martes, enero 06, 2009

La ofensiva sobre Gaza también se vive en las redes sociales

Por ROSA JIMÉNEZ CANO - Madrid - (El País.com, 05/01/2009)

Más allá de los clásicos métodos de propaganda, como el bombardeo con octavillas por parte de Israel sobre la franja de Gaza, en esta contienda, la batalla de la desinformación se está jugando en Internet y todavía con más viveza en las redes sociales. Ocho días después del comienzo de la contienda se han certificado las dificultades tanto de la ayuda sanitaria como de la prensa internacional para entrar en zona palestina. Los canales de información al margen de las fuentes oficiales son escasos.

Israel no pierde oportunidad de emitir los movimientos de su profesionalizado ejército. Cuentan con canal en YouTube de las Fuerzas Armadas, en el mismo se muestran imágenes del combate, destrucción de objetivos militares y un parte de guerra diario dado por el portavoz del ejército frente a la cámara, el capitán Benjamín Rutland.

Mantienen el aire "amateur" que tiene YouTube pero con la formalidad que da el publicar con una frecuencia concreta. En escaso tiempo han creado también un canal de Twitter: http://twitter.com/israelconsulate. Se autodenomina el Twitter oficial del Consulado General de Israel en Nueva York. Además de contestar a sus seguidores, aportan enlaces explicando los motivos del ataque y los movimientos, así como comentarios sobre actualidad en la zona; por ejemplo, la visita de Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York a Israel.

Se muestran especialmente cautos antes de confirmar la muerte de un soldado propio pero ya han mostrado con las condolencias a la familia del primer caído a través del blog oficial de las Fuerzas Armadas de Israel:  http://idfspokesperson.com

En el caso palestino es algo más complejo encontrar información de primera mano y casi siempre se hace desde el exterior. Sitios como Gaza Siege ofrecen un widget con información de los que acontece en la franja para poder "republicarse" en páginas afines y blogs.

Demotix, en cambio, es una web dedicada al periodismo ciudadano, que da voz a quienes no lo tienen tan fácil. Su propuesta es recibir el contenido directamente de la ciudadanía para después ejercer de distribuidores ante los grandes medios cuyos corresponsales no han podido entrar en la zona de conflicto.

Esta web que ha publicado la información Emam Mohamed de los primeros ataques sobre la mezquita en el Sur de Yabaliya comparte el 50% de los ingresos con el autor de la información.

AllVoices.com desde Gaza trabaja en esta misma línea. Invitando a los habitantes de la zona de Gaza a mandar información desde sus telefónos móviles para crear un medio híbrido entre contenidos de los medios tradicionales, agencias y los ciudadanos que están sufriendo los bombardeos.

Al Yazira ha sacado en su versión online un especial dedicado al conflicto: "War on Gaza" cuenta con información de los ciudadanos para suplir a los periodistas profesional que apenas pueden reportar desde allí, incluso entrar. Su apuesta informativa destaca por una línea temporal en la que informan con breves titulares de qué ocurre a qué hora y en qué zona con frecuentes actualizaciones, así como verificación de las mismas.

Twitter también tiene su protagonismo del lado palestino. AlJazeera lo usa para informaciones de última hora sobre la actualidad de Gaza, es decir, un canal concreto dentro de su oferta en Twitter. Esta cuenta se dedica a contar la cantidad de misiles Qassam que se envían desde Gaza a Israel:  http://twitter.com/QassamCount. Por último, http://twitter.com/freedomforgaza da noticias en español sobre Gaza con fuentes diversas.

Firmas, manifestaciones y peticiones

A nivel mundial se está usando Facebook como plataforma para movilizarse en el mundo real. Manifestaciones en la frente a las embajadas de Israel a nivel mundial o marchas como la que irá por el centro de Madrid el próximo 17 de enero son algunos de los ejemplos. Tuenti, la red más frecuentada por los jóvenes españoles ya tiene un evento cercano a los mil invitados en el que se pide la firma a favor de los civiles palestinos.

Putin ordena la reducción del bombeo de gas a Europa

AGENCIAS / ELPAÍS.com - Francfort / París - 05/01/2009

El primer ministro de Rusia, Vladímir Putin, ha ordenado la reducción de los suministros de gas en la frontera con Ucrania en el mismo volumen en que el carburante ruso "ha sido robado" en el vecino país en su tránsito hacia Europa. El jefe del Gobierno aceptó la propuesta del presidente de Gazprom, Alexéi Miller, de reducir los suministros en la frontera de Rusia y Ucrania "en el mismo volumen en que ha sido sustraído -65,3 millones de metro cúbicos- y, en adelante, de recortar según el volumen de gas robado diariamente", informó la agencia Interfax. "Bien, de acuerdo. Redúzcalos a partir del día de hoy. E informe a los socios europeos y a la Comisión Europea de la situación creada", dijo Putin, citado por la agencia rusa.

El primer ministro recibió a Miller en su residencia de campo de Novo-Ogariovo, donde fue informado acerca de la situación que afecta el tránsito del gas ruso por el territorio de Ucrania. El jefe del Gazprom comunicó a Putin que el consorcio gasístico ruso adoptará medidas para compensar las pérdidas de los consumidores europeos por esta situación. En particular, Miller señaló que aumentará el bombeo de gas a los consumidores europeos a través de Bielorrusia y Polonia, así como por Turquía, por el gasoducto Blue Stream.

La UE ha respondido pronto a esta situación y ya ha afirmado a través de una reunión de embajadores adjuntos que rechazan cualquier papel mediador e insisten en la necesidad de una "solución inmediata". Antes de que se conociese esta decisión, la UE había anunciado a través desu portavoz comunitario de Energía, Ferrán Tarradellas, que se reunirán este martes una capital europea aún por determinar con miembros deGazprom para analizar la situación, según ha anunciado en rueda de prensa.

Rusia denuncia el "robo"

Desde París, donde cumple una de las etapas de su gira por Europa, el vicepresidente del gigante ruso Gazprom, Alexandr Medvédev, había acusado antes a Ucrania de robar 50 millones de metros cúbicos de gas de los gasoductos que atraviesan el subsuelo ucraniano. Concretamente, Medvédev denuncia que Ucrania robó ayer 25 millones de m3 del combustible que transita por los gasoductos ucranianos con destino a diferentes países de la Unión Europea (UE).

A ellos, hay que sumar otros 25 millones propiedad de la firma ruso-ucraniana RosUkrEnergo que debían llegar a Polonia, Hungría y Rumania porque los ucranianos han perforado los depósitos. "Tenemos informaciones según las cuales ese gas ya no está en los depósitos subterráneos", sino que está siendo "utilizado por los ucranianos para su consumo interno", ha asegurado el vicepresidente de Gazprom.

Reducción del suministro en Alemania y los Balcanes

La crisis del gas entre Ucrania y Rusia ha tenido, además, consecuencias en la distribución a empresas europeas, como la alemana RWE, que desde el pasado domingo ha visto caer sus suministros en torno a un 5%. Para compensar este recorte, la compañía germana ha optado por comprar gas a Noruega, entre otras medidas. Además, los efectos de esta nueva 'guerra del gas' se han extendido ya a otros países y afecta al suministro en los Balcanes. El gas que llega a Grecia se ha reducido en un tercio, el enviado a Rumanía en un 30%, el de Bulgaria entre el 10 y el 15% y el de Croacia en un 7%, según informa Reuters cita a fuentes de la gasista.

Moscú cortó el grifo de las tuberías que llevan combustible a Ucrania el 1 de enero, alegando para ello la negativa de Kiev de cancelar toda la deuda -incluidos cerca de 400 millones de euros en multas e intereses incurridos debido al atraso en los pagos- y de firmar un nuevo contrato para este año.

La UE rechaza mediar y pide una "solución inmediata"

Los países de la Unión Europea han rechazado hoy mediar en el conflicto del gas natural entre Rusia y Ucrania y pidieron a ambas partes una solución inmediata que garantice el suministro a Europa. Una reunión de embajadores adjuntos de los Veintisiete países comunitarios ha respaldado los esfuerzos de la presidencia checa de la UE y de la Comisión Europea de convencer a Moscú y Kiev para que solucionen el conflicto inmediatamente", indicaron fuentes checas. Además, los países comunitarios se negaron a adpotar un papel mediador e insistieron a ambas partes a que respeten los contratos vigentes para el suministro y transporte de gas.

La última pieza del rompecabezas

Por ÁLVARO MURILLO - San José - (El País.com, 05/01/2009)

El año 2009 trajo lo que quería la mitad de los costarricenses y lo que temía la otra mitad. El tratado de libre comercio (TLC) que Estados Unidos forjó con seis países de Centroamérica entró finalmente en vigor este 1 de enero para Costa Rica, la última pieza del rompecabezas de la influencia norteamericana sobre el centro del continente. La pieza más compleja, más difícil de encajar, pero también la más valiosa, para mostrar completo el mapa centroamericano ante las autoridades comerciales y políticas de Washington.

El resultado del referendo que Costa Rica celebró en octubre de 2007, con un 3% de ventaja a favor del TLC, ha tardado un año y tres meses en aplicarse. Como si no hubiesen bastado los años de discusión previa al primer referendo nacional en la historia de este pequeño país de renta media, más de un año adicional consumió la aprobación legislativa de numerosas leyes que incluyeron la ruptura de históricos monopolios estatales en telecomunicaciones y seguros. El trasfondo ideológico ha sido innegable.

Ya no hay frontera que detenga el bloque comercial formado alrededor de Washington, desde Canadá hasta el límite entre Costa Rica y Panamá, país que ahora espera las divagaciones demócratas para conocer el futuro de un acuerdo similar ya negociado.

México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, además de República Dominicana, figuran en la lista de 14 economías con las cuales Estados Unidos tiene vigente un TLC, el modelo de integración "por partes" al cual ha apostado tras el fracaso aún no declarado del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Panamá, Colombia y Perú tienen pendiente la aplicación de acuerdos firmados. Aunque la Oficina del Representante de Comercio los incluye en su lista de pactos comerciales, lo cierto es que el triunfo de Barack Obama en noviembre mantiene inquietos a estos Gobiernos, pues manifestó en la campaña su descontento con las reglas comerciales concedidas por Estados Unidos en el molde del TLC. Esto, viniendo de un demócrata, no es nada que sorprenda en América Latina, más aún en tiempos de apuros económicos internos.

Aparte del TLC de América del Norte, quedan ahora en plena vigencia el de Centroamérica y el de Chile. Perú espera la implementación ya aprobada, mientras Colombia y Panamá siguen pendientes de los nuevos congresistas y los compromisos con gremios de trabajadores estadounidenses. Y basta en la región. Tampoco hay a la vista disposición para nuevas negociaciones, en parte por los obstáculos que para Washington representa el proyecto "de integración bolivariana" del presidente venezolano, Hugo Chávez, y la relativa autonomía de los países grandes del Cono Sur.

Los resultados de estos acuerdos de libre comercio resultan difíciles de ver con neutralidad. Para sus simpatizantes, ha sido el gancho del crecimiento económico que la región experimentó en los últimos 15 años, pero sus opositores no dejan de achacarle el aumento de la desigualdad social, en lo cual América Latina bate marcas mundiales.

Para quienes celebran la aplicación del TLC en Costa Rica, sus efectos serán valiosos pero sencillos: la liberalización de aranceles y obstáculos de inversión harán crecer las exportaciones al país donde viaja ya el 42% de los productos costarricenses, en especial suministros médicos, componentes de ordenadores, piña, banano y café. También esperan que se eleve la inversión del país originario del 55% del capital productivo instalado en el país menos pobre de la región. La coincidencia entre el TLC y la crisis económica internacional, sin embargo, hace al Gobierno considerar exitoso el solo mantenimiento de las ventas y la inversión actuales.

Pero hay quienes no están dispuestos a quitar de las ventanas de sus coches y casas las pegatinas del "no" con la bandera tricolor de Costa Rica y frases como "yo no vendí a mi país". Aunque la discusión parece haber perdido voltaje, aún hay sectores que se presentan como la "resistencia" ante la ejecución de políticas que, según ellos, tienen más ideología que comercio y favorecen sólo a las grandes corporaciones norteamericanas, como arguye Ottón Solís, el líder del principal partido opositor, Acción Ciudadana (PAC, centroizquierda).

A pesar de que él sí reconoce el debate como página superada, Solís mantiene su criterio. "Comete un error el que cree que este TLC beneficia a Estados Unidos. No, esto es un programa de beneficios de unas pocas corporaciones y así lo ha dicho Barack Obama. Por eso invirtieron tanto esfuerzo en validar este tratado para Costa Rica, hasta interfiriendo en el proceso del referendo. Es que el país era la pieza más importante; sin él, Estados Unidos perdía la batalla a favor de sus TLC. Costa Rica es todavía una isla en una región de desigualdad y carencias".

El Gobierno insiste en la necesidad del TLC para enfrentar la crisis y servir de plataforma para otras economías que quieran ingresar en el mercado estadounidense, a pesar de la caída del consumo.

lunes, enero 05, 2009

La felicidad en un mundo hecho trizas

Por Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford y profesor titular de la Hoover Institution en la Universidad de Stanford . Su último libro es Free World. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 04/01/08):

¿Feliz año nuevo? Están de broma. El año 2009 empezará con un gemido y luego irá a peor. Millones de personas han perdido ya su trabajo en todo el mundo por la primera verdadera crisis globalizada del capitalismo. Decenas de millones más lo perderán pronto. Los que tengamos la suerte de seguir trabajando nos sentiremos más pobres e inseguros. Para celebrar su Premio Nobel de Economía, Paul Krugman nos anuncia meses de “infierno económico”. Gracias, Paul, y feliz año nuevo para ti también.

Los problemas económicos exacerbarán las tensiones políticas. Pero los rumores de la muerte del capitalismo son exagerados. No creo que 2009 sea para el capitalismo lo que 1989 fue para el comunismo. Quizá el 1 de enero de 2010 me tenga que tragar mis palabras. La predicción es un juego de idiotas (en el almanaque de predicciones de The Economist, The World in 2009, el director tiene una pequeña columna muy divertida titulada “A propósito de 2008: Perdón”).

Sin embargo, ahora que empieza este año, no veo ningún competidor estructural en el horizonte, como había -o parecía haber- en los tiempos del comunismo soviético antes de 1989. El modelo de socialismo de Hugo Chávez depende de que los capitalistas compren su petróleo, y, si alguien está pensando en el modelo norcoreano, necesita que le vea un médico.

No obstante, si las ideas sobre el tipo de capitalismo de libre mercado -a veces llamado “neoliberal”- que parece haber triunfado desde 1989 no se reexaminan en este vigésimo aniversario, es que algo funciona muy mal. En primer lugar, como es evidente, está el equilibrio entre Estado y mercado, público y privado, la mano visible y la invisible. Ya antes de la crisis del pasado mes de septiembre, Barack Obama estaba tratando de orientar a sus compatriotas hacia la idea de que la intervención del Gobierno no siempre es una cosa mala. Los meses sucesivos han visto un giro espectacular hacia la atribución de un papel mayor al Estado, normalmente a base de medidas de desesperada improvisación gubernamental (como en el Londres de Gordon Brown), con la legitimación ideológica del keynesianismo, y a veces (como en el Washington de George Bush) como desesperacionismo puro y simple.

Hasta qué punto ese giro es temporal y cuánto resistirá es algo que no podremos saber este año. Aunque la tendencia actual es mayoritariamente a reforzar la mano visible del Gobierno, quizá no llegue hasta el fondo. Un importante reformista económico chino me dijo hace poco que la crisis financiera asiática de hace diez años sirvió de catalizador de más reformas hacia el mercado en la economía de su país, y es posible que con ésta ocurra lo mismo.

Si no se equivoca, podríamos incluso imaginar una especie de convergencia mundial en una variedad de economía social de mercado al estilo europeo, a la que Estados Unidos y China se aproximarían desde extremos distintos. Pero es importante subrayar las palabras “una variedad de”. Dentro de la propia Europa, existen enormes variaciones en la mezcla de Estado y mercado y en la forma de organizar dicha mezcla. Lo que sirve para un pequeño país del norte puede no servir para uno grande del sur. No existe una fórmula universal. Lo que importa es qué es útil para cada uno.

Una segunda revisión que hay que hacer en 2009 es qué hace falta para tener un crecimiento sostenible, verde, de bajas emisiones de carbono, con el fin de evitar el inminente punto de no retorno en el calentamiento global. Hay que discutir cuánto y qué tipo de crecimiento. Una vez más, Obama está tratando de descubrir las posibilidades creadas por la crisis y orientando parte de sus estímulos fiscales keynesianos hacia la inversión en energías alternativas. Sin embargo, en conjunto, éste parece un mal año para la lucha contra el calentamiento.

Para avanzar hacia una economía sostenible y de bajas emisiones es necesario que las empresas y los gobiernos paguen los costes inmediatos de unos beneficios a largo plazo. Cuando las empresas y los gobiernos se encuentran contra las cuerdas, suelen hacer lo contrario.

Seguramente, lo máximo a lo que podemos aspirar es a que nuestros dirigentes eviten el nacionalismo económico de los años treinta, con su sálvese quien pueda. Para ello habrá que modificar lo que esperan de ellos los votantes y los accionistas. Mientras nosotros, el pueblo, nos guiemos en nuestras decisiones financieras y políticas por el beneficio económico a corto y medio plazo, no podremos culpar a nuestros líderes que intenten darnos lo que les pedimos.

Una tercera toma de conciencia fundamental, pues, es la que debemos hacer al revisar las pautas por las que nos guiamos. ¿Cuánto más dinero, cuántas más cosas necesitamos? ¿Es lo mismo tener suficiente que tener demasiado? (No, dicen los anunciantes al unísono). ¿Podríamos arreglárnoslas con menos? ¿Qué es lo verdaderamente importante para usted? ¿Qué contribuye más a su felicidad individual?

Lo crean o no, existe ya todo un subcampo académico de estudios sobre la felicidad. El economista Richard Layard ha escrito un interesante libro llamado Happiness: Lessons from a New Science (Felicidad: lecciones de una nueva ciencia). ¿Es a lo que se refería Nietzsche al hablar de la gaya ciencia? Un estudioso holandés, Ruut Veenhoven, ha creado una base de datos mundial de la felicidad, con clasificaciones nacionales. Sus resultados aparecieron en una página web de California bajo el título “Canadá derrota a Estados Unidos en el índice mundial de la felicidad”. Por lo visto, ha aparecido otra clasificación, con un “mapa mundial de la felicidad”, en la Universidad británica de Leicester. Dinamarca ocupa el primer puesto en ambas. Existe incluso una publicación, elJournal of Happiness Studies (el editor debe de reírse mucho cuando va al banco). Se piense lo que se piense sobre el valor real de este tema -perdón, ciencia-, pueden pasar un buen rato si buscan páginas sobre ello en Internet y tratan de averiguar cuánto es inventado.

Pero, en serio, estas decisiones dependen, en parte, de los ciudadanos de clase media en los países ricos. Es evidente que el planeta no puede sostener a 6.700 millones de personas que vivan como lo hace la clase media actual en Norteamérica y Europa occidental, ni mucho menos los 9.000 millones previstos para mediados de siglo. O excluimos a una gran parte de la humanidad de los beneficios de la prosperidad, o nuestra forma de vida tiene que cambiar.

El lema con el que casi todos nuestros líderes políticos y económicos comienzan 2009 es “recuperar el crecimiento económico, cueste lo que cueste”. Como la tripulación de un velero en una tormenta, sólo quieren mantenerlo a flote y avanzar en alguna dirección, la que sea. Sin embargo, incluso cuando estemos en lo peor de la tormenta, que todavía no ha llegado, debemos mirar con atención el rumbo que estamos emprendiendo.

Para eso son necesarios líderes de primera categoría, pero también unos ciudadanos que exijan unos líderes así. ¿Me alegraría personalmente de tener que hacer los cambios de modo de vida que serían necesarios? Casi seguro que no. Pero, al menos, me gustaría saber cuáles serían.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

La Europa de la creatividad

Por Daniel Innerarity, profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza y autor de El nuevo espacio público (EL PAÍS, 04/01/09):

Hoy se inaugura en Praga el año europeo de la creatividad y la innovación, según la propuesta que realizó el Parlamento Europeo para dedicar el 2009 a esta prioridad que define tanto nuestra historia como los desafíos que el futuro nos plantea. No es posible entender la Europa moderna sin hacerse cargo de la centralidad que en ella ha adquirido la institucionalización de la innovación.

Esta exigencia generalizada de innovar se debe a que un largo proceso de diferenciación y profesionalización ha configurado instituciones que están especializadas en producir sistemáticamente innovaciones. Mientras que la innovación pre-moderna era concebida como desviación, exorcizada como heterodoxia o tolerada como genialidad, las sociedades modernas se constituyen institucionalizando la producción de novedad. Sin este proceso no podrían entenderse realidades que nos son tan constitutivas como la conciencia, el gusto o la libertad política.

La pregunta que todo esto nos plantea es si tiene sentido y en qué medida hacer algo para favorecer e impulsar la creatividad y la innovación. De entrada, hay quien parte del supuesto de que las innovaciones son algo que se puede básicamente planificar.

Si esto fuera así, entonces las innovaciones surgirían allí donde hubiera un plan adecuado para producir la innovación y se aplicara consecuentemente. Todo esto presupone una concepción funcionalista de las instituciones y una idea de la acción humana en general como mera implementación de conceptos y modelos teóricos.

Propiamente hablando, la creatividad y la innovación son algo que no puede exigirse ni producirse de una manera decisionista. Lo que está a nuestro alcance es crear las condiciones necesarias, aunque no suficientes, en las que puede surgir y evitar las rutinas o restrictores que la imposibilitan radicalmente.

En esto, la formulación negativa es la más socorrida, pero también la más razonable teniendo en cuenta el carácter impredecible de lo que se quiere favorecer. Porque la creatividad, que es el presupuesto básico de la innovación, no puede ser forzada, ni tiene sentido determinar previamente que innovación se debe conseguir. Parece mucho más lógico plantearse la cuestión de bajo qué condiciones aumenta la verosimilitud de que se realicen innovaciones y crear esas condiciones.

En sociedades complejas y tratándose de innovación se impone una especial modestia. Las sociedades y su cambio social son sólo limitadamente planificables y gobernables. Ahora bien, a pesar de la indeterminabilidad temporal y en cuanto al contenido de los procesos de innovación, sería completamente equivocado, por falta de actitud anticipativa, abandonar este proceso a la casualidad.

Los procesos de innovación no son sólo procesos económicos, sino que tienen lugar en un amplio contexto de realidades institucionales, estructurales y políticas, que a su vez interactúan en espacios regionales y supranacionales.

Las fuerzas económicas no son suficientes para “institucionalizar” la innovación. Es indudable que los poderes públicos tienen a su disposición una capacidad configuradora que favorece la innovación, en la cultura, en la sociedad civil, en las organizaciones y las instituciones. La cuestión sería entonces qué condiciones estructurales hay que propiciar para para que haya un clima favorable a la innovación.

Entre estos factores que favorecen la innovación están determinados elementos culturales, que en parte puede propiciarse con las políticas públicas y en parte se deben a procesos que se inscriben en el largo plazo. Podría sintetizarse esa cultura en la idea de una sociedad abierta al aprendizaje, capaz de cuestionar sus certezas, evidencias y rutinas, de afrontar el efecto desestabilizador que todo ello supone. Los sistemas y las sociedades que se orientan por el aprendizaje ganan la partida frente a los que solo aprenden con dificultad y prefieren decirle a la realidad cómo debería ser.

La llamada sociedad del conocimiento o del aprendizaje es un tipo de sociedad que no compite tanto por recursos materiales como por las destrezas que tienen que ver con el saber en un sentido muy amplio. La innovación consiste, de entrada, en la capacidad de distanciarse de las propias rutinas, de lo sabido, de los estereotipos y tener la capacidad de no contentarse con lo adquirido.

La innovación que resulta de estar en disposición de aprender es un imperativo general, un valor que afecta tanto a la organización empresarial como al modelo de convivencia que hemos de diseñar, tanto a las formas de expresión en el mundo de la cultura como a las políticas públicas.

Seguramente no tenemos muy claro cómo resolver los problemas planteados por las crisis financieras, los riesgos ecológicos, la sostenibilidad de las prestaciones sociales o el futuro de Europa, pero podemos estar seguros de que nos van a exigir un enorme esfuerzo de imaginación colectiva.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Capitalismo y confianza

Por Gabriel Jackson, historiador estadounidense. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo (EL PAÍS, 04/01/09):

Confieso que de adolescente tenía sentimientos muy encontrados respecto al sistema capitalista. Soñaba con profesiones como la de profesor de humanidades o músico de orquesta, que nunca me reportarían un puesto en la Bolsa, y mientras recorría las calles de Nueva York veía a hombres-anuncio de unos diez años más que yo que, proclamando que eran “Doctor en Física por el Instituto de Tecnología de Massachusetts” o “Doctor en Economía por Harvard”, vendían manzanas. Pero también tenía un tío que, sin haber estudiado en la universidad, se había montado una buena papelería, se había comprado una bonita casa estucada en las afueras y, a lo largo del tiempo, más que perder había ganado en sus inversiones en Bolsa.

Para complicar un poco más mis sentimientos, yo admiraba mucho a los grupos de jóvenes comunistas que ayudaban a las familias a volver a los pisos de los que la policía acababa de desalojarlas por no pagar el alquiler. Sin embargo, la razón principal de que no me hiciera comunista fue la repugnancia que en agosto de 1936 me causó el juicio por “traición” contra los “viejos bolcheviques”, que después de “confesar” que habían conspirado para matar a Stalin, fueron ejecutados por orden de éste.

Durante toda mi vida adulta nunca he estudiado economía de manera sistemática, pero, como historiador de la Europa contemporánea, y por razones tanto profesionales como personales, sí que seguí atentamente la competencia político-económica entre el capitalismo democrático occidental y el comunismo de cuño soviético.

Durante la grave depresión de la década de 1930, pareció bastante posible que el comunismo, gracias a su centralización económica, supuestamente racional, pudiera realmente tener más éxito que el capitalismo. Sin embargo, desde finales de los cuarenta hasta la deliberada disolución del imperio soviético, entre 1989-1991, fue quedando cada vez más claro que una economía capitalista democrática, descentralizada y de mercados relativamente libres era bastante más productiva y proporcionaba mucha más calidad de vida que el modelo comunista soviético.

Al mismo tiempo, también era cierto que el mundo capitalista, debido a la Gran Depresión de los años treinta y también a la existencia del mundo soviético como modelo alternativo, había desarrollado el “Estado del bienestar”, para que sus clases trabajadoras, tanto industriales como del sector terciario, no cayeran en la tentación de optar por la seguridad económica, la asistencia sanitaria universal y la ausencia de desempleo que aparentemente proporcionaban los regímenes comunistas.

La desaparición del comunismo soviético y europeo-oriental, junto a la transformación simultánea de la China comunista, que pasó de una fracasada utopía maoísta a una exitosa combinación de economía capitalista y control autoritario de la política y la cultura, han liberado a los conservadores occidentales (sobre todo en los países anglosajones) de la inquietud que suscitaba una posible alternativa al capitalismo de libre mercado.

En general, las ventajas sociales y culturales del Estado del bienestar fueron aumentando y consolidándose paulatinamente desde finales de la década de 1940 hasta la de 1980. Sin embargo, al desaparecer el rival económico que representaba el comunismo y con el desarrollo industrial de gran parte de Asia y de Latinoamérica, el proceso de globalización que, dominado por el capitalismo, se inició en los años ochenta, comenzó a reducir las ventajas del Estado del bienestar.

Ahora, en medio de las alarmantes experiencias de nuestro siglo XXI: empezando con los escándalos contables de Enron y Arthur Andersen, y siguiendo a ritmo acelerado con las hipotecas basura, las bonificaciones de cien millones de dólares para altos cargos cuyas empresas poco después perdían la mitad o más de su valor en Bolsa, y las diversas bancarrotas y rescates con dinero público de bancos y sectores industriales supuestamente de primera fila, he tratado realmente de instruirme en las necesidades y fallos de la economía actual.

Si simplificamos un poco, pero no mucho, el lubricante fundamental que precisa cualquier transacción con efectos negociables, tarjetas de crédito, valores, obligaciones, depósitos derivados o titularizaciones es la confianza de todos los implicados en la operación.

En el caso de los productos de escritorio de mi tío, la confianza dependía simplemente de su patente calidad y de que sus precios y métodos de facturación fueran justos y fiables. Pero en un ambiente empresarial complejo, centrado en materias primas diversas y caras, y en propiedades inmobiliarias también costosas, que precisan de varios niveles de licencias públicas, y del servicio de abogados, ingenieros e investigadores científicos especializados, los procesos deben conllevar una confianza total en la integridad de las personas. No pueden quedar en manos de vendedores zalameros o de corredores formados en universidades de élite, que recuerdo que en los años ochenta predicaban: “La codicia es buena”.

Quienes arriesgan su capital merecen obtener un porcentaje mayor de beneficios que el que obtendrían invirtiendo en bonos del Tesoro garantizados, pero el conjunto del sector financiero debe regularse para que la codicia, el error y el engaño humanos no conduzcan una y otra vez a crisis como la de los años treinta y la actual. Y lo que recuerdo que viví de muchacho, y lo que ahora veo reproducirse, es que la pérdida de confianza paraliza a todo el mundo, y hace que nadie se gaste un céntimo, salvo que sea para cubrir las necesidades cotidianas.

Durante el New Deal estadounidense de Franklin Roosevelt, en las sociedades socialdemócratas desarrolladas de Escandinavia, y en los Estados de bienestar de Europa Occidental posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se daba por entendido que cualquier institución que gestionara grandes cantidades de dinero tenía que estar regulada por funcionarios responsables.

También se daba por hecho que para que el flujo de dinero sirviera para incrementar la prosperidad del conjunto de la sociedad, la gente debía tener un salario decente y poder opinar sobre sus condiciones laborales, y también contar con una asistencia sanitaria y una pensión de jubilación que le dieran confianza a la hora de gastar su dinero. En términos económicos, las décadas que median entre 1950 y 1980 fueron las mejores de la historia para los habitantes del entorno capitalista democrático. Pero el presidente Ronald Reagan, Margaret Thatcher y, en general, los teóricos del conservadurismo económico, comenzaron a postular que “el Gobierno es el problema, no la solución”, y que la regulación de los bancos y los mercados de valores obstaculizaba el creativo desarrollo económico.

La existencia de bastantes ineficiencias y errores en los servicios públicos concedió cierta verosimilitud a esas ideas, y los fallos de la regulación se agudizaron, por el sencillo expediente de nombrar a reguladores que no creían realmente en las normas que supuestamente debían hacer cumplir.

A mis 88 años, mis deseos para el Año Nuevo son que la gente ambiciosa y enérgica limite su apetito de pura y simple riqueza, y que todos los Gobiernos democráticos, de derecha, centro o izquierda, reconozcan que la prosperidad económica depende absolutamente de la confianza, y que ésta depende de virtudes tan anticuadas como la honestidad y la moderación.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Dad a Israel una oportunidad

Por Rafael L. Bardají (ABC, 04/01/09):

Ninguna nación sobre la Tierra aceptaría ser bombardeada permanentemente desde un territorio vecino y permanecer impasible. La actuación de castigo israelí contra Hamás en Gaza no debería ser, pues, una sorpresa. Lo verdaderamente sorprendente es que no hubiera sucedido mucho antes. Israel ha aguantado lo inaguantable: más de cuatro mil cohetes palestinos que si no han causado más muertes es en buena medida debido al inmenso esfuerzo realizado en la protección pasiva -en forma de bunkers- de las poblaciones del sur de Israel. Exigir un alto en sus operaciones militares a Israel es una inmoralidad así como una gravísimo error estratégico. El objetivo político de la UE y de la comunidad internacional no debe ser un alto el fuego sin más, sino un alto al terrorismo desde Gaza.

La manipulación mediática a la que nos tienen acostumbrados las facciones palestinas, terroristas o no, de nuevo está en marcha, ofreciendo por doquier las imágenes del sufrimiento de sus gentes, desgraciadamente inevitable en cualquier confrontación bélica. Es tan hábil que hace olvidar el sufrimiento al que los terroristas palestinos tienen sometido a una buena parte de la población israelí. Hasta la retirada completa por parte de Israel de Gaza en 2005, Hamás justificaba los ataques suicidas y por otros medios como un instrumento necesario para luchar «contra la ocupación israelí». Pues bien, desde que Sharon decidiera dejar Gaza a los palestinos, el único israelí en la Franja ha sido el desgraciado soldado Gilad Shalit, secuestrado hace dos años por milicianos de Gaza. Sin embargo, que Israel no fuera ya una «fuerza ocupante» no ha disminuido el ansia de violencia por parte de Hamás y de otros grupos palestinos en Gaza. Por una razón muy sencilla: lo que Hamás quiere no es la solución de dos estados conviviendo pacíficamente uno junto al otro. A lo que aspira el islamismo palestino es a un único estado en la zona, palestino e islamista. Por eso ni quiere ni puede renunciar a su objetivo de eliminar a Israel. Y por eso Israel se ve forzado a defenderse. Si no lo hiciera dejaría de existir simplemente.

Como en toda guerra no han faltado los corifeos clamando al cielo por la desproporción de la respuesta militar israelí. No sabemos qué propondrían como alternativa, pero lo que sí sabemos es que no sólo la actuación de las fuerzas armadas de Israel, la IDF, está siendo escrupulosa con el derecho de la guerra, sino que, además, está siendo altamente eficaz en la discriminación de sus blancos. Cierto, en toda acción bélica está el riesgo de causar bajas civiles inocentes, pero a tenor de lo que cuentan los observadores sobre el terreno y la sacrosanta institución de las Naciones Unidas, tal vez menos del 10 por ciento de las víctimas podrían ser consideradas como víctimas inocentes. El resto, el 90 por ciento, serían cuadros y milicianos de Hamás. Lo cual quiere decir, entre otra serie de cosas, que la ejecución de los ataques israelíes está mejor preparada que lo que la OTAN hace en Afganistán, por ejemplo, donde la proporción de muertes por error es bastante más alta.

En suma, a Israel le asiste el derecho para defenderse y lo está haciendo de la mejor forma posible, con justicia, legitimidad y proporción. Mientras que lucha contra los terroristas de Gaza, permite que la ayuda humanitaria fluya hacia los palestinos de la zona. Y hay que recordar que si Gaza es hoy un erial, se debe a la pésima gestión de los líderes de Hamás, mucho más interesados en aterrorizar a los israelíes que en crear oportunidades para sus votantes.

¿Por qué sería un error estratégico presionar a Israel para que pare su ofensiva ahora? Por una razón muy sencilla: porque acabar con los arsenales y los cohetes de Hamás no es suficiente y es eso lo que han estado haciendo hasta ahora los bombardeos de la IDF. Fue Douglas MaCarthur quien dijo que «en la guerra no hay sustituto para la victoria». Con la excepción de la derrota, claro. Y si hay una lección que debimos aprender de conflictos inacabados o mal acabados, como la guerra de Israel contra Hizbolá en el verano de 2006, es que la ausencia de una clara, rotunda y visible victoria, esto es, la ausencia de una victoria decisiva, se vuelve rápidamente en una derrota. La supervivencia de Hizbolá entonces se vivió por los suyos y buena parte del mundo árabe como una derrota israelí. Cierto o no es lo de menos. Es la imagen lo que importa.

Por eso, acabar con los cohetes de Hamás no es suficiente. Hay que sustraerle por completo el sentimiento de victoria y para eso hay que conseguir doblegar su voluntad. Si la comunidad internacional le da esperanzas a los dirigentes de Hamás de que si aguantan un poco, se va a obligar a Israel a parar sus acciones, lo único que se estará haciendo es alimentar su sentimiento de vencedor. Aún peor, se estará patrocinando directamente a los palestinos radicales frente a los moderados, esos con los que sí se puede hablar de una solución pacífica para todos. Si Hamás no sale derrotado políticamente, quien sí lo estará será la Autoridad Palestina, su presidente Abbas y el gobierno de Salam Fayyad. Una no derrota de Hamás le daría alas para intentar en Cisjordania un golpe similar al del 2007 con el que se hicieron con el poder en Gaza. Y eso sí que sería el final de todo proceso de paz. Por el contrario, si Hamás sale claramente derrotado, se abre una nueva oportunidad para que la Autoridad Palestina recobre su papel en la Franja de Gaza, hoy por hoy, de hecho, un estado palestino separado.

Por último, no podemos olvidar que si bien Israel está luchando para defender la tranquilidad de las poblaciones vecinas a Gaza, la derrota de Hamás no sólo traería nuevas oportunidades para una paz estable en la zona, sino que representaría un grave revés para los designios de Irán en la zona. En ese sentido no podemos olvidar que Israel no sólo está luchando por su seguridad, sino que también lo está haciendo por la nuestra, europeos y occidentales. Pararle los pies a un Irán cada día más crecido, irresponsable, provocador y a las puertas de convertirse en potencia atómica sólo puede ir en beneficio de la paz internacional. Es decir, de nuestra paz y seguridad.

Por todo ello, la mejor contribución que la UE y la ONU pueden hacer a la paz y la estabilidad en la zona es dejar que Israel alcance sus objetivos. Y eso es tan sencillo y fácil como no buscar y presionar para un alto el fuego prematuro, tal y como se hizo en 2006.

La presión internacional debe dirigirse en contra de nuestros enemigos, en este caso Hamás, no de nuestros amigos o salvadores. Israel debe sentir nuestro apoyo para que Hamás sienta su aislamiento y se sepa al alcance de los soldados israelíes. Hamás ha sido una desgracia para los palestinos, es el verdadero obstáculo para alcanzar una solución razonable del proceso de paz, y es una pieza más tanto del islamismo radical como de Irán, que juega con sus peones al norte y sur de Israel en su estrategia de hegemonía en el Levante. No hay que pedir contención a Israel, hay que promover que persiga la eliminación militar y política de Hamás. Menos que eso significaría postponer un conflicto de mayores proporciones.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

La realidad supera la ficción

Por Àlex Seglers, prof. agregado de Derecho Eclesiástico (UAB) y consultor de la UOC (LA VANGUARDIA, 04/01/09):

En democracia el concepto de ciudadanía no presupone un conglomerado de individuos desvinculados de sus identidades nacionales, religiosas o étnicas. Tampoco la secularización ha defenestrado antiguas lealtades confesionales. En el actual escenario el pluralismo cuestiona los límites de una libertad religiosa que se fraguó desde la homogeneidad cultural laico-cristiana.

Hoy la realidad supera la ficción. Demandas impensables hace décadas interpelan los principios normativos y la jurisprudencia occidentales. Veamos algunos ejemplos. En Canadá, los tribunales han decidido que las escuelas privadas, aun exigiendo su uniforme, no pueden rehusar la admisión de alumnos que vistan con turbantes y dagas (casos Sehdev y Singh-Multani). Tampoco resulta aceptable despedir a una adventista del Séptimo Día que se niega a trabajar los sábados para asistir a los actos de culto, pues el empresario incurriría en discriminación indirecta (caso Simpsons-Sears Ltd.). Por su parte, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos hace tiempo que amparó el proselitismo puerta a puerta de los testigos de Jehová (Kokkinakis contra Grecia), y en el caso Chief Adjudication Officer contra Bath se otorgó la pensión de viudedad a una sij cuyo matrimonio no se registró tal como prescribe la legislación británica.

Litigios similares se extienden cual mancha de aceite por nuestra experiencia jurídica. Aquí también se han resuelto casos sobre kipás y velos; menús halal y kosher; asistencia religiosa en prisiones y hospitales; ubicación de mezquitas; reservas de parcelas en cementerios; convenios colectivos que pactan festividades distintas de las cristianas; reconocimiento de matrimonios evangélicos, judíos y musulmanes, etcétera.

Las controversias no cesan. Pero la tendencia observada no es otra que la progresiva integración de los derechos religiosos. Se trata de acomodar la diversidad cultural de una manera estable y moralmente defendible, sin excluir la posibilidad de repensar los valores públicos operantes (Gutmann, Parekh, Kymlicka, Requejo).

Esto no contradice la laicidad, entendida como un principio de separación institucional ante el fenómeno religioso, y por cuya virtud los estados se comprometen a no estatalizar las religiones y a no dejarse confesionalizar por estas. De ahí que ciertas lecturas del islamismo sean incompatibles con ese principio. Fue el Tribunal Europeo el que ilegalizó en el año 2000 el partido Refah. Su programa político pretendía convertir Turquía en una teocracia al estilo de los antiguos millets.La laicidad es un espacio de neutralidad que permite la expresión de las libertades intelectuales. De este modo los valores seculares y religiosos pueden influir en la ética y el debate públicos.

Así lo han aceptado autores como Habermas, Sandel o Taylor, llegando el primero de ellos a revisar sus recelos sobre la doctrina social de la Iglesia católica. Esta laicidad, que algunos denominan “positiva”, no se confunde con el laicismo ideocrático. Sin embargo, cuando nos enfrentamos al tratamiento de la libertad de religión, debemos distinguir aquellas prácticas que vulneran los límites legales de las que no lo hacen. Estos límites son los derechos fundamentales y el orden público (sea o no atenuado).

Por ejemplo, en el caso Reynolds contra Estados Unidos se acusó a un mormón de conculcar la ley Antibigamia de 1862, pero sabemos que en algunos países la poliginia es legal, como lo es el matrimonio concertado entre menores, el repudio de la mujer, los castigos corporales o la clitoridectomía (no justificada en sede religiosa).

Aunque estos límites parezcan diáfanos, el demos de nuestra sociedad se irá heterogeneizando. El desafío residirá en la capacidad de acomodar demandas que, mientras no se otorguen efectos civiles al arbitraje religioso, eviten que los cives-fideles recurran a tribunales confesionales al margen del ordenamiento constitucional. Así, Menski ha observado el surgimiento de una nueva sharia “británica”, resultado de un customary law basado en la interacción entre normas estatales e islámicas. Y semejante tendencia, en Europa, va extrapolándose a tradiciones como el hinduismo y el sijismo.

Asistimos, de este modo, a la emergencia de un pluralismo normativo secular y religioso, posglobalizado en lo personal y en lo comunitario. Desde los años setenta se dio por supuesto que la integración pasaba por el acceso universal a los derechos sociales. Pero nos olvidamos del patrimonio cultural de las personas inmigrantes, cuyas segundas y terceras generaciones son ciudadanos de pleno derecho.

Por ello, su efectiva integración habrá de surfear entre el reconocimiento de las identidades - incluyendo la mayoritaria, la cristiana-y el respeto a unos principios democráticos y liberales más flexibles y menos laicistas.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Un veneno duradero

Por Norman Manea, autor del libro The hooligans´s return; en el 2006 recibió el premio Médicis Étranger. Traducción: Carlos Manzano (LA VANGUARDIA, 04/01/09):

Este año se celebra el vigésimo aniversario del desplome del comunismo en Europa. Los jóvenes de la generación poscomunista de la Europa oriental, liberados de la complejidad de saber demasiado sobre el pasado cruel, no parecen interesarse por lo que sus padres y abuelos padecieron.

Sin embargo, la reciente revelación de la supuesta complicidad del escritor checo Milan Kundera con el estalinismo es simplemente la última del largo periodo medio de vida de un pasado tóxico. Recordamos otros ejemplos: las acusaciones de colaboración con la policía secreta lanzadas contra Lech Walesa, las controversias públicas en Rumanía sobre el pasado fascista de Mircea Eliade y los ataques sobre el supuesto “monopolio judío del sufrimiento”, que equiparan el holocausto con el gulag soviético.

Friedrich Nietzsche dijo que, si miras a los ojos al Demonio durante demasiado tiempo, corres el riesgo de convertirte en demonio, a tu vez. Un anticomunismo bolchevique, similar en su dogmatismo al propio comunismo, se ha desmadrado de vez en cuando en algunas partes de la Europa oriental. En un país tras otro, simplemente se rehízo esa mentalidad maniquea, con sus enormes simplificaciones y sus manipulaciones, al servicio de los nuevos ocupantes del poder.

También se pueden encontrar rastros residuales de pensamiento totalitario en la hostilidad a los antiguos disidentes, como Adam Michnik o Vaclav Havel, quienes sostuvieron que las nuevas democracias no debían explotar los resentimientos ni buscar venganza, como hizo el Estado totalitario, sino crear un nuevo consenso nacional para estructurar y facultar a una sociedad civil genuina. Los antiguos generales de la policía secreta y miembros de la nomenclatura comunista, intocables en sus confortables villas y con sus jubilaciones, deben de sentir gran placer al ver las cazas de brujas actuales y la manipulación de archivos antiguos con fines políticos inmediatos.

Pero el caso de Kundera parece diferente…, aunque no menos inquietante. En 1950, Kundera, entonces un comunista de 20 años, denunció, según dicen, ante la policía criminal como espía occidental a un hombre desconocido para él, amigo de la novia de un amigo suyo. Aquel hombre fue interrogado brutalmente en un antiguo local en el que la Gestapo había torturado y pasó catorce años en la cárcel. El nombre de Kundera estaba en el informe del oficial investigador, autentificado después de que un historiador lo descubriera en un polvoriento archivo de Praga.

El solitario Kundera, que emigró a París en 1975, ha declarado que eso “nunca ocurrió”. Además, la temible policía secreta de Checoslovaquia nunca aprovechó ese incidente para chantajearlo o ponerlo en evidencia. Hasta no tener más información, tanto de Kundera como de las autoridades, no se revolverá ese caso, pero, si sucedió, requiere una mayor reflexión.

Por lo que yo sé, Kundera nunca fue informador y no podemos pasar por alto que más adelante se liberó de la obligatoria felicidad totalitaria que el comunismo propagaba. El decenio de 1950 fue el periodo más brutal de la “dictadura del proletariado” en la Europa oriental, periodo de gran entusiasmo y temores terribles que envenenó las inteligencias y las almas de todos, creyentes devotos, oponentes feroces o espectadores apáticos.

Además, el caso de Kundera no es único.

En el 2006 Günter Grass, ganador del Nobel, reveló que, sesenta años antes, siendo un adolescente, fue miembro de las Waffen-SS. Y hace unos años, el mundo se escandalizó al saber que el famoso escritor italiano Ignazio Silone había colaborado en su juventud con la policía fascista. La vida diaria bajo el totalitarismo, ya fuera comunista o fascista, estuvo basada rutinariamente en una profunda duplicidad cuyos efectos son muy duraderos.

No estoy de acuerdo con quienes dicen que no debemos interesarnos en los oscuros episodios de la vida de un gran escritor. ¿Por qué no? No debemos interesarnos para fines acusadores, sino para lograr una comprensión más profunda de una utopía sangrienta, demagógica y tiránica… y de la debilidad y la vulnerabilidad humanas.

Pero ¿podemos defender justificadamente a artistas e intelectuales moralmente comprometidos basándonos en el mérito de su obra y, sin embargo, condenar a personas comunes y corrientes por delitos con frecuencia menos graves? Un ejemplo atroz de ello fue el modo como los seguidores del filósofo rumano Constantin Noica defendieron su apoyo a la Guardia de Hierro fascista y su posterior colaboración con los comunistas, al tiempo que condenaban incluso a una genérica señora de la limpieza por fregar los suelos de los despachos de la policía secreta. ¿No se debería tener en cuenta igualmente el duro y monótono trabajo de esa limpiadora para mantener a su familia, sus hijos y su propia supervivencia?

Para entender aquella época, debemos conocer y juzgar cautelosamente circunstancias ambiguas y abrumadoras, sin simplificar nunca una realidad diaria multidimensional con vistas a la consecución de fines políticos en el presente. Como mínimo, para perdonar debemos saber lo que perdonamos. En la Europa oriental actual, tanto los viejos como los jóvenes se beneficiarán de esa lección. Moisés erró con su pueblo por el desierto durante 40 años, hasta que se liberaron de la venenosa mentalidad de los esclavos.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

El Vaticano quiere ‘rockear’

Por Miguel Martínez, periodista (EL PERIÓDICO, 04/01/09):

Por el amor de Dios, Benedicto XVI, ahora resulta que hay que ser indulgente con John Lennon y aquella frase que dijo en 1968: “Los Beatles somos más famosos que Jesucristo”. Así reza un artículo publicado en noviembre en el diario del Vaticano,L’Osservatore Romano, que, además de elogiar el talento de los cuatro de Liverpool, piropea al disco The Beatles (el llamado álbum blanco), con motivo del cuadragésimo aniversario de su edición. Dice que, para el Vaticano, aquella frase de Lennon “hoy en día suena más a una mofa de un joven de la clase obrera inglesa abrumado por el éxito”, mientras que el citado disco era “un conjunto de canciones tal vez discutible, pero revelador de toda una época”. Una época, concluye el rotativo, “en la que la protesta juvenil, las contradicciones, los excesos y fugas hacia delante, todo era posible y lícito”. ¡Cielos!, ¿cómo que todo era lícito? Y, para acabar de subirse la sotana, va y suelta: “Actualmente los productos discográficos resultan estereotipados, muy lejanos de la creatividad de The Beatles”. Si Franco levantara la cabeza…

Tanta debilidad clama al cielo. Pero aún más la ignorancia papal. Porque si Benedicto XVI quiere hacerse amigo de los jóvenes, aplaudiendo a Lennon y compañía solo logrará… ser colega de los padres de los jóvenes. A ver si en el Vaticano se enteran de que hay mucho rockero duro que está con ellos y con la chiquillería, y de que para abrir mercado juvenil no hace falta aplaudir ¡ahora! el disco más autoindulgente de los fab four (y la auto indulgencia no es muy cristiana), que encima se inicia con Back in the USSR, canción que dice que ¡las chicas de Ucrania y las moscovitas son mejores que las occidentales! Nostalgia de aquellos tiempos en que hombres rectos como el predicador estadounidense Billy James Hargis calificaba a los fab four de “comunistas camuflados”. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Prediquémoslas. Que se sepa que el álbum blanco fue idolatrado por el asesino Charles Manson, que lo consideraba un “mensaje apocalíptico”; recordemos que el legendario crítico Nick Cohn escribió que es “increíblemente aburrido” y la mitad de sus canciones “profundas mediocridades”; no olvidemos que Yoko Ono hace coros en él y que contiene una canción dedicada a Judas (Hey, Jude) y otra a una practicante de meditación trascendental (Dear prudence: a la hija de Mia Farrow)… Santidad, este disco ¡hay que excomulgarlo!

CON QUIEN ha de identificarse el Vaticano es con melenudos y barbudos, ¡como iba Jesucristo!, que no esconden su amor por el Todopoderoso y lo rockean bien alto. Tipos que habrían gustado a Bessie, la predicadora del libro El camino del tabaco, de Erskine Caldwell, quien afirma: “Hermanos y hermanas, no me avergüenzo de rezar aquí, al aire libre, y quiero que la gente que pasa junto al camino sepa que estoy junto a Dios. No me avergüenza que la gente me vea rezando. El diablo es el que siempre habla al oído para que uno entre en la casa, sin que nadie lo vea”. Por eso la cuarentona Bessie –que, dicho sea de paso, solo piensa en acostarse con su segundo marido, de 16 años y corto de entendimiento; alabado sea el Señor– esta- ría orgullosa de Nicko McBrain, miembro de Iron Maiden y cristiano convencido. Y de James Hetfield, de Metallica, quien menciona en sus bíblicas canciones los libros de la Revelación y el Éxodo. Y de católicos practicantes como John Petrucci, de Dream Theater, y Hansi Kürsch, de Blind Guardian (aunque sea un poco criticón). Y del fervor creyente del exguitarrista de Korn, Brian Head Welch, quien en un comunicado anunció, en el 2005, que elegía “al Señor Jesucristo como salvador” y que desde ese momento iba a dedicar su música a perseguir ese fin. Se baytizó en el río Jordán y después creó www.headtochrist.com.

¿A qué espera monseñor Rouco Varela para, como presidente de la Conferencia Episcopal Española, organizar un festival de rock filocristiano? Arrasaría. Podría reivindicar al pionero de mezclar letras religiosas y rock’n'roll, Larry Norman, fallecido este febrero. Ojo al dato: nació en la ciudad tejana Corpus Christi. Como para no creer en el destino. El festival también podría homenajear a una institución de ese subgénero, los estadounidenses Petra. ¿Por qué no traerlos para interpretar entero –eso que ahora está tan de moda en los festivales– su disco En alabanza, de 1992 (¡Rouco, el año de la Expo de Sevilla!), que es en castellano y contiene canciones como Cristo glorioso rey, La batalla es de nuestro señor, Tu nombre santo es y El rey de gloria entrará. El evento lo presentaría el padre Jony, el cura rockero.

POSDATA: Stop ironías. El rock y lo cristiano van de la mano. Ambos empezaron con ecos de esclavitud. Hola, Espartaco. Hola, Lead Belly. Elvis Presley y su pentacolismo. Jerry Lee Lewis adoptando estilos de predicador. Little Richard popularizando la glosolalia… Y, cuando ambos son grandes, no solo describen el mundo, sino cómo negociar con él. No hablan del mundo: ocurren en él y le afectan. Cambian cómo la gente piensa y vive sus vidas. Si el Vaticano no sabe resolver ese déficit suyo, es su problema. Pero que no se convierta en otra mala banda de rock. Hoy, sobran. Y, si no, le recordaremos lo que escribió Bruce Springsteen en 1973: “Las monjas corren calvas y preñadas por los pasillos de El Vaticano, con el pretexto de la inmaculada concepción”.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

sábado, enero 03, 2009

Un adolescente entrenado por terroristas en Pakistán denuncia que fue manipulado

ELPAÍS.com - Madrid - 03/01/2009

Shakirullá tiene 14 años y es uno cuatro adolescentes presos en Afganistán sobre los que pesa una condena por planear presuntamente atentados suicidas. Sin embargo, él se defiende de las acusaciones y denuncia el engaño al que dice que fue sometido por musulmanes radicales para que se convirtiera en un terrorista contra las tropas extranjeras en Pakistán. El adolescente ha contado su historia a la cadena estadounidense CNN, que publica un extenso reportaje en su página de internet.

El adolescente, que permanece preso en una cárcel de menores de Kabul, en Afganistán, deberá cumplir al menos cinco años de condena, aunque en un margen de 24 meses será trasladado a un centro para adultos. Según denuncia Shakirullah, los hombres que lo reclutaron le inculcaron que su misión como musulmán era asesinar soldados británicos y estadounidenses, ya que ellos mataban a musulmanes. Además, le aseguraron que si se inmolaba no moriría porque Dios premiaría sus acciones.

Shakirullah, natural de Pakistán, fue reclutado por los grupos radicales que dirigían la madrasa donde su padre le envió a estudiar el Corán. El chico asegura, sin embargo, que su padre desconocía las ideas radicales de los encargados de la escuela coránica. "Cuando terminé de recitar el Corán, el mulá vino y me dijo 'ahora que has terminado el Corán tienes que perpetrar un ataque suicida'", explica Shakirullah.

En su situación, la principal preocupación de Shakirullah es comunicarse con sus padres, con los que aún no ha tenido contacto. "Echo de menos a mis padres", se lamenta Shakirullah a la CNN, y añade, "no sé que estarán pensando. No saben nada de mí".

Los observadores internacionales aseguran que cada vez son más los niños reclutados por los grupos armados en Afganistán.