lunes, marzo 02, 2009

Hablan los hijos de la revolución

Por ÁNGELES ESPINOSA (El País.com, 01/02/2009)

Se cumplen tres décadas de la revolución islámica de Jomeini, y la mayoría de los jóvenes iraníes -el 70% de la población tiene menos de 30 años- se sienten frustrados y piden un cambio. Así piensan.

Quieren ser profesores, artistas, empresarios, fotógrafos, escritores, incluso clérigos y raperos. Todos aspiran a tener éxito profesional y una buena vida. También se quejan, como en cualquier parte del mundo, de que sus padres no les entienden, o de las dificultades para encontrar un trabajo que les permita independizarse. Los 25 millones de iraníes de entre 15 y 30 años, a quienes toca definir el futuro próximo de la República Islámica, constituyen un enorme potencial de cambio. Sin embargo, la Generación J (nacidos bajo Jomeini y educados bajo Jamenei), como la ha bautizado la escritora Delphine Minoui, vive frustrada ante la falta de visión de sus dirigentes y encorsetada por las restricciones que les imponen.

"¿Qué futuro nos espera cuando el Gobierno se inmiscuye en cada aspecto de nuestras vidas y ni siquiera nos deja trabajar con libertad?", se pregunta Keivan M., un documentalista que en cada proyecto choca con la censura oficial. Sus amigos, todos entre los 20 y los 30 años, coinciden. Están hartos. A la crisis económica y la dificultad para encontrar empleos decentes, se suman las imposiciones de un sistema político que prohíbe la música moderna, el baile, las películas extranjeras o las relaciones entre los dos sexos. Desean poder expresarse sin restricciones, participar en la política, vivir según sus propias ideas, sin imposiciones.

Keivan, Peiman y otra decena de chicos y chicas han acudido a casa de la familia de Kambiz a pasar la tarde del viernes, el festivo semanal en Irán. Reunirse en casa de amigos es casi la única posibilidad de relacionarse con normalidad con el sexo opuesto. Las chicas pueden quitarse el pañuelo (aunque Mona no lo hace) y todos se relajan como si el mundo exterior no existiera. Es su burbuja de normalidad. Allí, cuando las frutas, los pasteles y el té, de obligado cumplimiento en cualquier reunión social, dejan paso a la cena, incluso se abre una botella de vino de fabricación casera. La mayoría no lo probará. El acceso a lo prohibido parece disminuir su apetencia.

"Sus deseos son los mismos que los del resto de los jóvenes, pero carecen de la posibilidad de llevarlos a la práctica; sólo pueden desear, y esos deseos incumplidos generan frustración", explica Hosein Baher, un terapeuta especializado en problemas de la conducta. Aunque hayan nacido después de la revolución islámica, de la que este mes se celebra el 30º aniversario, y crecido alimentados por sus valores, la creciente exposición al mundo exterior a través de la televisión por satélite (ilegal) y, sobre todo, de Internet (muy filtrado) está sometiendo a la juventud iraní a una verdadera esquizofrenia vital.

Es difícil ser joven en la República Islámica. "No tenemos libertad", coinciden la mayoría de los entrevistados. Y cuando los periodistas les preguntan por sus sueños, la idea de escapar de la realidad subyace a muchos de ellos. "Me gustaría tener alas para viajar a donde quisiera, probarlo todo y no ser de ninguna parte", responde Sami M., que aspira a ser una gran escultora. Es una forma de evadirse ante la dificultad para tomar las riendas de sus vidas. "Siempre hay alguien que decide por nosotros", resume un estudiante de idiomas.

Uno de los principales problemas que afronta la Generación J son las trabas al contacto con el sexo opuesto. "Después de la revolución, el modelo tradicional de matrimonio ha quedado desfasado", admite Baher. "Los jóvenes ven los nuevos tipos de relaciones en las cadenas por satélite y en Internet, y les resultan atractivos, pero el sistema que tenemos les impide comportarse de ese modo". Así que viven una discordancia porque ya no encajan en el modelo clásico y tampoco han alcanzado la modernidad. "Es como si hubieran dado un salto y se hubieran quedado suspendidos en el vacío", describe el experto.

Ni la sociedad ni las leyes admiten las relaciones prematrimoniales. A la vez, la generalización de la educación superior entre las mujeres (ya suponen el 65% de los universitarios) ha contribuido, junto a las dificultades para encontrar trabajo, al retraso de la edad media de matrimonio. Hoy, las iraníes se casan a los 25 años, y los iraníes, a los 30, cinco más tarde que antes de la revolución. En consecuencia, proliferan arreglos no tradicionales como la sighé, o matrimonio temporal. Los sociólogos constatan un creciente abismo entre lo que se considera aceptable y lo que realmente ocurre. Se actúa a escondidas.

"Hacemos caso omiso de las prohibiciones, pero crea mucho estrés estar bordeando continuamente los límites de lo permitido", confiesa un joven que ha dejado de salir a la calle con su novia para evitar que alguien les pare y les pregunte por su relación. Los vigilantes de la moral también se entrometen en su vestimenta, obsesionados con que las chicas cubran las formas de su cuerpo y no muestren ni un mechón de pelo, y con que los muchachos no lleven cortes occidentales (sic) ni camisetas demasiado ajustadas o con dibujos ofensivos. Las campañas de "seguridad social" constriñen sus ansias de singularizarse.

Elham B., profesora de inglés, da cuenta de ello. "Muchos de mis alumnos utilizan el inglés, o la transcripción del persa en caracteres latinos, para enviarse SMS y evitar que sus padres puedan entenderlos", declara. Muchos se confían con ella porque, a sus 23 años, la ven como alguien que puede entenderlos. "No tienen aficiones; de ahí que perseguir a chicas en los centros comerciales (o ir a ser perseguidas) se haya convertido en su principal entretenimiento", manifiesta. Para ella, se necesitan lugares donde los jóvenes puedan encontrarse y hablarse, algo que han reconocido incluso algunos clérigos, como el hoyatoleslam Jaffar Ardabili, cuyo Instituto Cultural y de la Familia parece una agencia matrimonial con otro nombre.

No sólo las relaciones personales están limitadas por la estrechez de la moral oficial. Las aficiones o la vocación de uno también chocan a menudo con el muro de las prohibiciones. A sus 23 años, Kamyar M. está a punto de concluir sus estudios de trompeta en el conservatorio y, sin embargo, no puede tocar. Al menos no lo que quiere y cuando quiere. "Este mes y el que viene no podemos hacerlo por ser meses de luto religioso, en ramadán tampoco", se lamenta. Y cuando está permitido, sólo piezas clásicas. "Los profesores ni siquiera nos enseñan cómo abordar otro tipo de partituras", añade mientras empieza a preguntarse si se equivocó al seguir los consejos de Babak Bayat, un famoso compositor local que fue vecino de su familia y le inició en la música.

Más difícil lo tiene Big Boy, nombre artístico de un chavalote de 19 años que dice encontrar en el rap la libertad que necesita para expresarse. Como ese estilo musical está proscrito, Big Boy y la veintena de sus colegas raperos están condenados a la clandestinidad, tanto para los ensayos como para las actuaciones "en fiestas privadas". Por si eso no fuera suficiente, las autoridades tratan de desprestigiarles. "Hace poco, un programa televisivo utilizó una de mis canciones y dijo que el rap rinde culto a Satán", se queja. La acusación de "desviados" puede tener consecuencias legales muy graves. Tal vez por ello evita señalar la causa de la prohibición del rap.

Otros no se cortan. "Mientras mande la religión no puede haber libertad, ambas son incompatibles", asegura Pedram, estudiante de filosofía, a la vez que reconoce que su agnosticismo es bastante minoritario en Irán. Más representativo de su generación, M. E., recién licenciado en Medicina, se declara religioso, pero liberal. "Tampoco me gusta lo de Turquía, que prohíben el uso del velo; lo mejor es que cada uno pueda hacer lo que quiera", manifiesta convencido de que el islam tampoco es lo que les imponen en su país. Sin cuestionar el sistema islámico, la generación posrevolucionaria reclama una cara más amable de la religión que rige sus vidas.

Claro que no todos están de acuerdo. Mohsen Shayegh Niknafs, licenciado en Literatura Persa, de 24 años, que estudia para ser clérigo en Qom, culpa del desempleo, la inflación y la falta de recursos de los jóvenes para formar una familia a las sanciones económicas de los países occidentales. "El pueblo iraní siempre ha sido un pueblo religioso", afirma. Y recurre a una frase del ayatolá Hasan Modarres para definir el papel de la religión en la sociedad iraní: "Nuestra política es como nuestra religión y nuestra religión es como nuestra política". Su deseo es que "Irán llegue a ser un modelo para el mundo".

Como él, Kazem Haghanian, estudiante de matemáticas de 20 años, se muestra convencido de que "el sistema de Gobierno islámico es la mejor opción", pero atribuye las dificultades de la juventud a los reformistas. "Hace 10 o 12 años, los jóvenes no tenían estos problemas y la revolución estaba encaminada hacia sus metas", defiende. Haghanian, a quien el fotógrafo Fernando Moleres encontró en una manifestación de solidaridad con Gaza, se declara dispuesto a realizar una operación suicida contra Israel ("aunque eso no depende sólo de mí", precisa) y asegura que su sueño es "el fin del sionismo y el establecimiento de un Gobierno islámico en todo el mundo".

"La mayoría no opinamos así", se apresura a aclarar Kambiz con el apoyo de Peiman y Keivan. No está claro qué actitud está más extendida, pero Haghanian parece darles la razón cuando se queja de que "muchos jóvenes van a fiestas nocturnas, pero sólo unos pocos participan en las asociaciones islámicas de las universidades". Entonces, ¿por qué se imponen las normas de la minoría? "Porque no podemos elegir", responden al unísono los tres amigos. "Nos presentan una lista de candidatos preseleccionados y nos dicen: elegid entre ellos, pero son todos lo mismo", asegura el anfitrión. Desconfían del proceso político y se jactan de no haberlo legitimado con su voto. "Bueno, yo sí que voté una vez, a Jatamí, pero no sirvió para nada", afirma Peiman.

Aun así, los conservadores movilizan importantes sectores de la sociedad, lo que se ve tanto en las manifestaciones políticas como en las ceremonias religiosas. "Es porque les han lavado el cerebro desde la escuela", defiende Kambiz con el asentimiento de los demás. Los intelectuales críticos están de acuerdo. "Les atiborran de clases de religión y de consignas, y no conocen sus raíces", declaró hace algún tiempo a esta corresponsal un pensador represaliado.

Tal vez por ello, Irán es el país de la región donde menor es el riesgo de radicalización religiosa. "Dado que aquí tenemos un Gobierno islamista que se ha convertido en un ejemplo indeseable, los jóvenes reaccionan en sentido contrario", afirma el soció­logo Hosein Ghazian.

Kambiz tiene motivos para desear un menor peso de la religión en la sociedad. Su pertenencia a una minoría religiosa impide que pueda casarse con su novia (una musulmana chií) en Irán. "No es sólo la ley, la familia y la sociedad también influyen. Si estuviera vivo mi padre, no podría planteárselo", manifiesta el joven, que empieza a impacientarse tras varios años de idilio. Y es afortunado porque los padres de la chica son bastante liberales y no se oponen a la relación. "Pero sólo lo saben ellos, si se enteraran mis tíos, sería un escándalo", apunta la muchacha.

"La única salida es irnos fuera, y estoy planeando volverme a Estados Unidos, donde ya viví algún tiempo, pero a ella le cuesta decidirse dejar a su familia", concluye Kambiz.

Sea por esa falta de libertad personal o por las crecientes dificultades para encontrar trabajo en una economía esclerotizada, emigrar se ha convertido en el sueño de muchos jóvenes cansados de esperar reformas que no llegan. El panorama es desalentador. Según los datos oficiales, un 25,6% de ellos están desempleados (hasta un 28,95% en las zonas urbanas). Y cada año se incorporan al mercado laboral cerca de un millón más. El economista Said Leilaz, director del periódico económico Sarmayeh, estima que 250.000 jóvenes dejan el país anualmente y eleva la pasa de paro hasta el 50%.

"En todos los aspectos de la vida, los jóvenes sienten que no son ellos mismos debido a las restricciones sociales que les impone no sólo el Estado, sino también la familia y los amigos, de acuerdo con valores del pasado. Asumen que Occidente es libre, eso les atrae y desearían alcanzarlo", analiza Baher, el terapeuta. De ahí que muchos quieran irse, para ampliar estudios o buscar oportunidades que aquí se les niegan. A este observador le preocupa la fuga de cerebros. "La mayoría no regresan", coinciden en señalar dos jóvenes profesores universitarios que, sin embargo, optaron por volver.

Quienes se quedan esperan una oportunidad política, económica o social. ¿Qué sucede cuando ésta no llega? Baher, en cuya consulta ha aumentado un 50% el número de jóvenes en las últimas tres décadas, ha constatado dos reacciones extremas. "O van a por todas y violan todas las barreras, bebiendo, drogándose, etcétera, o caen en la apatía, lo que en los casos más extremos lleva a la depresión y el suicidio", explica.

Aunque Irán no es el único país que afronta el problema de la droga, sus 3,5 millones de drogadictos (una de las tasas más altas del mundo, según la ONU) han obligado a las autoridades a ponerse manos a la obra. Sobre los suicidios de jóvenes no se publican cifras, pero los especialistas se muestran convencidos de que van en aumento y superan la media. De momento, es un tema tabú que deja a las familias, además de desconsoladas, incomprendidas y sin ningún tipo de atención.

A pesar del difícil panorama que tienen ante sí, pocos jóvenes se muestran políticamente activos estos días. Ni siquiera entre los 3,5 millones de universitarios. Y eso que fue en los campus donde se gestaron las revueltas a favor de la revolución islámica durante los años setenta del siglo pasado y las manifestaciones reformistas entre 1999 y 2004. Bajo el mandato del ultraconservador Mahmud Ahmadineyad incluso esa llama se ha extinguido. La desilusión por las reformas que no se materializaron y la represión han dinamitado el movimiento estudiantil.

Hace algunos años nos movilizábamos por la libertad académica y el derecho de asociación en las universidades, ahora lo único que podemos hacer es mantenernos en nuestro puesto y continuar nuestros estudios", justifica Soleiman Mohammadi, un kurdo de 23 años expulsado de la Universidad Alame Tabatabai. "Sólo podemos resistir porque no hay libertad para hacer nada", añade. Él, sin embargo, piensa declararse objetor ante el servicio militar obligatorio, algo inusitado en Irán y que puede dar con sus huesos en la cárcel. Para la mayoría de sus compañeros, la vida personal ha pasado a ser más importante.

A las puertas de la Universidad de Teherán, la mayor y más antigua del país, los colores pardos que impone la estética oficial uniformizan a sus estudiantes. Pero en las calles de la ciudad, la paleta de colores es mucho más amplia. Conformistas o rebeldes, socialmente activos o pasotas, trabajadores o estudiantes, los jóvenes iraníes todavía se permiten soñar con la libertad, aunque vean su futuro sombrío. Y a diferencia de sus vecinos de Oriente Próximo, ya están vacunados contra el radicalismo religioso.

Huelga general en Francia por los efectos de la crisis

A. JIMÉNEZ BARCA - París - (El País.com, 29/01/2009)

Apoyados por la izquierda, ocho sindicatos han convocado para hoy un paro general en Francia que, según varios sondeos, será seguido en masa y paralizará el país desde la mañana a la noche.

Las razones que arguyen son varias: el paro, situado en un 7,3% a final de año pero que subirá este mes (cuando Nicolas Sarkozy llegó al poder situaba en el 8,7% y la media de la UE en el 8,6%); la pérdida de poder adquisitivo y de nivel de vida de los trabajadores, y la convicción de que el Gobierno de Sarkozy, frente a la crisis económica que sacude Francia y que la está hundiendo en la recesión, sólo arbitra medidas para acudir al rescate de los más poderosos: los bancos y los empresarios.

Los sindicatos están convencidos de que el paro alcanzará una cifra récord y de que hay motivos para llevarlo a cabo. Bernard Thibault, secretario general del sindicato CGT, lo expresaba así en una entrevista en Le Parisien: "No podemos aceptar que los trabajadores seamos los únicos que pagan las consecuencias de la crisis. También necesitamos, como los bancos, garantías: pero garantías para la vivienda, para la jubilación...".

En principio, el metro, los autobuses, los trenes, los aeropuertos, los hospitales, los colegios, los institutos, el servicio de Correos, los hospitales y hasta la Comédie Française se verán afectados. Los sindicatos añaden que se sumarán al paro buena parte de los trabajadores del sector privado, sobre todo de las fábricas de coches.

Servicios mínimos

La huelga servirá de prueba para comprobar el alcance y la efectividad de la ley sobre los servicios mínimos aprobada en 2007. A este respecto, el primer ministro, François Fillon, aseguró ayer en la radio que "habrá transporte, por lo menos más que antes de que se aprobara la ley".

Nadie se fía. En Francia, y en especial en París, cada uno se prepara para lo que se prevé como una ciudad cercada, sin transporte público y con las carreteras mucho más atascadas de lo habitual: la mayoría de los padres desconocen si sus hijos serán aceptados en los colegios. Hay quien vive en las afueras y se queda a dormir en casas de amigos en el centro de París para no llegar muy tarde. La última huelga del sector del transporte, en mayo de 2008, se saldó con un fracaso de los sindicatos al comprobar que París no se descompuso. Pero todo indica que hoy será diferente.

Los bronces de la colección Saint Laurent caen en el juego de China

EFE - Pekín - 02/03/2009

El experto chino en arte que reveló hoy haber ofrecido el máximo precio en la subasta por las cabezas de bronce de la colección de Yves Saint Laurent anunció que no piensa pagar por ellas y que pujó "en nombre del pueblo chino". Cai Mingchao, gerente de una galería privada llamada Xinhe en Xiamen (provincia de Fujian, sureste de China), compareció en rueda de prensa para confesar que fue él quien la semana pasada ofreció el mayor precio en la puja de París (28 millones de euros, o 35 millones de dólares).

"El dinero no puede pagarse", aseguró a continuación, destacando que llevó a cabo esta puja "representando a todo el pueblo chino" y siendo consciente de que cualquier ciudadano del país asiático, "en su lugar, hubiera hecho lo mismo". Esta acción, con tintes de revancha, deja ahora la pelota en el tejado de Christie's, aunque la casa de subastas británica, consultada por Efe, destacó desde su oficina de Hong Kong que por ahora están discutiendo la reacción a la puja impagada. La firma añadió que su política habitual es no entregar los objetos subastados sin haber recibido antes el dinero.

La inesperada jugada -en el pasado coleccionistas chinos, tanto privados como estatales, habían comprado bienes expoliados, pero pagaron después- es una iniciativa privada, pero cuenta con el apoyo del Fondo Nacional de Tesoros, una ONG ligada al Ministerio de Cultura de China. Además, fue aplaudida hoy por un representante del Gobierno, Zhao Qizheng, quien advirtió en rueda de prensa que la puja de Cai es "una lección para el resto del mundo, incluyendo los franceses".

Venta de bienes expoliados

Zhao, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPC), aseguró que en las últimas semanas la subasta en París hizo preguntarse a los chinos si "la cultura francesa se había vuelto enferma" al permitir que se vendieran bienes expoliados. "Honramos la cultura de Francia", matizó Zhao, quien recordó que ya en el siglo XIX escritores célebres de ese país, como Víctor Hugo, denunciaron el robo del patrimonio cultural al que estaba siendo sometida entonces la civilización china.

Desde 2002, el Fondo Nacional de Tesoros chino busca, como las autoridades del país asiático, recuperar las piezas de arte robadas por extranjeros a China en los siglos XIX y XX y que circulan en el mercado mundial del arte, que se cifran en mas de 10 millones. El subdirector del Fondo, Niu Xianfeng, explicó que se decidió intervenir en la subasta de París cuando el precio de los objetos estaba alcanzando los 9 millones de euros.

Contra la "subasta del siglo"

Niu reconoció que la maniobra llevada a cabo por Cai "es arriesgada y se enfrenta a fuertes presiones", pero alegó que se decidió adoptar "una medida extraordinaria para afrontar una situación extraordinaria". Las cabezas de bronce de la discordia, que representan un conejo y una rata, formaban parte de los muchos bienes vendidos en París la semana pasada en la que fue llamada la subasta del siglo, la de la colección del modisto Yves Saint Laurent (fallecido en verano de 2008) y su compañero Pierre Bergé.

Formaban parte de una de las fuentes del Antiguo Palacio de Verano, de la que aún quedan ruinas en el norte de Pekín, y que estaba adornada con 12 testas de animales, una por cada símbolo del horóscopo chino. En 1860, en el marco de las Guerras del Opio, tropas británicas y francesas destruyeron el palacio de descanso de los emperadores, y muchas de las piezas que se encontraban allí fueron expoliadas y llevadas al extranjero.

Dos de las cabezas de bronce de la colección de Yves Saint Laurent, subastadas la semana pasada, por las que pujó un experto chino que ahora se niega a pagarlas.- EFE

El Gobierno chino intentó durante días evitar que no se subastaran las dos cabezas, y cuando se confirmó la venta -sin saberse aún que el comprador era del país asiático- la calificó de "ilegal" y anunció nuevas limitaciones a las operaciones de la casa de subastas británica Christie's en China. Otras tres cabezas de la citada fuente (una de tigre, otra de mono y ora de buey) fueron adquiridas en una subasta organizada por Sotheby's en el año 2000 por la empresa China Poly Group, ligada al Ejército chino y que se exhiben en un museo de su propiedad en Pekín.

En aquella ocasión la subasta, celebrada en Hong Kong, también se desarrolló entre las protestas del Gobierno chino. Otra de las testas, una de caballo, fue comprada por el magnate de los casinos de Macao, Stanley Ho. Los chinos tienen en sus manos cinco de dichas cabezas: aún les quedan siete por recobrar.

México, sin defensa contra el paro

Por ARTURO HERRERA, economista por la Universidad de Nueva York, trabaja en la banca privada en México y fue secretario de Finanzas en el gobierno de la Ciudad de México durante la gestión de Andrés Manuel López Obrador (El País.com, 28/02/2009).

Dice un adagio popular que es un mal síntoma cuando la población de un país incorpora de manera cotidiana a su léxico términos económicos relativamente técnicos. De tal forma que no podemos menos que ser un tanto pesimistas cuando vocablos como inflación, tipo de cambio, devaluación, subprime, recesión o riesgo país se empiezan a escuchar en los cafés, el metro y en los medios no especializados.

Pero si bien todos estos términos suelen invocarse con una connotación negativa, ninguno es tan temido como el "desempleo" (el paro). La recesión nos afecta cuando disminuye la actividad económica, cuando nuestro poder adquisitivo cae, cuando las ventas se reducen, pero nunca se manifiesta con mayor rigor y de una manera tan personal como cuando se pierde el empleo.

Esto está pasando en Estados Unidos de manera muy dramática, la tasa de desempleo para enero alcanzó el 7.6 por ciento, una cifra no vista desde 1992 (y entonces le costó la reelección a Bush padre, recordemos la frase que el equipo de campaña de Clinton repetía sin cesar, "is the economy, stupid"); ¿pero como traducimos un número como 7,6 por ciento a términos más humanos?

Hace un año la tasa de desempleo en Estado Unidos era del 4,9 por ciento, esto quiere decir que en el último año poco más de ¡4 millones de personas perdieron su empleo! Tan solo en enero se perdieron más de medio millón de plazas laborales.

Las cifras en Estados Unidos presentan el patrón característico del desempleo en una recesión. Abril fue el último mes en que el desempleo disminuyó, desde entonces mes a mes se pierden puestos de trabajo.

Las malas noticias en Estados Unidos, suelen ser malas noticias para México; esto es natural, entre otras razones porque el ochenta por ciento de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos. Por ello, no es sorprendente que el desempleo en México esté siguiendo una trayectoria similar a la de su vecino del norte.

Al igual que en Estados Unidos la tasa de desempleo en México tocó su punto más bajo en mayo cuando llegó al 3,24 por ciento, desde entonces prácticamente ha venido subiendo todos los meses llegando en enero al 5 por ciento; este es el nivel más alto desde el año 2000 cuando se empezó a aplicar la nueva encuesta Ocupación y empleo. Es decir, de mayo a enero la tasa de desempleo creció en un 1,76 por ciento adicional.

¿Qué significa esto? La población económicamente activa en México es cercana a los 45 millones de personas, lo cual implica que de mayo para acá 792 mil mexicanos ingresaron a las filas del desempleo. Más aún, México tiene una población de 106 millones de habitantes y cerca de 21 millones de hogares, es decir, el hogar promedio en México está formado por cinco personas; así pues, el desempleo adicional de los últimos nueve meses afecta a cerca de cuatro millones de mexicanos.

A pesar de ello, ¿estamos mejor en México que en Estados Unidos dado que aquí la tasa es del 5 por ciento y allá del 7,6? No, y existen dos razones para ello.

En primer lugar la metodología internacional señala que desempleado es el que no trabajó cuando menos una hora la semana anterior; ¿una hora? Sí, una hora. En México es mucho más común que en Estados Unidos o Europa que los trabajadores estén en el sector informal o en sectores donde solo encuentran trabajo de vez en cuando, de una hora a la semana por ejemplo, y sin embargo, estos trabajadores no se contabilizan como "desempleados".

La otra, igualmente importante es que en México a diferencia de Estados Unidos y Europa occidental no existe el seguro de desempleo, no contamos con una red de protección social formal, organizada por el Estado para proteger a sus ciudadanos en los momentos más difíciles. Quienes pierden su empleo, no solamente dejan de percibir sus ingresos, tienen además que enfrentar un horizonte muy incierto, en el que no esta claro cuando podrán encontrar un nuevo trabajo y en el que su única red de protección esta formada por su familia y sus ahorros.

Por ello, si la crisis en México no es el leve "catarrito" del que el Gobierno hablaba hace meses, si no una crisis seria y preocupante como la que se está viendo en el resto de las economías. Se necesita pensar en construir una red social de protección; cuando menos necesitamos empezar a debatir la pertinencia o no del seguro de desempleo u otras medidas similares.

Urge este debate, pues aunque los signos de la recesión hace rato que aparecieron en México, su cara más cruel, la que afecta a las familias directamente, la del desempleo, apenas se está mostrando.

¿Tiene futuro la energía nuclear?

Por Xavier Ortega, catedrático y profesor emérito de la UPC (EL PERIÓDICO, 02/03/09):

El crecimiento de grandes consumos energéticos en países como China y la India están teniendo una repercusión mundial en los precios energéticos, en el medio ambiente y en la seguridad de suministro. En este contexto, ambas potencias asiáticas han anunciado, entre otras medidas, la incorporación de la energía nuclear a los nuevos sistemas de generación eléctrica.

Ante esa perspectiva, ¿cuál es la situación energética en Europa? La estructura energética de los 27 estados es muy diversa. Así, la producción eléctrica europea en el 2006, según la Comisión Europea, fue la siguiente: nuclear, 29%; combustibles fósiles, 54%; renovables con hidráulica, 15%, y otras, 2%. En el caso de España, esas cifras fueron: nuclear, 20%; combustibles fósiles, 60%; renovables con hidráulica, 17%, y otras, 3%. La generación nuclear en Europa es importante, aunque muy heterogénea, ya que 15 países tienen centrales nucleares, mientras que 12 no utilizan dicha energía. La participación de la generación nuclear en esos 15 países es muy variada: desde el 79% en Francia hasta el 4% en Holanda. España, con cerca del 20%, ocupaba la franja inferior. La vida media de las centrales nucleares europeas es de 25 años, similar a la de las centrales españolas, mientras que la vida prevista para la mayor parte de ellas es de 40 años.

EN CUANTO a las nuevas instalaciones nucleares en Europa, está en periodo avanzado de construcción una central de 1.600 Mw en Finlandia, otra central similar en Francia y han sido aprobadas una nueva central en cada uno de dichos países (todas ellas del tipo EPR francés). En Bulgaria están en construcción dos unidades de tecnología rusa. Europa tiene, por tanto, una fuerte dependencia de la energía nuclear, y aún mayor del carbón y del gas. Su parque nuclear ha adquirido una madurez y unos índices de disponibilidad elevados y tiene altos niveles de know how tecnológico. Es previsible que siga subiendo el consumo eléctrico en Europa en los próximos años a causa de una mayor diversidad de usos, como la desalación, la producción de hidrógeno y el transporte por ferrocarril. La disminución del potencial nuclear, por obsolescencia del parque actual, necesitará generación eléctrica de sustitución que sea gestionable de no alcanzarse niveles crecientes de eficiencia energética o de ahorro. Así, para asegurar la producción del parque nuclear actual se necesitará alargar la vida de algunas centrales o construir nuevas unidades de la generación 3.

Este es el reto que está originando cambios de gran alcance en el marco europeo. A los movimientos de participación empresarial (Enel, Endesa e Iberdrola) se han sumado recientemente las políticas de reactivación de las construcciones nucleares en el Reino Unido, el retorno a las nuevas centrales nucleares en Suecia y los acuerdos de Italia con Francia para el desarrollo de un programa nuclear en aquel país. Este hecho es relevante por ser Italia el único gran país europeo que había decidido no utilizar dicha energía, A este gran movimiento en los países europeos hay que añadir las posiciones del Gobierno de Polonia y las de varios países de Europa oriental. Las posiciones de Bélgica y Alemania también pueden experimentar cambios significativos próximamente.

¿Puede España permanecer aislada de este panorama europeo? Mi convicción es que difícilmente será así indefinidamente. La política energética española está basada en el apoyo a las energías renovables y a la generación de centrales de ciclo combinado, con el gas como combustible. Como el desarrollo de una nueva generación nuclear está excluido en dicha política, la opción nuclear podría llegar a desaparecer de perpetuarse dicha tendencia. Mientras la población española sea en Europa la más reticente al uso de la energía nuclear, será difícil modificar esa situación.

NO OBSTANTE, los niveles de oposición a dicha energía están cambiando con el tiempo, la información y las circunstancias socioeconómicas. Así lo manifiesta el último eurobarómetro de opinión. Mientras dicha coyuntura no cambie, es deseable que las decisiones en el terreno de la planificación energética no sean irreversibles. Sería imperdonable la desaparición de las empresas e instituciones que acumulan conocimientos y experiencia en el campo de la tecnología nuclear y que son clave, no sólo en el mantenimiento de activos nucleares, sino que exportan tecnología y servicios a un entorno con oportunidades crecientes.

También se ha de reclamar la atención y el apoyo a las tareas de formación de técnicos y especialistas que no sólo han de contribuir al relevo generacional, sino al desarrollo nacional e internacional de los nuevos sistemas de fisión y de las generaciones 3 y 4, y al desarrollo de la energía de fusión. Hay un gran déficit de estudiantes de ingeniería nuclear debido, en gran medida, a las pocas expectativas que se les ofrecen. Muchas veces, los alumnos más brillantes optan por desarrollar su carrera en el exterior. En un entorno globalizado es necesario observar y actuar desde esa realidad multinacional.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

domingo, marzo 01, 2009

La muerte imparable

Por PABLO ORDAZ (El País.com, 01/03/2009)

Patrullamos con la policía federal por uno de los lugares más peligrosos del mundo: Ciudad Juárez, en la frontera de México con EE UU. Un pozo irrespirable donde cada día se registran de media cinco muertes violentas. Es la podredumbre del narcotráfico.

Hasta hace 20 minutos tenía 14 años y se llamaba Raúl. Estaba parado en la esquina de su casa, charlando con dos amigos. Un coche apareció muy lentamente por el final de la calle llena de gente. Cuando estuvo a su altura, dos hombres -ni jóvenes ni viejos, ni guapos ni feos, nunca nadie ve nada en Ciudad Juárez- se bajaron y apuntaron sus armas sobre él. Un tiro, dos, tres...

Ahora ya no tiene 14 años ni se llama Raúl. Sólo es el último muerto de esta ciudad maldita donde el único negocio que florece es el de las funerarias. Un tiro, dos, tres... Así hasta 25. Los perros ladrando. El padre de Raúl escuchando los disparos, bajando a la calle, descubriendo justo lo que el presentimiento le iba diciendo al oído. Su hijo de 14 años, estudiante de secundaria, desplomado entre la acera y un Ford Thunderbolt de color crema. Con la cabeza destrozada a balazos.

Los perros no han dejado de ladrar ni la gente ha abandonado la calle. Jóvenes muchachos de la edad del difunto siguen charlando y comiendo helados mientras los agentes van poniendo un triángulo amarillo por cada casquillo encontrado. Veinticinco triángulos amarillos. Ninguno a más de dos metros de distancia de donde está el cadáver. Un fusilamiento perfecto. Ni la vieja chapa del Ford color crema ni las paredes de la calle Calexico han resultado dañadas. Raúl quiso huir, pero le dieron caza. Con la misma precisión que a sus dos amigos, que yacen al final de la calle, también rodeados por la curiosidad y los triángulos amarillos.

Un hombre joven fuma dentro del cordón policial. Es el padre de Raúl. Ni siquiera llora. Sólo fuma, un cigarro tras otro. Le cuenta al reportero sus últimos 20 minutos. Que escuchó los disparos. Que bajó atropelladamente temiéndose lo peor. Que se encontró a su hijo así:

"Como ningún padre querría ver nunca a su hijo. Hágase cargo. Tenía 14 años, estudiaba secundaria...".

El parte, frío, escueto, que un funcionario municipal redactará horas después sobre la "triple ejecución" hablará de un joven "que en vida respondía al nombre de Raúl Alberto Rubio Ochoa". Tiene razón. Los muertos no tienen nombre. No desde luego en Ciudad Juárez, donde este sábado de febrero escogido al azar serán ocho los jóvenes asesinados por las oscuras mafias de la droga. Ocho. No son demasiados; tres días después morirán 21. Ni demasiado jóvenes; una semana más tarde caerán seis niños bajo los disparos de tipos que siempre tienen tiempo de huir. Ocho muertos son sólo ocho líneas en cualquier periódico mexicano. Sólo si el muerto respondía en vida a un nombre famoso -un general condecorado o el jefe de un cartel principal- o si las causas de su muerte resultaron extraordinarias -lo cocinaron después de asesinarlo o lo ejecutaron tras construir un túnel para pasar droga...-, sólo entonces puede optar el difunto al raro honor de un titular en la portada de un periódico nacional. Un país donde el narcotráfico se lleva por delante a más de 6.000 personas al año -más de 16 cada día- no tiene más remedio que ir apilando tanto sufrimiento en la fosa común de las medias columnas, un pequeño trozo de papel escondido en una página par de un periódico de provincias. O hace eso -sin indagar por qué mataron a Raúl, casi un niño, sin investigar por qué su padre bajó las escaleras con el presentimiento envenenándole el aliento- o se arriesga a perder la sonrisa para siempre.

Al primer muerto del sábado lo mataron entre Marte y Saturno, una esquina a medio asfaltar de la colonia Satélite.

La llamada se produjo a las 9.45. Una ambulancia de la Cruz Roja corrió al lugar. Luego, los policías municipales. Luego, los estatales. Luego, los federales. Luego, el Ejército. Aseguraron la calle. Un agente en cada esquina. Con sus rifles Ak-47, sus AR-5, sus revólveres en la mano, sus chalecos antibalas, sus pasamontañas, su tensión que se huele... Su miedo.

- Pero si ya ha pasado todo.

- No siempre. A veces vuelven a por el cadáver.

- ¿Quiénes?

- Unas veces, sus amigos. Otras, sus rivales.

- ¿Para qué?

- Quién sabe. Unas veces, para rematarlos. Otras, los montan en las camionetas y se los llevan. Nunca aparecen. Es muy extraño.

El policía municipal que habla parece nervioso. Es un tipo bajito, mal uniformado. La canana que lleva alrededor del cinturón está medio vacía. Un cartucho sí, uno no. Todavía hoy muchos policías tienen que pagar de su bolsillo la munición que gastan. Y si por la mañana no llegan pronto al reparto de los escasos chalecos antibalas, deben salir a patrullar a cuerpo gentil, un blanco perfecto. El policía municipal va de un lado para otro. Apunta en una pequeña libreta los nombres de todos los que, policías o no, rebasan por un motivo u otro el cordón de seguridad. No llega a cruzar palabra con los agentes de otros cuerpos. Es una constante de Ciudad Juárez. Nadie se fía de nadie. Menos aquí, un lugar tristemente célebre por las decenas de mujeres que fueron asesinadas sin que aún hoy se conozcan los motivos ni los culpables. Hay además datos muy claros de que el narcotráfico tiene voluntades compradas entre los policías, entre los jueces, entre los políticos, entre los periodistas. Las miradas dicen: sabemos a quién pertenece tu uniforme, pero no a quién perteneces tú. No es nada personal. Sólo cuestión de supervivencia. La noche anterior, cuando el reportero llega al aeropuerto de Ciudad Juárez, dos agentes federales lo esperan a pie de avión. Han recibido la orden de escoltarlo durante el fin de semana, integrarlo en una de las patrullas de fuerzas especiales que recorren día y noche la ciudad en busca de sicarios. Pero cuando va a abandonar el aeropuerto, dos soldados le piden que abra la maleta y la mochila en la que transporta el ordenador portátil. Uno de los federales trata de aliviar el trámite y se dirige al militar:

- No se preocupe, oficial, viene con nosotros.

- Claro que sí. Pero tiene que abrir el equipaje.

- Pero

- Tiene que abrir el equipaje.

Nada personal. Sólo eso: nadie se fía de nadie. ¿O no es por los aeropuertos de México, y bajo la supervisión de agentes de la ley, por donde toneladas de droga y sustancias químicas ilegales entran en el país? La escena se repite dos o tres veces durante el fin de semana. Cada vez que el patrullero pasa por un puesto de control militar, los soldados lo paran y lo revisan como si se tratara de un vehículo particular. O tal vez más.

- ¿Adónde se dirigen?

- Vamos a instalar un control de carros robados a dos kilómetros de aquí.

- Correcto. Bájense y abran la cajuela.

El policía abre el maletero. El soldado mete la cabeza, casi olfatea el interior. Ni hay tensión ni deja de haberla. Los soldados no sonríen. Los federales tampoco. Es una guerra extraña la que vive México. Las bajas se cuentan por decenas, todos los días, como en cualquier guerra. Pero aquí no hay dos bandos. Hay muchos, y andan disfrazados.

- Está bien. Pueden continuar.

Unos metros más allá, el federal que hoy conduce el patrullero - un joven simpático que cita a los clásicos- le explicará al reportero por qué, aunque íntimamente les fastidie, obedecen a pie juntillas las instrucciones de los militares. Aparca el vehículo en el arcén, junto a la valla que delimita un depósito de vehículos. Parece uno de los muchos cementerios de automóviles destinados a chatarra que afean la ya de por sí poco agraciada Ciudad Juárez. Pero no. Es distinto. Aquí vienen a parar los carros incautados al narcotráfico o sujetos, como parte de la prueba, a algún proceso judicial. Los hay nuevos y viejos. Lujosos -allá al final se ve una Hummer en aparente buen estado- y simples utilitarios. El agente señala un todoterreno, varado no muy lejos de la carretera. Tiene, como muchos otros, la chapa agujereada por los tiros gruesos de los rifles de asalto. Pero es distinto. Es un vehículo oficial, un patrullero de la policía municipal. No le queda un trozo de chapa sano.

- ¿Una emboscada de los narcos?

- No. Los militares tenían instalado un control. Les dieron el alto. Los policías no quisieron parar. Los militares abrieron fuego. Los mataron a los dos.

Nada personal.

La una de la madrugada. Hotel Chulavista. Está cortado por el mismo patrón que los moteles americanos de carretera. Una recepción, un comedor y una serie de habitaciones alrededor de un aparcamiento. Ni bonito ni feo. Vulgar. Discreto. Hasta no hace mucho, un buen negocio. "Los que más nos visitaban", explica el camarero, "eran puros gringos. Parejas que cruzaban desde El Paso, aparcaban el carro en la puerta de la habitación y sólo salían un rato a cenar algo o a emborracharse a buen precio. Ya casi no viene ninguno. Les da miedo". Ciudad Juárez y también Tijuana, en la costa del Pacífico, constituían las míticas fronteras donde la fiesta sin tregua -el alcohol, el juego, los clubes de alterne- atraía cada fin de semana a cientos de turistas norteamericanos. Nunca fueron ciudades exquisitas ni bendecidas por el Vaticano, pero sí razonablemente seguras. De eso dependía el negocio. Ahora, muchos de los restaurantes ya han cerrado, los prostíbulos sólo atraen a clientes locales y desesperados, y la única ruleta que gira día y noche es a vida o muerte. El hotel Chulavista estaba prácticamente desahuciado. Pero entonces llegaron los federales.

Las fuerzas especiales. Muchachos jóvenes -casi ninguna mujer- procedentes en su mayoría de las filas del Ejército. Sus sueldos son bajos, pero para poder lucir ese uniforme azul han tenido que pasar exhaustivos exámenes de confianza, incluida la prueba del polígrafo. Según ha llegado a admitir Felipe Calderón, el presidente de México, más de la mitad de la policía mexicana "no es recomendable". Hay casos, como el de Tijuana, donde se detectó que nueve de cada 10 policías locales habían sido comprados por el narcotráfico. Incluso entre los 11.000 federales recién contratados, la mitad resultó ser de moral distraída. Se supone que estos que ocupan el hotel Chulavista de Ciudad Juárez pertenecen a lo mejor de cada casa, pero, por si acaso, sus jefes nunca le dicen por dónde patrullarán cada noche o a qué tipo de malandro van a intentar detener. Van y vienen de sus habitaciones al comedor uniformados al completo, chaleco antibalas incluido, y con el rifle AR-15 en bandolera. Sus mandos les dan el tiempo justo para comer algo y dormir un rato. El resto de la jornada lo emplean en recorrer la ciudad de cabo a rabo. Sus vehículos son camionetas pick-up de doble cabina. Ellos ocupan la parte de atrás, siempre de pie, con el dedo en el gatillo de sus armas y el pasamontañas hasta la nariz. Vigilando, siempre vigilando.

- ¡Nos vamos! Esta noche nos acompañará un periodista español. Si hay suerte y detienen a algún delincuente, no me lo golpeen demasiado... Háganme ese favorzote, muchachos.

El oficial subraya la broma guiñando el ojo detrás del pasamontañas. Los muchachos se ríen. Será el único momento de relajación en cinco horas. Las camionetas de los federales se sumergen en la noche de Ciudad Juárez, cruzan a todo trapo avenidas casi vacías y se adentran por colonias polvorientas, sin pavimentación, donde sólo los perros con sus ladridos parecen reconocerlos. Al fondo se distinguen las luces de El Paso, al otro de lado de la frontera. El Paso es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos. Ciudad Juárez, la más violenta de México. En El Paso, como en toda la frontera, se venden armas de grueso calibre sin ningún impedimento. Aquí se mata con ellas. Los policías se adentran en una de las colonias más peligrosas. Se sienten observados, por eso circulan sin luces, guiados por un agente local con un mapa y una linterna. El oficial comenta en voz muy baja:

- Esta noche vamos a hacer dos o tres cateos. Hemos recibido varios pitazos [chivatazos] sobre gente que podría estar vendiendo droga y armas.

Llegan al primer objetivo. Empieza un baile muy bien ensayado que se repite en cada registro. Los agentes saltan de las cuatro camionetas. Unos corren hacia las esquinas para asegurar el trabajo de sus compañeros y prevenir emboscadas. Los oficiales que van a penetrar en la casa -una especie de cortijo desvencijado- desenfundan sus armas cortas y quitan el seguro. Cada uno de ellos va escoltado por dos o tres compañeros con rifles de precisión. El puntito rojo de la mira se pasea por una pared que supo de mejores tiempos. Un perro encadenado parece enloquecer. Sale un hombre a la puerta de la casa. Descalzo. Despeinado. La camisa por fuera del pantalón.

- ¡Alto! ¡Federales!

El registro no dura más de 10 minutos. No parece que el dueño de la casa sea un narcotraficante. Parece más bien un nómada incómodo al que algún vecino quiere perder de vista denunciándolo a la policía. Hay niños por todos lados. Niños mal vestidos, niños canijos y sucios que juegan con juguetes rotos y que observan a los policías con serenidad, como si ya los hubieran visto más veces, como si formaran parte del juego al que están predestinados a jugar. "Negativo. No hay nada, ¡vámonos!". La acción se repite dos veces más. Dos cateos. Dos negativos. Ha sido una noche tranquila que ha terminado en empate. No han detenido a nadie, pero tampoco se ha reportado ninguna baja.

Vuelta a la base. Mañana será otro día.

Dos horas después suena el teléfono de la habitación. "Han encontrado a tres muchachos ejecutados en la puerta de una discoteca. ¡Nos vamos!". La misma historia del día anterior. La ambulancia. La policía local. La policía estatal. La policía federal. El Ejército. Y esperándolos a todos, sin inmutarse, la muerte.

Tres jóvenes. Boca arriba. Cada uno con su ración de plomo. Se parecen al joven ultimado en la colonia Satélite. Detallistas de la droga, camellos, narcomenudistas. Como mucho, aprendices de sicario. Clase de tropa. Carne de cañón. El perfil de las bajas del narcotráfico en México es el de jóvenes captados por los distintos carteles de la droga que luchan entre sí para afianzar su predominio en las plazas. No sólo han muerto en la frontera con Estados Unidos. También en la que separa un antes y un después de la historia de la droga en México. Lo que había hasta ahora está muy claro. Basta comprarse un CD de los Tigres del Norte o de los Tucanes de Tijuana para conocer las historias cotidianas del negocio o las leyendas de los grandes narcotraficantes como Amado Carrillo Fuentes, jefe hasta su muerte del cartel de Juárez. Le llamaban El Señor de los Cielos. De él se dice que tenía una docena de Boeing 727 con los que introducía cocaína en Estados Unidos. La épica de la frontera. Las reglas. El respeto. La complicidad de los gobernantes. Tú hasta aquí y yo hasta allí. Y como último recurso, la muerte. La muerte como herramienta de trabajo, de poder, de advertencia.

Todo eso se acabó hace algo más de un año. La versión oficial es que tantos años de complacencia con el crimen organizado habían llegado a horadar los cimientos de la República y amenazaban con privatizar el país en su beneficio. "Los señores de la droga ya estaban tocando las puertas de Los Pinos [la sede de la presidencia de la República]", dice a media voz uno de los hombres más poderosos de México. "O los combatíamos o les entregábamos el país. Ya eran dueños de algunos cuerpos enteros de policía que trabajaban para ellos y no para los ciudadanos". El caso es que el presidente, Felipe Calderón, tocó zafarrancho de combate. Hace de eso un año, dos meses y 7.000 muertos.

La furgoneta blanca del depósito de cadáveres llega al lugar de la triple ejecución. Se coloca junto a la ambulancia de la Cruz Roja. "El día que más miedo pasé", comenta una enfermera del servicio de urgencias, "fue hace sólo unos meses. Recibimos el aviso de que había un joven malherido tirado en la calle. Acababa de ser víctima de un ataque armado. Fuimos hacia allá y llegamos cuando todavía respiraba. No había tiempo que perder. Lo metimos en la ambulancia y salimos corriendo hacia el hospital. A medio camino se nos cruzaron dos furgonetas con los cristales oscuros. Bajaron tres o cuatro encapuchados, nos apuntaron en la cabeza al chófer y a mí y nos dijeron que nos estuviésemos quietos. Fueron a la parte de atrás, sacaron al herido y le dieron el tiro de gracia en medio de la calle. Mira, te lo estoy contando y aún se me eriza la piel. Antes de irse aún tuvieron tiempo de amenazarnos. Nos dijeron que, por nuestro bien, la próxima vez no tuviésemos tanto interés en llegar tan rápido...". Los dos grandes hospitales de la ciudad también han sido escenario de irrupciones violentas de sicarios que buscaban rematar un trabajo mal terminado. En una ocasión, y en previsión de que eso sucediera, el juez colocó a dos policías custodiando la puerta de urgencias. Por si llegaban los sicarios.

Llegaron. Mataron a los dos policías. Entraron en el hospital. Remataron al herido. Y se marcharon.

El jefe de la policía científica se dirige a los muchachos de la furgoneta blanca:

- Ya os los podéis llevar.

Los curiosos le echan un último vistazo. Certifican que los asesinados no son del barrio. De igual forma, unas horas antes, los vecinos de la colonia Satélite juraron que el primer muerto del sábado -chándal azul celeste, manos atadas a la espalda con una cuerda amarilla- jamás había sido visto por allí. Hay un testigo que dice haber observado cómo arrojaban al muchacho del chándal desde un vehículo, todavía vivo, y lo remataban en el suelo.

- ¿Y cómo era el carro?

- No me acuerdo, jefe.

- ¿Grande o pequeño?

- Normal.

- Y a éste -dice el policía señalando al muerto- ¿lo habías visto antes por aquí?

- Nunca. No es de aquí.

El procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, maneja un dato estremecedor:

- Al 40% de los que mueren no los reclama nadie.

Fosas comunes. Esquinas de papel en los diarios. Y la batalla que no cesa. Todos los días, el Gobierno de México distribuye una serie de comunicados -partes de guerra- que dan cuenta de la incautación de armas, de la intervención de droga, de la detención de sicarios. Pero al día siguiente, invariablemente, los noticieros hacen recuento de las bajas, y raro es el día que no superan las dos cifras. Diez en Ciudad Juárez. Cinco en Tijuana. Dos en Culiacán. Total: 17. Hay ciudades marcadas por la tragedia diaria. Suelen ser las sedes fronterizas de los antiguos carteles de la droga, hoy atomizados por las guerras entre sí y por el embate del Estado, pero también se producen bajas muy cerca del mar Caribe, a pocos metros de las palmeras y los hoteles de lujo. El goteo es continuo y, aun así, nunca faltan nuevos soldados dispuestos a morir.

La caravana de federales regresa al hotel Chulavista. Un semáforo en rojo. De pronto, como surgido de la nada, un joven se acerca corriendo. Dos federales lo apuntan con sus armas. El muchacho parece muy nervioso. Discute con los policías del primer vehículo, que finalmente acceden a que suba con ellos. La caravana aborta el regreso a la base y se dirige ahora, a toda prisa, a una colonia cercana. Al parecer, el muchacho ha sido víctima de un robo. Unos jóvenes le han quitado su vehículo a punta de pistola. Pero mientras regresaba a su casa, a pie y asustado, ha creído ver a uno de los asaltantes meterse en una casita de una planta, como casi todas las de Ciudad Juárez. Los federales llegan al lugar indicado. Se bajan de las camionetas y rodean el inmueble. Mientras tres agentes, acompañados del denunciante, entran en la casa, otros aseguran la zona y revuelven en la basura. La operación es rápida. Los que han entrado en la casa salen con el sospechoso agarrado del cuello. La víctima lo ha reconocido. Los policías que se quedaron en la puerta también tienen su botín. Acaban de encontrar las matrículas del vehículo sustraído. El interrogatorio se hace en caliente. La madre del muchacho sale a la puerta y le pide al oficial, con una sonrisa en la boca:

"No sea malito, jefe, no me lo golpeen".

El muchacho delata a un cómplice, y éste a otro, y el tercero habla de un tal? El vehículo es por fin recuperado. Casi al alba. Los policías se muestran exultantes, aunque el paisaje de fondo no es muy alentador. Chavales que manejan pistolas, roban coches, merodean por las calles sin asfalto en busca de su próxima víctima. El 40% de los muchachos de Ciudad Juárez ni estudia ni trabaja. Una buena parte sólo espera su turno de matar o morir. Su sueño es un carro del año, un buen revólver con las cachas de oro. Muchos mueren así, con el sueño de que un cantante famoso de narcocorridos le dedique una letra bien chingona a cada uno de ellos.

La patrulla regresa al hotel. Ya se divisa el alba cuando la voz del comandante da un nuevo parte:

"Se acaba de recibir un aviso. Han encontrado el cuerpo calcinado de un hombre encima de un contenedor de basuras. Diríjanse a la calle...".

El octavo muerto de este fin de semana tampoco tendrá nombre.

Vida secreta de las princesas del harén

Por M. ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO - Madrid - (El País.com, 01/03/2009)

Compartir el marido con otras esposas no es óbice para ser primera dama, al menos en las pequeñas monarquías del Golfo. Mujeres como la jequesa Mozah de Qatar o la princesa Haya de Dubai atraviesan el espejo del harén como caras visibles de los emiratos donde sus esposos reinan y gobiernan. Al estilo de las first ladies occidentales, se prodigan en público, marcan estilo y se reúnen entre ellas.

Es el club de las primeras damas del Golfo, un fenómeno llamativo si se contempla desde el conservadurismo feudal de la región, y en el que algunos quieren ver un gesto de apertura y otros más una cuestión de estilismo, como si las royals locales no pudieran sustraerse al magnetismo de la glamurosa Rania de Jordania.

La princesa Haya de Dubai (en el centro)- AFP

Pero al lado de Mozah o Haya, enésimas esposas de los gobernantes de Qatar o Dubai -se desconoce el número exacto de coesposas de cada uno de ellos-, hay otras primeras damas que se pliegan a la tradición de la zona: la del ostracismo de la vida pública, que las condena a no tener derecho a la existencia. El perfil velado de la jequesa Sabika bint Ibrahim de Bahrein o la invisibilidad de la jequesa Fatima bint Mubarak, viuda del emir de Abu Dabi, son dos ejemplos del lado oscuro.

Pese a que la última ostenta el título oficial de Madre de la Nación, nadie logra ponerle cara: está prohibido fotografiarla o filmarla, y no tiene biografía oficial. No se sabe dónde nació, qué edad tiene o cuántos hijos dio al emir. Sólo consta una cosa: que, a pesar de no ser la reina madre -el actual gobernante de Abu Dabi, Khalifa Bin Zayed al Nahyan, es hijo de otra de las coesposas de su marido-, su ascendiente sobre el país supera con creces el del aquél.

Una cortesana de origen extranjero que frecuenta el palacio desgrana la escasa información existente sobre la jequesa Fatima amparada en un obligado anonimato. "No fue la primera esposa del emir, pero sí la favorita. Éste se prendó de ella cuando la descubrió, durante un viaje por el país, en una tribu del desierto. Tenía 13 años y era analfabeta. La jequesa aprendió a leer y escribir una vez casada. Desde entonces respalda iniciativas educativas. Y el hecho de haber tenido que compartir a su marido con otras mujeres le hace ver el harén con desagrado: no le gusta que sus hijos tengan varias mujeres", confiesa esta residente en Abu Dabi. Imposible contrastar la información: hablar de la jequesa es tabú.

En el amplio trecho que va de la abaya (túnica negra tradicional) a los modelos de Versace que luce en sus apariciones públicas en Occidente la jequesa Mozah, estas mujeres salvan también el abismo que media entre las tribus del desierto y la galaxia global. Si la jequesa de Abu Dabi no tiene rostro, Mozah -edad indefinida, licenciada en Sociología, notorio planchado facial- y Haya -35 años, amazona olímpica, formación oxoniense- disponen sin embargo de página web, o como quiera llamarse el incensario virtual que da cuenta de sus múltiples actividades sociales.

Mozah, la única mujer pública del jeque Hamad Bin Khalifa al Thani, es enviada especial de la Unesco para la Educación Básica y Superior y, desde 2005, miembro del Grupo de Alto Nivel de la Alianza de Civilizaciones. Pero su fuerte es el ámbito educativo. En 2003 impulsó la constitución de un fondo internacional para la educación superior en Irak, y en su país amadrina la Ciudad de la Educación, un megacampus situado a las afueras de Doha con facultades de las mejores universidades estadounidenses, como Carnegie Mellon o Georgetown. La jequesa ha recibido doctorados honoris causa de todas ellas. Y la revista Forbes la incluyó en 2007 en la lista de las 100 mujeres más influyentes del mundo.

El matrimonio del jeque Mohamed Bin Rashid al Maktoum con la hermanastra del rey Abdalá de Jordania, Haya, ha hecho ganar peso político a Dubai, y multiplicado el atractivo del emirato. Haya, 25 años menor que su esposo, es la madre de su decimonoveno hijo. Embajadora de buena voluntad del Programa Mundial de Alimentos de la ONU y presidenta de la Federación Hípica Internacional, Haya, que en su juventud frecuentó los hipódromos españoles, es un valor añadido por su proximidad al reino hachemí.

"Todas estas primeras damas constituyen una importante baza a la hora de vender el Golfo a los inversores extranjeros, pero no es sólo una cuestión cosmética. Y aunque la first lady de Qatar sea, con diferencia, la más exhibicionista, por así decirlo; la más aficionada a las cámaras, tras esta proyección mediática, inédita en la región, está una realidad inapelable, la de que estos países están acortando la brecha de género", dice Mohamed Youssef, consultor internacional con base en Abu Dabi.

Así, entre los vectores de negocio de los pequeños Estados del Golfo no sólo figuran el petróleo o los rascacielos imposibles, también el glamour. Es ahí donde entran en juego estas mujeres, auténticas imágenes de marca a la hora de atraer inversiones, cosmopolitismo y eventos sociales. O sea, negocio.

Las primeras damas de Siria, Qatar, Turquía y Jordania- REUTERS

Aunque la imagen, a veces, no lo es todo. En noviembre pasado, el hotel Emirates Palace de Abu Dabi, un siete estrellas colosal, acogió la segunda cumbre de la Organización de Mujeres Árabes bajo el patrocinio de la jequesa Fatima bint Mubarak. Entre cenas de gala y besamanos sólo para mujeres -los hombres fueron recluidos en edificios aparte-, las sesiones de trabajo eran retransmitidas por circuito cerrado de televisión. A la cita acudió lo más granado del papel cuché oriental: la esposa de Mohamed VI de Marruecos, la siria Asma al Assad y la reina de Jordania, entre otras. Rania, falda lápiz, stilettos y delgadez de astilla, reinaba cual top model entre un enjambre de fotógrafos y cámaras... hasta que llegó la jequesa Fatima. Fundido en negro. Plano fijo castigado de cara a la pared. La jequesa, menuda, cetrina, vestida de negro de la cabeza a los pies y luciendo un bocado de cuero repujado sobre la mandíbula -un signo de sumisión en algunas tribus del desierto-, logró eclipsar a la reina de corazones.

¿Es la religión enemiga de la civilización?

Por Gianni Vattimo, filósofo y político italiano. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 01/03/09):

Todos recordamos seguramente la famosa frase de Nietzsche sobre la muerte de Dios. Y también su cláusula: Dios seguirá proyectando su sombra en nuestro mundo durante mucho tiempo. ¿Qué pasaría si aplicáramos la frase de Nietzsche también, y sobre todo, a las religiones? En muchos sentidos, es verdad que, en gran parte del mundo contemporáneo, la religión como tal está muerta, pero todavía proyecta sus sombras en numerosos aspectos de nuestra vida privada y colectiva. Por cierto, dejemos claro que el Dios cuya muerte anunció Nietzsche no es necesariamente el Dios en el que muchos de nosotros seguimos creyendo; yo me considero cristiano, pero estoy seguro de que el Dios que estaba muerto en Nietzsche no era el Dios de Jesús. Incluso creo que, precisamente gracias a Jesús, soy ateo. El Dios que murió, como dice el propio Nietzsche en algún lugar de su obra cuando le llama “el Dios moral”, es el primer principio de la metafísica clásica, la entidad suprema que se supone que es la causa del universo material y que requiere esa disciplina especial llamada teodicea, una serie de argumentos que tratan de justificar la existencia de ese Dios o esa Diosa frente a los males que vemos constantemente en el mundo.

La tesis que quiero presentar aquí es que las religiones están muertas, y merecen estar muertas, tal como Nietzsche habla de la muerte de Dios. No sólo están muertas las religiones morales, en el sentido más obvio de la palabra: desde dentro de la sociedad cristiana y católica de Europa, es fácil ver que son muy pocos los que observan los mandamientos de la moral cristiana oficial. Lo que está muerto, en un sentido más profundo, son las religiones “morales” como garantía del orden racional del mundo.

La institucionalización de las creencias, que dio origen a las Iglesias, incluyó (no sé si sólo en la práctica o como factor necesario) una reivindicación del poder histórico, en el sentido de que era casi natural y necesario que una religión moral se convirtiera en una institución temporal poderosa. Es lo que parece haber ocurrido con el catolicismo, pero se pueden ver muchos otros fenómenos similares en la historia de otras religiones. Incluso el budismo engendró un Estado, el Tíbet de los lamas, que ahora lucha por sobrevivir frente a China. En todas partes -por ejemplo, en el hinduismo-, el mismo hecho de que exista una diferencia entre clérigos y legos hace que la religión se convierta en una institución, cuyo objetivo principal es siempre su propia supervivencia. Mencionaré de nuevo el ejemplo de la Iglesia católica: si no hubiera sobrevivido a lo largo de los tiempos, yo no habría podido recibir el Evangelio, la buena nueva de la salvación. Una vez más: como en el caso de la muerte de Dios de Nietzsche, la muerte de las religiones institucionalizadas no significa que no tengan legitimidad. Sencillamente, llega un momento en el que ya no son necesarias. Y ese momento es nuestra época, porque, como puede verse en muchos aspectos de la vida actual, las religiones ya no contribuyen a una existencia humana pacífica ni representan ya un medio de salvación. La religión resulta un poderoso factor de conflicto en momentos de intercambio intenso entre mundos culturales diferentes. Por lo menos, eso es lo que ocurre hoy: en Italia, por ejemplo, existe un problema con la construcción de mezquitas, porque la población musulmana ha aumentado de forma espectacular. La hegemonía tradicional de la Iglesia católica está en peligro, pero los católicos no se sienten amenazados en absoluto por esa situación; sólo los obispos y el Papa.

La Iglesia afirma que defiende su poder (y los aspectos económicos de él) para preservar su capacidad de predicar el Evangelio. Sí; pero, como en tantas instituciones, la razón suprema de su existencia se queda muchas veces olvidada a cambio de la mera continuidad del statu quo. Lo que quiero decir es que, en el mundo actual, sobre todo en el Occidente industrial, la religión como institución se ha convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la “salvación”, sea eso lo que sea. Quiero subrayar que hablo de la muerte de las religiones en el mismo sentido en el que acepto el anuncio de Nietzsche sobre la muerte de Dios. La religión que está muerta es la religión-institución, que contribuyó enormemente al desarrollo de la civilización pero, al final, se convirtió en un obstáculo.

Hablar de la muerte de las religiones en un sentido relacionado con el anuncio de la muerte de Dios de Nietzsche no significa, desde luego, que la religión nunca haya tenido sentido para la humanidad. Ni siquiera se puede decir que la frase de Nietzsche significa que Dios no existe. Ésa sería de nuevo una afirmación metafísica, que Nietzsche no quería pronunciar, por su rechazo general a cualquier metafísica “descriptiva”. La lucha contra la supervivencia de las religiones de la que hablo tiene poco que ver con la negación racionalista de todo significado a los sentimientos religiosos. Incluso se toma muy en serio ese resurgimiento de la necesidad de una relación con la trascendencia que caracteriza numerosos aspectos de la cultura actual. Citaré de nuevo a Nietzsche, que dice que Dios está muerto y ahora queremos que existan muchos Dioses.

Mientras las religiones sigan queriendo ser instituciones temporales poderosas, son un obstáculo para la paz y para el desarrollo de una actitud genuinamente religiosa: pensemos en cuánta gente está abandonando la Iglesia católica por el escándalo que representan las pretensiones del Papa y los obispos de inmiscuirse en las leyes civiles en Italia. Los ámbitos de la ética familiar y la bioética son los más polémicos. En Estados Unidos, el anuncio reciente del presidente Obama sobre su intención de eliminar las restricciones a la libertad de las mujeres para abortar ha suscitado una amplia oposición por parte de los obispos católicos. La oposición contra cualquier forma de libertad de elección en todo lo relacionado con la familia, la sexualidad y la bioética es continua e intensa, sobre todo, en países como Italia y España. Tengamos en cuenta que la Iglesia se opone a leyes que no obligan, sino que sólo permiten la decisión personal en estos asuntos. Deberíamos preguntarnos de qué lado está la civilización.

Hace poco, el Papa repitió su idea constante de que la verdad no es negociable. ¿Ese “fundamentalismo” es sólo característico del catolicismo, o de todo el cristianismo? Quienes hablan de civilizaciones tienen la responsabilidad de tener en cuenta esta condición concreta. No hay más que ver los frecuentes diálogos interreligiones que se celebran en cualquier parte del mundo, en los que los interlocutores suelen ser “dirigentes” de las distintas confesiones. No dialogan para cambiar nada; no es más que una forma de volver a confirmar su autoridad en sus respectivos grupos. ¿Acaso sale de estos frecuentes encuentros algo útil para la paz y la mutua comprensión de los pueblos? Mientras no se elimine el aspecto autoritario y de poder de las religiones, será imposible avanzar hacia el mutuo entendimiento entre las diversas culturas del mundo.

Esta conclusión puede parecer una gran paradoja, dado que, en general, se ha considerado que la religión era un medio de educar a la humanidad hacia la caridad, la piedad y la comprensión. En muchos sentidos, la compasión parece ser la base fundamental de toda experiencia religiosa. Y es cierto, ya sea desde el punto de vista del cristianismo, el budismo, el hinduismo, el islam o el judaísmo. Hasta aquí, nada que objetar. Pero precisamente por eso es por lo que debemos reconocer que ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones. Y que afirmen tajantemente que la era de la religión-institución se ha terminado y su supervivencia sólo se debe a los esfuerzos de las jerarquías religiosas para conservar su poder y sus privilegios. El hecho de que esta tesis parezca inspirarse, en gran parte, en la experiencia cristiana (y católica) europea, no limita su validez para otras culturas. Seguramente, el veneno del universalismo se extendió por el mundo gracias a los conquistadores europeos, que son responsables de la estricta asociación entre conversión (al cristianismo; recuérdese el compelle intrare de San Agustín) e imperialismo. Ahora es el mundo latino el que debe romper esa asociación y separar la salvación de cualquier pretensión de creencia y disciplina universal como condición para alcanzarla. No es una tarea fácil.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Redención y palabra

Por Víctor Gómez Pin, catedrático de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona (EL PAÍS, 01/03/09):

Es seguro que, al menos en los Estados Unidos, el año Darwin será ocasión de que se acentúe la crudeza de la polémica entre los defensores de las tesis evolucionistas y los defensores de posiciones creacionistas, ya sea en su formulación convencional, ya sea en modalidades aparentemente más sofisticadas, como las que apelan a una idea directriz que se hallaría en el origen de la naturaleza y de la vida y que determinaría su evolución.

Como casi todas las polémicas en las que los defensores de un criterio de objetividad al que medir las teorías se enfrentan a los que sostienen posiciones a priori, la posibilidad de compromiso es muy pequeña, y desde luego nula cuando la polémica se intenta llevar a ese tribunal de la razón que ha de constituir la universidad. En el seno de ésta es imposible -o al menos inaceptable- que alguien niegue el hecho de que todos los seres vivos estamos sometidos a la selección natural y que compartimos rasgos que remiten a un universal común ancestro.

Para un racionalista lo interesante ante los defensores del creacionismo no es quizás tanto posicionarse sobre el contenido de lo que sostienen como preguntarse por qué lo sostienen. Pues en muchos casos, aferrarse a la teoría de un Dios, más o menos disfrazado de “designio inteligente”, es una manera de manifestar la profunda desazón que puede llegar a producir una presentación de la teoría evolucionista que reduce al hombre, es decir, que niega su singularidad radical en el seno de las especies.

Por prudente que fuera Darwin a la hora de extraer consecuencias filosóficas de sus observaciones científicas, de su teoría suele inferirse que la diferencia entre el hombre y las especies que constituyen nuestros parientes es sólo cuantitativa o de grado. La negación de esta singularidad adopta a veces la forma de negación de la diferencia radical entre el lenguaje humano y los códigos de señales animales. Se acepta que la aparición de la vida supuso un enorme salto cualitativo en la historia del universo, pero no se está dispuesto a aceptar que la aparición del lenguaje (es decir aquello en lo que reside la esencia o naturaleza del hombre) supone un salto cualitativo no menos importante.

La homologación del destino de este fruto de la historia evolutiva que es el hombre al destino de los demás animales, puede provocar como reacción el refugio en la irracionalidad o, caso de interiorizar la tesis, una postración nihilista. Pues para el único ser que se sabe fruto contingente de la historia evolutiva, para el único ser que conoce su condición animal, la finitud inherente a esta condición corre el riesgo de ser sentida como una desgracia.

A esta vivencia nihilista y a sus eventuales consecuencias morales alude un héroe de Dostoievski al sostener que en ausencia de Dios todo estaría permitido. Pero felizmente hay alternativa: es ciertamente difícil no buscar refugio en Dios, o no caer en el nihilismo si se niega que la aparición del ser humano supuso un salto cualitativo en la evolución, pero todo cambia si se confía en la radical singularidad de nuestra naturaleza, si se apuesta a la vida del lenguaje y a sus leyes, si, en suma, se sigue el ejemplo del escritor Dostoievski y no el de su héroe.

Pues el trabajo de todos los grandes del verbo (pienso al respeto en admirables páginas de Marcel Proust) sólo se explica en base a la convicción de que el lenguaje no puede reducirse a instrumento al servicio de la subsistencia, y ni siquiera a vehículo de exploración cognoscitiva de la naturaleza. Siendo esta segunda capacidad el primer don con el que la naturaleza nos singularizó, narradores y poetas apuestan a riqueza aún mayor. Apuestan a que el lenguaje, fruto azaroso de la evolución, alcance sin embargo la potencia de ese Verbo al que hacen referencia desde Aristóteles a Chomsky, pasando por los Evangelistas y Descartes; potencia que no nos arranca al mundo pero sí nos hace sentir que lo irreversible del devenir del mundo no es lo único que determina a los seres humanos.

No es en absoluto necesario comulgar con dogma irracional alguno para hacer propia la frase según la cual “en el principio está el Verbo”. Basta simplemente por entender por principio aquello que da sentido y que permite la única aprehensión del mundo que nos sea dada a los humanos. Se trata simplemente de asumir que si la palabra es lo que da significación, sin la palabra todo es insignificante.

Narradores y poetas apuestan a que el lenguaje pueda librarnos parcialmente del gravamen que en la inmediatez natural coarta nuestra libertad, a que pueda rescatarnos del vejamen que para el ser de palabra supone la finitud y, en suma, apuestan a que el lenguaje encierre una potencialidad literalmente redentora.

Sugería Marcel Proust que esta potencia se actualiza en cada uno de nosotros cada vez que asumimos plenamente nuestra singular naturaleza; cada vez que, comportándonos como seres de palabra, en lugar de usarla, hacemos de su enriquecimiento un fin en sí.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Guías de lectura

Por Josep Fontana, catedrático de Historia y director del Instituto Universitario de Historia Jaume Vicens i Vives de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona (EL PAÍS, 01/03/09):

Agradezco mucho a Manuel Rivas que me haya descubierto una guía de libros prohibidos, la del Opus, que desconocía. Debo admitir que, tras haber fracasado en el intento de leer Camino, no suelo frecuentar la literatura de la secta. Pero esto de un índice de lecturas condenadas es algo muy distinto y lo buscaré con interés, porque estoy seguro de que voy a descubrir en él muchos libros que merece la pena leer.

Me gustan los libros prohibidos, que son los que expresan las ideas del futuro que no acepta todavía el orden establecido, pero que ayudarán a construir el mundo de mañana. Como sucedió, por ejemplo, con l’Encyclopédie de Diderot, que, pese a las condenas y prohibiciones de que fue objeto, consiguió extender su influencia por toda Europa y ayudó a cambiar el mundo. Por lo menos en lo que se refiere a la parte más o menos racional de la especie humana, en la que no figuran, evidentemente, los redactores de índices de libros prohibidos.

Confieso que he aprendido mucho del Index librorum prohibitorum del Vaticano en su edición de 1948, que se mantuvo en vigor hasta 1966. Allí se prohíbe la lectura, bajo pena de excomunión, de Erasmo, Montaigne, Diderot, Hume, Balzac, Sartre, Spinoza, Tom Paine y de la mayor parte de los libros que importa haber leído. Se puede recomendar, por ello, a los jóvenes para que lo utilicen como un manual de las lecturas necesarias.

De un estilo semejante eran las listas de libros destinados a la quema por el nazismo o las que estableció Roy Cohn, el equívoco abogado colaborador de McCarthy -judío y antisemita a la vez- que inspeccionó las bibliotecas públicas de las Casas de América en Europa y dijo haber descubierto en ellas 30.000 libros procomunistas que había que retirar, incluyendo obras de Hemingway, Arthur Miller o Mark Twain (en especial aquel nefando cuento rojo que es El hombre que corrompió a una ciudad), con la desafortunada consecuencia de que algunas de las obras que hizo depurar, como La montaña mágica, La teoría de la relatividad o las de Freud eran las mismas que los nazis habían quemado unos años antes.

Pocos libros me han enseñado tanto acerca de la literatura universal como las Lecturas buenas y malas del padre Garmendi de Otaola, S.I. Allí se aprende que La Regenta “rebosa porquerías, vulgaridades y cinismo”, o que Tolstói “es un incrédulo, racionalista, anarquista, nihilista, que declara guerra al cristianismo, porque éste enseña el amor a la patria”, lo cual, como se ve, es un certero análisis de Guerra y paz.

Otro tanto diría de las listas de libros prohibidos de la España franquista, donde el entusiasmo por quemar y destruir libros llegó al extremo: en los primeros días del “alzamiento” el Abc de Sevilla publicaba una noticia que decía: “Los falangistas, al día siguiente de iniciarse el Alzamiento, recogieron en kioskos y librerías centenares de ejemplares, que fueron quemados como merecían”. La incoherencia y la estupidez, propias de los censores de todos los tiempos y creencias, resultarían evidentes cuando se hicieran las listas oficiales, destinadas a depurar las bibliotecas públicas, con indicaciones tan extraordinarias como una que determinaba la obligación de eliminar del todo “la mal llamada literatura rusa”, fuese roja o blanca.

En la primera revisión de bibliotecas que conozco, que es la de Valladolid en 1937, se prohíbe la mayor parte de Azorín, todo Baroja, Blasco Ibáñez, las poesías de Espronceda, Goethe, Kant, la Carmen de Merimée, la mayor parte de Gabriel Miró, Pardo Bazán, Pérez Galdós incluyendo algunos Episodios nacionales, La Celestina, las fábulas de Lafontaine, El Libro de Buen Amor, Valera, Valle-Inclán, etcétera. En las primeras listas de libros prohibidos en Barcelona, que le pasaron a mi padre en 1939 para que expurgase su librería -que, entretanto, hubo de permanecer cerrada durante meses-, figuraban Gandhi, Gogol, Maeterlinck, los hermanos Heinrich y Thomas Mann, Pascal (!), Rabelais, William Blake, Darwin (¡faltaría!) y, sorprendentemente, las novelas de Emilio Salgari, que eran toleradas en Valladolid pero estaban prohibidas en Barcelona.

Me gustan también otro tipo de guías que os informan de libros que no han sido prohibidos por la autoridad, sino relegados al olvido por el consentimiento general de la sociedad biempensante. Hay uno, realmente fascinante, que nos lleva por el mundo de lo que Raymond Queneau llamaba los “locos literarios”. El diccionario de “locos literarios” de André Blavier, publicado en una colección que tiene un nombre tan prometedor como Le rappel au désordre, es un libro extraordinario. Los autores aparecen clasificados en él por actividades y materias. Hay los profetas, visionarios y mesías; los que se dedican a la cuadratura del círculo; los perseguidos y los perseguidores; los inventores, filántropos, sociólogos, etcétera. Toda clase de personajes singulares que exponen ideas fascinantes. Los profetas, por ejemplo, son impagables. Hay uno que asegura que Dios no es un puro espíritu, sino que vive arriba en los cielos, dotado de un cuerpo material, y que bebe, come y duerme igual que hacen los hombres. Y debía saber de qué hablaba, porque nos dice que él tenía contacto frecuente con el propio Dios. Hay otro que nos dice que “el reino de Dios es el reino de las cárceles” y que “antes del fin del mundo más de la mitad de la humanidad estará encerrada en cárceles”. Una profecía que, si tenemos en cuenta que incluye en la categoría de cárceles los conventos, las escuelas, los seminarios, los cuarteles o las sectas, tal vez no sea tan loca como parece a primera vista.

En todo caso, una de las virtudes que tiene la lectura de este panorama de los locos literarios es la de convencernos de que las fronteras entre la normalidad y la locura son muy difusas y que tal vez sea razonable el consejo que se nos da en un grabado del siglo XVIII que figura al fin del libro: “El mundo está lleno de locos, y quien no quiera ver ninguno, que se quede en casa y rompa el espejo”.

Tengo otras guías de este estilo, como The Chatto Book of Dissent, de Rosen y Widgery; Don’t do it. A Dictionary of the Forbidden, de Philio Thody, junto a otras de carácter más informativo, como la Enciclopedia de la utopía, de los viajes extraordinarios y de la ciencia-ficción de Pierre Versins o el entrañable Dictionnaire rationaliste, entre cuyos autores figuran personajes como Langevin, Lévy-Bruhl o Jacques Proust.

Pero ninguno de ellos tiene la utilidad y el encanto de los índices de libros prohibidos, donde la estupidez de los censores resulta una guía segura para el hallazgo de la excelencia, que parecen oler igual que los cerdos descubren las trufas bajo tierra. ¡Benditos sean los censores que nos han descubierto tantos libros que merecía la pena leer! Y, de paso, gracias por haberme condenado. Son ya muchos los amigos que me han felicitado por esta distinción.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

De Dr. House a Dr. Home

Por Lourdes Villardón Gallego, profesora titular de Psicopedagogía de la Universidad de Deusto (EL CORREO DIGITAL, 01/03/09):

Después de ver algunos capítulos de la serie ‘House’ no puedo negar que siento cariño por el protagonista, el Dr. House, un médico experimentado, con mucho conocimiento, arriesgado en sus métodos de diagnóstico y tratamiento, difícil compañero, déspota con sus pacientes y con los acompañantes, mordaz, agudo, inteligente… Me ha abierto su corazón, que trataba de proteger en una caja fuerte. Sin duda, la realización de la serie, las miradas robadas por la cámara y la banda sonora que acompaña a las imágenes son elementos que ayudan a aflorar estos sentimientos.

Sin embargo, mi cualidad de profesora universitaria vinculada al ámbito de la orientación no me permite simplemente gozar de la serie; la razón y la duda me amenazan en forma de posible transferencia a la vida real, o de aplicación a la docencia o de aprendizajes diferidos. A través de esta reflexión, quiero compartir mi inquietud, aunque con ello, o por ello, impida que los lectores simplemente disfruten de una hora televisiva excepcionalmente de calidad.

La reforma de la enseñanza universitaria pretende, entre otros aspectos, acercar la universidad a la sociedad ‘trayendo’ la sociedad a la universidad. Los graduados universitarios no deben ser eruditos en las materias que estudian, sino profesionales competentes y comprometidos. El primer paso hacia esta meta formativa es definir adecuadamente la profesión para comprender qué funciones tiene que desempeñar y qué competencias son necesarias para realizarlas de forma adecuada.

Hay profesiones, como la medicina, cuyo perfil profesional ha estado siempre bastante definido y asumido. Siempre hemos considerado, y seguimos haciéndolo, que los médicos tienen que diagnosticar y curar, para lo que es necesario que vayan actualizándose a medida que la ciencia avanza gracias a algunos profesionales dedicados a la investigación. Sin embargo, los tiempos cambian incluso para las profesiones más tradicionales y, por tanto, es necesaria la reflexión y la revisión de las competencias que se necesitan para ser un buen médico o una buena médica.

Llegados a este punto es donde el análisis del desempeño profesional de House me parece un ejercicio enriquecedor para los responsables de diseñar la formación de los futuros médicos. El hecho de que tanto el facultativo como los pacientes sean personajes de ficción no debe hacernos desestimar el ejercicio, aunque obviamente nos obliga a no hacer una transferencia directa, sino más bien diferida.

Desde mi posición de paciente (pasada y potencial) puedo ofrecer un somero análisis de mi visión sobre el tema, más como ejemplo a desarrollar que como ejercicio resuelto.

¿Se puede considerar House un médico competente? Aunque me gustaría, no me siento competente para responder con un ’sí’ o con un ‘no’. La respuesta para mí es tan decepcionante como ‘depende’. Depende del aspecto del desempeño profesional del que hablemos. Depende de qué entendamos por competencia.

Yo no tengo dudas de que, caso de padecer una enfermedad de las consideradas muy raras, querría que mi médico fuera House, porque es excepcionalmente eficaz para el diagnóstico y el tratamiento. Domina los síntomas que acompañan a cada enfermedad y conoce y aplica diferentes procedimientos para el diagnóstico diferencial. Los remedios que prescribe, una vez conocida la dolencia, también parecen ser eficaces. Pero, como deben conocer los profesionales de la medicina, las funciones del médico van más allá del diagnóstico y el tratamiento. Hemos compartido con el Dr. House sus dificultades para relacionarse con sus pacientes y con su equipo, sus dificultades para ponerse en el lugar del otro, para resolver conflictos, para reconocer sus propias limitaciones.

El médico tiene que relacionarse con el paciente y sus familiares. Esta relación incluye, entre otros aspectos: recabar información del entorno para realizar un buen diagnóstico y ajustar el tratamiento; transmitir información, positiva o negativa, con respecto al diagnóstico y al pronóstico; orientar sobre las diferentes opciones que se le presentan al paciente entre las que puede elegir; apoyar durante el proceso de la enfermedad; explicar a pacientes y familiares para que entiendan lo que ocurre y lo que se espera que ocurra.

Sin duda muchos médicos son competentes en su relación con el paciente porque cuentan con esta habilidad innata o porque lo han aprendido durante el desempeño profesional, pero pocos porque haya habido una formación intencional para el desarrollo de esta competencia en los estudios de esta licenciatura.

El problema está en aquellos profesionales ‘incompetentes’ en esta función. La sanidad, tanto pública como privada, está salpicada de pacientes que han preguntado y no han recibido respuesta o la han recibido pero no la han entendido, enfermos sin esperanza que no han esperado ni una sonrisa de apoyo por parte de la persona que en ese momento es su principal referente, ya que han puesto el destino en sus manos; decisiones que no se toman por desconocer las opciones, visitas médicas donde no se dirige ni la vista ni la palabra al paciente. Está salpicada de médicos que diagnostican, tratan y curan enfermedades, no enfermos.

Sin embargo, el paciente cada vez tiene más acceso a la información y hace cada vez preguntas más precisas a las que los médicos no están acostumbrados porque la medicina siempre ha sido inaccesible a los profanos. El enfermo es, cada vez, más consciente de sus derechos y es más capaz de reclamarlos. El enfermo, cada vez ‘endiosa’ menos al médico y lo valora de forma más ajustada, como un profesional con una función determinada en la sociedad. En definitiva, el paciente es cada vez más impaciente y más cliente.

Hay que aprovechar este momento en que la universidad está revisando los planes de estudio tomando como referente las funciones profesionales para diseñar acciones formativas que permitan desarrollar estas competencias interpersonales en los futuros médicos. Nosotros y nuestros descendientes lo agradeceremos.
No se trata de sustituir la formación actual sino de completarla para mejorarla. Se trata de formar doctores Home a partir de doctores House.

Y ahora, transmitidas mis reflexiones, déjenme disfrutar de la serie y de su protagonista.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

La combustión de Europa

Por Daniel Reboredo (EL CORREO DIGITAL, 01/03/09):

Los nuevos Estados miembros de la UE de Europa Central y del Este han influido con rapidez en la política exterior europea, apoyando activamente la promoción de la democracia. Casi todos ellos comparten una vivencia histórica sobre la cual basan su percepción y promoción de la misma. La experiencia soviética les permitió comparar la vida bajo los sistemas autoritarios y democráticos y de ahí que la represión padecida les haga promocionar la democracia para evitar la repetición de la historia, creando un escudo protector frente a Rusia, y para anclar y fortalecer su identidad europea. Pues bien, a la zona de influencia de los ‘Cuatro Vysegrad’ (Eslovaquia, Hungría, República Checa y Polonia), del grupo de los Estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), del que configuran Bulgaria y Rumania y, finalmente, del que representa individualmente Eslovenia, ha llegado también la crisis financiera y económica mundial que nos ha sumido en la oscuridad una vez más. Europa sufre la crisis y no sólo la periferia de la Unión se rebela contra ella. En las últimas semanas se han encadenado sucesivas protestas ciudadanas desde Islandia hasta Rusia, pasando por Bulgaria, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, los Países Bálticos y la República Checa. Múltiples motivos entremezclados las han generado, pero las consecuencias del aumento del desempleo y de la disminución del nivel de vida están presentes en todas ellas. La fragilidad de los últimos Estados miembros dará lugar a reacciones más virulentas y tempranas, como ya estamos viendo, respecto a las de los Estados más veteranos.

Islandia puso en movimiento la rueda de las protestas que han culminado, por ahora, con los recientes acontecimientos en los países de la antigua órbita soviética. En octubre del pasado año, los tres principales bancos islandeses se declararon en bancarrota y fueron nacionalizados, la Bolsa suspendió su actividad al hundirse sus valores más del 70%, la corona islandesa perdió más de la mitad de su valor y su deuda pública ha llegado a ser nueve veces su PIB. La economía ha sufrido un infarto de tales dimensiones que Islandia se ha convertido en el primer país occidental que ha recibido un préstamo del FMI desde 1976. Protestas ciudadanas, caída del gobierno, empobrecimiento general y deseos de integrarse en la UE son las consecuencias más evidentes del deterioro económico.

Poco después, en diciembre, Grecia vivió su peor crisis desde hace décadas. La muerte del estudiante Alexis Grigoropulos desencadenó una oleada de manifestaciones en numerosas ciudades griegas que coincidieron con una huelga general. Pero las protestas se originaron por la confluencia de varios factores más (desempleo, problemas fiscales, escaso desarrollo tecnológico), vinculados a la crisis económica, que incidieron en la lamentable situación de la Grecia comunitaria. La economía griega, lastrada por una deuda superior al 90% de su PIB, es una de las más inestables de la UE y la imagen negativa de un país cuyos bancos realizaron grandes inversiones en los Balcanes, se endeudaron peligrosamente y fueron, finalmente, rescatados por su Gobierno con fondos destinados a los programas de asistencia social es una triste realidad. Si a ello sumamos una profunda crisis política generada por la falta de transparencia de partidos y dirigentes políticos, podemos entender la falta de confianza en las instituciones estatales griegas.

Islandia y Grecia no han sido casos aislados y las reivindicaciones han aflorado en otros países del continente tan lejanos de los anteriores como Ucrania, Rusia, los Países Bálticos y recientemente Bulgaria. La economía ucraniana, orientada hacia la exportación, combinada con su inestable sistema político, ha convertido al país en uno de los mercados de la Europa oriental más afectados por la crisis. El colapso económico total se ha evitado gracias a un préstamo del FMI de 16.500 millones de dólares (octubre 2008), aunque Ucrania se sigue hundiendo gracias a una clase política constantemente enfrentada. Rusia, por su parte, era uno de los mercados con mayor previsión de crecimiento en Europa. Pero la crisis ha llegado también allí. La facilidad para la concesión de créditos y el ahorro general de las familias ha bajado de manera importante en las últimas semanas y la situación empeora progresivamente.

De los países Bálticos, Letonia es el Estado más parecido a Islandia, ya que las altas cifras de crecimiento de los últimos años se nutrieron de grandes inversiones procedentes del resto de Europa, de un gran endeudamiento externo, de un enorme consumo, de un raquítico nivel de ahorro, de una inflación galopante y de una burbuja especulativa inmobiliaria demencial. Durante semanas, su capital se ha visto sacudida por protestas y disturbios permanentes y, al igual que en Islandia, los letones exigen a sus dirigentes que asuman su responsabilidad en la catástrofe, a la par que se rebelan contra las medidas gubernamentales de austeridad que implican despidos masivos, recorte de servicios sociales, disminución de los salarios en el sector público, subida de impuestos y marginalidad de miles de ciudadanos, mientras se aprueba un préstamo de 5.500 millones de euros para hacer frente a las quiebras bancarias. En la capital lituana, Vilnius, se produjeron protestas, a finales de enero, por los recortes salariales del sector público, el aumento del desempleo, la galopante inflación, la reducción de las pensiones de la seguridad social, el aumento del IVA y la eliminación de las exenciones fiscales para medicinas y calefacción doméstica. Los lituanos rechazaban un programa de austeridad de su gobierno que recortaba las prestaciones y subía los impuestos. El último Estado báltico, Estonia, resiste mejor la crisis porque acumuló grandes reservas monetarias durante los años de crecimiento. A pesar de ello, las previsiones señalan que no tardará en entrar en la misma dinámica negativa.

En Centroeuropa la situación es muy parecida y Bulgaria es el paradigma inicial del proceso que se extiende como la lava de un volcán por todo el continente. En Sofía se unieron diferentes grupos sociales para protestar contra un gobierno que consideran putrefacto y mafioso, para exigir el fin de la corrupción y de la inestabilidad política y, finalmente, para que se trabaje por mejorar la economía. Las tensiones y la exasperación llegaron a límites críticos debido a la crisis del gas, en la que los búlgaros padecieron restricciones de calefacción y electricidad por la disputa entre Rusia y Ucrania. Hungría, cuya producción industrial es la más baja de los últimos tres lustros y en la que su gobierno ha anunciado reducción de gastos sociales, y la débil Rumania, están a un paso de levantamientos similares. La República Checa, también gravemente afectada por la crisis, tiene el dudoso honor de encabezar otra de las manifestaciones de la misma, la xenofobia y los ataques contra las minorías étnicas. Manifestación que igualmente se ha generado en la civilizada y occidental Gran Bretaña recientemente y en la que se produjeron numerosas protestas contra la contratación de trabajadores de otros países de la Unión.

La crisis recorre Europa, pero su incidencia en las antiguas repúblicas de la URSS y en la Europa del Este será mucho mayor al tener economías más frágiles, estructuras políticas muy quebradizas, partidos políticos gaseosos e instituciones débiles. La ‘terapia de choque económico’, elaborada por Jeffrey Sachs y aplicada después de la ‘caída del comunismo’, se caracterizó por el desmantelamiento del sector público, por la reducción de salarios, por el desempleo masivo, por las desregulaciones de precios y los créditos fáciles, por los recortes en los gastos educativos y sanitarios, por las inversiones dudosas y los sórdidos negocios inmobiliarios y, finalmente, por los recortes de las prestaciones sociales, todo ello aplicado ya cien años antes en los países del Tercer Mundo. Pero la omnipresente crisis financiera no sólo amenaza el nivel de vida de estos países, sino que pone en peligro su embrionario sistema democrático, amenazado por la desestabilización política, los conflictos sociales y el aumento de la xenofobia y las tensiones raciales, consecuencias malignas de la devastadora pobreza y de la precariedad que ya comienzan a manifestarse. Ni estamos en la fase final del capitalismo, ni lo que ahora se está haciendo por gobiernos y entidades económicas diversas tiene nada que ver con un control democrático del capital financiero. La única realidad de esta coyuntura es la de la pobreza y la precariedad que ya están entre nosotros y que amagan con acompañarnos largo tiempo.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona