscó en Sarah Palin primordialmente el efecto mediático, prescindiendo de su cualificación como potencial presidenta. Todavía lamenta su error. No parece que sea este el caso del congresista Ryan.
No quiero decir que la elección del vicepresidente no busque en el elegido algunas cualidades, digamos de corto recorrido. Entre ellas: 1. Que no eclipse la figura del presidente; 2. Que aporte, si es posible, votos al ticket electoral, sufragios que de otro modo no lograría el candidato presidencial; 3. Que esté dispuesto a hacer el trabajo sucio, siendo el attack dog (el perro de ataque), el mordaz crítico del candidato adversario. Pero si se olvida la capacidad para ser un potencial presidente, la elección está mal hecha.
En realidad, centrándonos en los últimos vicepresidentes del siglo XX y primeros años del XXI, la vieja aspiración de que elnúmero dos ha de aportar abundantes votos a la Presidencia solamente ha funcionado en el caso de Lyndon Johnson. Desde luego -como se demostró en cuanto ocupó la Casa Blanca tras la muerte de Kennedy- tenía madera de presidente, pero, además, Kennedy buscaba en él su capacidad para aportar al bando demócrata los votos de los delegados de Texas. Lo logró.
SIN EMBARGO, ni Bush padre (vicepresidente con Reagan), Dan Quayle (vicepresidente con el propio Bush), Al Gore (que lo fue con Clinton), Dick Cheney (con Bush hijo) o Joe Biden (con Obama), aportaron significativamente votos a las candidaturas de sus números uno. Se limitaron a ser leales, cumplir dignamente sus funciones y estar a la expectativa. De hecho, la expectativa se hizo realidad (aunque por breve tiempo) en el caso del vicepresidente Bush, al que Reagan transfirió «las obligaciones constitucionales y los poderes del cargo de presidente de Estados Unidos», durante el tiempo en que el anciano presidente permaneciera bajo los efectos de la anestesia por una operación durante su Presidencia.
¿Tiene Ryan madera de presidente? Siendo conservador de pura cepa, probablemente quien lo conozca más de cerca sea Bill Bennet, analista con larga trayectoria en la política conservadora norteamericana. Según Bennet: «Es justamente lo que el Partido Republicano necesita. Si tuviéramos que diseñar a un candidato republicano, esto es lo que buscaríamos precisamente: la juventud, el optimismo, la claridad de ideas». Si a esto se añade que ha ganado sucesivamente desde 1999 su puesto de congresista por Wisconsin, que conoce Washington como la palma de la mano y que es un hombre clave en la Cámara de Representantes por su puesto de presidente del comité de Presupuestos, se entiende que el propio Romney, al presentarlo como su compañero de ticket electoral, tuviera un lapsus al decir: «Les presento al futuro presidente de Estados Unidos de América».
Para escoger a su compañero de travesía, Romney ha seguido un sistema «metódico, estructurado y discreto» (Financial Times). Los cálculos oscilaban entre dos opciones: la carta de la seguridad (Pawlenty, Portman) o la de la audacia (Marco Rubio, Susana Martínez). Romney ha optado por un híbrido, mezcla de brillante juventud (42 años) y de ponderación política. Repárese que, si Obama mantiene a Biden, los dos aspirantes a la vicepresidencia en las elecciones de noviembre serán católicos (Ryan también lo es). Es la primera vez que esto sucede.
El anuncio del candidato a la vicepresidencia se hace en un momento difícil para Romney. Tres encuestas le dan siete puntos menos que Obama, su periplo por Oriente Próximo y Europa no ha sido especialmente afortunado, y las mujeres y la minoría afroamericana e hispana siguen firmes con Obama. Solamente hay una posibilidad: la carta económica. En esto Ryan puede ser muy útil. Esperemos a la sorpresa de octubre, esa incógnita que siempre planea sobre las elecciones presidenciales.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

lunes, agosto 13, 2012

Los americanos eligen presidente

Por Javier Rupérez, embajador de España (ABC, 06/08/2012)
SI hubiera que resumir el estado de ánimo del votante americano en los momentos actuales y cara a las elecciones presidenciales que tendrán lugar en noviembre de este año, habría que recurrir a una simple certeza psicológica: estas de 2012 serán muy distintas a las de 2008. Lo serán fundamentalmente en su incertidumbre. Hace cuatro años el candidato demócrata Barack Obama era elegido presidente en medio de un trance nacional de entusiasmo frente al candidato republicano, John Mc Cain, sobre el que los infortunios propios y ajenos se cebaron para robarle incluso la parte más significativa de su electorado. El Obama actual ya muestra en su epidermis las visibles cicatrices que inevitablemente dejan los años de gobierno y su lado más carismático ha quedado visiblemente reducido bajo el peso de los anhelos frustrados, las ilusiones perdidas y las promesas que el viento se llevó. Y el candidato del Partido Republicano, Mitt Romney, figura poco propicia a suscitar fidelidades inquebrantables o locuras colectivas, aparece sin embargo como hombre capaz y reflexivo, con experiencia pública y privada y, a la postre, como personaje del que nadie pone en duda su «presidencialidad». El terreno de juego tal como hoy aparece está más equilibrado de lo que estuvo en 2008, y aunque muestre una cierta tendencia favorable a una victoria del presidente Obama, no es en absoluto descabellado mantener que dadas las circunstancias todo es posible. Como muestra, el botón de lo que ocurrió ya en las elecciones parlamentarias de 2010, cuando un vendaval republicano arrebató la mayoría demócrata de la Cámara de Representantes en un sonoro gesto de reprobación de las políticas de Obama.
Son los signos que se perciben en la Casa Blanca y en la maquinaria electoral de Obama, los que mejor permiten evaluar el estado de ánimo demócrata, preocupado por los encuestas —la mayoría de las cuales reflejan empates técnicos o en el mejor de los casos mayorías de Obama dentro del margen estadístico de error—, la evidente capacidad de Romney para sobrepasar a Obama de manera significativa en la recaudación de fondos o la visible fuerza de movilización mostrada por las parroquias republicanas en sus diversas acepciones, desde los ideólogos del Tea Party hasta los centristas que llegaron a confiar su voto en la persona del primer presidente afro-americano de la historia del país y que se han conjurado para no volver a depositar su voto en el actual inquilino de la Casa Blanca. Por no hablar de los independientes no afiliados que en el 08 cayeron en la tentación obamita y que en grandes números, según parece, no volverán a hacerlo en el 12.
Son varias las razones para la desafección y basta para enumerar el alcance de algunas de ellas para comprender su posible y negativo alcance electoral. Quisieron muchos de sus votantes encontrar en Obama árnica para la permanente bronca política entre derechas e izquierdas, pero sus decisiones no han hecho más que exacerbar los encontronazos, bien en la controvertida decisión de la reforma del sistema de salud — inextremis salvado hace pocos días por el Tribunal Supremo en una sorprendente decisión—, bien en la orientación general de la política económica, que no ha logrado sacar al país del relativo marasmo, bien en su activa participación en las llamadas «guerras culturales», con su apoyo al matrimonio homosexual y en los enfrentamientos con todos los grupos religiosos con motivo de las prácticas del control de la natalidad. Entre los descontentos se encuentran no pocos que provienen del ala radical demócrata, que si bien aplauden la retirada de las tropas de Irak y de Afganistán, no comprenden la continuación de Guantánamo o la contundente política de atentados selectivos llevados con tanta determinación como éxito contra líderes terroristas en Pakistán, Afganistán y Yemen mediante aviones no tripulados —los ya famosos «drones»—.
Con todo, harían mal los republicanos en cantar anticipadamente victoria. Como todas las elecciones reñidas en Estados Unidos, estas se juegan en el reducido pañuelo de los votos electorales de un corto número de estados —los que no están permanentemente adquiridos por ningún partido o tendencia y pueden cambiar el sentido de su voto de una elección a otra— entre los que se deben añadir los de las minorías étnicas. Los blancos votaron mayoritariamente a Mc Cain en 2008 mientras afroamericanos, hispanos y asiáticos lo hacían por Obama en grandes números. ¿Ocurrirá lo propio este año? Son afroamericanos e hispanos hasta cierto punto clientelas cautivas del Partido Demócrata y Obama hace en la actualidad todo lo posible para reforzar su fidelidad. Las supuestas o reales mejoras en la cobertura sanitaria están siendo vendidas primordialmente hacia esos electorados y la recientemente anunciada amnistía para con ciertos grupos de inmigrantes ilegales es un guiño dirigido directamente hacia la población de origen hispano. Romney, que probablemente sea en sus convicciones personales más centrista de lo que la propaganda demócrata le hace aparecer, tiene un arduo camino que recorrer entre sus propios fieles si quiere arañar algún voto en esos grupos. Cuya significación en gran medida dependerá del grado de entusiasmo con que el Partido Demócrata consiga llevarles a las urnas, hasta ahora siempre menor que el que ha mostrado la población blanca en hacerlo. Si Obama lo consigue, apoyado además en el tradicional arrastre positivo que trae consigo la presidencia, ganará las elecciones. ¿O quizás Romney se lance al envite que los demócratas más temen y elija como candidato a la Vicepresidencia a un hispano, que pudiera ser el senador de origen cubano por Florida Marco Rubio, o a una mujer afroamericana, como la exsecretaria de Estado con Bush Condoleezza Rice?
Mitt Romney es mormón —lo cual no parece mover ningún agua arriba o abajo— pero es rico —cosa que siempre se nota mucho— y no siempre preciso en la enumeración de sus programas —cosa que acusan propios y extraños—. William Kristol, el comentarista conservador director de la no menos conservadora publicación Weekly Standard escribía hace poco: «Por supuesto la economía es importante. Pero los votantes quieren saber lo que Romney piensa hacer con respecto a la economía… ¿Cuál es su programa para el crecimiento económico? ¿Y para la reducción del déficit? ¿Y para la reforma de la sanidad? ¿Y para la reforma fiscal?». Por su parte Daniel Henninger, el conocido y respetado comentarista del Wall StreetJournal, recientemente contraponía el «acertado Romney» —celebrando el 4 de Julio en la playa con su familia, al estilo de como lo hacen millones de americanos de clase media en la señalada fecha— y el «equivocado Romney», montado en una espectacular moto de agua con su mujer en una imagen que ha dado la vuelta de los circuitos sociales ejemplificando la lejanía económica y social del candidato con respecto al americano medio. Por si fuera poco, su negativa a mostrar las declaraciones de la renta de años anteriores a 2010.
La campaña todavía no ha comenzado oficialmente. Romney espera todavía su confirmación como candidato en Tampa, Florida, a finales del mes de agosto, mientras que los demócratas tendrán su Convención en Charlotte, North Carolina, a principios de septiembre. Quedan para después los debates, los ataques, las propagandas negativas, las sorpresas, en un panorama en el que la mitad del país daría cualquier cosa para evitar que Obama siguiera en la Casa Blanca y la otra mitad, otro tanto para impedir que los republicanos consigan el acceso a la mansión presidencial. Ambas alternativas son hoy posibles. Verdad esta de perfiles amargos para el que hace todavía solo cuatro años fue llevado a la Casa Blanca en olor casi místico de multitud. Aunque allí siga por otros cuatro, ya nada será lo mismo. Disipada la magia y dilapidada la ilusión, quedará, eso si, como el primer presidente afro-americano en la historia del país. Sic transit gloria mundi.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona 

Control de armas: el problema es la falta de consenso bipartidista


Por Amy Goodman (Democracy now! en español, 10 de agosto de 2012)
Otro asesinato en masa, otro tiroteo en el que muchas personas son acribilladas con las balas de un arma adquirida legalmente. Esta vez fue en Oak Creek, Wisconsin, en un templo sij, mientras los fieles se congregaban para su culto semanal. El Presidente Barack Obama declaró el lunes: “Creo que todos reconocemos que este tipo de acontecimientos terribles y trágicos están sucediendo con tanta frecuencia que es preciso que nos detengamos a reflexionar”. Palabras vacías en medio de la masacre. A pesar de que cada día mueren 32 personas por armas de fuego en Estados Unidos, el equivalente a cinco masacres como la de Wisconsin, tanto demócratas como republicanos se niegan a abordar una nueva ley que regule la venta y la posesión de armas. El problema no es el estancamiento político del tema, sino la falta de consenso.
El Secretario de Prensa de la presidencia, Jay Carney, sostuvo: “El Presidente Obama seguirá ordenando a su gobierno que tome medidas basadas en el sentido común, que protejan los derechos consagrados en la Segunda Enmienda, a los ciudadanos que respetan la ley, pero a su vez que hagan cada vez más difícil que determinadas personas, que no deberían tener armas en virtud de las leyes actuales, las obtengan”. Vale la pena mencionar que al realizar esta declaración, Jay Carney, que estaba respondiendo acerca de la intransigencia del Presidente con respecto a fortalecer las leyes de control y regulación de armas, utilizó la expresión “sentido común” cinco veces e invocó la ’Segunda Enmienda” ocho veces. Carney realizó estas declaraciones en la sala de prensa James S. Brady de la Casa Blanca, que lleva este nombre en homenaje a uno de sus predecesores, a quien John Hinckley le disparó en la cabeza en el intento de asesinato del Presidente Ronald Reagan en 1981. Brady sobrevivió y cofundó, junto a su esposa, la Campaña Brady para Prevenir la Violencia con Armas. Luego de cada una de estas masacres, la Campaña Brady ha llamado a que se fortalezca el control de armas.
Este último asesinato en masa muy probablemente se haya tratado de un crimen de odio, perpetrado por Wade Michael Page, un veterano del ejército de Estados Unidos de raza blanca que tenía 40 años de edad, estaba vinculado a grupos de supremacía blanca y era miembro de grupos de rock skinheads. Page se crío en Littleton, Colorado, la ciudad donde, en 1999, Eric Harris y Dylan Klebold conspiraron y llevaron a cabo su plan de asesinato en masa en la secundaria de Columbine. Page sirvió en el Ejército de Estados Unidos de 1992 a 1998, reparó sistemas de misiles y más adelante se especializó en el área de “operaciones psicológicas”, aunque no está claro en calidad de qué, primero en Fort Bliss, Texas y luego en Fort Bragg, Carolina del Norte.
Page fue dado de baja del Ejército de Estados Unidos sin honores, lo que es peor que ser dado de baja con honores, pero no tan grave como la baja por conducta deshonrosa. Los informes sugieren que tenía problemas de alcoholismo y fue arrestado varias veces por conducir ebrio. Recientemente había perdido su empleo como camionero por el mismo motivo, lo que quizá haya acelerado la pérdida de su casa por ejecución hipotecaria. Es probable que Page fuera una persona perturbada, y lo cierto es que no era ningún desconocido. Luego de la masacre, la agente especial del FBI Teresa Carlson, de Milwaukee, le dijo a la prensa: “Es posible que haya referencias a él en varios expedientes y eso está siendo analizado en este momento. Sin embargo, no tenemos motivos para creer, al menos por lo que sé ningún órgano de las fuerzas policiales tenía motivos para creer, que estaba planeando o conspirando algo ni que era capaz de una violencia tan extrema”.
Wade Page era un miembro destacado de la escena musical neonazi. El Centro Legal del Sur contra la Pobreza, que releva grupos de odio de derecha, lo conocía, e incluso fue entrevistado por el profesor adjunto de criminología de la Universidad de Nebraska en Omaha, Pete Simi, entre 2001 y 2003. A pesar de sus arrestos, a pesar de su historial como miembro de grupos de odio, Page pudo ingresar a una armería y comprar libremente y de manera legal una pistola automática de 9mm, según cuenta el dueño de la tienda. El problema aquí es el hecho de que esto sea legal.
Como si ambos hechos estuvieran coordinados, dos días después de la masacre perpetrada por Page en Wisconsin, Jared Loughner compareció ante un tribunal y se declaró culpable de asesinato por haber llevado a cabo el tiroteo de 2011 en Tucson, Arizona, que dejó un saldo de seis personas muertas y muchas más heridas, entre ellas la ex congresista Gabrielle Giffords. A Loughner se le había diagnosticado esquizofrenia y pasará el resto de su vida en prisión. Patricia Maisch es una de las sobrevivientes del tiroteo. Cuando Loughner fue reducido aquel día de enero de 2011, Maisch tomó el cartucho de gran capacidad que Loughner estaba utilizando para recargar su arma. Maisch y otros dos sobrevivientes del tiroteo lanzaron una campaña junto con el grupo Alcaldes Contra las Armas Ilegales para exigirles al Presidente Obama y al gobernador Romney que diseñen un plan para abordar el problema de las armas en el país.
Al día siguiente de la masacre de Wisconsin hablé con Gurcharan Grewal, presidente de la Sociedad Religiosa Sij de Wisconsin.
Me dijo: “El problema, en definitiva, tiene que ver con el control de la venta de armas. No sé cuándo vamos a tomar esto en serio, no sé cuántas más vidas tendrán que perderse para que se tomen medidas”.
Ni Obama ni Romney consideran que una mayor regulación del comercio y la posesión de armas sea la respuesta. Será necesario un movimiento para hacerlo posible.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2012 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 350 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

El gobierno de Obama hace fracasar el Tratado de Comercio de Armas de la ONU


Por Amy Goodman (Democracy now! en español, 3 de agosto de 2012)
Adivine qué está más estrictamente regulado: ¿el comercio mundial de bananas o el de los buques de guerra? En junio, un grupo de activistas se congregó en Time Square, Nueva York, para denunciar una absurda realidad: “Las bananas están más estrictamente reguladas que las armas de bajo calibre. Hay más normas que regulan el comercio de bananas de un país a otro que las que regulan el comercio de una AK-47 o un helicóptero militar”. Así lo expresó Suzanne Nossel, de Amnistía Internacional Estados Unidos, durante la manifestación justo antes de que comenzara la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Tratado de Comercio de Armas (TCA), realizada del 2 al 27 de julio. Gracias a una declaración de último momento realizada por Estados Unidos de que “necesitaba más tiempo” para revisar el breve texto del tratado, de apenas 11 páginas, la conferencia culminó la semana pasada en fracaso.
No hay mucho que pueda considerarse polémico en el tratado. Los gobiernos signatarios acuerdan no exportar armas a países a los que se aplica un bloqueo de armas, ni exportar armas que facilitarían “la comisión de genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra” u otras violaciones al derecho humanitario internacional. La exportación de armas está prohibida si facilita la “violencia de género o la violencia contra los niños” o si las armas son utilizadas para “el crimen internacional organizado”. ¿Por qué Estados Unidos necesita más tiempo que los más de 90 países restantes que tuvieron suficiente tiempo para leer y aprobar el texto? La respuesta estriba en el poder del lobby de la industria armamentista y la aparente incapacidad del Presidente Barack Obama de hacer lo correcto, especialmente si no fue fríamente calculado desde el punto de vista político.
El gobierno de Obama hizo fracasar el tratado exactamente una semana después de la masacre en Aurora, Colorado. En Colorado Obama prometió “oraciones y reflexión”. Como afirmó el Alcalde de la Ciudad de Nueva York, Michael Bloomberg, al referirse a que tanto Obama como Mitt Romney estaban evitando hablar del control de armas: “Las palabras reconfortantes son muy lindas, pero quizá ya es hora de que las dos personas que aspiran a la presidencia de Estados Unidos nos digan qué es lo que van a hacer al respecto. Porque obviamente este es un problema que afecta a todo el país y cada día mueren muchas personas a causa de heridas de armas de fuego. Esto debe terminar, y en lugar de que los dos candidatos (el Presidente Obama y el Gobernador Romney) nos digan en términos abstractos que quieren hacer 'del mundo un lugar mejor', dígannos cómo lo harán. Este es un problema real. Más allá de cuál sea su posición respecto a la Segunda Enmienda, más allá de cuál sea su postura sobre las armas, tenemos derecho a que ambos nos digan concretamente, no solo en términos generales, qué van a hacer con respecto a las armas”.
La violencia con armas es un gran problema en Estados Unidos, que solo parece penetrar en la conciencia de la población cuando ocurre una masacre. Los defensores de la tenencia de armas atacan a quienes sugieren que se necesita mayor control de armas y los acusan de politizar la masacre. Sin embargo, algunos funcionarios electos están tomando medidas al respecto. El gobernador de Illinois, Pat Quinn, está impulsando una prohibición a las armas de asalto en su estado, similar a la que está en vigor en California, Connecticut, Massachusetts, Nueva Jersey y Nueva York.
El vicepresidente ejecutivo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), Wayne LaPierre, lanzó una amenaza ante la conferencia de la ONU: “Las armas de fuego para uso de civiles no deben formar parte de ningún tratado. No puede haber ningún tipo de concesión al respecto. Ni las Naciones Unidas ni ninguna otra influencia externa tiene la autoridad de interferir en las libertades consagradas en nuestra Declaración de Derechos, otorgada por nuestro creador a toda la humanidad. Por lo tanto, la NRA luchará con toda su fuerza para hacer fracasar cualquier tratado que incluya armas civiles dentro del ámbito de su aplicación”. La NRA organizó una campaña para enviar cartas de oposición al tratado, que fueron firmadas por 51 senadores y 130 miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Tras el fracaso de la conferencia, la NRA se atribuye haberle dado el tiro de gracia al tratado.
Por supuesto que no hay nada en el tratado que pudiera afectar las leyes nacionales de armas de Estados Unidos. Los derechos protegidos en la venerada Segunda Enmienda (“Siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas no será infringido.”) permanecerían intactos. El interés de la NRA no solo está puesto en los portadores de armas individuales, sino también en los fabricantes y exportadores de armas de Estados Unidos. Estados Unidos es el mayor fabricante, exportador e importador de armas del mundo. La regulación de este flujo mundial de armamento es lo que probablemente alarma más a la NRA, no la posibilidad de que la ONU elimine las armas que la gente posee legalmente en Estados Unidos.
Los manifestantes que protestaron frente a la sede de las Naciones Unidas durante la conferencia sobre el Tratado de comercio de armas recrearon un cementerio simbólico y en cada lápida pusieron la siguiente leyenda “2.000 personas mueren cada día a causa de la violencia con armas”. Es decir que muere una persona por minuto. En muchos lugares del mundo masacres similares a la de Aurora suceden con demasiada frecuencia. Unos días después de lo sucedido en Aurora, al menos nueve personas murieron en un ataque con avión estadounidense no tripulado en el noroeste de Pakistán. Funcionarios paquistaníes afirmaron que se sospechaba que las víctimas eran militantes, pero el gobierno de Obama considera a todo hombre adulto que es atacado por aviones no tripulados como militante, a menos que se demuestre lo contrario, póstumamente.
Luego de que la conferencia culminara sin éxito, Suzanne Nossel, de Amnistía Internacional, declaró: “Se trata de una cobardía sorprendente del gobierno de Obama, que a última hora cambió radicalmente de postura y saboteó el avance hacia un tratado de armas mundial, justo cuando estaba llegando a la recta final”. Las palabras de Nossel fueron aún más severas al criticar al propio Departamento de Estado, donde trabajó tiempo atrás bajo el mando de Hillary Clinton.
La ONU prometió reanudar la iniciativa de aprobar un tratado de comercio de armas, a pesar de la intransigencia del país al que Martin Luther King Jr. denominó “el principal proveedor de violencia del mundo”. Hasta entonces, las bananas estarán más fuertemente reguladas que los buques de guerra y las bazucas.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2012 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 350 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

sábado, julio 28, 2012

El patetismo del plutócrata

Por Paul Krugman (El País, 22/07/2012).

“Permítanme hablarles de las personas muy ricas. Ellas no son como ustedes y yo”. Eso escribió F. Scott Fitzgerald (y no se refería solo a que tuviesen más dinero). A lo que se refería más bien, al menos en parte, era a que muchos de los muy ricos esperan un grado de deferencia que el resto de nosotros nunca experimenta, y se sienten profundamente consternados cuando no reciben el tratamiento especial que consideran un derecho de nacimiento; su riqueza “los hace blandos ahí donde nosotros somos duros”.
Y como el dinero manda, esta blandura —podríamos llamarla el patetismo de los plutócratas— se ha convertido en un factor de primer orden en la vida política de Estados Unidos.

No es ningún secreto que, en este momento, muchos de los hombres más ricos de Estados Unidos —entre ellos algunos antiguos defensores de Obama— odian, simplemente odian, al presidente Obama. ¿Por qué? Bueno, según ellos, porque “demoniza” los negocios (o, como Mitt Romney decía a principios de esta semana, “ataca el éxito”). Escuchándolos, cabría pensar que el presidente es la reencarnación de Huey Long, predicando el odio de clase y la necesidad de desplumar a los ricos.

Huelga decir que esto es una locura. De hecho, Obama siempre se esfuerza muchísimo por reafirmar su apoyo a la libre empresa y su idea de que hacerse rico es perfectamente correcto. Lo único que ha hecho es indicar que, a veces, las empresas se comportan de manera incorrecta y que esta es una de las razones por las que necesitamos cosas como la regulación financiera. No importa: la mera insinuación de que a veces los ricos no son absolutamente dignos de elogio ha bastado para volver locos a los plutócratas. Wall Street en concreto lleva dos años o más lloriqueando: “¡Mamá! ¡Se está metiendo conmigo!”.

Esperen, hay algo más. No es solo que muchos superricos se sientan profundamente agraviados por la idea de que alguien de su clase pueda recibir críticas, sino que también insisten en que su percepción de que a Obama no le gustan está en la raíz de nuestros problemas económicos. Las empresas no invierten, aseguran, porque los dirigentes empresariales no se sienten valorados. Romney también ha repetido esta frase y ha sostenido que, debido a que el presidente ataca el éxito, “tenemos menos éxito”.

Esto también es una locura (y resulta inquietante que Romney parezca compartir esta visión ilusoria sobre lo que aqueja a nuestra economía). No hay ningún misterio en los motivos por los que la recuperación económica ha sido tan débil. La vivienda sigue deprimida en el periodo posterior a una enorme burbuja y la demanda de los consumidores se ve frenada por un nivel elevado de endeudamiento familiar que es consecuencia de esa burbuja. La inversión empresarial ha aguantado en realidad bastante bien dada esta debilidad de la demanda. ¿Por qué deberían invertir más las empresas cuando no tienen suficientes clientes para hacer un uso pleno de la capacidad que ya poseen?

Pero da igual. Debido a que los ricos no son como usted y yo, muchos de ellos son increíblemente egocéntricos. Ni siquiera se dan cuenta de lo divertido que es —lo ridículo que resulta— que atribuyan la debilidad de una economía de 15 billones de dólares a sus propios sentimientos heridos. Después de todo, ¿quién va a decírselo? Están cómodamente instalados en una burbuja de deferencia y adulación. A menos, claro está, que se presenten a un cargo público.

Como toda persona que sigue las noticias, he sentido temor ante el hecho de que las preguntas sobre la carrera de Romney en Bain Capital, la empresa de capital riesgo que fundó, y su negativa a publicar su declaración tributaria hayan cogido a la campaña de Romney con la guardia baja de un modo tan evidente. ¿No debería un hombre muy rico que aspira a ser presidente —y que se presenta usando específicamente el argumento de que su éxito empresarial lo cualifica para el cargo— haber esperado que la naturaleza de ese éxito llegase a ser un problema? ¿No debería haber sido evidente que el hecho de negarse a publicar sus declaraciones tributarias anteriores a 2010 haría surgir toda clase de sospechas?

Por cierto, aunque no sabemos lo que oculta Romney en sus declaraciones anteriores, el hecho de que siga dando evasivas a pesar de las peticiones de transparencia tanto de republicanos como de demócratas indica que podría ser algo tremendamente perjudicial.

En cualquier caso, lo que ahora está claro es que la campaña no estaba preparada en absoluto para las preguntas evidentes y ha reaccionado a la decisión de la campaña de Obama de hacer esas preguntas con una histeria que seguramente provenga de lo más alto. Sin duda, Romney creía que podía presentarse a las elecciones mientras permanecía seguro dentro de la burbuja plutocrática y está conmocionado y enfadado por haber descubierto que las normas que se aplican a otros también se aplican a personas como él. Nuevamente Fitzgerald, sobre las personas muy ricas: “Piensan, en su fuero interno, que son mejores que nosotros”.

Vale, vamos a calmarnos. La verdad es que muchas, y probablemente la mayoría, de las personas muy ricas no encajan en la descripción de Scott Fitzgerald. Hay gran cantidad de estadounidenses muy ricos que tienen sentido de la perspectiva, que se enorgullecen de sus logros sin creer que su éxito les da derecho a vivir siguiendo unas normas diferentes.

Pero Mitt Romney, según parece, no es una de esas personas. Y puede que ese descubrimiento sea un problema mayor que lo que quiera que se oculte en esas declaraciones tributarias que no va a publicar.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008. © New York Times Service 2012. Traducción de News Clips

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

lunes, junio 04, 2012

Wikileaks, crímenes de guerra y el principio Pinochet

Por Amy Goodman, (Democracy now!, 1 de junio de 2012)

Esta semana, los esfuerzos realizados por el fundador de Wikileaks, Julian Assange, para evitar su extradición a Suecia recibieron un duro revés. La Corte Suprema de Gran Bretaña ratificó la orden de detención que había sido dictada en su contra en diciembre de 2010. Tras anunciar una decisión dividida de 5 contra 2, los magistrados sorprendieron a muchos especialistas en cuestiones jurídicas al otorgar a Assange la posibilidad de apelar su fallo. Es la primera vez que la Corte Suprema de Gran Bretaña otorga la posibilidad de reconsiderar un fallo en más de diez años. El último precedente es el famoso juicio de extradición del ex-dictador chileno, Augusto Pinochet. El fallo contra Assange fue dictado a pocos días de que se cumplan dos años del arresto del soldado Bradley Manning en Irak, por haber presuntamente filtrado a Wikileaks miles de documentos confidenciales del gobierno estadounidense. Ambos casos nos sirven para recordar que, en la mayoría de los casos, mientras los denunciantes sufren, los criminales de guerra se salen con la suya.

Assange no ha sido formalmente acusado de cometer ningún delito, y, sin embargo, ha permanecido en arresto domiciliario desde que hace casi dos años Suecia emitiera una “Orden de Detención Europea”. Es importante resaltar que la orden de detención por cargos de violación, coerción ilegal y acoso sexual no fue emitida por un juez sino por un fiscal que busca interrogar a Assange en Suecia. Por su parte, Assange ofreció reunirse con las autoridades suecas en su embajada de Londres o en Scotland Yard, pero la propuesta fue rechazada.

Assange y sus simpatizantes sostienen que la orden de detención forma parte de un intento del gobierno estadounidense para encarcelarlo, o incluso ejecutarlo, y dar de baja su sitio de denuncias. En abril de 2010, Wikileaks difundió un video del ejército estadounidense con el nombre de “Asesinato colateral”, en el que se muestra cómo un helicóptero Apache mata a por lo menos 12 civiles iraquíes, entre los que se encontraban un camarógrafo de Reuters y su chofer.

En julio de 2010, Wikileaks difundió los llamados Diarios de la Guerra de Afganistán: miles y miles de comunicaciones secretas del ejército estadounidense que exponen el registro oficial de la violenta ocupación de Afganistán, la cantidad de víctimas civiles y hechos que podrían ser catalogados como crímenes de guerra. Pocas semanas después, las autoridades suecas emitieron la orden de detención.
Hay tantas personalidades públicas estadounidenses que han llamado a asesinar a Assange que se creó un sitio web para catalogar las amenazas. El ex gobernador del estado de Arkansas, candidato a la presidencia y comentador de Fox News, Mike Huckabee, afirmó: “Me parece que cualquier castigo inferior a la ejecución sería una pena muy ligera.” Asimismo, el prominente conservador Bill Kristol declaró: “¿Por qué no hacer uso de nuestros diversos recursos para hostigar, secuestrar o neutralizar a Julian Assange y a sus colaboradores, donde sea que estén?”

Las amenazas de muerte proferidas por ideólogos de la derecha son una cosa. Sin embargo, lo que más preocupa a Assange de su extradición a Suecia es que ello pueda derivar en una extradición a Estados Unidos. Wikileaks también difundió lo que denominó los “Archivos de inteligencia global”, un paquete de cinco millones de correos electrónicos de una empresa privada de inteligencia a nivel mundial llamada Stratfor, cuyas oficinas se encuentran en Austin, Texas. El 26 de enero de 2011, el vice-presidente de inteligencia de la empresa, Fred Burton, escribió en un correo electrónico: “No publicar. Tenemos un auto de procesamiento secreto contra Assange. Por favor, proteger.” Si se ha dictado una orden de procesamiento en secreto, es posible que Assange sea puesto en custodia de Estados Unidos poco después de aterrizar en Suecia. En ese caso, se podrían presentar cargos contra él por espionaje (el gobierno de Obama ha invocado la ley en más ocasiones que todos los demás gobiernos anteriores juntos), lo cual podría conducir a una cadena perpetua o a la pena de muerte.

En el Reino Unido siempre se evalúan cuidadosamente las solicitudes de extradición. Prueba de ello fue la celebre cruzada del juez Baltasar Garzón con miras a procesar al ex-dictador chileno, Augusto Pinochet, por los casos de tortura cometidos durante su gobierno, entre 1973 y 1990. En base a la orden de procesamiento de Garzón, Pinochet fue arrestado durante un viaje a Londres, en 1998. Después de 16 meses de audiencias, los tribunales británicos finalmente decidieron que Pinochet podría ser extraditado a España. Tras la resolución, el gobierno británico intervino y anuló la sentencia, permitiendo a Pinochet que volviera a Chile.

Garzón es famoso por defender casos relacionados a los derechos humanos en todo el mundo siguiendo el principio de jurisdicción universal, lo cual lo llevó a procesar a Osama bin Laden por los ataques del 11 de septiembre y a investigar las denuncias de abusos contra los prisioneros de la prisión estadounidense de la Bahía de Guantánamo. Cuando Garzón inició sus investigaciones sobre los abusos cometidos durante el gobierno fascista del General Francisco Franco, quien mantuvo el poder en España durante 40 años, la derecha española inició una ofensiva en contra del juez. A principios de 2012, Garzón fue inhabilitado, hecho que puso fin a su carrera en la magistratura.

Tanto el juez Garzón como Julian Assange se enfrentaron a poderes bien afianzados, ya sea que se trate del gobierno, del ejército o de las empresas. Bradley Manning está siendo acusado por las mismas razones. Sus vidas han cambiado, en diferentes grados, para siempre. Su libertad, sus carreras y sus reputaciones han sido amenazadas o destruidas. Esta semana, Hillary Clinton hará la primera visita oficial estadounidense a Suecia en años. ¿Por qué? ¿Qué papel está jugando el gobierno estadounidense en el caso Assange? Los acontecimientos de esta semana están relacionados de manera crucial con el derecho de la población a la información y dan cuenta clara de por qué los que denuncian las prácticas ilegítimas deben ser protegidos por la ley.


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2012 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Diego Guzmán. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 350 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

miércoles, enero 18, 2012

Los peligros de 2012

Por  Joseph E. Stiglitz, catedrático en la Universidad de Columbia, premio Nobel de Economía, y autor de Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy. Traducido al español por Leopoldo Gurman (Project Syndicate, 12/01/12):

El año 2011 será recordado como la época en que muchos estadounidenses que siempre habían sido optimistas comenzaron a renunciar a la esperanza. El presidente John F. Kennedy dijo una vez que la marea alta eleva todos los botes. Pero ahora, con la marea baja, los estadounidenses no solo comienzan a ver que quienes tienen mástiles más altos han sido elevados mucho más, sino que muchos de los botes más pequeños han sido destrozados por el agua.

En ese breve momento en que la marea creciente estaba, efectivamente, subiendo, millones de personas creyeron que tenían buenas probabilidades de cumplir su «sueño americano». Ahora también esos sueños están retirándose. En 2011, los ahorros de quienes habían perdido sus empleos en 2008 o 2009 ya se habían gastado. El seguro de desempleo se había terminado. Los titulares que anunciaban nuevas contrataciones –aún insuficientes para incorporar a quienes habitualmente se suman a la fuerza laboral– significaban poco para cincuentones con pocas ilusiones de volver a tener un empleo.

De hecho, las personas de mediana edad que pensaron que estarían desempleadas por unos pocos meses, se han dado cuenta a esta altura de que, en realidad, fueron jubiladas a la fuerza. Los jóvenes graduados universitarios con decenas de miles de dólares de deuda en créditos educativos no podían encontrar ningún empleo. La gente se mudó a las casas de sus amigos y los parientes se han convertido en sin techo. Las casas compradas durante la burbuja inmobiliaria aún están en el mercado, o han sido vendidas con pérdidas. Más de 7 millones de familias estadounidenses han perdido sus hogares.

El oscuro punto vulnerable de la burbuja financiera de las décadas anteriores también ha quedado completamente expuesto en Europa. Los titubeos por Grecia y la devoción de los gobiernos nacionales clave por la austeridad comenzaron a implicar una pesada carga el año pasado. Italia se contagió. El desempleo español, que se había mantenido cerca del 20% desde el comienzo de la recesión, trepó aún más. Lo impensable –el fin del euro– comenzó a verse como una posibilidad real.

Este año parece encaminado a ser aún peor. Es posible, por supuesto, que Estados Unidos solucione sus problemas políticos y adopte finalmente las medidas de estímulo que necesita para reducir el desempleo al seis o siete por ciento (el nivel previo a la crisis de cuatro o cinco por ciento es demasiado pedir). Pero esto es tan poco probable como que Europa se dé cuenta de que la austeridad por sí misma no resolverá sus problemas. Por el contrario, la austeridad solo exacerbará la desaceleración económica. Sin crecimiento, la crisis de la deuda –y la crisis del euro– solo empeorarán. Y la larga crisis que comenzó con el colapso de la burbuja inmobiliaria en 2007 y la recesión que la siguió, continuarán.

Además, es posible que los países con los mercados emergentes más importantes, que capearon exitosamente las tormentas de 2008 y 2009, no sobrelleven tan bien los problemas que se perciben en el horizonte. El crecimiento brasileño ya se ha detenido y eso genera ansiedad entre sus vecinos latinoamericanos.

Mientras tanto, los problemas de largo plazo –incluido el cambio climático y otras amenazas ambientales, y la creciente desigualdad en la mayoría de los países del mundo– continúan allí. Algunos incluso han empeorado. Por ejemplo, el alto desempleo ha deprimido los salarios y aumentado la pobreza.

La buena noticia es que solucionar estos problemas de largo plazo ayudaría a resolver los de corto plazo. Una mayor inversión para adaptar la economía al calentamiento global ayudaría estimular la actividad económica, el crecimiento y la creación de empleo. Impuestos más progresivos, que redistribuyan desde los ingresos altos hacia los medios y bajos, simultáneamente reducirían la desigualdad y aumentarían el empleo al impulsar la demanda total. Los impuestos más elevados a los ricos podrían generar ingresos para financiar la necesaria inversión pública, y proporcionar cierta protección social para quienes menos tienen, incluidos los desempleados.

Incluso sin ampliar el déficit fiscal, esos aumentos de «presupuesto equilibrado» en los impuestos y el gasto reducirían el desempleo y aumentarían el producto. Lo que preocupa, sin embargo, es que la política y la ideología en ambos lados del Atlántico, pero especialmente en EE. UU., no permitirá que nada de esto ocurra. La fijación en el déficit inducirá recortes en el gasto social, empeorando la desigualdad. De igual manera, la persistente atracción hacia la economía de oferta, a pesar de toda la evidencia su contra (especialmente en períodos de alto desempleo), evitará que se aumenten los impuestos a quienes más tienen.
Incluso antes de la crisis hubo un reordenamiento del poder económico –de hecho, una corrección de una anomalía con 200 años de historia, en la que la participación asiática del PBI global cayó desde cerca del 50% a, en cierto punto, menos del 10%. El compromiso pragmático con el crecimiento que se percibe actualmente en Asia y otros mercados emergentes destaca frente a las equivocadas políticas occidentales, que, impulsadas por una combinación de ideología e intereses creados, parecen casi reflejar un compromiso para evitar el crecimiento.

Como resultado, la reestructuración económica global probablemente se acelere. Y casi inevitablemente dará lugar a tensiones políticas. Con todos los problemas que enfrenta la economía global, seremos afortunados si estas presiones no comienzan a manifestarse dentro de los próximos doce meses.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona   

lunes, enero 02, 2012

El ocaso democrático

Por Juan Gabriel Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella, Argentina (EL PAÍS, 02/01/12):

Una de las tantas paradojas actuales es que mientras en la periferia muchas sociedades y Gobiernos intentan ampliar los derechos ciudadanos, en varios países centrales se pretende desvertebrar el Estado de derecho. En América Latina y, en tiempos recientes, en Oriente Próximo y el norte de África con la llamada primavera árabe, se observan impulsos y logros importantes en el reclamo y la extensión de derechos y garantías de diverso tipo. Inversamente, en países clave de Occidente, y desde el 11 de septiembre de 2001, en Estados Unidos se denota un esfuerzo desde el Ejecutivo y el Legislativo (y con pocas limitaciones por parte del Poder Judicial) de recortar y suprimir derechos alcanzados con enorme esfuerzo colectivo. Con el presunto objetivo de proteger la seguridad nacional en Estados Unidos se ha gestado una compleja estructura jurídica, burocrática e institucional cívico-militar que ha configurado de hecho una condición de inseguridad permanente; meta que al parecer ha logrado alcanzar el terrorismo transnacional a una década de los atentados en Nueva York, Washington y Filadelfia.

En ese contexto, la poslegalidad tiende a imponerse: se trata de una situación en la que el derecho interno e internacional se manipula, se desconoce o se quiebra a expensas de un bifronte Estado gendarme que opera con escasa rendición de cuentas hacia adentro y con excesivo despliegue militar hacia afuera. Lo poslegal no es patrimonio exclusivo de Estados Unidos -recientemente la secretaria del Interior de Reino Unido, Theresa May, sugirió la necesidad de deshacerse de la Ley de Derechos Humanos de 1998-, pero tiene su manifestación más elocuente e inquietante en aquel país.

La poslegalidad se exacerba en Estados Unidos en medio de una fenomenal crisis económica y ante una ciudadanía que, ante la incertidumbre y de modo confuso, se expresa contradictoriamente frente al delicado balance entre seguridad y libertad. Por ejemplo, en junio de 2010 una encuesta a cargo de Rasmussen Reports indicaba que el 28% de los estadounidenses consideraba que era una mala idea el control civil de los militares y apenas el 44% consideraba bueno dicho control. Pero, a su vez, en una encuesta de Gallup efectuada en septiembre de 2011 un 49% de los entrevistados consideraba que el Gobierno federal era “una amenaza inmediata a los derechos y libertades individuales”.

La poslegalidad, por vía de presuntos términos legales, rápidamente asimilados por los medios de comunicación y los principales líderes políticos nacionales, naturaliza un nuevo lenguaje que facilita el desprecio por los derechos. Así, en vez de referirse a la tortura se habla de “técnicas acrecentadas de interrogación”; el secuestro extraterritorial de personas, realizado de manera clandestina por funcionarios, se denomina “entrega extraordinaria”; las ejecuciones extrajudiciales se justifican en el marco de las “hostilidades” contra “militantes”; y a las guerras punitivas contra países que no han atacado a Estados Unidos se las llama “acción militar cinética”.

La poslegalidad tiene símbolos: Guantánamo y Abu Ghraib. Tiene puntos clave de construcción conceptual: las oficinas del Legal Advisor del Departamento de Estado, del General Counsel del Departamento de Defensa y del Special Counsel de la Casa Blanca. Tiene un mapa de referencia para su racionalización y justificación: la “guerra contra el terrorismo”. Y tiene continuidad política bipartidista: desde George W. Bush a Barack Obama.

Ahora bien, tres asuntos han puesto en evidencia el desbordamiento de la poslegalidad de Estados Unidos. Primero, el incesante uso de vehículos aéreos no tripulados (unmanned aerial vehicles), los denominados drones, en Asia (Irak, Afganistán y Pakistán) y África (Libia, Somalia y Yemen). El recurrente uso de aquel medio de combate -al que hay que sumar un fracasado intento reciente en Irán- ha llevado a debatir en torno a la “guerra de los drones”; un modo de enfrentamiento a distancia, sin grandes contingentes en condición de combate frontal, presuntamente de alta precisión y más económico que el despliegue de tropas. El recurso a los drones ha implicado, entre otras, cierta facilidad para lanzar ataques en los que las bajas propias son casi inexistentes, bastante indiferencia de una opinión pública que apenas si conoce el tema y que, en general, no padece costo alguno inmediato después de su utilización, y un ascendente papel militar de los órganos de inteligencia dado que es la CIA la encargada del sistema de lanzamiento. Si bien en 2009 el Informe del Relator Especial de la ONU para Ejecuciones Extrajudiciales, Philip Alston, sugería que los drones podrían violar el derecho internacional humanitario, nada parece haber conducido a replantear su uso por parte de Washington.

Segundo, en septiembre pasado el Gobierno de Barack Obama fue un paso más adelante en esta materia. En un “panel secreto”, y con aval presidencial, autorizó dar de baja a dos estadounidenses, Anwar al Awlaqi y Samir Khan, mediante misiles lanzados desde un vehículo aéreo no tripulado. En los dos casos no hubo una acusación formal, no se pretendió su arresto ni se buscó poner en marcha el debido proceso. Ni la Constitución ni las enmiendas 5, 6 y 14 fueron tenidas en cuenta para llevar a cabo este targeted killing.

Y tercero, más recientemente, en la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2012 y con una votación de 93 a 7, el Senado aprobó que cualquier estadounidense sospechoso de terrorismo puede ser detenido indefinidamente por autoridades militares (al tiempo que aumenta las restricciones para no trasladar los prisioneros de Guantánamo a territorio continental estadounidense). Para algunos observadores esta legislación es un serio revés al Estado de derecho. Organizaciones de derechos civiles y voces liberales demandan y se consuelan con un eventual veto del presidente Obama.

Los tres ejemplos mencionados apuntan a subrayar que en Estados Unidos la legalidad está en entredicho y que lo poslegal se está tornando en lo habitual. Más temprano que tarde esto tendrá un efecto devastador sobre la democracia en aquel país. Lo que tendrá, y de hecho ya tiene, reverberaciones por fuera de Estados Unidos. En ese caso se habrá dado un paso abismal: del acoso democrático al ocaso democrático.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona 

miércoles, septiembre 21, 2011

Obama must deal with Turkey-Israel crisis

By Morton Abramowitz, a senior fellow at the Century Foundation and U.S. ambassador to Turkey from 1989 to 1991 and Henri J. Barkey, a professor of international relations at Lehigh University (THE WASHINGTON POST, 17/09/11):

U.S. policy in the Middle East is f loundering. President Obama’s two most important allies in the region are on a collision course. It will not be resolved by the State Department’s injunction to Turkey and Israel to “cool it.”

Turkey’s importance to Washington is clear: its involvement in NATO and its forces in Afghanistan; its strong economic ties to northern Iraq; its ongoing cooperation against terrorism; and, most recently, its role in the NATO missile defense shield. The depth of the U.S.-Turkey alliance makes the crisis in Israeli-Turkish relations one that equally involves the United States.

Turkish Prime Minister Recep Tayyip Erdogan has expanded his confrontation with Israel beyond the 2010 Gaza flotilla incident and into a full-scale assault on Israel’s position in the region. He recently declared that the Turkish navy will escort Turkish vessels going to Gaza to provide aid. Washington did not grasp where Erdogan’s sustained verbal attacks on Israel were heading. He now directly challenges our major alliance in the Middle East, and how far he will go is unclear. Obama himself must acknowledge that the situation is a crisis. As the political climates in Turkey and the United States harden, Erdogan and Obama will find it increasingly difficult to compromise.

Foreign Minister Ahmet Davutoglu said years ago that Turkey would construct a new order in the region. Erdogan followed this with criticism of interference in Middle Eastern affairs by “outside” powers, a clear shot at Washington. Erdogan’s rhetoric of late is about reducing Western influence in the region and teaching Israel a lesson for “irresponsible” or “immature” behavior.

Had Erdogan pushed only for an apology over the deaths of Turkish citizens in the May 2010 flotilla incident, Turkey’s actions would be understandable in the face of Israel’s unwise decision not to immediately resolve the problem. The recently leaked U.N. report on the flotilla affair sought to find a way for the sides to reconcile. Erdogan, however, is not interested in repairing the situation with Israel.

Erdogan is calculating that, as a NATO member, a European Union candidate country and the world’s 16th-largest economy, Turkey can move the Middle East in ways no other regional country can. He has significantly expanded Turkey’s trade and investment. He has successfully pivoted away from Libya and Syria, where he had been closely affiliated with the authoritarian regimes. He is wildly popular on the Arab street, and his address to the Arab League last Tuesday could well be a bid for the populist mantle last held by the late Egyptian president Gamal Abdel Nasser. His vigorous battle at the United Nations for a Palestinian statehood resolution is another step in his effort to isolate Israel.

By threatening to militarily contest Israel’s blockade of Gaza — which was deemed legal by the U.N. Palmer Commission — the Turkish government has laid down a serious challenge to American policy. Danger stems not just from potential miscommunication between those two countries but also from third parties with their own agendas, creating conditions for confrontation.

The eastern Mediterranean is already a caldron of competing claims and threatening rhetoric. Turkey’s minister for E.U. affairs warned this month that his country might stop Cyprus’s exploration for gas and oil, saying, “This is what we have the navy for.” Lebanon’s Hezbollah-dominated government is engaged in a verbal war with Israel over the latter’s gas discoveries off the coast at Haifa. Erdogan involved Turkey in negotiations between Cyprus and Israel on joint exploration opportunities when he told al-Jazeera this month that Israel would be prevented from exploiting the eastern Mediterranean’s oil and gas reserves on its own.

Washington is caught between two longtime allies. It cannot deal with the Israelis and Turks separately. Inaction is not a real option, as Israel could become a significant issue in the 2012 presidential campaign, especially if the United States is defeated in its opposition to a General Assembly vote to create a Palestinian state. The situation will generate concern on Capitol Hill and give Republicans another opportunity to attack Obama for not defending American interests and Israel.

Congress could also worsen the fray by reviving legislation regarding the Armenian genocide. A resolution recognizing the 1.5 million Armenians killed by Ottoman Turks has repeatedly failed to garner enough support for a floor vote. But its backers may calculate that the worsening conditions between Israel and Turkey would prompt the powerful Israel lobby to no longer support Turkey on this matter, raising the likelihood that the resolution would pass. Similarly, arms exports to Turkey will face greater scrutiny.

Obama may not have much time to prevent further deterioration. Israel has been seeking to build ties with Asia, Europe and the Americas; while the Arab Spring evolves, Israel is becoming increasingly isolated as countries such as Egypt and Jordan reassess ties. It is also floundering from the Obama administration’s mishandling of the peace process and of Israel in particular.

Obama’s meeting with Erdogan on Tuesday is crucial. He can take a few important steps. He should immediately deploy 6th Fleet ships from Norfolk to the Eastern Mediterranean to signal that the United States will not tolerate even inadvertent naval clashes. He needs to make clear to Erdogan that the United States will not side with Turkey against Israel and that Turkey’s current strategy risks undermining regional stability.

Obama could offer to work with Turkey and Israel to end the partial blockade of Gaza, provided Erdogan can persuade Hamas to abandon, once and for all, missile barrages and violence against Israel. Such a policy course would have wide international backing and give everyone some of what they want.

Erdogan has a choice: He can boost his domestic and regional popularity by deepening the confrontation with Israel or he could think beyond that by engaging in a constructive endeavor that will help regional stability.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona