miércoles, abril 02, 2008

Actualización del islam

Por Antonio Elorza, catedrático de Ciencia Política (EL PAÍS, 31/03/08):

La noticia de que una comisión de expertos está realizando en Turquía una revisión de los hadices del Profeta ha recibido una favorable acogida. Efectivamente, unos hadices tienen un valor sólo accidental, por usar la terminología del iraní Abdolkarim Soroush, otros plantean serios problemas por su contenido violento o discriminatorio. Entre los primeros se encontrarían las recomendaciones sobre remedios curativos o las relativas a la higiene en la vida cotidiana. Los segundos, en muchos aspectos, entran en colisión con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Son obviamente éstos los que requieren un examen riguroso por parte de los teólogos musulmanes. Con la dificultad que en todo caso plantea el hecho de que forman parte de un mensaje sagrado, en principio inmutable de ser seguros (sahih) y que, entonces, en cuanto Sunna, Tradición, se configuran como segunda base normativa para la ley coránica, la sharía. Dicho de otro modo, supuesto que han caído en desuso muchos hadices, en particular para los musulmanes moderados los relativos a la yihad, siempre en ellos esfuerzo bélico por la causa de Alá, volver a airearlos puede tener consecuencias poco deseables.

Los hadices son sentencias, admoniciones o hechos ejemplares del Profeta, recogidos por quienes estuvieron a su lado y luego transmitidos de boca a oreja hasta ser fijados por el autor de su compilación. Para que un hadiz sea juzgado seguro, tiene que serlo la cadena de transmisores (ismad), lo cual es importante, ya que por ejemplo falta el primer eslabón en el recogido por Abu Daúd que fija para siempre el cubrimiento del cuerpo femenino salvo cara y manos: la norma más visible del islam descansa así sobre un texto dudoso. Hay mucha paja entre el grano, y eso afecta al transmisor principal. Aun cuando tiene muchos hadices aceptados, cierto Abu Huraira fue el auténtico fabricante, con unos 3.000, lo cual supondría que el Profeta dedicó todo su tiempo a contarlos en el tiempo que le tuvo a su lado. Lo más grave es que los hadices acentúan las aristas del Corán en temas como la yihad, la mujer o el antijudaísmo.

Lo que se presenta como modernización puede no ser otra cosa que un intento de introducir en una sociedad moderna contenidos islámicos tradicionales. Hasta que el producto de la comisión turca de expertos vea la luz, ambas interpretaciones son plausibles. Puede tratarse, auguran los optimistas, de un intento de “modernizar” la normativa contenida en los hadices, por parte de un pensamiento musulmán convertido en versión islámica de la democracia cristiana, o bien de intentar una “actualización” que permita vigorizar el contenido religioso de la enseñanza en los imam hatep, centros de formación confesionales, eje de la reislamización soft desde abajo planteada por Erdogan. Los ejemplos aducidos habitualmente para justificar la Operación Hadices aclaran poco. Las amputaciones a los ladrones no vienen de los hadices, sino del Corán; la ablación del clítoris es desaconsejada explícitamente por el Profeta. Lapidación: nada que hacer.

La Comisión de Ankara responde a una política de Estado. Por aquello del laicismo, la Dirección de Asuntos Religiosos (Dyanet) que la instituyó es un organismo paraestatal; de ella dependen aspectos esenciales, como la gestión de los citados imam hatep y el nombramiento de los imames en las mezquitas turcas del extranjero.

Puesta al día puede significar incremento del control y no apertura hacia la libertad. Tenemos un ejemplo bien reciente en la Comisión Europea de Fatuas, nacida en 1997 para orientar mediante dictámenes a los musulmanes europeos. La preside Yusuf al-Qaradawi, el más influyente teólogo de la actualidad, con su emisión semanal La sharía y la vida, en Al Yazira. Publicada en 2002, la primera compilación lleva prefacio y comentarios de Tariq Ramadan, quien ya advierte de que las fatuas no sólo proponen a los musulmanes europeos “adaptarse”. La defensa de la poligamia que detendrá la publicación del segundo tomo es ejemplo de ello, lo mismo que la fatua donde se prohíbe que la mujer libremente corte su pelo, elemento de goce del marido. Más significativos son aún los dictámenes sobre las conversiones, positivas si son al islam, pero calificadas en sentido inverso de “apostasía”, merecedora si es pública de pena de muerte para “proteger a la religión y a la sociedad de su acción perniciosa”. Benedicto XVI desconocía sin duda la fatua. Duros hadices.

Algo tiene que ver esto con el enfrentamiento planteado en la misma Turquía por la iniciativa del fiscal Yalçinkaya instando a la ilegalización del partido de Gobierno por atacar al secularismo de la Constitución. La pretensión es desaforada al pretender anular, como indicó el propio Erdogan en su dura réplica, el resultado de la voluntad popular. Antes Erdogan citó el núcleo de un versículo del Corán, el 7:179: “Tienen corazones pero no entienden, ojos pero no ven, oídos pero no oyen”. En el Corán son los destinados por Alá al infierno, que sin Su guía andan como ganado extraviado. La proyección de tal condena sobre la política turca apunta a los defensores a ultranza del Estado laico, sus adversarios. Islamismo puro. En estos temas, hay que leer antes de valorar.

Con Magdi ´Allám

Por Serafín Fanjul, catedrático de la UAM (ABC, 31/03/08):

En enero de 1520 el Papa León X, Juan de Médicis, bautizaba al marroquí al-Hasan ibn Muhammad, imponiéndole sus propios nombres. En ese instante nacía para la Cristiandad Juan León, conocido por El Africano, escritor y viajero autor de una espléndida Descripción General de África, obra cuya traducción al español tuvimos el honor de realizar hace ya algunos años. En la reciente Pascua de Resurrección, el Papa Benedicto XVI ha cristianado al egipcio Magdi ´Allám, periodista del Corriere Della Sera. Entre uno y otro suceso todos los Pontífices -y antes de León X- han administrado el agua bautismal a miles de neófitos, sin embargo al diario El País no le ha gustado el gesto de Benedicto XVI con el nuevo cristiano y -sirviéndose de la libertad de expresión que no disfrutaría en ningún país musulmán- se ha aplicado a impartir urbi et orbi su campanuda doctrina habitual, sobre lo que el universo mundo debe, o no debe, hacer. Incluido el Papa.

Como no cabe suponer que el periódico de Prisa sea partidario del exterminio de los fugitivos del Islam, de la desigualdad entre los sexos, la ejecución de homosexuales, la prohibición de todas las religiones distintas de la mahometana y de un largo etcétera de abusos contra las ideas y las personas, debemos imaginar benévolamente que su objeción va más bien por el lado de la oportunidad, del sentido de «provocación» que entenderían -han entendido- los musulmanes del mundo entero; es decir, que bautista y bautizado deberían haber renunciado a su derecho a manifestar y administrar su fe como les plazca, en aras de que la bien engrasada progresía europea pueda continuar haciendo su digestión en paz, aun al precio de rendirse otra vez ante el chantaje que a diario nos lanzan los musulmanes. Y seguimos esperando que asomen los moderados, ese ente de razón inventado por políticos y periodistas occidentales remisos a admitir que la realidad es, de verdad, de verdad, tan cruda como la vemos. No es «Síndrome de Estocolmo», es simple connivencia tácita con la Conferencia Islámica que ya ha comenzado el despliegue de sus amenazas. El colmo del esperpento, en el país del Chiquichiqui y de Moratinos, lo bordan personajes -conversos al Islam que lucen apellidos españoles junto a exóticos nombres árabes- negando a otros el derecho a hacer lo mismo que ellos, sólo que con meta final opuesta.

Hace meses, un profesor de la Universidad islámica de al-Azhar (El Cairo) me hizo una entrevista en que pronunció una treintena de veces la palabra «respeto». Naturalmente, se refería al debido a su fe, con lo cual fue muy fácil ponerse de acuerdo, mientras no más intercambiábamos tan gastado vocablo porque, en abstracto, mi interlocutor también reconocía el respeto necesario para el Cristianismo. Pero, como se alcanzará a cualquier lector, los problemas de comprensión -insolubles- empiezan al aludir a casos concretos y, sobre todo, al significado real del mismo término respeto; por ejemplo, al plantear el derecho de los musulmanes egipcios a pasarse al Cristianismo si así lo desean (un caso sangrante, próximo y conocido, es el de Mohamed Hegazi, obligado a vivir en la clandestinidad y escondiéndose de su familia: ver ABC, 19.02.08), en paralelo a los coptos que se islamizan: ¿por qué unos sí y otros no? La respuesta es obvia: porque el Islam es la religión verdadera, en tanto el Cristianismo es falsa. Y a esto llaman diálogo de civilizaciones, diálogo que hube de cortar con cajas destempladas con el representante de al-Azhar cuando se descolgó descubriendo la piedra filosofal: todo esto sucede por culpa del imperialismo americano. Acabáramos.

Es grave que a diario la prensa nos informe de noticias como la condena de un blogger egipcio a cuatro años de cárcel por formular críticas al Islam (ABC, 23.02.07); o de otros dos años de prisión endosados a un sacerdote francés, en Argelia, por atender a cristianos subsaharianos (ABC, 14.02.08); o que cada año la Navidad en Belén aparezca más enjuta y solitaria al ir quedando pocos cristianos en la ciudad. Todo eso es grave por cuanto significa de falta de reciprocidad y por desnudar de modo feroz el alcance real que los musulmanes otorgan a la palabra respeto, pero mucho más inquietantes son las presiones -interiorizadas, admitidas, bien digeridas- que está sufriendo el diputado holandés Geert Wilders por haber producido el cortometraje Fitna (poco podrá decir en quince minutos), aun antes de proyectarlo en público: no toleran más menciones que las hagiográficas, laudatorias y sumisas bajo toneladas de incienso. Presiones idénticas a las padecidas por Ayaan Hirsi Ali, los caricaturistas daneses, Theo Van Gogh (asesinado por un terrorista musulmán), el mismísimo Naguib Mahzfuz (malherido), su traductor al japonés (asesinado), el periodista egipcio Farag Foda (asesinado), Nawal as-Sa´dawi (encausada y acallada mediante una fetua), o el precursor y detonante del retorno de los Asesinos del Viejo de la Montaña, Salmán Rushdie. Y, por favor, que no salga algún erudito de guardia a explicarme que los antiguos Asesinos eran ismaelíes y éstos no, porque ya lo sé.

Un ingenuo expediente, de vez en cuando utilizado en los medios de comunicación occidentales, para calibrar el carácter violento o pacífico del Islam, consiste en rebuscar y aducir aleyas del Corán en que se profieran anatemas, maldiciones o incitaciones al exterminio de los enemigos (sólo en la azora segunda, La vaca, hay 39 alusiones violentas, de las cuales 9 se refieren directamente al «combate por Dios») o por el contrario, alguna de las contadas en que se sugiere un cierto y relativísimo escenario de tolerancia. A esta práctica inocente podría agregarse un ejercicio similar en los hadices de Mahoma, las Tradiciones de su vida, mucho menos conocidas en Occidente. Pero ambos corpus documentales, que componen la base de toda la doctrina jurídica islámica, no dejan de ser teoría, letra, venerada pero letra. Importa más, a nuestro juicio, la historia de las acciones islámicas o la observación de lo que acontece ahora mismo, único terreno en el que podemos intervenir para cambiar el curso de los acontecimientos. Y en estas dos áreas de reflexión hay escasos motivos para el optimismo.

Es urgente que los gobiernos serios de Europa (Alemania, Reino Unido, Francia, hasta Italia) tomen conciencia del calado del conflicto que se está gestando bajo nuestros pies; la feliz siesta gozada hasta septiembre de 2001 no da más de sí, ni nuestro continente tiene derecho a continuar inhibiéndose en la confrontación con el islamismo, dejando a los americanos todo el peso de la lucha. Y por supuesto que no nos referimos sólo a confrontación militar, por más que ésta sea precisa para la supervivencia. Lo primero es defender la libertad de expresión en nuestros países, de manera radical y sin fisuras, sin abandonar a su suerte a quienes se refugian entre nosotros, o apoyando a las claras a cuantos Magdi ´Allám quieran bautizarse donde y como mejor les cuadre, haciendo ver a los recién llegados que las leyes son para cumplirse, o que hurtar el bulto para eludir la integración no es el mejor camino para la concordia. Parecen obviedades, pero hay países -el nuestro, por ejemplo- en que llevar a la práctica lo obvio resulta una prueba de heroísmo.

El fin del imperio, ¿ha llegado?

Por Joaquim Coello, ingeniero (EL PERIÓDICO, 31/03/04):

La victoria de EEUU en la guerra fría que supuso la desaparición de la URSS, le situó en una posición de dominio y de liderazgo sin precedente histórico, porque es cierto que es este el primer imperio de alcance mundial.

Si las tres características de todo imperio son el poder económico, el militar y el cultural, así sucedió con Roma y los imperios español o británico. También es el caso de forma superlativa de EEUU, ya que el control económico del mundo a través de las finanzas, el liderazgo científico y técnico y la presencia de sus empresas multinacionales no tiene históricamente parangón. En el ámbito militar, las armas y la tecnología de sus ejércitos le dan también una superioridad absoluta. Por último, la creciente globalidad del mundo ha hecho que la cultura popular de EEUU tenga una difusión prácticamente ilimitada. La Coca-Cola, Hollywood y los tejanos son ejemplos de ello.

ES VERDAD QUE la política llevada a cabo por EEUU a partir del año 2000 no ha contribuido a la consolidación de este poder. Ahora tienen más enemigos y más conflictos que antes, menos influencia política y se ha demostrado que el poder militar del que dispone no puede ganar las guerras en las que se embarca, Irak y Afganistán. El déficit que arrastra el presupuesto federal está causando una devaluación importante de su moneda y las carencias y fallos del sistema financiero (hipotecas para insolventes), hacen tambalear las grandes instituciones financieras americanas. La cuestión es saber si el imperio de EEUU ha llegado a su cénit y si pronto será igualado por países en claro ascenso y dimensión suficiente para disputarle su liderazgo: China e India. La experiencia histórica nos lleva a concluir que siempre ha ocurrido, pero si analizamos sus circunstancias particulares tendremos que aceptar que existen diferencias sustanciales.

Ningún imperio ha sido una democracia y es la democracia el único sistema político que es capaz de regenerarse. La crisis de muchos imperios ha sido precisamente provocada por su incapacidad de emprender políticas diferentes de aquellas que causaban su propia decadencia.

La España de finales del siglo XVII es un buen ejemplo de ello. A pesar de que el mantenimiento de dos guerras simultáneas empobrecía y debilitaba al Estado, porque suponía un gasto incompatible con los ingresos de los que disponía, este cambio en la política exterior no se hizo. El país entró en una revolución interna –Portugal y Catalunya–, y en una crisis que produjo el cambio del sistema político y de la dinastía reinante.

Es posible, pues, que la democracia americana sea capaz de reconducir y reorientar el país. El fenómeno de Obama e incluso el de Clinton puede ser el inicio de ello.

El liderazgo de la ciencia y la tecnología es básicamente americano. De las 10 mejores universidades del mundo ocho son americanas. El gasto en investigación y desarrollo público y privado es casi el doble del de Europa. Esto da a su economía una capacidad competitiva idónea en el mundo global del siglo XXI.

El gasto militar de EEUU es el más alto del mundo, seis veces superior al de China. La inutilidad de un ejército convencional para la defensa del imperio es palmaria. La guerra de Irak no ha llevado a ningún lugar y, paralelamente, la diplomacia ha resuelto la crisis de Corea del Norte con riesgo de desestabilizar una zona vital para el mundo: Japón, Corea del Sur, Rusia y China. Esto demuestra la eficacia de la diplomacia y la ineficacia de las soluciones militares en este tipo de conflictos.

La reducción del gasto militar de forma progresiva no puede hacerse abruptamente porque mantiene una actividad económica significativa, permitirían dirigir esta inversión hacia otras actividades con una mejora directa a medio plazo de la posición política y diplomática de EEUU.

Es posible que Estados Unidos perciba que no se trata de controlar y ocupar el mundo sino de liderarlo, que la potencia militar debe sustituirse por políticas de información, inteligencia y diplomacia, que la potencia económica y la potencia tecnológica permiten una gran capacidad de influencia, y que, finalmente, el enfrentamiento directo otorga dudosas ventajas en el corto plazo y nunca en el largo plazo.

Si esto se produjera, la política de expansión de China basada en el paradigma clásico –poder militar, poder económico al dictado de un partido único no democrático– quedaría a medio plazo desfasada. Pero es significativo señalar que el peso de la política militar y expansionista de China en su entorno (Tibet), o el despliegue en África y Latinoamérica está basado más en la acción comercial y económica que en la presión militar y política, es decir, está orientado en la dirección de lo que podría llamarse imperialismo del futuro, imperialismo blando.

LA DECADENCIA de EEUU no es inevitable. Se demostraría una vez más que los principios de democracia, libertad e igualdad de los ciudadanos tienen potencialidad y fuerza y son superiores, pese a sus carencias, a cualquier otro sistema político. La superioridad de la estructura política de EEUU, basada en los principios de la declaración de independencia de 1776, se demostraría una vez más.

martes, abril 01, 2008

La globalización llega a las mafias

Por Andy Robinson (La Vanguardia.es 31/03/2008)

Prohibición draconiana de la droga y permisividad absoluta de toda actividad empresarial y financiera. Este podría ser un buen resumen de la agenda global de Estados Unidos y el G-7 en los años ochenta y noventa, acelerada tras la caída de la Unión Soviética.

La prohibición supuso una llamada guerra contra la droga en las selvas de América Latina y la encarcelación masiva de jóvenes - principalmente afroamericanos- en EE. UU. Se exportó el modelo de criminalización estadounidense con la estandarización global de leyes contra el tráfico de drogas y el blanqueo de dinero, y con la creación de una Financial Action Task Force (FATF) para luchar con gran éxito contra el blanqueo de dinero.

Simultáneamente, se exportaba el modelo anglo-norteamericano de liberalización financiera, desregulando enormes flujos de capital, mientras equipos de economistas de Chicago aterrizaban en la antigua URSS y sus satélites para ayudar a reformistas como Yegor Gaidar en la privatización relámpago de sus economías.

Veinte años después, queda claro que esta combinación particular de prohibición y liberalización ha coincidido con un auge sin precedentes del crimen organizado y una economía en la sombra tan globalizada como la de McDonald´s y Toyota, una economía responsable de uno de cada tres o cuatro euros gastados a escala mundial (entre el 17% y el 25% del PIB mundial), según estimaciones del FMI. "Es difícil de cuantificar, pero el dinero ilícito alcanza cifras de miles de millones o hasta billones de dólares", dijo John Carlson, de la FATF.

Gran parte de esta economía delictiva - explica Misha Glenny en su nuevo libro McMafia es gestionada por mafias, muchas de ellas en países ex comunistas, que financian una amplia gama de actividades criminales: tráfico de heroína, cocaína, automóviles robados, armas, prostitución, órganos humanos, animales exóticos en peligro de extinción...

Glenny nos presenta una galería terrorífica de personajes que habitan esta economía sin ley y que hacen su propia historia universal de la infamia. Como Tsvetomir Belchev, capo de una mafia de tráfico de mujeres que contrata chicas como camareras en Bulgaria y las obliga a trabajar en la llamada ruta de la vergüenza de prostitución entre Alemania y la República Checa. O Dawood Ibrahim, el gángster hindú de Bombay que aprovecha el colapso del socialismo de mercado de Nehru para traficar primero con oro y luego drogas, y ha convertido Dubai en el centro mundial del blanqueo de dinero. O Leonid Kuchma, el mafioso ex primer ministro de Ucrania, quien mandó liquidar a un periodista: "Deporta al cabronazo y que se le quite de en medio". Su cadáver apareció meses después.

Pero los auténticos capos son los oligarcas rusos más o menos compinchados con mafiosos, que aprovechan tanto las privatizaciones - denunciadas como "saqueo de bienes públicos" por el premio Nobel de Economía Joe Stiglitz-, como el tráfico de drogas y armas. A mediados de los noventa, calcula Glenny, hasta el 50% de la economía rusa era negra, Moscú era la ciudad con más Mercedes matriculados del mundo. Costaba 5.000 euros eliminar a un rival. Ahora estamos en la fase de "internacionalización de este capitalismo gangsteril ruso", según Glenny. La caída de la URSS y unos mercados mundiales poco controlados causan el increíble crecimiento de la delincuencia organizada en las últimas dos décadas.

El prohibicionismo ha ayudado a los gángsters casi tanto como el laissez faire.Al erradicar la coca en un país, se desplazó a otro. Mientras EE. UU. armaba a Colombia, en Canadá se cultivaba marihuana hasta una cifra equivalente al 5% del PIB de la provincia de British Columbia. Israel ahora es el centro de producción mundial de éxtasis. Pablo Escobar se murió, pero tras casi 40 años de guerra contra la droga, "el consumo y la dependencia son más altos que nunca", señala Glenny. La guerra contra el terror tuvo un efecto similar en Afganistán, donde el cultivo de heroína ha crecido de forma espectacular.

Por todo ello, "no es descabellado pensar que en vez de prohibir las drogas y permitir la libre circulación de capitales, se debería hacer justo al revés", explica el criminólogo Michael Woodiwiss, de la Universidad de Bristol. "Habría que aplicar duras regulaciones sobre los mercados financieros". Los estadounidenses deberían saberlo: "Durante la prohibición (de alcohol) y permisividad financiera, el crimen era endémico". Quien le puso fin no fue Elliot Ness, sino la regulación del mercado, la creación del FBI y, en general, las políticas sociales del new deal de Roosevelt.

LAS CIFRAS

1.750.000 millones de euros mueve el narcotráfico en el mundo

RUSIA
A mediados de los años noventa había 11.500 empresas privadas de seguridad, con 200.000 empleados armados. Eliminar a un rival en esos años costaba 5.000 euros, 8.000 euros si tenía guardaespaldas.

COLOMBIA
La cocaína sólo representa el 3% del PIB, pero 60.000 personas están armadas (sin contar el ejército) debido al narcotráfico

AFGANISTÁN
La heroína aporta el 57% del PIB afgano

DUBAI
Centro mundial de blanqueo de dinero: unos 1.700 millones de euros salen de EE.UU. hacia Dubai tras el 11-S

CHINA
Los traficantes ganan 40.000 euros por cada inmigrante que va de China a Europa a Estados Unidos

BRASIL
São Paulo es uno de los principales centros de la ciberdelincuencia, que cuesta a la banca 60.000 millones de euros al año

El dinero fácil y la crisis de EE UU

Por Jeffrey Sachs, profesor de Economía y director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Colombia. Traducido por Carlos Manzano (EL PAÍS, 30/03/08):

Los desesperados intentos de la Reserva Federal de Estados Unidos, popularmente conocida como Fed, para impedir que la economía de este país se hunda son notables por al menos dos razones. En primer lugar, hasta hace tan sólo unos meses, la opinión general era la de que Estados Unidos evitaría la recesión. Ahora ésta parece segura. En segundo lugar, las intervenciones de la Reserva no parecen eficaces. Aunque se han reducido drásticamente los tipos de interés y la Reserva ha prodigado liquidez a los bancos que se han quedado sin ella, la crisis se ha acentuado.

En gran medida, la crisis de Estados Unidos fue provocada por la misma Reserva, ayudada por las ilusiones que se hizo el gobierno de Bush. Un culpable principal no fue otro que Alan Greenspan, que dejó al actual presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, una situación terrible, pero este último fue uno de los gobernadores de la Reserva en el periodo de Greenspan y tampoco él diagnosticó correctamente los problemas en aumento debidos a sus intervenciones.

La crisis financiera actual tiene sus raíces inmediatas en 2001, en medio del fin del auge de las empresas puntocom y de la conmoción provocada por los ataques terroristas del 11-S. En aquel momento la Reserva abrió los grifos monetarios para intentar luchar contra una desaceleración económica. Derramó dinero en la economía estadounidense y redujo drásticamente su principal tipo de interés -el de los fondos federales- del 3,5 por ciento en agosto de 2001 a tan sólo el 1% a mediados de 2003. La Reserva mantuvo ese tipo demasiado bajo y durante demasiado tiempo.

Por lo general, la expansión monetaria facilita el endeudamiento y reduce sus costos en toda la economía. También suele debilitar la moneda y aumentar la inflación. Todo eso empezó a suceder en Estados Unidos. Lo distintivo de esta ocasión fue que el nuevo endeudamiento se concentró en la vivienda. Por lo general, es cierto que los tipos de interés más bajos estimulan la compra de viviendas, pero esta vez, como ahora ha quedado de manifiesto, los bancos comerciales y de inversión crearon nuevos mecanismos financieros destinados a ampliar el crédito para viviendas a personas poco solventes. La Reserva no quiso regular esos procedimientos dudosos. Prácticamente cualquiera podía endeudarse para comprar una casa con poco o ningún pago inicial y pago de intereses durante muchos años en el futuro.

Cuando el auge de los préstamos para viviendas se consolidó, pasó a autointensificarse. El aumento de la compra de viviendas aumentó los precios de éstas, con lo que los bancos pensaron que era seguro prestar dinero a personas poco solventes. Al fin y al cabo, si no hacían frente a sus pagos, la propiedad de sus casas pasaría, revalorizada, a los bancos: al menos ésa era la teoría. Naturalmente, esa teoría sólo funciona mientras suban los precios de las viviendas. Una vez que llegan a su tope máximo y empiezan a bajar, las condiciones de los créditos se endurecen y los bancos se encuentran con la propiedad de casas cuyo valor no cubre el valor de la deuda.

Lo asombroso ha sido que la Reserva, dirigida por Greenspan, se quedara con los brazos cruzados mientras el auge del crédito se aceleraba y se disparaba hacia un desplome posterior. Hubo algunos que no participaron en la fiesta, pero no muchos en el propio sector financiero. Los bancos estaban demasiado ocupados cobrando las mensualidades de los nuevos préstamos y pagando a sus directores primas extravagantes.

En un momento decisivo de 2005, cuando era gobernador pero aún no presidente de la Reserva, Bernanke describió el auge de la vivienda como el reflejo de un sistema financiero prudente y bien regulado, no como una burbuja peligrosa. Sostuvo que cantidades inmensas de capital extranjero pasaban por los bancos estadounidenses hacia el sector de la vivienda porque los inversores internacionales apreciaban “la profundidad y la complejidad de los mercados financieros de este país, que, entre otras cosas, han permitido un acceso fácil de las familias a la riqueza inmobiliaria”.

Durante 2006 y 2007, la burbuja financiera que ahora está derribando a instituciones financieras en tiempos poderosas llegó a su tope máximo. Entonces los balances de los bancos se llenaron de enormes cantidades de hipotecas en peligro, envueltas en complicados productos financieros que dificultaban la evaluación de los riesgos. Los bancos empezaron a aminorar su ritmo de concesión de nuevos créditos y la morosidad en las hipotecas empezó a aumentar. Los precios de las viviendas llegaron a su tope máximo a medida que se redujeron los préstamos y después los precios empezaron a bajar. La burbuja inmobiliaria estaba reventando en el otoño pasado y los bancos con gran cantidad de hipotecas empezaron a comunicar pérdidas enormes, a veces lo bastante grandes para destruir a toda una entidad, como en el caso de Bear Stearns.

Al reducirse el gasto con el desplome de la vivienda, la Reserva, para intentar prevenir una recesión y ayudar a los bancos con balances frágiles, ha estado reduciendo los tipos de interés desde el otoño de 2007, pero esta vez la expansión del crédito no se está dirigiendo a la construcción de viviendas, sino a la especulación con los precios de las materias primas y las divisas extranjeras.

La política de dinero fácil de la Reserva está alimentando ahora la inflación en Estados Unidos y no la recuperación. Los precios del petróleo, los alimentos y el oro han saltado hasta niveles sin precedentes, y el dólar se ha depreciado hasta niveles nunca vistos. Ahora un euro cuesta casi 1,60 dólares frente a 0,90 dólares en enero de 2002. Sin embargo, la Reserva, con sus intentos desesperados de evitar una recesión en Estados Unidos, sigue derramando dinero en el sistema e intensificando las presiones inflacionistas.

Tras haber alimentado un auge, ahora la Reserva no puede impedir al menos un descenso durante un periodo corto de la economía de Estados Unidos y tal vez algo peor. Si intensifica demasiado la continua expansión monetaria, no impedirá una depresión profunda, sino que, al contrario, podría crear estanflación: inflación junto con contracción económica. La Reserva debe procurar evitar el menor desplome de la liquidez al tiempo que mantiene controlada tanto la inflación como una ayuda injustificada para los préstamos bancarios con riesgo financiada por los contribuyentes.

En todo el mundo puede haber efectos similares, en la medida en que los bancos extranjeros se encuentren también con hipotecas estadounidenses impagadas en sus balances o si, en el peor de los casos, se consolida una crisis financiera general. Sin embargo, aún existen posibilidades de que el bache económico de Estados Unidos quede limitado principalmente a este país, en el que se han concentrado el auge y la depresión de la vivienda. Creo que los daños para el resto de la economía mundial pueden seguir siendo limitados.

Las nuevas tecnologías

Por Juan Goytisolo, escritor (EL PAÍS, 30/03/08):

Decididamente, Su Antigüedad Benedicto XVI, audaz mago de chistera capaz de todas las maravillas, no cesa de depararnos sorpresas. Desde su triste desprogramación del limbo al retorno a las calderas de Pero Botero, sus rectificaciones y añadidos al cuerpo doctrinal de la Iglesia desconciertan y aturden a la menguante grey que a trancas y barrancas pastorea.

En incesante zigzag, como su amigo y también ultramediático Sarko, un día saca a luz episodios remotos que muestran la inferioridad del islam, como en su célebre prédica de Ratisbona, y a continuación se desdice para aplacar la ira de los muslimes piadosos; otro, suspende el rezo para la conversión del pueblo judío, decisión de la que cabe deducir que lo excluye sin remedio de la beatitud del cielo; un tercero, limita el disfrute de ésta a los fieles de la Santa Iglesia Católica, discriminando así a centenares de millones de creyentes cristianos, ya sean anglicanos, calvinistas, luteranos o miembros de las Iglesias orientales remisas a su sacrosanta autoridad; un cuarto, autoriza el retorno al latín en la celebración de la santa misa a fin de recuperar el aura de misterio que envolvía la ceremonia antes de Juan XXIII (para ello hubiera sido mejor recurrir al sánscrito). Pero sus breves pontificios y encíclicas plantean una serie de problemas de difícil solución.

Si va a decir verdad, las innovaciones y añadidos doctrinales que se suceden en la Iglesia a lo largo de los siglos enfrentan a contradicciones insolubles a quienes comulgan a ciegas con el dogma de la infalibilidad papal. Los liberales del XIX condenados por Pío Nono, ¿siguen excluidos de la gloria celeste mientras que sus correligionarios de la pasada y presente centuria, no? Los que recibían las Sagradas Formas después de haber ingerido alimentos (¡una simple pastilla olvidada la víspera en la cavidad bucal, clamaba el buen padre que dirigía en mi niñez los Ejercicios Espirituales de Sarrià!) eran entonces precipitados al averno; desde unas décadas más tarde, los comulgantes pueden en cambio atracarse de caviar y recibir la eucaristía con el alma limpia como una patena. ¡Cómo no comprender el agravio comparativo de los desdichados precitos, víctimas de la mala suerte de nacer antes de tiempo! o ¿tienen las nuevas doctrinas un efecto retroactivo, liberador, sin mediación de Chávez alguno, de los rehenes atrapados en una gehena más despiadada que la de los secuestrados por las FARC?

A la cascada de innovaciones doctrinales que caracteriza el pontificado benedictino, se agrega ahora el reglamento destinado a aclarar las normas a la actual oleada de beatificaciones, impulsada por su predecesor, con el firme sostén del cardenal arzobispo de Valencia, de los mártires de la Guerra Civil española (ya sabemos de qué bando). Para modernizar la burocracia vaticana y extremar el rigor de las candidaturas, Ratzinger recomienda el uso de ordenadores y grabadoras que acrediten sin lugar a dudas la santidad de los aspirantes seleccionados. La idea es estupenda y habría que incorporar a ella la valiosa contribución de Internet.

¡Imagino la instalación en la cueva de Lourdes y en los aledaños del santuario de Fátima de infinidad de cámaras microscópicas y de escuchas ubicuas que escrutarían la estatua de la Virgen al acecho de sus discrecionales poderes taumatúrgicos! Ello aportaría por supuesto garantías suplementarias en la identificación de los milagros atribuidos a los santos de la Iglesia Católica desde que ésta existe, pero empañaría a contrario la de los consagrados sin la ayuda de las nuevas tecnologías por espacio de dos mil años.

¡Lástima que estos procedimientos avanzados y complejos no se aplicaran para dar fe, por ejemplo, del traslado por los aires del cadáver del apóstol Santiago de Palestina a Galicia! Pues las pruebas más o menos sólidas exigibles a los nuevos portentos arrojan dudas razonables en torno a la verdad de los antiguos. Al proponer la introducción de medidas fiables en los procesos de beatificación, hazañas celestes y proclamaciones de santidad, ¿qué cabe pensar de la aparición de nuestro santo patrón en la batalla de Clavijo o de los milagros atribuidos a San Jorge o a Santa Bárbara?

Benedicto XVI ha abierto la caja de Pandora y establecido diferencias, sin proponérselo, entre dos clases de milagros: los avalados por la tecnología punta y los que quedan a la intemperie de la sospecha razonable, dejados, por así decirlo, de la mano de Dios.

Ruiz versus Jiménez

Por Pedro J. Ramírez, director de El Mundo (EL MUNDO, 30/03/08):

Lo que el político arrogante no pudo soportar fue que el periodista impertinente dijera que anteponía su carrera política al sufrimiento de las víctimas y que por eso prefería sepultar la verdad a averiguarla, pasar página antes que leer hasta el final el libro del horror. Aquello era un intolerable ataque a su honor, una ofensa a su dignidad que no podía quedar impune. Por muy alto cargo público que fuera, había cosas que no estaba dispuesto a tolerar; y menos por parte de un individuo así. Acusarle a él de medrar sobre los cadáveres de los inocentes, insensible a todo dolor, ajeno a la trascendencia histórica del drama, era traspasar todos los límites. Lo ocurrido merecía un escarmiento. Acudió a los tribunales y, como no podía ser menos, el ministerio público se puso de su parte. Las leyes de su país no le permitían meter en la cárcel a aquel deslenguado, pero sí ponerle en la picota pública y dejarle marcado para siempre con una condena firme por injurias graves.

No estoy refiriéndome a la querella interpuesta por Alberto Ruiz-Gallardón contra Federico Jiménez Losantos por haberle afeado con durísimos reproches su actitud ante la investigación de la masacre del 11-M, sino a la que el canciller austriaco Bruno Kreisky presentó hace más de 30 años contra el redactor jefe de la revista Profil, Peter Michael Lingens, por haberle acusado con acritud y saña de encubrir el pasado nazi de su potencial aliado el líder del Partido Liberal, Friedrich Peter, y por ende de soslayar la gravedad del Holocausto en beneficio de su juego de poder.

Aunque en España se aguarde con gran expectación el que lleva camino de ser el juicio del año, nunca hay nada nuevo bajo el sol. No sólo los hechos que dan pie al contexto político en el que se produce el ataque a la yugular del divo -una convocatoria en pro de la verdad del 11-M de la que Gallardón se distancia; una denuncia contra su colega del cazanazis Simon Wiesenthal que Kreisky trata de desacreditar- componen situaciones siamesas. No sólo la argumentación del atrevido transgresor de la docilidad informativa y la corrección política es también prácticamente simétrica en uno y otro caso. Ocurre que incluso las palabras ofensivamente «innecesarias», según los respectivos tribunales nacionales, son casi idénticas.

Donde Lingens puso «odioso oportunismo», Jiménez Losantos ha puesto «farsante redomado». Donde el austriaco dijo «monstruoso», «indigno» e «inmoral», el turolense ha dicho «miserable», «traidor» y también «inmoral». A este paso el alcalde de Madrid va a terminar haciendo al director de La Mañana de la Cope tan famoso en la historia del Derecho a la Información como le ocurrió al extrovertido canciller amigo de Felipe González con el periodista al que pretendía machacar.

Tanto el Tribunal Regional como el Tribunal de Apelación de Viena condenaron a Lingens en base a dos argumentos que han hecho ya suyos contra Jiménez Losantos tanto la Fiscalía de Madrid como la Sala de la Audiencia Provincial que ha convalidado la decisión de abrir el juicio oral señalado para el próximo 28 de mayo. En primer lugar, las expresiones empleadas son objetivamente ofensivas y desbordan los límites de la libertad de expresión. En segundo lugar, no cabe alegar la exceptio veritatis pues tanto Kreisky como Gallardón se cuidaron muy mucho de que sus palabras no tuvieran una interpretación tan unívoca y rotunda como sus respectivos fustigadores les dieron. En mi ánimo no había algo tan terrible como lo que buscando difamarme me atribuyen, ¿cómo voy a poner yo, que soy un hombre de Estado, la ambición de poder por encima de la memoria de los sacrificados por la barbarie?, vienen a alegar a dúo los dos avezados bucaneros de colmillo retorcido.

Y es que, claro, lo que Lingens escribió sobre sus frías cuartillas era verdaderamente fuerte: «Han pasado los tiempos en los que por razones políticas no sólo se debía tener en cuenta a los nazis, sino también a sus víctimas». Y es que, claro, lo que Jiménez Losantos dijo en el calor de los micrófonos era verdaderamente fuerte: «Tú lo que estás diciendo, alcalde, es que te da igual que haya 200 muertos… con tal de llegar al poder».

Total, que condena pecuniaria al canto. A Lingens le impusieron una multa de 20.000 chelines austriacos que al cambio de la época no deben de andar muy lejos de los 72.000 euros que pide la Fiscalía a Jiménez Losantos. También le obligaron a publicar la sentencia que es con lo que sueña Gallardón: levantarse una mañana y escuchar a su pertinaz azote entonando el mea culpa por prescripción judicial.

Pero, ojo, porque de Viena nos vamos a Estrasburgo. Aunque en nuestro caso ni siquiera se ha celebrado aún el juicio en la primera instancia, pensando en el supuesto de que la juez encargada de dictar sentencia coincida con la Fiscalía -y con el criterio anticipado por la Audiencia- y que el Supremo y el Constitucional llegaran a avalar la pretensión punitiva de Gallardón, conviene advertir que los argumentos que invoca la letrada Cristina Peña en defensa de Jiménez Losantos también son idénticos a los que esgrimió la representación de Lingens ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Como la de su colega austriaco, la reacción de Losantos tampoco se produjo en el vacío. El sentido de la intervención del alcalde de Madrid, que desencadenó su diatriba, quedó nítidamente reflejado en el titular del Abc del día: «Ruiz-Gallardón invita a su partido a obviar el 11-M y huir de la radicalización». Es evidente que asociar el radicalismo al afán por esclarecer la masacre de Madrid suponía una disonancia, una separación y por ende una «deslealtad» y una «traición» política a la línea pública que entonces seguía el PP. Y también lo es que esa conducta quedaba potenciada y realzada por la «intrahistoria» de quien siempre se ha jactado de ser un «verso suelto».

Lo que, por lo tanto, se pretende demostrar citando como testigos a Esperanza Aguirre, Acebes y Zaplana o a los directores de EL MUNDO y La Razón es que esas «críticas duras y ásperas» encajaban a la perfección en el relato veraz de lo sucedido y que, por «gruesas o hirientes» que pudieran parecer fuera de contexto, las expresiones empleadas se convertían en «necesarias por estar conectadas con los hechos que las justificaban». ¿O es que acaso no debe ser lícito, más allá de las normas de estilo que libremente se aplique cada uno, llamar «farsante redomado» a quien, tras realizar las aludidas declaraciones, acudió como si tal cosa a la manifestación convocada por la AVT que tenía entre sus lemas la exigencia de la verdad del 11-M? Farsante es, según el diccionario, «la persona que finge lo que no siente o pretende pasar por lo que no es».

La sentencia finalmente absolutoria -e indemnizatoria- del caso Lingens dio por buenos estos argumentos porque «la libertad de expresión es uno de los principales fundamentos de la sociedad democrática y una de las condiciones más importantes para su progreso» y «no se aplica solamente a las informaciones o ideas que se reciben favorablemente, sino también a las que ofenden, hieren o molestan» porque «la libertad de las controversias políticas pertenece al corazón mismo del concepto de sociedad democrática» y «una condena así amenaza disuadir a los periodistas de participar en la discusión pública de cuestiones que interesan a la vida de la sociedad».

Glosando esta histórica resolución, suscrita unánimemente en julio de 1986 por una veintena de jueces de otros tantos países, el premio Pulitzer y durante más de 30 años columnista de The New York Times Anthony Lewis, acaba de poner el énfasis en esa libertad para «ofender, herir o molestar». El la vincula en concreto a la jurisprudencia del legendario magistrado del Tribunal Supremo norteamericano Oliver Wendell Holmes, el hombre que actualizó la volteriana defensa a ultranza del derecho de expresión de las opiniones ajenas, proclamando la «libertad para las ideas que detestamos».

Con este título -Freedom for the thought that we hate- Lewis acaba de publicar un libro maravilloso en el que narra la lucha por la libertad de expresión en los Estados Unidos, a través de la evolución de la interpretación judicial de la Primera Enmienda, que en su literalidad se limita a establecer que el Congreso no promulgará ninguna ley que restrinja la labor de la prensa. Desde la Sedition Act, que permitía meter en la cárcel a los que criticaran al presidente, hasta la actual situación en la que -oído cocina- «en las tertulias de la radio, totalmente abiertas y a menudo poco rigurosas, se puede decir prácticamente cualquier cosa sobre una persona pública sin miedo a tener que indemnizarle», se ha producido una mutación jurisprudencial, cincelada por la sensibilidad de grandes magistrados hacia las ideas básicas de la democracia.

Es emocionante repasar cómo el juez Holmes aplicó su criterio permisivo en 1929 al caso de una inmigrante pacifista que se negaba a cumplir el requisito de comprometerse a defender con las armas a los Estados Unidos para adquirir la ciudadanía; y cómo lo hizo frente a las presiones no sólo de otros miembros del Tribunal, sino de su propia esposa.

Es emocionante leer la sentencia del célebre pleito «Sullivan versus The New York Times», redactada por el juez Brennan: «Consideramos este caso en el contexto de un profundo compromiso nacional con el principio de que el debate sobre asuntos públicos debe ser desinhibido, robusto y completamente abierto y que puede muy bien incluir ataques vehementes, cáusticos y a veces desagradablemente hirientes hacia el gobierno y los cargos públicos».

Y es emocionante sobre todo la anécdota que Lewis atribuye a Fred Friendly, el productor, ángel guardián y amigo del alma de Edward Murrow, coprotagonista de la película de la que Zapatero tomó prestado su «buenas noches y… buena suerte» con tanta naturalidad que cualquiera diría que no había hecho otra cosa en toda su vida más que despedirse al final del telediario.

Resulta que Friendly había escrito un libro sobre el primer caso -«Near versus Minnesota»- en el que el Tribunal Supremo había derogado en 1927 una ley estatal por considerarla contraria a la Primera Enmienda. Esa decisión había implicado además la reapertura de un semanario de Minneapolis llamado Saturday Press que había sido clausurado por orden judicial después de que su propietario y director, Jay M. Near, lo utilizara para difundir sus virulentas ideas antisemitas y acusar a las autoridades locales de estar en connivencia con la mafia judía.

Pues bien, unos cuantos años después Friendly coincidió en el patronato de la Fundación Ford con el consejero delegado del grupo Du Pont, Irving Shapiro, quien, ante su asombro, le dijo que él había conocido a Jay Near. Le contó que su padre tenía una pequeña lavandería en Minneapolis y que cuando se negó a pagar la protección de una banda de gánsteres, le regaron con ácido corrosivo la ropa que había en la tienda. El pequeño Irving lo vio todo desde el cuarto trasero y recordaba muy bien lo que pasó después: «Ninguno de los periódicos locales más respetables dijo nada sobre lo ocurrido. Pero vino el señor Near, publicó la noticia y los gánsteres fueron procesados». La historia demuestra que si se trata de impulsar la calidad de vida democrática de una sociedad no hay mayor valor constitucional a proteger que el pluralismo y el derecho a disentir bajo las formas pacíficas más extremas. Aunque probablemente las hubiera expresado de otra forma -cada maestrillo tiene su librillo-, yo no sólo no detesto las ideas de Jiménez Losantos, sino que en este caso me siento además en cierto modo corresponsable de su brote de indignación contra Gallardón pues fue mi reflexión, comparando su conducta con la de Giuliani y alegando que si alguien no podía desentenderse de la investigación de una masacre era el alcalde de la ciudad en la que se había cometido, lo que le puso en el disparadero.

Pero lo esencial en este debate no es quién tenga razón o si el pasarse de frenada en las formas puede a veces hacer perderla a los ojos de los demás a quien la tiene, sino cuál va a ser el rumbo que en materia de libertad de expresión adoptará la sociedad española. Por eso será tan importante observar de qué lado irán decantándose aquellos sedicentes demócratas que sí que detestan -y están en su derecho- no sólo las ideas y el estilo, sino también la actitud desacomplejada, valientemente subjetiva, apasionadamente parcial e inevitablemente partisana con que Jiménez Losantos tiene en vilo cada mañana con su brillante erudición a nuestra clase dirigente. Sus juicios de valor podrán ser exagerados, injustos o incluso, como digo, detestables, pero en ningún caso delictivos.

Sólo un inesperado rasgo de lucidez in extremis del querellante podría ahorrar al PP el trauma de ver reproducidas sus disensiones en el juzgado y a todos nosotros el riesgo de una condena con visos de escarmiento hacia el único estamento -la prensa- que el poder político no ha podido aún terminar de domesticar. No es el huevo -la Cope no va a quebrar por esa multa- sino el fuero lo que está en cuestión. Máxime cuando al final siempre nos quedará Estrasburgo con la inequívoca jurisprudencia del caso Lingens.

Vistas las cosas desde la otra orilla, qué triste sino sería para un fiscal de carrera pasar a la historia del Derecho, cuando de las vanidades de cada uno ya no queden ni los segundos apellidos, como un tal Ruiz que con ayuda del más politizado ministerio público que se recuerda -«Cándido, malo»- trató en vano de amordazar a un tal Jiménez. Se lo he dicho en privado al menos en media docena de ocasiones y se lo digo ahora por primera vez en público: señor alcalde, si cree de verdad en la libertad de expresión, retire la querella.

El papel social de la universidad

Por Antoni Giró i Roca, rector de la Universitat Politècnica de Catalunya (LA VANGUARDIA, 30/03/08):

Hoy en día transitamos por tiempos inciertos, de crisis y de renovación en los esquemas sociales, políticos, económicos y culturales que marcaron la segunda mitad del siglo XX. Las problemáticas actuales, cada vez más complejas, descubren un panorama sembrado de nuevos retos y nuevas necesidades. El cambio climático, las relaciones interculturales, la paz y la seguridad o las contradicciones del sistema económico y financiero global constituyen algunos de estos retos, que acompañan el cambio de paradigma generado por la postindustrialización, la globalización y la era de la información.

Las universidades están inmersas en el estudio de estos cambios y viviendo uno de los periodos más interesantes y comprometidos de su historia, pues la globalización ofrece grandes oportunidades pero plantea complejos retos para el futuro.

En la emergente sociedad del conocimiento, quizás uno de los retos más importantes se deriva de la comprensión misma del concepto de conocimiento. Estamos viendo cómo las fronteras entre disciplinas se desdibujan y cómo cada vez más necesitamos vincular distintas áreas de conocimiento, antes parceladas, para entender problemas complejos. Esto ocurre no sólo en los sectores tecnológicos emergentes sino también en las ciencias humanas y sociales. Estamos ante la necesidad de volver a los modelos de comprensión de la realidad donde las áreas del saber se entrelazaban. Esto se denomina visión compleja o visión holística de la realidad y la función que lo hace posible es la interdisciplinariedad.

En una era de cambio acelerado hay otro reto importante: anticiparse a las demandas de la sociedad. Anticiparse supone haber identificado dónde hay que reconducir problemáticas y cómo puede hacerse, dónde se necesita nuevo conocimiento y cómo hay que difundirlo. Anticiparse y actuar de forma proactiva es dar respuesta a las demandas sociales, pero quizás no como espera hoy la sociedad o el mercado. Para ello es necesario abrir las puertas de las instituciones y establecer un diálogo que configure un entramado efectivo de relaciones con todos los sectores sociales.

Otra cuestión significativa es el valor social de la educación superior. En los últimos años se ha generado una gran presión sobre las universidades para que atendieran las necesidades sociales. Esto se ha vinculado, de manera explícita, a preparar a personas con un conocimiento especializado, orientado a una práctica profesional y que pueda contribuir a la generación de riqueza económica, bajo parámetros de creciente competitividad. Asimismo, observamos que la investigación se orienta cada vez más a satisfacer la demanda, especialmente del sector productivo. La contribución de la educación superior al desarrollo humano y social implica un cambio de paradigma que transite desde un sistema que pone el énfasis en lo individual y competitivo, a otro donde el acento sea puesto en lo colectivo y social.

Así, en la docencia, podemos centrarnos en la capacitación meramente profesional o en la educación de ciudadanos que ejercen una profesión. Identificar la responsabilidad individual y colectiva en la toma de decisiones profesionales, a partir de nuevos valores éticos globales, es un tema del futuro próximo.

En la investigación, podemos explorar la vinculación entre la producción científica y las necesidades sociales, para apoyar la toma de decisiones con implicaciones colectivas. Vincular la generación de conocimiento a las necesidades del cambio climático o a los objetivos del Milenio son decisiones de presente que pueden tener un gran impacto en el futuro. Así pues, las instituciones de educación superior están llamadas a desempeñar un papel fundamental en la construcción social, desde la perspectiva de su compromiso social.

Podemos plantear una universidad comprometida, independiente, plural, abierta e integradora, vinculada a lo local, pero trabajando en redes globales, que contribuya al bien común colectivo desde la plena responsabilidad de servicio público. Las universidades son motores de la economía del conocimiento, pero están al servicio de los objetivos humanos y culturales de la sociedad.

Estas son algunas de las reflexiones que presenta el informe La educación superior en el mundo,editado por la Global University Network for Innovation (GUNI); una red internacional de entidades comprometidas con la responsabilidad social de la educación superior, que trabaja desde Barcelona para reflexionar sobre el papel de la educación superior y sus instituciones en el siglo XXI. Plantean una universidad capaz no sólo de preparar profesionales, sino de formar a los ciudadanos del mañana. La GUNI inaugura el lunes, en la Universitat Politècnica de Catalunya, la IV Conferencia Internacional de Barcelona, para repensar el papel de la educación superior para su contribución al desarrollo humano y social.

Las paradojas de Iraq y Somalia

Por William R. Polk, miembro del Consejo de Planificación Política del Departamento de Estado durante la presidencia de John F. Kennedy (LA VANGUARDIA, 30/03/08):

La guerra de Iraq ha redundado en un cambio apenas considerado pero indudablemente importante en el equilibrio de poder y de las expectativas en juego. Europeos, asiáticos y africanos ya no contemplan a Estados Unidos como indiscutible líder mundial. La reserva estadounidense de buena disposición está completamente agotada. Los sondeos de opinión indican en todo el mundo una creciente desconfianza e irritación contra Estados Unidos. Los más recientes señalan que en Alemania, por ejemplo, sólo tres de cada diez personas tienen un punto de vista positivo de Estados Unidos.

Fuera de Europa, las cifras son aún más espectaculares: en Turquía, país aliado de Estados Unidos desde hace mucho tiempo, la proporción es inferior a 1. En un viaje reciente al Sudeste Asiático, pude comprobar un distanciamiento notable respecto de Estados Unidos y un acercamiento a posturas más favorables e inclinadas a la propia región.

Evidentemente, en lugares como Afganistán y Somalia las actitudes hacia Estados Unidos son más ácidas y mordaces. Todos los sondeos, así como los análisis de los observadores extranjeros, indican que lo único en que los iraquíes de cualquier facción, opinión y nivel económico coinciden es, sencillamente, en que los estadounidenses se vayan. La guerra civil que se libra en Iraq es una de las consecuencias de la destrucción del “tejido social” del país. Hecho el mal, lo cierto es que el mantenimiento de la paz ha resultado ser un objetivo imposible para los 160.000 soldados fuertemente armados a los que hay que añadir los restos de las tropas y fuerzas de seguridad iraquíes, además de unos 20.000 agentes de seguridad mercenarios. Cientos de miles de iraquíes han resultado muertos y los heridos son muchos más; aún más han perdido sus hogares y sustento. Son muy pocos los iraquíes que no han perdido un pariente, un hijo, una esposa, un primo o un vecino. Todos los observadores coinciden en afirmar que los iraquíes responsabilizan a Estados Unidos de estas desgracias.

En Afganistán y Somalia, los choques han sido comparativamente peores. La operación Libertad Duradera lanzada en octubre del 2001 cohesionó en mayor medida a los talibanes y a Al Qaeda. Los talibanes se hallan de nuevo en auge y en cuanto a Al Qaeda, nunca se le han podido parar los pies. El resto es poco y, ciertamente, de tono antioccidental: el Gobierno del presidente Hamid Karzai ha tratado de sobrevivir dando entrada a los señores de la guerra en el gobierno. Son ellos, no Karzai, los que mandan fuera del centro de Kabul. En el 2007, produjeron 8.200 toneladas de opio o, dicho de otra forma, más del 90% de la heroína del mundo. Escaso alivio encontraremos por aquellos pagos.

Si aún cabe imaginar escenario peor, es Somalia. Estados Unidos intervino primero en ese caos para echar a los señores de la guerra, como mostró la espectacular y popular película Black Hawk derribado.Los somalíes pensaban también que los señores de la guerra constituían un peligro mortal de modo que cuando los estadounidenses se fueron les echaron a su vez, con la única sustitución a la vista de los líderes religiosos. Sólo los musulmanes fundamentalistas parecían ser capaces de detener las extorsiones, violaciones y asesinatos de los señores de la guerra y la población somalí, en líneas generales, les dio su apoyo. Sin embargo, Estados Unidos los consideró parte del movimiento terrorista mundial; alentó y pagó a los etíopes para que invadieran Somalia y les expulsara del poder. La invasión en sí triunfó - momentáneamente y al precio de grandes sufrimientos humanos- provocando que los somalíes nos odien. Aún peor, la operación no ha aportado solución política alguna que quepa calificarse de duradera. La guerra no se ha ganado; en todo caso ha empeorado. Los señores de la guerra se han hecho fuertes de nuevo.

Una consecuencia de estas acciones es que Iraq, Afganistán y Somalia se han convertido ahora en escuelas de terrorismo. La guerra parece tener visos de prolongarse en estos países indefinidamente, como reconoce ahora el Departamento de Defensa estadounidense. Para decirlo sin ambages, el efecto directo de lo que antecede es un grado mayor de probabilidad de propagación e intensificación del terrorismo en el mundo. Los analistas más perspicaces comprenden que los ataques terroristas no pueden refrenarse únicamente mediante la acción militar o policial y han llegado a la conclusión de que la orientación actual de la política en esta materia motivará que tales ataques sean inevitables en los próximos años.

El fracaso de Irak en la campaña

Por Mateo Madridejos, periodista e historiador (EL PERIÓDICO, 30/03/08):

El quinto aniversario del comienzo de la guerra de Irak fue conmemorado por los norteamericanos con sentimientos, informaciones y reflexiones encontradas, como corresponde a la situación endemoniada sobre el terreno, la sombría realidad de los 4.000 soldados muertos, las heridas múltiples, el desastre geoestratégico, los intereses en juego y el arduo camino para salir del atolladero. Única novedad: los pronósticos sobre la actitud que adoptará el próximo presidente ante una tragedia cuyo desenlace no afecta sólo a EEUU sino también a sus aliados europeos.

El empecinamiento del presidente Bush, su patética apelación a “la victoria estratégica” contra el terrorismo islámico o su aseveración de que los sacrificios no serán baldíos sólo pretenden enmascarar el panorama de ruinas y el fin de un “idealismo con botas” –según la expresión de Pierre Hassner–, de fuerte tradición en la política exterior estadounidense, que pretendió imponer la democracia por la fuerza y convertir a Irak en un modelo para encuadrar todo el Oriente Próximo bajo las banderas de la libertad.

COMO DENUNCIA un concienzudo y demoledor informe del Carnegie Endowment, instituto de análisis de orientación conservadora, “la estrategia de crear un nuevo Oriente Próximo, pero ignorando las realidades de la región, exacerbó los conflictos existentes y creó nuevos problemas”. Luego, “para restablecer su credibilidad y promover transformaciones positivas, EEUU debe abandonar la ilusión de que puede remodelar la región según sus intereses”. El círculo virtuoso que auguraban los doctrinarios neoconservadores se ha transformado en pesadilla.

La comunidad intelectual atisba un nuevo consenso para recomponer el tablero estratégico y remediar la calamitosa situación derivada de “una peligrosa mezcla de retórica grandiosa y políticas inconsistentes”, pero los candidatos a la presidencia solo coinciden en la urgencia de evitar que el repliegue se convierta en otro fiasco. Aún hay tiempo, porque estamos lejos de la revuelta popular de 1968 contra la guerra de Vietnam que obligó a tirar la toalla al presidente Johnson. Como reconoce The New York Times, con base en las últimas encuestas, “Irak ha sido desplazado entre el gran público por la situación económica y la campaña política”.

Discrepan los economistas sobre los efectos de la guerra en la amenaza de recesión, pero no hay duda de que los miles de millones gastados en Irak hubieran servido para fortalecer el sistema económico y quizá mejorar el nivel de vida de los norteamericanos. Según los cálculos de Joseph Stiglitz, premio Nobel, los gastos totales en Irak alcanzan la cifra astronómica de 25.000 millones de dólares mensuales, casi unos 5.000 dólares por segundo.

El senador John McCain, aunque ofrece cerrar Guantánamo y una relación multilateral con los aliados europeos, se mantiene en la estela de Bush en cuanto a Irak, adopta como lema el “no a la rendición” y repite que una retirada militar desencadenaría “genocidio y caos en toda la región”. Los senadores Clinton y Obama están de acuerdo en que hay que acabar con la guerra cuanto antes, pero sus recetas resultan poco convincentes, hasta el punto de que un editorial de The Washington Post les acusa de vender fantasías y “prometer lo imposible”.

Obama es el más osado cuando asegura que repatriará en 16 meses “todas las brigadas de combate” (unos 50.000 hombres), pero nada dice de lo que haría con los 100.000 soldados restantes y los 160.000 civiles contratados por el Pentágono. Los especialistas del prestigioso Council of Foreign Affairs insisten en que el mayor desafío es el logístico, el retorno de “las montañas de material depositadas en Irak desde 2003″, pero los estrategas advierten de los riesgos de guerra civil, del ascenso de Irán, envalentonado con armas atómicas, y de la pérdida de influencia de Washington en el caso de un súbito repliegue.

¿Cómo mitigar los estropicios de la guerra y la ocupación? Ya no se trata de promover la democracia, sueño definitivamente abandonado, sino de estabilizar la situación, paso previo para cualquier maná desarrollista y de pingües negocios amparados por el petróleo. Y en este punto entran en juego los pragmáticos, los que elaboraron el informe Baker-Hamilton, presentado en diciembre de 2006, que reconocen la imposibilidad de imponer un nuevo orden y abogan por negociar con todos los actores regionales, incluidos Irán y Siria, para restablece el equilibrio.

EN ESA dirección, Henry Kissinger, consejero áulico del senador McCain, apuesta por recabar la ayuda de los europeos, que “no deben esconderse detrás de la impopularidad del presidente Bush”. En su opinión, la retirada norteamericana debería ser el resultado de una negociación diplomática y un acuerdo político, pero nunca de un súbito abandono de consecuencias catastróficas provocado por el cansancio o la irritación de la opinión pública.

Durante su reciente visita a Londres y París, el senador McCain ha podido comprobar que la ocupación de Irak es un grave obstáculo para reducir el foso abierto en el Atlántico por la política de Bush y mejorar la degradada imagen de EEUU en Europa.
Algunas voces prestigiosas se alzan en ambas orillas recabando una nueva Alianza Atlántica que reemplace a la que perdió su razón de ser con el fin de la guerra fría, pero que mantiene a sus onerosos efectivos (OTAN) sin una estrategia coherente.

El ‘efecto vaivén de los limpiaparabrisas’

Por Sami Naïr, profesor invitado de la Universidad Carlos III de Madrid (EL PAÍS, 29/03/08):

Las elecciones municipales francesas siempre han servido de indicador de la evolución de los comportamientos políticos y las aspiraciones reales de los electores. A pesar de ser locales, estos comicios tienen un significado nacional, más obvio aún en el caso de los últimos, ya que se han celebrado diez meses después de la victoria de Nicolas Sarkozy en las presidenciales de 2007.

Cuando un partido gana las municipales suele subrayar su carácter simbólico a escala nacional, y al perderlas, su dimensión estrictamente local. Es precisamente esto último lo que ha hecho el Gobierno de Nicolas Sarkozy. Sin embargo, es evidente que estas elecciones tienen un doble carácter -local y nacional-, sobre todo cuando se convierten en un maremoto a favor de una tendencia política.

La izquierda ganó masivamente las recientes municipales francesas. Administra ahora la mayoría de las grandes ciudades y la mayor parte de las ciudades medianas. También de los departamentos, ya que las cantonales se celebraron al mismo tiempo que las municipales.

A todo esto hay que añadir que, desde 2004, la izquierda gobierna en 24 de las 26 regiones de Francia. Es decir, la izquierda es claramente mayoritaria en el poder local del país. No se puede hacer nada sin el acuerdo de los presidentes de las regiones y los departamentos y sin los alcaldes. Nada, o casi nada.

Se plantean dos cuestiones importantes: ¿cómo es que, diez meses después de haber sido elegido y haber ganado las legislativas, Nicolas Sarkozy se encuentra ante esta situación? Y, más concretamente, ¿significa todo esto que la izquierda ha renovado en estos diez últimos meses su programa y ha ganado en credibilidad después de su derrota a las presidenciales?

Contestar a la primera pregunta resulta bastante fácil: primero, Nicolas Sarkozy no ha sabido lucir el traje de presidente de la República. Ha decepcionado. Y sobre todo a sus partidarios. La superficialidad, la confusión entre su vida privada y la vida pública, sus baladronadas que, a veces han rozado la vulgaridad, los ataques contra la laicidad; todo esto son cosas que no gustan a los franceses.

Nicolas Sarkozy creía que podría cambiar fácilmente las instituciones de la V República, pero ésta le ha llamado al orden. Las instituciones heredadas del gaullismo no son entes muertos; forman parte de una cultura política muy arraigada en la Francia moderna.

Y, en segundo lugar, hay que pensar en la situación económica. Ésta se resume en una promesa incumplida: Nicolas Sarkozy se comprometió aumentar el poder adquisitivo en un contexto de recesión económica; pero éste ha bajado, y los ciudadanos saben contar. Son las facturas de los ciudadanos las que le han propinado esta bofetada electoral.

Respecto a la segunda pregunta, la respuesta es mucho más difícil. Desde el año 1981, los franceses casi nunca han repetido una misma mayoría en las municipales. Es como si jugaran a turnarse: oscilan entre la derecha y la izquierda cada cinco o seis años. Eso se traduce en un profundo desconcierto pues queda claro que, al hacerlo, saben que no eligen entre alternativas diferentes sino que sólo optan por la alternancia entre unos partidos cuyos programas no son muy distintos entre sí. Y es que al analizar los programas no encontramos grandes discrepancias.

La izquierda no ha elaborado un nuevo proyecto, ni siquiera ha tenido un papel destacado en las luchas sociales que se han producido en los últimos meses en Francia. El Partido Socialista, paralizado por sus querellas internas, seguía estos movimientos sociales, pero no los lideraba. En lo que realmente se ha centrado es en saber quién iba a tomar lar riendas del partido ahora que el mandato de François Hollande llega a su término: ¿Ségolène Royal, Bertrand Delanoë o ese baronnet al acecho?

Y entonces llegaron las municipales. Los ciudadanos empezaban a estar hartos de la bufonada televisiva organizada por Sarkozy, que quiere ser presidente y a la vez controlar todos los ministerios, y ha sido él el sancionado por los resultados de las municipales. Ante esto, la izquierda grita ¡victoria!, y secretamente se dice que no hay que preocuparse, que el retorno del balancín le favorecerá.

Esto es lo que yo llamo el efecto vaivén de los limpiaparabrisas: el cambio funciona tal y como la acción de los limpiaparabrisas del coche. Los partidos políticos que pierden el poder cada cinco años no han de preocuparse demasiado: los recién llegados al poder provocarán la lluvia, los limpiaparabrisas electorales se pondrán en marcha automáticamente y echarán a la nueva mayoría. Y así sucesivamente con cada vencedor de unos comicios.

Por supuesto, hay pérdidas en el camino: el aumento de la abstención -como ha ocurrido esta vez- y también el hastío, ¡pero el sistema es así! Un partido puede volver al poder sin tener que ponerse en cuestión tras la derrota, puesto que los electores no tienen más elección que las dos grandes opciones: izquierda o derecha. Como sabiamente decía Deng Xiaoping, “No importa de qué color sea el gato, lo que importa es que cace ratones”. Al ratón del poder, gracias a este efecto vaivén de los limpiaparabrisas, lo cazan alternativamente la derecha y la izquierda. Cambian las palabras pero no los hechos.

Desde 1981 la izquierda francesa se ha acostumbrado a esta situación: no necesita hacer una autocrítica, plantearse la elaboración de un proyecto serio, aún menos crear las condiciones de una alternativa hegemónica. Sabe que los errores de la derecha propiciarán su regreso al poder casi mecánicamente. Y la derecha piensa y actúa exactamente igual.

Fue un precioso espectáculo ver a la izquierda triunfante en la noche del 16 de marzo de 2008. Pero también fue decepcionante saber que no ha hecho nada para lograr esta victoria, salvo esperar la llegada del efecto vaivén de los limpiaparabrisas. ¡Qué alegría! ¡Qué tristeza!

Irak: los costes de una agresión

Por Araceli Mangas Martín, catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Salamanca (EL MUNDO, 29/03/08):

No fue la decisión correcta. Fue una decisión estratégicamente equivocada, además de ilegal. Cinco años después y todavía durante mucho tiempo la población iraquí y la Humanidad en su conjunto seguiremos sufriendo las consecuencias de aquella decisión. No voy a malgastar mucho espacio en argumentar sobre la ilegalidad de la acción armada de Estados Unidos y Reino Unido jaleada de forma bufonesca por el ex-presidente Aznar. La inmensa mayoría de los especialistas de Derecho Internacional de los más variados estados calificaron aquella acción como ilegal. Fue una agresión armada sin fundamento jurídico alguno. El Derecho Internacional no permite usar la fuerza a ningún Estado ni a grupos de estados para derribar una dictadura (por definición, todas las dictaduras violan los Derechos Humanos).

Es bien sabido que EEUU y Reino Unido buscaron con ahínco la autorización de la ONU. Al no obtenerla, declararon que no era necesaria por tener el concurso de varias resoluciones «concatenadas». Se dijo que no es una en concreto la que legitimaba implícitamente el uso de fuerza sino todas en una lectura «sistemática» y «entre líneas». Otro argumento fue el de la intervención humanitaria dado que el régimen de Sadam Husein había violado los Derechos Humanos. Tras cinco años de ocupación militar en Irak, la democracia es invisible y los derechos humanos se siguen violando con la misma impunidad por las fuerzas norteamericanas, los mercenarios y las guerrillas locales. El pueblo iraquí ha cambiado de gobernantes pero no de brutal dominación.

Un tercer argumento era la supuesta posesión de armas de destrucción masiva. Era insultante ya entonces, pues todo el mundo pudo seguir en directo diversos informes del jefe de los inspectores de Naciones Unidas al Consejo de Seguridad sobre los resultados negativos de tales inspecciones. Ni los expertos ni la opinión pública habían olvidado que el «temible» ejército iraquí quedó diezmado en apenas seis semanas de campaña militar en 1991 y había sufrido un fuerte embargo y aislamiento desde entonces. También los especialistas de varios continentes aseguraban que era racionalmente imposible que el régimen de Sadam Husein tuviera armas de destrucción masiva, teniendo en cuenta que no las usó en la primera guerra y, sobre todo, porque Estados Unidos no ataca a otro que tenga armas nucleares. Hoy ya todo el mundo sabe, lo han confesado los diversos departamentos del Gobierno norteamericano involucrados, que mintieron; no que se equivocaran en sus análisis, sino que lo hicieron a sabiendas.

Un cuarto argumento: atribuyeron al régimen de Sadam vínculos de apoyo a Al Qaeda para conectar con la legítima defensa reconocida en la Resolución 1368 (2001), tras el 11-S, que legitimó la invasión de Afganistán. Pero ninguna resolución del Consejo vinculó a Irak con el terrorismo internacional; tal vínculo era negado claramente por los expertos debido a las características del régimen iraquí. El tiempo ha demostrado que el trío de las Azores mintió una vez más y, lo que es más grave, que Al Qaeda llegó a Irak con los agresores norteamericanos y británicos… Con Sadam Husein no había el menor cobijo para Al Qaeda.

Por el contrario, los costes fueron previsibles en todos los análisis de la época: violaciones del Derecho Humanitario, desestabilización, aumento del terrorismo internacional, etcétera. De menor a mayor, un primer coste: humillación y deterioro de la ONU por su gestión posterior. Las resoluciones posteriores a la invasión no la mencionan, como si fuera «la guerra que nunca existió». Es más, la ONU nombró un representante ante las fuerzas de ocupación, levantó las sanciones contra Irak y delegó sus propios poderes de administración del territorio iraquí a favor del invasor a pesar de que el Convenio IV de Ginebra de 1949 no autoriza al ocupante a hacerse con los recursos naturales del ocupado. La ONU claudicó a la voracidad de EEUU y sus nuevos aliados sin prever los costes de credibilidad ante la opinión pública mundial, en especial entre la población y estados árabes, al ver colaborar amigablemente a la ONU en la ocupación.

Un segundo coste: se ha perdido autoridad moral por la hipocresía del discurso de EEUU y de las democracias europeas sobre el respeto a los Derechos Humanos. La invasión de Irak en 2003 pasará a la Historia por los aberrantes crímenes de guerra y contra la Humanidad cometidos por las Fuerzas Armadas norteamericanas y británicas, de los que tuvimos abundantes pruebas desde la primavera de 2004 (cárcel de Abu Ghraib) sin que hayan cesado totalmente. Los informes del Comité Internacional de la Cruz Roja son rotundos en la exposición de los hechos. Ante todo el mundo civilizado y, en especial, ante el mundo árabe y musulmán se ha perdido fuerza moral y legitimado el terrorismo internacional. La doble moral ha sido descubierta, no ya por Al Qaeda y sus células dispersas por todo el mundo, sino por la gran mayoría de la población musulmana. Y, además, algunos estados democráticos, como Estados Unidos y Reino Unido, responden al terrorismo islamista desmantelando el Estado de Derecho. Al Qaeda sabe que su victoria está en la respuesta histérica a sus brutales ataques.

Tercer coste: fue una guerra estratégicamente equivocada. Si pretendían luchar contra el terrorismo internacional, los invasores lo han fortalecido. El Irak de Sadam era una dictadura, como la que padecimos con Franco; como otras muchas dictaduras con las que EEUU y los europeos hacemos negocios, pero no era un régimen islamista sino «laico». El vacío de poder que existe desde mayo de 2003 lo provocó irremediablemente Estados Unidos con su forma de hacer tabla rasa de las estructuras civiles y administrativas del país y con su persecución de los suníes dejando el control a las milicias chiíes (próximas a Irán). Los terroristas islamistas, que se vieron forzados a dispersarse tras la invasión de Afganistán, encontraron cobijo en la anarquía propiciada por los invasores de Irak. La invasión forzó el reclutamiento y la concentración de los criminales que comulgan con la lucha de Al Qaeda. La invasión fortaleció a los chiíes en la región y provocó el enfrentamiento armado entre ambas facciones musulmanas, y en ese río revuelto Al Qaeda ha encontrado su vivero de yihadistas. Por fin, en 2007, EEUU percibe el error y cambia de aliados, propiciando la alianza con sus antiguos enemigos, los suníes, rearmando a antiguos integrantes del ejército de Husein para que combatan a Al Qaeda y puedan hacer frente al dominio chií en la zona que ellos favorecieron y a la casi inevitable guerra civil.

Cuarto coste: Estados Unidos lanzó un mensaje siniestro al mundo favoreciendo la proliferación nuclear horizontal. Atacaron a Irak porque no tenía armas nucleares. Quien tenga el arma nuclear tiene un seguro de no agresión. Los EEUU jamás atacarán a un Estado con armamento nuclear. Ahí está la prueba: a la brutal dictadura norcoreana se la tolera y se negocia con ella o al dictador pakistaní se le tolera su política de una de cal y otra de arena con los talibán refugiados en su territorio y los viveros de terroristas de sus madrasas; por ello, Irán se apresura a tener el arma nuclear. Y algún caudillo sudamericano sueña con tenerla.

Quinta consecuencia: por si fuera poco lo anterior, el mayor error estratégico fue eliminar el dique de contención sobre Irán. Irak era un aliado de Occidente para contener al Irán fundamentalista. Y le apoyó en su guerra contra Irán de 1980 a 1988. Pero la moderación de los sucesores del Ayatolá, Rafsanyani y Jatami (1989-1997) hizo caer en un espejismo a EEUU que, desorientado, se inventó otro enemigo. Al derrocar a Sadam desestructurando a Irak, se perdió el contrapeso a Irán y al fundamentalismo chií. El régimen suní de Irak era el mejor dique de contención del provocador régimen chií de Irán. Otra prueba más de la suicida e insensata política norteamericana es su intermitente aproximación a Irán recabando ahora su ayuda para controlar a Irak… O haciendo depender su entendimiento con Irán de una ascendente Rusia.

Controlar y reconstruir Irak será imposible. Estados Unidos se inventa sus propios enemigos o los multiplica. Con el único argumento de su fuerza militar, ha demostrado que no tiene capacidad de liderazgo global. Tras la derrota en Vietnam, añade esta segunda colosal derrota militar y política: ha fortalecido el terrorismo internacional y el ascenso fundamentalista propiciando la desestabilización de los regímenes musulmanes moderados y ha favorecido el triunfo del chiísmo (Hamas ganó las elecciones en Palestina, Hizbulá provocó la guerra en Líbano y humilló a Israel, se protegió a la minoría chií en Irak) convirtiendo a Irán en la potencia determinante de Oriente Próximo. ¿Alguien de buena fe puede decir que invadir Irak fue una decisión correcta?

Sicilia como parábola

Por Gregorio Morán (LA VANGUARDIA, 29/03/08):

Con la edad se me ha exacerbado el desprecio hacia los signos identitarios. Lo que no es folklore - y lo digo en el mejor sentido de la palabra, el de cultura popular-, o es barbarie o no vale un carajo. En los interminables trayectos en autobús entre Siracusa, Catania y Palermo, me daba por pensar en el valor de los gestos sicilianos, que usurpó la mafia convirtiéndolos en signos identitarios difícilmente comprensibles para los foráneos. La realidad ha ido confirmando la leyenda según la cual la palabra sirve para ocultar las intenciones pero un movimiento de manos, un modo de mirar, una leve inclinación de la cabeza…, llevan certificado de veracidad. Si la singularidad de la diferencia estuviera ahí, su valor sería similar al de los viejos pastores, que les bastaba con un silbido para que el rebaño entendiera.

La raíz identitaria conserva un sustento tribal. En términos de Atapuerca, hemos bajado muy recientemente de los árboles y nos quedan muchas reminiscencias del pasado. Esa adoración mafiosa a los santos locales apenas si enmascara un pasado pagano. Religión y muerte, inseparables. Cuando me enteré de que el legendario capo Calogero Vizzini tenía dos hermanos sacerdotes, un tío obispo y otro arcipreste, y que todos constituían una familia unida y modélica en su reparto de papeles, entendí por qué fueron tan fundamentales en la historia de Sicilia tras el desembarco aliado de 1943.

Me lo contó el principal mafiólogo de Sicilia, Umberto Santino. Posiblemente nadie sepa tanto de la mafia y le haya dedicado tantas horas a su estudio y escritura como Santino. Un tipo insufrible, con un toque de soberbia que se manifiesta en su desdén hacia el oyente. Como un cura de aldea que puede estar hablando el tiempo que juzgue necesario para tu conversión, sin que tenga el detalle de ofrecerte ni un vaso de agua. Y al final, como si fueran estampitas, te vende los libros que él mismo ha escrito. Escuchándole entendí por primera vez el artículo brutal que Leonardo Sciacia publicó en el Corriere della Sera criticando a los jueces antimafia y que logró conmocionar a Italia entera. Pero Sciascia no tenía razón, como tampoco la tengo yo haciendo ironías sobre el impasible Umberto Santino, porque unos años más tarde del artículo de marras los jueces antimafia, Falcone y Borsellino, fueron asesinados. Y cualquier sicario palermitano podría considerar que ese mafiólogo apellidado Santino, que dirige el Centro de Documentación Giuseppe Impastato de Palermo, está de más en este mundo. Cuando alguien se juega la vida en defensa de la justicia o de la verdad, tan parecidas, debemos cubrir lo secundario bajo una capa de benevolencia. Leonardo Sciascia, el crítico, murió en la cama, y los criticados por soberbios, avasalladores y egocéntricos, Falcone y Borsellino, en atentados mafiosos. La muerte, a menudo, coloca a cada uno en su sitio, por más que sea demasiado tarde.

Lo más cruel del arte es que acaba arrogándose la razón. La matanza de Gernika es un cuadro de Picasso. Las figuras de Modigliani son mujeres que uno encuentra por la calle. Los paisajes reales imitan a Van Gogh. El arte se adelanta al tiempo y acaba convertido en realidad. Lampedusa y su Gatopardo tenían razón, y era necesario - para algunos- que todo cambiara para que todo siguiera igual. La aparición estelar, nunca mejor dicho, de Silvio Berlusconi en la política italiana ha significado en términos mafiosos un cambio radical, y en términos sociales la continuidad de lo existente. A menudo olvidamos que Berlusconi nace a la vida política como socio de Bettino Craxi y del Partido Socialista italiano. Craxi dio paso a Berlusconi y Berlusconi protegió a la nueva apertura siciliana del ajedrez político, los hermanos gemelos Alberto y Marcelo dell´Utri, de Palermo, cultos, uno de ellos coleccionista experto en libros antiguos, vinculados a la masonería - la masonería, de antiguo, siempre tuvo una tentación mafiosa; mafiosa y católica al tiempo, cosa que no debería sorprendernos a los españoles tras la peripecia de Mario Conde, masón público galardonado por el Papa de Roma-. Su último hombre en la isla, Totó Cuffaro, presidente de la autonomía siciliana, hubo de dimitir tras la condena a cinco años de cárcel por colaboración mafiosa.

Para los mafiólogos Sicilia se ha italianizado, Dell´Utri vive en Florencia, lo cual es válido también al revés: la Italia berlusconiana, que probablemente ganará las próximas elecciones del 13 de abril, se ha sicilianizado. Sicilia es el rojo de la pintura de Renato Gutusso y las fotos en blanco y negro de Letizia Battaglia. La militancia comunista de Renato Guttuso no facilitó su conocimiento entre nosotros. Que yo recuerde influyó en las escasas huestes de la pintura militante y antifranquista, más entre catalanes y valencianos, si hacemos excepción de José Ortega, tan olvidado hoy pero cuya obra, especialmente en su interesantísima última etapa, debe mucho a Guttuso. Pues bien, el tema es el siguiente. Ese rojo de Guttuso, que por cierto cantó Pasolini en un brillante poema - también lo hicieron, Neruda y Alberti, en espantosos versos- y esas fotos de Letizia Battaglia, ¿son universales o se limitan al mundo local? O lo que es lo mismo, ¿el fenómeno mafioso es estrictamente siciliano?

Un político corrupto, susceptible por tanto de colaborar con el entramado mafioso, tendría por principio las elecciones perdidas. Pues no, la ciudadanía en pleno derecho de sus voluntades le puede votar e incluso promoverle a las más altas magistraturas del Estado. Fue el caso reciente del siciliano Totó Cuffaro, pero tenemos un puñado de historias locales, en Catalunya y fuera de ella. Podría poner ejemplos de corruptos, alcaldes o diputados, que quizá por eso mismo han sido votados por sus conciudadanos. Eso no es otra cosa que el lado universalizador del comportamiento mafioso.

No sé si se trata de una herencia siciliana, pero al menos sí una referencia al lugar donde este tipo de comportamientos eran norma y ley de la costumbre. Nosotros no tenemos, al menos de momento, un brazo armado mafioso que se dedique a allanar los objetivos. Pero seamos sinceros; no lo necesitan. ¿Para qué? ¿En qué sentido se puede decir que nosotros constituimos un frente de rechazo a la corrupción política y económica? Hemos sonreído de medio lado ante el trágala de los Albertos. Por menos que eso cayó el gobierno de Lerroux y su cándido estraperlo durante la República. Podríamos incluso llamar a Letizia Battaglia para que fotografiara a la viuda de Benjamín Olalla, asesinado (¿o se dice homicidiado?) en un paso de cebra por un tipo al que se conoce por Farruquito, a quien se concedieron antes, durante y después del juicio todo tipo de privilegios, y que ahora visita la cárcel sólo por las noches. Por no citar al innombrable letrado Piqué Vidal, maestro del foro, y sus andanzas carcelarias, que harían las delicias de Quevedo, por lo ridículas. No me canso de repetirlo, y lo haré mientras pueda: imagínense si seremos condescendientes con el delito que cualquier asesino pasa en nuestros medios de comunicación como anónimo, apenas el nombre de pila y unas siglas. Algo que no ocurre en Sicilia, ni en ningún otro lugar de Europa.

Creo que la imagen más fidedigna de ese mundo en el que todo ha cambiado para seguir siendo igual la tuve en la ciudad siciliana de Catania. Un negro africano sostenía un hilo de pescar sobre una alcantarilla, vecina a la plaza del Duomo. Sospeché que debía buscar algún anillo perdido, o un billete, o algo así. Cuando al día siguiente vi a otro africano con idéntico hilo echado sobre otra alcantarilla, no pude resistir la tentación y pregunté a qué se debía aquella singular pesca. “Muy sencillo, me dijeron. Están tratando de pescar anguilas para luego venderlas en algún restaurante de postín”. Entendí que todo debe cambiar para que todo siga igual.

Miedo al islam

Por Tahar ben Jelloun, escritor. Premio Goncourt del año 1987. Traducción: José M. ª Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 29/03/08):

¿Han cambiado las maneras de pensar sobre el islam y los musulmanes desde el 11 de septiembre del 2001? ¿Conforman aún una amalgama entre esta religión y el terrorismo? ¿Meten en el mismo saco a árabes e iraníes, a suníes y chiíes? Dicho de otro modo, ¿ha aumentado o ha menguado el miedo al islam?

Al reparar en el caso del diputado holandés Geert Wilders, autor de una película en la que denuncia el islam y considera que “el Corán es un libro fascista”, uno se ve tentado a afirmar que las aguas aún no han vuelto a su cauce y que el malentendido entre las civilizaciones ha persistido a causa de esta clase de provocaciones que prosiguen y potencian el trabajo de Theo van Gogh, asesinado por un holandés de origen marroquí el 2 de noviembre del 2004. La víctima se había labrado una reputación por su “odio al islam y a los musulmanes” y su trabajo racista, en especial contra los judíos. Evidentemente, no era una razón para matarle ni para amenazar de muerte a su amiga y colaboradora Aayan Hirsi Ali, que acaba de solicitar asilo político en Francia. Había sido condenado por antisemitismo, cosa que no le había impedido seguir insultando a musulmanes y árabes.

¿Qué dice Geert Wilders? Para él, “el islam es una religión atrasada, incompatible con la democracia”, o “los inmigrados musulmanes deben integrarse o marcharse”. Admirador de Pym Fortuyn, líder de la derecha populista, asesinado en el 2002, libra un combate fanático, persuadido de que no está solo y de que expresa una opinión que goza de eco en el seno de la sociedad holandesa. Lo hace con tal rabia, con tal odio, que un periodista se ha preguntado si este hombre no tuvo un trauma infantil asociado a la religión musulmana. Qué importan las motivaciones psicológicas o incluso ideológicas… El hecho es que se permite insultar a una religión y a sus adeptos con una libertad que no se le permitiría en el caso de otras confesiones religiosas. El patrón de la prensa Harry de Winter, judío, publicó un artículo en la portada del diario De Volkstrant el día 17 de marzo de este año, donde decía: “Si Geert Wilders hubiera dicho sobre los judíos y el Antiguo Testamento lo que dice ahora sobre los musulmanes y el Corán, se le habría enviado a paseo hace mucho tiempo y se le habría condenado por antisemitismo”.

Como el islam ha sido desviado de su mismo sentido y misión por agentes del terrorismo, como ha sido mal explicado y defendido, cualquiera puede permitirse mancillarlo y atentar contra la dignidad de millones de fieles. Se trata de una especie de permisividad que se ha abierto paso ella misma… Se persigue la provocación y la venganza por mano propia como si el islam hubiera nacido ayer. Las caricaturas del profeta publicadas en el periódico danés Jyllands Posten en el 2005 provocaron reacciones de violencia que se saldaron con varias muertes en el mundo. Un determinado propósito parece querer desestabilizar el islam o dañar la dignidad de creyentes ofendidos y prestos a la yihad para reparar un ataque que, en el fondo, se reduce a la ocurrencia de unos caricaturistas cuyos principios no son otros que los de no respetar principios o cuestiones capitales políticas o religiosas. Este lamentable asunto ha adquirido enormes proporciones, ahondando aún más el foso entre el islam y el resto del mundo.

Pero, más allá del caso de este diputado que aún cree en las cruzadas, el islam no ha encontrado el sitio ni rango que poseía en el mundo antes de la revolución iraní de 1978. Puede decirse que la mayor politización de esta religión se debe a Jomeini, que hizo una lectura ideológica y literal del Corán. La intervención soviética en Afganistán y la manipulación estadounidense de los combatientes musulmanes afganos - les decían que debían expulsar a los comunistas, gente atea- desembocaron en la islamización de los conflictos en esta región y, por tanto, en el terrorismo a escala casi planetaria.

Hay países que siguen teniendo soldados en Afganistán. Los Países Bajos que, histórica y culturalmente, no tienen ninguna relación con esta región, mantienen allí a 1.500 soldados. Cuando Estados Unidos se compromete en una aventura militar, le place incluir a otros países en la iniciativa. No se ofenderá Geert Wilders al constatar que Estados Unidos ha perdido 4.000 soldados y que, en el lado iraquí, el número de víctimas civiles supera el millón de personas… Esta guerra, librada en nombre de la democracia así como de la lucha contra el terrorismo de denominación de origen islamista, ha demostrado ser una de las catástrofes más costosas de la historia reciente estadounidense. Pero, desde el momento en que el enemigo comunista tradicional se ha desintegrado y sobre todo a partir del 11-S, era menester encontrar en seguida un enemigo. Bush, con su equipo de fundamentalistas, apuntó con el dedo al islam y a los musulmanes (él dice terrorismo islamista) como objetivo obsesivo que derribar.

Quien ha arrastrado a su país y su pueblo a una guerra ilegal e injusta se marchará tranquilamente en noviembre como un probo jubilado que aprovechará su vejez para escribir sus memorias y concluir algunos negocios con árabes, como en los buenos y viejos tiempos en que no era más que un gobernador de Texas.

Volar sin limitaciones

Por Jacques Barrot, vicepresidente de la Comisión Europea (EL PERIÓDICO, 29/03/08):

El 30 de marzo, a partir de medianoche, entra en vigor un nuevo acuerdo aéreo de cielos abiertos entre la Unión Europea y Estados Unidos. Por primera vez, las compañías aéreas europeas y norteamericanas podrán volar de un lado a otro del Atlántico sin limitaciones, ni en las dimensiones de los aparatos, ni en la frecuencia de los vuelos, ni en los destinos, ni en los precios.
Este acuerdo es histórico por el alcance, el impacto y la ambición que ofrece. Afecta a los 27 estados de la UE y a Estados Unidos, es decir, a más de 800 millones de personas, y aplica un enfoque innovador en materia de reglamentación internacional: sustituye la miríada de acuerdos bilaterales entre cada uno de los estados miembros y EEUU, incluidas las restricciones. Por ejemplo, fijé- monos en el acuerdo Bermudas II, entre Estados Unidos y el Reino Unido en 1977: solo dos compañías de cada país tenían derecho a operar entre Londres-Heathrow y EEUU. A partir de ahora, el aeropuerto de Londres-Heathrow ofrecerá 16 nuevos vuelos diarios hacia Estados Unidos, y destacan especialmente los de Continental Airlines y Delta Air Lines, que por primera vez operarán en esta ruta.

A PARTIR de ahora, las compañías europeas con vuelos de largo recorrido tienen la posibilidad de abrir rutas hacia EEUU desde cualquier punto de Europa, no únicamente desde su mercado estatal. Air France ya ha previsto abrir una nueva ruta directa entre Londres-Heathrow y Los Angeles, por ejemplo, y British Airways tiene pensado ofrecer muy pronto a sus pasajeros la posibilidad de viajar a Nueva York desde París y Bruselas, por medio de su filial Open Skies.
Los principales beneficiados serán los más de 50 millones de pasajeros que viajan entre Europa y EEUU cada año. Asimismo, también se multiplicarán las posibilidades para el transporte de mercancías. No hay que olvidar que más de la mitad del transporte de mercancías entre Europa y EEUU, valorado en unos 450.000 millones de euros, se hace por avión. Para todas esas personas que dependen de los vuelos transatlánticos, el nuevo acuerdo promete más competencia, y, por lo tanto, mejores precios y mejor servicio, bien en el segmento de pasajeros o en el de transporte de mercancías.
Además, este acuerdo es uno de los primeros en reconocer la importancia capital de la preservación del medio ambiente. Las ventajas de la cooperación entre Europa y EEUU en este ámbito se traducen ya en el proyecto AIRE, que propone trazar unas rutas aéreas más sostenibles desde el punto de vista energético. Este proyecto complementa los esfuerzos europeos en el ámbito de la búsqueda de una gestión más eficaz del tráfico aéreo (SESAR), la existencia de aviones más ecológicos (Clean Sky), nuevos combustibles, además de reforzar la lucha de Europa para que el transporte aéreo se tenga en cuenta a nivel internacional en el sistema de intercambio de emisiones.
Todo ello se traduce en más competencia, disposiciones reglamentarias más coordinadas y seguimiento de los proyectos para proteger el medio ambiente. ¡La aviación transatlántica emprende el vuelo!
El acuerdo de cielos abiertos incluye un compromiso de las partes implicadas con el fin de promover una “segunda parte” del acuerdo. El objetivo de esta segunda etapa es abrir más aún el mercado en beneficio de los consumidores, de las compañías aéreas, de los ciudadanos y de las empresas de ambos lados del Atlántico. En este sentido, Europa ya ha puesto sobre la mesa su propuesta: la posibilidad de que las compañías aéreas y americanas puedan operar en los mercados interiores de cada país, siguiendo el ejemplo de vuelos transatlánticos.
A estas alturas, esto no es posible. Y no lo es, en parte, por razones históricas y, en parte, por los reductos proteccionistas más propios de otros tiempos e impensables en otros sectores de la economía, sobre todo para una industria puntera como esta.

DENTRO DE la UE, ya se han eliminado las barreras entre los estados miembros en beneficio de toda la ciudadanía europea. Esto ha permitido la aparición de las compañías de bajo coste, pero también ha contribuido al surgimiento de gigantes mundiales como por ejemplo Air France-KLM. Pero ahora, para seguir adelante, hace falta lograr una cooperación recíproca con otros países, como es el caso de Estados Unidos.
Los consumidores no serían los únicos en beneficiarse de este acuerdo reforzado: el empleo también saldría ganando si las compañías europeas y americanas pudieran ofrecer servicios más allá de su mercado estatal. Hasta ahora, el sistema de alianzas creado entre las compañías intenta ofrecer a los pasajeros mejores conexiones, pero no acaba de facilitar del todo estos desplazamientos.
La segunda etapa será, pues, tan importante como la primera. Más de mil millones de desplazamientos se producen cada año entre Europa y EEUU. Si logramos reducir definitivamente los obstáculos para la competencia entre dos mercados que, en conjunto, representan más del 50% del tráfico aéreo internacional, conseguiremos que la aviación moderna entre en una nueva era, en beneficio de la UE y de EEUU, del dinamismo económico y de la movilidad sostenible, algo fundamental cara al próximo siglo.

El próximo líder de Estados Unidos

Por Joseph S. Nye, catedrático en la Universidad de Harvard, y autor de The Powers to Lead. © Project Syndicate, 2008. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 28/03/08):

Las elecciones presidenciales estadounidenses atraen la atención de todo el mundo. El hecho de que los tres aspirantes que quedan sean una mujer, un afroamericano y un anciano que ha desafiado con frecuencia a su propio partido indica que el país, tras el descenso de popularidad sufrido durante los años de Bush, conserva la capacidad de reinventarse. Pero el próximo presidente tendrá que reconocer que el carácter de la presidencia también está cambiando.

La revolución de la información está transformando la política y las organizaciones. Las jerarquías son cada vez más planas, y los profesionales del conocimiento actúan en función de distintos incentivos y ganchos políticos. Las encuestas muestran que la gente es hoy mucho menos deferente con la autoridad en las organizaciones y en la política. El poder blando -la capacidad de obtener lo deseado mediante la atracción, en lugar de la coacción o la retribución- es cada vez más importante.

Incluso el Ejército experimenta tales cambios. El Pentágono informa de que los sargentos de instrucción del Ejército norteamericano “gritan menos a todo el mundo” porque la generación actual reacciona mejor a los que ejercen “un papel más de consejero”. Para tener éxitos militares frente a los terroristas y rebeldes, los soldados necesitan ganarse a la gente, no limitarse a romper huesos.

Desde luego, el poder duro del mando sigue teniendo su importancia. El poder duro y el poder blando están relacionados, porque son dos formas de influir en el comportamiento de los demás para alcanzar los objetivos deseados. A veces la gente se siente atraída por alguien con capacidad de mando debido a los mitos de invencibilidad. Como decía Osama Bin Laden en uno de sus vídeos, “cuando la gente ve un caballo fuerte y un caballo débil, de forma natural, prefiere el fuerte”.

El poder duro y el poder blando pueden reforzarse o debilitarse mutuamente. Como respuesta a los atentados terroristas de Al Qaeda contra Estados Unidos, el vicepresidente Dick Cheney afirmó que una enérgica acción militar impediría nuevos atentados. Pero el uso indiscriminado del poder duro -como demuestran la invasión de Irak, las fotos de la prisión de Abu Ghraib y las detenciones sin juicio- sirvió para que aumentara el número de voluntarios dispuestos a ser terroristas. La ausencia de un verdadero componente de poder blando perjudicó la reacción estratégica contra el terrorismo.

Casi todos los líderes necesitan cierto grado de poder blando. El gran teórico del liderazgo James McGregor Burns afirmó que quienes se basan en la coacción no son líderes, sino que se limitan a ejercer el poder. Es decir, en su opinión, Hitler no era un líder. Pero incluso los tiranos y los déspotas necesitan ejercer cierto grado de poder blando, al menos en el círculo de los más allegados. Ningún individuo tiene bastante fuerza como para coaccionar a todos los demás. Un dictador tiene que atraer o convencer a los esbirros que se encargan de coaccionar en su nombre a otros.

Al mismo tiempo, salvo en el caso de algunos dirigentes religiosos, como el Dalai Lama, el poder blando no suele ser suficiente, y los líderes que sólo buscan la popularidad pueden mostrarse reacios a ejercer el poder duro cuando es preciso. Por el contrario, los líderes que ejercen la fuerza sin tener en cuenta las consecuencias para su poder blando pueden encontrarse con que los demás ponen obstáculos a ese poder duro.

Los psicólogos han llegado a la conclusión de que si un dirigente tiene un exceso de agresividad sus relaciones empeoran; mientras que si tiene demasiado poca, le es más difícil lograr sus objetivos. En palabras del consejero delegado Jeff Immelt, “cuando uno dirige General Electric, hay entre 7 y 12 veces al año en las que uno tiene que decir ‘lo haces como digo yo’. Si lo dices 18 veces, la gente que vale se irá. Si lo dices tres veces, la empresa se hunde”.

Es conocida la frase de Maquiavelo de que para un príncipe es más importante ser temido que ser amado. Pero a veces nos olvidamos de que lo contrario del amor no es el miedo, sino el odio. Y Maquiavelo dejó muy claro que el odio es algo que un príncipe debe evitar escrupulosamente. Cuando el poder duro menoscaba el poder blando, gobernar se vuelve más difícil, como descubrió el presidente Bush después de la invasión de Irak.

El poder blando no es bueno en sí, y no siempre es mejor que el poder duro. A nadie le gusta que le manipulen, ni siquiera mediante el poder blando. Por otra parte, el poder blando da a los seguidores más margen de maniobra y más libertad que el duro, porque sus opiniones y sus decisiones importan más. Y, en una era de jerarquías más planas y de profesionales del conocimiento llenos de autoridad, lo más probable es que el poder blando importe cada día más.

El poder duro no se ha vuelto irrelevante, pero los líderes deben desarrollar un contexto de información que les permita combinar los recursos de ambos tipos de poder en una estrategia de “poder inteligente”. Sea quien sea el próximo presidente, tendrá que aprender esa lección.