jueves, abril 29, 2010

Crisis (14): Lo que no se ve

Por Xavier Sala i Martin, Columbia University, UPF i Fundació Umbele (LA VANGUARDIA, 17/08/09):

Bayona, 1839. Un gamberro lanza una piedra contra una panadería y rompe una ventana. El panadero sale enfurecido y se echa a llorar porque va a tener que pagar un nuevo cristal. Los viandantes se reúnen a su alrededor y, al principio, se solidarizan con su desgracia. De repente, uno de ellos explica que el infortunio no es tal ya que el dinero que el panadero va a gastar representará un ingreso para los cristaleros (quienes, al fin y al cabo, viven de los cristales rotos). Estos van a gastar ese dinero en la carnicería en beneficio de los carniceros, que a su vez vana gastarlo en el teatro en beneficio de los actores, y así sucesivamente hasta suponer un enorme efecto positivo sobre la economía agregada, a través de lo que los economistas keynesianos llaman el efecto multiplicador. Tras concluir que la gamberrada era buena para la sociedad, los viandantes abandonaron al panadero a su suerte.

Esta historia, conocida como la paradoja de los cristales rotos, fue contada por primera vez por el economista francés Frédéric Bastiat en 1839 en un fantástico libro llamado Ce qu´on voit et ce qu´on ne voit pas (Lo que se ve y lo que no se ve). La tesis principal del libro es que muchos analistas cometen errores garrafales porque se fijan sólo en “lo que se ve” e ignoran “lo que no se ve”. En el ejemplo del cristal roto, “lo que se ve” es que el panadero va a tener que gastar dinero para reparar la ventana y eso va a afectar positivamente a quien recibe el pago, el cristalero. “Lo que no se ve” es que el dinero que el panadero gastará en cristales iba a ser destinado a comprar otras cosas, como por ejemplo, un traje. Al no poder comprarlo, el sastre no ingresa nada, el carnicero del sastre tampoco y los teatros a los que iba a acudir el carnicero del sastre tampoco. Es decir, que el efecto multiplicador resultante de reparar el cristal solamente sustituye a un efecto idéntico que hubiera generado el gasto en cosas alternativas. Al no haber efectos netos positivos, lo único que queda es un cristal roto. Y eso es malo.

Les explico todo esto porque los gobiernos del mundo entero intentan reactivar la economía a través de programas Renove que subsidian la compra de coches nuevos a cambio de la destrucción de coches viejos. Según esos planes, el gobierno se constituye en un gran gamberro (lo digo por analogía con el chaval que lanzó la piedra contra la panadería) y destruye toda una flota de coches que todavía funcionan con el argumento de que, al tener que repararlos, se va a fomentar la actividad económica: como en la paradoja de los cristales rotos, los fabricantes y distribuidores de automóviles tendrán ingresos adicionales, los gastarán y eso tendrá efectos positivos sobre la sociedad. También saldrán beneficiados los propietarios de coches viejos que reciban un subsidio superior al valor que su cacharro tenía en el mercado. Todo eso es “lo que se ve”. Ahora bien, “lo que no se ve” (y no se contabiliza) son las pérdidas de mecánicos y reparadores de coches, las de los vendedores de segunda mano a los que el Estado ha robado el negocio y las de los contribuyentes.

Además, está el malgasto en burócratas administradores del programa y sobre todo, lo que no se ve es el dinero que no ingresan las industrias que no van a recibir el subsidio y las que no van a obtener el dinero que los consumidores hubieran gastado si no hubieran tenido que pagar tantos impuestos. Es decir, si el Estado realmente cree que destruir automóviles viejos para fabricar los nuevos es bueno para la economía, ¿no debería también destruir neveras, televisiones de plasma y videojuegos? ¿Y por qué parar ahí? ¿Por qué no derribar edificios, carreteras y puentes? ¿Por qué no demoler ciudades enteras por el bien de la sociedad? ¿Verdad que no tendría sentido? Pues tampoco lo tienen los planes Renove.Porque destruir maquinaria y dedicar dinero a reemplazarla no genera suficientes beneficios para compensar la destrucción. La pregunta es: ¿por qué el Estado tiene tanto interés en ayudar a la industria del automóvil con cargo a los trabajadores-contribuyentes de todos los otros sectores?

La respuesta que se nos da últimamente es (¿cómo no?): ¡hay que combatir el cambio climático! De hecho, el nuevo plan se llama VIVE! de Vehículo Innovador, Vehículo Ecológico. A pesar de que el cambio climático se ha convertido en el comodín justificador de las políticas más ridículas e injustificables de planeta, citarlo no es suficiente: esas políticas también deben ser sometidas a la lógica económica. Nos dicen que los coches nuevos van a contaminar menos que los antiguos porque tienen una tecnología mucho más verde y sostenible. Eso es “lo que se ve”. Ahora bien, “lo que no se ve” (y lo que los ecologistas no contabilizan) es que para construir cada coche nuevo se necesita contaminar. ¿O no se emite CO y 2 no se contamina cuando se produce el acero de la carrocería y el motor, la goma de los neumáticos, los plásticos de los interiores o la pintura exterior? La pregunta es: ¿la reducción de emisiones que van a tener los nuevos y eficientes coches será superior al incremento de polución que supondrá su fabricación? Según un artículo publicado en The New York Times por Michael Gerrard, director del Centro para del Cambio Climático de la Columbia University, la respuesta es no. También en la sostenibilidad, pues, las autoridades parecen ignorar la paradoja de los cristales rotos, esa vieja lección que ya se explicaba en 1839, sobre lo que se ve y lo que no se ve.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Crisis (11): peligroso regalo

Por Xavier Sala i Martín, Columbia University, UPF y Fundació Umbele (LA VANGUARDIA, 17/04/09):

La crisis económica mundial no llegará a su fin hasta que se solucione el problema de fondo: los activos tóxicos basados en hipotecas morosas que están en manos de bancos norteamericanos impiden a estos operar como entidades financieras normales, y eso evita que el crédito fluya hacia el resto de la economía y frena la recuperación. El problema es que los bancos adquirieron grandes cantidades de esos productos financieros a un precio elevado, pero dada la anormalmente alta tasa de morosidad, se han devaluado y nadie los quiere comprar si no esa precio de saldo. La solución pasa por que esos activos tóxicos desaparezcan de los balances de los bancos, pero los bancos se han negado a vender a precio de saldo por dos razones. Primera, porque pensaban que si vendían, incurrirían en unas pérdidas tan grandes que representarían su quiebra. Segunda…, porque los banqueros, que son gente muy lista, tenían la esperanza de que el Gobierno acabaría comprándolos a un precio cercano al original. Y, visto el nuevo plan de Obama, mucho me temo que los banqueros tenían razón.

¿Cómo? ¡Pero si el Gobierno de Barack Obama ha jurado y perjurado que no utilizará impuestos para subsidiar a esos banqueros egoístas cuya codicia ha causado, según el propio presidente, la actual situación de crisis financiera mundial! Pues bien, mis queridos lectores: el plan de Obama es una estratagema camuflada que utiliza dinero público para que los bancos recuperen casi todo el dinero de los activos tóxicos. Me explico.

De manera muy resumida, el plan de rescate funciona así: se crea una sociedad público-privada (SPP) en la que inversores privados aportan 30.000 millones y el Gobierno otros 150.000 millones. Con esos 180.000 millones como garantía, la SPP pide un préstamo al FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation, la institución pública que garantiza los depósitos de los bancos) de 820.000 millones, por lo que la SPP dispone de 1 billón de dólares para invertir. Es importante señalar que el crédito de 820.000 es “sin recurso”, es decir, que si la inversión de la SPP pierde dinero, el crédito no se devuelve y los inversores privados solamente pierden los 30.000 millones de su bolsillo. Pues bien, con ese billón de dólares, la SPP comprará los activos tóxicos de los bancos a un precio determinado mediante subasta. La idea es que el Gobierno se aproveche de la “sabiduría” de los mercados privados a través de la subasta para que el contribuyente no pague un precio excesivo por unos activos tóxicos.

Sobre el papel, y tal como dice Obama, este plan no representa ningún subsidio público a los bancos. ¿Correcto? Pues no. Incorrecto. El plan no sólo es un enorme subsidio, sino que permite que los bancos recuperen todo el dinero malgastado en activos tóxicos con cargo al contribuyente. Para entender por qué, imaginemos que Citigroup tiene activos tóxicos que compró por valor de 1 millón de dólares. Imaginemos, para simplificar, que la probabilidad de que esos activos acaben pagando dividendos es el 2%. Esos activos, pues, tienen un valor de mercado de 20.000. Si yo fuera directivo de Citigroup, sin embargo, crearía una sociedad paralela para participar en la SPP (he leído el plan de Obama de arriba abajo y… ¡no hay nada que prohíba a Citigroup hacerlo!). Una vez en el centro del meollo, la sociedad de nueva creación entra en la subasta y puja hasta que el precio sea de 1 millón de dólares. Los inversores externos saben que esos activos sólo valen 20.000, por lo que no pujarán. La compra es adjudicada, pues, a la subsidiaria de Citigroup por 1 millón. ¿Quién paga? Pues, según el plan, 30.000 los pone la empresa subsidiaria (es decir, el propio Citigroup), 150.000 los pondrá el Gobierno (es decir, el contribuyente) y el resto lo pondrá el crédito del FDIC. Ahora bien, como pasados unos años, la nueva sociedad verá que esos activos por los que han pagado 1 millón sólo valen 20.000 dólares, incurrirá en pérdidas y no podrá devolver el crédito al FDIC. Pero como el crédito era sin recurso, resulta que la nueva sociedad no lo tiene que devolver, por lo que el dinero aportado por el FDIC (es decir, por el contribuyente) acabará financiando el resto de la operación. Resumiendo: Citigroup recupera el millón de dólares que había pagado originalmente y, de ese millón, 30.000 lo paga el propio Citigroup y los restantes 970.000 euros los paga el contribuyente. Es decir: diga lo que diga el flamante presidente de Estados Unidos, su “sofisticado” plan de rescate no es más que una burda compra de activos tóxicos a su precio original con cargo al contribuyente. Eso explica por qué las bolsas celebraron con espectaculares subidas la aprobación del plan y por qué los bancos no han querido vender sus activos tóxicos durante meses: de alguna manera anticiparon que papá Estado no los iba a dejar en la estacada y acabaría comprando el fruto de sus pecados al precio original. Naturalmente, salvar el trasero de banqueros irresponsables no sólo representa la utilización inmoral de recursos públicos, sino que supondrá una salida en falso de la crisis: las entidades financieras, ya sin su mochila tóxica, tendrán incentivos para volver a comportarse irresponsablemente a sabiendas de que, cuando las cosas vayan bien ellos se quedarán los beneficios y, cuando vayan mal, volverá a pagar el contribuyente. En este sentido, Obama acaba de plantar las semillas de la próxima catástrofe financiera con un plan que, para los bancos, no es más que un peligroso regalo.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

¿Quién cambiará Reino Unido?

Por Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford e investigador en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Su último libro es Facts are Subversive: Political Writing from a Decade Without a Name. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 17/04/10):

Espejito, espejito, ¿quién es el menos creíble de todos? Es difícil decidirlo. Ninguno de los candidatos que se presentan está siendo sincero con los votantes británicos sobre la devastadora política de austeridad que va a haber que emprender en los próximos años. Para hacerse una idea de lo que nos aguarda, no deberíamos ver los debates de los candidatos en televisión, sino visitar Irlanda.

Mientras tanto, mi premio provisional a la propuesta de campaña más inverosímil de todas va a parar a los conservadores por la página 62 de su programa electoral. En ella aparece una figura en sombras que sostiene una pancarta en la que se lee “Poder popular”. He sido testigo de unos cuantos momentos históricos de “poder popular” y, si las propuestas de reforma política que presenta el programa conservador constituyen una defensa del poder popular, yo soy filipino.

La verdad es que nos encontramos ante un interesante farol por partida triple. Se llaman conservadores (paso 1) pero (paso 2) emplean un lenguaje de cambio radical ante el que Edmund Burke se revolvería en su tumba y Tom Paine estaría encantado. Necesitamos una “reforma política radical”, dice el programa, en negrita. “Necesitamos cambiar la forma de gobernar este país”. Debe haber “una redistribución total del poder”. “Debilitaremos a las viejas élites políticas y daremos el poder al pueblo…”. ¡Que les corten la cabeza! O, mejor dicho -dado que no se me ocurren mejores representantes de las viejas élites políticas de este país que el ex alumno de Eton David Cameron y sus colegas-, ¡que nos corten la cabeza!

Sin embargo, al leer las propuestas detalladas que figuran a continuación, uno se da cuenta de que (paso 3) no hablan en serio. Son conservadores que fingen ser jacobinos pero en realidad son eso, conservadores. Burke disfrazado de Paine. Estarían dispuestos a introducir el derecho de los votantes de una circunscripción concreta a “retirar” a su representante parlamentario, restricciones a la financiación de los partidos y los grupos de presión, que las leyes que afectan a Reino Unido se aprueben en cierta medida con votos ingleses y la esperada posibilidad de que se puedan presentar peticiones populares al Parlamento; pero, por lo demás, la antigua estructura del régimen de un Ejecutivo topoderoso que gobierna en nombre de la corona parlamentaria seguiría como hasta ahora. De hecho, se reafirmaría este orden frente a “Europa” en una Ley de Soberanía.

Las reformas del “voto justo” que proponen los conservadores corregirían -con razón- la desventaja que sufren en el mapa de circunscripciones actual, pero cambiarían poca cosa más. Mantendrían el sistema de escrutinio uninominal mayoritario (first-past-the-post). Las medidas que se comprometen a tomar para reforzar la independencia de la Cámara de los Comunes no alcanzan el nivel de lo que ya propuso un comité presidido por Tony Wright, con representantes de todos los partidos. Lo que dicen sobre la reforma de la Cámara de los Lores es un ejemplo perfecto del lenguaje que suele emplear el Lord presidente de la Cámara -”trabajaremos para construir un consenso sobre una segunda cámara elegida en su mayoría”- y, de hecho, en los últimos tiempos del viejo Parlamento, los conservadores votaron a favor de conservar a los lores hereditarios que seguían existiendo. Como demostró Tony Blair, cuando uno llega al Número 10 de Downing Street, la tentación de gobernar siguiendo el viejo estilo es irresistible. No tenemos más que esperar a que Cameron haga sus primeros nombramientos para una Cámara de los Lores sin reformar.

Aplaudo el deseo de los conservadores de dar más poder a las instancias locales, pero también en este caso sus propuestas son menos radicales de lo que parecen. Que los alcaldes de las 12 mayores ciudades de Inglaterra fueran elegidos sería estupendo, pero el derecho simbólico a promover referendos locales no es suficiente para reemplazar unos poderes serios e independientes que permitan recaudar fondos.

Los laboristas resultan casi tan inverosímiles como los tories, aunque en otro sentido. Sus propuestas de reforma política son más audaces y más específicas. Entre ellas está la de un doble referéndum sobre la introducción de un sistema de voto alternativo para las elecciones a la Cámara de los Comunes y sobre una segunda cámara electa, leyes para establecer periodos parlamentarios fijos y, lo más interesante de todo, una comisión de todos los partidos encargada de “trazar un plan para avanzar hacia una constitución escrita”. Todo magnífico. Ahora bien, ¿dónde han estado estos últimos 13 años? En el poder. ¿Y por qué no han hecho todo eso? Ya en 1992, el programa del partido laborista prometía acabar con el abuso de la Prerrogativa real, convertir los Lores en una segunda cámara electa e introducir el periodo parlamentario fijo. En 1998, una comisión encabezada por el veterano político Roy Jenkins, formada a petición del primer Gobierno de Blair, recomendó un sistema electoral de “voto alternativo plus”. Si un tío borracho lleva 13 años diciendo que va a dejar la bebida -”de verdad que esta vez lo digo en serio”-, al final cuesta un poco creerle. “De verdad que esta vez lo digo en serio”, asegura el tío Gordon, con una sonrisa como la de Jack Nicholson cuando hacía de Joker. Seamos justos: en estos 13 años hemos conseguido cosas sin precedentes como el reparto de competencias a Escocia, Gales e Irlanda del Norte, la independencia del Banco de Inglaterra, la Ley de la Libertad de Información y la Ley de Derechos Humanos (que los conservadores quieren revocar). Pero a la hora de la verdad -en el caso de Irak o de las leyes autoritarias que restringen las libertades civiles-, el ejecutivo todopoderoso ha seguido avasallando a un Parlamento abúlico. El laborismo ha desmantelado elementos importantes del viejo orden constitucional, pero no ha construido otro nuevo en su lugar.

En cuanto a los demócratas liberales, también son poco creíbles, pero en su caso resulta enternecedor. Su programa propone grandes cambios -como la representación proporcional y una constitución escrita- que, si se hicieran realidad, transformarían nuestro sistema político. ¿Pero alguien cree que tienen la capacidad de llevarlos a la práctica?

Escojamos, pues. ¿Qué variante de lo increíble prefieren? Como nota positiva, una consecuencia no del todo lógica de la indignación popular -alimentada por los medios- a propósito de los gastos de los parlamentarios es que todos los partidos tienen que prestar ahora más atención a ese asunto de una política “nueva” y “más limpia”. Es interesante que hablaran de ello los candidatos el jueves en el debate televisado; si hubiera habido debates en las elecciones anteriores, seguramente ni habrían tocado el tema. Pero no será un elemento decisivo en las elecciones. Importarán más las políticas económicas, el argumento de que “ha llegado la hora del cambio”, su imagen televisiva, incluso las esposas de los candidatos. Además, al hablar de la reforma política, los votantes británicos suelen hacer una desconexión mental entre cómo ven la enfermedad y cuál opinan que puede ser la cura. Si se les dice que “nuestros políticos son unos corruptos”, se mostrarán completamente de acuerdo. Si se empieza a hablar de reforma constitucional, se les ponen los ojos vidriosos, como si acabaran de llamar a su puerta unos predicadores mormones.

¿Y qué pasa con los electores británicos a los que, como a mí, sí les importa la reforma política? Desde hace 30 años, esta esperanza que revolotea entre bastidores de la política británica es una de las preocupaciones favoritas del centro izquierda liberal. Pareció una posibilidad real en la campaña electoral de 1997. Y ahora puede volver a serlo. Sin embargo, la alianza entre liberales y laboristas sólo podría reanimarse de forma inmediata si, el 6 de mayo, estos últimos obtuvieran más escaños que los conservadores pero sin alcanzar la mayoría absoluta. Y, aun entonces, ¿cuántos votantes lo considerarían legítimo? En cualquier caso, los sondeos más recientes parecen indicar que no es probable. Y uno no puede poner en duda una ecuación compleja sólo con su voto personal.

No obstante, estoy de acuerdo con el veterano partidario de la reforma constitucional Anthony Barnett en que cualquiera interesado por estos temas debe votar a los candidatos reformistas, ya sean demócratas liberales, representantes de partidos pequeños, independientes o conservadores y laboristas disidentes, que contribuyan a aumentar las posibilidades de tener un Parlamento fuerte y capaz de impulsar el cambio estructural que Reino Unido necesita. Este viaje ya ha sido más largo de lo que hacía falta y con un Gobierno conservador duraría todavía más; pero acabaremos llegando a la meta. Hasta ahora, no llevamos más que 30 años de travesía del desierto.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Se equivocó la (santa) paloma

Por Antonio Franco, periodista (EL PERIÓDICO, 17/04/10):

Los políticos del Vaticano se equivocan de medio a medio cuando atribuyen a una campaña desestabilizadora externa la oleada de críticas a su comportamiento en los abusos a menores cometidos por sacerdotes delincuentes. Esta táctica defensiva está demasiado gastada; ha sido utilizada por muchos acusados manifiestamente culpables, y resulta intrascendente cuando lo que llueve sobre sus cabezas son tantos, tan precisos y tan variados datos objetivos sobre lo sucedido.

Aunque se pueda aceptar como probable que haya gente trabajando de forma sistemática en contra suyo, ese no es el problema de fondo de esta crisis. Porque si sumamos el efecto máximo que podrían conseguir todas las hipotéticas campañas organizadas adversas, su resultado siempre sería sensiblemente inferior a la magnitud, casi universal, de la decepción y el enfado que experimenta el conjunto de personas de buena voluntad que hay en todo el mundo ante lo que ha hecho la jerarquía eclesiástica católica.

Tampoco hay que considerar sospechoso el goteo continuo de noticias culpabilizadoras. Eso responde a la propia naturaleza de las agresiones sexuales a menores. En ellas es muy difícil la denuncia puntual y aislada de las víctimas, y la posibilidad de hacerlas se multiplica cuando otros dan previamente el paso.

Tanto el poder fáctico –que puede ser intimidatorio– que tienen los sacerdotes respecto de sus fieles (entre ellos, las víctimas y sus familias), como el poder político explícito de los obispos y de Roma, han evitado que la opinión pública conociese lo sucedido cuando se producía cada caso, de modo que se carecía de una visión con perspectiva de todo lo que sucedía globalmente y se ocultaba. Resulta deshonesto efectuar primero una tarea sistemática de ocultamiento, para quejarse luego, al destaparse la botella, de lo sospechoso que resulta que aparezcan de golpe tantos casos.

Las pruebas son tozudas y se refieren a dos cuestiones distintas. La primera, que, junto a una mayoría de religiosos con buena conducta, una minoría ha cometido de forma regular y persistente delitos personales de agresión sexual a menores que estaban bajo su custodia. Es un tema de delincuentes concretos.

La segunda cuestión es que la jerarquía eclesiástica, desde las esferas locales hasta el Vaticano, ha desplegado una política sistemática de ocultamiento y obstrucción a la justicia de estos hechos. Ha intimidado o sobornado a las víctimas para que no trascendiesen los hechos, y ha creado un muro de secreto y disimulo que en la práctica ha favorecido la reincidencia de los delincuentes, exponiendo a situaciones de peligro a muchísimos otros menores, una parte de los cuales acabaron convirtiéndose en nuevas víctimas. Sabemos que ha sucedido miles de veces, y tenemos derecho a temer que haya sido en miles de sitios.

Este segundo aspecto tiene vertientes individuales, de encubrimiento criminal por parte de personas de la jerarquía eclesiástica, y un cariz institucional, pues existen directrices para hacerlo emanadas desde el Vaticano.

La fina sensibilidad intelectual de Joseph Ratzinger debe advertirle ya del alcance real del problema. Acaba de romper su silencio sobre el tema y ha quebrado la estrategia de sus acólitos, que atacan frontalmente a quienes critican el encubrimiento y argumentan que era por «el bien de la Iglesia». Con una frase un tanto críptica, la de que ahora «es necesario hacer penitencia y reconocer las equivocaciones de nuestra vida», Ratzinger entona sin duda una especie de mea culpa.

Eso sería válido y suficiente si nos encontrásemos ante un pecado de alcance particular, como, por ejemplo, unos malos pensamientos. Por el contrario, lo que tenemos son delitos, violaciones, agresiones a menores, y en eso, además de contar uno mismo y Dios, también tienen derecho y obligación de intervenir los tribunales civiles de justicia.

No hay más remedio que pensar que, con sus antecedentes personales en esta materia como prefecto del antiguo Santo Oficio, Ratzinger tiene una implicación tan directa en los encubrimientos que se equivocó al aceptar la elección como Papa. Era en ese momento cuando tenía que haber tenido la lucidez de saber que le correspondía hacer la penitencia y reconocer las equivocaciones, porque su ascenso podía comprometer en el futuro –como sucede ahora– la llamada silla de San Pedro. Aquel era el momento, aquel fue el error.

Visto desde una óptica creyente, es posible que el Espíritu Santo le pusiese a prueba y él se equivocó aceptando. Ahora la situación y el descrédito son irreversibles, aunque queda la opción de la retirada vía dimisión. De lo contrario, vivirá de ahora en adelante con el riesgo del escándalo de que algún tribunal le declare justamente culpable por complicidad. O de que en alguno de sus viajes pase por un país donde un juez le cree una situación tan embarazosa como la que protagonizó Pinochet en Londres.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

¡Pasa tus vacaciones en el ‘gulag’!

Por Monika Zgustova, escritora. Su última novela es Jardín de invierno, Destino (EL PAÍS, 16/04/10):

Hojeando la prensa diaria me llama la atención el siguiente titular: “Vacaciones delirantes: ¡Bienvenidos al gulag!” ¿Se trata de una broma? La propuesta se especifica de la siguiente manera: “Plan de vacaciones Gulag: talar árboles en un bosque lituano con nieve hasta los tobillos, aprender el himno de la URSS, degustar una sopa aguada y un trozo de pan negro y, de postre, ser interrogado por un miembro de la KGB”. A continuación, el anuncio propone en clave de ironía: “Todo un festival de placeres y relax”.

Recuerdo que en su novela Un día en la vida de Iván Denísovich, Solzhenitsin, describe cómo Iván, su álter ego, encerrado en el gulag, saboreaba un pequeño trozo de dicho pan negro y cómo guardaba otro trozo en una bota para repartir las migajas a lo largo del día y disponer de fuerzas suficientes para soportar las 14 horas de trabajo duro. En cuanto a la sopa, Solzhenitsin menciona que algunos se molestaban por la gran cantidad de cucarachas que contenía el líquido, mientras que otros ya se habían habituado a ello: “Todos terminan por acostumbrarse”, concluye Solzhenitsin.

Hablando de interrogatorios, el escritor ruso describe en su Archipiélago Gulag que a los detenidos se les interrogaba de día y de noche, y que, durante semanas o meses, no se les permitía dormir ni acostarse, ni siquiera cerrar los ojos. En cuanto al tipo de trabajos forzados, los condenados trabajaban en las minas de carbón o metales preciosos, talaban árboles o construían edificios, carreteras y vías de tren en el norte de Siberia, en ese desierto helado barrido por el viento polar, sumido en la oscuridad durante seis meses del año.

Aparto el periódico y me pregunto si efectivamente el sufrimiento de tantos -en el gulag soviético murieron aproximadamente cinco millones de personas- se ha convertido en un frívolo parque temático para turistas.

Entro en la web oficial de Gulag: en un vídeo, una lituana cuenta que fue divertido (fun) montar esa reliquia del sistema soviético. Tras esa explicación, un estudiante americano suelta riendo: “¡Menudas vacaciones! ¡En vez de tumbarte en la playa, te sometes a bofetadas!”. Al final, un joven de India llega a la conclusión de que esta experiencia le ha ayudado a comprender el horror de lo que fue el sistema soviético.

Y es que los campos de concentración soviéticos han desaparecido: las mal construidas barracas de madera, donde vivían los presos, acabaron por desintegrarse en el hielo y la nieve siberianos.

Últimamente, las agencias de viajes han empezado a ofrecer viajes organizados a Auschwitz. Los autocares aparcan cerca del campo y escupen decenas de turistas. El año pasado, sólo de Israel, 30.000 estudiantes visitaron el campo. El escritor Jordi Puntí, que recientemente había visitado Auschwitz, me contó que la presencia de tantos turistas no favorecía la reflexión sobre lo ocurrido. En la web de Auschwitz leo las reacciones de los que ya han visitado el campo de concentración: “Potente y triste: ¡no os lo perdáis!”, “Hay que ir: una experiencia conmovedora”, “¡Muy recomendable!”, “¡Buenos guías!”, “Pensad en comer algo antes de la visita y poneros calzado cómodo”. Son las mismas reacciones que ante el puente de los suspiros en Venecia o una puesta de sol en Cabo Sunion. En la misma página una agencia de viajes ofrece: “Desde Cracovia te llevaremos a Auschwitz en un cómodo coche, ¡en sólo una hora!”. Y en la misma página se ve una playa tropical con palmeras y hamacas, para los que prefieren el Caribe a Auschwitz. El turismo organizado a los lugares del mal acaba trivializando el sufrimiento humano para convertirlo en un espectáculo que contemplamos sin que nos alcance, como no nos horrorizamos ante la tortura de un santo en un cuadro barroco.

La banalidad del mal es conocida: con esa etiqueta Hannah Arendt describió la actitud de Eichmann y otros nazis que durante su juicio se declararon libres de culpa porque sólo habían obedecido órdenes. Banalización del mal es lo que provoca el turismo masivo al gulag y a Auschwitz, sustentado por las frívolas palabras de los anuncios que ofrecen unas “vacaciones delirantes” para convertir en oro lo que sea, incluso el exterminio.

Es imprescindible mantener la memoria histórica para que la Shoa y el gulag no se repitan y para que nadie se atreva a negarlos. Sin embargo, atraer a autocares turísticos a ver los lugares del mal como si de un espectáculo se tratara significa deshonrar la memoria de los que allí sufrieron y perecieron.

Banalizar el mal no sólo es indignante sino que es peligroso. Han sido varios los momentos en la historia en que la banalización del mal ha precedido a la rehabilitación que transformaría el mal en algo más o menos aceptable, y luego en bien.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Interrogantes sobre la violencia contra la mujer

Por José Sanmartín Esplugues, rector de la Universidad Internacional Valenciana (EL MUNDO, 16/04/10):

Desde el año 2000, el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia ha venido realizando una investigación minuciosa y estricta sobre muertes violentas de mujeres a escala internacional. Eso ha permitido, al menos, detectar algunas características que no parecen ser coyunturales y que tienen un interés especial para España.

La primera de esas notas tiene que ver con el hecho de que, entre los años 2000 y 2006, España haya ocupado uno de los lugares más bajos en el ranking internacional sobre violencia contra la mujer con resultado de muerte. Anualmente, la pareja o ex pareja ha matado a tres mujeres por cada millón de féminas mayores de 14 años en España; en Europa, a cuatro; y, en América, a ocho.

Si esto es así, ¿por qué la percepción de este problema en la sociedad española es casi como si estuviéramos en guerra? Cuantos viajamos por el extranjero sabemos de la mala fama que España arrastra a este respecto.

George Gerbner (1919-2005) decía que la visión reiterada de violencia en la televisión no sólo puede inducir imitación o insensibilización ante la violencia real. También, y sobre todo, puede hacer que se perciba la realidad con tintes más violentos que los que ya tiene de por sí.

La respuesta a la cuestión arriba planteada podría venir por esta vía. Eso no significa, desde luego, que la televisión y, en general, los medios de comunicación audiovisual sean los responsables únicos de que haya una percepción social tan distorsionada como la aludida. Nadie, sin embargo, puede negarles una influencia crucial.

La segunda característica es que, en ese mismo periodo, la tasa de mujeres asesinadas por la pareja o ex pareja en España ha estado por debajo de la de la mayoría de países noreuropeos. En particular, la de España (tres mujeres por millón) es mucho menor que la de Finlandia (10) o la de Noruega (cinco). Este hecho lleva a poner en cuestión lo que quizá no hayan sido más que mitos; por ejemplo, que el sur (caliente) de Europa es más violento que el norte.

Desde luego, una creencia ampliamente extendida es que en los países nórdicos y, especialmente, en los países escandinavos (como adelantados de la Historia en este contexto), la educación no sexista es una realidad desde hace años. Pero lo cierto es que mueren más mujeres de forma violenta en Finlandia que en España. Por consiguiente, la hipótesis de que los feminicidios se explican únicamente a partir de la asunción de estereotipos rígidos de masculinidad y feminidad a través de una educación sexista no parece quedar corroborada del todo por los datos ofrecidos.

Quizá sea hora de que, sin rasgarnos las vestiduras, nos aproximemos a este problema con actitud científica abierta. No son raros los científicos que, en ocasiones, le cortan las piernas a la realidad para que se ajuste al tamaño de sus teorías, como Procusto hacía con sus huéspedes para que se adaptaran a sus camas. Los ideólogos y, en general, quienes comparten una ideología política, a menudo, no sólo le cortan las extremidades inferiores, sino también las superiores y cuanto no se adecue a sus tesis.

Personalmente, estoy en contra de esta especie de supremacía de lo teórico y, por supuesto, del pensamiento único. Estoy muy a favor, en cambio, de hacer uso de cuantas conjeturas (no contradictorias entre sí) puedan emplearse para explicar un problema. Pues bien, que tras los feminicidios hay sexismo lo considero algo obvio en la mayoría de los casos. Que puede haber más cosas, también. En particular, el agresor de mujeres presenta algunas características psicológicas muy marcadas. No estoy queriendo decir ni que el agresor nazca así, ni que tales características adopten la forma de trastornos mentales o de la personalidad que incapaciten para distinguir el bien del mal.

Respecto de si los agresores de mujeres nacen o se hacen, me permito afirmar que, en su gran mayoría, son producto de la mala educación. Pero, por tal no entiendo sólo la educación sexista. El sexismo puede ser la gota que colma el vaso.

Por mala educación me refiero también a la que proporcionan determinados modelos familiares de crianza, como el autoritario o el hiperprotector. Tanto un modelo como el otro potencian el hipercontrol de los hijos, aunque a través de caminos distintos. En el modelo autoritario, en retroceso, se imponen despóticamente las decisiones: unos (de ordinario, el padre) mandan y los demás miembros de la familia se someten. En el modelo hiperprotector, en aumento, los padres viven la vida de los hijos, eliminando de su camino cualquier dificultad, cualquier problema que pueda frustrarlos, controlándolos hasta en lo más mínimo, pero amablemente. Ambos modelos llevan a los hijos a no aprender que hay responsabilidades propias que todo ser humano ha de asumir.

Esta característica cognitiva suele ir acompañada de una forma peculiar de pensamiento: el mundo siempre se divide en dos bandos. En uno está él. En el otro, el culpable de cuanto negativo le pasa. Este estilo cognitivo suele ir acompañado, entonces, de reacciones con ira e, incluso, con violencia ante la mínima frustración de las expectativas. Una reacción, por cierto, que el agresor encontrará justificada porque creerá que ha sido el otro (la pareja, por ejemplo) quien la ha provocado.

¿Sería científicamente descabellado pensar, entonces, en que, al menos en algunos casos, juega un papel importante en la agresión contra mujeres el haber sido educado en alguno de los modelos descritos? Creo que no sólo no sería descabellado ampliar la batería de hipótesis con la que estamos abordando el problema de la violencia contra la mujer. Considero que, científicamente, es necesario analizar cuantas hipótesis estimemos pertinentes, aunque haya quien, desde un punto de vista ideológico, lo vea como algo no sólo inconveniente, sino equivocado. Ciencia e ideología política no tienen por qué ir de la mano. Casi al revés: cuando la ideología impregna (más que eso, cuando guía desde dentro) la ciencia es cuando se cometen los mayores errores.

La tercera característica es que, entre 2000 y 2006, tanto las mujeres que han muerto de forma violenta a manos de sus parejas o ex parejas como estas últimas son, sobre todo, jóvenes. Si el sexismo fuera el responsable único de este grave problema, no se entendería este hecho, porque es una conjetura ampliamente extendida la de que las generaciones más jóvenes han sido educadas de manera menos machista que las generaciones anteriores.

Como soy ecléctico, creo, en definitiva, que el problema tiene muchas con-causas, no una sola causa, por influyente que nos pueda parecer. Y que no es el sexismo a solas, ni los modelos educativos dominantes a secas, ni los medios de comunicación… la causa de la violencia contra la mujer. Son todos ellos y, quizá, muchos más.

Lo que no significa, desde luego, que haya que cruzarse de brazos y esperar a conocerlos todos. Los grandes cambios empiezan siempre por mínimas pero eficaces variaciones. Jay Haley (1923-2007) decía que, para derribar la presa de un pantano sólo hay que hacerle un pequeño agujero: el resto lo hará el agua. Desgraciadamente, en el caso de la violencia contra la mujer, temo que no hemos dado todavía con la clave de inicio del derrumbe.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Rusia: la política de la nostalgia

Por Joaquim Coello, ingeniero (EL PERIÓDICO, 16/04/10):

La política de aproximación de Rusia a Occidente, tras la disolución de la URSS, fracasó tanto por la falta de interés de Europa y EEUU para aceptarla como una nación aliada, como por la voluntad de las élites rusas de volver al corporativismo y conservadurismo de la época del imperio zarista, primero, y comunista, después. A consecuencia de ello, e impulsada por el presidente Putin, Rusia ha definido su política en tres grandes principios: el crecimiento sin desarrollo, es decir, basado en las materias primas, especialmente gas y petróleo; el capitalismo sin democracia, y la política exterior basada en el imperialismo, sin la capacidad de atracción que cualquier imperio precisa para consolidarse y crecer.

Rusia ha entrado en recesión, con un 10 % menos de PIB en el 2009 por la crisis económica y los bajos precios del petróleo. La industria petrolera rusa, principalmente pública, practica una política comercial nacionalista y agresiva. De hecho, Gazprom no ha obtenido acuerdos exclusivos por la compra del petróleo y el gas de las repúblicas de Asia central, Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajistán, que han decidido venderlo a Occidente.

La falta de seguridad jurídica, como se demuestra por la nacionalización de los campos petrolíferos concedidos a Shell en el Pacífico y de la empresa Yukos, y la oposición del Gobierno a la inversión extranjera, que dificulta y entorpece, han reforzado la tradición autárquica del país. La interrupción del suministro de gas a Ucrania, y por lo tanto, a Europa, en dos ocasiones en los últimos tres años ha fomentado la idea de que Rusia es un socio comercial no fiable, y Europa ha buscado, cabe decir que con relativo éxito, vías alternativas a través de Turquía, que eviten el paso del gas de Asia central por Rusia.

El Gobierno ruso ha impulsado, una vez abandonadas la aproximación a Occidente y la entrada en la Organización Mundial del Comercio, la formación de una comunidad política de los estados de la antigua URSS, pero este plan también ha fracasado porque ni Bielorrusia, ni Ucrania, ni las tres grandes repúblicas de Asia central han querido convertirse en satélites de Rusia: la guerra con Georgia ha mostrado el alcance y las limitaciones de esta iniciativa. De hecho, ninguna de estas repúblicas ha querido reconocer la independencia de las regiones autóctonas que Rusia ha ocupado, Osetia del Sur y Abjasia, que se separaron de Georgia por la guerra y quedaron en un limbo entre la independencia y la satelización. La política de préstamos propuestos por Rusia a Bielorrusia, Ucrania y Uzbekistán, aprovechando la falta de liquidez de estos países por la crisis, tampoco ha triunfado. De hecho, ha sido China quien ha cerrado acuerdos económicos con alguna de estas repúblicas, lo que confirma la incapacidad de Rusia de lograr una mayor influencia en la región por vía de la colaboración financiera y comercial.

El planteamiento de ayudar a Occidente en sus relaciones con el islam y en la política de Oriente Próximo tampoco progresa por su pérdida de influencia política y militar en la zona, en parte, porque no ha podido mantener la fuerza del Ejército y su industria de armamento, que hasta la fecha ha sido la base de su poder. De hecho, el tratado de control y no proliferación de armas nucleares es el último vestigio en pie del antiguo poder militar ruso.

Desde el siglo XVII, Rusia ha compensado su retraso técnico y económico por la dimensión de su población y su territorio. Hoy, es diferente, porque la población de 140 millones de habitantes disminuye por una baja natalidad –será un 15% menor en el 2050–, y la dimensión de su territorio tiene ventajas estratégicas distintas a las del pasado.

El gobierno debería promover la liberalización del comercio, la apertura del mercado a la inversión extranjera, la explotación de la riqueza cultural de Rusia, tanto científica como artística, y de la fuerza de su lengua, la modernización de su sistema de investigación y, sobre todo, aprovechar su dimensión europacífica, más que euroasiática, para constituirse en la comunicación del Atlántico al Pacífico, desde San Petersburgo hasta Vladivostok, llegando a acuerdos con China y explotando las reservas de Siberia y del Ártico, que precisan tecnología que el país no tiene y que solo Occidente o Japón pueden proveer.

Del mismo modo que Pedro el Grande en el siglo XVIII decidió modernizar el país aproximándolo a Europa y trasladando la capital rusa a San Petersburgo, Rusia debería aprovechar la singularidad de su posición geográfica para beneficiarse de la potencia económica de sus vecinos del Pacífico –China, Corea y Japón– y del Atlántico –Europa–, que podrían aportarle el nivel de desarrollo, modernización y tecnología que necesita.

Rusia y Europa son similares en todo, con la diferencia radical de sus instituciones y gobierno: democrático en Europa, y dictatorial en Rusia, lo que dificulta una colaboración que podría ser fructífera. Pero hay que reconocer que no hay una demanda de democracia en Rusia, doctrina política desconocida y solo formalmente practicada. Puede decirse, pues, que la política rusa del siglo XXI es la de la nostalgia del imperio, cuando debería ser la de la esperanza de un moderno y abierto país en un mundo global, más que multipolar, de imperios confrontados que traduce su política actual.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

What next for Kyrgyzstan?

THE WASHINGTON POST, 16/04/10:

Last week Roza Otunbayeva led a group in Kyrgyzstan that ousted President Kurmanbek Bakiyev from power after protesters stormed the president’s offices; at least 84 people were killed. Newsweek-Washington Post’s Lally Weymouth reached Otunbayeva by phone to discuss the current situation. Excerpts:

What actually caused the outbreak of violence last week?

A number of reasons. There was a lot of corruption, and then in terms of transparency, Kyrgyzstan is 166th out of 180 countries. We are a country with such a low quality of life. But since January 1, President Bakiyev and his government started to raise the price for utilities — for electricity, for hot water, for mobile companies, for water for agricultural needs, [and his government also increased] taxes on real estate. Everything was done simultaneously. Then they started to sell strategic companies for nothing. A very big electricity company, which supplied electricity to Bishkek [the capital], was sold for $3 million, which is nothing. And they were corrupt — in fact, the utility company was sold to the son of Bakiyev.

Wasn’t there a lot of corruption surrounding contracts for the U.S. Air Force base?

I can’t tell you now. Today I met with [Assistant U.S. Secretary of State] Robert Blake, and he said they are ready to open up and make things transparent regarding this issue.

The overthrow was a combination of rising electricity prices and corruption and the sale of those companies?

And political repression and such a dramatic fall of human rights issues in my country. . . . All the papers and TV and radio [stations] were closed . . . the State Department human rights report . . . provided a very thorough description of our situation.

Some say Bakiyev’s overthrow was orchestrated with Russian support.

I do not agree with that. Bakiyev closed Russian TV channels in Kyrgyzstan; he closed Internet sites where the situation was described. Then the Russian press started to show what was the face of the authorities so that was probably counted as Russian support. But that was a correct reflection of the situation in Kyrgyzstan.

You said you would extend the base rights for the U.S. for a year when the lease runs out [in July].

It is not a matter of extension because it goes automatically. . . . This is not a high priority for us — for this interim government.

But you understand the air base is a high priority for the U.S.

Certainly we pay great attention to our relations with the U.S. We value those relations and we will continue with such long-term relations.

Would the interim government like economic and military aid [from the United States]?

A unique opportunity has opened up in Kyrgyzstan to deal with democracy. We started to go towards democracy, and it was interrupted. Now there is a chance to come back to democracy, and in half a year, my interim government should prepare elections — open and transparent elections — and we should pass a constitution based on political agreement between the parties. We have quite a task.

That is your aim — to pass the constitution and prepare elections in the next six months?

Exactly. To stabilize life, to bring back normalcy . . . and to make a difference for the people. To show that this team will be different by nature — not corrupt — with good morals and good governance.

It is alleged that the U.S. was willing to turn a blind eye on the corruption [by the prior regime] to get the president’s support for the air base.

Regarding corruption around the base, we should open up the facts, and then I will talk. I would say that we have been really unhappy that the U.S. Embassy here was absolutely not interested in the democratic situation in Kyrgyzstan. It was not paying attention to our difficulties over the last two years.

We were not happy that they never had the time to meet with us. We concluded that the base is the most important agenda of the U.S., not our political development and the suffering of the opposition and the closing the papers and the beating of journalists. They turned a blind eye.

The prior government was beating journalists?

A lot of journalists are gone. They are refugees in other countries. One journalist was stabbed 26 times. Another journalist was killed and thrown from the sixth floor [of a building].

How do you see the long-term relationship with the U.S.?

We are now talking with the embassy and Mr. Blake, and they want to offer us as much support as possible, and they confessed that it was very difficult to work with the previous government. Now it sounds like the objectives of our governments are the same. They will help us.

You were foreign minister in a previous government, a leader in the 2005 Tulip Revolution.

I was also the ambassador to the U.S. and to the U.K.

Then you were pushed aside by Bakiyev and went into opposition, correct?

Right, I was the leader of the opposition faction in the parliament.

How did a woman like you manage to keep going during these difficult times?

I am a fighter. I believe in the bright future of my country. I believe that the people of my country deserve a decent life, and I know that my people want to live in freedom.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

miércoles, abril 28, 2010

Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo

Por Hans Küng, catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de Global Ethic. Traducción: Jesús Alborés Rey (EL PAÍS, 15/04/10):

Estimados obispos,

Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, y yo fuimos entre 1962 1965 los dos teólogos más jóvenes del concilio. Ahora, ambos somos los más ancianos y los únicos que siguen plenamente en activo. Yo siempre he entendido también mi labor teológica como un servicio a la Iglesia. Por eso, preocupado por esta nuestra Iglesia, sumida en la crisis de confianza más profunda desde la Reforma, os dirijo una carta abierta en el quinto aniversario del acceso al pontificado de Benedicto XVI. No tengo otra posibilidad de llegar a vosotros.

Aprecié mucho que el papa Benedicto, al poco de su elección, me invitara a mí, su crítico, a una conversación de cuatro horas, que discurrió amistosamente. En aquel momento, eso me hizo concebir la esperanza de que Joseph Ratzinger, mi antiguo colega en la Universidad de Tubinga, encontrara a pesar de todo el camino hacia una mayor renovación de la Iglesia y el entendimiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II.

Mis esperanzas, y las de tantos católicos y católicas comprometidos, desgraciadamente no se han cumplido, cosa que he hecho saber al papa Benedicto de diversas formas en nuestra correspondencia. Sin duda, ha cumplido concienzudamente sus cotidianas obligaciones papales y nos ha obsequiado con tres útiles encíclicas sobre la fe, la esperanza y el amor. Pero en lo tocante a los grandes desafíos de nuestro tiempo, su pontificado se presenta cada vez más como el de las oportunidades desperdiciadas, no como el de las ocasiones aprovechadas:

- Se ha desperdiciado la oportunidad de un entendimiento perdurable con los judíos: el Papa reintroduce la plegaria preconciliar en la que se pide por la iluminación de los judíos y readmite en la Iglesia a obispos cismáticos notoriamente antisemitas, impulsa la beatificación de Pío XII y sólo se toma en serio al judaísmo como raíz histórica del cristianismo, no como una comunidad de fe que perdura y que tiene un camino propio hacia la salvación. Los judíos de todo el mundo se han indignado con el predicador pontificio en la liturgia papal del Viernes Santo, en la que comparó las críticas al Papa con la persecución antisemita.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de un diálogo en confianza con los musulmanes; es sintomático el discurso de Benedicto en Ratisbona, en el que, mal aconsejado, caricaturizó al islam como la religión de la violencia y la inhumanidad, atrayéndose así la duradera desconfianza de los musulmanes.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de la reconciliación con los pueblos nativos colonizados de Latinoamérica: el Papa afirma con toda seriedad que estos “anhelaban” la religión de sus conquistadores europeos.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida, admitiendo el uso de preservativos.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas: reconociendo inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células madre.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de que también el Vaticano haga, finalmente, del espíritu del Concilio Vaticano II la brújula de la Iglesia católica, impulsando sus reformas.

Este último punto, estimados obispos, es especialmente grave. Una y otra vez, este Papa relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma retrógrada contra el espíritu de los padres del concilio. Incluso se sitúa expresamente contra el concilio ecuménico, que según el derecho canónico representa la autoridad suprema de la Iglesia católica:

- Ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales.

- Apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo celebra ocasionalmente la eucaristía en latín y de espaldas a los fieles.

- No lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos casados renunciando a aplicarles el voto de celibato.

- Ha reforzado los poderes eclesiales contrarios al concilio con el nombramiento de altos cargos anticonciliares (en la Secretaría de Estado y en la Congregación para la Liturgia, entre otros) y obispos reaccionarios en todo el mundo.

El Papa Benedicto XVI parece alejarse cada vez más de la gran mayoría del pueblo de la Iglesia, que de todas formas se ocupa cada vez menos de Roma y que, en el mejor de los casos, aún se identifica con su parroquia y sus obispos locales.

Sé que algunos de vosotros padecéis por el hecho de que el Papa se vea plenamente respaldado por la curia romana en su política anticonciliar. Esta intenta sofocar la crítica en el episcopado y en la Iglesia y desacreditar por todos los medios a los críticos. Con una renovada exhibición de pompa barroca y manifestaciones efectistas cara a los medios de comunicación, Roma trata de exhibir una Iglesia fuerte con un “representante de Cristo” absolutista, que reúne en su mano los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Sin embargo, la política de restauración de Benedicto ha fracasado. Todas sus apariciones públicas, viajes y documentos no son capaces de modificar en el sentido de la doctrina romana la postura de la mayoría de los católicos en cuestiones controvertidas, especialmente en materia de moral sexual. Ni siquiera los encuentros papales con la juventud, a los que asisten sobre todo agrupaciones conservadoras carismáticas, pueden frenar los abandonos de la Iglesia ni despertar más vocaciones sacerdotales.

Precisamente vosotros, como obispos, lo lamentaréis en lo más profundo: desde el concilio, decenas de miles de obispos han abandonado su vocación, sobre todo debido a la ley del celibato. La renovación sacerdotal, aunque también la de miembros de las órdenes, de hermanas y hermanos laicos, ha caído tanto cuantitativa como cualitativamente. La resignación y la frustración se extienden en el clero, precisamente entre los miembros más activos de la Iglesia. Muchos se sienten abandonados en sus necesidades y sufren por la Iglesia. Puede que ese sea el caso en muchas de vuestras diócesis: cada vez más iglesias, seminarios y parroquias vacíos. En algunos países, debido a la carencia de sacerdotes, se finge una reforma eclesial y las parroquias se refunden, a menudo en contra de su voluntad, constituyendo gigantescas “unidades pastorales” en las que los escasos sacerdotes están completamente desbordados.

Y ahora, a las muchas tendencias de crisis todavía se añaden escándalos que claman al cielo: sobre todo el abuso de miles de niños y jóvenes por clérigos -en Estados Unidos, Irlanda, Alemania y otros países- ligado todo ello a una crisis de liderazgo y confianza sin precedentes. No puede silenciarse que el sistema de ocultamiento puesto en vigor en todo el mundo ante los delitos sexuales de los clérigos fue dirigido por la Congregación para la Fe romana del cardenal Ratzinger (1981-2005), en la que ya bajo Juan Pablo II se recopilaron los casos bajo el más estricto secreto. Todavía el 18 de mayo de 2001, Ratzinger enviaba un escrito solemne sobre los delitos más graves (Epistula de delitos gravioribus) a todos los obispos. En ella, los casos de abusos se situaban bajo el secretum pontificium, cuya vulneración puede atraer severas penas canónicas. Con razón, pues, son muchos los que exigen al entonces prefecto y ahora Papa un mea culpa personal. Sin embargo, en Semana Santa ha perdido la ocasión de hacerlo. En vez de ello, el Domingo de Ramos movió al decano del colegio cardenalicio a levantar urbi et orbe testimonio de su inocencia.

Las consecuencias de todos estos escándalos para la reputación de la Iglesia católica son devastadoras. Esto es algo que también confirman ya dignatarios de alto rango. Innumerables curas y educadores de jóvenes sin tacha y sumamente comprometidos padecen bajo una sospecha general. Vosotros, estimados obispos, debéis plantearos la pregunta de cómo habrán de ser en el futuro las cosas en nuestra Iglesia y en vuestras diócesis. Sin embargo, no querría bosquejaros un programa de reforma; eso ya lo he hecho en repetidas ocasiones, antes y después del concilio. Sólo querría plantearos seis propuestas que, es mi convicción, serán respaldadas por millones de católicos que carecen de voz.

1. No callar: en vista de tantas y tan graves irregularidades, el silencio os hace cómplices. Allí donde consideréis que determinadas leyes, disposiciones y medidas son contraproducentes, deberíais, por el contrario, expresarlo con la mayor franqueza. ¡No enviéis a Roma declaraciones de sumisión, sino demandas de reforma!

2. Acometer reformas: en la Iglesia y en el episcopado son muchos los que se quejan de Roma, sin que ellos mismos hagan algo. Pero hoy, cuando en una diócesis o parroquia no se acude a misa, la labor pastoral es ineficaz, la apertura a las necesidades del mundo limitada, o la cooperación mínima, la culpa no puede descargarse sin más sobre Roma. Obispo, sacerdote o laico, todos y cada uno han de hacer algo para la renovación de la Iglesia en su ámbito vital, sea mayor o menor. Muchas grandes cosas en las parroquias y en la Iglesia entera se han puesto en marcha gracias a la iniciativa de individuos o de grupos pequeños. Como obispos, debéis apoyar y alentar tales iniciativas y atender, ahora mismo, las quejas justificadas de los fieles.

3. Actuar colegiadamente: tras un vivo debate y contra la sostenida oposición de la curia, el concilio decretó la colegialidad del Papa y los obispos en el sentido de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro tampoco actuaba sin el colegio apostólico. Sin embargo, en la época posconciliar los papas y la curia han ignorado esta decisión central del concilio. Desde que el papa Pablo VI, ya a los dos años del concilio, publicara una encíclica para la defensa de la discutida ley del celibato, volvió a ejercerse la doctrina y la política papal al antiguo estilo, no colegiado. Incluso hasta en la liturgia se presenta el Papa como autócrata, frente al que los obispos, de los que gusta rodearse, aparecen como comparsas sin voz ni voto. Por tanto, no deberíais, estimados obispos, actuar solo como individuos, sino en comunidad con los demás obispos, con los sacerdotes y con el pueblo de la Iglesia, hombres y mujeres.

4. La obediencia ilimitada sólo se debe a Dios: todos vosotros, en la solemne consagración episcopal, habéis prestado ante el Papa un voto de obediencia ilimitada. Pero sabéis igualmente que jamás se debe obediencia ilimitada a una autoridad humana, solo a Dios. Por tanto, vuestro voto no os impide decir la verdad sobre la actual crisis de la Iglesia, de vuestra diócesis y de vuestros países. ¡Siguiendo en todo el ejemplo del apóstol Pablo, que se enfrentó a Pedro y tuvo que “decirle en la cara que actuaba de forma condenable” (Gal 2, 11)! Una presión sobre las autoridades romanas en el espíritu de la hermandad cristiana puede ser legítima cuando estas no concuerden con el espíritu del Evangelio y su mensaje. La utilización del lenguaje vernáculo en la liturgia, la modificación de las disposiciones sobre los matrimonios mixtos, la afirmación de la tolerancia, la democracia, los derechos humanos, el entendimiento ecuménico y tantas otras cosas sólo se han alcanzado por la tenaz presión desde abajo.

5. Aspirar a soluciones regionales: es frecuente que el Vaticano haga oídos sordos a demandas justificadas del episcopado, de los sacerdotes y de los laicos. Con tanta mayor razón se debe aspirar a conseguir de forma inteligente soluciones regionales. Un problema especialmente espinoso, como sabéis, es la ley del celibato, proveniente de la Edad Media y que se está cuestionando con razón en todo el mundo precisamente en el contexto de los escándalos por abusos sexuales. Una modificación en contra de la voluntad de Roma parece prácticamente imposible. Sin embargo, esto no nos condena a la pasividad: un sacerdote que tras madura reflexión piense en casarse no tiene que renunciar automáticamente a su estado si el obispo y la comunidad le apoyan. Algunas conferencias episcopales podrían proceder con una solución regional, aunque sería mejor aspirar a una solución para la Iglesia en su conjunto. Por tanto:

6. Exigir un concilio: así como se requirió un concilio ecuménico para la realización de la reforma litúrgica, la libertad de religión, el ecumenismo y el diálogo interreligioso, lo mismo ocurre en cuanto a solucionar el problema de la reforma, que ha irrumpido ahora de forma dramática. El concilio reformista de Constanza en el siglo previo a la Reforma acordó la celebración de concilios cada cinco años, disposición que, sin embargo, burló la curia romana. Sin duda, esta hará ahora cuanto pueda para impedir un concilio del que debe temer una limitación de su poder. En todos vosotros está la responsabilidad de imponer un concilio o al menos un sínodo episcopal representativo.

La apelación que os dirijo en vista de esta Iglesia en crisis, estimados obispos, es que pongáis en la balanza la autoridad episcopal, revalorizada por el concilio. En esta situación de necesidad, los ojos del mundo están puestos en vosotros. Innúmeras personas han perdido la confianza en la Iglesia católica. Para recuperarla sólo valdrá abordar de forma franca y honrada los problemas y las reformas consecuentes. Os pido, con todo el respeto, que contribuyáis con lo que os corresponda, cuando sea posible en cooperación con el resto de los obispos; pero, si es necesario, también en solitario, con “valentía” apostólica (Hechos 4, 29-31). Dad a vuestros fieles signos de esperanza y aliento y a nuestra iglesia una perspectiva.

Os saluda, en la comunión de la fe cristiana, Hans Küng.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Una puñalada inglesa a la República

Por Ángel Viñas. Ha dirigido y co-escrito Al servicio de la República. Diplomáticos y guerra civil (EL PAÍS, 15/04/10):

En medio de los aniversarios de la proclamación de la II República y del final de la guerra civil merece la pena aportar algún significativo dato nuevo. Franco derrotó a la República gracias a la sustancial y continuada ayuda nazi-fascista. También tuvo de su lado el comportamiento de las democracias. Tradicionalmente se ha encuadrado bajo la no intervención. En realidad, en Inglaterra sobre todo, se intervino contra la República. Uno de los ejemplos más notables de tal hostilidad ha quedado oculto hasta ahora en la oscuridad de los archivos.

Como toda buena puñalada que se precie, la inglesa coincidió con un momento de suma gravedad: la crisis militar y política que llevó al cambio de Gobierno en abril de 1938, cuando Prieto salió del Ministerio de Defensa Nacional y Negrín asumió sus responsabilidades. Ríos de tinta se han vertido sobre las implicaciones.

Fue entonces cuando se produjo una maniobra secreta que ilustra hacia dónde apuntaban los tiros en Londres. Un banco inglés, el British Overseas Bank (BOB), suspendió de golpe las transferencias de divisas que alimentaban la diplomacia y la política exterior republicanas. De la noche a la mañana, embajadas, legaciones, consulados generales y consulados dejaron de percibir los fondos que enviaba el Banco de España desde Barcelona.

Sin dinero no es posible funcionar. No se cobraron sueldos. No se pagaron alquileres. Los saldos de las cuentas bancarias en el extranjero se agotaron. Los alaridos fueron generales, de Argentina a Suecia, de Filipinas a Moscú. Las finanzas son el nervio de la guerra. La parálisis que indujo el BOB pudo ser mortal. El daño que causó, incalculable. El golpe a la moral, mayúsculo.

Para explicar la puñalada hay que remontarse a 1912. Desde esta fecha un banco, Frederik Huth & Co., aseguraba la tesorería exterior española. Antes había realizado esporádicamente operaciones confidenciales por cuenta del Ministerio de Estado. No en vano había sido, desde la Guerra de la Independencia, uno de los banqueros de la Casa Real en Londres. En marzo de 1936 lo absorbió el BOB, con el personal especializado que trabajaba a las órdenes de un caballero llamado Louis Ernest Meinertzhagen, pariente lejanísimo de Huth. El amable lector tendrá dificultades en encontrar su nombre en los millares de títulos escritos sobre la guerra civil. Lo que entonces fue una operación secreta permaneció como tal durante más de 70 años.

En abril de 1938 Meinertzhagen intentó asestar un golpe letal a la diplomacia y a la resistencia republicanas. Lo hizo con frialdad y desprecio, profesionalismo y alevosía total. El día 4 anunció por telegrama que con efectos inmediatos suspendía las transferencias de fondos.

El BOB había trabado discretos contactos con el Banco de España franquista, en Burgos. Al republicano le dijo que seguía los consejos de sus abogados, inquietos por la dualidad de “legitimidades” entre los dos bancos españoles. La cuestión ya se había planteado en el otoño de 1936 y los sublevados habían sufrido un duro revés. Año y pico más tarde, el BOB la resucitó, aunque la batalla judicial no se resolvió ante los tribunales en lo que quedaba de guerra. Sobre los motivos del BOB cabe especular sólo dentro de ciertos límites.

Meinertzhagen y el BOB podrían haber actuado de por sí. Podrían haber hecho caso al banco Kleinwort and Sons, detrás del cual se movía Juan March. Existe incluso una tercera posibilidad. En aquella época la Embajada en Londres negociaba a cara de perro con un conjunto de bancos sobre cómo resolver ciertas cuestiones financieras provocadas por la guerra. La Cámara de Comercio, el Tesoro y el Banco de Inglaterra las seguían atentamente. Uno de los adversarios más destacados de la República era otro banquero, antiguo socio de Meinertzhagen en Huth & Co. La idea de la puñalada podría haber emanado de él, o haber sido consecuencia de las negociaciones.

Son elucubraciones muy poco realistas. Pongamos un ejemplo a guisa de comparación. Un banco londinense, cuando se trató de abrir una cuenta a nombre del Gobierno vasco, se apresuró a confirmar con el Foreign Office si ello estaba en línea con la política gubernamental. La respuesta fue que no era necesaria una autorización. Por lo que se refiere a una eventual maniobra en conexión con las negociaciones cabe descartar al Banco de Inglaterra y, con toda probabilidad, a los dos ministerios mencionados. No cabe descartar, por el contrario, a otros sectores de la Administración, incluidos los servicios especiales que operaban en España y cuyos archivos continúan cerrados a cal y canto.

Si Meinertzhagen hubiese reaccionado ante una sugerencia externa de tipo más o menos oficial u oficioso, estaríamos ante un caso que ilustraría hasta qué punto llegaba la hostilidad a la República en Londres, ya fuese entre ciertas autoridades o en algunos sectores de la City. Documentar tal conjetura no es fácil. Cuando les parecía necesario, las autoridades británicas aplicaban a los operadores bancarios un tipo de comportamiento perfectamente definido, pero que raras veces sale a la luz en los libros de historia: la llamada “acción voluntaria”. Se “aconsejaba” una determinada actuación y los bancos la aceptaban atemperando su conducta a los mejores intereses del Gobierno de Su Majestad.

El amable lector se preguntará cómo evadió la República las consecuencias de la puñalada. La respuesta es que, a pesar de todos los esfuerzos realizados, tuvo un coste elevado. Muchos diplomáticos no recibieron sueldos durante meses. Las embajadas y consulados se instalaron en la precariedad. Las deserciones y los desplomes de moral aumentaron. La rapidísima actuación de las autoridades republicanas es, sin embargo, ilustrativa. Justifica, a mi entender, el análisis detallado de lo que a todas luces fue una operación extremadamente meditada y conducida con maestría. Confrontados con un desplome del crucial frente exterior, Negrín y el Banco de España no tuvieron otra alternativa que recurrir a los buenos oficios del aparato bancario soviético asentado en Occidente. No podía ser una solución óptima, ya que los rusos no conocían bien la base financiera de la diplomacia republicana.

¿Extrajo el BOB alguna recompensa de los vencedores? Si actuó para congraciarse con ellos la respuesta es negativa. Franco no estaba interesado en estrechar las relaciones con el capitalismo británico. Su preferencia era la Alemania nazi. Las esperanzas de la City y de Whitehall en que podrían influir en la orientación del “nuevo Estado” cuando llegase la hora de la reconstrucción española terminaron como el rosario de la aurora. El BOB desapareció de los radares madrileños.

¿Qué conclusiones cabe extraer de este episodio? Al menos tres.

La primera es que la apenas encubierta hostilidad de ciertos círculos influyentes de las potencias democráticas y de algunos representantes del capitalismo británico empujaron a la República, en contra de su voluntad, a jugar la carta soviética. Esta constatación no es nueva en modo alguno. Ya la afirmaron los republicanos, aunque después la olvidaran en las querellas del amargo exilio. Es, no obstante, una conclusión que los autores neofranquistas y quienes no han superado los moldes conceptuales de la guerra fría continúan ignorando.

La segunda conclusión es que el honor británico no lo salvaron los burócratas de Whitehall ni los banqueros de la City. Lo salvaron, para la historia, los hombres y mujeres que o lucharon en las Brigadas Internacionales o ayudaron de múltiples formas a la República contra la agresión nazi-fascista y la enemistad de algunos de los sectores más conservadores de su propia sociedad.

La tercera conclusión es que ahora, cuando casi todos los archivos han ido abriéndose, “la evidencia primaria relevante de época”, en ellos remansada, termina por imponerse a las mixtificaciones, construcciones ideológicas y puras y simples mentiras. De aquí la importancia crucial de conservar, a toda costa, la que subsiste.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Una responsabilidad compartida

Por Cecilia Malmström, comisaria europea de Asuntos de Interior (EL PERIÓDICO, 15/04/10):

La migración es un fenómeno muy antiguo y no parece probable que vaya a disminuir en la era de la globalización. Aquí llega gente de otros países que trae consigo su cultura, sus ideas, su capacidad emprendedora y sus habilidades y contribuye de esta manera a crear sociedades multiculturales y más ricas. Históricamente, eso ha sido y todavía es muy positivo para Europa. Además, para hacer frente al actual envejecimiento demográfico de la UE, la contribución de los inmigrantes resulta fundamental. El mes pasado, el Consejo Europeo aprobó una serie de objetivos emblemáticos en consonancia con la comunicación de la Comisión Europa 2020. Entre ellos cabe citar el de incrementar hasta el 75% la tasa de empleo de mujeres y hombres entre los 20 y los 64 años mediante la incorporación de los jóvenes, de los trabajadores de más edad y de los trabajadores menos cualificados y mediante la integración de los inmigrantes legales.

Con casi 23 millones de desempleados en la Unión Europea, uno podría pensar que ya no son necesarios los inmigrantes. Sin embargo, las sociedades europeas se enfrentan a un desafío demográfico que nada tiene que ver con la crisis económica. Una Europa menos abierta simplemente haría insostenible nuestro sistema social.

Según Eurostat, en los próximos 50 años la población de la UE crecerá en unos 10 millones de personas, mientras que su población activa disminuirá en unos 50 millones incluso contando a los 58 millones de inmigrantes que se espera que lleguen a Europa durante ese periodo. Para mantener a una persona no activa habrá dos personas activas en vez de cuatro como ocurre hoy. Además, en unos años el número de fallecimientos superará al de nacimientos y el único modo de contribuir al crecimiento neto de la población europea será mediante la inmigración.

Pero por muy convincentes que resulten estos argumentos, a muchos no les bastan para aceptar la inmigración como un fenómeno natural y necesario. El racismo y la xenofobia encuentran un buen abono en la recesión. La inmigración supone un enriquecimiento cultural y económico para nuestras sociedades siempre que fomentemos la integración de todos aquellos que viven y trabajan entre nosotros. Para que la integración tenga éxito, hay que defender la igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades de todos los residentes. Ello implica una convergencia de las políticas independientemente del país de origen. En la práctica, ello significa que, por ejemplo, las tasas de empleo y de educación de los ciudadanos de la UE no debieran ser muy diferentes de las de los nacionales de terceros países que vivan en Europa.

La integración es un proceso a largo plazo y una responsabilidad compartida por los propios inmigrantes y por los ciudadanos y las administraciones de los países de acogida. La integración tiene una dimensión transversal que hay que tener en cuenta a la hora de tomar decisiones en ámbitos como el empleo, la educación y la inclusión social. Consciente de ello, la presidencia española de la UE ha convocado para hoy en Zaragoza una conferencia ministerial sobre integración de inmigrantes, en la que se van a reunir representantes de los 27 estados miembros junto con la Comisión Europea para hablar de la integración como motor de desarrollo y cohesión social e intercambiar puntos de vista sobre sus políticas nacionales y posibles maneras de hacerlas converger.

La integración forma parte de la agenda de la UE desde 1999, cuando el Consejo Europeo aprobó en Tampere que el estatus jurídico y los derechos de los nacionales de terceros países que gozaran de permisos de residencia de larga duración se aproximasen a los de los nacionales de los estados miembros. Ello supone, entre otras cosas, acceso al sistema educativo y al sistema sanitario, derecho a trabajar como asalariado o como autónomo y derecho a la igualdad de trato. También implica que hay que ofrecer a los inmigrantes la oportunidad de obtener la nacionalidad del Estado miembro en el que residan.

Gracias al Tratado de Lisboa disponemos ahora de un fundamento jurídico para que la UE pueda fomentar la integración de los nacionales de terceros países que residan legalmente en un Estado miembro. El tratado excluye acertadamente la armonización de las políticas nacionales de integración. La UE no fomentará la creación de una política única de integración. Hay que respetar las diferencias no solo entre estados miembros, sino también entre las personas que viven allí.

Y ya que hablamos de respeto de las diferencias y de las competencias nacionales, permítanme que insista en el hecho de que la Comisión Europea no debe pronunciarse en el debate que está teniendo lugar actualmente en España sobre la posibilidad de empadronar o no a los extranjeros en situación irregular ni en el debate sobre qué Administración es competente para gestionar la inmigración irregular. Estos son asuntos de la competencia de las autoridades nacionales y son por lo tanto los estados miembros quienes mejor pueden tomar decisiones sobre estas cuestiones.

Volviendo a la integración, la Comisión Europea cree firmemente que tanto inmigrantes como ciudadanos de la UE tienen que ser conscientes de las oportunidades y de los retos que plantea la integración. Uno de los objetivos de la Comisión en Zaragoza es por lo tanto la publicación de la tercera edición del Manual sobre la integración para responsables de la formulación de políticas y profesionales.

Por su parte, la Comisión viene publicando desde el 2009 en su web (http://ec.europa.eu/ewsi/en/index.cfm) información sobre buenas prácticas y eventos relativos a la integración. Como las organizaciones de la sociedad civil son el primer punto de contacto entre los inmigrantes y la sociedad de acogida, la Comisión ha creado un Foro Europeo sobre Integración con carácter bianual. Me gustaría que este foro se convirtiera en una fuente permanente de ideas procedentes de la gente que trabaja en la integración en barrios y ciudades, personas con diferentes bagajes decididas a hacer que la integración funcione.

La integración no se conseguirá por sí sola. Es algo en lo que hay que trabajar. La Comisión Europea seguirá promocionando activamente las buenas prácticas y propondrá el año que viene una nueva estrategia sobre integración. Ahora tenemos que evitar que la recesión económica se convierta en un pretexto para restringir la inmigración. Nuestras perspectivas demográficas no son halagüeñas. Hay que fomentar la integración de los inmigrantes y la diversidad no solo porque racionalmente resulta beneficiosa, sino también porque enriquece a nuestras sociedades y crea oportunidades para todos.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

El falso dilema agrícola

Por Francesc Reguant, economista (EL PERIÓDICO, 15/04/10):

La comparación entre agricultura convencional y agricultura ecológica es un tema excesivamente controvertido, dado que se trata de opciones con espacio propio y, probablemente, sinérgico.

La agricultura ecológica surge como reacción frente al abuso de determinados agroquímicos y la evidencia de su nocividad. Ante ello, se propone una agricultura que solo use productos naturales, que no atente contra las condiciones de vida de la ganadería y sea cuidadosa con el entorno natural. Esta es la principal aportación de la agricultura ecológica: su sensibilidad y defensa de una agricultura sostenible frente a otras consideraciones productivas o comerciales. Esta batalla ya la ha ganado al poner en evidencia la soberbia tecnológica de algunos desarrollos.

Sin embargo, esta posición conlleva, cuando menos, tres fragilidades. La primera es comercial. Al tratarse de una opción económicamente más costosa, requiere un segmento de mercado que esté dispuesto a pagar más en razón de unas características determinadas de calidad. La segunda de ellas es su imposible generalización en la realidad actual; sus menores rendimientos no permitirían alimentar a toda la población mundial y sus mayores costes expulsarían del mercado a millones de demandantes que engrosarían el ya numeroso ejército de desnutridos. Un estudio del Instituto Francés de Investigación Agraria (INRA) concluye que, de media, durante 10 años los rendimientos de la agricultura ecológica en la región de Île-de- France fueron un 50% inferiores a los de la agricultura convencional. La tercera fragilidad es la evidencia de que natural no es equivalente a sano. La agricultura ecológica, para controlar las plagas, usa entre sus estrategias la del uso de productos naturales con funciones fitosanitarias; pero estos productos no son necesariamente inocuos; de hecho, los mejores venenos ya los había inventado la naturaleza. Tal como informa el experto en protección vegetal Jordi Giné, entre los productos fitosanitarios utilizados por la agricultura ecológica, recientemente se ha prohibido el uso de insecticidas de origen natural tales como la rotenona y la nicotina, y se ha limitado el uso del cobre como fungicida.

Por el contrario, la agricultura convencional ha apostado tradicionalmente por la productividad con la ayuda de la tecnología. Los éxitos en la erradicación del hambre de la llamada revolución verde han sido indudables, pero los abusos en el uso de agroquímicos y la pérdida de biodiversidad, también. Así, tras el gran salto adelante hacia una agricultura suficiente –capaz de alimentar al mundo hoy–, desde una posición más serena han emergido los objetivos de calidad hacia una agricultura sostenible –capaz de alimentar al mundo sin comprometer ni los hábitats ni los recursos de las futuras generaciones–. La más moderna tecnología se ha orientado a nuevas estrategias de lucha contra las plagas y a técnicas de producción amables con el medioambiente. Se van extendiendo los métodos de la producción integrada, que, sin renunciar radicalmente al uso de agroquímicos, dan prioridad a la lucha biológica contra las plagas –uso de depredadores del insecto plaga, técnicas de confusión sexual, etcétera– y al uso de material genético mejor adaptado. Por otra parte, se están generalizando las prácticas de no laboreo y se está desarrollando el conjunto de técnicas de la llamada agricultura de precisión, que circunscribe el uso de cualquier insumo, ya sea agua o un producto fitosanitario, a los requerimientos precisos del cultivo en un momento determinado, los cuales son detectados con biosensores o mediante teledetección y gestionados con las más avanzadas técnicas de la información y la comunicación. A su vez, desde la Administración se ha intensificado el control de los agroquímicos limitando el número de productos utilizables y definiendo los niveles y prácticas permitidas en su uso. En 1993 existían en la Unión Europea 973 sustancias activas autorizadas con finalidad fitosanitaria. Hoy, una vez revisadas estrictamente por la UE, restan solamente 313. Otro indicador nos ofrece el consumo de fertilizantes; desde 1990, el uso de fertilizantes nitrogenados en Catalunya ha disminuido un 42%.

Las técnicas agrícolas modernas proveen alimentos seguros en un proceso cada vez más exigente con los parámetros medioambientales y de bienestar animal. La tecnología está limando el hipotético conflicto entre producción de alimentos suficientes, salud humana y respeto al medioambiente. Este camino, como todos los que ha emprendido el desarrollo humano, no ha sido lineal y no ha estado libre de riesgos, pero los progresos están a la vista. Por ello, anatematizar la agricultura convencional desde la supuesta perfección puede situarnos en la esterilidad de la utopía y desprestigiar sin motivo una actividad que requiere una mejor valoración. La agricultura ecológica debe ser entendida como una opción de gran interés entre los segmentos de calidad de nuestra alimentación, pero sin establecerla como el único referente de una alimentación sana y sostenible.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

Gaza, sobre aguas pútridas

Por Sara Roy, investigadora del Centro de Estudios sobre Oriente Medio de la Universidad de Harvard. Traducción: JoséMaría Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 15/04/10):

Viajé a Gaza en agosto del año pasado, en mi primera visita al territorio desde el anterior ataque de Israel. Me abrumó lo que presencié en un lugar que he conocido íntimamente a lo largo de casi un cuarto de siglo: una tierra desgarrada y plagada de cicatrices cuyos habitantes viven una existencia hecha trizas. Gaza se despeña por la pendiente bajo el peso de la ruina y desolación permanentes que se abaten sobre ella, incapaz de funcionar con normalidad. No obstante, me impactó más si cabe la ausencia de culpa de estas personas, más de la mitad niños, como también la dimensión criminal del maltrato permanente a la población.

La franja de Gaza muestra una economía y sociedad cuya decadencia y discapacidad actuales han sido provocadas y cuyas privaciones y penurias conforman una política de Estado; es decir, políticas planificadas y ejecutadas. Aunque Israel carga con la mayor parte de responsabilidad, Estados Unidos y la UE, entre otros, también son culpables, como la Autoridad Palestina en Cisjordania. Todos son cómplices de la destrucción de este antaño apacible paraje.

La desolación de la franja adopta numerosas formas. El comercio, en su forma acostumbrada (del que la frágil economía de Gaza depende de modo apremiante), sigue prohibido, y las importaciones y exportaciones tradicionales han desaparecido prácticamente. De hecho, con algunas excepciones, no se ha permitido la entrada en Gaza de materiales de construcción o materias primas desde el 14 de junio del 2007.

Incluso antes del ataque de Israel del invierno del 2008, el cierre prolongado de Gaza ha dado lugar a la contracción del sector privado, motor del crecimiento económico. Entre junio del 2005 y septiembre del 2008, por ejemplo, el número de centros fabriles y talleres en activo se redujo de 3.900 a 23, con una pérdida de al menos 100.000 puestos de trabajo.

Las tremendas cortapisas al comercio han contribuido también al deterioro constante del sector agrícola de Gaza, agravado por la destrucción de unas 5.000 hectáreas de suelo agrícola – incluyendo más de 310.000 árboles frutales-y de 305 pozos durante el ataque israelí. El sector agrícola de Gaza se ha visto aún más dañado por la existencia de la zona de interposición (espacio tampón) impuesta por Israel en los perímetros norte y este de la franja (y por Egipto en la frontera sur de Gaza), que alberga algunas de las tierras más fértiles de Gaza. La zona tiene, oficialmente, 300 metros de anchura por 55 kilómetros de longitud, pero, según las Naciones Unidas, los agricultores situados en un tramo de 1.000 metros de distancia de la frontera con Israel han sido tiroteados en ocasiones por el ejército israelí. Aproximadamente, el 30%-40% del total de las tierras agrícolas de Gaza se encuentra en la citada zona de interposición. El sector agrícola, efectivamente, se ha ido al traste.

Tales factores, entre otros, explican las profundas distorsiones que afligen a la economía de Gaza y a su población, cuyo cambio de signo en caso de producirse exigirá la inversión de miles de millones de dólares y el esfuerzo de generaciones de palestinos. En los últimos años, la economía en su día relativamente productiva (aunque cautiva) de Gaza se ha convertido en una economía ampliamente dependiente del empleo en el sector público, de la ayuda humanitaria y del contrabando, realidades que ilustran claramente la tendencia a la economía sumergida. Una convincente expresión de tal situación es el floreciente tránsito de artículos a través de los túneles existentes en la franja, fenómeno que representaba un cordón umbilical vital para una población en estado de sitio. Según economistas locales, un 80% como mínimo de las importaciones de Gaza llega a través de estos túneles. Sin embargo, es posible que incluso este cordón umbilical se rompa pronto, dado que Egipto, con el concurso de ingenieros del Gobierno estadounidense, está a punto de dar fin a la construcción de una impenetrable barrera metálica a lo largo de su frontera con Gaza en un intento de reducir la práctica del contrabando. La barrera tendrá aproximadamente 10 kilómetros de largo y estará situada a unos 18 metros bajo tierra. Los túneles, que Israel tolera a fin de mantener intacto el asedio en sus términos actuales, se han convertido también en una fuente importante de ingresos para el gobierno de Hamas y sus empresas filiales, factor que debilita una actividad empresarial normal y dificulta el fomento de un sector empresarial viable. De esta manera, el asedio de Gaza ha llevado a la lenta pero constante sustitución del sector empresarial habitual por otro que opera fundamentalmente en un mercado negro sin registro, regulación ni transparencia.

La economía de Gaza carece ahora en buena parte de una actividad productiva, sustituida por la práctica del consumo entre pobres y ricos por igual, aunque son los primeros quienes a duras penas pueden satisfacer sus necesidades. Pese a los miles de millones de dólares prometidos a escala internacional que aún están por llegar, la gran mayoría de los habitantes de Gaza siguen en la pobreza. La combinación de un sector privado paralizado y una economía estancada ha provocado altos niveles de paro, sumiendo en la pobreza a la mayoría de la población. Oficialmente, el índice de paro oscila entre un 31,6% y un 44,1%, aunque, de hecho, se acerca al 65%. Un problema crucial es la falta de poder adquisitivo. En consecuencia, al menos el 75% de los 1,5 millones de habitantes de Gaza precisa ayuda humanitaria para satisfacer sus necesidades de alimentos.

Además, el acceso a cantidades suficientes de alimento sigue constituyendo un problema vital. Datos internos correspondientes al periodo de septiembre del 2009 a principios de enero del 2010, por ejemplo, revelan que Israel permite a los habitantes de Gaza recibir no más (y, a veces, menos) de un 25% de los suministros alimentarios precisos, con niveles que han descendido incluso hasta un 16%. Durante las últimas dos semanas de enero, estos niveles se redujeron aún más. Entre el 16 y el 29 de enero del 2010 entró una media de 24,5 camiones de alimentos y suministros diariamente en Gaza. Pese a que la franja precisa 400 camiones de alimentos diarios para mantener a la población, Israel sólo permitió una entrada no superior a un 6% de suministros alimentarios necesarios durante este periodo.

Y, sin embargo, el sufrimiento de Gaza no acaba aquí. El 90%-95% del agua suministrada por los acuíferos de Gaza es “no apta para el consumo” y Gaza ya no posee ninguna fuente regular de agua limpia. La mayoría de los suministros procedentes de aguas subterráneas de Gaza están contaminados por nitratos muy por encima de los niveles aceptables según la Organización Mundial de la Salud o presentan excesiva salinización para el uso humano.

Tal vez los altos niveles de nitratos han contribuido a un cambio escandaloso del índice de mortalidad infantil entre la población palestina de la franja de Gaza y de Cisjordania. Tal índice muestra ahora signos de hallarse de hecho en aumento. Ello obedece a que las principales causas de mortalidad infantil han evolucionado de las enfermedades infecciosas y diarreicas a la prematuridad, bajo peso al nacer y malformaciones congénitas.

La población de Gaza merma ante nuestros ojos mientras la comunidad internacional sigue consintiendo esta situación. Si a los palestinos se les niega lo que todos queremos para nosotros mismos – la dignidad, una vida normal, el sustento, la seguridad y un hogar donde criar a los hijos-,la consecuencia inevitable consistirá en una mayor y más extrema violencia. Y si esto sucede – tal vez ya ha sucedido-, todos habremos de correr con los gastos.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona