lunes, julio 16, 2007

Darfur, una herida abierta

Por Josep Borrell, presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo (EL PERIÓDICO, 15/07/07):

Darfur es una gran herida abierta en el corazón de África. En esa meseta desértica, tan grande como España, en la que convivían seis millones de habitantes de distintas tribus árabo-africanas, se está produciendo una de las mayores tragedias de nuestro tiempo. La guerra, iniciada a principios del 2003, ha afectado a 4,5 millones de personas, ha producido 3 millones de refugiados y entre 250.000 y 400.000 víctimas, sin que nadie pueda saber precisamente cuántas son.

Las Naciones Unidas están desplegando en Darfur la mayor operación de ayuda humanitaria de su historia. En los campos de refugiados situados a ambos lados de la frontera entre Sudán y el Chad, todos los días, con la colaboración de unos 12.000 trabajadores de las oenegés, se distribuyen alimentos para mantener vivas, en condiciones muy precarias, a casi 3 millones de personas.

EL GRAN depósito de alimentos del campo de refugiados de El Geneina distribuye 10.000 toneladas mensuales de alimentos básicos: lentejas, aceite, maíz y sorgo. Los Transalls del Ejército francés completan, a través del aeropuerto de Adeche, las reservas necesarias para la época de lluvias que ahora empieza. Pero si las condiciones de seguridad no mejoran será imposible distribuirlas en zonas en las que el acceso es ya muy difícil. En efecto, pese a los acuerdos de paz firmados en Abuja hace un año, las condiciones de seguridad han empeorado, las milicias árabes jenjawis no han sido desarmadas, los ataques a los civiles continúan, con 170.000 desplazados más en el 2007, y la capacidad de las organizaciones humanitarias para ayudar a la población afectada se sitúa en el nivel más bajo de los últimos tres años.

El centro de coordinación de la ONU en Al-Fashir estima que no pueden alcanzar a ayudar a una de cada cuatro personas afectadas por una guerra que es ya de todos contra todos, sin frentes ni líneas claras de división entre combatientes. Los grupos rebeldes que no firmaron los acuerdos de paz se han dividido en grupúsculos enfrentados, las milicias árabes siguen activas y menos controladas que nunca por el Gobierno sudanés, y el bandidismo puro y simple se instala en un país desértico descompuesto por la violencia y la pobreza, y se extiende a los países vecinos.

En el campo de refugiados de Koloma, en el Chad, se han reagrupado 140.000 chadianos desplazados por los ataques a sus aldeas. Los jefes de las tribus atacadas no saben identificar a sus agresores, genéricamente milicianos árabes procedentes de Sudán, pese a los acuerdos de paz entre los dos países, rebeldes chadianos o simples bandidos sin ninguna referencia política. No volverán a sus tierras sin protección, y cuando se les pregunta sobre la capacidad de la policía o del Ejército para dársela, su risa suena macabra en el desierto.

Las fuerzas de la misión de la Unión Africana en Sudán (Amis), unos 7.000 hombres, poco pueden hacer para proteger a la población civil. El coronel nigeriano al mando de un destacamento expresa su frustración diciéndonos que más que un soldado es un predicador, porque a las bandas armadas solo puede amenazarlas con informar de su actitud. En efecto, muy pocos para un país tan grande, sin equipamiento suficiente, con un mandato que no les permite utilizar las armas para hacer respetar el alto el fuego y sufriendo numerosas bajas, bastante tienen con protegerse a sí mismos y no gozan de demasiada confianza de la población civil.

LA UNIÓN Europea financia la práctica totalidad del despliegue de Amis, unos 400 millones de euros, casi tanto como la ayuda humanitaria propiamente dicha. Pero, para colmo, los soldados y oficiales de Amis se quejaron de que hacía meses que no recibían su sueldo, pese a que el presupuesto comunitario ha pagado religiosamente sus compromisos…

El gran riesgo es que la inseguridad aumente hasta hacer imposible la labor de las organizaciones humanitarias. Hoy la situación en los campos está relativamente estabilizada, aunque su seguridad no está garantizada por nadie, pero el sistema es frágil y vulnerable. Si se rompiese la cadena de ayuda se produciría una tragedia de enormes consecuencias, porque esa gente no tienen otro recurso ni perspectiva que la alimentación básica que recibe de la FAO (el programa alimentario mundial) y la relativa protección de los campos.

UNA MAYOR seguridad solo puede provenir de una fuerza exterior, más numerosa, dotada de más medios y con un mandato claro que le permita intervenir para proteger a la población civil. Hasta ahora, el Gobierno de Sudán se había opuesto al despliegue de una fuerza de la ONU de estas características, argumentando que la amplificación mediática del drama de Darfur no era sino una excusa de los occidentales para intervenir militarmente al viejo estilo colonial. Pero la novedad es que ahora no solo no se opone, sino que la pide, quizá porque la situación es tan compleja que ya no puede controlarla, o porque cree que a la hora de la verdad no seremos capaces de desplegarla efectivamente.

Y quizá tenga razón y, después de tanto exigirla y tanto reprochar a China que impidiese acuerdos en el Consejo de Seguridad, el mundo demuestre su impotencia para resolver el drama de Darfur y dar contenido a esa “obligación de proteger” que tantas veces hemos proclamado. La pelota está ahora en nuestro tejado. En los próximos meses veremos qué hacemos con Darfur, pero nadie podrá decir,como en Ruanda, que no sabíamos lo que podía ocurrir.

Las fronteras del liberalismo

Por Alan Wolfe, profesor de Ciencias Políticas en el Boston College. Copyright: Project Syndicate, IWM, 2007. Traducción: David Meléndez Tormen (LA VANGUARDIA, 15/07/07):

Cuando se trata de saber si hay que regular la economía y cómo debe hacerse, las sociedades occidentales encuentran siempre una historia de teoría liberal en la que basarse. Pero cuando se trata de inmigración, no hay mucha teoría a la que recurrir. Como resultado, tanto en Europa como en Estados Unidos gran parte del debate está dominado por voces no liberales, y la más insistente proviene de políticos que prometen proteger la integridad cultural de la patria contra la supuesta degeneración del extranjero.

La xenofobia es una respuesta no liberal por parte de la derecha hacia la inmigración, pero el multiculturalismo representa prácticamente lo mismo por parte de la izquierda. Muchos teóricos multiculturales, aunque comprometidos con la apertura hacia los inmigrantes, no lo están con la apertura de los inmigrantes hacia su nuevo hogar. Para ellos, los recién llegados, que viven en un clima hostil a su estilo de vida, necesitan conservar las prácticas culturales que traen consigo, incluso si algunas de ellas - por ejemplo, matrimonios arreglados, segregación por sexo, adoctrinamiento religioso- entran en conflicto con los principios liberales. La supervivencia del grupo cuenta más que los derechos individuales.

Una manera de salir de este esquema es reconocer que el cosmopolitismo es un camino de dos vías. Immanuel Kant nos enseña que las circunstancias en las que nos encontramos siempre se deben juzgar en relación con las circunstancias en las que, si no hubiera sido por la fuerza del azar, nos podríamos haber encontrado. Desde esta perspectiva, es injusto que alguien a quien le tocó nacer en EE. UU. probablemente viva más que alguien nacido en Kenia. Pero eso significa que un neoyorquino debe reconocer que las ventajas que pueda tener sobre un nacido en Nairobi se deben a la suerte más que a su mérito. Desde la perspectiva del cosmopolitismo kantiano, lo menos que puede hacer un estadounidense es abrirse a un cierto nivel de inmigración desde África.

Sin embargo, abrazar el cosmopolitismo también significa que, una vez que una sociedad admite nuevos miembros, éstos están obligados a abrirse a su nueva sociedad. Los multiculturalistas son reticentes a apoyar esta parte del trato cosmopolita, pero los liberales deben hacerlo. Uno puede entender por qué, viviendo en un país extranjero que perciben como hostil, los inmigrantes optan por cerrarse, y algunos países receptores - Francia, por ejemplo- pueden apresurarse demasiado en exigir a que acepten nuevos estilos de vida. Sin embargo, intentar vivir una vida cerrada en una sociedad abierta es una actitud condenada al fracaso y que no debería estimularse.

Un ejemplo aleccionador del trato del cosmopolitismo ocurrió en el 2006, cuando el ex ministro de Exteriores de Gran Bretaña, Jack Straw, planteó su inquietud acerca del niqab, el velo que oculta completamente la cabeza usado por algunas mujeres musulmanas. Straw defendió el derecho de las mujeres de usar prendas para la cabeza que sean menos invasivas; no obstante, también argumentó que algo anda verdaderamente mal cuando, al conversar con otra persona, uno no puede tener una interacción cara a cara.

Straw estaba diciendo que la persona que usa el niqab decide cerrarse a todos quienes la rodean. No estaba planteando un argumento xenófobo de que los musulmanes no pertenecen a Gran Bretaña, o un argumento multiculturalista de que a los musulmanes se les debería permitir usar las prenda que crean que expresa mejor sus sensibilidades culturales y religiosas. Tampoco estaba pidiendo la completa asimilación de los inmigrantes a las costumbres británicas. En lugar de ello, con un ejemplo escogido cuidadosamente, Straw ilustró lo que significa estar abiertos a los demás esperando que ellos también se abran.

Algunos argumentaron que Straw estaba interfiriendo en la libertad religiosa. De hecho, los valores liberales a veces se contradicen entre sí. Por ejemplo, históricamente el islam ha permitido ciertas formas de poligamia, pero ninguna sociedad liberal está obligada a extender la libertad religiosa de modo que socaven su compromiso con la igualdad de sexos. Afortunadamente, el ejemplo de Straw no plantea un dilema así de difícil.

Como lo hizo notar, el uso del niqab no es un mandato del Corán y representa una opción cultural, no un deber religioso. En tanto haya a disposición de las mujeres musulmanas otras maneras de cubrir sus cabezas, aceptar no usar el niqab es una manera de señalar la propia pertenencia a una sociedad liberal, con un mínimo coste en términos de los compromisos religiosos personales.

Para los liberales, la pregunta nunca es si las fronteras deben estar completamente abiertas o cerradas; una sociedad abierta a todos no tendría valores que valiera la pena proteger, mientras que una sociedad cerrada a todos no tendría valores que mereciera la pena imitar. Si se busca un principio abstracto para seguir con respecto a la inmigración, el liberalismo no puede proporcionarlo. Sin embargo, una sociedad liberal permitirá entrar a las personas y hará excepciones acerca de las condiciones bajo las que se les impedirá la entrada, en lugar de mantener a las personas afuera y hacer excepciones sobre cuándo se les permite entrar. Además, una sociedad liberal verá el mundo como un lugar lleno de potencial que, no importa lo amenazante que pueda ser para los estilos de vida que se dan por sentados, obliga a las personas a adaptarse a nuevos retos en lugar de internar protegerse de lo extranjero y desconocido.

Finalmente, una sociedad liberal no se centra en lo que puede ofrecer a los inmigrantes, sino en lo que ellos pueden ofrecernos. La apertura como objetivo - implícita en la inmigración- es algo que vale la pena preservar, en especial, si se ponen en la práctica tanto sus exigencias como sus aspectos más promisorios.

La misa en latín. Y algo sobre el latín y el griego

Por Francisco Rodríguez Adrados, de las Reales Academias Española y de la Historia (ABC, 16/07/07):

Ha sido como una brisa refrescante la noticia de que Benedicto XVI da permiso para que puedan decirse misas en latín, al modo tradicional. Creo yo, creen muchos, que la resolución del Concilio Vaticano II fue un error: un intento vano de, con concesiones, domesticar presiones que buscan sustituir la unidad por el fraccionalismo, la tradición por los nuevos mitos.
La misa y la religión eran, en nuestras sociedades, algo aparte. Unido a la vida de cada día en cada lugar, pero también a un pasado que venía de Palestina, de los griegos y de los latinos. Y llegaba hasta ayer mismo.

Benedicto XVI, al dar este paso, se ha revelado como un hombre no sólo sabio, también valeroso. Porque el latín expresa que el Cristianismo une a muchos pueblos del presente y a estos con el pasado.

No es que nuestras lenguas no puedan expresar lo sagrado, tener niveles significativos diversos. Pero el latín los contenía, los contiene a todos.

Mucha gente se extraña. Pero el nivel religioso no sólo en Europa, en el mundo todo, busca expresiones propias: en la indumentaria, en la vida toda, en la lengua. El sánscrito lo hablan hoy en la India pocas docenas de personas, pero es la lengua religiosa y culta por excelencia. Y el árabe clásico igual en los países musulmanes, incluidos aquellos, como Persia y Turquía, cuya lengua no es semítica. La tragedia y una parte de la lírica se expresaban, en la Grecia antigua, en lenguas sacras tradicionales. Y en la Grecia de hoy la lengua litúrgica es el griego del Evangelio.

En Occidente, hasta hace muy poco, era el latín la lengua sacra. Y era la lengua de los doctos y de la Ciencia. En latín escribían, todavía, Leibnitz y Newton.

El latín era una especie de superlengua, por encima de todas. A los nobles mexicanos y peruanos se les enseñaba el latín. Hay que recordar que el Cristianismo creció en el ámbito de la diáspora judía en países en que dominaba el griego. De ahí que el griego se convirtiera en la lengua sagrada del Cristianismo: mil palabras griegas, religiosas o simplemente cultas, perviven hoy. Y que luego el latín fuera la siguiente lengua sagrada y culta. Nuestras lenguas son, con las innovaciones que se quiera, el griego y el latín de nuestros días.

Ha habido modas arrasadoras contra el griego y el latín en el ámbito religioso, en el ámbito cultural y en todos los ámbitos. Tanto hablar de Europa y del mundo occidental -y Europa y el mundo occidental se fragmentan y profanizan cada día. La lengua en general -con la excepción de los lenguajes científicos y los cultos en general, que son griegos y latinos por esencia- se hace cada día más vulgar, desciende cada día más al nivel de la calle.

La presencia de este Papa es la de un profesor alemán lleno de sabiduría y ornado de un manto de esencialismo, de valores perennes, de huida de un relativismo vano. Este pequeño toque de la misa lo define. Es una llamada de atención, de vuelta a lo básico, a valores que nos unen o nos unían a través de los mares y de las edades. De ellos han salido toda nuestra cultura y hasta nuestro afán de novedad y de relativismo. Y de libertad. Pero no todo es libre, existen hechos básicos, perennes, como son Dios y el Hombre.

Un respeto a las raíces debería mantenerse. Y el latín y con él el griego están en las raíces de nuestro ser, como pueden estarlo, en el caso de otras sociedades, el sánscrito y el árabe. Sociedades que, se quiera o no se quiera, están cada vez más influidas por la nuestra.

Es triste lo que ocurre en Europa. Europa ha sido, desde los griegos para acá, una unidad cultural, no una unidad política. Veremos si llega a serlo y en qué medida ello va a unirnos y a favorecernos.

Esta nueva Europa comenzó con modelos romanos (el tratado de Roma, los premios Carlomagno), griegos (Sócrates), humanistas (Erasmo). Pero cuando, siendo yo presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, logré que conmigo 26 Sociedades de Estudios Clásicos europeas firmaran un escrito pidiendo a los sucesivos presidentes de la Comisión Europea que a su vez pidieran a los Gobiernos atención a la enseñanza de los clásicos, no más, me respondieron que no tenían competencias. ¿Las tienen o no? La declaración de Bolonia ofrece un modelo de Universidad que parece que en España se acepta y que representa, simplemente, decadencia.

¿En qué quedamos? Pocos años hace que leí un memorándum de un Comité de Sabios amparado bajo el nombre de Roma sobre la cultura previsible para el siglo XXI. ¡Dios nos ampare! Por no hablar de lo que vemos en torno. Me dicen que en la Universidad Libre de Berlín hay más alumnos de azteca que de griego. Y en Alemania y otros países las Universidades suprimen cátedras de las materias que antes eran su gloria.

Algo grave, sin duda, está pasando. Dentro de este panorama el gesto, aunque se quede sobre todo en eso, en gesto, del Papa es verdaderamente simbólico, abre una esperanza. Porque el hombre merece que, a la larga (no tanto a la corta) se crea en él. Ha recuperado destrucciones horribles, yo ví a Europa tras la guerra. Y a España, qué decir. En épocas oscuras pequeños grupos o reductos han salvado la antigua sabiduría.

Ha resucitado una y otra vez, añadiendo, añadiendo, progresando.

Puede que sea igual ahora, no todo va a ser tecnología. Las almas necesitan algo más.

El hipotético lector de estas líneas sin duda recuerda la lucha de los clásicos en España desde después de nuestra guerra. Mucho he escrito dentro de ella, también aquí, en este periódico, mucho otros más. Logramos crear generaciones de profesores y estudiosos, un influjo en la Sociedad. Pero, tras breves momentos de respiro cada ciclo político nos traía más desánimo: no para los clásicos solo, en realidad para la enseñanza toda. Crecimiento numérico, disminución cualitativa: ese era el gran desafío, combinar el crecimiento numérico con el de la calidad.

Pues se ha perdido. Aunque algo queda de nuestro esfuerzo, no debemos perder la esperanza.

Este momento es el peor de todos, tras la derogación de la Ley de Calidad de la Enseñanza. ¡Derogar la calidad! Cierto es que esa Ley debería haberse hecho más deprisa y mejor. Pero hoy no existen propuestas claras para volver a la calidad. Todos callan, con leves excepciones. Y ciertas propuestas y silencios del Boletín Oficial nos horrorizan -también, por ejemplo, sobre la Historia de España, de ello escribí aquí mismo.

Y parece como si nuestras defensas se bajaran. Los profesores se desmoralizan. Y eso que, cuando yo propuse en la Sociedad Española de Estudios Clásicos -y sólo era ya presidente de Honor, no más- publicar un escrito en defensa del Humanismo, más de dos mil firmas, de las mejores de España, nos acompañaron. Habría que haber insistido en estas campañas. Y haber recordado que la Democracia, la Libertad y el Socialismo son también hijos, cómo no, del antiguo Humanismo.

Humanismo y Cristianismo han vivido juntos, en unidad a veces discorde. El Griego, el Latín, la Ilustración, simbolizaban esto. Y simbolizaban que hay un límite religioso y humano en la vida del hombre. No vale todo, hay que respetar lo respetable.

Por largos vericuetos he venido a lo mismo. A recordar algo que nodebería necesitarlo. A colocar la decisión de Benedicto XVI en su contexto lógico e histórico.

México y España

Por Felipe Calderón Hinojosa, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, y José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España (EL PAÍS, 16/07/07):

Hoy se vive el mejor momento en la historia de las relaciones entre México y España. Con ningún otro país europeo México tiene una relación tan dinámica e intensa como la que existe con España y, de manera similar, México se ha convertido en interlocutor privilegiado y principal socio comercial de España entre las naciones de América Latina.

Nuestros países reconocen que su historia compartida, afinidad cultural, valores y lengua comunes, su convergencia de intereses en asuntos internacionales, la confianza y el diálogo desarrollados durante las últimas tres décadas, constituyen los cimientos en los que descansa una relación privilegiada y estratégica, que nos llena de satisfacción y que aporta importantes beneficios a ambas naciones.

Hoy, los Presidentes de México y España nos reunimos en la Ciudad de México en el marco del 30º aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestros países, que se conmemoró el pasado 28 de marzo y que fijó el rencuentro de dos naciones hermanas que en realidad nunca estuvieron separadas. Este acontecimiento conmemorativo nos permite renovar nuestra voluntad para fortalecer los vínculos de amistad que nos unen y establecer nuevas líneas de cooperación bilateral, regional y multilateral proyectadas hacia el futuro.

Nuestros Gobiernos han creado un vasto marco jurídico y mecanismos de diálogo y cooperación al más alto nivel, que nos han permitido diversificar nuestra relación bilateral en ámbitos políticos, económicos, comerciales, culturales, educativos, científicos y tecnológicos, así como de cooperación. Entre las instituciones más importantes que dan consistencia a nuestras relaciones debemos destacar el establecimiento de la Comisión Binacional en 1990, que se ha convertido en el principal mecanismo de diálogo y concertación bilateral. También debemos mencionar la adopción del “Documento Estratégico México-España” en octubre de 2001, el cual permitió encauzar las principales líneas de cooperación entre ambos Gobiernos y que ha guiado en los últimos años nuestros esfuerzos concertados.

Otro momento importante para nuestra relación fue el apoyo firme y decidido del Gobierno Español en el acercamiento de México con Europa y que se tradujo en la adopción del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación y del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea en el año 2000. Al mismo tiempo, México ha demostrado su firme disposición para coadyuvar al acercamiento de España con América Latina, particularmente en ámbitos como la cooperación y el diálogo político.

Nuestros contactos económicos son un pilar y un factor determinante de la evolución de la relación estratégica. Hoy en día, España es el segundo socio comercial e inversor en México, que a su vez ha logrado constituirse en el primer socio comercial e inversor en España entre los países latinoamericanos. Otro aspecto relevante es el hecho de que México es uno de los principales destinos de los españoles para la cultura y el recreo y que son cada vez más los turistas mexicanos que recorren lugares de toda España.

Si bien es importante el hecho de que se hayan incrementado sustancialmente las relaciones económicas y de negocios desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio México-UE hace siete años, debemos ser conscientes de que el volumen de comercio e inversión no corresponde al potencial de dos economías que se precian de estar entre las principales del mundo. Por ello, trabajaremos de manera conjunta para identificar las oportunidades que nos brinda la naturaleza complementaria de nuestras economías y proponer formas creativas para incrementar nuestros lazos en este campo.

No debemos omitir que quizás la vertiente más dinámica de la relación bilateral y que ha promovido de manera más eficaz el acercamiento entre nuestras sociedades y Gobiernos es la cooperación, particularmente en el ámbito educativo y cultural. España es el país europeo con el que México tradicionalmente ha tenido el mayor intercambio académico; igualmente, cada vez más ciudadanos españoles buscan realizar estudios, prácticas profesionales o estancias en México, reconociendo la riqueza cultural y la competitividad de las instituciones educativas mexicanas. Además, ambos países concedemos un alto valor a la difusión de la lengua española como patrimonio común y símbolo de identidad compartida.

En cuanto a política exterior, nuestras prioridades convergen en dos regiones estratégicas para nuestros países: América Latina y el Caribe y la Unión Europea. Nuestro interés común en promover la cooperación y el desarrollo en América Latina nos ha llevado a trabajar conjuntamente con objeto de impulsar una identidad iberoamericana y hacer de las Cumbres un foro privilegiado de diálogo y cooperación sustentado entre sus miembros, por lo que estamos decididos a fortalecerlas, institucionalizarlas, y darles una sólida proyección internacional.

En el ámbito regional, la Unión Europea se ha consolidado como un interlocutor primordial de América Latina y el Caribe. En este contexto, estamos convencidos de que ambos países debemos actuar como puentes de comunicación entre nuestras dos regiones.

México y España, como activos protagonistas en la construcción de una arquitectura mundial basada en la justicia, la equidad y el respeto a los principios y normas de derecho que regulan la convivencia entre las naciones, tienen como compromiso la promoción de la paz y la seguridad internacionales, el desarrollo, los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente. Por ello, también reafirmamos nuestra convicción de que el multilateralismo es el medio más justo y eficaz para hacer frente a los desafíos que nos presenta el complejo escenario global de nuestros días.

A la luz de lo anterior, teniendo en mente nuestra convergencia de intereses y nuestra posición en el mundo, renovamos nuestro compromiso de fortalecer nuestra relación privilegiada y estratégica. En ese contexto, suscribiremos una “Declaración para Profundizar la Asociación Estratégica entre México-España”, que establece un Plan de Acción, que nos comprometemos a cumplir en los próximos años, abarcando todos los ámbitos de diálogo y cooperación, en sus dimensiones bilateral, regional y global.

En dicha Declaración anunciamos una nueva etapa de cooperación, en la que perseguiremos una amplia gama de objetivos, que van desde propiciar un mayor conocimiento mutuo entre nuestros pueblos, hasta trabajar conjuntamente para encontrar una solución a graves problemas de alcance global, como el cambio climático, la delincuencia transnacional organizada y el terrorismo internacional.

Así, México y España, satisfechos por el camino recorrido, renovamos el compromiso de seguir trabajando por el bienestar y la prosperidad de nuestros pueblos y nuestras naciones, y contribuir a la construcción de un orden internacional más solidario, justo y equitativo.

País del presente

Por César Antonio Molina, ministro de Cultura (EL PAÍS, 16/07/07):

Se cumplen 66 años de que el escritor austriaco Stefan Zweig añadiera un libro de título elocuente a su caudalosa obra: Brasil, país del futuro. “Si el paraíso existe en algún lado del planeta, ¡no podría estar muy lejos de aquí!”, aseguraba emocionado. Zweig había llegado a Brasil poco antes, tras haberse instalado temporalmente en Francia e Inglaterra en su angustiosa huida del acoso nazi, pero el entusiasmo de encontrarse por fin en un nuevo mundo alejado de la barbarie que destruía la vieja civilización europea no fue suficiente para evitar que, un año después, el 22 de febrero de 1942, decidiera terminar con su vida en Petrópolis. El temor de que el nazismo invadiera el mundo fue más fuerte.

Desde entonces, la apelación de Stefan Zweig a que Brasil era el país del futuro ha pasado a convertirse en frase de obligada cita, lo que al tiempo encierra una cierta desesperanza, como si esa profecía hecha hace tanto no acabara de cumplirse nunca. Nada menos cierto. Los cambios, las transformaciones sociales, el bienestar de las naciones sufren de forma continua altibajos ante nuestros propios ojos, pero ocurre con demasiada frecuencia que sólo con el tiempo somos capaces de percibirlos. Los clichés y los tópicos que los extranjeros mantienen en torno a un país forman parte de las imágenes más duraderas y difíciles de desarraigar, y los españoles algo sabemos de ello.

Hace tiempo que Brasil ha dejado de ser reserva de futuro para convertirse en la décima potencia económica del mundo, con cerca del 90% de la población infantil escolarizada, una envidiable creatividad en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación y un lugar de referencia para el arte, el urbanismo, el diseño y, en definitiva, la modernidad cultural. La Unión Europea acaba de sellar con él una alianza estratégica que pone de relieve que Brasil, sin perder el futuro, es ya pleno presente.

Muchos escritores españoles, como Ángel Crespo y Basilio Losada, supieron verlo con antelación, y anudaron lazos tan íntimos con la literatura de aquel país que pudieron verter al español de forma magistral algunos de los clásicos brasileños, al igual que nos los acercó la Revista de Cultura Brasileña, que durante muchos años se publicó en Madrid dirigida por el propio Ángel Crespo. Por fortuna, el viaje ha sido de ida y vuelta. La excepcional escritora Nélida Piñón, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2005, tiene una obra que encarna como pocas la comunicación que existe entre las diversas tradiciones que conviven en el cuerpo cultural iberoamericano, pero la misma querencia por lo español han sentido otros novelistas, cineastas, músicos y poetas brasileños como Glauber Rocha, Euclides da Cunha, Jorge Amado, Clarice Lispector, Guimarães Rosa, Rubem Fonseca, Loyola Brandão, Guilherme de Almeida y João Cabral de Melo Neto, que vivió en Barcelona, Sevilla y Madrid, que fue amigo de Miró y de Tàpies y que se apasionó por la poesía en español y en catalán.

Pero la mejor prueba de afecto e interés la ha dado el propio país hace justamente dos años, cuando el Parlamento aprobó el 7 de julio de 2005 la Ley 11.161 que establece que todas las escuelas de enseñanza media deben ofrecer obligatoriamente la asignatura de español a los alumnos. Se trata de un hito de tales dimensiones para la difusión internacional de nuestra lengua que las escuetas cifras hablan por sí solas.

En el continente americano se concentra la mayor demanda de español en el mundo. Lo aprenden a día de hoy más de 7 millones de estudiantes -de los que 6 millones corresponden a Estados Unidos-, cifra que, con total certeza, se triplicará en los próximos años, dado que, del millón de estudiantes de español que registra Brasil en la actualidad, se pasará a un mínimo de 11 millones en el momento en que se haga plenamente efectiva la Ley del Español. Los niños podrán elegir o no la nueva asignatura, pero el propio ponente de la ley, el diputado Attila Lira, afirmaba que los niños brasileños estudiarán español ya que de una manera u otra saben que les abrirá muchas puertas en su futuro. Por eso, el Ministerio de Educación brasileño calculó que serán necesarios en torno a 210.000 nuevos profesores en los próximos años.

En Brasil ya hace tiempo que todas las universidades incluyen el conocimiento del español como requisito para superar las pruebas de acceso, y en algunas de ellas es la lengua extranjera más demandada, por delante incluso del inglés. Durante el pasado año académico, en la Universidad de Río de Janeiro unos 28.000 candidatos eligieron examinarse de español, 18.000 de inglés y 800 de francés. Hay en total 26 universidades públicas y 24 privadas que ya ofrecen licenciaturas en español, y si se contempla el progresivo despliegue de las grandes empresas brasileñas en los países hispanoamericanos vecinos se entenderá que domine nuestra lengua el 45% de los ejecutivos. En fin, las previsiones indican que dentro de diez años la hablarán 30 millones de brasileños.

Lo mismo sucede en el estricto ámbito de la cultura. Si una treintena de autores españoles -entre ellos Rafael Argullol, Juan Luis Arsuaga, Javier Cercas, Elvira Lindo, Julio Llamazares, Javier Marías, Ignacio Martínez de Pisón, Juan José Millás, Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina, Mercé Rodoreda y Albert Sánchez Piñol- han sido traducidos en los últimos años, la presencia de nuestro teatro y cine aumenta día a día, y resulta lógico que el Festival Internacional de Cine de Río de Janeiro se abra a finales de septiembre con Fados, la nueva película de Carlos Saura.

Mañana, martes, el Príncipe de Asturias inaugurará la puesta en marcha del proyecto más ambicioso y completo que el Instituto Cervantes tiene en su red mundial de centros y que, con toda lógica, ha destinado al inmenso y vigoroso país que, pese a la distancia física, a los españoles nos resulta tan próximo. La presencia del Instituto en Brasilia, en Salvador de Bahía, en Curitiba y en Porto Alegre, además de en São Paulo y Río de Janeiro, así como, dentro de unos meses, en Belo Horizonte, en Florianópolis y en Recife, es decir, en las nueve ciudades más representativas de Brasil, supondrá el mayor despliegue cultural en el exterior hecho nunca por España.

El pintor Cândido Portinari realizó entre 1955 y 1956 una veintena de magistrales ilustraciones para una edición del Quijote que incluía también poemas de Carlos Drummond de Andrade. Uno de aquellos versos decía: somos “ricos en quimeras”. No es cierto, ya no son quimeras ni delirios, porque el país del futuro ya está aquí.

Mujer y política en países de tradición islámica

Por Francisca Sauquillo, presidenta del Movimiento por la Paz (EL PAÍS, 16/07/07):

La discriminación contra la mujer es un fenómeno que se observa en diferentes sociedades desde tiempos remotos. Sea cual sea el continente, este hecho social ha estado presente y se refleja a través de una variedad de actitudes cuyo denominador común es el trato de desigualdad en el que se confina a la mujer en relación con el varón.

Sin embargo, la lucha de la mujer para conseguir la igualdad de género ha llevado progresivamente a la adopción de diversos instrumentos jurídicos en defensa de sus derechos. A ello han colaborado también diferentes encuentros internacionales celebrados con una agenda bien centrada en la mejora de la condición de la mujer.

Como contribución a ese objetivo, cabe citar las jornadas Participación de la mujer en países de tradición islámica, que, organizadas por el Instituto de la Mujer y el Movimiento por la Paz -MPDL- tuvieron lugar en Madrid los pasados 26 y 27 de junio. El evento reunió a un buen número de mujeres, españolas y árabes, representantes destacadas de los ámbitos político, social y académico de sus respectivos países, que debatieron sobre el respeto a los derechos de las mujeres en el islam, afirmando la necesidad de erradicar la pobreza y el analfabetismo como medios para mejorar el acceso de las mujeres a una plenitud de sus derechos.

La discriminación contra la mujer empieza ya desde la infancia. Según las estadísticas de Unicef de 2003, el mundo árabe y el África Subsahariana son las dos regiones del mundo donde las mujeres sufren más discriminaciones en el ejercicio de sus derechos civiles y políticos. Por ejemplo, en Malí, sólo el 16% de mujeres están alfabetizadas, mientras que en Níger la proporción es del 9%. Ante estas desigualdades, la consecuencia es obvia: ¿cuántas mujeres instruidas van a poder asumir las funciones estatales? Ciertamente muy pocas.

Entre los países de tradición islámica, fue Líbano, en 1952, el primero en reconocer el derecho que tenía la mujer a elegir y a ser elegida. Túnez constituye también una excepción entre los países árabes, por haber llevado lejos la igualdad jurídica entre hombres y mujeres. Las reformas emprendidas en este campo desde 1956, al acceder el país a su soberanía, han facilitado la participación de la mujer tunecina en la gestión política de su país.

Posteriormente, un buen número de países árabes se fueron sumando a la iniciativa. Kuwait, en 2005, fue uno de los últimos países de la región que reconocieron ese derecho a la mujer, llegando a nombrar, en lo que fue un hito histórico en la pequeña monarquía del Golfo, a Masuma Al Mubarak como ministra de Planificación y Desarrollo Administrativo, convirtiéndose de esta manera en la primera mujer kuwaití en acceder al Ejecutivo de su país.

Hoy, el derecho de la mujer a elegir y ser elegible es reconocido en las legislaciones de casi todos los países del mundo. Sin embargo, las mujeres ocupan solamente, según estadísticas de 2005, alrededor de un 16% de los escaños parlamentarios del mundo entero.

A pesar de estos avances, el ejercicio de los derechos políticos reconocidos a la mujer en los países de tradición islámica varía según el peso de la tradición y de la cultura en la política de cada uno de esos países. Igualmente, persisten otras desigualdades en algunos sectores, entre ellos, el económico y el laboral. A formación y competencias iguales entre hombres y mujeres, la diferencia de responsabilidades en la jerarquía y en las remuneraciones es evidente. Sin embargo, las mujeres suponen una parte muy importante de la población de los países árabes, siendo los países del Golfo extremadamente representativos en este aspecto -las ciudadanas saudíes, por ejemplo, son más de la mitad de la población del país, y, ya en 2002, acumulaban casi el 40% de la riqueza del ámbito privado-. La mujer constituye, pues, un elemento importantísimo en el desarrollo económico, político y social de la región.

Es cierto que muchos países árabes, entre los que Marruecos constituye un ejemplo destacado, han introducido recientemente reformas en sus legislaciones y puesto en marcha estrategias para favorecer la participación política de las mujeres. Sin embargo, a pesar de estos cambios, queda mucho camino que recorrer para lograr una igualdad de trato en el ámbito de la política.

La globalización cultural en la que se han involucrado diferentes naciones del mundo ha ido rompiendo viejos esquemas culturales del mundo árabe, despertando la conciencia de las mujeres. La política ha dejado de ser una actividad exclusivamente reservada a los hombres. Los derechos políticos y civiles, es decir, los derechos de elegir y de ser elegible, que se consideran como derechos humanos, hay que recordar una y otra vez, que son también derechos de las mujeres.

Para reforzar ese cambio de mentalidad, se han ido creando redes de solidaridad para emprender iniciativas encaminadas a lograr la igualdad de trato con el varón, prolongando esa igualdad a todos los terrenos, en particular, el de la gestión política y el ejercicio del poder.

Es el caso de la Red de Mujeres Árabes, creada en enero de este mismo año, y que celebró su I Conferencia los pasados 17 y 18 de junio en Ammán (Jordania), con el objetivo de convertirse en una plataforma de capacitación, denuncia y sensibilización sobre los derechos de la mujer árabe y precursora de cambio para la aceptación y conocimiento de sus derechos.

Sin duda, una iniciativa pionera en el ámbito de la mujer en el mundo árabe, que es un ejemplo de su participación para otros países. Y es que, en la compleja tarea de desarrollar las potencialidades de la mujer, la participación de ésta en la lucha por sus propios derechos, es la vía fundamental para conseguir una igualdad de oportunidades real en todos los ámbitos.

jueves, julio 12, 2007

Hambre en América Latina

Por José Graziano da Silva, representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe (LA VANGUARDIA, 25/06/07):

La cohesión social, como esquema de desarrollo de los pueblos basado en la promoción de los derechos humanos, se articula en torno a tres ideas básicas íntimamente relacionadas entre ellas: hay que reducir las brechas sociales, especialmente la de los ingresos, hay que garantizar el disfrute de derechos de los ciudadanos y hay que promover el sentido de pertenencia a la sociedad.

Estas ideas constituyen el nuevo paradigma de desarrollo en América Latina que se inspira en la experiencia europea de acercamiento de sociedades diversas y economías dispares, con el objeto de construir un modelo propio, a sabiendas de que se vive una realidad histórica y geopolítica diferente y, sobre todo, de que se está en un punto de partida distinto.

Una primera gran diferencia radica en el tema del hambre. Europa no tenía 53 millones de hambrientos, como tiene América Latina, cuando empezó a hablar de cohesión social. No tenía más de nueve millones de niños desnutridos cuando propuso la promoción del sentido de pertenencia al “espacio europeo”, y tampoco tenía generaciones de pobres condenados a seguir perpetuando la miseria y la exclusión sin perspectivas de futuro.

En América Latina, en cambio, hay hambre de más cohesión social, es cierto, pero también hambre de la básica, de alimentos sanos y nutritivos, suficientes y permanentes. En Panamá, por ejemplo, un cuarto de la población pasa hambre, en la República Dominicana casi uno de cada tres ciudadanos no come lo suficiente, y en Guatemala uno de cada dos niños está desnutrido.

Hoy América Latina está en una situación extraordinariamente favorable para reducir drásticamente la profunda brecha económica y social que nos ha afectado secularmente, ya que hace mucho tiempo que no se veían cinco años de crecimiento sostenido en la mayor parte de los países de la región. También se ha reducido la pobreza extrema y la indigencia, los gobiernos han dado una mayor atención a los problemas sociales y ha habido una institucionalización creciente de la democracia.

¿Cómo es posible, entonces, que las sociedades latinoamericanas no puedan cubrir necesidades tan básicas como la alimentación y la nutrición de sus ciudadanos? Sobre todo, considerando que en el 2004 la región de América Latina y el Caribe produjo un 30% más de alimentos de los que se necesitarían para alimentar a todos sus habitantes.

Al notar que el hambre y la desnutrición estaban quedando descolgadas de la locomotora de la cohesión social en América Latina, la FAO, la Cepal y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) están haciendo un esfuerzo por llevar el tema del hambre a un lugar prioritario en la agenda del desarrollo en la región.

Actualmente hay dos iniciativas en curso en la región, cuyos objetivos son erradicar el hambre y la desnutrición crónica cuanto antes. Una se llama “América Latina y Caribe sin hambre”, lanzada por Brasil y Guatemala y apoyada por la FAO, y la otra es “Hacia la erradicación de la desnutrición crónica infantil”, lanzada por el PMA, con el apoyo de Cepal y el Banco Interamericano de Desarrollo. Ambas son iniciativas que no sólo apoyan la consecución de los objetivos de desarrollo del Milenio de reducir el hambre a la mitad para el año 2015, sino que van un poco más allá: ya no se trata de reducir el hambre a la mitad, sino que hay que acabar con ella el año 2025 a más tardar.

América Latina tiene los recursos naturales, humanos, financieros, de infraestructuras y de instituciones democráticas necesarios para acabar con el hambre, pero es la voluntad política la que casi siempre ha faltado.

¿Qué hacer, entonces, para avanzar hacia sociedades más cohesionadas? Pues se hace imprescindible mayor voluntad política para la construcción de una institucionalidad adecuada y duradera, que traspase gobiernos y partidos políticos, para lo cual se necesitan leyes de seguridad alimentaria, planes de largo plazo, estrategias consensuadas con diversos actores, para poder crear verdaderas “políticas de Estado” y programas nacionales de amplia envergadura. Y, obviamente, necesitamos lo esencial: los recursos financieros y las capacidades técnicas para llevar a cabo programas concretos en beneficio de los más necesitados.

En la dimensión política de la cohesión social también son importantes los pactos para avanzar hacia el futuro con modelos que armonicen mayor inclusión social y sentido de pertenencia. Esto significa, entre otras cosas, abrir canales a la participación ciudadana, dar voz a los que no la tienen y aprender a escuchar para procesar sus demandas.

La erradicación del hambre debe ser la primera prioridad política, y la primera urgencia temporal, en el camino hacia una mayor cohesión social y equidad en América Latina. El derecho a la alimentación debe formar parte de los derechos mínimos que toda sociedad debe garantizar a sus ciudadanos para avanzar hacia una distribución más equitativa de oportunidades y asegurar ciudadanía plena para todos. Reducir la brecha de oportunidades e ingresos implica mejorar las condiciones de vida de aquellos que no tienen lo elemental para vivir: una adecuada alimentación. Si estamos convencidos de que sí se puede acabar con el flagelo del hambre, entonces tiene que dejar de ser éste un reclamo retórico para convertirse en un compromiso real. Mientras exista hambre no habrá bienestar

miércoles, julio 11, 2007

¿Ciudadanos o feligreses?

Por Fernando Savater, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAÍS, 04/07/07):

En los últimos tiempos han proliferado los libros en torno al fenómeno religioso o, más bien, contra la religión: Daniel Dennett, Richard Dawkins, Michel Onfray, Sam Harris, André Comte-Sponville, Christopher Hitchens… En ese catálogo, los autores anglosajones destacan por su agresividad y también por un cierto candor misionero en su refutación de las viejas creencias. Incluso dedican numerosas páginas a demoler las pruebas tradicionales de la existencia de Dios (que no han mejorado desde Tomás de Aquino), empeño que a estas alturas del siglo XXI, y con Hume, Kant y Freud a nuestras espaldas, resulta casi conmovedor de puro antiguo, como bordar fundas para almohadas o algo así. Al parecer dan por descontado que aportando razones lograrán librar a los ilusos de convicciones que, ay, ninguno de ellos ha adquirido por vía racional. Dicho sea en su descargo, los autores citados son más bien científicos (o partidarios de subordinar la filosofía a la ciencia, como antaño fue “criada de la teología”), o sea, expertos en el manejo de los números y en la experimentación con los hechos, pero deficientes en la comprensión de los símbolos.

También hace simpática su irritación la obstinación oscurantista con que los creyentes norteamericanos se emperran en convertir la Biblia en un tratado de geología o de paleontología inspirado por la divinidad. Que hoy todavía, cuando tanto ha llovido ya desde el Diluvio, en el país científicamente más desarrollado del mundo, el llamado “diseño inteligente” tenga el triple de aceptación popular entre la población que lo enseñado por la biología actual sobre la evolución de las especies es como para impacientar a cualquiera. Sobre todo cuando este abuso de piedad tiene efectos prácticos peligrosos, pues uno de cada tres norteamericanos piensa que no es urgente tomar ninguna medida contra el cambio climático porque en esas cosas hay que fiarse de la voluntad de Dios…

Como en Europa tal uso fundamentalista de la religión no es corriente, el acercamiento que incluso los más críticos tenemos al fenómeno de la creencia religiosa suele ser más matizado. A mi libro La vida eterna algunos le han reprochado un planteamiento demasiado comprensivo de la fe (otros muchos lo han censurado por lo contrario, desde luego). Una reseña acaba con gracia lamentando que “a este paso, acabar con la religión nos va a costar Dios y ayuda”. La verdad es que no considero tal liquidación un objetivo deseable (además de que lo tengo por imposible). Me parece que la religión es un tipo especial de género literario, como la filosofía, y combatirla como una plaga más sin atender los anhelos que expresa es empobrecedor no sólo para la imaginación, sino hasta para la razón humana. Temo que tan crédulos son quienes utilizan la Biblia para combatir a Darwin como los que dan por sentado que una dosis adecuada de neurociencia disipará todas las brumas teológicas. Además, he vivido lo suficiente para no pretender privar a nadie de ningún consuelo que pueda hallar frente a la desbandada del tiempo y el dolor, aunque yo no lo comparta. El único consejo adecuado que se me ocurre para los que padecen exceso de celo religioso es el que, inútilmente, ya formuló hace mucho Santayana: “Las doctrinas religiosas harían bien en retirar sus pretensiones a intervenir en cuestiones de hecho. Esta pretensión no es sólo la fuente de los conflictos de la religión con la ciencia y de las vanas y agrias controversias entre sectas; es también la causa de la impunidad y la incoherencia de la religión en el alma, cuando busca sus sanciones en la esfera de la realidad y olvida que su función propia es expresar el ideal”.

Sin embargo, parece que los jerarcas eclesiásticos no están dispuestos a que nos olvidemos en España de los aspectos más nefastos de la influencia religiosa en el orden social. La campaña contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que incluso lleva a algunos orates de confesionario a promover nada menos que la objeción de conciencia de alumnos y profesores, constituye una muestra abrumadora de la manipulación descarada de la ignorancia popular que ha sido durante siglos marca de la Santa Casa. Se engaña con descaro a la gente diciendo que esta materia interfiere con el derecho de los padres a educar moralmente a sus hijos, que sólo los padres poseen tal derecho y que, si el Estado intenta instruir en valores, se convierte en totalitario o al menos en partidista (esto último por culpa de Gregorio Peces-Barba, al que creíamos un bendito). ¡Cuánta ridiculez! Por supuesto, no faltan los que invocan enseguida a la Constitución en su apoyo. Después de que ciertos abogados del Gobierno de Zapatero nos han enseñado asombrosamente que los ciudadanos españoles tienen derecho constitucional a votar a partidos que excusan o amparan el asesinato de sus adversarios ideológicos, he aquí que los antigubernamentales pretenden que la Constitución reserva el monopolio de la educación moral a los padres, sean de la ideología que fuere. A este paso, la gente terminará cogiendo miedo a la Constitución, a la que se presenta como cueva original de tales disparates…

Afortunadamente, en este caso basta con consultar el texto constitucional para salir de dudas. En efecto, el punto tercero del artículo 27 de nuestra Carta Magna establece que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Pero antes, el segundo dice que “la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”. Los padres tienen derecho a formar religiosa y moralmente a sus hijos, pero el Estado tiene la obligación de garantizar una educación que desarrolle la personalidad y enseñe a respetar los principios de la convivencia democrática, etc. ¿Acaso esta tarea puede llevarse a cabo sin transmitir una reflexión ética, válida para todos sean cuales fueren las creencias morales de la familia? También los padres tienen derecho a alimentar a sus hijos según la dieta que prefieran, pero, si el niño a los ocho años pesa 100 kilos o sólo seis, es casi seguro que los poderes públicos intervendrán, porque -más allá de los gustos de cada cual- existe una idea común de lo que es un peso saludable. De igual modo, existe una concepción común de los principios de respeto mutuo y de pluralismo valorativo en que se funda la ciudadanía, y hay que asegurar que sean bien comprendidos por quienes mañana tendrán que ejercerlos. La libertad de conciencia, por fin aceptada por la Iglesia tras perseguirla durante doscientos años, admite perspectivas morales distintas, pero enmarcadas dentro de normas legales compartidas, como mínimo común denominador democrático.

Este planteamiento nada tiene que ver con los excesos del sectarismo izquierdista, como creen o fingen creer los ultramontanos. En su libro La justicia social en el Estado liberal, Bruce Ackerman lo describe así: “El sistema educativo entero, si se quiere, se asemeja a una gran esfera. Los niños llegan a la esfera en diferentes puntos, según su cultura primaria; la tarea consiste en ayudarles a explorar el globo de una manera que les permita vislumbrar los significados más profundos de los dramas que transcurren a su alrededor. Al final del viaje, sin embargo, el ahora maduro ciudadano tiene todo el derecho a situarse en el punto exacto donde comenzó, o puede también dirigirse resueltamente a descubrir una porción desocupada de la esfera”. El proyecto de Educación para la Ciudadanía va en esta dirección liberal, y probablemente hará falta cierto rodaje hasta que perfile sus contenidos y los profesores acierten con el método de enseñanza. No todos los manuales serán igual de adecuados (ya rueda alguno deplorable por ahí, junto a otros buenos), pero lo mismo pasa en historia, literatura… o ética, asignatura que nadie consideró totalitaria a pesar de que “competía” con la enseñanza moral familiar.

Lo que me asombra es la postura del PP en este asunto. La presidenta de la Comunidad de Madrid se enorgullece (entrevista en Abc, 1-VII-07) de haber dispuesto de tal modo los asuntos educativos en sus dominios que no se dará Educación para la Ciudadanía. ¡Enhorabuena! Pero ¿qué diríamos si escuchásemos tal muestra de rebelión imbécil a Ibarretxe o Carod Rovira? Si los defensores de la unidad de España -que es la igualdad ante la ley del Estado de Derecho- piensan así, no es raro que prospere el separatismo. Por lo demás, lo de esta asignatura no es más que un síntoma de la complacencia con lo peor del clericalismo y el integrismo antiliberal. Ya he tenido ocasión de leer a César Vidal y a algún otro carca apologías de los gemelos polacos por su firmeza reaccionaria frente al “pensamiento único” progresista. ¿Son realmente éstos los ideólogos de choque del PP? ¿Su proyecto político va a dirigirse hacia la sana y vaticana “polaquización” de España? Pues si es así nada, con su pan se lo coman.

Frida Kahlo, cien años

Por Marta Lamas, antropóloga mexicana y directora de Debate Feminista (EL PAÍS, 04/07/07):

¿Qué es lo que tanto atrae hoy de Frida Kahlo? ¿Dónde radica el poder de seducción de esta figura artística y política mexicana y universal: en su obra, en su vida o en su cuerpo herido y su rostro extraño? Izquierdista, mutilada y bisexual, Frida conjuga en su persona la transgresión y la resistencia. Padeció situaciones límite en su cuerpo -la polio, la columna rota, las operaciones, los abortos, las caídas, la amputación-, pero también gozó con él y disfrutó los placeres de una sexualidad desbocada. Amó con desmesura pero, a diferencia de las mujeres que “aman demasiado” y que convierten el amor en una trampa con la que se enajenan, Frida logró potenciar su creatividad. Su feminismo espontáneo la hizo sellar un compromiso consigo misma: ser a través del trabajo.

Frida, de cuya nacimiento se cumple ahora un siglo, vivió su erotismo con la misma libertad con que pintó: fue amante de León Trotski, de fotógrafos, artistas y de varias mujeres (dos de ellas, famosas cantantes folclóricas). Convirtió su supuesta fealdad de mujer peluda en una afirmación estética, y su negativa a depilarse se interpretó como una declaración de su bisexualidad: bigotona como sinónimo de lesbiana. Antes de su accidente y de su matrimonio, Frida solía vestirse como hombre. Después reivindicó los huipiles y las enaguas, y el traje de tehuana se volvió su marca personal. Al usar atuendos típicos y hablar con un lenguaje coloquial, Frida empezó a convertirse en el símbolo de la mexicanidad que hoy es. Antonio Alatorre describe su uso del lenguaje como “relajiento, vivaracho, lleno de pintoresquismos”, con el que “habla de lo serio, lo muy íntimo, lo intensamente personal”. Con gran sentido lúdico se autodefinía como pelada (pobre), móndriga (cabrona) y jija de la chifosca (carente de límites), y firmaba: su fiel y segura servidora, Doña Frida, la malhora.

La fama de Frida por su trayectoria vital precedió a la celebridad de su obra. Su disidencia moral y política trascendió antes que su arte. Encarnó el nacionalismo internacionalista del México de entonces y fue antifascista. Perteneció a la Liga de Jóvenes Comunistas, pero renunció al Partido Comunista cuando éste expulsó a Diego Rivera. Siguió siendo filocomunista y compartió la ofuscación de su época por líderes políticos como Stalin y Mao. Se comprometió en la lucha de los republicanos contra Franco y reunió ayuda para enviar a las Brigadas Internacionales. Le importó mucho la política y quiso ser útil a la causa de los más desposeídos.

Los que sucumbieron a la fascinación del personaje iniciaron la “fridolatría” con estampitas y muñecas, a las que les siguieron carteles, fotos, obras de teatro y películas. Luego creció la mercantilización de su imagen, explotada de manera lamentable por sus herederas: joyería, ropa, perfume, lentes, un tequila “Frida Kahlo” y un corsé de La Perla, bordado con cristales de Swarovski, que cuesta 1.500 euros. No obstante el rechazo que provoca la Frida Kahlo Corporation, la fuerza y originalidad del personaje siguen atrayendo a nuevas generaciones.

En su vida turbulenta, regida por el dolor, está la clave de su arte. No huyó de sus emociones, y a pinceladas expresó un sufrimiento y una voracidad existencial que asombran.

Nada resulta tan natural como pintar lo que no hemos conseguido. Frida asume su verdad y la transforma en imágenes cargadas de sensualidad. Y si su arte conmueve, su vida ejerce una atracción paralela. Amó con locura, deseó una maternidad que nunca llegó, gozó con hombres y a mujeres, trabajó con feroces y continuos dolores a la sombra de un gigante como Diego Rivera, pero, sobre todo, fue fiel a sí misma, cuando el canon artístico del momento valoraba otra cosa. Quizás eso, a la distancia, es lo más extraordinario: la manera como continuó pintando sus retablos y autorretratos, por más que entonces no tuvieran el éxito que hoy han logrado.

Estoy feliz de estar viva mientras pueda pintar. Hoy, recordar a Frida Kahlo es interrogarse sobre la pasión, el cuerpo y el arte. Rota, estéril, adolorida, ¿por qué exclamaba: ¡viva la vida!? Porque en lugar de tristear, como ella decía, disfrutó intensamente lo que logró arrancarle a su existencia.

La tragedia es lo más ridículo que hay. Frida se desmarca del lugar de la víctima con humor. El descaro con el que exhibe su sufrimiento y la obsesión con la que persigue su deseo de crear se reúnen en su dicho: Pies, ¿para qué los quiero? Si tengo alas para volar.

Nació el 6 de julio de 1907 y falleció en 1954, a los 47 años de edad. La velaron durante todo el día en el foyer del Palacio de Bellas Artes. Un río de gente pasó a rendir su último tributo (por amor o para saciar su curiosidad) ante el féretro cubierto con la bandera del Partido Comunista. Mientras sus amigos entonaban La Internacional, el general Lázaro Cárdenas ofrecía sus condolencias a Diego Rivera. El director del Palacio, Andrés Iduarte, le pidió a Rivera retirar el estandarte. Diego lo amenazó con llevarse el ataúd con todo y muerta. Iduarte se resignó, a sabiendas de que sería despedido, como ocurrió escasas horas después.

Ahora, a medio siglo de su partida, Frida regresa triunfal al Palacio de Bellas Artes de México con una magna exposición, que reúne más de 350 obras (entre óleos, acuarelas, grabados, litografías, dibujos y fotografías), y un espléndido catálogo con las mejores plumas comentando cada cuadro. Otra vez Doña Frida congregará tumultos en Bellas Artes.

Iglesia y ciudadanía

Por Ian Gibson, escritor (EL PERIÓDICO, 06/07/07):

Perder el control de las mentes juveniles siempre ha sido la peor pesadilla no solo de la Iglesia católica, sino de todos los dogmatismos y fanatismos que han ido brotando a lo largo de los siglos. Inculcar al niño las hipótesis de turno como si fuesen verdades eternas demostradas y comprobadas; imponer el mapa de ruta consagrado por la tradición, sin tolerar desvíos; consignar los castigos preparados por la deidad ofendida para los discrepantes, de modo que la lección, apuntalada por el miedo, cale hondo… siempre ha sido la práctica de los guardianes de la ortodoxia, y cabe suponer que será así, irremediablemente, hasta el fin de los tiempos.

Hay una conclusión que, a la vista de ello, se impone. Y es que cada vez que vuelven a levantar la voz los enemigos de la libertad, que no duermen nunca, incumbe hacerles vigoroso frente dialéctico, en nombre de la cultura, de la razón, de la caridad y de los logros conseguidos pese a ellos por la humanidad, a duras penas, en su difícil caminar hacia la luz y hacia la vida. Incumbe hacerles frente, no intentar apaciguarlos. Porque, como se ha visto siempre, los matones desprecian a quienes les dan coba, y se crecen esperando el momento de acabar con ellos. En plena guerra civil, Antonio Machado pronosticó una y otra vez que Francia y Gran Bretaña, tan miserables en su actitud con la Repú- blica asediada, pagarían su política conciliadora con Hitler. Y así resultó.

SIEMPRE me han gustado los términos ciudadano, ciudadanía, así como los relacionados cívico y civil, que llevan en las entrañas, se diría que con orgullo, su ilustre raíz romana, y hacen pensar, indefectiblemente, en los derechos y responsabilidades del individuo y en el concepto del bien común. Por ello me parece lamentable y bochornoso que la jerarquía ca- tólica española haya decidido ir a la lucha sin cuartel, en la recta final electoral, contra la asignatura obligatoria de Educación para la Ciudadanía, que va a introducir el Gobierno a partir de septiembre. Los prelados me recuerdan a sus antecesores de los años 30, cuando la CEDA, que nunca apoyó lealmente el régimen republicano, proclamaba que la escuela laica era poco menos que una creación del diablo, y obraba en consecuencia.

Los libros de texto de la nueva asignatura ya están publicados. Cualquiera puede consultar los contenidos en la web del Ministerio de Educación. La enseñanza tan rechazada por la Conferencia Episcopal consistirá, en síntesis, en fomentar, desde la educación primaria, el reconocimiento de la dignidad de todas las personas, el respeto al prójimo –sea del color que sea y tenga las creencias que tenga–, el diálogo, la tolerancia, la solidaridad, la cultura de la paz, la diversidad de las personas, el rechazo del racismo, la xenofobia y la homofobia; en insistir en la igualdad de hombres y mujeres; y en explicar a los alumnos los derechos y las obligaciones del ciudadano en la España democrática de hoy. Todo ello dentro del marco de la Constitución y de los compromisos internacionales del país. Y en perfecta consonancia con los valores predicados y preconizados por Cristo.

Pero los obispos no lo quieren ver así. Especialmente inquietos, como siempre, ante el hecho sexual, que quisieran encauzado exclusivamente a través del matrimonio de hombres y mujeres, están molestos sobre todo, según parece, por la carta de naturaleza acordada por la flamante asignatura a la homosexualidad. Enseñar que la “nefanda desviación” no es tal va en contra de todo lo que ha dicho el catolicismo desde siempre, con las innumerables víctimas consiguientes. ¿Qué hacer? ¿Admitir que se han equivocado? ¿Lamentar haber impuesto, en nombre del Salvador, tanta tortura, tanta inmolación, tanto dolor, tanto sufrimiento? ¿Pedir perdón? ¡Pedir peras al olmo!

EN SU declaración oficial sobre la asignatura de marras –similar a la que se enseña en al menos 15 países europeos–, los obispos, ante el “desafío” que supone la misma (”El Estado se arroga un papel de educador moral”), aseveran que “la gravedad de la situación no permite posturas pasivas ni acomodaticias”. Las posturas, es decir, deben ser activas, y “se puede recurrir a todos los medios legítimos para defender la libertad de conciencia y de enseñanza”. Se trata, en realidad, de una llamada a la desobediencia civil. El hecho de que Rajoy haya dicho que si accede al poder abolirá la asignatura está dando ánimos a los prelados, y parece inevitable que a lo largo de los próximos meses mareen mucho la perdiz. Un indicio de lo que nos viene encima lo acaba de proporcionar –¿quién si no?– el arzobispo de Toledo. Para monseñor Antonio Cañizares la nueva asignatura se basa “en el nihilismo”. Es “una reducción cultural en la que Dios no cuenta”, un “laicismo excluyente”. Agrede a la familia e impone un relativismo moral inaceptable. Acogerla sería, para un católico, colaborar con “el mal”.

La lectura es perversa, maquiavélica, patética. Y demuestra que la jerarquía española es incapaz de adaptarse a los tiempos que corren. Qué pobre.

Abrazando al imperio

Por Ian Buruma, autor de Asesinato en Amsterdam. La muerte de Theo van Gogh y los límites de la tolerancia. Copyright: Project Syndicate, 2007. Traducción de Claudia Martínez (LA VANGUARDIA, 06/07/07):

Bernard Kouchner, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores de Francia, tiene una extensa y distinguida trayectoria como defensor de la intervención en países donde se pisotean los derechos humanos. Como cofundador de Médicos sin Fronteras, declaró que “estamos estableciendo el derecho moral a interferir en el país de otros”. Por el asesinato masivo de los ciudadanos iraquíes por parte de Sadam Husein apoyó la guerra en Iraq. Siempre habría que ser cuidadoso cuando se atribuyen motivos a las opiniones de los demás. Pero el propio Kouchner dijo, en repetidas ocasiones, que el asesinato de sus abuelos judíos rusos en Auschwitz inspiró su intervencionismo humanitario.

Uno puede o no estar de acuerdo con las políticas de Kouchner, pero sus razones son ciertamente impecables. El hecho de que a muchos intelectuales judíos prominentes en Europa y Estados Unidos - muchas veces, igual que Kouchner, con un pasado izquierdista- les satisfaga la idea de usar las fuerzas armadas norteamericanas para impulsar la causa de los derechos humanos y la democracia en el mundo puede tener el mismo origen. Cualquier fuerza es justificable si se trata de evitar otra shoah,y quienes eludan su obligación de respaldar una fuerza de este tipo no son considerados mejores que los que colaboran con el mal.

Si estuviéramos menos perseguidos por los recuerdos del apaciguamiento del régimen nazi, y del genocidio subsiguiente, a la gente tal vez no le preocuparían tanto los derechos humanos. Y de ninguna manera todos aquellos que trabajan para proteger los derechos de los demás invocan los horrores del Tercer Reich para justificar la intervención armada anglonorteamericana. Pero el término islamofascismo no se acuñó por nada. Nos invita a ver una gran parte del mundo islámico como una extensión natural del nazismo. A Sadam Husein, que difícilmente era un islamista, y al presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, que sí lo es, se los suele describir como sucesores naturales de Adolf Hitler. Y la debilidad europea, para no mencionar la traición de sus escribas liberales que preparan el camino para una conquista islámica de Europa (Eurabia),es vista como un eco fantasmal de rebajar la amenaza nazi.

El islamismo revolucionario es, sin duda, peligroso y sangriento. Sin embargo, las analogías con el Tercer Reich, si bien son altamente efectivas como una manera de denunciar a la gente con cuyas opiniones no estamos de acuerdo, suelen ser falsas. Ningún ejército islamista está por ingresar en Europa - de hecho, la mayoría de las víctimas del islamismo revolucionario viven en Oriente Medio, no en Europa- y Ahmadineyad, más allá de su retórica desagradable, no tiene ni una fracción del poder de Hitler. La negativa de muchos musulmanes a integrarse en las sociedades occidentales, así como los altos niveles de desempleo y el acceso inmediato a la propaganda revolucionaria, fácilmente puede estallar en actos de violencia. Pero la perspectiva de una Europa islamizada también es remota. No estamos viviendo una repetición de 1938. ¿Por qué, entonces, tanto temor a un apaciguamiento europeo, especialmente entre los neoconservadores? ¿Por qué la ecuación fácil del islamismo con el nazismo? Suele mencionarse a Israel como causa. Pero Israel puede significar diferentes cosas para diferente gente. Para ciertos cristianos evangélicos, es el sitio sagrado de la segunda llegada del Mesías. Para muchos judíos, es el único Estado que siempre ofrecerá refugio. Para los ideólogos neoconservadores, es el oasis democrático en un desierto de tiranías.

Defender a Israel de sus enemigos islámicos puede ser un factor en el alarmismo existencial que subyace a la actual guerra contra el terrorismo. Un Irán con armas nucleares haría sentir sin duda más vulnerable a Israel. Pero quizá se lo sobrestime como explicación. Kouchner no defendió la intervención occidental en Bosnia o Kosovo por Israel. Si la preocupación por Israel tuvo algo que ver en la defensa que hizo Paul Wolfowitz de la guerra en Iraq, probablemente fuera menor. Ambos estaban motivados por preocupaciones comunes por los derechos humanos y la democracia, así como, tal vez, por consideraciones geopolíticas.

Aun así, la retórica islamista, adoptada por Ahmadineyad, entre otros, está deliberadamente destinada a agitar los recuerdos de la shoah. Así que tal vez el miedo existencial de algunos intelectuales occidentales sea más fácil de explicar que su asombrosa y por momentos aduladora confianza en que el Gobierno norteamericano salve al mundo por la fuerza.

La explicación de esta misteriosa confianza tal vez resida en otra parte. Muchos neoconservadores europeos tuvieron un pasado izquierdista, en el que creer en la revolución desde arriba era un lugar común: “democracias del pueblo” ayer, “democracias liberales” hoy. Entre los judíos y otras minorías, tal vez incida otro recuerdo histórico: la protección del Estado imperial. Los judíos austriacos y húngaros fueron los súbditos más leales del emperador austrohúngaro, porque los protegía del nacionalismo violento de las poblaciones mayoritarias. Los judíos polacos y rusos, al menos al inicio de la era comunista, solían ser súbditos leales del Estado comunista, porque prometía (resultó ser que falsamente) protegerlos de la violencia de los nacionalistas antisemitas.

Si fuera realmente cierto que la existencia fundamental de nuestro mundo occidental democrático estuviera a punto de ser destruida por una revolución islamista, sólo tendría sentido buscar protección en la fuerza plena del imperio informal norteamericano. Pero si los problemas actuales se ven en términos menos apocalípticos, entonces aparece otro tipo de traición de los intelectuales: la aclamación ciega de una potencia militar muchas veces tonta, embarcada en guerras innecesarias que cuestan más vidas de las que pretendían salvar.

El Estado contra las mujeres

Por Santiago Roncagliolo, escritor peruano (EL PAÍS, 07/07/07):

Para que no sepamos hacia dónde nos dirigimos, la furgoneta que nos transporta lleva todas las ventanas cubiertas, como una carroza fúnebre, y sólo nos apeamos de ella después de que el portón del garaje se cierra a nuestras espaldas. Desde el interior de esta casa, es imposible deducir en qué barrio nos encontramos. Tras las ventanas esmeriladas sólo se adivina una reja metálica. Los muros de la azotea miden más de dos metros y están rematados por alambre de púas. Alrededor no se ven edificios ni se escucha el barullo de la ciudad. La única indicación geográfica es la bandera de Guatemala que emerge desde algún tejado vecino.

El dispositivo de seguridad -que incluye una guardia armada de tres ex guerrilleros y nueve cámaras de vigilancia- parece digno de un cuartel subversivo, o de la sala de torturas de algún inescrupuloso servicio secreto. Pero los decorados de la casa desbaratan esa posibilidad: las paredes pintadas de colores vivos, la cocina americana con sus manteles floreados, el salón de juegos con juguetes y muñecas, recuerdan a la casita de una familia feliz.

Este búnker con interiores de Barbie es el albergue para mujeres de la Fundación Sobrevivientes de Guatemala, que trabaja con mujeres víctimas de la violencia. Las mujeres en situación de riesgo por maltrato doméstico son trasladadas aquí hasta que el juez tramite la orden de alejamiento que les permita volver a casa fuera de peligro. Pero fuera de estos muros inexpugnables, pocas están realmente a salvo. Los casos que lleva la Fundación oscilan entre el acoso psicológico y la mutilación con machetes. Si no de sus esposos, las mujeres son víctimas de las maras, de los traficantes o incluso de los policías. Desde el año 2000, cuando se inició el registro de muertes, han sido asesinadas 3.300.

Las señales de violencia están por todo el país. Verdaderos ejércitos de seguridad privada consumen un presupuesto de 300 millones de euros, lo mismo que el Ministerio de Salud. Los vigilantes de las tiendas no llevan garrotes, sino fusiles. Los carteles de un candidato a las próximas elecciones rezan: “Vote con mano dura”. Pero aunque todos los guatemaltecos sufren los altos índices de delincuencia, la dominación física, económica y cultural masculina deja a las mujeres en situación de especial debilidad. Más aún, Norma Cruz, directora de la Fundación, considera que están hoy más indefensas que durante el conflicto armado que desangró a su país durante 36 años. Según dice, “durante la guerra, al menos sabíamos quién era el enemigo. Pero ahora, el ataque puede venir de cualquier parte”.

Con frecuencia, el ataque llega del mismo Estado. En las oficinas de la Fundación se repiten siempre las mismas descripciones kafkianas de procesos administrativos. Las más indignantes son las referidas a homicidios: tras el hallazgo del cadáver de una mujer, la Policía lo examina. Si lleva barniz de uñas o minifalda, la investigación asume como hipótesis que se trataba de una prostituta y, por lo tanto, de algún ajuste de cuentas entre maras o delincuentes que no vale la pena investigar. Los médicos forenses de confesión religiosa -que abundan en un país tan conservador- argumentan objeción de conciencia y se niegan a revisar las partes íntimas de la mujer. Si nadie reclama el cuerpo en 36 horas, lo entierran en una fosa común. En cualquier caso, la ropa y objetos personales de la víctima se tiran a la basura, y así, toda la evidencia del proceso penal desaparece.

Dadas las circunstancias, por los 665 casos de mujeres asesinadas en 2005 no existe ningún proceso abierto, ningún condenado. E incluso cuando se condena, se hace con indulgencia: recientemente, un policía que violó y asesinó brutalmente a una mujer fue condenado sólo a quince años. El juez consideró atenuante que el agresor estuviese de vacaciones.Según Norma Cruz, la tradición feminicida del Estado guatemalteco data del conflicto armado. Por entonces, los soldados consideraban a las mujeres un blanco prioritario, porque parían y luego cuidaban a los futuros guerrilleros. Así que matarlas no bastaba. Creían necesario arrancar a los fetos de sus cuerpos.

Cuando no letales, las instituciones públicas son indiferentes. Con el fin de convencer a su grupo parlamentario de aprobar un presupuesto para la fundación, la diputada Myrna Ponce tuvo que recurrir a métodos poco ortodoxos: todas las mañanas, repartía en la bancada fotos de los cuerpos femeninos mutilados, y les repetía a sus colegas que esas víctimas podrían ser sus hijas. Myrna pertenece a la derecha política, pero la indiferencia ante este tema carece de sello ideológico. Norma -que es una guerrillera des-movilizada- tiene las mismas quejas respecto a la izquierda.

En el fondo, los políticos y funcionarios no consideran un deber ocuparse de esto. Para ellos, los casos de violencia criminal no son especiales, y los de maltrato doméstico corresponden a la vida privada de las involucradas, no a la esfera pública. Muchas mujeres que llegan a las comisarías ensangrentadas son devueltas a casa, para que se amisten con el marido. Muchos jueces, antes de un juicio por violación, recomiendan a la víctima buscar un arreglo económico con el agresor. La violación a secas se arregla con tres mil quetzales (trescientos euros). Cinco mil si hay embarazo de por medio. Otra solución recomendada es casar a la víctima con el agresor para reparar su “honra”.

La cultura de la violencia que genera estos crímenes no distingue sexo. De hecho, mueren muchos más hombres que mujeres en Guatemala. Pero la violencia de género responde a motivaciones penales específicas. La mayoría de los delitos se cometen con fines de lucro. La violencia política responde a ciertas imágenes de lo que la sociedad es y debe ser. En cambio, el maltrato doméstico, las violaciones y los crímenes pasionales parten de la noción de que el hombre puede disponer de las mujeres como una propiedad. Para garantizar un desarrollo igualitario y justo, el Estado necesita combatir esa cultura. La paradoja en buena parte de América Latina es que el Estado forma parte de ella.

Hasta ahora, Norma y Myrna han conseguido grandes avances, han redactado un proyecto de ley, han propuesto la creación de juzgados específicos. Pero para que una democracia funcione, no le bastan convocatorias electorales y garantías escritas. Es esencial el principio de igualdad ante la ley, que existe dentro de la cabeza de las personas, como un reconocimiento a la humanidad ajena. Por eso, la labor más ardua de estas dos mujeres es la educativa: enseñarles a los guatemaltecos -tanto a las mujeres como a los funcionarios- cuáles son sus derechos y cómo se defienden. Crucialmente, la Fundación ha ido creando conciencia de que existe un problema. Pero la condición trágica de su misión es que la sangre siempre corre más rápido que las ideas.

Los dos errores históricos de Tony Blair

Por Jean Daniel, director de Le Nouvel Observateur. Traducción de José Luis Sánchez- Silva (EL PAÍS, 08/07/07):

Seguramente, Tony Blair ha rediseñado la economía británica intentando avivar el dinamismo de los intercambios que le había legado Margaret Thatcher e incorporando cierto número de medidas sociales. Aunque Blair deja un Reino Unido con mayores desigualdades que antes (la distancia entre las rentas más altas y las más bajas ha batido un nuevo récord), también es cierto que su Gobierno ha creado empleo, ha reducido los déficits y se ha desembarazado de cierto número de tradiciones.

No obstante, cabe decir sin incurrir en paradoja que la Historia le juzgará severamente por haber respetado demasiado dos tradiciones de su país.

La primera es la relativa al famoso hábeas corpus del que pueden beneficiarse los individuos y que forma parte, desde la Carta Magna de 1215, de la carta de libertades del mundo. Pero, según el gran ensayista inglés Edmund Burke, una de las pocas cosas positivas de la Revolución Francesa de 1789 fue, precisamente, considerar que el hábeas corpus concernía a los individuos y no a las comunidades.

Hoy nos damos cuenta de que conceder a las comunidades todo el abanico de libertades que contiene el hábeas corpus era, en efecto, un error. El resultado es que ahora hay en el Reino Unido una nación musulmana que se distingue de Irlanda del Norte, Escocia y el País de Gales en el sentido de que en su caso las tradiciones británicas no funcionan -al revés que en los otros tres- como elemento aglutinador. Es como si, por una revancha de la Historia, los antiguos colonizados pretendiesen ejercer sobre el territorio británico los derechos que les negaron sus antiguos colonizadores.

La segunda tradición que Tony Blair no ha creído oportuno modernizar, ni adaptar, ni modificar, es la que vincula desde siempre incondicionalmente, para lo bueno y para lo malo, al Reino Unido con Estados Unidos. Winston Churchill decía con humor: “A los americanos y a nosotros sólo nos separa la misma lengua”. Blair ha contribuido a sacralizar la alianza anglosajona y la supremacía norteamericana. Pero resulta que ese matrimonio, que había conocido buenos tiempos, con George Bush ha conocido los peores.

Desde el principio, Tony Blair dudó que realmente hubiera armas de destrucción masiva en Irak y que eso pudiese justificar una segunda intervención militar contra este Estado. Sus confidentes más próximos añadieron públicamente que Tony Blair pensaba, como James Baker, Sbignew Brezinski y, sobre todo, Colin Powell, que, aunque en un primer momento la llamada Coalición se granjease la indulgencia o la complicidad de algunos gobiernos árabes, una intervención en Irak conmocionaría durante largo tiempo a la opinión arábigo-musulmana, comprometería la legitimidad religiosa de Arabia Saudí en La Meca y favorecería, bajo el impulso iraní, todos los movimientos terroristas formados en Afganistán, Pakistán y Líbano.

Jimmy Carter fue más lejos en su denuncia. El antiguo presidente de Estados Unidos afirmó que sin la adhesión de Tony Blair a la política de George Bush, el desastre iraquí seguramente hubiera sido menor, y que los preparativos de la guerra hubieran podido venir precedidos de unas negociaciones de paz en Oriente Próximo.

Aún no sabemos lo que piensa Gordon Brown del carácter incondicional del vínculo entre Londres y Washington para el futuro. No sabemos si es un militante de la causa anglosajona en el mundo y de la supremacía atlantista. Simplemente, vamos a tener la ocasión de comprobar si está en condiciones de corregir los dos mayores errores históricos de su predecesor: por una parte, la instalación en el territorio del Reino Unido de una comunidad cuyo repliegue sobre sí misma amenaza con conducir a un conflicto de civilizaciones, y, por otra, la perpetuación contra viento y marea de una actitud servil hacia Estados Unidos.

Conjurar las guerras del agua en Asia

Por Brahma Chellaney, profesor de Estudios Estratégicos del Centro de Investigación Política de Nueva Delhi. Autor de El monstruo asiático: el auge de China, India y Japón. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 09/07/07):

El agravamiento de las rivalidades en Asia por los recursos energéticos, propiciadas en parte por los elevados índices de crecimiento del producto interior bruto y en parte por los intentos de controlar los suministros, han disfrazado otro peligro: la escasez de agua en gran parte de Asia se está convirtiendo en una amenaza para la rápida modernización económica y viene a añadirse a la promoción de proyectos en las cabeceras de cursos fluviales que, de hecho, afectan a jurisdicciones y competencias de orden internacional. En este sentido, si las cuestiones relacionadas con la geopolítica del agua llegan a enconar en el futuro las tensiones entre los países debido a inferiores flujos y recursos hídricos en las diversas áreas en liza, el auge económico asiático podría, indudablemente, perder fuerza y ritmo.

La cuestión del agua se ha situado en primer plano y constituye un factor de primer orden capaz de determinar si Asia se encamina hacia una cooperación recíproca y beneficiosa o si, por contra, se sumerge en una dañina rivalidad. Y en este marco ningún otro país puede influir en tanta medida como China, que controla la altiplanicie tibetana, rica en recursos hídricos y fuente de los ríos más importantes del continente asiático.

Los enormes glaciares y altas cotas de Tíbet lo han dotado de los mayores sistemas fluviales del planeta. Los cursos fluviales que allí tienen su origen abastecen y dan sustento a los dos países más poblados del mundo: China e India, así como Bangladesh, Birmania, Bután, Nepal, Camboya, Pakistán, Laos, Tailandia y Vietnam, que representan un 47% de la población mundial.

Sin embargo, Asia es un continente deficiente en agua.

Asia, aun siendo el hogar de más de la mitad de de la población mundial, posee menos agua dulce - 3.920 cúbicos por habitante- que cualquier otro continente salvo la Antártida.

La amenazadora rivalidad por los recursos hídricos en Asia se ha visto si cabe subrayada por la expansión de la agricultura de regadío, los sectores industriales de elevado consumo (siderurgia y papel, entre otros) y una creciente clase media que cada día emplea más lavadoras y lavavajillas. Según un informe de las Naciones Unidas del 2006, el consumo doméstico de agua en Asia aumenta rápidamente, pero la escasez del líquido elemento es tal, que los asiáticos en situación de aspirar al estilo de vida de los estadounidenses suman una pequeña parte; estos últimos consumen cuatrocientos litros de agua por persona, más de dos veces y media que el promedio en el caso de Asia.

El espectro de las guerras por el agua en Asia se ve reforzado igualmente por el cambio climático y la degradación medioambiental, visibles en la deforestación y la construcción de embalses que propician ciclos de inundaciones crónicas y sequías que causan la pérdida y destrucción de las reservas de agua. La cantidad de nieve fundida del Himalaya que alimenta los ríos de Asia podría aumentar por efecto del cambio climático y comportar consecuencias perjudiciales.

Aunque las disputas entre países por los recursos hídricos en general se han convertido en algo habitual en varios países asiáticos - de India y Pakistán al Sudeste Asiático y China-, el factor más preocupante sigue cifrándose en la posibilidad de un conflicto formal entre distintos estados por el acceso a las cuencas fluviales. Tal inquietud resulta patente en los esfuerzos de China por embalsar o desviar los cursos fluviales que desde la mencionada altiplanicie tibetana se dirigen hacia el sur: en particular, el Indo, el Mekong, el Yangtsé, el Salween, el Brahmaputra, el Karnali y el Sutlej. Entre los enormes ríos de Asia, sólo el Ganges nace en la vertiente india del Himalaya.

La desigual y desequilibrada disponibilidad de recursos hídricos en el interior de algunos países (abundantes en ciertas áreas y escasos en otras) han dado pie a ideas y proyectos grandiosos: desde unir los caudales de ríos en India hasta desviar el curso del Brahmaputra hacia el norte para saciar la sed de las áridas tierras del suelo patrio chino. También es cierto, por otra parte, que un conflicto serio sólo aflorará si toma cuerpo efectivamente - con todas sus consecuencias- la idea de beneficiarse a costa de un país vecino.

En tanto que las penalidades y apuros de China en pos del agua han aumentado en el norte del país debido a su agricultura intensiva no sostenible desde el punto de vista medioambiental, el país ha vuelto los ojos a las inmensas reservas de agua de la altiplanicie tibetana. Ha embalsado ríos no sólo para obtener energía eléctrica, sino también para fomentar la agricultura de regadío y para otros fines. En la actualidad también promueve proyectos de transferencia de caudales entre diversas cuencas.

Merced al control sobre las ricas reservas hídricas de la altiplanicie tibetana, China detenta la llave de los mecanismos susceptibles de conjurar y, llegado el caso, impedir guerras por el agua en Asia. Pese a tal poder y a la construcción de presas en ríos de primera importancia, China procede a construir tres embalses más en el Mekong, levantando con su proceder reacciones y sentimientos encontrados en Vietnam, Laos, Camboya y Tailandia. Varios proyectos chinos en la zona central y occidental de Tíbet repercuten inevitablemente en los cursos fluviales en dirección a India, pero Pekín se resiste a informar sobre tales proyectos y sus consecuencias.

Las diez grandes cuencas hidrográficas que tienen su origen en la zona del Himalaya y el Tíbet proporcionan agua a extensas zonas del continente asiático. El control sobre la meseta tibetana, de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, proporciona a China una herramienta de enorme poder aparte del acceso a grandes recursos naturales. Pero China, que ha contaminado notablemente sus propios ríos a causa de una industrialización sin freno, amenaza ahora - a impulsos de su sed de agua y energía- la viabilidad ecológica de los sistemas fluviales asociados al sur y sudeste de Asia.

Tíbet, en la configuración y tamaño que tuvo hasta los años cincuenta del siglo pasado, representa aproximadamente una cuarta parte del territorio de la China continental, de modo que la población han, por primera vez en la historia, mantiene fronteras contiguas con India, Birmania, Bután y Nepal.

Tíbet, tradicionalmente, abrazó las regiones de Utsang (la meseta central), Kham y Amdo. Tras anexionarse Tíbet, China desgajó Amdo (lugar de nacimiento del actual Dalai Lama) como nueva provincia de Qinghai y convirtió a Utsang y el este de Kham en la región autónoma del Tíbet, además de fusionar las áreas restantes del Tíbet con sus provincias de Sichuan, Yunnan y Gansú.

El Tíbet tradicional no es sólo una realidad cultural propia y singular, sino también la altiplanicie natural donde el futuro de sus reservas de agua se halla vinculado innegablemente a una política ecológica y sostenible. Al compás del hambre china de productos y artículos básicos, ha ido aumentando su explotación de los recursos del Tíbet. Y a medida que se han recrudecido los problemas y dificultades de varias urbes chinas importantes para abastecerse de agua, un grupo de ex políticos y funcionarios ha defendido el desvío hacia el norte de las aguas del río Brahmaputra en un libro de título revelador: Las aguas del Tíbet salvarán China.

El impulso de magnos proyectos hídricos, combinado con la despiadada explotación de recursos minerales, amenazan los frágiles ecosistemas del Tíbet. El vertido de residuos, además, empieza a contaminar los cursos de agua. Al parecer, China se halla empeñada en promover proyectos y más proyectos utilizando el agua como arma…

La idea de un Gran Proyecto de Transferencia de recursos hídricos sur-norte - que entraña el desvío de cursos fluviales procedentes de la altiplanicie tibetana- cuenta con el respaldo del presidente Hu Jintao, un hidrólogo bien conocido por aplastar las aspiraciones de Tíbet mediante la bárbara aplicación de la ley marcial en 1989.

Nostálgicos del Trono y del Altar

Por Juan Goytisolo, escritor (EL PAÍS, 09/07/07):

La lectura del reciente Foro de Debate de El Mundo en torno a la figura del cardenal-arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, me llenó de estupor. Tras dar la bienvenida al ilustre prelado, el director del diario madrileño le pidió disculpas por haber podido ofender a la Iglesia con motivo de una entrevista publicada en sus páginas con el escritor Álvaro Pombo, en el que éste zahería su beligerancia antilaica y su anatema contra el matrimonio homosexual. El homenaje de pleitesía a quien mejor encarna posiciones que en otros tiempos eran denominadas ultramontanas y que hoy lo son de integristas tiene al menos el mérito de dejar las cosas claras: para algunos la sociedad española, liberada al fin de siglos de tutela eclesiástica, debería someterse de nuevo a los preceptos y prerrogativas que la actual jerarquía religiosa añora y reclama en su peculiar guerra santa contra el “laicismo radical” y la, en verdad inocua, asignatura de Educación para la Ciudadanía, en la que “Dios no cuenta” y “la dimensión trascendente del ser humano queda reducida a la esfera de lo privado”.

¿Disculpas? ¿Cabe excusarse con una institución que jamás lo ha hecho por los crímenes y brutalidades que jalonan su larga y poco piadosa historia? ¿Se ha disculpado la Iglesia por los tormentos y hogueras del Santo Oficio que acabaron con la vida de decenas de millares de españoles, acusados de judaizantes, luteranos, sodomitas, hechiceros y una larga lista de herejías reales o supuestas? ¿Por la condena de quienes se arriesgaron a pensar por su cuenta y a vivir de acuerdo con su naturaleza y creencias? ¿Por su reiterada excomunión de liberales, masones, republicanos, comunistas, etcétera, desde el absolutismo fernandino hasta hace unas cuantas décadas? ¿Por su intervención directa en las guerras civiles del XIX que frenaron la modernización de España y por su vergonzoso apoyo al pronunciamiento militar contra la República, calificada nada menos que de Cruzada en la Carta Colectiva del Episcopado de 1937? ¿Por el exterminio planificado de “los rojos” por ese mismo dictador católico a quien recibían bajo palio en sus tiempos y que acuñaba con su asenso las famosas monedas de “Caudillo de España por la Gracia de Dios”?

El actual e imparable proceso de apertura de la sociedad hispana eriza los cabellos de nuestros santos tonsurados. Sus iglesias se vacían, un creciente número de jóvenes se proclaman agnósticos y, pese a las apariciones carismáticas de los dos últimos Pontífices y la espectacular mercadotecnia a su servicio, la grey se aleja de ellos y no atiende a sus diatribas contra el funesto radicalismo que “niega la libertad religiosa”. Podrían dar un ejemplo de humildad y de espíritu evangélico, pero no lo dan. Llenan sus arcas con el dinero del Estado, esto es, del bolsillo del contribuyente, ya sea católico o no, y no obstante de eso sueñan en el retorno a la alianza del Trono y el Altar. Presiden bodas principescas y de celebridades del orden de la hija del ex presidente Aznar en El Escorial, mientras privan de la facultad de decir misa a quienes se inspiran en las enseñanzas de Jesús de Nazaret en la medida en que su ejemplo pone al descubierto el fariseísmo propio y el afán de acumular poder y más poder.

Las leyes adoptadas en la actual legislatura responden a las realidades del cambio social y a las expectativas de la gran mayoría de españoles que les da la espalda. La simplificación de los procedimientos para abortar, la legalización del divorcio, la ley de parejas de hecho y el matrimonio homosexual no son los cuatro jinetes del Apocalipsis que amenazan, según ellos, los fundamentos de la sociedad. Quiebran tan sólo la sujeción de la conciencia de los fieles a los mandamientos de la Iglesia de Roma a través del confesonario y de la imposición de preceptos de imposible cumplimiento, como pueden ser el celibato de los clérigos y la castidad de los jóvenes. ¡No importa que el anatema contra los anticonceptivos condene a millones de africanos a una muerte lenta, víctimas del “monstruo de las dos sílabas”, si sus sufrimientos en este bajo mundo le redimen de sus pecados (o de los de sus padres) y facilitan su acceso a la gloria eterna en el Más Allá!

Las tesis de Huntington sobre el choque de civilizaciones no concierne por ahora a nuestros dómines. La Iglesia de Roma no busca la confrontación con el islam: secretamente, lo admira y envidia. ¿Cómo se las arregla para mantener la fe de sus fieles y para congregarlos en sus templos en tanto que los suyos cierran por falta de público y las ovejas de su antiguo rebaño se entregan al hedonismo más descarado? El culpable es el laicismo, ese laicismo que permite vivir a cada cual conforme a su conciencia.

El proselitismo expansivo de las iglesias evangélicas en Iberoamérica, con la consiguiente deserción de una parte de la propia grey, agrava su angustia y dispara todas las alarmas. ¿Por qué las otras creencias se robustecen y la suya amengua? Y, en vez de proceder a un examen de su vida y conducta y a corregir su muy poco cristiana ostentación de riqueza, nuestros obispos vuelven la mirada hacia atrás. A la bendita época de Fernando VII y del generalísimo Franco, a esos centenares de mártires beatificados por Juan Pablo II en Valencia, a quienes el actual arzobispo de la ciudad, Agustín García-Gasco, quiere erigir un templo a imitación del excavado en el Valle de los Caídos. Pues, al tiempo que truenan contra la Ley de Recuperación de la Memoria Histórica de las víctimas de Franco, se aferran al recuerdo de las persecuciones religiosas evocadas machaconamente durante 40 años por los servicios de propaganda del Régimen y cuyo testimonio se perpetuaba (y a veces se perpetúa aún) en las lápidas que ornaban (u ornan) las fachadas de sus templos.

Lo que aprendieron duramente los españoles de derechas o de izquierdas tras 150 años de guerras civiles -acabar de una vez por todas con los hechos, situaciones y doctrinas que las provocaron- choca frontalmente con el programa de Rouco, Cañizares y de los portavoces de la cadena episcopal. Si no hay clima de guerra civil, habrá que inventarlo. España agoniza, vuelven los tiempos en los que será necesario defender los principios que sustentan con peligro de sus personas (y de las de los demás). Tales dislates, repetidos a diario, no responden, para desdicha suya, a realidad alguna. Los españoles nunca han vivido tan bien como hoy, aunque quizá el porcentaje de quienes salvan su alma haya descendido un tanto desde los tiempos felices de Arias-Salgado. La tolerancia y el respeto a la libre conciencia de los ciudadanos no matan a nadie. Son los fanáticos e intolerantes de toda laya quienes manchan sus manos de sangre. Menos de la suya, claro, que de la de los demás.

Cuba, la arrogancia y la confianza

Por José Manuel Fajardo, escritor (EL PERIÓDICO, 10/07/07):

Todo el mundo tiene una opinión sobre Cuba y, sin embargo, cuando se viaja a la isla nadie encuentra lo que esperaba. Ni el anticastrista ni el admirador de la revolución. Comprender la sociedad cubana es un verdadero reto intelectual para quienes no temen arriesgarse a que la realidad venga a desmentirles los prejuicios. Porque la realidad cubana es mucho más matizada y compleja que la visión caricaturesca con que la retratan detractores y partidarios.

La nueva política de diálogo con las autoridades de Cuba, propugnada por el Gobierno de Zapatero, admite la complejidad del caso cubano. La presentación de Cuba como un infierno de terror no responde a la realidad de la vida en la isla, y no me refiero a la realidad que ve el turista desde su hotel, sino a la otra, la que viven los cubanos de a pie y a la que también puede acceder el viajero si opta por viajar a la isla al margen de viajes programados. Esa vida cotidiana resulta extraordinariamente contradictoria, mezcla de sueños y burocracia, limitaciones y desenfado, imaginación y arbitrariedad. Frente a ella, las posiciones simplistas, además de equivocadas, solo pueden tener nefastas consecuencias, pues precisamente lo que la sociedad cubana necesita es salir de los arrogantes esquemas de una confrontación que conlleva una paradoja esencial: un país tan orgulloso de su independencia como Cuba está, sin embargo, permanentemente condicionado desde 1960 por la intervención de otros países. Hay un vínculo directo entre la situación interna del país y la actitud de países como EEUU o España. Como dice una canción del rapero cubano Equis Alfonso: “El problema es internacional”.

En ese terreno internacional, se han empezado a dar pasos para superar la lógica de confrontación, como la oferta de diálogo de la UE al Gobierno de Cuba, poco después de que este acordara con el de España la apertura de un espacio de diálogo permanente sobre los derechos humanos en la isla. Se trata de medidas opuestas a la política de acoso y derribo impulsada en su día por el expresidente Aznar en sintonía con el asedio preconizado por EEUU. Pero si representan un realista cambio de criterio por parte de UE, realista es también la disposición del Gobierno cubano, presidido por Raúl Castro, a hablar del siempre conflictivo asunto de los derechos humanos.

EL HECHO DE que la ONU haya decidido excluir a Cuba del listado de países donde las violaciones de derechos humanos son especialmente graves contribuye a sacar este asunto del terreno de la propaganda para colocarlo en su verdadera dimensión. El sistema político cubano ha conseguido grandes logros en materia de derechos humanos como la vivienda, la sanidad, la educación o la igualdad, pero sigue teniendo graves restricciones en otros derechos como el de asociación y manifestación, y la libertad de prensa es inexistente. Al mismo tiempo, el terreno de la libertad de expresión artística se ha abierto enormemente y hace unos meses se asistía a la protesta masiva de escritores residentes en la isla contra los intentos de justificar las políticas de represión cultural de los años 70.

Sin embargo, las sombras en este nuevo e incipiente clima de diálogo y distensión permanecen. La primera es la amenaza de injerencia por parte de EEUU, una amenaza que muchas veces sirve para justificar los propios errores y carencias del sistema cubano, pero que está lejos de ser una paranoia. Decenas de invasiones en países de América Latina a lo largo del siglo XX (Granada, Panamá y Haití en las dos últimas décadas) y las propias agresiones directas contra Cuba, como la invasión de 1961 y los planes para asesinar a Fidel Castro, ahora confirmados en los papeles secretos de la CIA publicados, justifican la obsesión de las autoridades cubanas con Estados Unidos. La segunda es la permanencia de presos por delitos de índole política en Cuba y el hostigamiento a muchos de quienes mantienen opiniones contrarias al Gobierno. El reciente caso de la muerte en una comisaría de un disidente, aparentemente por suicidio, plantea la necesidad de que las autoridades garanticen el trato digno a los presos.

SE TRATA DE crear un clima de respeto y no injerencia que permita que las críticas hacia las deficiencias del sistema cubano (de igual modo que las autoridades cubanas critican las deficiencias de otros sistemas políticos) dejen de ser instrumentos para derribar dicho sistema y se conviertan en elementos que ayuden a que la vida política cubana pueda abandonar por fin la situación de excepción prebélica, que es la base de la mayoría de las restricciones de derechos existentes en la isla. Porque Cuba no es una gran prisión, como denuncian los más cerriles anticastristas, sino un país militarizado que vive hace décadas en estado de guerra virtual contra el mayor imperio de la historia. Y, al igual que los individuos, una sociedad sometida permanentemente a presión termina por padecer alteraciones graves de conducta.

Para que Cuba pueda liberarse de tantos años de paralizante angustia por la supervivencia y desarrollar su tremendo potencial humano, que es en gran medida fruto de la propia revolución, es preciso sustituir la arrogancia numantina y la imperial por un espacio de confianza en el que la crítica pueda ser percibida como una contribución, condición esencial para que Cuba pueda abrirse al pluralismo. Es un camino difícil, pero la realidad siempre lo es.