viernes, febrero 04, 2011

La juventud árabe, entre la exclusión y la espera

Por Tomás Jiménez Araya, profesor consultor del Máster de Derechos Humanos y Democracia-UOC y editor de Población y Desarrollo en el Mediterráneo. Transiciones demográficas y desigualdades socioeconómicas (EL PAÍS, 02/02/11):

La súbita erupción de la revuelta social de Túnez y Egipto, una movilización popular encabezada por jóvenes -por cierto, de ambos sexos-, ha girado el foco de la atención internacional hacia estos dos países, percibidos como heraldos de posibles cambios modernizadores en el mundo árabe.

Lo que está ocurriendo puede interpretarse como síntoma y a la vez como consecuencia de procesos sociales protagonizados por los grupos de población joven ampliamente mayoritarios en todo el norte de África y Oriente Próximo (región MENA, siglas en inglés), que son el resultado acumulativo de una larga y profunda transición demográfica, iniciada hace tres o cuatro décadas, mediante sucesivos descensos de la mortalidad infantil y la fecundidad, con altos crecimientos de la población en los periodos intermedios, en la cual Túnez ha ocupado un lugar de avanzada.

En palabras del demógrafo libanés Youssef Courbage, “la transición demográfica es un test de Rorschach de la sociedad: revela sus dudas y sus certezas, los conflictos y las líneas divisorias sociales y puede aclarar las relaciones entre el poder y la población, los avances, la marginación y los límites de la cohesión nacional”.

Por esta razón, para tratar de descifrar las claves de esta “cólera política juvenil” tunecina y egipcia, manifestación de un fenómeno latente en muchos países árabes, es conveniente tener en cuenta la interacción de factores demográficos y sociales subyacentes.

La región MENA se encuentra en la actualidad en el nivel más alto de una “plétora juvenil”, compuesta por más de 100 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años enfrentados a grandes desafíos en su transición a la edad adulta. Estos jóvenes constituyen aproximadamente un tercio de la población total y cerca de la mitad de la población en edad activa.

En principio, la presencia de esta plétora juvenil ofrece una gran oportunidad durante un periodo en el cual la población en edad activa representa una amplia y creciente mayoría de la población total, respecto a la población dependiente (niños y ancianos). Este “bono demográfico”, generado por la reducción de las ratios de dependencia económica, se produce en una fase de la transición demográfica que abre la posibilidad de ampliar la participación laboral (en las edades en que la productividad es máxima), incrementar las tasas de ahorro e inversión e impulsar, en definitiva, un mayor crecimiento económico per cápita, si se cuenta con un entorno institucional y político adecuado.

Sin embargo, la gran mayoría de países árabes está perdiendo esta gran ocasión histórica. En Túnez, debido a su inicio temprano de la transición, la ventana de oportunidad se estaría cerrando durante esta década.

De acuerdo a una amplia evidencia disponible (especialmente los estudios de Tarik Yousef y Paul Dyer en el marco de la Middle East Youth Initiative, http://www.shababinclusion.org), el potencial transformador de esta plétora juvenil no se está aprovechando adecuadamente y, lo que es aún más grave, la juventud árabe es en gran parte una población socialmente excluida de ámbitos cruciales como la educación, el empleo y la vivienda. Esta exclusión dificulta y dilata extraordinariamente su inserción productiva y social en un largo periodo de incertidumbre o de “espera”, con un riesgo y frustración crecientes.

Existe una gran brecha disfuncional entre las competencias adquiridas por los jóvenes de la región MENA, tradicionalmente orientadas al hipertrofiado sector público, y las solicitadas por los nuevos mercados laborales en el contexto de la reestructuración económica exigida por la competencia global. El epicentro de la exclusión reside en el alto desempleo y ocupación precaria de los jóvenes árabes. Se estima que, en promedio, uno de cada tres jóvenes de 15 a 29 años está desempleado, y en países como Egipto (el país más poblado) y Túnez superan con creces esta proporción. Dado su elevado peso demográfico, los jóvenes representan más de la mitad del total de desempleados de la región, en general de larga duración, con mayor incidencia entre las mujeres.

El coste económico de esta exclusión es enorme. Estimaciones del Banco Mundial han cifrado el coste de la exclusión de las mujeres en los mercados laborales de la región MENA en una pérdida del 25% de los ingresos de los hogares y una reducción de la tasa de crecimiento de la economía próxima al 1% anual. Por añadidura, en términos de desarrollo humano, los costes sociales son muy superiores.

En este contexto, es paradigmático que la chispa de la revuelta tunecina esté personificada por la inmolación de un joven, precario vendedor ambulante y único empleado de un hogar de ocho miembros.

Frustrados en sus aspiraciones básicas de autonomía personal e independencia económica y excluidos también de la participación política, por el gran déficit de libertades y la represión existentes en toda la región, no es de extrañar que los jóvenes árabes, hombres y mujeres, empiecen a considerar que el largo periodo de “espera” se está acabando.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

La segunda liberación árabe

Por Felipe Sahagún, profesor de Relaciones Internacionales y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO (EL MUNDO, 02/02/11):

Las protestas en Túnez que acabaron con el régimen de Ben Ali en apenas cuatro semanas y las de Egipto desde el 25 de enero, pueden considerarse la cuarta oleada democrática internacional en medio siglo y la segunda oleada de liberación en el mundo árabe.

Las tres internacionales anteriores trajeron la democracia al sur de Europa, a Latinoamérica, a Europa central y oriental, y a partes importantes de Asia y África. La primera y, por ahora, la única árabe acabó con el control colonial a mediados del siglo XX, pero fue secuestrada desde el primer día por nacionalistas que impusieron sistemas tan represivos, unos con apoyo de Occidente y otros con apoyo del bloque soviético, como aquellos a los que sustituyeron.

Lo sucedido en Túnez desde el 17 de diciembre hasta mediados de enero y los primeros ocho días de movilización egipcia contra su régimen dictatorial son nuevos procesos de liberación de pueblos hartos de la corrupción, represión y mala gestión económica de dictadores sin ninguna legitimidad democrática.

Mucho más que el estancamiento económico -Egipto y Túnez están creciendo por encima del 4% anual-, en sus protestas han influido la injusticia, la represión, el paro masivo y la revolución informativa -gracias a la televisión por satélite, los móviles e internet-, que ha hecho trizas la maquinaria de la gran mentira sobre la que descansaba el sistema.

Los nuevos medios no han causado, pero sí impulsado y facilitado de forma decisiva, este movimiento de liberación al reforzar a los más débiles, abrir espacios para nuevos dirigentes, poner el foco internacional en su ignorada realidad, llenar el vacío informativo que los medios tradicionales, sin credibilidad alguna, habían perdido y acelerar la pérdida del miedo de los ciudadanos a reclamar sus derechos.

El miedo y la impotencia los mantuvo callados durante decenios y las grandes potencias miraron hacia otro lado a cambio de la estabilidad que los dictadores árabes garantizaron.

En el caso de Egipto, además de estabilidad, proporcionó 30 años de paz -fría, pero paz al fin y al cabo- con Israel, seguridad para el comercio por el canal de Suez, un importante freno del radicalismo iraní en la región y apoyo logístico decisivo en las guerras contra la URSS en Afganistán, contra el Irak de Sadam Husein y contra Al Qaeda.

La sombra de la caída del Shah, la inercia y el temor a un nuevo régimen antioccidental y antiisraelí en El Cairo explican las vacilaciones de Washington y de la UE en los primeros días de la crisis. Frente al temor, tan extendido en Occidente, a una repetición de lo sucedido en Irán hace 32 años, o a ejemplos posteriores como los resultados electorales en Argelia (1991) o Gaza (2006), tenemos la revolución indonesia que acabó con la dictadura de Suharto en 1998, las elecciones en Turquía del último decenio y el hecho de que, en más de 160 elecciones con participación de partidos islamistas en los últimos 15 años, el resultado obtenido por ellos ha sido de, aproximadamente, un 8%.

Si la realidad electoral no fuera suficiente, ya va siendo hora de que EEUU ponga su diplomacia donde -sobre todo desde la Agenda de Libertad de Bush en 2003- pone su retórica, y de que la UE empiece a defender en serio, como se comprometió a hacer en el frontispicio del Tratado de Lisboa, la democracia y los derechos humanos. Las declaraciones a favor de elecciones libres y justas, y de una transición ordenada, por la Casa Blanca, por el Departamento de Estado y por la UE en las últimas horas indican que han perdido cualquier esperanza en la supervivencia de Mubarak. Si no se atreven a decirlo con su nombre y apellido es, más que nada, para no desestabilizar o debilitar de forma peligrosa a sus aliados de Jordania, Marruecos, Arabia Saudí y el Golfo.

A pesar de ello, el monarca jordano se adelantó al tsunami y ayer mismo anunció un cambio de Gobierno. Será insuficiente si no va acompañado pronto de reformas democráticas serias como las que los egipcios exigen en las calles.

Los principales grupos de la oposición egipcia, a la que se están uniendo a diario miembros del partido en el poder, el NDP, prácticamente descabezado, han nombrado ya un comité negociador con el encargo de acordar -con el vicepresidente Suleiman y, sobre todo, con el Ejército- un plan de transición.

El plan incluye seis demandas. La primera, que hasta ayer consideraban innegociable, es la dimisión inmediata de Mubarak. Las otras son su rendición de cuentas ante la Justicia; el procesamiento del ex ministro del Interior, Habib el Adli, a quien se considera responsable principal de los muertos (entre 150 y 300, según las fuentes) y miles de heridos desde que comenzaron las manifestaciones; el establecimiento de una Comisión Constitucional o de Sabios para aprobar las nuevas reglas de juego; la formación de un Gobierno de unidad o de salvación nacional; y la disolución inmediata del Parlamento.

La rama de olivo presentada por Suleiman el lunes por la noche por televisión -diálogo con todos, reducción de precios, subsidios a los más necesitados (el 40% de los 84 millones de egipcios sobrevive con menos de dos dólares diarios), plan masivo contra el paro y revisión de los resultados electorales de noviembre, un pucherazo en toda regla- se queda demasiado corta y llega demasiado tarde.

Hace un mes este discurso podría haber salvado a Mubarak. Hoy su única salvación depende del Ejército y la declaración del lunes de su portavoz, Ismail Etman -«el Ejército no tiene intención de utilizar y no utilizará la fuerza contra el pueblo»-, fue recibida por la mayoría de los egipcios como una invitación a manifestarse en la Gran Marcha de ayer y en la convocada ya para el próximo viernes sin miedo a los tanques.

Presentándose como defensor de la libertad de expresión del pueblo, el Ejército deja atrás definitivamente a Mubarak, refuerza su rol de institución neutral y se consolida como la fuerza decisiva del régimen que nazca sobre los escombros del actual.

La advertencia de Etman de que «el Ejército no permitirá actos violentos que pongan en peligro la seguridad del país o causen graves daños a la propiedad» es la única espada de Damocles que todavía podría revertir el proceso y frenar el, aparentemente inevitable, cambio de régimen con un baño de sangre a lo Tiananmen.

Hasta ahora nadie ha podido vincular los incendios de edificios, la violencia, los saqueos y los motines en las cárceles, de los que han escapado miles de presos (comunes y políticos), con los manifestantes.

Parece, más bien, que la propia Policía, dependiente de Interior y brazo ejecutor de la represión durante decenios, está detrás de muchos de estos excesos para atemorizar a los civiles inocentes, la inmensa mayoría, y justificar el aplastamiento del movimiento de liberación. De ser así, la trampa no ha funcionado y el propio Ejército ha desplazado a la Policía de las calles para evitar males mayores.

Para que estos procesos de liberación -culminado felizmente en Túnez y a punto de hacerlo en Egipto- se encaucen correctamente y fructifiquen en democracias, la oposición desorganizada y, en buena medida, espontánea tiene que transformarse cuanto antes en plataformas de construcción institucional dispuestas al compromiso.

La primera dificultad es encontrar líderes limpios, que no hayan colaborado con las dictaduras salientes y puedan dirigir la transición con el apoyo de la mayoría.

Egipto, afortunadamente, los tiene. Mohamed el Baradei y Ayman Nour son dos de ellos, al menos para el proceso constituyente. El primero ya ha sido autorizado por los principales grupos de la oposición, incluidos los Hermanos Musulmanes, para hablar en su nombre.

Los interlocutores del régimen saliente serán, seguramente, Omar Suleiman, vicepresidente desde el sábado pasado, jefe de los servicios secretos egipcios y hombre de confianza de Israel y de los palestinos; y el general Sami Hafez Anan, jefe del Estado Mayor, con los mejores contactos en el Pentágono. La crisis, de hecho, le sorprendió en Washington, donde tenía previsto permanecer hasta hoy.

El Ejército, con unos 340.000 efectivos, es la única institución con la influencia y la credibilidad necesarias para sustituir el régimen de Mubarak y garantizar una transición en paz.

Hace 10 días, cuando el final de Mubarak aún parecía imposible, el único grupo reconocible detrás de las protestas era el Movimiento 6 de Abril, sin vínculos ideológicos a ningún grupo conocido, nacido a principios de 2008 e impulsor de las principales huelgas y manifestaciones desde entonces. En su dirección colectiva figuran docenas de periodistas, profesores independientes, jueces, abogados y funcionarios.

Hoy, cuando el final de Mubarak parece cuestión de horas o de días, el Movimiento 6 de Abril es sólo la vanguardia o punta de lanza de una constelación de fuerzas que integra ya a docenas de partidos, grupos y movimientos.

La Mezquita, que en las principales crisis árabes jugó un papel tan importante o más que el Ejército, en esta ocasión ha mantenido un perfil bajo, igual que los Hermanos Musulmanes, a pesar de que en las elecciones a las que se han presentado en Egipto, siempre con grandes restricciones, han obtenido excelentes resultados.

La tunecina ya está dando los primeros frutos, con un Gobierno de unidad, la convocatoria de elecciones libres en seis meses y una mesa de negociación de las nuevas reglas de juego con la ayuda de instituciones especializadas en transiciones democráticas como el Consejo de Europa, cuyo secretario general visitó ayer Madrid.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Alemania y el euro

Por José María Carrascal, periodista (LA VANGUARDIA, 01/02/11):

Los he uncido porque el euro viene a ser la materialización de un sueño alemán: el sueño de la Europa unida. No haber pertenecido al Imperio Romano es la más antigua de las frustraciones alemanas, y ya que la historia no puede deshacerse, se han pasado la suya tratando de reconstruirlo, primero, con el Sacro Imperio Romano Germánico, luego con los más diversos intentos, como el de nuestro Carlos I, V de ellos, y el último, el más fallido de todos, el de Hitler. Lo curioso es que la ocasión les llegó tras ese fracaso, con toda Europa en ruinas. Aunque desde las ruinas se levanta mejor la casa común. Alemania ha sido el motor y tesorero de la Europa Unida, ese club de lujo que atrae gentes de todo el planeta por su arte, libertades, servicios sociales y nivel de vida. No ha conseguido todavía convertirse en unos Estados Unidos de Europa, pero ha logrado una moneda común más fuerte que el dólar, el euro, que ha venido a simbolizar la realización de ese sueño.

Y miren ustedes por donde, cuando creíamos haberlo alcanzado, se nos dice que corre peligro, no sólo el euro, sino la casa común. Porque «si el euro fracasa, fracasa Europa» ha dicho nada menos que Angela Merkel en Davos. ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede fracasar el experimento más exitoso de la historia? Pues porque también se puede uno morir de éxito, y no hay duda de que el éxito de la Comunidad Europea se le ha atragantado. Por lo pronto, ha querido ir demasiado rápida. Mientras era un club de seis naciones de parecidas características y similares economías, su funcionamiento no ofrecía mayores dificultades. Pero cuando se amplió a doce, a quince y, luego, a veintisiete miembros, con enormes discrepancias entre ellos, la cosa comenzó a complicarse. Quiso subsanarse con una moneda común a modo de argamasa, y puede que haya sido la grieta. Adoptar una moneda común sin haber adoptado antes una política económica común es muy arriesgado, pues se corre el riego de que algunos socios gasten más de lo debido, al disponer de una moneda más fuerte que sus posibilidades. Que es lo que ha ocurrido. Con dracmas, escudos y pesetas, los griegos, portugueses y españoles no podían ir a Nueva York a hacer compras. Con euros, sí. Lo malo es que sus economías nacionales no respondían a la deuda que iban generando tanto fuera como dentro de su país. Faltaba sólo la gran crisis que ha sacudido la escena internacional como un terremoto, para que quedase al descubierto ese defecto de fábrica tanto del euro como de la Comunidad Europea. Se había empezado a construir la casa común por el tejado.

Hoy es tarde para corregirlo y lo que intenta hacerse es apuntalarla. ¿Cómo? Pues inyectando dinero a los que amenazan quiebra y obligándoles a ajustarse a sus verdaderas posibilidades. Algo que sólo puede conseguirse con recortes drásticos en sus prestaciones sociales y en su nivel de vida. No puede continuar que los alemanes se jubilen a los 67 años, y los griegos, a los 62. O que ellos tengan un copago en sus servicios médicos, y los españoles, no. Que Alemania viese deteriorarse sus autopistas, al tiempo que financiaba nuestras autovías. O que los impuestos irlandeses a los beneficios de las inversiones extrajeras fueran sólo un tercio de los que los que las hacen pagar en otros miembros de la unión. Había que armonizar la política económica y los impuestos de todos ellos si quería mantenerse que estábamos ante una auténtica comunidad. Los severos planes de reajuste impuestos a los que han vivido por encima de sus posibilidades es la primera consecuencia de ello.

¿Se salvará Europa o, lo que es lo mismo, se salvará el euro? La inmensa mayoría de los europeos lo aseguran. «El coste de romper el euro sería tan grande que nunca ocurrirá», dicen. Pero fuera no todos opinan lo mismo y en el Reino Unido, se considera posible. No sólo por haber antecedentes históricos —ya hubo, en 1865, un intento de implantar una moneda única en Francia, Bélgica, Italia y Suiza, como en 1875, otro entre Suecia, Noruega y Dinamarca— que fracasaron, sino también por razones técnicas, expuestas por Ed Balls, un editorialista del «Financial Times» que convenció a sus gobiernos conservadores y laboristas de que no adoptasen el euro porque «Europa carece de un sistema de impuestos federales que igualan las divergencias de las divergentes economías de sus estados, como ocurre en Estados Unidos». Tesis adoptada por Norman Lamont, Chancellor of the Exchequerbajo Mrs. Thatcher, que decía: «Siempre he dicho que el euro se romperá. No tras la primera crisis, sino tras la siguiente. Este no es, al fin y al cabo, un proyecto común, sino un proyecto político».

Hay que descontar de tales pronósticos ingleses su reticencia instintiva a ver unirse Europa, the Continent como ellos la llaman, para poder imponerse sobre ella, que hoy no tienen sentido. Pero que existe ese peligro lo demuestra la intranquilidad reinante en la última cumbre de Davos y las medidas que se están tomando para rescatar a los miembros más vulnerables de la Comunidad. Se hizo con Grecia, se hizo con Irlanda y ha intentado hacerse con Portugal, pero los portugueses, no sabemos si por orgullo o por estar más seguros de sí mismos que los demás, han rechazado la oferta. La incógnita es España. Su economía es mucho mayor que la de Grecia, Irlanda o Portugal, por lo que rescatarla requeriría mucho más dinero. Los cálculos que se barajan van de 350.000 millones de euros a 700.000 millones. Y aunque la Comunidad Europea ha decidido ampliar el fondo de rescate, tal palo iba a dejar sus arcas vacías o semivacías, perspectiva muy poco agradable.

Aparte de que muchos alemanes empiezan a estar hartos de rescatar a sus socios manirrotos y aunque la unidad europea sigue siendo uno de sus sueños, hay sueños demasiado caros y las encuestas arrojan que alrededor de la mitad sienten nostalgia por el marco. Aunque también hay que advertir que una declaración de quiebra española afectaría a Alemania no sólo en sus sueños, sino también en sus realidades: sus bancos y su industria tienen cuantiosas inversiones en nuestro país, que naturalmente acusarían el golpe.

De ahí también la visita que se anuncia de la cancillera a nuestro país, acompañada de su equipo económico. Viene a ver si estamos haciendo los deberes, cumpliendo lo prometido por nuestro presidente, a animarle y animarnos a cumplirlo.

Personalmente, puedo añadir lo siguiente: visito Alemania por razones familiares todos los años, y ya hace tres aprecié que se ajustaban a la crisis. «Este verano no hay vacaciones fuera. Hemos decidido ir al Mar del Norte». «Quince días, en lugar de un mes». «Las comidas en el restaurante los domingos, ahora, en casa». «Continuamos con el viejo coche» y cosas por el estilo.

Hoy, están saliendo de la crisis. Pero se ven arrastrados hacia el foso en que han caído otros por improvisación, frivolidad o, simplemente, ignorancia. E incluso, acusados de insolidarios y culpables de que la crisis se prolongue, ellos, que han contribuido más que nadie a una Europa unida y han hecho lo que tenía que hacerse para afrontar la crisis. Pero estas son cosas de la vida. Lo importante es lo que ha dicho su cancillera, que si fracasa el euro, fracasa Europa. Alemania ha hecho y está haciendo lo posible para que no fracase. Pero Alemania sola no puede salvarlo.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Hartos: más libertad, menos miseria

Por Nicolás Sartorius, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas (EL PAÍS, 01/02/11):

Una vez más ha quedado acreditado en Túnez, en Egipto, et alii que las cosas solo cambian cuando la gente se moviliza. Unas veces a través de las urnas, otras de la calle y cuando se ha ejercido sobre ella violencia sin salida, con las armas. Así ha sucedido a lo largo de la historia desde las revoluciones americana y francesa. En general, los que mandan y sus socios se llevan una sorpresa mayúscula, expresión de su alejamiento abismal de lo que sucede en la base de la sociedad, esto es, de lo que va sintiendo la gente. Sentimiento que no es otro que una acumulación de hartazgo que un buen día revienta por los cuatro costados, provocado por un hecho concreto que hace de deflagrador: la subida de un impuesto excesivo, la carestía del pan, un alimento podrido o un joven que se quema a lo bonzo, desesperado ante tanta estúpida injusticia.

En los países concernidos y en otros que vendrán después, la gente tiene sobrados motivos para estar harta: del malvivir, de la corrupción, de la falta de libertad, de la carencia de perspectivas. Países con una abundantísima juventud sin futuro que se comunica a través de Internet mientras observa cómo familias cleptómanas se enriquecen y pretenden perpetuarse en el poder, pasando este de padres a hijos, hermanos, cuñados u otra parentela.

Ante este importantísimo movimiento que se extiende desde Túnez a Egipto y Yemen, y que quizá acabe afectando a Marruecos, Argelia o Libia, la reacción de Occidente y, en particular, europea ha sido lamentable. Durante décadas, las corruptas semidictaduras de turno han sido nuestros más fieles aliados, a los que los Gobiernos democráticos han mimado y apoyado hasta el punto de hacerles, en ocasiones, socios preferentes, en aras de un pragmatismo o “realismo político” mal entendido, que puede acabar teniendo consecuencias indeseadas. Conviene que algunos comprendan que el exceso de pragmatismo se acaba convirtiendo en su contrario, esto es, en el peor de los idealismos, ajeno a la realidad en su movimiento.

En este caso, las democracias han pecado de este exceso de realpolitik bajo la premisa de que estos regímenes del Magreb y Oriente Próximo, si bien no son democracias y la corrupción campa por sus respetos, combaten el terrorismo y se oponen al avance del islamismo radical, en una palabra, son necesarios para mantener la estabilidad. Es parecido al error que se cometió, en este caso por las Administraciones americanas, de apoyar regímenes dictatoriales -los casos de las dictaduras española y latinoamericanas son paradigmáticos- con tal de que fueran radicalmente anticomunistas. Convendría no cometer el mismo error, pues en este caso las consecuencias no serían las mismas. En el caso del Magreb, la mayoría de los movimientos de liberación anticolonial produjeron regímenes laicos y de tendencia progresista. Errores propios y ajenos han favorecido el avance del islamismo radical. De lo que hagamos dependerá, también, que este prospere o retroceda. De momento, los que salen a la calle no gritan ¡Alá es grande!

Qué duda cabe de que la estabilidad del Magreb debe ser un objetivo central de la política de la UE y, en especial, de países como España o Francia. Es nuestra frontera, son nuestros vecinos, tan cercanos y tan lejanos a la vez. Desde cualquier punto de vista, económico, migratorio, cultural y de la seguridad, tienen una importancia primordial. Pero es lícito preguntarse ¿en qué consiste, cuáles son las premisas de la estabilidad del Magreb? ¿Regímenes políticos autoritarios, represores, corruptos, con unas muchedumbres de jóvenes sin perspectiva? En mi opinión, esa es una estabilidad falsa y efímera en una perspectiva histórica. La verdadera y deseada estabilidad la garantiza la democracia, el progreso económico y la cohesión social. La violación de derechos humanos, la censura, la represión, la pobreza, el enriquecimiento ilícito solo conducen a la acumulación del hartazgo y a alimentar las tendencias e ideologías que se pretende combatir.

El caso de Túnez es ejemplar. El dictador caído intentó vender la idea de que el radicalismo islámico estaba detrás de la rebelión. Nada más falso. La gente quiere libertad y democracia de verdad. Y se sigue movilizando para que a Ben Ali (Franco) no le suceda Arias Navarro (los ministros de Ben Ali). Es una revolución democrática y laica que hay que apoyar para que siga siendo laica y democrática.

La UE, por iniciativa de Francia y España, debería variar su política hacia el Magreb. Se trata, por supuesto, de tener relaciones normales con estos países en diferentes direcciones: económicas, comerciales, culturales, de seguridad. Pero la UE no puede aparecer como el gran aliado y valedor de regímenes odiados por sus poblaciones, que no reúnen niveles mínimos de respeto a los derechos humanos, de libertad y decencia en la administración de la cosa pública. La doctrina Estrada hay que respetarla, pero una cosa es tener relaciones con los regímenes existentes y otra ser socio prioritario de dictaduras corruptas. Pensando en el futuro, la UE defendería mejor sus intereses apoyando estos movimientos democráticos y no apareciendo como cómplices de un pasado nefasto. Una buena ocasión para hacerlo es el próximo Consejo Europeo. ¿O es que vamos a declinar de nuestras responsabilidades en aras de un romo pragmatismo? Sería triste y prueba de incomprensible ceguera.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

El misterio de la pizza china

Por Henry Kamen, historiador británico. Su último libro es Poder y gloria. Los héroes de la España imperial, Espasa, 2010 (EL MUNDO, 01/02/11):

El otro día mi esposa y yo salimos a buscar una pizza, una comida que adoro cuando está preparada correctamente. La hemos probado por todo el mundo, pero las que más nos gustan son las que prepara la cadena Pizza Express en Londres. Así que salimos, en Barcelona, pensando que nos sería fácil encontrar una pizzería italiana. Imaginen nuestra sorpresa cuando descubrimos que los tres restaurantes de pizzas que examinamos, y que previamente eran atendidos por italianos, ¡estaban ahora en manos de personal chino! Había camareros chinos y chinos haciendo las pizzas. Los cocineros asiáticos son a menudo excelentes y, sin duda, pueden hacer excelentes pizzas. De todas maneras, esta vez decidimos ir a un restaurante de cocina española.

Más adelante, hablamos sobre el extraño fenómeno de la comunidad china haciéndose cargo del negocio de la pizza. Parece que no es excepcional. Un amigo nos dijo posteriormente que las pizzerías que conocía en su ciudad estaban ahora en manos de orientales. Empecé a tener la sensación de que algo extraño estaba sucediendo. Justo entonces vi en las noticias de televisión que en EEUU los dirigentes del Partido Demócrata y del Partido Republicano se negaron a asistir a la cena de Estado ofrecida por el presidente Obama al presidente Hu de la República Popular China (RPC) al comienzo de su reciente visita histórica a Estados Unidos. Pensé inmediatamente «¡tal vez no acudieron porque el plato principal de la cena era pizza china!». Y no estaba lejos de equivocarme. Los líderes estadounidenses protestaban en parte por las políticas económicas de China.Y, ¿quién sabe si una de esas políticas no es hacerse con la industria de la pizza en Occidente?

Tras el misterio de la pizza, se esconde un misterio aún más grande: ¿cuáles son las intenciones económicas de la República Popular China? Hace algún tiempo, dediqué un artículo en este periódico al asombroso fenómeno del gigante asiático (China, el dragón resucitado, EL MUNDO, 13 de septiembre de 2006). El potencial económico y de población de la nación con la mayor fuerza productiva de todo el mundo, hace que muchas personas la vean como una amenaza económica. Hace algunos años, la actual senadora republicana de Delaware (Estados Unidos) declaró que China «ha elaborado con mucho cuidado un plan estratégico para tomar América». Muchos por entonces discreparon de ella, pero quizá posteriores evoluciones pueden haberles hecho cambiar de parecer. En los últimos días, muchas personas que conozco me han expresado sus recelos acerca de lo que parece ser un intento por dominar la economía mundial. Y en España, parece haber evidencia de que el actual Gobierno de Rodríguez Zapatero está ayudando activamente a Pekín.

Hay tres etapas principales en el proceso por el que China puede estar procediendo a la dominación. La primera es el establecimiento de buenas relaciones internacionales y el fomento del turismo. A este respecto, el ministro español de Industria, Miguel Sebastián, ha sido el agente más activo para fomentar los intereses de Pekín en España. Recientemente visitó China, con el objetivo de presentar un Plan de Turismo, cuyo objetivo es lograr que 300.000 turistas chinos visiten España en 2012 y un millón lo haga en 2020. El Plan incluirá acciones para adaptar la oferta española a las características del turismo chino, entre ellas la preparación de guías sobre España en mandarín, y la promesa (¡bastante optimista!) de reclutar guías turísticos españoles bilingües. También se ha avanzado en las negociaciones para llegar a acuerdos de cooperación en inversiones y en energías renovables de cara a la visita a España del viceprimer ministro chino.

La segunda etapa de la estrategia es la compra de deuda de los países que se convertirán en nuevos vasallos de la RPC. No es, por poner un ejemplo, ningún secreto que después de Francia, el segundo poseedor extranjero de deuda española es el gigante asiático. ¿Pero qué ocurre en tales casos? El vicepresidente de la Asia Society se explicaba así recientemente: «Las inversiones chinas no se hacen desde una perspectiva económica, sino teniendo en cuenta la estrategia y seguridad nacional. Por ello China tiene interés en acceder a los recursos naturales y en aumentar apoyo político». En efecto, está colocando su dinero en los países débiles, como España, para hacerse con el control. Igualmente, está haciendo préstamos a países vulnerables en todo el mundo. De hecho, el Financial Times estima que China ha superado al Banco Mundial en préstamos a los países en desarrollo. En los últimos dos años, China ha realizado préstamos de un valor estimado de 110.000 millones de dólares a África, América del Sur y Oriente Medio.

¿Qué sucede cuando China hace préstamos o compra deudas? Lo cierto es, según expertos financieros, que Pekín no espera que los préstamos le sean reembolsados. Podemos ver cómo funciona la estrategia en el caso de África. De acuerdo con un estudio publicado por David Mitchell, del Center for Strategic and International Studies, China canceló 1.200 millones de dólares de deuda de 31 países africanos en el año 2000 y condonó otros 750 millones de dólares de la deuda en 2003. En lugar de recuperar el dinero, China prefiere ser capaz de penetrar en el país deudor a través de concesiones de comercio e inmigración. Gracias a esta política, el volumen de negocios en el comercio entre África y China ha aumentado de siete millones de dólares anuales hace una década a 9.000 millones hoy. Uno de los mejores clientes de China en África es el dictador Mugabe, que ha extendido considerables privilegios de minería a la República Popular a cambio de armas y divisas.

La tercera y última etapa estratégica es la pizza, es decir, la presencia visible de ciudadanos chinos en actividades económicas e industriales. La infiltración de su presencia es particularmente notable en África, donde se han instalado tantos como 750.000 durante la última década. La estrategia ha sido diseñada cuidadosamente por funcionarios de Pekín, donde un experto ha estimado que China con el tiempo necesitará enviar a 300 millones de personas a África. La presencia china es una inundación que va creciendo. Angola tiene su propio Chinatown, al igual que grandes ciudades africanas como Dar es Salaam y Nairobi.

Y lo mismo está ocurriendo en España. La población total china de España se desconoce, pero está aumentando muy rápidamente. Aquí se conceden enormes facilidades a los ciudadanos chinos para abrir sus negocios, con todo el apoyo del Gobierno. Hace unos años señalé que el barrio en el que vivo en Barcelona era una de las zonas que el entonces alcalde de Barcelona, Joan Clos, concedió como un nuevo Chinatown, localizado entre el área del Arco de Triunfo y la Plaza de Tetuán.

Uno tras otro, los espacios comerciales han ido siendo ocupados por los nuevos chinos venidos, que se benefician de la exención de impuestos, regentando toda una variedad de comercios, desde restaurantes, supermercados y demás que se anuncian con rótulos no en catalán o español sino en chino. Madrid cuenta ya con el Chinatown más grande de toda España, en Cuatro Vientos. Se pretende que Alicante, Valencia y Barcelona sigan el mismo ejemplo.

La prueba final de la dominación china va mucho más allá de la pizza y tiene un gran parecido a la llegada de la enorme nave espacial en el exitoso filme Independence Day. El mayor éxito de Miguel Sebastián a favor de la RPC está en el establecimiento en España del banco más grande del mundo: el Industrial and Commercial Bank of China, que abrió su primera oficina en España a finales del mes pasado. La oficina, de 1.100 metros cuadrados, se instaló en el Paseo de Recoletos, en Madrid. La llegada del banco es una réplica de la llegada de la nave espacial.

Puede ser que Sebastián viva bajo el malentendido de que favoreciendo a la RPC reforzará España y la salvará de los fracasos del Gobierno actual. Si cree eso, tal vez debería ir a ver Independence Day, o quizá incluso estudiar un poco acerca de la cultura china, en particular la historia sobre el dragón devorador de todo.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

¿Singularidad tunecina? Los límites de un contagio regional

Por Abdennour Benantar, Université Paris 8, Francia (REAL INSTITUTO ELCANO, 01/02/11):

Tema: El régimen tunecino había hecho hincapié en el liberalismo económico para ocultar el liberalismo político, pero la revuelta popular ha puesto de manifiesto el fracaso de su empeño.

Resumen: Nadie se esperaba que, en apenas unos días, Sidi Buzid se convirtiera en la capital árabe de la protesta popular y la inmolación en modus operandi de una juventud desesperada. Aún es pronto para calibrar las implicaciones del alzamiento tunecino, pero se puede decir de entrada que ya nada es como antes: una población decidida se ha impuesto a un presidente autoritario. Se trata de un precedente histórico para una región en la que los cambios se hacen desde arriba.

Análisis: Este análisis parte de cuatro hipótesis: (1) la “revolución desde abajo” ha instigado un cambio formidable en el régimen –por ahora– y no un cambio de régimen; (2) la salida negociada y segura de Ben Ali es fruto de un acuerdo doble, dentro del régimen y entre éste, en especial los militares, y EEUU; (3) la ausencia de islamistas ha evitado la represión brutal de la revuelta y le ha granjeado el reconocimiento de EEUU; y (4) la posibilidad de contagio queda limitada por razones locales, interárabes e internacionales.

En primer lugar, se analizará la naturaleza de este levantamiento y los actores involucrados, abordando el papel decisivo de las clases populares y del ejército, así como el papel limitado de la clase media y la oposición. A continuación, se examinarán los límites de un posible contagio regional. Por último, se estudiarán los obstáculos principales para la democratización de Túnez, las grandes ecuaciones por resolver y las enseñanzas que pueden extraerse. Cabe destacar cuatro conclusiones: (1) la revuelta no ha provocado una auténtica caída del régimen al no haber roto con la elite autoritaria; (2) sin contar con una dirección, la revuelta corre el peligro de no tener suficiente peso durante el proceso político posterior a Ben Ali; (3) las ambigüedades persisten en cuanto al papel de los militares, la actitud de EEUU y los acuerdos relativos a la salida de Ben Ali; y (4), por último, la posibilidad de contagio regional queda limitada por diversas razones.

Cambio desde abajo

El mundo árabe está acostumbrado al cambio desde arriba, bien sea por golpes de Estado o por presiones –incluso injerencias– externas. El cambio real es infrecuente y la tendencia es que haya presidencias vitalicias y que el poder sea hereditario. Pero hete aquí que el joven tunecino que se inmoló a modo de protesta desencadenó una movilización popular sin precedentes que ha provocado, por primera vez en la región, un cambio desde abajo. En este sentido, los enemigos exteriores más inmediatos (árabes) de la “Revolución de los Jazmines” son precisamente los partidarios de la presidencia vitalicia y del poder hereditario, antítesis mismas de la reapropiación por el pueblo de su propio destino. Esta revuelta no sólo ha expulsado a Ben Ali del poder y del país, sino que también ha desestabilizado a los regímenes árabes. Estos últimos afirman respetar la voluntad del pueblo tunecino, aun cuando no respetan la de sus propios pueblos.

Actores de la revuelta

Por actores principales entendemos las capas populares y el ejército, y por actores secundarios, la clase media y la oposición, en un discreto segundo plano durante la fase inicial del movimiento; ahora bien, junto a las organizaciones profesionales, estos últimos han desempeñado un papel importante durante la fase de organización.

Las sublevaciones populares se encuentran en el origen de este alzamiento. En realidad, la clase media no se movilizó, al menos no desde el principio. El modelo tunecino debería haberse ajustado al siguiente esquema: la aparición de una clase media debería haber llevado a que dieran a conocer sus reivindicaciones políticas tras haberse garantizado un determinado nivel de calidad de vida. Sin embargo, no ocurrió así. El régimen no sufrió presiones por parte de la clase media, así que prosiguió con su inercia autoritaria y se transformó en un régimen autoritario y mafioso: las redes mafiosas del capitalismo de Estado se impusieron sobre la política. De este modo, el régimen mantuvo a raya a la clase media y aplastó a las clases populares. Fueron estas últimas, sin nada que perder –a diferencia de la clase media–, las que propiciaron la caída de Ben Ali en menos de un mes.

Sin embargo, para apreciar este levantamiento en su justa medida, hay que destacar otro factor decisivo en la transformación del país: la actitud del ejército. Al negarse a disparar contra los manifestantes, el ejército adoptó una decisión ajena a la cultura política árabe. Sin lugar a dudas, fue un momento histórico en la región. Al actuar de este modo, el ejército abrió una enorme brecha en el aparato represivo del régimen de Ben Ali y dejó al descubierto las fuerzas de seguridad a su servicio. En última instancia, todo el aparato represivo quedó paralizado. La experiencia de los países del Este ya demostró que, una vez que el aparato represivo de los regímenes autoritarios y dictatoriales deja de funcionar, el régimen se derrumba. Así ha sido en Túnez, con la excepción de que aquí no se vino abajo el régimen, sino la cabeza del ejecutivo. Por el momento, el alzamiento se ha saldado con una continuidad, algo distinta, del régimen. En lo fundamental, no ha cambiado el régimen, que ahora trata de asimilar la nueva situación e intenta apropiarse de la revuelta. Los hombres del antiguo-nuevo régimen conservan la práctica totalidad de sus puestos en el gobierno de unidad nacional.

Por lo tanto, uno de los dos obstáculos para la democratización de Túnez es precisamente la ausencia de ruptura con el antiguo régimen. Las elites autoritarias siguen al mando. La composición del gobierno de unidad nacional refleja un cambio en el régimen, no un cambio de régimen. Es una ruptura abortada con la elite autoritaria. Sin embargo, la experiencia de la transición democrática en el Este demostró que los países que no logran la ruptura con las elites autoritarias no consiguen democratizarse.

Al parecer, se ha producido un desajuste, un divorcio entre algunos componentes esenciales del aparato represivo y la cabeza del ejecutivo. La cuestión es saber por qué y cómo adoptó esta decisión el ejército tunecino. Es posible que la salida protegida de Ben Ali esté destinada a salvar al régimen, pero la precipitación de los acontecimientos y el destino negociado del asilo a plena luz del día provocan cierta incredulidad ante este acuerdo. No obstante, el hecho de que el ejército no lo detuviese, sino que, al contrario, le garantizara una salida segura, parece indicar la existencia de un acuerdo (abandonar el poder frente a una salida segura). También es posible que se hayan querido evitar las represalias populares contra Ben Ali, presentándole los hechos consumados a raíz del alzamiento, para librarse así de un presidente que se había vuelto incómodo. Otra posibilidad es que su salida negociada sea el fruto de un doble acuerdo, en el seno del régimen y entre los militares y EEUU, en ausencia de Francia, aferrada a toda costa al statu quo y sin creer en la caída inminente del presidente. Por otra parte, también es posible que el ejército haya querido desembarazarse de él y no haya podido actuar, ya que la cultura de los golpes violentos es ajena al país. Habría esperado, por tanto, el momento propicio para actuar sin ser acusado de golpista con el consentimiento estadounidense.

La oposición, por su parte, se mostró más bien vacilante, como si no quisiera o no pudiera precipitarse a un futuro incierto por miedo a una represalia violenta, así que dejó que el pueblo se enfrentara solo a su destino. Cuanto más conciliador se mostraba el régimen hacia los manifestantes, más se enardecía el tono de la oposición: su escalada de poder en la escena mediática se produjo de forma paralela a las concesiones progresivas del régimen. En definitiva, lo que propulsó a la oposición no fue la generalización de la revuelta, sino el desplome vertiginoso del poder de Ben Ali. Fueron las capas populares quienes dieron su sangre para llevar a buen término esta “revolución”, lejos de implicaciones y contribuciones partidistas. Esto permitió al alzamiento conservar su independencia frente a todas las tendencias políticas y dejar paso a la oposición y a las organizaciones de la sociedad civil para ocuparse de la organización en la segunda fase (tras la huida del presidente depuesto). Sin embargo, esta circunstancia también impidió que la revuelta contara con verdaderos representantes. Es aquí donde radica el principal defecto de este alzamiento sin dirección. El hecho de no disponer de representantes legítimos para negociar en nombre del pueblo sublevado puede despojar a este último de su retribución política. Existe el riesgo de que se vuelva a acaparar el poder y se acometan cambios desde la continuidad, no desde la ruptura con el pasado autoritario. En resumen, lo más difícil no es sublevarse, sino controlar el proceso político en el Túnez de la era post-Ben Ali.

¿Contagio?

Estos acontecimientos sirven de inspiración a los pueblos árabes y la posibilidad de contagio se cierne sobre los Estados en situación precaria (Egipto, Argelia, Jordania, Yemen, etc.). Los regímenes destacan las “especificidades” locales. Aunque es cierto que las situaciones sociopolíticas son dispares, las semejanzas son mucho más notables que las diferencias. Incluso podría decirse que estos regímenes han alcanzado una unidad árabe en materia de bloqueo político, injusticia social y corrupción. No obstante, no basta con la presencia de los mismos ingredientes, sino que hacen falta elementos desencadenantes que no se pueden controlar y que dependen, por un lado, de la espontaneidad y amplitud del movimiento y, por otro, de la reacción de determinados actores internos y externos. La cuestión principal no es saber si el modelo tunecino –en este caso se puede hablar de modelo– va a encontrar su réplica en otros países árabes, sino si el ejército de dichos países va a mostrar la misma actitud que el ejército tunecino. Por el momento, se ha contenido el desbordamiento (spillover). El contagio observado en Argelia, por ejemplo, ha sido muy limitado tanto en amplitud como en duración. Los casos de inmolación ocurridos en Argelia, Mauritania, Egipto y Yemen no han suscitado movilizaciones populares. La transposición del modelo tunecino no ha traído más cola que esa. No obstante, si la revuelta perdura en el tiempo y consigue poner fin al régimen del presidente destituido, la posibilidad de contagio impondrá una presión mucho mayor sobre otros Estados.

Además, cabe cuestionarse por un lado la actitud de EEUU y por el otro la ausencia del fantasma islamista. El reconocimiento de EEUU hacia los manifestantes, sin que sirva de precedente, puede explicarse a través de tres consideraciones. En primer lugar, para ellos Túnez no es un Estado clave en la región, como sí ocurre con Arabia Saudí y Egipto. Cuesta imaginarse la misma actitud ante manifestaciones parecidas en estos dos últimos países. Después, la falta de adscripción del alzamiento a una tendencia política determinada supuso un elemento tranquilizador para EEUU. Por último, los islamistas no se atribuyeron el alzamiento, como suele ocurrir con las insurrecciones en el mundo árabe. Todo eso explica por qué EEUU rompió, con mayor o menor retraso, una regla de oro respetada por todas las potencias occidentales: no apoyar nunca las reivindicaciones democráticas en aquellos países cuyos gobiernos les sean favorables. Para darse cuenta, basta con comparar sus reacciones ante los sucesos ocurridos en Irán y ante el alzamiento tunecino. Es cierto que la democracia no puede imponerse desde el exterior, pero sí se le pueden poner impedimentos. Así ocurre en el mundo árabe, donde las potencias occidentales han demostrado ser verdaderos obstáculos para la democratización.

Por lo que respecta a la ausencia islamista, cabe buscar la explicación en la relativa modernidad de la sociedad tunecina, en la escasa capacidad de movilización de los islamistas a causa de la represión y, por último, en una posible estrategia de los islamistas consistente en no situarse en primer plano para evitar que el régimen legitimase la represión de la revuelta. En este sentido, cualquier levantamiento en el mundo árabe que adquiriese tintes islamistas sería reprimido por los gobiernos con el apoyo occidental. Habida cuenta de que la influencia islamista sigue siendo muy fuerte en numerosos países, es poco probable que el escenario tunecino se reproduzca fácilmente en otros lugares. Además, el hecho de que los manifestantes no recibieran apoyo de países extranjeros también dotó al movimiento de una credibilidad y una independencia innegables. Los guardianes del orden establecido no pudieron acusarlos de haber sido manipulados por el extranjero. Ni la acusación de mano extranjera (conspiración) ni la de terrorismo permitieron desacreditar el alzamiento y, por tanto, legitimar su represión.

Por último, no hay que subestimar la capacidad de los regímenes árabes para sobrevivir al cambio y renovarse desde dentro, sin cambiar su rumbo ni su naturaleza, puesto que han aprendido a deslizarse de una forma a otra de autoritarismo a merced de los acontecimientos. No obstante, se impone la prudencia. Si el régimen de Ben Ali, considerado uno de los más sólidos de la región –por ser uno de los más autoritarios–, corrió tal suerte, el escenario podría repetirse en otros lugares. Los regímenes árabes ya andan protegiéndose y mostrándose a la defensiva: bajada de los precios de los productos de primera necesidad, aumento del poder adquisitivo de determinados grupos de población, orden a las fuerzas de seguridad de evitar el enfrentamiento con posibles manifestantes, etc. Cabe señalar que se trata de medidas de emergencia: no son más que una técnica de adaptación para evitar que la situación pase a mayores, para acortar el periodo con riesgo de contagio sin atender a la raíz del problema. La capacidad de los regímenes para capear los vientos del cambio y desposeer de sentido a las reivindicaciones sociopolíticas sigue siendo grande.

De lo ya mencionado se puede inferir el otro obstáculo para la democratización en Túnez, que no es sino el rechazo de los Estados árabes a que uno de ellos se democratice, porque eso se traduciría en inestabilidad para su propio territorio. Por miedo al efecto dominó, y habida cuenta de las fuertes interpenetraciones interárabes, los regímenes actuales no tolerarán la existencia de una democracia real en Túnez. Bajo el pretexto de volver a la calma y a la estabilidad, procurarán que del movimiento no surja una verdadera democracia en el país, sino más bien una apertura política tan suficiente para apaciguar el fervor popular, como limitada para no poner en peligro la supervivencia del régimen. De hecho, algunos Estados árabes afirman querer respetar la voluntad del pueblo tunecino, pero ninguno de ellos criticó la “confiscación” del poder por parte de las élites autoritarias del antiguo régimen.

Algunas enseñanzas

  1. El cambio desde abajo, a través de un alzamiento popular, no sólo es posible sino que también es eficaz. Ante la falta de transición política desde arriba, el pueblo acabará rebelándose, en una sublevación que puede desembocar en anarquía o incluso en guerra civil si la dirigen o si se apropian de ella los movimientos radicales. Los regímenes que mantienen manu militari el control sobre el Estado y la sociedad acaban perdiéndolo todo.
  2. El fin de una creencia ampliamente extendida que consiste en decir que los pueblos árabes no se rebelan y que las “revoluciones de terciopelo” no son posibles en el mundo árabe.
  3. El alzamiento tunecino ha sido popular, espontáneo, masivo y sin orientación política. No tiene héroes, ni grandes figuras insurgentes o representantes con los que las “autoridades” puedan negociar. Precisamente, el héroe de la “Revolución de los Jazmines” está muerto: Mohamed Buazizi, cuya inmolación dio paso a la revuelta. No obstante, las revoluciones suelen dar lugar a la aparición de figuras emblemáticas y mediáticas. He ahí otra de las especificidades de este alzamiento, puesto que gracias a su naturaleza no partidista y a su canal mediático, Internet, no necesitó personificar la información para difundirla, en contraste con los medios tradicionales que buscan interlocutores que encarnen la “revolución”. En las redes sociales, todo el mundo difunde la información y todo el mundo la recibe.
  4. El modelo de la república hereditaria ha sufrido un grave revés. El poder hereditario instalado en la región corre el peligro de ser arrollado por el de la revuelta popular, lo que al menos tendrá como consecuencia que los proyectos de presidencia vitalicia y de sucesiones familiares acabarán posponiéndose en el mundo árabe.
  5. Las cuestiones económicas no pueden servir de pretexto en ningún caso para el aplazamiento sine die de la democracia. El vínculo entre desarrollo económico y desarrollo democrático es, hoy más que nunca, indisociable.
  6. La era de las redes sociales en Internet ha hecho añicos el sistema de cerrojo mediático de los Estados autoritarios. El régimen tunecino, que siempre mantuvo un férreo control sobre la información y sobre Internet, debe su caída, en parte, a la red, a la aparición de las redes sociales, auténticos repetidores mediáticos para un alzamiento popular. Las imágenes de las manifestaciones llegan a todos los rincones del planeta gracias a los manifestantes internautas.

Conclusión: Para evitar la agitación social y los procesos incontrolables de insurrección, hay al menos dos ecuaciones que resolver.

Admitir que no se puede mantener la disociación entre liberalismo económico y liberalismo político porque el segundo es la salvaguarda del primero: ante la ausencia de cualquier control democrático, el régimen se vuelve autoritario y mafioso, y la rebelión se erige entonces como único mecanismo de reajuste de la trayectoria política. Inyectar dinero para el desarrollo social no concede inmunidad frente a los levantamientos. La apertura del campo político corre pareja con el reparto equitativo de las riquezas y de los dividendos del crecimiento. El régimen tunecino hacía hincapié en el liberalismo económico para ocultar el liberalismo político, pero la revuelta popular puso de manifiesto el fracaso de su empeño. No sólo de pan vive el hombre, se alimenta igualmente de cultura y libertad. El bienestar también es una cuestión de dignidad y libertad. A igualdad de desarrollo entre dos países, se escogerá aquel en el que haya más libertades. En ese sentido, la problemática de la migración continuará apareciendo aun en contextos de crecimiento sostenido. Se constata además que entre los candidatos a la migración clandestina hay multitud de personas que provienen de clases acomodadas.

Acabar con la opción euroamericana, que prefiere la estabilidad precaria, garantizada por regímenes autoritarios, a (la temida inestabilidad de) un proceso democrático que no controla. Al final, las potencias euroatlantistas no han tenido ni estabilidad ni democracia en la región. Además, si bien es cierto que la democracia no puede venir impuesta por agentes externos, lo cierto es que sí puede ser –y es– obstaculizada por dichos agentes, muy a pesar de su discurso ético.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

martes, agosto 03, 2010

Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo

La doctrina de Marx suscita en todo el mundo civilizado la mayor hostilidad y el odio de toda la ciencia burguesa (tanto la oficial como la liberal), que ve en el marxismo algo así como una "secta perniciosa". Y no puede esperarse otra actitud, pues en una sociedad que tiene como base la lucha de clases no puede existir una ciencia social "imparcial". De uno u otro modo, toda la ciencia oficial y liberal defiende la esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa esclavitud. Esperar que la ciencia sea imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada, sería la misma absurda ingenuidad que esperar imparcialidad por parte de los fabricantes en lo que se refiere al problema de si deben aumentarse los salarios de los obreros disminuyendo los beneficios del capital.

Pero hay más. La historia de la filosofía y la historia de la ciencia social muestran con diáfana claridad que en el marxismo nada hay que se parezca al "sectarismo", en el sentido de que sea una doctrina fanática, petrificada, surgida al margen de la vía principal que ha seguido el desarrollo de la civilización mundial. Por el contrario, lo genial en Marx es, precisamente, que dio respuesta a los problemas que el pensamiento de avanzada de la humanidad había planteado ya. Su doctrina surgió como la continuación directa e inmediata de las doctrinas de los más grandes representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo.

La doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Es completa y armónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el heredero legítimo de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés.

Nos detendremos brevemente en estas tres fuentes del marxismo, que constituyen, a la vez, sus partes integrantes.

I

La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia moderna de Europa, y en especial en Francia a fines del siglo XVIII, donde se desarrolló la batalla decisiva contra toda la escoria medieval, contra el feudalismo en las instituciones y en las ideas, el materialismo se mostró como la única filosofía consecuente, fiel a todo lo que enseñan las ciencias naturales, hostil a la superstición, a la mojigata hipocresía, etc. Por eso, los enemigos de la democracia empeñaron todos sus esfuerzos para tratar de "refutar", minar, difamar el materialismo y salieron en defensa de las diversas formas del idealismo filosófico, que se reduce siempre, de una u otra forma, a la defensa o al apoyo de la religión. Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el materialismo filosófico y explicaron reiteradas veces el profundo error que significaba toda desviación de esa base.

En las obras de Engels Ludwig Feuerbach y Anti-D&uumlhring, que -al igual que el Manifiesto Comunista- son los libros de cabecera de todo obrero con conciencia de clase, es donde aparecen expuestas con mayor claridad y detalle sus opiniones. Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo XVIII, sino que desarrolló la filosofía llevándola a un nivel superior. La enriqueció con los logros de la filosofía clásica alemana, en especial con el sistema de Hegel, el que, a su vez, había conducido al materialismo de Feuerbach. El principal de estos logros es ladialéctica, es decir, la doctrina del desarrollo en su forma más completa, profunda y libre de unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en perpetuo desarrollo. Los novísimos descubrimientos de las ciencias naturales -el radio, los electrones, la trasformación de los elementos- son una admirable confirmación del materialismo dialéctico de Marx, quiéranlo o no las doctrinas de los filósofos burgueses, y sus "nuevos" retornos al viejo y decadente idealismo. Marx profundizó y desarrolló totalmente el materialismo filosófico, e hizo extensivo el conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana.

El materialismo histórico de Marx es una enorme conquista del pensamiento científico. Al caos y la arbitrariedad que imperan hasta entonces en los puntos de vista sobre historia y política, sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que muestra cómo, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro más elevado; cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo. Así como el conocimiento del hombre refleja la naturaleza (es decir, la materia en desarrollo), que existe independientemente de él, así el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas concepciones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.), refleja el régimen económico de la sociedad. Las instituciones políticas son la superestructura que se alza sobre la base económica. Así vemos, por ejemplo, que las diversas formas políticas de los Estados europeos modernos sirven para reforzar la dominación de la burguesía sobre el proletariado. La filosofía de Marx es un materialismo filosófico acabado, que ha proporcionado a la humanidad, y sobre todo a la clase obrera, la poderosa arma del saber.


II


Después de haber comprendido que el régimen económico es la base sobre la cual se erige la superestructura política, Marx se entregó sobre todo al estudio atento de ese sistema económico. La obra principal de Marx, El Capital, está con sagrada al estudio del régimen económico de la sociedad moderna, es decir, la capitalista. La economía política clásica anterior a Marx surgió en Inglaterra, el país capitalista más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo, en sus investigaciones del régimen económico, sentaron las bases de la teoría del valor por el trabajo Marx prosiguió su obra; demostró estrictamente esa teoría y la desarrolló consecuentemente; mostró que el valor de toda mercancía está determinado por la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción.

Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de una mercancía por otra), Marx descubrió relaciones entre personas. El cambio de mercancías expresa el vínculo establecido a través del mercado entre los productores aislados. El dinero, al unir indisolublemente en un todo único la vida económica íntegra de los productores aislados, significa que este vínculo se hace cada vez más estrecho. El capital significa un desarrollo ulterior de este vínculo: la fuerza de trabajo del hombre se trasforma en mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario de la tierra, de las fábricas, de los instrumentos de trabajo. El obrero emplea una parte de la jornada de trabajo en cubrir el costo de su sustento y el de su familia (salario); durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la plusvalía, fuente de las ganancias, fuente de la riqueza de la clase capitalista.

La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la teoría económica de Marx. El capital, creado por el trabajo del obrero, oprime al obrero, arruina a los pequeños propietarios y crea un ejército de desocupados. En la industria, el triunfo de la gran producción se advierte en seguida, pero también en la agricultura se observa ese mismo fenómeno, donde la superioridad de la gran agricultura capitalista es acrecentada, aumenta el empleo de maquinaria, y la economía campesina, atrapada por el capital monetario, languidece y se arruina bajo el peso de su técnica atrasada. En la agricultura la decadencia de la pequeña producción asume otras formas, pero es un hecho indiscutible.

Al azotar la pequeña producción, el capital lleva al aumento de la productividad del trabajo y a la creación de una situación de monopolio para los consorcios de los grandes capitalistas. La misma producción va adquiriendo cada vez más un carácter social -- cientos de miles y millones de obreros ligados entre sí en un organismo económico sistemático --, mientras que un puñado de capitalistas se apropia del producto de este trabajo colectivo. Se intensifican la anarquía de la producción, las crisis, la carrera desesperada en busca de mercados, y se vuelve más insegura la vida de las masas de la población. Al aumentar la dependencia de los obreros hacia el capital, el sistema capitalista crea la gran fuerza del trabajo conjunto. Marx sigue el desarrollo del capitalismo desde los primeros gérmenes de la economía mercantil, desde el simple trueque, hasta sus formas más elevadas, hasta la gran producción. Y la experiencia de todos los países capitalistas, viejos y nuevos, demuestra claramente, año tras año, a un número cada vez mayor de obreros, la veracidad de esta doctrina de Marx. El capitalismo ha triunfado en el mundo entero, pero este triunfo no es más que el preludio del triunfo del trabajo sobre el capital.


III


Cuando fue derrocado el feudalismo y surgió en el mundo la "libre" sociedad capitalista, en seguida se puso de manifiesto que esa libertad representaba un nuevo sistema de opresión y explotación del pueblo trabajador. Como reflejo de esa opresión y como protesta contra ella, aparecieron inmediatamente diversas doctrinas socialistas. Sin embargo, el socialismo primitivo era un socialismo utópico. Criticaba la sociedad capitalista, la condenaba, la maldecía, soñaba con su destrucción, imaginaba un régimen superior, y se esforzaba por hacer que los ricos se convencieran de la inmoralidad de la explotación.

Pero el socialismo utópico no podía indicar una solución real. No podía explicar la verdadera naturaleza de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, no podía descubrir las leyes del desarrollo capitalista, ni señalar qué fuerza social está en condiciones de convertirse en creadora de una nueva sociedad.

Entretanto, las tormentosas revoluciones que en toda Europa, y especialmente en Francia, acompañaron la caída del feudalismo, de la servidumbre, revelaban en forma cada vez más palpable que la base de todo desarrollo y su fuerza motriz era la lucha de clases.

Ni una sola victoria de la libertad política sobre la clase feudal se logró sin una desesperada resistencia. Ni un solo país capitalista se formó sobre una base más o menos libre o democrática, sin una lucha a muerte entre las diversas clases de la sociedad capitalista.

El genio de Marx consiste en haber sido el primero en deducir de ello la conclusión que enseña la historia del mundo y en aplicar consecuentemente esas lecciones. La conclusión a que llegó es la doctrina de la lucha de clases.

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden -y, por su situación social, deben- constituir la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y organizar a esas fuerzas para la lucha.

Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que se han consumido hasta hoy todas las clases oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proíetariado en el régimen general del capitalismo.

En el mundo entero, desde Norteamérica hasta el Japón y desde Suecia hasta el Africa del Sur, se multiplican organizaciones independientes del proletariado. Este se instruye y educa al librar su lucha de clase, se despoja de los prejuicios de la sociedad burguesa, está adquiriendo una cohesión cada vez mayor y aprendiendo a medir el alcance de sus éxitos, templa sus fuerzas y crece irresistiblemente.

domingo, agosto 01, 2010

"Me siento como un nazi"

Por VERÓNICA CALDERÓN (El Pais.com, 01/08/2010)

Es una ley racista, y claramente está dirigida contra los hispanos. Me siento como un nazi". Paul Dobson, un policía de Phoenix (Arizona) con 20 años de experiencia, mira a la cámara con seguridad. Por momentos, emocionado. "La gente no confiará más en nosotros". El vídeo fue difundido a través de una comunidad de Facebook, Cuéntame, dirigida a los hispanos en Estados Unidos. "Nuestro trabajo está en peligro. La Constitución dice que todas las personas tienen derecho a ser protegidas. Con esta ley ya no será así". Fue Dobson el que se ofreció a los responsables de la web: "Me gusta su proyecto y quiero colaborar en él. Soy un policía de Phoenix", les dijo a través de un correo, según recuerda Axel Caballero, uno de los administradores de esa página.

Dobson es uno de los policías que han plantado cara a la gobernadora de Arizona, la republicana Jan Brewer, que afirma que "la gran mayoría" de los inmigrantes que llegan a su Estado son usados como mulas por los narcotraficantes; y al sheriff de Maricopa, Joe Arpaio, que se jacta de humillar a sus presos, condenados generalmente por delitos menores.

Dobson no es el único policía de Arizona contrario a la nueva ley. Los agentes Martín Escobar y David Salgado dieron un paso más, al presentar dos de las seis demandas interpuestas por ciudadanos individuales en contra de la ley de inmigración, que permite a la policía pedir la documentación a cualquiera que despierte "una sospecha razonable". El argumento de estos agentes coincide con el del Gobierno de Barak Obama, que ha logrado la suspensión judicial de cuatro artículos de la ley, uno de ellos el de la "sospecha razonable". Pero la gobernadora de Arizona ha apelado contra la suspensión, de modo que la batalla legal sigue viva.

El agente Escobar, de 45 años, es de Sonora (México) y cruzó la frontera cuando tenía cinco. Ahora vive en Tucson. "Tengo que hacer mi trabajo y tengo un deber. Soy policía desde hace 15 años, pero no me siento bien aplicando esta ley. Y, además, dificultará nuestro trabajo", explica.

Cerca del 30% de la población de Arizona es hispana. Ese Estado ocupa el cuarto lugar en habitantes hispanos, detrás de Nuevo México, California y Tejas. En Estados Unidos viven más de 42 millones de personas de origen hispano y se estima que 11 millones son inmigrantes ilegales. "Es una ley dirigida contra un grupo, y no resolverá el problema de la inmigración ilegal", subraya Escobar. "Hay muchos problemas que atender, como el tráfico de drogas o la violencia doméstica. Esta ley no los resolverá". Este agente recuerda que Arizona recibe cada año a 24 millones de turistas mexicanos -todos legales-, según datos de la oficina de turismo. ¿Cómo decidir quién es "razonablemente sospechoso"? Un vídeo utilizado por la policía sostiene que "la raza no es motivo para una detención", pero no aclara nada más.

El agente David Salgado, por su parte, nació en El Paso (Tejas) en 1958. Sus padres también nacieron en EE UU. "Detendrán a personas que son la cuarta o quinta generación nacida en Estados Unidos", asegura. Lo que califica de "ley racista" provocará que muchas personas teman llamar a la policía. Y asegura que ha disminuido la confianza entre los ciudadanos de origen hispano y la policía: "Antes me saludaban por la calle. Ahora no me quieren ni mirar a los ojos".

La ley "solo pone barreras y rompe las relaciones que habíamos creado con la comunidad", añade Escobar. Y Dobson lo explica con un ejemplo. "Si una inmigrante sufre violencia doméstica, dudará en llamarnos". Las llamadas para denunciar violencia doméstica son muy frecuentes. "Y si no habla bien inglés, estoy obligado a pedirle su documentación, y estaría obligado a denunciarle. Se lo van a pensar dos veces antes de llamarnos. Ya no confiarán en nosotros".

En el vídeo citado, Dobson afirma que para muchos, en Arizona, la policía dejará de ser un protector para convertirse en un enemigo. Tan seguro estaba de su causa que no pidió a los responsables de la web que cambiaran su nombre ni escondieran su rostro. Según recuerda Axel Caballero, él "pensaba que no se metería en problemas".

Se equivocó. El Departamento de Policía de Arizona le abrió un expediente porque los agentes tienen prohibido hablar con la prensa. Su defensa alega que Facebook no es un medio tradicional y que sus declaraciones fueron a título personal. "Dijo que era una decisión individual, no en representación del Departamento de Policía de Arizona", recuerda Caballero. Dobson no habla con periodistas, pero le contó a Caballero en un correo que el vídeo ha provocado que sus compañeros le miren con recelo. "Cara a cara, mis colegas han sido muy amables, tanto que me ha sorprendido. Pero sé que a mis espaldas no hablan tan bien de mí".

Los peligrosos sueños de gloria del soldado Manning

Por DAVID ALANDETE - Washington - (El Pais.com, 01/08/2010)

En pleno desierto iraquí, en una base militar a 60 kilómetros de Bagdad, el soldado Bradley Manning, de 22 años, sentía la amargura y la soledad del aislamiento. Pasaba turnos de 14 horas, siete días a la semana, frente a una pantalla, analizando información sobre el enemigo para incluirla en las bases de datos clasificadas del Ejército estadounidense.

En aquellas interminables jornadas, rodeado por otros soldados, un calor de 43 grados y tormentas de arena, en una batalla que no sentía como suya, descubrió en su interior el desapego que sentía hacia su país y sus guerras. No tenía una relación especialmente cercana con su padre, que fue soldado como él y vivía en Oklahoma. Ni con su madre, que se había mudado tiempo atrás a Gales. Fue educado en el catolicismo, pero en su placa del Ejército lucía la palabra "humanista".

En aquellas estancias militares se sentía un don nadie y soñaba con cambiar el mundo. De ser Manning, un soldado más, a ser Manning, el héroe que dejaría en evidencia el cinismo occidental.

En noviembre de 2009, vio clara su oportunidad. Como analista de inteligencia, categoría 35F, usaba unos ordenadores conectados a dos redes ultrasecretas del Pentágono: SIPRNet y JWCIS. Los documentos que por allí transitaban mostrarían los abusos bélicos de su país. Por motivos de seguridad, no tenían puertos USB. Pero por un error del Ejército, sí disponían de reproductores y grabadores de CD. Manning orquestó entonces una operación de película. Y le funcionó. Rotuló un CD virgen: "Lady Gaga". Entró a su puesto. Se sentó ante la pantalla. E inició un largo playback de la canción Telephone, de la mencionada cantante. Como en una película de espionaje, actuaba como un doble agente: fingía escuchar música mientras descargaba documentos críticos para la seguridad nacional.

Ya tenía el material. El siguiente paso era darle una salida, hacer de aquellos documentos el pasaporte a una vida de gloria y heroísmo para el soldado Bradley Manning.

En una serie de conversaciones que el soldado tuvo entre el 21 y el 25 de mayo con el pirata informático estadounidense Adrián Lamo, de 29 años -famoso por haberse infiltrado en 2002 en redes como la del diario The New York Times y por haberse entregado finalmente al FBI- Manning le dijo que le había entregado todos esos documentos al portal de documentos clasificados Wikileaks.

"Era información muy vulnerable. Y, bueno, se la mandé a Wikileaks. Dios sabe lo que sucederá a partir de ahora. Espero que haya una gran discusión mundial, debates, reformas. Si no es así, estamos condenados como especie", le dijo, según las transcripciones de esas conversaciones que obran en poder de Lamo. Este le preguntó qué haría si el Pentágono le descubría: "Intentaría contar mi versión de los hechos antes de que lo manipularan todo para retratarme como Nidal Hasan [el acusado del asesinato de 13 soldados en Fort Hood]".

Era una premonición certera. Detenido en Irak y trasladado a Kuwait en mayo, en confinamiento desde entonces y enviado el pasado viernes a Virginia, en Estados Unidos, a Manning se le acusa de haber robado documentos secretos entre el 19 de noviembre y el 27 de mayo, entre ellos dos vídeos que muestran matanzas de civiles en Irak y Afganistán. Se le investiga por la revelación de 260.000 mensajes cifrados del Departamento de Estado. Y ahora, fuentes del Pentágono dicen tener pruebas más que suficientes que le relacionan con la filtración de los 92.000 documentos clasificados sobre la guerra de Afganistán.

Fue Lamo quien delató a Manning. "Fue una cuestión de conciencia", asegura a EL PAÍS en entrevista telefónica. "Me pareció que lo que estaba haciendo era terriblemente irresponsable. Estaba poniendo la seguridad nacional y las vidas de mucha gente en peligro". Ahora Lamo está colaborando con el Ejército norteamericano y, seguramente, deberá testificar en contra del soldado.

¿Qué llevó a Manning a ponerse en las manos de alguien que le acabaría delatando? Como reputado hacker, que logró infiltrarse en redes muy protegidas, Lamo era un modelo para muchos piratas informáticos, fácil de localizar, además, en la Red. "Manning buscaba respeto y aprobación", explica Lamo. "Vio que había artículos y vídeos sobre mí y creyó que contactándome encontraría una forma de reafirmarse, de confirmar que lo que estaba haciendo era correcto. Me contacta mucha gente como él y yo nunca les he delatado. Pero en esta ocasión vi que esto se le podía ir fácilmente de las manos. Por eso informé al Ejército".

Esta semana, tanto el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, el de EE UU, Barack Obama, como el jefe del Estado Mayor Conjunto norteamericano, Mike Mullen, han asegurado que la filtración de los documentos de Afganistán provocará, probablemente, las muertes de soldados y colaboradores afganos. Mullen ha ido más lejos. Ha dicho que Wikileaks y sus gestores "pueden tener ya las manos manchadas por la sangre de algún joven soldado o de alguna familia afgana".

El viernes, fuentes del Pentágono confirmaron que, además, el Ejército está tratando de averiguar si, durante un permiso en enero, durante el cual viajó a Boston, Manning le entregó los CD con material clasificado a amigos suyos, que los podrían haber puesto también al servicio de Wikileaks.

En sus conversaciones con Lamo, Manning queda retratado como una persona infeliz y atormentada. "He estado aislado demasiado tiempo", dice. "Tomo pastillas como un loco". "Siento que abusan de mí como de una mula de carga". "Quiero que la gente vea la verdad". "Ya no creo que haya gente buena y mala. Hay una serie de países que actúan siempre a favor de su propio interés".

En esas conversaciones, facilitadas por el hacker Lamo, hay un momento en el que este le pregunta: "¿Hay algo que no haya sido publicado?". Manning responde: "Tendría que preguntarle a Assange".

Julian Assange es el fundador de Wikileaks, un periodista australiano que ha publicado en esa red los documentos de Afganistán. Lamo asegura que el soldado le reveló en sus conversaciones que Assange sabía que estaba infiltrándose en las redes del Pentágono y que le dio acceso prioritario a los servidores de Wikileaks.

"Yo creo que Assange guió a Manning, le dijo qué tipo de documentos serían valiosos. Wikileaks manipuló a Manning", asegura Lamo. La única prueba con la que cuenta Lamo son esas conversaciones y el hecho de que, al menos dos documentos que el soldado robó -el vídeo de un ataque con helicópteros en Bagdad, en 2007, en el que fallecieron 12 civiles, y dos cables de la Embajada de Estados Unidos en Islandia- han sido publicados en Wikileaks.

Este diario intentó contrastar las acusaciones con el fundador de Wikileaks, que ni las confirmó ni las desmintió. La única respuesta a dos correos electrónicos y una llamada telefónica fue emitida por un portavoz: "Por motivos de política y legislación, Wikileaks no habla sobre fuentes".

El Pentágono espera poder ampliar pronto sus cargos contra el soldado Manning, para incluir las filtraciones de Afganistán. Puede que este soñara con que su país le saludara un día como un héroe por su decencia moral. El viernes, sin embargo, llegó a la base militar de Quantico esposado, en régimen de aislamiento, enfrentado a la posibilidad de que se le juzgue por alta traición.

Princesas y dictadores

Por Monika Zgustova es escritora; su última novela es Jardín de invierno, Destino (EL PAÍS, 31/07/10):

Al visitar Uzbekistán, hace un par de meses, pude comprobar que el país es multicultural y multilingüe: además de uzbekos y rusos, en él conviven otras dos minorías étnicas, la tayika y la kirguiza, con sus lenguas de familias farsi y turca, además de otras minorías. Algo parecido sucede en los que hoy son sus Estados vecinos: Kirguizistán, Tayikistán, Kazajistán y Turkmenistán que, además de Uzbekistán, antes de la Revolución de Octubre de 1917 formaban una región dominada por diversos señores feudales o kanes bajo dominio de los zares.

En 1924, según la conocida fórmula divide y vencerás, Stalin cortó la región en pedazos y así estableció distintas repúblicas soviéticas. El dictador soviético tenía prisa porque temía que la unión de esos pueblos bajo la bandera panturca le impidiera realizar sus planes imperialistas. Stalin dibujó unas chapuceras líneas fronterizas que atraviesan montañas, ríos y etnias de manera tosca y arbitraria. De modo que el tijeretazo también dividió, entre Kirguizistán, Uzbekistán y Tayikistán, el fértil valle de Fergana, uno de los mayores productores de algodón del mundo, donde a mediados de junio de este año se produjeron en su zona kirguiza los sangrientos disturbios que generaron cerca de un millón de uzbekos refugiados. Si Stalin logró que los grupos étnicos no se unieran contra él, aseguró asimismo un hervidero de rivalidad y animadversión étnica.

De ese modo, debido a la política soviética de mezclar nacionalidades y trasladarlas de una punta del imperio a otra, Kazajistán encabeza la diversidad étnica en Asia Central: desde kazajos y rusos hasta ucranios, uzbekos y tártaros, el país -autoritario que presenta graves irregularidades en las elecciones, como todos los demás de la zona- cuenta con 131 nacionalidades.

En muchos países de la región, esos odios han sido hasta ahora latentes, porque los regímenes autocráticos y dictatoriales, herederos del modelo soviético, los han vigilado muy estrechamente. En cambio en Tayikistán esas rivalidades y enormes desigualdades entre etnias y clases sociales generaron un sangriento enfrentamiento que duró media década y se cobró casi 100.000 muertos. Los grupos descontentos, que iniciaron la guerra civil en 1992, eran reformistas democratizadores. En la actualidad, el presidente tayiko, Emomali Rahmon, manipula las elecciones de manera corrupta, y lo mismo sucede en los demás países del Asia central pos-soviética.

En cuanto a Turkmenistán, según el World Press Freedom Index de Reporteros sin Fronteras, ocupa el tercer lugar mundial de restricciones de la libertad de prensa. Además de eso, el anterior presidente Niazov prohibió el pelo largo, la ópera y la música reproducida. Ahora, bajo el presidente Berdimushamedov, el ambiente se está relajando tímidamente, aunque los derechos humanos siguen en un nivel muy bajo.

También en Kirguizistán, que hace poco se ha quitado el chaleco de fuerza que le imponían los dictadores para emprender un camino lento hacia una cierta apertura con la aprobación de su primera constitución democrática, las tensiones étnicas han explotado atizadas precisamente por los dictadores depuestos.

Se cumplen 20 años de la desaparición de la Unión Soviética. En junio de 1990, Kirguizistán fue uno de los países más pobres que quedaron en las ruinas del antiguo imperio. Desde entonces, dos autócratas lo han gobernado: el corrupto Akaev, a quien la Revolución de los Tulipanes de 2005 arrebató el poder y Moscú le ofreció un puesto en la universidad; y el no menos corrupto Bakiev, puesto en el poder por Bush junior y desechado el pasado mes de abril por una revuelta popular, que encontró refugio bajo las alas del dictador bielorruso, Lukashenko. Y digamos de paso que, hace unas semanas, el hijo de Bakiev, Maxim, fue detenido en el aeropuerto de Londres al aterrizar allí en su avión privado y pedir asilo político. Roza Otunbaeva, que gobierna ahora la transición hacia la democracia de Kirguizistán, culpa del reciente genocidio contra los uzbekos a este último. En la ciudad de Osh, que cuenta con una importante minoría uzbeka, el ex gobernante, que provenía de allí, organizó con la ayuda de sus parientes y conocidos, o sea en el más puro estilo de la Asia Central, una revuelta para desestabilizar el nuevo Gobierno. YouTube presenta una conversación telefónica en la cual el hijo de Bakiev, Maxim, clama: “¡Destronemos al Gobierno organizando turbulencias en el sur!”.

La Asia Central pos-soviética, pues, es digna heredera del legado estalinista, además de estar regida por clanes familiares, como hacían los kanes medievales. Durante mi viaje a Uzbekistán percibí que el presidente, Islam Karímov, bajo una cierta apariencia de prosperidad, tiene en jaque a todo ese país exportador de algodón que en la antigüedad fue el núcleo de la ruta de la seda. Su hija Gulnara, en igual medida glamurosa y oscura, llamada la princesa de los uzbekos, fue señalada en 2009 por la revista suiza Bilan como una de las 10 mujeres con mayor fortuna en Suiza; sin duda esa fortuna le viene de su presidencia de Uzdunrobita, la telefonía móvil uzbeka, un regalo de su padre que asimismo recientemente la proclamó embajadora uzbeka ante las Naciones Unidas y embajadora en España.

En 2005 la Unión Europea impuso a Uzbekistán un embargo de venta de armas por la sangrienta represión de las protestas pacíficas a favor de la liberación de presos islamistas en la ciudad de Andijan, causando centenares de muertos. No obstante, según subrayó el periodista Rafael Poch, el régimen uzbeko sabe que si satisface las exigencias occidentales -disponer de bases militares entre Rusia y China, derecho de paso para suministros necesarios en el conflicto afgano, y acceso a recursos energéticos-, nunca tendrá nada que temer; el Bundeswehr, por ejemplo, entrena a oficiales uzbekos en Alemania. También España tiene sus intereses en Uzbekistán: la empresa Talgo debe construir el AVE entre las principales ciudades, Tashkent, Samarkanda y Bujara. Quizá a eso se deba la programada visita de los reyes de España a Uzbekistán.

Tres grandes potencias mundiales tienen intereses en Asia Central: Estados Unidos, Rusia y China. Junto con la cuenca del Caspio y la región del Golfo, Asia Central concentra el grueso de las reservas energéticas mundiales. Desde hace décadas, estrategas americanos han puesto de manifiesto su prioridad de hacerse con el control de Asia Central. Ese objetivo estratégico se considera como la recompensa de Washington por su victoria en la guerra fría. Estados Unidos y Rusia pusieron sus bases militares cerca de Bishkek, la capital de Kirguizistán. Los americanos usan su transit center, como llaman a esa base aérea, para apoyar a sus tropas en Afganistán. Rusia no ha dejado de considerar a toda Asia Central, que formó parte de su imperio tanto bajo los zares como bajo el poder soviético, como una especie de satélite. Y China la tiene en su punto de mira como una importante fuente de energía. Por todo eso, a nadie le interesa que esa región se suma en problemas étnicos y, pase lo que pase, entre todos mantienen bien tapada esa olla de grillos, favoreciendo regímenes autoritarios si es necesario.

Además, en Uzbekistán pude observar la creciente influencia de Turquía. Los turcos van extendiendo por toda la región de Asia Central un poderoso dominio económico. La Unión Europea, con su negativa a aceptar a Turquía como país miembro, también se niega a extender su influencia, tanto estratégica como económica, a esa parte del mundo que otros juzgan de gran importancia.

Desgraciadamente, la paz en gran parte de Asia Central va de la mano con la dictadura, y es que esos países están dominados por clanes familiares que no permitirán que la democracia les arranque de las manos el poder absoluto que poseen, atizando como hemos visto en Kirguizistán el odio étnico si eso sirve a sus fines. Por eso, el proceso democrático que se abre en ese país es hoy una puerta a la esperanza.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona