jueves, septiembre 27, 2007

¿Quién pagará el precio de una normativa insuficiente?

Por Poul Nyrup Rasmussen, presidente del Partido Socialista Europeo, y Carlos Carnero, miembro de la Presidencia del Partido Socialista Europeo. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 26/09/07):

La confusión actual en los mercados financieros no es sólo cuestión de una pequeña burbuja en el mercado inmobiliario estadounidense. No afecta sólo a unos cuantos bancos y fondos privados que cuentan sus pérdidas. Los que acabarán pagando el precio son los empleos, las pensiones y los ahorros de los trabajadores. ¿Y por qué? Porque uno de los grandes problemas es que una parte cada vez mayor de los mercados financieros mundiales no se rige por las mismas reglas que los demás.

Los fondos de propiedad privada, como los fondos de inversión libre (hedge funds) y los fondos de renta variable (equity funds), no están sujetos al mismo grado de transparencia y de apertura al conocimiento público que otros elementos del mercado financiero. En la actualidad, dichos fondos representan aproximadamente dos tercios de toda la deuda nueva. La crisis financiera actual se desencadenó debido a los prestamos incobrables en las hipotecas estadounidenses, pero el enorme incremento de la deuda es producto, en gran parte, de estos nada transparentes fondos privados.

Frente a esta crisis, la Unión Europea ya ha empezado a rebajar sus previsiones de crecimiento económico. Son malas noticias para el empleo en Europa, y eso no es más que el comienzo. A medida que decaiga la confianza del consumidor estadounidense, la demanda de exportaciones y servicios europeos disminuirá. Los mercados financieros son hoy tan complejos que todavía no sabemos qué empresas serán finalmente las más afectadas por la crisis de los préstamos en Estados Unidos. Algunos bancos alemanes ya se han visto necesitados de rescate, pero todavía está por ver el resto de la historia.

Es evidente que todo esto puede poner en peligro nuestra meta común, en la Unión Europea, de hacer de Europa la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo. Al fin y al cabo, para alcanzar ese objetivo, la llamada agenda de Lisboa, hacen falta grandes inversiones. Y si los bancos están inquietos por la extensión de la deuda en el mercado financiero se mostrarán menos dispuestos a financiar inversiones a largo plazo. En resumen, la falta de seguridad en los mercados de crédito puede tener graves consecuencias para todos los europeos.

El problema es la confianza, y la confianza exige transparencia. Necesitamos unos mercados financieros transparentes, que permitan estar informados no sólo sobre las empresas que cotizan en Bolsa, sujetas a normas de transparencia y de acceso público muy claras, sino también sobre fondos privados como los de inversión libre y los de renta variable. Afortunadamente, existe un apoyo político creciente a la necesidad de transparencia en todo el sector financiero.

Cada vez hay más gente que tiene claro que, si no sabemos lo que está ocurriendo dentro de los fondos privados libres y variables, los inversores -entre ellos, los que gestionan nuestros fondos de pensiones- no pueden saber cómo protegerse de los peligros. Estamos seguros de que algunas deudas imprudentes acumuladas por estos fondos privados -y, demasiadas veces, impuestas a diversas empresas mediante compras forzadas- provocarán nuevas crisis financieras en el futuro. El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, ha hecho un claro llamamiento a que haya más vigilancia y transparencia en los oscuros paquetes de crédito que ofrecen los bancos de inversiones, los fondos de inversión libre y otros.

Pero hay un hombre que se resiste de manera decidida a cualquier vigilancia y regulación de los fondos de inversión libre. Por desgracia, ese hombre es Charlie McCreevy, el comisario europeo que debería introducir las normas necesarias para que los fondos privados fueran tan transparentes como lo son las demás instituciones financieras, pero que, por el contrario, es el mejor amigo del sector de los fondos libres.

La fe de McCreevy en la capacidad de autorregulación de los mercados financieros es poco creíble. No es aceptable que los trabajadores europeos deban pagar el precio de esta crisis con sus fondos de pensiones y sus ahorros, e incluso sus puestos de trabajo, por culpa de un vacío en nuestras normas financieras. Tarde o temprano, la Comisión Europea tendrá que llenar ese vacío.

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