viernes, febrero 27, 2009

No te protegerás de tu prójimo

Por Andreu Mas-Colell, catedrático de la Universitat Pompeu Fabra y de Barcelona Graduate School of Economics (EL PAÍS, 27/02/09):

Proteccionismo es la imposición por las autoridades de un país de impedimentos al flujo natural de mercancías (en un sentido amplio que incluiría muchos servicios) a través de sus fronteras, donde natural significa condicionado solamente por la estructura de los precios. O dicho de una forma más abstracta: el proverbial (para los economistas) observador de Marte no podría dibujar, a partir del conocimiento de los flujos de mercancías, las fronteras políticas del país. Por supuesto, la forma clásica de proteccionismo son las tarifas aduaneras, pero hay muchas otras: las subvenciones a industrias (o entidades financieras) del país constituirían otro ejemplo.

Estrictamente hablando, es más dudoso que la preferencia de los consumidores por los productos de su país, si se presenta, merezca el nombre de proteccionismo. En principio, las preferencias individuales hay que aceptarlas como son. Si los ciudadanos norteamericanos y españoles tienen ambos una clara preferencia por filmes norteamericanos ello es muy favorable a los intereses norteamericanos, pero no puede llamarse proteccionismo.

La teoría económica al uso ha demostrado que un mundo informado por el libre comercio ofrece garantías de un resultado económico superior al de un mundo dominado por barreras al comercio. Por supuesto, el argumento no es tan simple como para justificar una afirmación según la cual en un tránsito desde una estructura cerrada del comercio mundial a una abierta todos los países ganarían. La contención es más bien que con una política de transferencias orientada a este propósito todos pueden ganar (es decir, los ganadores directos pueden compensar a los perdedores directos).

Más allá de esta consideración de orden estático también se contemplan efectos dinámicos muy poderosos a favor del comercio libre, tanto a largo plazo como a corto. En negativo, estos últimos quedaron muy bien ilustrados en la Gran Depresión del 29 cuando la tarifa Smoot-Hawley aprobada en 1930 por el Congreso Norteamericano (pero ya en camino de aprobación antes del crash) generó una cadena de represalias que hundió el comercio mundial en poco tiempo, constituyendo así uno de los eslabones principales de la espiral descendente de la Depresión. Por cierto, aunque como hemos indicado las preferencias deben aceptarse como son, es indudable que si en un país se inician procesos de inducción al cambio de preferencias (buy american), hay que contar con los efectos dinámicos y, en particular, con movimientos semejantes en otros países. El que inicia el proceso debe entender bien con lo que está jugando, no sea que al final los ciudadanos del resto del mundo acaben siendo más propensos a inclinarse por sus productos que los del propio país por los propios.

Pero hay más. En un contexto económico normal (en particular, en uno conducente al pleno empleo), el librecambio no es sólo una buena opción desde el punto de vista del bienestar global, sino que configura también una situación muy estable. Ello es así porque con independencia de si los otros países practican o no el proteccionismo, le sale a cuenta al país propio abrir su economía (más precisamente, si una economía cerrada se abre, los ganadores internos podrían compensar a los perdedores internos). O en los términos de la teoría de los juegos de estrategia: si las dos estrategias que un país puede practicar son el proteccionismo o el librecambio, entonces el librecambio es el mejor curso de acción a seguir tanto si el resto del mundo es librecambista como si es proteccionista. En condiciones de normalidad, la estrategia de abrir la economía propia es, en términos técnicos, dominante.

A pesar de estas bondades teóricas el proteccionismo constituye hoy un peligro inminente y potencialmente devastador sobre la estructura de la economía mundial. La explicación es que éstos no son tiempos normales, sino profundamente anormales. Y esto tiene la consecuencia de cambiar dramáticamente la naturaleza del juego económico. Me explico.

En un contexto de anormalidad que, para el propósito presente, sería simplemente uno con desempleo o, más generalmente, uno donde los factores predominantes de ajuste son los de cantidad (empleo), la estrategia proteccionista pasa a ser la dominante para un país individual: es la que siempre sale a cuenta. Nos encontramos en lo que se denomina un dilema del prisionero. La aparente paradoja es fácil de comprender. Supongamos que un país (que para resaltar el efecto que ahora queremos ilustrar es mejor concebirlo como muy pequeño) desea implementar una política de expansión de la demanda para combatir el desempleo, es decir, una política de corte keynesiano. Esta política la financian sus ciudadanos y sería muy difícil de justificar (de hecho, seamos sinceros y reconozcámoslo, no tendría sentido en caso contrario) que los efectos de la expansión de la demanda se diluyeran en compras más allá de las fronteras y que, por tanto, el empleo se generase en otros países.

Otro ejemplo: si, justificadamente o no, se decide proteger el empleo en la industria automovilística, es muy improbable que ello se implemente a través de ayudas a la compra de automóviles que no impongan restricción alguna sobre el país de origen (o que no vayan acompañadas de medidas proteccionistas clásicas como un arancel). Nótese que este argumento, desde la perspectiva de un país individualmente considerado, tiene la misma fuerza tanto si el resto del mundo practica el proteccionismo como si no. La única diferencia es que si el resto del mundo no se protege, el proteccionismo del país propio aparece como un caso de ventajismo (variedad free riding), mientras que si aquél practica el proteccionismo, hacer lo propio aparece entonces como moralmente justificado.

En resumen: el aspecto clave de la discusión que antecede es que si rige la normalidad el autointerés aconseja el librecambio, y si rige la anormalidad el autointerés recomienda el proteccionismo.

Ahora bien, tanto si el proteccionismo no sale individualmente a cuenta como si lo hace, los argumentos a los que aludí al principio de este artículo son plenamente válidos: un mundo de economías abiertas es mejor que un mundo de economías cerradas. Pero entonces, ¿como evitar la estrategia dominante proteccionista cuando el juego tiene la naturaleza de un dilema del prisionero? No es nada fácil. Sería una posición demasiado pesimista concluir que no hay solución, aunque no hay que hacerse ilusiones. En ausencia de un Gobierno mundial precisaríamos de la existencia de unos procesos de cooperación multilateral y de coordinación que creen suficiente inercia para que la opción por el librecambio pueda sobrevivir un periodo suficiente para que la opción proteccionista no sea la primera, y se dé así una oportunidad a que los tiempos de anormalidad sean cortos y permitan un tránsito rápido a un juego donde la opción abierta vuelva a ser dominante.

Con referencia al momento actual, es obvio que si el resto del mundo no expande no tiene lógica que lo haga un país por sí solo en régimen abierto. Por tanto, para hacer la expansión compatible con el librecambio se necesita un acuerdo multilateral para expandir simultáneamente. Es lo que, bien o mal, se está intentando en el mundo (la responsabilidad de la Administración Obama es ahí enorme). Es un acuerdo difícil, porque las realidades y tradiciones de los distintos países son distintas. Pero ha de ser posible.

Será, sin embargo, un acuerdo penetrado por el virus de la inestabilidad: los incentivos para adoptar una postura egoísta (proteccionismo) estarán presentes en cualquier caso (aunque, y esto es positivo, no serán más fuertes si el resto del mundo se comporta bien). Ciertamente, los acuerdos son acuerdos y por tanto hay que confiar que los mismos, acompañados por las exhortaciones y los avisos, tengan efecto por un tiempo suficiente para dar margen a las fuerzas impulsoras de una recuperación. Pero si ésta no se presenta pronto, me temo que la tentación proteccionista será intensísima. Pero la debemos resistir. Es pecado mortal.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Eclipse de la democracia

Por Antonio Elorza, catedrático de Ciencia Política (EL PAÍS, 27/02/09):

Tanto en el caso de la Roma clásica como en las ciudades-república de la Italia medieval, el factor que provocó la degeneración de las instituciones republicanas fue la conversión de magistraturas sometidas a límites temporales muy estrictos en magistraturas ejercidas indefinidamente, incluso de modo vitalicio. El armazón institucional permanecía; su contenido pasaba a ser un poder personal. No es casual que fuera la extensión de la “dictadura”, en principio semestral, por Sila y por César, lo que diera lugar tanto al cambio semántico como a la naturaleza de los nuevos regímenes centrados en el ejercicio individual del poder. El tránsito de las repúblicas urbanas a las señorías en el siglo XIII, con la entrada en escena del signore permanente, en otro marco histórico, reproduce la deriva autoritaria.

Porque ese señor permanente, aun cuando subsistan las instituciones democráticas, dispondrá de los medios para someter el funcionamiento de las mismas a su voluntad, desfigurándolas. Es lo que convierte en extremadamente peligroso el resultado del referéndum ganado por Hugo Chávez. Sus turiferarios recuerdan que las futuras elecciones siguen ahí y que él se ha impuesto en un proceso democrático. Pero eso significa olvidar que el episodio se sitúa en el marco de un proyecto de poder personal archiproclamado por el propio líder venezolano, una revolución “socialista” ya confirmada a su juicio hasta el año 2019, y que parte de la formulación torticera creada para eliminar el precedente resultado desfavorable del referéndum de 2007. Es decir, si un resultado no le conviene a Chávez, se repetirá la consulta hasta que gane y se estreche cada vez más el cerco a la libertad. Curioso respeto a la democracia.

El caos de su política económica no le preocupa. Le basta con declarar la bondad del proyecto populista radical, personificado en él y ennoblecido con la etiqueta de socialismo, y con denostar y aplastar progresivamente a los opositores. El gorila ilustrado que nos describe Enrique Krauze en El poder y el delirio exhibe aquí esa primera condición. Sabe que mientras se sostenga la política asistencial en vigor, y domine en los medios, podrá seguir adelante hasta la eliminación del pluralismo. Conviene recordar que la construcción del totalitarismo fascista no fue en su primer modelo, el italiano, el resultado de un vuelco súbito sino el resultado de un largo proceso de eliminación de libertades e instituciones representativas que, según Emilio Gentile, llega a los años 30. Chávez sigue esa vía hacia su encuentro con el papel soñado de nuevo Fidel Castro que ahora guía a todo un continente.

La cuestión es entonces qué hacer desde planteamientos democráticos cuando la democracia es arruinada de modo irreversible. Pensaba en ello cuando esta misma semana presenté la primera edición española por B. Pendás del clásico de la oposición al poder despótico, el Vyndiciae contra tyrannos: el ejercicio del derecho de resistencia recupera su necesidad.

Hace unos años, el último residuo dictatorial era el castrismo. Ahora su precaria supervivencia resulta garantizada por la tutela chavista, y se perfilan otras sombras, además justificadas por el carácter oligárquico de los regímenes democráticos que parecieron asentarse en el último cuarto del siglo XX. Si hoy Evo Morales, con su nueva Constitución, parte en dos la nación boliviana haciéndola recaer sobre la mayoría indígena y marginando a los criollos, vistos como herederos de la opresión colonial, hasta su llegada al Gobierno y durante dos siglos la jerarquía de poder fue la inversa. En otras circunstancias, la exigencia de cambio resultaba asimismo bien explicable en Ecuador. Pero eso no exime del riesgo de autoritarismo que también despunta en Nicaragua, con Daniel Ortega en busca de su perpetuación como presidente, conjugando el fraude electoral (municipales de 2008), las políticas asistenciales y la persecución del aborto.

Frente a las conmociones externas, Javier Pradera habló alguna vez de “la Europa-balneario”. Desde el ángulo de la democracia, eso parecía gracias a las transformaciones políticas del último cuarto del novecientos: caída de las dictaduras en la Europa del sur, desplome del totalitarismo comunista. Las expectativas favorables empezaron a nublarse con el nuevo autoritarismo de Putin, otro que busca perpetuarse. Ahora el riesgo de un eclipse de la democracia reaparece en Italia. La resistible ascensión de Silvio Berlusconi ha culminado en una situación radicalmente nueva: la perversión del sistema democrático por su subordinación a una trama de poder que destruye el espíritu de las instituciones, consagra la corrupción hecha Gobierno y sume en la impotencia a la oposición. Todo ello logrado merced a la hegemonía del poder de los medios controlados por un líder, atento sólo al dominio del mercado político y carente de escrúpulos. En el trágico episodio de la muerte de Eluana, no le importó al ateo Berlusconi aliarse con el clericalismo vaticano. Sólo el fallecimiento de la joven evitó que de paso lograra la autorización para gobernar a voluntad con decretos-leyes saltándose el Parlamento con la excusa de la urgencia. Dejó claro que en Italia, por encima de su pésima gestión económica, el poder es todo suyo. Las elecciones en Cerdeña le han dado la razón y consagrado el hundimiento de la izquierda. Las formas democráticas perviven.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

¿Qué salida a la crisis?

Por Justo Zambrana, subsecretario del Ministerio del Interior,. Ha publicado El ciudadano conforme y La política en el laberinto (EL PAÍS, 27/02/09):

“No te bañarás dos veces en el mismo río”. Con este aserto, Heráclito ya dejaba claro que las circunstancias históricas no tienden a repetirse. Hoy, cuando la práctica totalidad de los Gobiernos ha vuelto masivamente a las políticas keynesianas de intervención en la economía y de activación de la demanda, vía déficit público, un difuso malestar se palpa, mezclado con la inquietud sobre el resultado que las costosas intervenciones públicas puedan producir en la recuperación económica.

El malestar es especialmente visible en la izquierda política, que se pregunta si el esfuerzo de los Gobiernos, es decir, del bolsillo de todos, sólo va a servir, si hay suerte, para rehacer el mismo capitalismo de mercado que ha originado la crisis. Se constata el recurso a las técnicas keynesianas -con la derecha neoconservadora callada-, pero no se aprecia que la intervención salvadora vaya acompañada de los valores e instituciones que acompañaron al keynesianismo tras la Segunda Guerra Mundial, hegemonizando el discurso público. A mi entender no será posible volver a bañarse en ese río. Corren otras aguas. Analizaremos dos: una, la naturaleza del capitalismo actual; otra, los valores que impregnan nuestras democracias.

El capitalismo que se inició en el comercio a finales de la Edad Media se tornó industrial más tarde, y ahora es financiero. El valor de las transacciones financieras es decenas de veces superior al de las comerciales. Su desarrollo se ha producido en una situación de jungla. Friedman levantó bandera contra Keynes diciendo: “El dinero importa”. Sus sucesores no tardaron en ir más lejos diciendo: “Sólo el dinero importa”. A esta corriente de economía monetarista le acompañó en el terreno político Hayek, afirmando: “La fatal presunción consiste en la creencia de que el hombre es capaz de modelar el mundo que le rodea según sus deseos”. De aquellos polvos, estos lodos. De tan nocivos virus, la enfermedad. ¡Barra libre! El capitalismo financiero se ha desarrollado fuera de los controles institucionales, que hacían de él algo socialmente viable. Ni Max Weber podría encontrar vestigios de “ética protestante”, ni Adam Smith el self-love con vocación pública que tanto le preocupó.

La respuesta a esta crisis del capitalismo financiero tendrá que centrarse en ello; con más regulación y con más intervención pública. Quienes analizaron las anteriores crisis financieras ya advirtieron que la autorregulación era una falacia. Las firmas auditoras y las agencias de calificación se han ido prostituyendo al servicio de quien las pagaba, y en lugar de detener la espiral de irracionalidad han entrado a formar parte de la misma. Desde la caída de Arthur Andersen la vergüenza no cesa. Más regulación, más intervención, y también, más banca pública con criterios públicos. Tanto más ICO cuanto que los independientes bancos centrales han abandonado parte de las tareas que realizaban.

Ya en la fase industrial quedó de manifiesto que, contra lo que se enseña en las facultades de Economía, los mercados no tienden al equilibrio. La situación de equilibrio es un supuesto particular que casi nunca se produce. En el capitalismo financiero esa constatación se ha multiplicado y acelerado. No por expresarse en ecuaciones matemáticas un mito deja de ser falso.

El capitalismo financiero funciona globalmente, y por eso, globales han de ser las respuestas. La cumbre del G-20 en Washington fue positiva por la foto. La próxima de Londres debería entrar en materia, tratando de organizar un orden financiero mundial. Hasta ahora los mercados financieros globales han funcionado como un “gran autómata”, en régimen de autismo severo. Con una gestión cada vez más alejada de la propiedad -otro signo clave de estos tiempos-, las trampas se han multiplicado en el solitario. Ahora los platos rotos los pagan las colas de parados y la vida de las gentes. Son necesarios instrumentos más potentes y novedosos que los de Bretton Woods.

En una crisis como la actual no hay salida económica sin respuesta política. Es la democracia la que sustenta al mercado, aunque a veces el mercado preceda a la democracia. Si la salida económica debe referenciarse en el capitalismo financiero, la respuesta política sólo podrá articularse desde las pautas que rigen las sociedades postmodernas. Unas sociedades muy distintas de las de hace 60 años.

En los treinta gloriosos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, el keynesianismo viajó acompañado de la socialdemocracia en su versión más clásica. Estado de bienestar creciente, salarios reales al alza, impuestos progresivos sobre la renta, desarrollo económico industrial hacia el pleno empleo y sindicatos potentes. La sociedad se vertebraba en clases, y de los tres enunciados-valor que nos legó la Revolución Francesa, la igualdad dominaba el discurso político.

La sociedad vertebrada para la producción ha dado paso a una sociedad mucho más dispersa signada por el consumo. El ciudadano-consumidor se siente más individuo que clase; elige antes la diferencia que la homogeneidad; y prefiere los impuestos indirectos sobre el consumo a los directos sobre la renta. Aquellos le permiten optar y consumir, éstos no. Por eso le gusta definirse en términos de libertad y solidaridad, antes que en términos de igualdad. Tras años alejado, se reconcilia con lo público, y lo hará más. A los servicios públicos les exige calidad de servicio y un coste-beneficio correcto para darles legitimidad. Incorpora una nueva exigencia: seguridad. Seguridad frente a los riesgos que se multiplican en un mundo calado por la incertidumbre. Beck acertó. Vivimos en la sociedad del riesgo.

Este ciudadano-consumidor vive instalado en el presente y no cree el relato de una lucha por “el gran día”. Frente al vértigo de la globalización, busca la seguridad en sus raíces identitarias. Es voraz coleccionista de novedades y experiencias que el mercado se encarga de satisfacer. Del futuro le preocupa el límite ecológico del planeta. ¿Es este panorama social peor que el de la sociedad industrial? No. Es diferente. Comprobados los desastres de dejar la economía en manos del laissez faire y la política en la razón de la fuerza -como Kagan y Aznar nos propusieron-, es el momento de reordenar, no sólo la economía, sino el mundo de valores que la acompaña.

El ciudadano post-moderno no sigue los relatos ideológicos de antaño, pero sigue aspirando a ideales. Es posible un idealismo democrático. Las instituciones públicas tendrán asignada la tarea de conseguir la mayor parte de esos objetivos. La paz. Un Estado de bienestar eficiente que cubra la educación, la sanidad, la vejez, el desempleo y las situaciones de dependencia y marginalidad. Una seguridad que garantice las libertades y cubra los riesgos crecientes que el propio progreso genera. Una inversión pública que atienda zonas vitales para el futuro, que la inversión privada no cubre por falta de beneficio. Una presencia reguladora que no asfixie, pero sí ordene. En definitiva, volver a creer que la consecución de ideales democráticos exige una res-publica potente, no como lo contrario, sino como lo necesario para articular una sociedad abierta.

Ralf Dahrendorf, liberal profundo y popperiano confeso, dijo que la socialdemocracia se comprometió más con la sociedad abierta que el propio liberalismo. En España esto es doblemente verdad. Desde Azaña e Indalecio Prieto, a recientes ministros socialistas, así ha sido. Motivo de más para liderar el nuevo periodo.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

El Pentágono renuncia a ocultar los féretros de los soldados caídos

Por DAVID ALANDETE - Washington - (El País.com, 27/02/2009)

Por primera vez desde que comenzaron las guerras de Afganistán e Irak, Estados Unidos permitirá que se fotografíen y se filmen los ataúdes que regresan del frente de batalla envueltos en la bandera norteamericana. Una nueva norma anunciada ayer por el secretario de Defensa, Robert Gates, pondrá como condición para la toma de instantáneas que exista un consentimiento previo por parte de la familia del soldado fallecido.

En 1991, el primer presidente George Bush prohibió a la prensa tomar fotos o grabar imágenes de estos ataúdes, antes de la primera guerra del Golfo, un conflicto en el que fallecieron 113 soldados estadounidenses. La norma la diseñó el entonces secretario de Defensa, Dick Cheney, que ocuparía el puesto de vicepresidente cuando se planificaron las invasiones de Irak y Afganistán con Bush hijo.

En esos dos frentes de guerra ya han muerto, desde 2001, más de 4.800 soldados. Los cadáveres llegan diariamente a la base aérea de Dover, en Delaware, donde se les bendice y desde donde se les transporta al lugar en el que se les enterrará. Gates dijo ayer que la decisión de si la prensa debe difundir imágenes de estos ataúdes "deberían tomarla aquéllos a quien más les afecta esto personalmente. Las familias de los caídos".

Imagen sin datar de ataúdes de soldados muertos en combate- REUTERS

Los senadores demócratas John Kerry y Frank Lauternberg, diversos profesores de universidad y varios familiares de soldados caídos en el frente han solicitado durante años que se levantara esta prohibición, que interpretaban como una forma de esconder el coste humano que suponen ambas guerras.

Muchos opinan que el presidente George W. Bush aprovechó esta norma para evitar que sucediera con la guerra de Irak lo mismo que pasó con la de Vietnam. Cuando entonces la ciudadanía vio los ataúdes estadounidenses llegando a decenas, la opinión pública comenzó a oponerse al conflicto. En 2005, el Pentágono difundió unas 700 fotos de ataúdes no identificados, después de varias demandas judiciales en su contra.

El presidente, Barack Obama, anunció el pasado 9 de febrero que había pedido a Gates que reconsiderara la prohibición. Finalmente, el secretario de Defensa ha decidido dejar que sean los familiares quienes tengan la última palabra.

"Ingrid manipulaba a los secuestrados"

ELPAÍS.com - Madrid - 27/02/2009

Tres estadounidenses que fueron liberados junto a Ingrid Betancourt, y que llevaban secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) desde 2003, revelan en un libro polémicos detalles de su vida en cautiverio junto a la ex candidata presidencial. En Out of captivity. Surviving 1.967 days in the Colombian jungle (Fuera de cautiverio. 1.967 días de supervivencia en la jungla colombiana), que acaba de publicarse en EE UU, Marc Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes hablan de las complicaciones físicas que sufrieron y de sus sensaciones, pero también de los juegos de poder que existían en la selva, así como de la "arrogancia" de Betancourt, informa Caracol Radio en su edición online.

En el libro se menciona en varias ocasiones que la ex rehén manipulaba supuestamente a los secuestrados, "buscando su propio beneficio y no el del grupo en general". "Cuando Ingrid nos vio llegar al campamento, dijo que no cabíamos allí, que no había suficiente espacio y que tenían que hacérselo saber a los guardianes", comenta el ex secuestrado Marc Gonsalves. "Parecía que Ingrid daba órdenes en su campamento", agrega.

"Pensaba que el campamento era suyo"

Los tres ex rehenes comentan en varios pasajes que había dos parejas que se habían formado en el llamado Campamento Caribe: "Lucho e Ingrid" (por el parlamentario Luis Eladio Pérez e Ingrid Betancourt) y Gloria y Jorge (por los ex rehenes, también parlamentarios, Gloria Polanco y Jorge Géchem). "Nunca vimos ni a Clara (Rojas) ni a Consuelo (González de Perdomo) relacionarse así con ningún otro secuestrado, ni tampoco las vimos dormir en la misma cama de otros hombres, como sí dormían Lucho e Ingrid, y Gloria y Jorge", señalan.

Los tres estadounidenses que fueron secuestrados por las FARC, en la presentación del libro que han escrito sobre su cautiverio.- EFE

Según Keith Stansell, Betancourt "era arrogante, pensaba que el campamento donde estaban le pertenecía a ella y que el lugar lo habían construido para ella". Betancourt habría incluso llegado a decir que se llevasen de allí a los estadounidenses "porque eran de la CIA o porque quizás tenían chips dentro de su cuerpo que hacían fácil el rastreo". "Nos podían haber matado simplemente porque Ingrid quería más espacio para ella", añade.

También mencionan que había momentos en que la guerrilla drogaba al niño de la candidata a la vicepresidencia Clara Rojas, Emmanuel, para que no llorara cuando pasaban helicópteros de las Fuerzas Militares, pero que esto, "sólo le hacía llorar más".

Jatamí contra Ahmadineyad

Por ÁNGELES ESPINOSA - Teherán - (El País.com, 27/02/2009)

El regreso a la arena política de Mohamed Jatamí añade un plus de incertidumbre a las elecciones presidenciales iraníes del próximo 12 de junio. El ex presidente reformista constituye el mayor desafío a un segundo mandato de Mahmud Ahmadineyad, si éste se presenta. Aunque no están en juego ni el régimen islámico ni los fundamentos del sistema, la posibilidad de elegir entre el más liberal y el más conservador de los gobernantes que Irán ha tenido desde la revolución de 1979 da a los iraníes una opción sin precedentes de expresarse sobre el futuro de la República Islámica.

Que nadie se llame a engaño. Tanto Ahmadineyad como Jatamí respaldan sin fisuras el sistema de gobierno que instauró la revolución, en el que un líder supremo, en la actualidad el ayatolá Alí Jamenei, tiene la última palabra en todas las decisiones de Estado. "Estamos trabajando dentro del marco del sistema, y somos leales a la Constitución y al líder", ha precisado el candidato reformista para contrarrestar las acusaciones de los fundamentalistas.

Sin embargo, en política exterior, economía o la puesta en práctica de las normas islámicas en la sociedad, sus visiones son tan diferentes como sus personalidades. Durante sus dos mandatos, entre 1997 y 2005, Jatamí, que captó el deseo de cambio de los iraníes, rebajó las presiones sociales y dio aire a una sociedad civil hasta entonces en las catacumbas. Además, buscó una relación más distendida con Occidente y aceptó la suspensión temporal del enriquecimiento de uranio a cambio de unos incentivos que no llegaron a concretarse.

Con la llegada de Ahmadineyad [Jatamí no se presentó en los anteriores comicios], Irán reanudó el enriquecimiento y convirtió el programa nuclear en un asunto de dignidad nacional. Sus declaraciones provocadoras poniendo en duda el Holocausto reforzaron los temores de quienes sospechan que ese proyecto esconde un objetivo militar. Dentro del país, regresaron las campañas de moralidad, se estrechó el cerco sobre los activistas pro derechos humanos y aumentó la censura.

"Jatamí pretende recuperar el hilo del progreso que quedó interrumpido en 2005", explica su jefe de campaña, Mohamed Atrianfar. Los reformistas confían en capitalizar el descontento por la mala gestión económica del Gobierno fundamentalista.

Pese a haber contado con los mayores ingresos del petróleo en la historia de Irán, las políticas populistas de Ahmadineyad han exacerbado el paro y la inflación. Muchos de sus votantes se sienten desengañados. Aun así, el presidente no sólo cuenta con el aparato del Estado a su favor, sino que sigue siendo popular en las provincias, donde ha repartido ayudas en efectivo entre la legión de veteranos, viudas e hijos de mártires que viven de las subvenciones, y entre quienes admiran que haya plantado cara a Occidente.

Pero antes de enfrentarse a su rival, Jatamí tiene que vencer la desilusión que dejó su presidencia. Entonces, los conservadores, que siempre han controlado el sistema judicial, el aparato de seguridad y la radiotelevisión, bloquearon sus intentos de reforma, y él se plegó.

"Ahora le benefician las menores expectativas y su experiencia en cómo tratar con los duros", apunta el ex diputado reformista Jalal Jalalilzadeh, convencido de que se trata de la mejor opción para frenar a Ahmadineyad. Al final, como ha reconocido Ali Abtahi, uno de los más cercanos colaboradores de Jatamí, todo va a depender de la participación. "Si es elevada, podemos ganar", asegura. El vacío que le está haciendo la televisión iraní (bajo control estatal) y los ataques de la prensa conservadora parecen confirmar que tiene posibilidades.

¿Una nueva Estrategia Europea de Seguridad 2009?

Por Natividad Fernández Sola, profesora de Derecho Internacional Público y Jean Monnet, Universidad de Zaragoza (REAL INSTITUTO ELCANO, 26/02/09):

Tema: La Estrategia Europea de Seguridad (EES) fue adoptada por el Consejo Europeo el 12 de diciembre de 2003. Mucho ha evolucionado la sociedad internacional desde entonces y era el momento de hacer balance de lo conseguido y de cómo lograr aquello que todavía no se ha materializado.

Resumen: La Presidencia francesa del Consejo de la UE citaba entre las prioridades de su mandato la aprobación de una nueva Estrategia Europa de Seguridad (EES). Además del balance de resultados, se imponía una valoración crítica de la adecuación de lo previsible a lo imprescindible. Las expectativas se han ido reduciendo y el documento presentado por el alto representante para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) al Consejo Europeo el 11 de diciembre es formalmente un informe sobre la aplicación de la EES.

Análisis: En diciembre de 2007 el Consejo Europeo solicitaba del alto representante para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) un examen de la aplicación de la Estrategia Europea de Seguridad (EES) de cara a realizar propuestas para mejorarla y, si fuera apropiado, elementos para complementarla, al objeto de aprobar el resultado por el Consejo Europeo de diciembre de 2008. La opción por esta fórmula en vez de la elaboración de una nueva Estrategia o claramente una más modesta puesta al día de la actual guarda relación con el impasse en el que se encuentra sumido el Tratado de Lisboa y, con él, la elección de nuevo alto representante a quien correspondería la promoción de una nueva EES.

Como ocurrió al elaborarse la EES de 2003, desde ese momento se ha desarrollado un amplio abanico de conversaciones y consultas entre las instituciones, principalmente con la Comisión, y con los Estados miembros. Igual que en aquella ocasión, el Instituto de Estudios de Seguridad de la UE ha organizado una serie de seminarios sobre “los intereses europeos y las opciones estratégicas”, en Roma, Natolín, Helsinki y París. Como entonces se hizo, también ahora puede percibirse un cierto déficit democrático en su elaboración, si bien en esta ocasión los Estados miembros están estrechamente asociados al proceso y han formulado sus propias contribuciones.

A principios de septiembre, los servicios del Consejo proponían las principales áreas de acción y las pautas a seguir en la reunión informal de ministros de Asuntos Exteriores y el 11 de diciembre se presentaba al Consejo Europeo el “Informe sobre la aplicación de la Estrategia Europea de Seguridad – Ofrecer seguridad en un mundo en evolución”. [1] El Consejo Europeo comparte el análisis contenido en el Informe y apoya las resoluciones del Consejo, en las que se acuerdan nuevos objetivos para reforzar y optimizar las capacidades europeas con el objetivo de seguir contribuyendo a la paz y seguridad internacionales al tiempo que se fomenta la seguridad de los ciudadanos europeos.

La EES de 2003

La EES de 2003 supuso la culminación del proceso inicial de gestación de la Política Europea de Seguridad desde la cumbre franco-británica de Saint-Malo en 1998, el establecimiento del objetivo de capacidades militares para 2007, el desarrollo estructurado de capacidades civiles de policía, Estado de Derecho, protección civil y la institucionalización tras la creación del Comité Político y de Seguridad, del Comité Militar y del Estado Mayor de la UE a principios de 2001. Todos estos instrumentos requerían responder a una doctrina y estrategia de uso que debía ser aceptada por todos los Estados miembros.

La invasión de Irak por EEUU en 2003 en coalición con el Reino Unido y la división surgida a raíz de esta intervención entre los Estados miembros de la UE demostró la existencia de una superestructura para la PESD pero la ausencia de unos mimbres básicos de entendimiento en cuanto a su utilización. La Convención que en esos momentos elaboraba el Tratado que establecía una Constitución para Europa tomó buena nota de la situación e introdujo importantes novedades en política exterior de la UE, comenzando por el establecimiento de unos principios y objetivos a los que la misma debería atenerse. La Guerra de Irak de 2003 supuso, además, la quiebra más importante de la relación transatlántica, al no prestarse un apoyo europeo unánime y sin fisuras a la política norteamericana y al unilateralismo de la decisión de la superpotencia.

En este convulso escenario, la EES elaborada por el alto representante de la PESC de la UE, Javier Solana, supone un bálsamo en las relaciones con EEUU y en las propias relaciones intracomunitarias tan dañadas como las anteriores. Por ello, puede afirmarse su virtualidad en el contexto en el que se elabora y aprueba.

Es tradicional la comparación del documento europeo con la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU que le había precedido en 2002, si bien, al no ser la UE un actor nacional, su estrategia no puede compararse sin mas a las de los Estados, ni siquiera a las de los Estados miembros. En ambos documentos aparecen análogas amenazas a la seguridad, pero con una óptica diferente para enfrentarse a las mismas: acción unilateral si fuera necesario por parte de EEUU y multilateralismo eficaz por parte de la UE; e intereses planetarios o globales norteamericanos, frente a intereses preferentemente periféricos de la UE. Diferencias de intereses y de capacidades que no habían de impedir la existencia de una filosofía y unos principios transatlánticos comunes, aunque puestos en tela de juicio en algún momento. La EES lleva a primer plano de la actividad europea de seguridad la lucha contra el terrorismo internacional, aproximándose así a las preferencias securitarias de EEUU.

En estos cinco años, la EES ha permitido el uso de las capacidades al servicio de la UE para el desarrollo de más de una veintena de misiones militares, policiales, civiles o mixtas en los Balcanes, el Cáucaso, Palestina, Indonesia, Somalia y el Congo. El balance de las mismas puede considerarse positivo si tenemos en cuenta la situación de la que la UE venía y los objetivos importantes pero modestos asumidos por la Unión, dentro de sus posibilidades materiales y políticas. Debe recordarse aquí que la Unión está autorizada por el Tratado a desarrollar misiones Petersberg en el amplio sentido del término y que, en su actuación, manifiesta su inclinación hacia el uso de instrumentos de soft power por la línea de política exterior y de seguridad de algunos Estados miembros, entre los que se cuentan varios neutrales.

Con todas sus virtualidades en el contexto en el que se adoptó la EES, la experiencia y la situación estratégica actual recomendaban una reconsideración de la misma por parte de los Estados miembros y las instituciones.

Varias son las insuficiencias que en la actualidad plantea el enfoque de la EES de entre las cuales destacamos la preferencia por el entorno inmediato de la UE y por las medidas de soft power e instrumentos exclusivamente civiles. Ambas chocan con la pretensión de la Unión de convertirse en actor global con impacto real sobre los asuntos candentes de política internacional y que afectan a la seguridad mundial. Aunque, por otra parte, esta actitud es lógica si se tiene en cuenta que los Estados miembros no han abordado en su totalidad, como se habían comprometido, la modernización de sus Ejércitos. Una revitalización de la PESD partiría de una buena base con una EES adaptada a las amenazas globales a la seguridad europea y mundial.

¿Necesidad de una nueva Estrategia Europea de Seguridad?

Podría afirmarse que, aunque sin cambios estructurales en el sistema internacional, el contexto geopolítico ha evolucionado en determinados aspectos. Se mantienen conflictos de trascendencia mundial como el de Oriente próximo, al tiempo que la reciente guerra de Georgia ha demostrado que el riesgo de conflictos armados a las puertas del territorio europeo no ha desaparecido. Se ha incrementado el riesgo de proliferación de armas de destrucción masiva tanto entre Estados como entre actores no estatales, con particular empeño de algunos Estados por conseguir misiles balísticos, mientras surgen esfuerzos multilaterales de limitar el comercio de armas ligeras; y lo que quizá revista mayor trascendencia a medio y largo plazo es que se incrementan las tensiones y conflictos motivados por el acceso a los recursos naturales (energéticos, agua…) en un contexto donde se hace más patente el cambio climático.[2] La insuficiencia de recursos energéticos o el encarecimiento de los productos alimentarios básicos provocan a su vez una crisis económica mundial de la que, como es habitual, salen peor parados los países en desarrollo. A todo ello habría que añadir, como consecuencia del desigual reparto de la riqueza mundial y de los recursos y de los desastres naturales, un incremento de los flujos migratorios que pueden tener consecuencias desestabilizadoras según los países de destino y las dimensiones de tales flujos, así como incidir en el bienestar de la población en general.

A estos argumentos de contexto internacional en pro de una puesta al día de la EES, se suma la actualización de la estrategia norteamericana (NSS) en marzo de 2006 y la promulgación de una nueva Estrategia de Defensa Nacional (NDS) en junio de 2008. En ellas, aunque mantienen sus líneas esenciales, se hace un guiño a la alianza con Europa y se pone el énfasis en las soluciones multilaterales, aunque sin descartar las unilaterales si fueran necesarias para la seguridad del país. Sin embargo, y pese a lo que de positivo tenga esta evolución, en la NSS el excesivo énfasis sobre las amenazas externas y la seguridad en sentido estricto lleva a EEUU a ignorar otras amenazas a la seguridad humana y, en consecuencia, a centrarse casi exclusivamente en medios militares para hacer frente a las amenazas descritas. Puede así percibirse la distinta concepción de seguridad de la superpotencia y de la UE: la seguridad interior (Homeland Security), frente al más amplio concepto de seguridad humana (Human Security) esencialmente considerado por los socios europeos. Esta tendencia se matiza aun más en la NDS, donde se pone el énfasis en la insuficiencia de los medios militares y la necesidad de recurrir a todo tipo de recursos, incluido el soft power, para hacer frente a las amenazas a la seguridad que extiende a las derivadas de la mala gobernanza de ciertos Estados, de la escasez de recursos naturales incrementada por el cambio climático o de las pandemias o catástrofes naturales.

Por otra parte, si la situación en la que se aprobó la EES de 2003, como hemos descrito, era de ruptura y desacuerdo declarado entre EEUU y Europa y en el seno mismo de la UE, hoy estas diferencias se han amortiguado considerablemente manteniendo un clima de entendimiento entre ambos socios, con las habituales diferencias y tensiones en el ámbito comercial y ciertos desencuentros a la hora de coordinar acciones en el marco de la OTAN. En la actualidad, EEUU reclama una PESD con más músculo, descartando los temores pretéritos de que ello debilite la alianza atlántica. La prueba más evidente de este cambio de mentalidad ha sido la primera declaración explícita de la OTAN de apoyo a la defensa europea en la cumbre atlántica de Bucarest en 2008.

Finalmente, los principales gobiernos europeos que más se enfrentaron al unilateralismo de EEUU y con ello más lo provocaron, Alemania y Francia, han sido sustituidos por otros claramente favorables a un incremento de la cantidad y calidad de las relaciones transatlánticas. Por primera vez en la historia de las relaciones transatlánticas ningún gobierno europeo manifiesta abierta animadversión al gobierno estadounidense, máxime habida cuenta de su cambio. Francia incluso ha hecho de la política de defensa la prioridad de su semestre presidencial de la UE. El fin de la cuestionada Administración Bush ha de facilitar un acercamiento todavía mayor entre los aliados de ambos lados del Atlántico. En Europa es ya generalizada la constatación de que la UE no puede ser tan solo un demandante de seguridad cuyo proveedor en exclusiva es EEUU.

A todas estas razones para una actualización de la EES debiéramos añadir la preocupante paralización en los avances de la Política de Seguridad y Defensa (PCSD) que exigen su revitalización sobre la base de la voluntad soberana de los Estados europeos al respecto. Y es que esta política se ha resentido de la paralización del proceso constitucional europeo para el que de momento no se vislumbra salida rápida a falta de una vía de solución a la situación generada por el referéndum irlandés. Sin el Tratado de Lisboa se frena la potenciación de las cooperaciones estructuradas permanentes entre los Estados con mayor nivel de capacidades militares y otras fórmulas de flexibilidad imprescindibles en una Europa de 27 Estados miembros.

Además, asistimos a la frustración de las expectativas generadas por la Agencia Europea de Defensa (AED) que, en la práctica, se limita a verificar compromisos de capacidades nacionales y a obtener mejores precios del material militar pero desatendiendo su objetivo más ambicioso de fomentar proyectos de investigación comunes. Por otra parte, es permanente la crítica de la falta de planificación adecuada de las operaciones y evidente el contencioso sobre el órgano de planificación militar con la OTAN.

Elementos a considerar en la EES de 2009

Como toda Estrategia de Seguridad, la EES debiera comenzar por una clara definición de los intereses de la UE, ya que todo documento de este tipo ha de precisar como se coordinan todos los recursos disponibles para alcanzar el fin perseguido. La EES de 2003 se refiere a la defensa de la seguridad de la UE y a la promoción de sus valores. Siendo bastante evidente cuáles son estos últimos, no ocurre lo mismo con el concepto de seguridad que se acoge. Hoy, la evolución tanto doctrinal como práctica lleva esta respuesta hacia la concepción amplia de seguridad humana pero, si esto es así, existen más amenazas a la misma y hacen falta más medios que los previstos por el documento de 2003.

En segundo lugar, la identificación de las amenazas debe de cambiar, si no en sus líneas esenciales, sí para adaptarse a la situación estratégica actual. Aunque el terrorismo, la delincuencia organizada y los rogue states pueden considerarse como tales, no deben dejarse de lado los riesgos nucleares presentes o potenciales en países como Corea del Norte e Irán y la voluntad de enfrentarse a ellos de forma conjunta y por medios diplomáticos preferentemente, sin descartar la presión militar, económica u otra. Con respecto al primero, el Informe aceptado por el Consejo Europeo cita las pautas de acción de la UE, que han de girar en torno a la prevención de la radicalización y la captación, la protección de los objetivos potenciales, la persecución de los terroristas y la respuesta ante atentados. Como una sub-variedad de delincuencia organizada entendemos puede citarse la piratería, incluida en el citado Informe como amenaza a la seguridad, habida cuenta de la experiencia en el Océano Indico y en el Golfo de Adén que han dado lugar a la primera misión marítima de la Unión. Si bien el Informe mantiene la amenaza de las armas de destrucción masiva (WMD), respecto a la cual la UE debe trabajar en su prevención, en la financiación y en el sentido de la revisión del Tratado de No Proliferación en 2010, añade la amenaza cibernética a la seguridad, el peligro que representan las armas pequeñas y ligeras, la munición de racimo y las minas terrestres.

Junto a esto, y desde un punto de vista de seguridad humana, las pandemias y catástrofes naturales constituyen una amenaza a la misma, muchas veces con un claro vínculo con amenazas a la seguridad en sentido más clásico por cuanto generan conflictos o grandes desplazamientos de población. El cambio climático y la seguridad energética son igualmente problemas que impactan o pueden hacerlo en la seguridad en sentido amplio, pero también por cuanto pueden favorecer o catalizar conflictos armados en zonas inestables. Todo ello se contempla en el Informe de balance de la EES como nuevas amenazas a la seguridad europea, sobre la base de un consenso bastante generalizado al respecto tanto entre los Estados miembros y las instituciones europeas como en los foros científicos. Como se ha indicado, este tipo de amenazas se recogen ya en la NDS de EEUU de 2008. Al respecto, el Informe apuesta por un mercado energético más interconectado, con diversificación de suministro y de rutas de abastecimiento, fomentando acciones al respecto en Asia Central, en el Cáucaso, en África, en los territorios de la Asociación Occidental y en los de la Unión por el Mediterráneo, al tiempo que se fomentan las energías renovables.

Una cuestión más delicada es la relativa a la integridad territorial. En principio se asumía que no había amenazas a la integridad territorial, ni de los Estados miembros ni de otros Estados próximos. Con la ampliación al Este, la invasión de Georgia por parte de Rusia y los temores sobre otros países como Moldavia y Ucrania, ya no está tan claro que la defensa de la integridad territorial no debiera constituir un objetivo de la EES. Al menos, estos acontecimientos traen al primer plano político la vuelta a la política de poder por parte de Rusia. Sin embargo, a esta inclusión se oponen dos elementos. El primero es la falta de medios y de voluntad política de la UE para proceder a la defensa de territorios mediante cláusulas del tipo del artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. Para eso precisamente está la OTAN, organización a la que los mencionados países han solicitado su adhesión. De hecho, se observa que las adhesiones más recientes a la UE han venido precedidas de la previa adhesión al Tratado de Washington, por lo que sería esta organización la encargada de este tipo de defensa territorial. Por otra parte, aunque expresada en términos genéricos, la inclusión de esta amenaza implicaría de facto la declaración de Rusia como amenaza a la seguridad europea. Considerando la importancia estratégica de esta potencia continental para la UE y los importantes vínculos con ella, una aproximación cooperativa y constructiva hacia la política rusa parece más adecuada a la naturaleza de la acción de la UE y sus intereses globales. Era conveniente un pronunciamiento expreso acerca de la política de la Unión frente a Rusia como elemento esencial de la seguridad europea. Consciente del deterioro de las relaciones con la potencia continental, el Informe determina las pautas que debieran regir las relaciones con Rusia, que han de basarse en el respeto de valores comunes e intereses y objetivos comunes; declaración excesivamente ambigua como para servir de criterio unificador de las distintas políticas nacionales respecto a Rusia, siendo como es absolutamente necesario un previo acuerdo político entre los Estados miembros todavía muy distanciados en este punto.

En tercer lugar, la Estrategia Europea de Seguridad debiera contener una más clara precisión de las modalidades y situaciones de uso de la fuerza por parte de la Unión. Si bien la preferencia europea se sitúa en la utilización prioritaria de instrumentos civiles de gestión de crisis, no es menos cierto que determinadas misiones PESD de las desarrolladas hasta el momento han requerido del uso de la fuerza militar y ésta no debe dejarse a la improvisación ni al criterio del jefe de la operación en un momento determinado. En este sentido, la EES, aunque no es una estrategia de defensa –que hoy por hoy es inexistente en Europa–, debería desarrollar estrategias explícitas para las intervenciones de la Unión en las que se equilibren todos los elementos al alcance de la organización. En suma, como se ha señalado acertadamente, la EES debe dejar de ser descriptiva para pasar a ser prescriptiva. A la hora de definir las implicaciones políticas para Europa de las amenazas a la seguridad y el papel de la UE en el mundo, el Informe presentado al Consejo Europeo propugna tres líneas de actuación referidas a un incremento de la eficacia y de las capacidades europeas, a un mayor compromiso con los vecinos y a la permanente potenciación del multilateralismo eficaz. Se trata de las mismas pautas de actuación ya recogidas en la EES, si bien allí el multilateralismo eficaz se contemplaba como un objetivo estratégico. Al desarrollar estos aspectos, el Informe incide en las principales debilidades de la política exterior y de seguridad europea y aboga por su mejora. Así, propugna una mejor coordinación institucional, la adopción de decisiones de inspiración más estratégica, la atención prioritaria a la prevención temprana con medidas de pacificación y de reducción de la pobreza, la utilización coherente de todos los instrumentos a disposición de la UE, la mejora de las capacidades de diálogo y de mediación o la flexibilidad en las respuestas a las crisis mediante las agrupaciones tácticas y los equipos civiles. Asimismo, se realza la importancia de las Naciones Unidas y el papel a jugar por la OTAN y por las organizaciones regionales. Sin embargo, sigue sin definirse esa estrategia explícita para las intervenciones de la UE.

Finalmente, la EES debe establecer una priorización de sus intereses y de sus objetivos estratégicos. En la actual Estrategia tales prioridades no aparecen claramente, aunque la apuesta por la seguridad en el entorno más próximo constituye uno de los elementos clave. Sin embargo, si analizamos la práctica de la PCSD, ésta se compadece mal con tales pretendidas preferencias. Así, de las 20 misiones PESD desarrolladas hasta ahora, cinco han tenido lugar en el Congo, una en Indonesia y dos en Palestina. Sin negar la virtualidad y necesidad de las mismas, sería necesario precisar con arreglo a qué estrategia o criterios se han decidido, a riesgo de llegar a la conclusión de que existe misión donde existe acuerdo de los Estados miembros aunque no entre dentro de las prioridades europeas. Aunque también podría llegarse a la conclusión de la superfluidad de seguir declarando esa preferencia por la periferia europea puesto que, si la UE aspira a ser actor global, no puede limitar sus intereses a esta zona territorial. Sin dejarla de lado, debiera centrarse en aquellos puntos de máximo interés para la seguridad europea. Y aquí se aprecia uno de los cambios del contexto estratégico internacional, porque el mundo al final de esta primera década de siglo no es igual que el de hace cinco años, momento en el que Europa todavía estaba sacudida por el impacto de las guerras balcánicas, ni la UE tiene los mismos medios ni las mismas aspiraciones que entonces. Tampoco entonces suscitaba las expectativas que hoy suscita. En esta línea, el Informe presentado al Consejo Europeo da un paso adelante al ampliar su meta de afianzar la estabilidad más allá de Europa y, si bien se insiste en las necesarias acciones en la periferia europea (Turquía, Balcanes, los países de la PEV –del Este y del Sur–, Ucrania, Belarús y Moldova) se recoge también la necesidad de estabilización de Oriente Próximo, Irak, Irán y Afganistán, con una referencia expresa al apoyo de los países vecinos de Asia Central y a la importancia de la mejora de las relaciones entre la India y Pakistán.

Por otra parte, aunque se continúa insistiendo en el reforzamiento de la seguridad en nuestro entorno inmediato, se introduce el matiz novedoso, ya apuntado en algunos planes de acción de la política de vecindad, de mayor implicación europea en la resolución de conflictos y la inestabilidad de muchos de estos territorios. Con ser positiva esta asunción de responsabilidad, la UE sigue sin hacer un análisis de las consecuencias negativas que genera esta política en relación a los países próximos a nuestro entorno pero excluidos de este círculo privilegiado. Convertirse en actor global exigiría de la Unión ampliar su foco de actuación, reconociendo sus intereses de seguridad humana más allá de su entorno inmediato, por ejemplo y claramente, a los países de Asia Central, evitando, al mismo tiempo, quedar relegada en estas zonas frente a los grandes actores internacionales.

Desde un punto de vista mucho más operativo y vistas las dificultades de las misiones de la UE, se estimaba necesario abordar la posible planificación conjunta de capacidades civiles y militares destinadas a las mismas. Y es que no sólo la planificación de ambas se realiza por separado, generando o pudiendo generar incoherencias, sino que, además, la planificación civil resulta mucho más caótica e ineficaz. El Informe de 2008 abre la puerta a esta planificación conjunta al declarar esenciales unas estructuras de mando y unas capacidades de cuartel general adecuadas y eficaces, que permitan “combinar la pericia técnica civil y militar desde la concepción de una misión, a través de la fase de planeamiento y durante la ejecución”, con lo que será posible la unificación en el planeamiento de los aspectos civiles y militares de una misión. Los esfuerzos del alto representante de crear una nueva estructura única civil-militar de planeamiento estratégico son expresamente apoyados por el Consejo Europeo en la Declaración sobre la potenciación de la PESD.[3]

El Informe continúa la senda actual de enfatizar la contribución a un sistema internacional multilateral, como corresponde a la naturaleza y esencia misma de la UE. Para ello es primordial reforzar la gobernanza global y, aquí, la NDS 2008 norteamericana y la Estrategia Europea se aproximan. Sin embargo, el Informe aceptado por el Consejo Europeo no incide tanto en la buena gobernanza de los países vecinos u otros como en la responsabilidad de proteger a las poblaciones contra los más odiosos crímenes internacionales, en la línea marcada por el documento final de la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas de 2005.

Finalmente, se mantiene la aproximación típicamente europea de atacar las amenazas en su fuente, antes de que se manifiesten, con lo que se alude a los marchamos securitarios europeos de vinculación entre seguridad y desarrollo y de seguridad humana, reafirmando la vigencia del modelo europeo de gestión de crisis.

Conclusiones: Tras cinco años de su aprobación, era el momento de hacer balance y aportar los complementos necesarios a la EES. Incluso hubiera sido oportuna la aprobación de una nueva Estrategia, por las razones expuestas; eventualidad que no se contempla por ahora.

Para esta nueva etapa y en el actual contexto internacional, la prioridad absoluta de la UE debe continuar siendo el reforzamiento de un sistema internacional multilateral eficaz que permita mejorar sustancialmente la gobernanza mundial y hacer frente a los nuevos desafíos de seguridad. Para ello, la propia UE ha de ser eficaz, capaz y flexible y, de este modo, contribuir a los cambios requeridos en el sistema internacional, tales como la reforma de las Naciones Unidas, la eficacia de la Corte Penal Internacional, la remodelación del Fondo Monetario Internacional y de las entidades financieras internacionales o la transformación del G8.

Una clara declaración de la relación existente entre seguridad y desarrollo puede asimismo constituir un factor distintivo de la concepción europea de seguridad y de su modo de abordar los problemas mundiales.

Al acoger un concepto amplio de seguridad, resulta coherente la ampliación de la enumeración de amenazas a la misma existentes en la actualidad.

También debieran de precisarse las condiciones y circunstancias del uso de todos y cada uno de los recursos y capacidades al alcance de la Unión, especialmente de las capacidades militares, y prever su disposición más adecuada y rápida y una planificación coherente y mejor aun conjunta con las capacidades civiles. Si este último aspecto es acogido por el Informe adoptado por el Consejo Europeo, no ocurre así con las condiciones de uso de los recursos de la Unión. En definitiva, y para poder ser calificada de estrategia, la EES debiera detallar más los objetivos políticos de la UE para garantizar sus intereses, dejando atrás en la medida de lo posible las ambigüedades diplomáticas que sólo son reflejo de los desencuentros políticos entre Estados miembros.

Pese a la denominación de “Informe”, el documento presentado encierra una auténtica actualización o puesta al día de la EES de 2003 por la que se va a regir la UE en los próximos años.

Como se ha señalado, puede afirmarse que, atendido el texto vigente y las actualizaciones o complementos propuestos en el Informe, nos encontramos más bien ante una Gran Estrategia que ante una Estrategia de Seguridad propiamente dicha, puesto que plasma la teoría acerca de los modos para conseguir seguridad pero, sin embargo, no define claramente cuáles son los intereses de la UE a cuya satisfacción se orienta la política de seguridad y defensa.

Si bien se corrobora la filosofía de la EES como seña de la identidad europea, los Estados miembros no parecen estar preparados para desembarazarse de sus prejuicios en torno a la seguridad europea y trabajar conjuntamente en pro de la misma con unas ideas homogéneas y una estrategia armónica y coherente con los medios y con las aspiraciones de la UE.

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Notas:

[1] “Discusión Paper for the Gymnich Meeting on 5/6 September 2008 (non paper)”; “Informe sobre la aplicación de la Estrategia Europea de Seguridad – Ofrecer seguridad en un mundo en evolución”, S407/08.

[2] Climate Change and International Security, Paper from the High Representative and the European Commission to the European Council, S113/08, 14/III/2008.

[3] “Declaration by the European Council on the Enhancement of the European Security and Defence Policy, Annex 2, Presidency Conclusions, 11 and 12 December 2008”, 17271/08.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

jueves, febrero 26, 2009

Atentados suicidas en Argelia, 2007-2008: Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI)

Por Anneli Botha, investigadora sobre terrorismo en el Institute for Security Studies (ISS) de Pretoria, Sudáfrica (REAL INSTITUTO ELCANO, 26/02/09):

Tema: Argelia ha sido escenario de 18 atentados suicidas entre 2007 y 2008. A pesar de la devastación causada por esos atentados, ha quedado claro que al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) está creciendo en sofisticación, quizá para venderse, cada vez más, como representante de al-Qaeda en la región.

Resumen: El 19 de agosto de 2008, Argelia sufrió su atentado suicida más devastador hasta ese momento, cuando un terrorista eligió como blanco a nuevos reclutas de la policía. A pesar de que al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) mantuvo la selección de objetivos del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), centrando sus atentados predominantemente en el Estado y sus representantes, aquel atentado dejó traslucir un cambio importante: la elección de reclutas de policía (y civiles) como objetivo recuerda a los devastadores atentados perpetrados contra reclutas de la policía en Irak. Además de esto, la comunidad internacional también está siendo testigo de un aumento del número de atentados cometidos contra representantes extranjeros de Francia, pero también de EEUU y de sus aliados en la guerra contra el terrorismo en Afganistán. Si se tiene en cuenta que los atentados suicidas son de por sí un concepto foráneo para un país que ya lleva dos decenios experimentando las devastadoras consecuencias del terrorismo, ¿qué otras tendencias y evoluciones son evidentes?

Análisis: El alineamiento oficial del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) con al-Qaeda en enero de 2007 suscitó un enorme interés entre los analistas. Como ya se mencionó en un análisis previo [1] publicado el 2 de febrero de 2007, aquella decisión no supuso una total sorpresa si se tiene en cuenta que, desde 2004, el GSPC había ido mostrando gradualmente una afinidad cada vez mayor con al-Qaeda, además de que al-Qaeda influyó en su separación del Grupo Islámico Armado (GIA) en 1998. En aquel análisis se mencionó ya que ese alineamiento con al-Qaeda evidenciaba lo siguiente:

* El compromiso del GSPC con la causa de al-Qaeda en los actuales puntos conflictivos (Irak y Afganistán), entre otras cosas mediante la realización de tareas de reclutamiento.
* La utilización de la red del GSPC en Europa, y particularmente en Francia.
* La posibilidad cada vez mayor de que se llevaran a cabo operaciones suicidas, algo que quedó claramente de manifiesto en la retórica empleada en los últimos tiempos por el GSPC, en que se adhiere a la estrategia y los principios filosóficos de al-Qaeda.
* La creciente influencia del GSPC en la región del Magreb, a pesar del descenso del número de atentados en Argelia. El GSPC integra a yihadistas argelinos, libios, marroquíes, libios, tunecinos y mauritanos, y por tanto ha dejado de ser una organización exclusivamente argelina para convertirse más bien en una organización terrorista transnacional.

Sinopsis de las operaciones suicidas

Resultaba particularmente importante que este alineamiento con al-Qaeda supondría, entre otras cosas, una “posibilidad cada vez mayor de que se llevaran a cabo operaciones suicidas”. Los hechos ocurridos en Argelia desde entonces respaldan esta triste conclusión, ya que el país ha sufrido los siguientes atentados suicidas:

* 11 de abril de 2007 – Tres terroristas suicidas eligieron como blanco de su ataque la oficina del primer ministro y una comisaría de Bab Ezzouar, en Argel.
* 11 de julio de 2007 – Diez soldados murieron y otras 35 personas resultaron heridas cuando un terrorista suicida empotró un camión cargado de explosivos contra un cuartel cercano a Lakhdaria, a unos 80 kilómetros de Argel.
* 6 de septiembre de 2007 – Un terrorista suicida a pie detonó un dispositivo explosivo junto a una multitud que aguardaba al presidente Bouteflika en Batna.
* 8 de septiembre de 2007 – Un camión bomba conducido por un suicida se empotró contra un cuartel de la guardia costera en Dellys, a unos 100 kilómetros al este de Argel.
* 21 de septiembre de 2007 – Un terrorista suicida se inmoló contra un convoy de trabajadores extranjeros contratados por una empresa francesa cerca de Lakhdaria.
* 11 de diciembre de 2007 – Dos camiones conducidos por suicidas atentaron contra el Consejo Constitucional de Argelia y el edificio de las Naciones Unidas que albergaba el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Argel.
* 2 de enero de 2008 – Un terrorista suicida empotró un camión contra la comisaría de Naciria, a 50 kilómetros de Argel.
* 29 de enero de 2008 – La comisaría de Thenia, al este de Argel, fue atacada por un camión conducido por un suicida.
* 4 de junio de 2008 – Un terrorista suicida detonó el dispositivo explosivo que portaba junto a la verja de un cuartel militar. Aunque los militares le dispararon, consiguió detonar el dispositivo. En un segundo atentado, un terrorista colocó un dispositivo explosivo cerca de un café en Bordj El Kiffan, posiblemente en un intento de llamar la atención del personal militar (aunque AQMI declaró que los responsables de los atentados habían sido dos terroristas suicidas, sólo el atentado contra el cuartel fue perpetrado por un terrorista suicida). Dos días más tarde, el 6 de junio, seis soldados perdieron la vida al estallar una bomba al borde de la carretera cerca de Cap Djinet. Ese atentado se vio seguido de otros dos el 8 de junio: el primero se dirigió contra una estación de tren de Beni Amrane, y el segundo contra el personal de primeros auxilios. El objetivo del primer atentado eran un ingeniero francés que trabajaba para Razel (una empresa francesa) y los soldados que lo acompañaban.
* 24 de julio de 2008 – Un terrorista suicida en una motocicleta atentó contra un vehículo militar cerca de Lakhdaria.
* 3 de agosto de 2008 – Un coche bomba suicida que estalló cerca de una comisaría en Tizi Ouzou causó 25 heridos, entre ellos 21 civiles y cuatro agentes de policía.
* 9 de agosto de 2008 – Un terrorista suicida empotró una furgoneta cargada con entre 200 y 300 kilos de explosivos contra un puesto de la policía en Zemmouri El Bahri, en la zona oriental de Argelia, matando a ocho personas e hiriendo a otras 19. Sin embargo, aquel ataque se produjo de noche, a diferencia de la mayoría de los demás atentados. Los documentos recuperados en la escena de la explosión sirvieron para identificar al terrorista suicida de Tizi Ouzou, lo que demuestra que ambos atentados fueron cometidos por el mismo grupo.
* 19 de agosto de 2008 – Un coche bomba suicida explotó junto a un grupo de personas que hacían cola para inscribirse en la academia de policía en el distrito de Issers de la región de Boumerdes, a 56 kilómetros al este de Argel, matando al menos a 43 personas e hiriendo a otras 45. Cuarenta y dos de los muertos y 32 de los heridos en el atentado eran civiles. También resultó muerto un policía y otros 13 resultaron heridos. La mayoría de los civiles asesinados eran personas que esperaban para inscribirse en la academia, aunque según los testigos también murieron varios automovilistas que pasaban por allí en el momento de la explosión. Este atentado es el que más víctimas ha producido por sí solo hasta el momento.
* 20 de agosto de 2008 – Dos atentados con coche bomba en el este de Argelia mataron al menos a 12 personas: una de las bombas fue detonada cerca del cuartel general de Bouira, mientras que el principal ataque se dirigió contra empleados de SNC-Lavalin, empresa canadiense de ingeniería. El terrorista suicida, que posteriormente fue identificado como Abdul Rahman Abu Zeinab Al Mauritani, atentó contra un autobús que transportaba a empleados de SNC-Lavalin cerca del Hotel Sophie. Aunque, al reivindicar la autoría del atentado, AQMI se refirió a los empleados de SNC-Lavalin como canadienses, en realidad eran ciudadanos argelinos que trabajaban para la empresa. Otro elemento importante de este atentado fue la nacionalidad mauritana de su autor, ya que los autores de los otros 17 atentados suicidas cometidos anteriormente en Argelia habían sido ciudadanos argelinos. En otras palabras, implicar a otras nacionalidades en los atentados cometidos en Argelia, frente a la utilización de Argelia como campo de reclutamiento y adiestramiento de combatientes extranjeros con destino a Irak y, en menor medida, Afganistán, podría ser reflejo de importantes aspectos de las posibles desastrosas consecuencias para la estabilidad, no sólo de Argelia, sino de toda la región en su conjunto:

* AQMI consiguió venderse como organización regional y representante de al-Qaeda.
* En vez de usar Argelia o la región en general para adiestrar a posibles combatientes extranjeros, mientras Irak experimenta una reducción de los éxitos y la influencia de al-Qaeda (que ha llevado a que la estructura se establezca en Pakistán y Afganistán), AQMI podría argüir que, en vez de luchar contra el mismo enemigo (véase el párrafo siguiente) en un país extranjero, las operaciones debería más bien dirigirse contra objetivos dentro de Argelia.

* 28 de septiembre de 2008 – Un coche bomba suicida mata a tres personas y hiere a otras seis. El atentado tuvo lugar en el distrito de Takdemt, cerca de la localidad costera de Dellys, unos 100 kilómetros al este de la capital. El suicida tenía como blanco un control conjunto del Ejército y la policía que protegía unos barracones militares cercanos.

Tendencias y posibles cambios en las operaciones suicidas

Aunque los atentados suicidas son una nueva táctica en Argelia (un país que ya ha experimentado 17 años de terrorismo), estos atentados siguen estando dirigidos principalmente contra las fuerzas de seguridad (policía y ejército), considerados representantes del gobierno argelino. La novedad en cuanto a la selección de objetivos es que ahora los atentados se dirigen también contra empresas y representantes extranjeros:

* Los empleados franceses se consideran un objetivo históricamente justificado por la violenta guerra de liberación que Argelia mantuvo con Francia para obtener su independencia.
* Los atentados dirigidos contra representantes estadounidenses (el atentado contra la empresa Brown and Root-Condor el 9 de diciembre de 2006 podría considerarse un ejemplo) están motivados fundamentalmente por la idea de que EEUU es el principal objetivo como consecuencia de la guerra que libra contra el terrorismo.
* Entre los atentados contra aliados de EEUU en su guerra contra el terrorismo en Irak y Afganistán se incluye el reciente intento de atentado contra intereses canadienses. Estos atentados podrían tener que ver con el mayor número de llamamientos a atentar contra representantes canadienses en Afganistán, en particular tras la advertencia de los talibán a Canadá, el 17 de agosto, de que si no retiraba sus tropas de Afganistán, los canadienses en el país seguirían siendo blanco de los insurgentes. El mismo día en que se produjo el atentado en Argelia, la explosión de una bomba al borde de un camino en el sur de Afganistán acabó con la vida de tres soldados canadienses (dos días más tarde, 10 soldados franceses murieron en una emboscada talibán). Aunque podría pensarse en una relación entre ambos atentados, AQMI declaró, sin embargo, que su atentado había requerido una planificación de tres meses antes de ser perpetrado. Aun así, la condición de Canadá como aliado de EEUU en Afganistán, en particular en el sur del país (el centro de las operaciones contra los talibán en las zonas tribales de Pakistán) apuntaría a la posibilidad de que AQMI estuviera imitando en Argelia las operaciones llevadas a cabo por los talibán y al-Qaeda en Afganistán y, en menor medida, en Irak, para “vender” aún más su alianza con esta organización.

La elección de intereses extranjeros, y en particular franceses, como objetivo casi podría describirse como un regreso al objetivo primigenio del GIA. El primer atentado contra extranjeros tuvo lugar el 21 de septiembre de 1993, cuando se encontró a dos topógrafos franceses degollados cerca de Sidi Bel Abbès. El atentado contra las Naciones Unidas sorprendió a todos, si bien podía haberse previsto aunque sólo fuera por lo que la ONU representa para los islamistas: “un enemigo del islam controlado por EEUU”.

Además de los objetivos seleccionados, hay otro elemento que merece atención: el modo de ejecución. Hasta ahora, la mayoría de los atentados suicidas se habían llevado a cabo con vehículos (muchos de ellos, coches y camiones robados y, últimamente, por primera vez, una motocicleta). Una novedad preocupante es que el atentado de Batna del 6 se septiembre y el atentado del 4 de junio fueron cometidos por terroristas suicidas con “chalecos bomba”, que también se han incautado en operaciones de contraterrorismo. A medida que se fue dificultando el acceso a los objetivos, por el uso de barreras y el acordonamiento de zonas de seguridad, los terroristas empezaron a aproximarse a sus objetivos a pie, con la ventaja de que, de esta forma, pueden acercarse a ellos todo lo que quieran. Al intentar combatir esta tendencia, la mayoría de los países definieron como perfil del posible terrorista suicida a un hombre, lo que hizo que los terroristas empezaran a reclutar a mujeres para llevar a cabo este tipo de atentados. Aunque ninguna mujer ha cometido un atentado suicida en Argelia todavía, este hecho merece ser tenido en cuenta, dados los escasos (o incluso, en algunas áreas estratégicas, inexistentes) controles de seguridad efectuados a las mujeres. Los siguientes dos ejemplos muestran cómo se está alentando a las mujeres a aumentar su participación en estos atentados:

* El 23 de enero de 2008 las fuerzas de seguridad argelinas detuvieron en Nedroma a un sospechoso de querer cometer un atentado suicida. Al registrar su vivienda se encontró un ordenador que había sido escondido por su hermana. Su propietario había dañado deliberadamente el teclado y el sistema operativo del microordenador en cuestión, así como los componentes electrónicos del ordenador de escritorio principal, para borrar sus contenidos. A pesar de sus esfuerzos, con la ayuda de programas de recuperación de datos, las fuerzas de seguridad consiguieron recuperar la información. Para el presente análisis resulta importante que, en muchos de los documentos, se instaba a las mujeres a tomar parte en la guerra en Irak y en actividades terroristas en Argelia. Entre los ficheros recuperados también se encontraron manuales de capacitación sobre el manejo de armas y explosivos, así como documentos en que se enseñaba a los nuevos reclutas métodos que les permitirían resistir los interrogatorios de los organismos de seguridad argelinos. [2]
* El 13 de febrero de 2008 un hombre y dos mujeres fueron detenidos por la policía en Lakhdaria después de que el hombre (identificado por sus iniciales B.T., de 31 años) amenazara con cometer un atentado suicida en una de las comisarías de los organismos de seguridad. Dos mujeres jóvenes que vivían en Lakhdaria, una de ellas de 21 años, llamada Sabrina, fueron arrestadas. B.T., conocido por la policía, fue detenido en 1996 y pasó 15 años en prisión antes de ser liberado el 25 de julio de 2004 como parte de un proceso de amnistía. Como miembro del GIA, se le consideraba un experto en explosivos y especialista en la fabricación de bombas caseras.[3]

Un posible motivo del cambio de táctica puede tener que ver con su valor propagandístico y con la fortaleza real de la organización. Cabe esperar que una organización que no deja de perder combatientes experimentados termine optando por una estrategia de menor confrontación. Esto explicaría el creciente uso de explosivos en vez de armas de fuego, puesto que en el segundo caso el terrorista puede morir durante el tiroteo. El uso de explosivos también permite que un pequeño núcleo de extremistas experimentados se dedique a crear los dispositivos y deje la parte ejecutiva a terroristas suicidas o combatientes menos expertos, y por tanto más fáciles de reemplazar. Asimismo, el impacto que provoca la muerte de un terrorista suicida en un área densamente poblada es mayor que el provocado por la muerte de unos cuantos miembros de las fuerzas de seguridad en áreas remotas. Tras la pérdida de miembros experimentados del GSPC como consecuencia de rendiciones y detenciones, o de su eliminación por las fuerzas de seguridad, el GSPC/AQMI está incrementando sus esfuerzos por atraer tanto a combatientes extranjeros como a jóvenes voluntarios (de entre 16 y 25 años), a menudo inexpertos pero idealistas. Básicamente, la fortaleza de la organización, medida por el número de combatientes, ha dejado de ser indicativa de su nivel de amenaza. La capacidad para reclutar a potenciales terroristas suicidas resulta ahora más indicativa que el número de combatientes dispuestos a enfrentarse a las fuerzas de seguridad en actos de insurgencia o guerras de guerrillas.

Las nuevas técnicas de reclutamiento también han planteado un nuevo desafío para las fuerzas de seguridad, en el sentido de que resulta más difícil aplicar medidas proactivas contra individuos sin antecedentes penales o que no han levantado sospechas y, por lo tanto, resultan desconocidos para las fuerzas de seguridad. Los nuevos reclutas se buscan sobre todo en las mezquitas, aunque Internet es también una herramienta extremadamente eficaz para llegar a los jóvenes y radicalizarlos, tanto en Argelia como en otras partes del mundo. Muchos jóvenes, incluso de entornos socioeconómicos pobres, frecuentan los cibercafés, donde tienen acceso a material de vídeo, manuales de capacitación y mensajes de carácter terrorista. Además de este interés en los jóvenes, el perfil de los terroristas suicidas que cometieron los atentados del 11 de abril de 2007 plantea además otra preocupación: el reclutamiento de antiguos delincuentes, en particular de personas implicadas en delitos de narcotráfico y alcohol. Por ejemplo, Benchihab Mouloud Hossine, alias Abu Dujanah, había cumplido penas de prisión en los correccionales de Serkaji, Berouaghia y Ouargla, por múltiples delitos, entre ellos “la promoción y el consumo de drogas”, mientras que Marwan Boudina, alias Nabil o Muadz bin Jabal, que había atentado contra el Palacio del Gobierno, también había participado en delitos, hasta que en enero de 2007 se convirtió en musulmán devoto. [4] Es bien sabido que la ingesta de alcohol y drogas está prohibida por el islam. Tanto Argelia como Marruecos están registrando aumentos en el consumo de drogas, lo que proporciona una importante fuente de posibles terroristas suicidas, explotados por los extremistas en beneficio propio.

El adiestramiento de los terroristas suicidas tiene lugar tras un breve período de radicalización, relativamente cerca de la zona donde fueron reclutados, a diferencia de los campos de adiestramiento móviles que se emplean fundamentalmente para individuos (tanto locales como extranjeros) de camino a Irak. A este respecto, Argelia sirve como base de combatientes extranjeros con destino a Irak, especialmente procedentes de Marruecos, Túnez, Libia, Nigeria, Níger, Malí y Senegal. Sin embargo, el ejemplo del nacional mauritano que participó en el atentado del 20 de agosto puede apuntar a que esta táctica podría cambiar en el futuro.

Resulta igualmente importante señalar que los atentados suicidas se han venido produciendo en conjunción con atentados con bombas al borde de caminos (que no son una nueva táctica), dirigidos fundamentalmente a los miembros de las fuerzas de seguridad. Otro motivo de preocupación es que, aunque la mayor parte de los atentados se cometen en localidades de menor tamaño al este de Argel, los operativos de AQMI también han demostrado ser capaces de ejecutar atentados con éxito en grandes ciudades como Argel. Aunque la parte occidental de Argelia se considera a menudo “tranquila”, a pesar de que la región fronteriza con Marruecos se utiliza para pasar de contrabando armas y explosivos hacia la parte oriental del país (el 24 de agosto de 2008 las fuerzas de seguridad argelinas acabaron con 10 militantes en un tiroteo cerca de Tarek Ibn Ziad, a 250 kilómetros al oeste de Argel),[5] esta zona podría empezar a escogerse como objetivo de atentados en el futuro, en particular tras la adopción de nuevas medidas de seguridad, más duras, en el centro y el este del país. Según el diario Echourouk El Youmi,[6] las Fuerzas Armadas han aumentado y reforzado sus controles en los pueblos y las ciudades del este de Argelia y en sus alrededores. También se ha equipado con escáneres móviles a las unidades combinadas de seguridad antiterrorista, para que puedan registrar los contenidos de las bolsas, las maletas y los maleteros de los vehículos en la región oriental del país. En otras palabras, aunque cabe esperar que los atentados suicidas se produzcan en Argel, Boumerdes y Tizi Ouzou, no deben descartarse otras zonas altamente pobladas al oeste de Argel.

A pesar del devastador impacto de los atentados suicidas, este nuevo modus operandi tiene dos consecuencias “positivas”: la indignación de la opinión pública y la disensión, dentro de la propia organización, de individuos contrarios a que se asesine indiscriminadamente a civiles inocentes. Aunque un objetivo pueda considerarse “legítimo”, detonar un dispositivo explosivo en un área pública no mata o hiere solamente a aquéllos contra quienes va dirigido el atentado. En otras palabras, siempre habrá “víctimas no buscadas”. En respuesta, en su última declaración tras los atentados del 20 de agosto, AQMI afirmó que sus autores “se aseguraron de que los pasajeros del autobús escoltado eran ciudadanos canadienses. Por tanto, el objetivo era el autobús y no, como afirman los apóstatas, nuestros hermanos, trabajadores musulmanes… escogemos nuestros objetivos con mucho cuidado y siempre nos preocupamos de no derramar vuestra sangre. No atacamos a inocentes”.[7]

Conclusión: Lamentablemente, la experiencia de Argelia no puede resumirse en pocas palabras, pero sí que convendría aprender una lección. Ésta es que los terroristas siempre adaptarán su objetivo y su estrategia para lograr sus fines, o incluso para no perder relevancia. La lección que deben extraer las fuerzas de seguridad es no dejar de pensar nunca y prepararse siempre para lo inimaginable, puesto que los terroristas tienen que estar siempre un paso por delante para ser capaces de lograr sus objetivos.

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NOTAS:

[1] Véase http://www.issafrica.org/

[2] “Algerian would-be suicide bomber arrested in Nedroma”, BBC Middle East, 25/I/2008.

[3] “Algerian security forces foil suicide bombing attempt in Lakhdaria”, BBC Middle East, 13/II/2008.

[4] Echourouk El Youmi, 16-17/IV/2007.

[5] A. de Montesquiou, “10 suspected militants killed in Algeria”, Associated Press, 24/VIII/2008.

[6] Véase http://www.echoroukonline.com/fra/selection/1872.html.

[7] “Months of planning to kill Canadians brought only Algerian deaths in blast”, Edmonton Journal, 23/VIII/2008.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Protegerse del proteccionismo

Por Milagros Avedillo Carretero, asesora del gabinete del secretario de Estado de Economía (REAL INSTITUTO ELCANO, 26/02/09):

Tema: En las últimas semanas se han vuelto a oír voces en favor del proteccionismo como respuesta a la severa caída de la demanda mundial y la dificultad de aplicar políticas fiscales expansivas en una economía abierta[1].

Resumen: Tras el Crack de 1929, EEUU aplicó una dura política proteccionista como medio para preservar el empleo y la actividad económica nacional. Ello se demostró como uno de los grandes errores de política económica, que profundizaron y alargaron la recesión. A pesar de las lecciones del pasado, en las últimas semanas se han vuelto a oír voces en favor del proteccionismo como respuesta a la severa caída de la demanda mundial y la dificultad de aplicar políticas fiscales expansivas en una economía abierta. La coordinación de los países y el refuerzo de las instituciones internacionales son esenciales para hacer frente a este movimiento.

Análisis

El proteccionismo en la Gran Depresión de los años 30

El mundo se encuentra inmerso en una de las peores crisis que ha conocido desde los años 30. Economistas y académicos reconocen en los episodios del Crack de 1929 y en los posteriores años de la Gran Depresión varios elementos de coincidencia que recomiendan atender a las lecciones que nos ha dejado la historia económica. Si no lo hacemos, caeremos en los mismos errores que llevaron al colapso económico que entre 1930 y 1932, en tan sólo tres años, contrajo la economía americana en más de un 23%.

Existe un amplio consenso acerca de las causas que agravaron y alargaron la Gran Depresión del período de entreguerras, y el proteccionismo aparece en uno de los primeros lugares de la lista. EEUU fue siempre un país con una fuerte inclinación a proteger el comercio. En la década de los 20 el deterioro de la economía europea había presionado a la baja los costes de sus productos. Ante la amenaza de una pérdida de competitividad, las autoridades americanas habían entrado en una espiral proteccionista con sucesivos aumentos en los aranceles que llegaron a alcanzar tarifas de hasta un 400%, conforme los congresistas de cada estado americano proponían nuevas tarifas para proteger a los productores de sus correspondientes circunscripciones. No obstante, esta política no desinfló la economía americana, que siguió siendo próspera gracias al fuerte crecimiento de Wall Street y de la industria.

Cuando Herbert Hoover llegó a la Presidencia en marzo de 1929 propuso al Congreso un nuevo esquema arancelario para endurecer el comercio, que volvió a revisarse en plena crisis, durante junio de 1930, con la Smoot-Hawley Tariff Act. Ignorando las diversas recomendaciones de expertos económicos, la nueva ley permitió aumentar los aranceles en más de 20.000 productos en los niveles más altos de la historia americana. Hoover estaba convencido de que el proteccionismo había sido la salvaguarda de la economía americana en la década de los 20 y constituiría también el fin de los problemas que asolaban a los americanos tras el colapso financiero. La medida, diseñada para ayudar a los agricultores y sectores industriales más perjudicados, se ha constatado como uno de los peores errores de política económica que agravó y profundizó la Gran Depresión de los años posteriores.

En primer lugar, la medida se interpretó como una declaración de guerra económica en el resto del mundo y 25 países reaccionaron simétricamente, de forma que las exportaciones cayeron entre 1929 y 1932 de 5.200 millones de dólares a tan sólo 1.600 millones. Jacob B. Madse estimó en 2002 que la caída del comercio internacional fue del 33% y tuvo como consecuencia una caída inducida del 14% en el PIB de cada país.

El efecto del proteccionismo sobre la actividad económica se entiende rápidamente si nos ponemos en la piel del consumidor. Tras el cierre de fronteras los ciudadanos se ven forzados a pagar precios más elevados por el mismo producto, lo que inmediatamente supone un empobrecimiento. El consumidor, o no accede a algunos bienes, o restringe la demanda en otros artículos. Los productores, sometidos a una menor competencia exterior, empeoran la capacidad productiva del país, pierden competitividad y no pueden buscar nuevos mercados en el exterior. La economía global se estrecha, arrastra a todos los países, se reducen los recursos, hay menos inversión, se pierden mercados, se retrasa la innovación, todos se empobrecen, se reduce la demanda y empeora la actividad y el empleo. Poniéndolo en términos muy simples, el proteccionismo en EEUU obligaría a los americanos a pagar los electrodomésticos que antes se hacían en China más caros y destinar capacidad productiva que antes dedicaba a tecnología punta a hacer televisores. Evidentemente, el consumidor americano sería más pobre y la productividad americana se deterioraría, lo que reduciría los salarios reales de los trabajadores, haciendo caer la demanda, reduciendo la actividad y, por tanto, también el empleo, justo aquello que quería proteger el proteccionismo.

Tras el New Deal, en 1934, cuatro calamitosos años después de iniciarse la recesión, los líderes del Capitolio no se decidieron a revisar los mecanismos para fijar la política comercial americana. Se aprobó la Reciprocal Trade Agrement Act, permitiendo al entonces presidente, Franklin D. Roosevelt, negociar reducciones de aranceles bilaterales. De esta forma el Congreso, incapaz de representar el interés nacional, renunció a aprobar cada recorte en los aranceles y le dio libertad al presidente para reducirlos bajo el supuesto de reciprocidad. El resultado fue inmediato y el comercio internacional se reactivó rápidamente. En los siguientes 13 años se llegó a acuerdos con 29 países, con una reducción media en los aranceles del 48% al 25%. Después de la Segunda Guerra Mundial, con los acuerdos de Bretton Woods de 1944, se institucionalizó esta visión global, que pasó a ser una de las piedras angulares del GATT. Así, se construía un mecanismo que situaba los intereses generales por encima de los particulares y permitía preservar la gran fuente de riqueza que supone el comercio internacional.

La crisis de 2009: resurge el proteccionismo

Hoy, de nuevo, inmersos en una grave crisis similar a la de entonces y haciendo honor al refrán, a lo largo de los últimos meses los economistas estamos advirtiendo con consternación cómo el mundo vuelve a tropezar con la misma piedra: el proteccionismo. Algunos aseguran que se trata de retórica de la que poco hay que preocuparse, pero la cuestión ha resurgido en el discurso y en las acciones de algunos líderes políticos.

Todo empezó con sonadas recapitalizaciones del Estado para rescatar bancos en dificultades. Sin duda, estas intervenciones eran necesarias para evitar un pánico bancario a corto plazo. No obstante, además de garantizar la viabilidad de las entidades de crédito, estas actuaciones también están devolviendo al sector público su capacidad de intervención en el sector financiero al servicio de la nación. La cláusula Buy American en el plan de rescate de Obama ha sido la más llamativa, pero desde luego no ha sido la única proclama proteccionista. Los británicos asombraron con una manifestación reclamando British jobs for British workers, que tuvo eco en la sociedad y la política del país. Desde los gobiernos europeos se están lanzando paquetes de ayudas al sector del automóvil en Suecia, el Reino Unido y Francia para garantizar la viabilidad de proyectos de inversión en su territorio. En algunos casos se están comprometiendo miles de millones de euros en avales soberanos para que proyectos nacionales compitan en mejores condiciones a la financiación del Banco Europeo de Inversiones, cuya misión, paradójicamente, es preservar la unidad de mercado.

¿Cómo es posible? ¿Qué conduce a los países, incluso a aquellos que más han ganado con el comercio internacional, a refugiarse en el proteccionismo como respuesta a una recesión de esta magnitud? Desatendiendo las advertencias no sólo de los expertos, sino de la propia historia…

La respuesta se centra en la contracción de la demanda agregada, que a su vez conlleva una reducción de la actividad y del empleo a escala mundial. En situaciones de crisis previas, las tentaciones se habían contenido, porque justamente la solución provenía del propio comercio internacional. De esta forma, las crisis experimentadas en algunas regiones del mundo se han podido resolver gracias a la prosperidad de economías en regiones diferentes, lo que ha permitido compensar la caída en la demanda doméstica con la contribución del sector exterior. Así sucedió, por ejemplo, en el año 1993 en España. En aquella ocasión se devaluó la moneda, se recuperó la posición competitiva de la economía española y el comercio internacional volvió a insuflar crecimiento a nuestra economía. La crisis se supero en poco más de un año.

Desgraciadamente, la crisis actual es mucho más profunda y complicada, ya que la caída de la demanda acontece simultáneamente en todo el mundo. Por una parte, las economías más endeudadas, aquellas que más tiraban del consumo mundial como EEUU, el Reino Unido y España, sufren las consecuencias del endurecimiento del crédito y el deterioro de su riqueza por la fuerte la caída en el precio de los activos financieros. Los países productores de materias primas, como los de Oriente Medio, Venezuela y Rusia, asisten a una caída de sus ingresos por exportaciones, tras el desplome de los precios del petróleo derivado de una caída en la demanda mundial. Ello revierte en la demanda de los países estructuralmente exportadores como China, Alemania y Japón, que ven contraerse el comercio con los países de esas zonas del mundo y sufren la recesión de sus economías que, lejos de estar endeudadas, arrojaban superávit. En definitiva, la tarta del consumo mundial ha entrado en una espiral de contracción que está atrapando a las economías de todas las partes del mundo. Nadie se libra de la recesión mundial, independientemente del punto de partida y de la salud de su economía.

Esta situación crea unas expectativas sobre la economía negativas, y tensiona aún más los mercados crediticios fuertemente dañados ya por la crisis de confianza. No hay crédito para nadie, ni familias ni empresas, porque como señalaban los banqueros en 1930 “cómo prestar a alguien que está tan loco como para invertir ante semejante panorama”. De nuevo, la incapacidad del sistema financiero de hacer su labor de intermediación, aunque no cause el inicio de la recesión, la puede hacer más profunda y más duradera. Los bancos en una actuación excesivamente prudente dejan de suministrar crédito a empresas y familias para proyectos a largo plazo, paralizando el crédito hipotecario o de inversión, lo que retroalimenta el declive económico.

Aún a riesgo de abrumar con demasiados datos, veamos como se ilustra esta situación con algunos indicadores. En EEUU el panorama económico sigue sin despejarse y, según las encuestas, la economía estadounidense se contraerá un 2% en 2009. La tasa de paro no deja de aumentar y en enero alcanzó el 7,6%, con una pérdida de 598.000 puestos, las más alta desde 1945. En el Reino Unido, según datos provisionales, el PIB del cuarto trimestre de 2008 registró un crecimiento negativo del 1,5% respecto al tercero. No se producía una recesión de tal índole en la economía británica desde el segundo trimestre de 1992, cuando se registró una caída del PIB trimestral de dos décimas. En Japón, el PIB se ha contraído un 3,3% en tasa trimestral, equivalente al 12,7% en tasa anualizada, un descenso inédito desde la primera crisis energética en 1974, fundamentalmente como consecuencia del hundimiento de la demanda externa. En China, las exportaciones descendieron en enero un 17,5% interanual, la mayor caída en casi 13 años, y las importaciones descendieron un récord de 43,1%. Como resultado de la contracción mundial, la ONU prevé que en 2009 se pierdan 51 millones de puestos de trabajo y se alcance una tasa de paro mundial del 7,1% frente al 6% de 2008.

En definitiva, estamos entrando en una espiral de desconfianza que ya no solamente está instalada en el sistema financiero sino también en la economía real. El papel del Estado es hoy más que nunca determinante para romper este peligroso círculo vicioso y devolver a las economías a una senda de crecimiento creíble con políticas monetarias y fiscales expansivas.

La coordinación frente al proteccionismo

Una vez agotada la política monetaria, los políticos se enfrentan a la difícil decisión de aplicar medidas de reactivación fiscales con importantes consecuencias en la salud de las cuentas públicas. La decisión es difícil porque en una economía abierta la política fiscal expansiva puede suponer un drenaje de demanda hacia el exterior con pocas repercusiones sobre la actividad nacional. Así es, ¿de qué serviría un plan de recuperación en un único país pequeño muy abierto al exterior? Sin duda, el efecto multiplicador de las medidas sería muy reducido, beneficiando seguramente más a los importadores que a los productores domésticos, al tiempo que el sector público aumentaría su endeudamiento, empeorando la estabilidad macroeconómica y sus posibilidades de recuperación. Del mismo modo, un pequeño país podría aprovechar un estimulo fiscal en un país mucho más grande sin poner ni un euro encima de la mesa, saliendo reforzado de la crisis, con una salud impecable en sus cuentas públicas que le permitiría, además, ser más competitivo en el futuro.

La estrategia para los países a la hora de utilizar su política fiscal es, bien usarla y cerrar las fronteras, bien no utilizarla y mantener las fronteras abiertas. Para el mundo, no obstante, a la luz de las lecciones del pasado, lo mejor es una política fiscal expansiva en todas partes y mantener al mismo tiempo las fronteras abiertas.

Se trata de un problema de acción colectiva, similar a la decisión de constituir un cártel, en el cual los agentes obtienen mayor bienestar si actúan cooperando que si deciden entrar en rabiosa competencia. En el primer caso, obtienen el beneficio del monopolista repartido entre los participantes del cartel; en el segundo caso, sus beneficios son nulos. A grandes rasgos, ¿cuándo tiene éxito la constitución de un cártel? En primer lugar, cuando hay pocos participantes. Más de cuatro participantes se suele decir que son demasiados. En segundo lugar, el cártel prospera si la interacción se repite muchas veces y es fácil identificar rápidamente al agente que se desvía del acuerdo. Finalmente, el cártel es más sólido si hay mecanismos de penalización cuando un participante incumple el acuerdo. Veamos si nuestro “cártel” de políticas fiscales simultáneas cumple las condiciones de éxito: el número de participantes es altísimo, solo se juega una vez, no es fácil identificar al que no cumple sus compromisos –porque las políticas domésticas en países pequeños son difícilmente verificables a corto plazo– y, por último, no existe un sistema consensuado de sanciones para el “tramposo”.

Pues bien, quizá esta grave dificultad, la dificultad de “coludir” en políticas fiscales, es la que lleva también a algunos políticos nacionales a reclamar una vuelta al proteccionismo, aunque sea a corto plazo, como medio para mantener los privilegios de los productores domésticos más vulnerables y proteger sus puestos de trabajo. Es una reclamación lícita, y es importante entender de dónde provienen estas tentaciones, porque eso nos permite frenarlas y ponerles remedio. En un mundo con poca demanda, abrir las fronteras ya no supone aumentar la demanda nacional, sino dejar escapar una parte de la tarta a los países vecinos generando, por tanto, una sensación muy fuerte de empobrecimiento. Y esto no sólo en lo que se refiere al mercado de bienes y servicios, sino también a los mercados de capital. Los recursos financieros son cada vez más escasos y la política de avales soberanos, o bancos nacionalizados que asignen crédito con criterios “nacionalistas”, son una fuerte tentación para políticas dispuestas a defender la actividad y el empleo a nivel nacional. Finalmente, algunos alertan sobre la posibilidad de iniciar una espiral de devaluaciones entre las distintas divisas que permitiría alterar de un plumazo la competitividad de unos y otros, anulando cualquier intento de desplegar políticas fiscales expansionistas en el mundo.

Sin bien no es exactamente idéntica, se trata de una situación similar a la creada en 1930 y la guerra arancelaria que desató la Smoot-Hawley Tariff Act en un intento de protección mal entendida a los sectores más desfavorecidos. La batalla de los congresistas por proteger a sus productores estatales desatendía el interés general de la nación norteamericana y la condujo al desastre. Hoy son las presiones nacionales las que nos pueden conducir a la misma situación y necesitamos un actor que vele por el interés general.

La buena noticia es que, gracias al esfuerzo de los últimos años, disfrutamos de instituciones internacionales sólidas que pueden jugar un papel crucial en esta batalla. Los políticos son conscientes de los peligros que entraña el proteccionismo, pero necesitan algún mecanismo que les permita comprometerse con el libre comercio. Es crucial que en las próximas reuniones del G20 se cedan poderes a las instituciones internacionales para gestionar esta crisis, como los congresistas cedieron poderes tras la Reciprocal Trade Agreement Act. Tenemos instituciones especializadas para ello y hemos desarrollado instrumentos muy valiosos de comunicación entre los países. Sólo hay que utilizarlos, otorgarles mayor legitimidad y darles las competencias suficientes para que velen por el interés general de las naciones, de forma que puedan contrarrestar las presiones nacionales que sufren los líderes al regresar a sus casas.

Conclusión: Las próximas cumbres internacionales deberían reforzar el papel de las instituciones internacionales no sólo para evitar situaciones como las actuales, sino especialmente para coordinar las soluciones globales que nos protejan del proteccionismo y eviten que caigamos de nuevo en los errores del pasado. La globalización tiene muchas ventajas –acerca a los países y promueve la prosperidad– pero también hace que los problemas sean cada vez más globales. Podemos resolver los problemas y aprovechar las ventajas con un compromiso a favor de las instituciones internacionales para que velen por una buena y larga vida a la globalización.

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Nota. [1] Las ideas expresadas en este documento, representan estrictamente la opinión de la autora y en ningún caso suponen una vinculación para la institución en la que trabaja.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona